Los personajes son de Stephenie Meyer. Solo la trama es de mi autoría.
Summary: Cuando el rumor de un triángulo amoroso estalla en el pequeño pueblo de Forks, lo que menos se imaginó Bella era que ella también se encontraba incluida en aquel embrollo. —Dime que mi ex novia y mi ex amiga no están compartiendo la misma polla. ¡Dímelo! —rugió colérico provocando una ola de miedo en cada entraña de mi cuerpo, sus ojos verdes me atravesaron cual guillotinas afiladas esperando una respuesta; y, sin embargo, no pude defenderme, porque eso sería aún peor.
Aviso: Este capi se encuentra sin revisión.
Well, I'm here to remind you
Of the mess you left when you went away
It's not fair to deny me
Of the cross I bear that you gave to me
You, you, you oughta know
Alanis Morissette.
Perception.
By
MarieelizabethCS
.
La belleza del desastre.
.
.
.
Escuché en alguna ocasión la frase "el amor no suele tocar a tu puerta completamente solo" que venía acompañado además del éxtasis pasional, de alegrías incontrolables, pero también, de profundas tristezas aleccionadoras. Ugh, cuanta maldita razón tenía, ¡Solo bastaba con que alguien me echara un vistazo! me encontraba en el peor escenario posible, casi que palpando los trozos de mi corazón entre los dedos.
Debía ser fuerte, aprender y dar vuelta a la página. Ese era el condenado mensaje aquí, tenía que tomar las riendas antes de que fuera demasiado tarde.
Sin embargo mi tormento personal, el que respiraba cerca de mí oído hacía que la tarea de olvidarlo fuera una misión imposible de completar.
Su aroma, la calidez de su exhalación, el tacto de sus manos en la cintura, de alguna forma habían rebosado mi resistencia.
Podría ser debido a mi cansancio mental. O quizás porque era inevitable no sentirme a gusto cuando él estaba presente. Por muy detestable que este fuera, Edward tenía un magnetismo que conseguía envolverme.
Me acomodé mejor sobre el regazo de Edward, de tal forma que la palanca de cambios ya no me lastimara. El alivió que me recorrió fue magnifico y me faltó poco para ronronear de gusto. En seguida sentí el pecho de Edward expandirse a mi espalda, sin embargo no emitió ninguna palabra que me señalara lo que se hallaba pensando.
¿Cuánto tiempo llevábamos en este silencio? ¿Quizás una hora? Ninguno de los dos habíamos querido irrumpir la torpe quietud que nos rodeaba después de todo lo que nos dijimos. Pero sabía que debíamos empezar a hablar de nuevo tarde o temprano, por muy reconfortante que se sintiera el silencio, teníamos que acabar con esta conversación.
¿Y si saber, empeoraba más el lío entre nosotros?
¿No sería mejor ignorar lo que sea que Edward quería decirme entonces?
En ese momento, Edward dejó de ver la fría noche a través del parabrisas para mirarme de nuevo a los ojos.
Dejé ir un suspiro, ya era hora de concluir esta charla interminable.
—¿Crees que cambiaría en algo esto? —le pregunté en voz baja, temerosa de su respuesta. —¿Si me explicas lo que paso?
—Creo que al menos debo intentar aclarar lo que sucedió. —alzó la mano y acarició mi mejilla con ternura. Suspiré por el roce de su piel contra la mía—Quiero decírtelo todo.
Bajé la mirada, su intensidad traspasaba más allá de mi coraza, tal como lo haría un tiro directo en la sien. Él siempre había tenido esa capacidad, lo odiaba un poco por ello; por ver y olfatear debajo de mis defensas a pesar de mi esfuerzo por cubrirme. Incluso de niños él solía… él solía saberlo todo de mí; con tan solo mirarme a los ojos, Edward siempre lograba deslizarse en mi mente. Fruncí el ceño, por un pequeño pensamiento que cruzó mi cabeza de repente.
—¿Decías la verdad ese día? ¿Aquel sábado cuando me dijiste que te gustaba? ¿Era cierto? — pregunté limpiándome las mejillas con el dorso de las manos; la sola pregunta me transportó a aquel pequeño instante perfecto —aunque no lo supiera en ese entonces— sus palabras, el fuego que barrió entre nosotros y la cándida sensación de sus labios sobre los míos. Todo empezó justo en ese momento, cuando el me confesó lo que sentía por mí.
Saber si fue en verdad cierto, era una duda que aún me picaba durante las noches.
Edward ladeó el rostro, buscó mis manos con las suyas sin dejar de verme y entre cruzó sus dedos con los míos, en un gesto que me desarmó.
—Cada palabra que te dije, es cierta. Cada una. Te quiero tanto Bella, tanto que a veces creo que me voy a volver loco sino te tengo conmigo; eres… todo. —un escalofrío me atravesó debido a la potencia de sus palabras, sin embargo lo miré con cautela todo el tiempo, por muy embriagadoras que sonaran sus palabras, debía mantenerme firme—Nunca había sentido esto por nadie, Bella.
Me jaló contra su pecho y yo caí sobre él emitiendo un gemido ahogado por la sorpresa—Sé que tienes toda la razón para desconfiar de mí, que he hecho las cosas putamente mal ¡Y me maldigo cada día por lo que hice! Por lastimarte, por ser un cobarde de mierda que no supo enfrentar las circunstancias. —me acunó entre sus brazos y me besó la frente tres veces; en tanto me abrazaba con fuerza, dejándonos tan cerca que nuestros alientos parecían uno solo. Cerré los ojos, Edward hablaba con odio al referirse a lo que hizo y me aturdió que se expresara de esa manera —Pero… a pesar de eso, jamás dudes sobre lo que siento por ti, porque eso es lo más real, lo único puro y valioso que poseo.
Edward pegó su frente con la mía cuando terminó de hablar, logrando que abriera los ojos y lo detallara. Él era tan hermoso, cada parte de Edward es descorazonadamente perfecta. La emoción acompañada del brillo cegador de sus ojos, me hizo titubear.
Le gustaba, no me había mentido al respecto, sin embargo eso no me reconfortó de ninguna forma.
¿Si siente todo eso por mí, entonces cómo pudo hacer lo que hizo después?
Sollocé sin contenerme, ¿Qué iba mal con Edward?
Puse mis manos en su suave cabellera cobriza para luego jalarlo un poco más cerca de mi rostro.
—Pero tú… —me mordí el labio con rabia—¿Por qué lo hiciste? Si dices que me quieres ¿Por qué te fuiste con ella? No tiene sentido —le pregunté inundada de lágrimas que corrían por mi rostro y cuello. Sin darme cuenta de lo que hacía jalé más fuerte de su cabello; deseando supurar mi frustración.
Edward no se inmutó por mis manos engarzadas que tiraban de su cuero cabelludo, en vez de eso, me miró de una manera lúgubre y atormentada.
Entendí que me diría todo, solo con notar aquel cambio abrupto en sus ojos.
Entendí que lo escucharía todo.
Contuve el aliento, esperando a que comenzara.
—Lo hice porque fui un idiota acojonado que no supo cómo lidiar con un no. —me dijo atormentado, apretándome más contra él. —Lo sé, soy un completo desastre. Ese día cuando te bese pensé que tal vez lo reconsiderarías, que me dirías que yo también te gustaba de ese modo; porque Dios, quise creer que todo lo que sentí, toda esa calidez sobrecogedora que me recorrió con simplemente presionar nuestros labios, también la habías sentido tú… pero me equivoqué o eso pensé.
Lo miré impactada, elevando las cejas.
Lo había sentido, todo eso y más sin lugar a dudas. Solo que en ese momento, no tenía idea que él también me gustaba.
Edward me hizo girar más hacia él y me obligó a recostarme sobre su hombro derecho sin dejar de abrazarme, quizás atemorizado de que me fuera antes de que terminara de contarme. Todo mi cuerpo se contrajo en tensión, por la bruma de ira que empezó a recorrerme entera.
Fruncí el ceño.
—¿Me estás diciendo que fuiste con Tanya, por qué te rechacé? —pregunté algo histérica. Oh por Dios, esto era mucho peor de lo que pensaba. Intenté alejarme, pero su agarre era demasiado para mi debilidad.
—No, no fue por eso. —me respondió a toda prisa, con los ojos verdes bien abiertos— Estaba enojado, demasiado confundido y no quería que vieras esa parte de mí; así que me obligué a silenciar todo, aunque lo único que quería era hablar contigo— Edward suspiró—De haber aclarado ciertas cosas, no estaríamos en medio de este puto infierno ahora.
Recordé haberme sentido pasmada por el acúmulo de sensaciones que desató el inocente beso que nos dimos. No creí acertado perseguirlo cuando salió de mi casa, todo enfurecido. —Estaba asustada.
—Lo sé, yo también lo estaba. —se aclaró la garganta—Fue un duro golpe, estaba absurdamente molesto conmigo mismo, porque no solo había cruzado una línea entre nosotros, sino que también me había dado cuenta de la gran obsesión que tenía de ti. Me hiciste sentir débil, necesitado, deseoso y yo no solía ser así; estaba acostumbrado a tenerlo todo con un chasquido de mis dedos, a ser quien rechazaba, a joder a cualquiera que se interpusiera en mi camino…no a ser un pendejo ignorado.
Solté su cabello, con mi mano en su mandíbula hice que inclinara su rostro hacía mí. —Me odiaste ¿No es así? Me odiaste de nuevo —logré ver como se incomodaba a pesar de su quietud estoica. No sería la primera vez, él mismo me lo había dicho.
—Sí. —admitió bajando la mirada y luciendo avergonzado.
—Eso pensé. —murmuré lastimada.
Mierda Edward. Esto no tiene arreglo, estamos hundidos hasta el cuello. La dinámica entre los dos, no era sana, era terriblemente nauseabunda; podrida, porque no hacíamos más que rompernos unos al otro como un par de monstruos.
Pasé la mano por mi cabello enmarañado.
Comprendí de qué iba todo; porque se había ido con Tanya justo después, lo que pasó después en la fiesta de Bree. Siempre estuvo ante mis ojos, pero yo, como la gran despistada que era lo había pasado por alto.
—¿Querías lastimarme? ¿En eso estabas pensando cuando te follaste a Tanya y a Lauren, en joderme a mí? ¿Querías que sintiera dolor?—me impulsé fuera de su regazo, pero Edward se las arregló para volverme a sujetar. ¡Carajo! ¿Cómo no se me ocurrió antes?
—No, Bella, jamás te podría hacer algo así ¿Herirte de esa forma a propósito? ¿Por quién me tomas? No soy esa clase de imbécil. —lo negó en rotundo, pero tío ¡Esto era evidente! Todo se trató siempre de una venganza, esa fue su forma de castigarme—Debes creerme, estoy siendo sincero; no lo planeé ni lo hice con la intención de perjudicarte— ¿Lo había hecho por esa razón? Reflexioné al mirarlo atentamente, tratando de recomponerme. ¿Era Edward capaz de hacer algo tan bajo como eso y mirarme a los ojos y mentirme?
—Puedes decir lo que quieras pero igual me jodiste, como nadie jamás lo hizo Edward.
Edward suspiró, vi su garganta moverse al tragar.
—Y no sabes lo horrible que me siento por eso. —susurró adolorido—Lo que quiero decir es que no se trató de ti. A pesar de que odié la facilidad con la que me apartaste y fingiste que no había sido nada importante; lo último que deseaba era que esto te afectara.
—¡Pero lo hizo! ¿Lo ves? Estoy quebrada—me señalé a mí misma haciendo que su expresión se volviera sombría—¿Cómo puedes pensar que te voy a creer que no lo hiciste con esa intención?
Edward negó con la cabeza, dispuesto a refutar lo que para mí se mostraba obvio. Él lo había hecho para demostrar un punto, y yo lo había escuchado fuerte y claro. Quería que yo sintiera lo poco que valía al lado de ellas. Anotado Edward. Pensé sollozando en silencio.
Vaya que había logrado hacerme sentir peor conmigo misma; destruyó mi autoestima en el proceso.
—Lo hice porque necesitaba tener el control de vuelta—me dijo con voz rasposa, decidida. Limpió mi rostro mojado, aunque fuera una pérdida de tiempo, ya que no podía parar de llorar—No espero que comprendas, pero es la verdad. Creí que recuperaría la seguridad en mí mismo, volviendo de nuevo a lo que conocía, a lo que me salía mejor—me dijo una cosa tras otra, y entre más hablaba, menos podía entenderlo. ¿Cómo podía tener eso lógica? ¿Irse a la cama con esas arpías, fue la solución? ¿Coger con las zorras de la escuela lo hizo sentir mejor?
Él bajó la mirada un segundo a mis labios antes de volver a mis ojos—Tu lo descontrolaste todo en mi vida, ya ni sabía que quería, ni a donde iba; te metiste en mi sistema, solo para luego darme cuenta que no me pertenecías más, porque me habías superado al fin.
—Eso no es excusa. —temblé y Edward bajó sus labios para recorrer mi mejilla con ellos. Cerré los ojos—No, Edward.
Pero él me inmovilizó con una mano, usando algo de fuerza —¿Crees que de haber sabido lo que sentías por mí, lo hubiese hecho? —me preguntó, acercándose peligrosamente a mis labios. Un cosquilleó estalló en mi panza—Hubiese besado el suelo por donde caminas, de haberlo sabido. —dijo con tanta pasión, vitalidad y urgencia, que le creí cada palabra pronunciada sobre mi piel. Pero ni en un millón de años eso podía recompensar todo lo que en verdad aconteció.
Moví mi cabeza, un segundo antes de que él plantara sus labios apetecibles sobre los míos. Él gimió decepcionado y yo lo miré consternada, no era justo que intentara si quiera besarme.
—No Edward. —él volcó todos sus sentimientos a través de sus ojos, poniéndome nerviosa por cada sensación que leí en ellos.
Dejó caer de nuevo sus labios sobre mí, esta vez besando mi frente—Sé que tengo que apartarme—puso ambas manos en mi cintura y apretó—Pero si lo hago, tal vez nunca más pueda volver a tocarte.
—Si no te detienes en este mismo instante, me voy a bajar del auto y me iré a mi casa. —le amenacé, sin vacilación en mi voz a pesar de tener la garganta irritada.
Él gruñó retirando las manos de mi cintura al fin, pero no aplacó en nada el ambiente cargado entre los dos.
—Lo siento —tomó aire profundo, recostando su cabeza contra el asiento, apartando la vista. En el extraño silencio que prosiguió, me dediqué a pensar en todo lo que habíamos hablado hasta el momento. Edward me había descrito su lado de la historia, básicamente, él no sabía que me lastimaría al volver a coger con Tanya. Me crispé de solo aceptar aquello. Imaginarlo tan abiertamente en esa situación, era como si al cuchillo enterrado en mi pecho le dieran vuelta y lo enterraran aún más profundo. Me removí sobre él y Edward me observó.
Necesitaba distancia, ahora.
—Voy a salir—dije quitando el seguro, para luego descender del auto. Las piernas las tenía acalambradas y adoloridas por la posición en la que permanecimos tanto tiempo. Edward se bajó después de mí, se apoyó en la puerta y me quedó viendo atento.
El aire frío azotó mi cabello, tirándomelo en la cara de manera fastidiosa una y otra vez.
—Dime una cosa Edward—empecé, cruzándome de brazos. —¿Por qué Tanya? Es decir, entiendo que te hayas acostado con Lauren; pero ¿Tanya? Ella te engañó, te humilló y te hizo sentir mal por semanas.
Me limpié la cara e hipé, mirándolo todo el tiempo.
—No fue más que un impulso—respondió cerrando la puerta—Ella estaba en el momento y lugar incorrecto, tal como yo. —no parpadeó ni una sola vez al responder.
—Fue un impulso…—repetí sus palabras en voz baja. ¿No hubo nada planeado detrás de todo esto? ¿Me estaba diciendo que todo fue al azar?. Empezaba a creer que Edward tenía serios problemas.
—Así es. Ese día conduje hasta Port Angels, tratando de hallar un bar abierto. Fue cuestión de mala suerte cuando la vi, saliendo de una tienda de joyas. —caminó logrando acercarse más—Siempre fue una compradora desquiciada y ególatra.
Me abracé, cruzando los brazos sobre mi pecho.
—¿Qué pasó? —la confusión fue evidente en su expresión—¿Qué pasó cuando la viste?
Me observó por un segundo, sorprendido de que le preguntara. Pero yo no tenía marcha atrás, tenía que saberlo todo, si quería terminar con esta sucesión de malos entendidos.
—Pues… yo no estaba pensando claramente, todavía me sentía aturdido por todo—me agarró las manos suavemente—Detuve el auto y la llamé para que se acercara. Tanya no dudó un segundo cuando le dije que… quería estar con ella.
¿Así de simple? ¿Él le dijo eso y ella se bajó las bragas?
¿Cuán retorcido era eso?
Edward necesitaba buscar problemas aquel día y vaya que los encontró, en forma de una bimbo lagartona de rodillas abiertas de par en par.
Me sentí alterada, rabiosa, decepcionada… de Edward, porque él no luchó lo suficiente, se guardó todo eso que lo consumía y para colmo lo descargó en las personas equivocadas. De alguna forma, pensó que se ayudaría a sí mismo haciéndolo, pero lo único que hizo fue joderlo más.
Los ojos me palpitaron con fuerza, pero fue una sorpresa percatarme que no tenía más lágrimas que derramar. Esta noche había llorado más que los dos últimos meses.
Ya debía detenernos.
—Me quiero ir a casa. —susurré, soltando su agarre. Estaba cansada, vuelta un desastre y de verdad ya no quería seguir estando de pie, frente a una persona que no conocía en lo absoluto.
Edward palideció y en un movimiento ligero me tomó del rostro.
—No te vayas Bella —pidió entre asustado y sorprendido, encorvándose a mi altura.
Pasé el peso de mi cuerpo de una pierna a otra.
—Ya escuché lo que tenías para decirme.
—Pero… tu y yo.
—Edward… Me acabas de decir que te acostaste con esas dos, solo porque necesitabas volver a ser tú mismo...—inspiré cogiendo fortaleza para seguir. Noté su intención de interrumpirme por lo que me apresuré en continuar—Déjame terminar ¿está bien?
Él asintió, parpadeando rápido, pero inconforme.
—Te creo, Edward. Creo en todo lo que me dices; que todo fue producto de malas decisiones, lo entiendo. Pero no esperes que lo olvide todo solo porque ahora sé que te acostaste con ellas, siguiendo un afán ególatra. —quise sonar calmada, pero al parecer a Edward no le agradó en nada la forma en que se lo dije—¿Es o no es así?
Edward apretó los labios, resistiéndose a responder por unos segundos.
—No te culpo, pero entiende que es mucho que procesar y en este instante, lo que más deseo es estar sola —puse mis manos sobre la suyas que todavía permanecían en mi rostro y las acaricié —Llévame a casa, por favor.
Retiré la mirada, dejé caer mis manos de las suyas y me subí al auto de nuevo, pero esta vez del lado del copiloto. No pasó mucho antes de que Edward me imitara. Se subió, me observó de reojo y negó frustrado.
—No quiero perderte para siempre—pronunció en un susurró quebrado. Él estaba sufriendo, era obvio.
Bajé la mirada, tratando de aferrarme al prudente silencio, pero en vez de eso dije: —Yo tampoco lo quiero.
Estiró el brazo delante de mí como si me fuera a tocar, pero en vez de eso, alcanzó el cinturón de seguridad—Lo siento en verdad Bella, por todo. —murmuró apenado. Ajustó el cinturón y se alejó acomodándose en su asiento haciendo lo propio, dándome espacio para volver a respirar.
Giré mi rostro para mirar hacia la ventana, a la oscuridad de la noche; la casa de los Cullen, moderna, enorme y perfecta lucía como un castillo de cristal, sostenido por columnas blancas y macizas.
De camino a mi casa, no dejé de pensar en lo difícil que era nuestra situación; en la forma que Edward actuó, en lo que sentimos el uno por el otro, en todo lo que nos dijimos. Pero también medité sobre lo que acabábamos de aclarar, era muy importante, pues ahora sabía que Tanya era una arpía además de ser una perra; porque ella me hizo creer que Edward había ido con ella, porque yo no era suficiente para él… hablando en un sentido netamente sexual; y eso me había atormentado desde entonces, provocando que me sintiera menos que cualquiera.
Me sonroje estúpidamente de solo imaginarme a mí y a Edward bajo esas circunstancias.
Lo miré de reojo, di gracias de que estuviese mirando al frente tan concentrado.
—Tanya me hizo sentir como una inservible. —Edward apretó el volante con fuerza, volviendo sus nudillos más blancos.
—¿A qué te refieres? —me preguntó entre dientes, sin dejar de mirar la oscura carretera.
Fue mi turno para que se me crisparan los dedos ¿Por qué en nombre de Dios tuve que llevar la conversación hacía allí? ¿No había tenido ya suficiente de charla?
Me mordí la mejilla.
—Ella me dijo que yo nunca podría satisfacerte—carraspeé, y miré por la ventana de nuevo, avergonzada. Era una idiota, lo sabía. Sin embargo, dentro de mi algo me incitaba a ser sincera, tal como lo había sido él conmigo.
Edward gruñó como un animal, haciendo que lo mirara sobresaltada. No estoy sintiendo nada me dije, a pesar de que las mariposas no paraban de danzar por toda mi piel, traté de convencerme de lo contrario.
—Eso es ridículo, Bella. —me dijo con vehemencia.
Alcé una ceja, sin comprender.
—¿Qué quieres decir con eso?
—¿Sabes lo que daría por…? —se interrumpió en el último segundo, como si hubiese estado a punto de revelar información demasiado profunda—¿Tocarte de esa forma? —bufó, e hizo una mueca, y me miró de reojo—Siento que me quemo cada vez que nos rozamos, es como si me prendieras fuego... posees tanto poder en mí y no lo sabes.
—Oh. —dije anonadada. Me intimidó un poco su declaración, pero al mismo tiempo me sentí un poco como… ¿Feliz? ¿Más tranquila? De una manera retorcida.
Uhg, no podía ser, estaba perdiendo la cabeza. Edward me dijo hace menos de quince minutos que estuvo con Tanya por un arranque de ¿Control?
Enfermo, lo sé.
Cuando llegamos a mi casa, aparcó el auto cruzando la calle. Apagó el motor y retiró la llave.
—Gracias por traerme. —le dije, desabrochando el cinturón de seguridad.
—De nada—respondió, mirándome con una sonrisa triste en sus labios—Bella, ¿Tú me quieres?
Dejé el cinturón a un lado, para girarme.
—Quieres decir ¿Si aún te quiero después de todo esto? —inquirí moviendo las manos de forma nerviosa, refiriéndome a todo lo sucedido. Edward asintió, sin dejar de sonreírme de aquella forma—Sí Edward, todavía sigo queriéndote. Pero…
Edward negó—Eso es todo lo que necesito saber.
No deseaba darle esperanzas a Edward, era lo último que deseaba en este punto sin retorno, sin embargo él no parecía querer rendirse tan fácilmente.
—Nos vemos—me despedí, mientras él se pasaba las manos por el cabello como solo él lo podía hacer: descontrolado y caliente.
—Adiós.
Bajé del auto, y crucé el tramo que me quedaba para llegar a casa. Introduje las manos en mis pantalones y giré a verlo. Edward aún no se iba y todavía me observaba desde se auto. Con un suspiro entré a mi casa, cerrando la puerta con cuidado. ¿Dónde estábamos ahora Edward? Pensé llena de incertidumbre. ¿Qué carajos era lo que íbamos a hacer?
.
.
.
.
—Hola Bella. —pegué un respingo al sentir que me llamaban.
Cerré el casillero, me giré para encontrarme con una gran figura.
—Hola Emmett ¿Cómo estás? —él me sonrió como un pequeño niño travieso, con sus hoyuelos lindos y pronunciados a cada lado de sus mejillas.
Por un momento pensé que se trataba de Edward el que me saludaba, así que disimulé un tanto la desilusión en mi cara y le sonreí de vuelta. Tienes que olvidar, me dije reprochándome aquel impulso.
Emmett no había venido solo, detrás de él estaba Rosalie Hale y Alice, perfectamente arregladas con jeans ajustados a la cadera y blusas sueltas, muy llamativas. Las dos se veían rabiosas, pero Alice más que todo, no dejaba de retarme como la mirada ni un segundo.
Le rodé los ojos y volví a ver a Emmett.
—Bien, ¿Y tú como estás pequeña? — dudé en responder. Apreté los libros de biología sobre mi pecho, bastante incómoda a decir verdad. Habían pasado seis días desde la "gran conversación" que tuve con Edward y nada había cambiado. A pesar de que ahora lo veía más seguido por los pasillos y nos saludábamos de pasada; era como si fuéramos un par de recién conocidos que se han visto por primera vez en una fiesta. Incómodo, raro, tenso y distante.
—Genial. —respondí con una sonrisa agotada en los labios, haciendo mi mayor esfuerzo por no delatarme. Emmett arrugó la cara y Alice detrás de él hizo lo mismo, mientras que Rosalie me quedó viendo sin expresión —Todo se encuentra bien. —hice un gesto desentendido, para que lo dejara pasar.
—Ujumm. —murmuró Emm.
—Nunca has sabido mentir—me dijo Alice, hablando entre dientes.
Parpadeé ¿Ella me estaba hablando? ¿Sin una grosería mal intencionada de por medio? Umm. —Alice…—le advirtió Emmett de mala forma.
—No importa Emm—interferí antes de que empezaran a discutir por mi culpa.
—Lo siento Alice es… Alice—susurró molesto echándole una mirada aprensiva sobre su gran hombro, pero fue obvio que ella escuchó.
—Bah, no voy a perder más mí tiempo con esa—Alice dio media vuelta y se fue por el pasillo, bastante enojada. De verdad le debo caer como un grano en la entrepierna, pensé mirando cómo se alejaba rápidamente, a pesar de los tacones que traía puestos.
Rosalie se paró al lado de Emmett y lo cogió del brazo, haciéndose notar de manera sutil.
—Amor voy a ir por ella—le beso la mejilla con ternura—Te espero en el salón de literatura. —Emmett sonrió de manera dulce, y la besó en los labios, con mordisco incluido. Ellos hacían una bonita pareja. Más bien una perfecta, como Ken —súper musculoso— y Barbie rubia, o alguna historia de princesas y disney.
Aparté la mirada al sentirme fuera de lugar a cualquier otro lado mientras ellos se despedían cariñosamente en su burbuja de amantes. Verlos de ese modo me hizo preguntar, ¿Alguna vez podría encontrar a alguien que me aprecie de esa manera tan ferviente? No lo sabía, pero lo dudé seriamente.
Creí haberlo encontrado, dos veces, y las dos veces me había equivocado.
Rosalie se fue, con un andar que podía denominarse como provocativo y/o orgulloso, por el pasillo.
—No sé cuál es el problema de Alice, se pone irritable sin razón—Refunfuñó Emm. Lo miré culpable, porque estaba segura que yo tenía que ver en su forma de comportarse, aún sin saber bien la razón de su malestar. Emmett me miró sin entender mi expresión—Ya se le pasará.
Se encogió de hombros, como si nada malo ocurriera. Pero el hecho era que sí ocurría algo. Negué y me dije a mi misma, que ya había tardado demasiado en hablar seriamente con Alice, que debía arreglar las cosas con ella o al menos escucharla, saber qué era lo que la molestaba tanto de mi. No sería tan fácil como con Emm, pero tenía que hacerlo. Su mala actitud hacía mi era explosiva, como si me odiara.
—Sí.
Vi a Seth venir por el pasillo, charlando muy animado con Bree. Parecían bastante entretenidos, haciendo señas y riendo sobre algún tema. Él todavía estaba muy aferrado a ella, aún después de enterarse de que tenía novio.
Dios, tengo que hablar con él también. Desde mi cumpleaños no tocábamos el tema "Bree", porque deseaba darle su espacio, además de que el tema "Edward" me habían tenido apática y desconcentrada todo el tiempo.
Ok, mi amigo me necesita así que deja de pensar en Edward, al menos por unas horas.
—Esme quiere verte. Me pidió que te invitara a casa mañana. — ¿Umm? me concentré en Emm de nuevo y lo miré confusa.
—¿Qué?
—Es que ella como que se enteró…. por qué nos suspendieron a Edward y a mí la otra vez—se rascó la nuca, cuando entre cerré los ojos. ¿Qué. Hiciste. Emmett?—Ugh, en fin; ella quiere verte—
Por todo lo santo…
—¡Emmett! —no quería que Esme se esterara de nada de esto. Qué vergüenza, ¿Qué pensaría ella de mí? ¿Qué hacía pelear a su hijo y a su sobrino a propósito?
Dios, ya suficiente era el hecho de arrastrar eso en mi consciencia.
—No te hagas películas en la cabeza, Esme no se molestó —mierda, ¿Por qué sonaba incómodo? Y ¡¿Cómo no se iba a molestar luego de aquella suspensión?! Bajé la mirada, abochornada por la sola idea de que Esme se hubiese enterado de lo sucedido. —Quiere que vayas a casa.
¿Y quería que fuera a su casa?
¿Aun sabiendo lo que provoqué entre su hijo y sobrino?
Gemí por dentro.
Esme…
¿Por qué me sorprendía?
No había mujer más dulce, atenta y maternal sobre la tierra, que Esme Cullen. Nada nunca la ponía de mal genio, al parecer tampoco que una chica hiciera pelear a sus pequeños.
Esme era especial, mucho si lo pensaba con sinceridad; ella estuvo pendiente de mí y de Charlie por una larga temporada, sobre todo después de que Reneé se largó del pueblo.
Fue nuestro ángel de la guarda justo en esos momentos tan complicados; de hecho, por cuatro meses ella nos hizo la cena cada día e incluso pasaba por mi casa todos los días para llevarme a la escuela siempre con una sonrisa bondadosa. Además, surtió mi guarda ropas por más que Charlie y yo insistiéramos en lo innecesario que eso era. Básicamente ella nos tendió la mano cuando más lo necesitábamos aunque no fuera su obligación.
Y sí, se sentía como la mierda porque yo era una mal agradecida; también había apartado a Esme de mi vida.
—Umm, yo… yo te aviso si puedo ir. —empecé a andar hacia mi clase, sin esperar su respuesta. No pensaba ir, no por ahora al menos. ¡Qué vergüenza!
—Me llamas. —se escuchaba sonriente, a pesar de que no lo vi, muy confiado de que lo haría. Oh Emm, eso no sucederá.
Le hice una seña de despedida y me fui al aula de biología, donde tenía mi primera clase del día. Todo el trayecto me la pasé pensando en Esme y su invitación.
No creo que sea buena idea.
Ángela estaba sentada en nuestra mesa cuando entré. Le sonreí y ella me saludó mientras me acercaba. Aún no había sonado el timbre y todavía era temprano, lo que explicaba el poco personal.
—¿Cómo amaneces? —le pregunté dejando los pesados libros sobre el mesón.
—Supongo que bien—me contestó apagada, sentí en su tono algo parecido a preocupación.
La miré esperando a que dijera algo más al respecto, pero no fue así. ¿Qué le sucedía?.
Si lo pensaba bien, ella había estado un poco rara y distraída últimamente, es decir más de lo usual.
No sé porque dije lo siguiente, fue un arranque estúpido, pero voló tan rápido de mi boca que me atraganté.
—Hablé con Edward el viernes. —Ángela pegó un respingo sobre su asiento y volteó a verme impactada.
—¿Cómo pasó eso? —graznó.
Mis dedos comenzaron a jugar con las hojas del libro en la mesa.
—Nos encontramos por accidente en la tienda de la señora Springs—dejé en paz el libro y retiré un mechón de cabello de mi rostro, totalmente nerviosa—Pero no me arrepiento, creo que fue lo mejor. Nos debíamos esa conversación de todas maneras.
Ángela me tomó de la mano, en silencio y sin cuestionarme sobre lo que Edward y yo hablamos esa noche; sabía que Ángela no me presionaría al respecto. Amaba eso de ella, no le gustaba acorralar a las personas, aunque me había jurado que lo iba a hacer cuando recién empezó mi pesadilla con Edward, esa no era su naturaleza. Era estupendo, si me preguntaban.
—Aclaramos un par de cosas—le comenté indecisa, aunque sin detalles.
—Me parece bien Bella, quizás era el momento —asentí respirando más tranquila; Ángela tenía toda la razón, hablar con Edward esa noche y por fin terminar ese ciclo, era algo que me debía o que nos debía y no tenía por qué sentirme mal por ello, o avergonzada como me sentí por varios días. A Jess, ni a Seth o a Emmett les iba a gustar, pero no importaba.
Hice lo correcto.
—¿Y cómo te sientes ahora? —Ángela se giró por completo, e inclinó la cabeza viéndome con cuidado.
—No lo sé. —hice una mueca—Es raro ¿Sabes?; siento que la carga que soporté los últimos meses, es más ligera desde que conversamos, pero todavía sigue siendo increíblemente doloroso. —el sabor amargo en mi boca me hizo estremecer; seguía siendo realmente duro mantenerme firme y no sucumbir a la oscuridad. Me acerqué a ella para que no nos escucharan hablar los que empezaban a entrar al aula—Tengo la sensación de que puedo empezar a dejarlo atrás.
Ángela me soltó y acomodó sus lentes oscuros, un tic nervioso que hacía cuando no quería meterse en los asuntos de otros. —¿Qué sucede Angie?
Las mejillas se le volvieron rojo sangre, al verse atrapada—Es -es que Bella, yo… ¿Estás dispuesta a hacerlo? ¿A dejarlo ir?
Sonreí incómoda y moví la cabeza haciendo una mueca de la impresión.—¿Qué?
Ella carraspeó, como intentado hacer tiempo antes de hablar pero yo me encontraba de los putos nervios. Tomó una respiración profunda—Lo que quiero decir es… ¿No crees que exista, aunque sea una mínima oportunidad de que lo perdones?
—¿Por qué me preguntas eso? —le inquirí anonadada.
—No quiero que te arrepientas más delante de no haberlo intentado. — la miré con expresión desencajada.
—Hey Ángela, ¿Olvidaste lo que me hizo Edward? —ella se removió sobre el taburete de madera —Él me partió el corazón, ¡Dos veces! ¿Cómo crees que puedo perdonarlo? —alcé más la voz sin percatarme, Ángela pareció empequeñecerse en su sitio toda indefensa y frágil por mi tono de voz. Maldije pasando las manos por mi cabello. —Lo siento Ángela, no quise gritarte.
—No te preocupes, supongo que no debí… olvidémoslo ¿sí? —habló tranquilamente, como si nada hubiese sucedido, haciendo que me sintiera peor.
—Soy una idiota.
—No, no lo eres. —el profesor Banner ingresó al aula en ese momento, llevando en una mano su maleta de cuero y en la otra una libreta que reconocí como la de asistencia— Creo que debí saber lo mal que te caería mi pregunta, lo siento.
Ángela sonrió, se volteó y abrió su libreta de apuntes.
—Tengo que dejarlo atrás, por mi bien. —le susurré a la vez que el profesor empezaba a escribir algo en el pizarrón. Ella no se giró al asentir.
—Entiendo.
Ángela en ocasiones era un enigma imposible de entender, como justo ahora ¿De dónde había venido eso? Era la primera que me decía algo parecido; los demás no hacían más que aconsejarme que lo olvidara…eso es lo normal ¿cierto? Sanar, olvidar y seguir con tu camino. Se supone que es el protocolo a seguir ¿No? Entonces por qué Ángela me diría aquello.
—Los epitelios protegen las superficies libres del daño mecánico, la entrada de microorganismos….— Mientras escuchaba al señor Banner dictar la clase, no pude evitar pensar hondamente en lo que dijo Angie…perdonar a Edward, dejarlo ir, no arrepentimientos… no sé porque pero me sentí vacía de solo pensarlo como una realidad.
No.
¿Qué estaba haciendo? Edward no merecía nada, ni siquiera mi perdón. Los dos estábamos en una telaraña de supuestos, infelicidad, traición y dolor. ¿Cómo se podía desenredar algo como eso?
No se podía.
Apoyé el mentón en mi mano y miré la pizarra, por el momento alejando el tema de mi mente.
.
.
.
.
.
El pasillo principal se hallaba atiborrado de alumnos caminando en todas direcciones debido al cambio de clases. Gemí temerosa de cruzar aquel río de personas, así que me deslicé a un lado cerca a las paredes, intentando esquivar a la manada desorganizada. Sin embargo, un tío robusto que pasaba por mi lado, me empujó por el hombro haciendo que tropezara ridículamente.
—¿Estás bien? — Mike me agarró del brazo, estabilizándome de nuevo.
—Sí, si… gracias—le agradecí por la inesperada ayuda, le sonreí y de forma sutil jalé mi brazo para que me soltara, luego de que él no lo hiciera.
—De nada, es un placer—miré fijamente sus ojos azules, por un segundo disgustada por el tono que utilizó al decir "placer". Ugh, ahora que sabía lo que sentía por mí, me parecía que todo lo que me decía poseía un segundo sentido.
—Bueno… umm te veo luego.
—Bella, espera. —me detuvo cogiéndome de la mano y me fijé de nuevo en él, gimiendo por dentro—Me preguntaba si tú… ¿Quieres ir un rato al restaurante de mamá después de clases? —Oh, Dios no. Entré en pánico sin saber que decirle, no quería rechazarlo de forma tan despiadada pero tampoco quería que se hiciera a ilusiones falsas.
Solté su agarre de mi mano y haciendo tiempo para hallar una evasiva, acomodé mi cabello a un lado de mi cuello.
—Gracias Mike, pero papá va a pasar por mí después de la escuela para ir a hacer las compras. Tal vez en otra ocasión… —le sonreí apenada, deseando que se creyera mi mentira y que no siguiera insistiendo.
Mike reacomodó su maleta y se rascó la sien con el pulgar—Está bien, será para otro día entonces—asentí y nos despedimos con la mano. Caminé rápidamente antes de que se le ocurriera otra idea más, pero teniendo más cuidado en esta ocasión.
Me sentí algo culpable, pero ¿Qué otra cosa podía decirle? nunca podría sentir algo más que amistad por él, así de sencillo. Además, ¡Por un carajo! Yo tenía esta opresión que apenas me dejaba funcionar cuerdamente justo en el medio de mi pecho.
Todo lo que podía manejar en estos momentos era la una rutina vana de cada día y pretender que mi vida no era tan mala como lo percibía.
Alcé la mirada al frente y me detuve en seco.
Edward estaba viniendo en mi dirección, con una expresión irascible en su rostro masculino y una mirada tan gélida que me dejó clavada en mi lugar. Los latidos de mi corazón empezaron una competencia contra la extrema rapidez de mis pulmones al respirar. ¿Qué es lo que pasaba? Tuve la imperiosa necesidad de girar mi rostro y ver si había alguien detrás de mí; pero en el fondo sabía que él venía por mí no por alguien más.
Llegó en menos de cinco segundos dando severas zancadas sin importarle el gentío que se le interpuso en el camino.
—¿Edward?
—Ven. —su aterciopelada voz me ordenó en un gruñido. Se acercó más obligándome a mirar hacia arriba y yo temblé aunque no de miedo, sino de absurda ansiedad debido a su comportamiento.
Él se veía molesto y frío.
Me miró con sus ojos oscurecidos como el carbón y me cogió de la mano, empezó a jalarme detrás suyo, mientras yo solo boqueaba confundida por lo que sucedía. Miré su gran espalda cubierta por una chaqueta de cuero negra y su cabello cobrizo disparado en todas direcciones, mientras avanzábamos empujando a los demás.
¿Qué demonios? Pensé una y otra vez tentada a gritarle que se detuviera, pero Dios… me sentí intrigada y el tacto férreo en mi muñeca tampoco ayudaba; me estaba pasando descargas continuas por todo el brazo aturdiéndome sin compasión.
—¿A dónde me llevas? —le pregunté al fin, cuando los demás empezaron a quedar atrás en tanto Edward nos llevaba por un pasillo alterno y más desocupado.
Pero él no contestó mi pregunta y en su lugar nos hizo girar al lado opuesto a la cafetería, hacía los baños.
Edward empujó la puerta del servicio de chicas arrastrándome consigo —¡Largo todas! —gritó, haciendo que un par de chicas saltaran asustadas. Mierda ¿Qué estaba haciendo Edward? ¿Ganarse más líos con el director? Me mordí el labio y me escondí detrás suyo incómoda.
—¿Quién te crees? —lo retó una de ellas, señalándolo con el lápiz labial que recién se aplicaba frente al espejo—¡Piérdete! Este es el baño de chicas.
—Dije, ¡fuera de aquí! —bramó de forma espeluznante y amenazadora; incluso pude ver como su espalda se tensionó. En otra vida diferente, mi instinto de supervivencia me habría dominado justo en ese momento, me soltaría de su agarre y huiría despavorida lejos de él.
Pero esta era mi realidad, mi presente; y al parecer era una idiota atontada a la que no le funcionaba bien el cerebro porque nada de eso fue lo que hice, al quedarme de pie, sin decir nada.
Otra chica salió de uno de los cubículos y nos miró contrariada.
—¡Ya!
Las tres salieron disparadas fuera del baño como si tuvieran cohetes en el trasero. Ninguna me miró si quiera, salieron con los ojos clavados en el azulejo del baño, quizás por miedo a que Edward les volviera a rugir.
De un portazo nos dejaron solos.
Edward me jaló y yo grité por el movimiento inesperado, —¿Qué jodidos te sucede Edward?
Usé toda mi fuerza, y con un par de tirones me logré zafar del agarre soberbio de su mano.
Caminé hacia los lavabos dando tumbos, agrandando la distancia entre los dos. Aun en ese momento no sentí miedo, a pesar de la mirada extraña en sus ojos, la postura agresiva y sus manos abriéndose y cerrándose constantemente, no me sentí para nada asustada de su presencia.
—¡¿Por qué Newton te tenía agarrada?! —me ladró caminando de nuevo hacía mí con toda su altura erguida. En medio de mi desconcierto me quedé callada en tanto lo veía acercárseme como un toro embravecido; parpadeé sin tener idea de qué diablos hablaba.
—¿Qué? —le pregunté frunciendo el ceño. ¿Escuché bien?
—¡Te vi con él en el pasillo! —me acusó en rotundo como si hubiese pecado de la forma más infame posible.
Llevé una mano a la boca, sintiéndome extremadamente indignada, como si me hubieran abofeteado ¿Qué fue lo que vio según él? y ¿Cómo podía ser tan hipócrita y descarado al mismo tiempo? ¡Sin pestañear!
—Estas siendo un ridículo prepotente—le hice ver con obviedad. Esto. Es. El. Colmo. Puse las manos en las caderas, plantándome en mi posición mientras que Edward entrecerraba los ojos, más rabioso.
Entonces, él hizo algo que no logré prever. Colocó una mano en mi cintura y la otra en mi cabello, para luego empujarme con fuerza contra la pared detrás de mí. Chillé sorprendida por su arranque, y esperé a que el dolor por el impacto tan fuerte apareciera, pero en su lugar todo lo que sentí fue el pecho de Edward adherido al mío, aplastándome los senos, provocando que me atragantara con el calor que reverbó entre los dos en una incontrolable explosión de sensaciones placenteras. Jadeé por aire.
De pronto todo se sacudió en una onda expansiva a nuestro alrededor; la piel me empezó a picar, las mejillas se me recalentaron, empecé a transpirar de excitación y lo único que pude procesar fue la necesidad tan agobiante que sentí por Edward. Tan fuerte como nunca.
Los dos temblamos como un par de hojas en invierno.
Edward gimió y me jaló del cabello haciendo que mirara hacia arriba. Jadeé de nuevo y él se pegó más a mí, intentando meter sus piernas entre las mías.
—No quiero verlo cerca de ti de nuevo—me siseó apretando la mandíbula, mientras me apretujaba más contra la pared. —Mike Newton es un cerdo asqueroso. —dijo cabreado, antes de apretar su agarre en mi cintura. Oh, dulce pequeño Jesús. Mi corazón dio un vuelco exaltado cuando lo sentí tan ardosamente pegado a mi vientre. Edward blasfemó en contra de los demonios sin dejar de mirarme insondable a los ojos, como si esperara algo de mí.
No obstante, el calor que se entrelazaba en nuestros cuerpos me dejó aturdida, enajenada y expectante. Fuera de mis cabales.
¿Por qué no le grito que me suelte? Me pregunté, sorprendida.
—No tienes ningún derecho Edward. Te recuerdo que no hay nada entre tú y….—susurré tragando saliva a montones. —Y yo.
—Él es un perdedor de porquería y créeme que no te conviene. —me regañó, utilizando un tono más calmo y menos agresivo; obviando lo que le dije. Sin embargo no me gustó como se expresó, porque… bueno yo ¿Umm? Él… ni yo…¿Se te fundieron las neuronas acaso? Parpadeé diez veces, tratando de hilar algo distinto a lo estupendo que se sentía estar atrapada entre sus brazos fuertes, sintiéndolo por completo
¡Concéntrate!
Era tan difícil con todo él arrastrándome a su mentolada esencia; sin mencionar que el bulto que trataba de encajarse en mi piel a toda costa, era imposible de ignorar.
Gemí en voz alta, y mis bragas empezaron a sentirse más cálidas.
En ese momento supe que me encontraba atada a su hechizo.
—¿Y tú que eres? ¿Umm? —inquirí casi sin voz. Lo empujé un poco, más para concentrarme que otra cosa; era de esperarse que no podría hacer nada ante su dura forma inamovible—Porque esta escenita de…de celos esta fuera de lugar ¡en muchos niveles distintos! —apenas terminé hablar, Edward me jaló más el cabello lanzando mi cabeza hacia atrás; haciéndome doler la cabeza. Pero en vez de retarle, como cualquier persona sana lo haría, me empujé contra él, dejándolo hacer sin oponerme ¿Estaba demente?
—¡No es una estúpida escena de celos! Se llama preocupación, pero eres tan terca y novata que no sabes lo peligroso que es ese tipo—bajó su rostro, consiguiendo que se rozara mi nariz contra la suya, y acabando cualquier espacio en el proceso.
—Mike no me ha hecho nada, ¡él es mi amigo! Por Dios…—trate de hacerle ver lo insensato de este show.
—No lo conoces bien entonces.
—¿Y tú sí?
—Conozco los de su clase.
Vi en ese momento, que Edward estaba realmente celoso por una razón estúpida y sin sentido. Jumm ¿Edward—Perfecto, arrogante y orgulloso —Cullen se encontraba celoso de Mike?.
Sonreí bastante pagada de mi misma.
El solo pensarlo logró hacerme sentir poderosa y segura.
Edward frunció el ceño sin entenderme. Se sentía bien que sufriera un poco y que se carcomieran por dentro, pese a que no era algo justificable en sí mismo.
¿Por qué tendría que darle celos? No había nada entre Mike y yo; mucho menos algo entre Edward y yo. Simplemente no tenía sentido.
Pero hay sentimientos de por medio, niña inteligente.
Entonces plantó un suave beso cerca a la comisura de mis labios, ocasionando que se desvaneciera mi sonrisa. Dejó ir su agarre de mi cintura, para deslizar su mano más y más abajo hacía mi cadera, sinuosamente sobre la ropa, atascando mi respiración a medida que avanzaba, milímetro a milímetro.
Tragué saliva.
Como si fuera poco al mismo tiempo, inició un descenso pernicioso también con sus labios, acariciando a su paso mi mejilla, la piel sensible de mi mandíbula, cayendo cuidadosamente después en mi cuello. Alcé las manos y me sostuve de sus hombros, arañándolo en mi sujeción.
¿Todavía dudas sobre los sentimientos?
No. Me respondí a regañadientes.
—Oh, carajo. —susurré, al sentir su lengua cálida y húmeda recorriendo el mismo sendero una y otra vez sin compasión, saboreando cada porción de piel que encontraba; ultra sensibilizando la zona y generando un fuerte estremecimiento en mi panza.
Le di más espacio para que hiciera su magia, él ronroneó en respuesta y mi piel se puso de gallina de inmediato. ¡Oh por Dios, hasta eso le salía sexy!
Me mordí el labio para contenerme y así evitar saltarle encima. En ese momento sentí su respiración golpearme a un ritmo desigual sobre toda la zona humedecida. Otra sacudida me azotó entera.
—¿Lo vas a alejar? —me preguntó, con voz ronca.
—¿Umm? —¿Qué cosa?
—¿Le dejaras en claro que no quieres nada con él? —dijo presionando sus labios contra mi piel. Él tampoco se quería alejar de mí, lo cual era malo, porque ninguno de los dos estaba dispuesto a detenerse y alguien definitivamente debía detenerse.
—Él sabe que no lo quiero de esa forma —respondí segura, aunque temblando de calor, el efecto de dejaba cada caricia que me propinaba con sus labios perversos. Subió y bajó dando lametones por encima de la arteria que palpitaba de manera violenta, empujando enardecida.
—No me gusta que este tan cerca de nuevo—masculló alejando sus labios de mi piel. Suspiré triste y el movimiento de mi tórax nos unió un poco más—Hay cosas jodidas de él que no sabes…
¿De qué me hablaba?
Pero eso perdió sentido en mi mente. Nuestros ojos se volvieron a encontrar y pude ver que el deseo aun bailaba en los suyos, igual o incluso más que antes. Lo miré por debajo de mis pestañas, parpadeando sutilmente, esperando a que algo más sucediera. Oh si, el control había sido removido de mi lóbulo frontal.
Él desvió la vista a mis labios una centésima de segundo, para luego volver a clavarlos en mis ojos.
—Deberíamos hablar. —me dijo a modo de recomendación pero su tono de voz sonó compungida, contradictoria y agitada.
—¿De Mike? —inquirí bajando las manos de sus hombros rígidos, dejándolas descansar en sus antebrazos esculpidos.
—¡No! —me gritó bajo sobre los labios, entrecerrando los ojos—De esto que estoy haciendo contigo.
—¿Y que se supone que estás haciendo conmigo? —incliné la cabeza, confundida.
—Lo sabes muy bien—me siseó y dio un pequeño empujón de caderas, señalando lo evidente. Me sonrojé al entender de qué hablaba, pero no por eso perdí de vista su mirada. Edward pareció agobiado, como si luchara contra un demonio invencible.
—No es todo tu culpa, yo tampoco me opuse demasiado, creo. —hice una mueca, mientras intentaba calmar todo lo que sentí por dentro. El calor, el aturdimiento, las ganas imperiosas de agarrar su cabello y jalarlo para que me besara en los labios… ¡Bah! Todo eso era imposible de controlar y menos con este espécimen de hombre tan hermoso estrujándose contra mi.
Suspiré.
¿Tanto lo deseaba?
¿A pesar de todo?
Mierda, sí.
Mil veces sí.
Estaba. En. Serios. Problemas.
Ok, suficiente; me obligué a tomar varias respiraciones profundas y conté del uno al cincuenta para calmarme un poco, aunque fuera de forma superficial.
—Bueno umm… mejor lo dejamos aquí. —sugerí poniendo las manos en sus pectorales, para que diera un paso atrás—Sí, ugh. —asentí en repetidas ocasiones más que todo para convencerme a mí misma; mientras me mordía el labio.
—Bella…
Su cercanía hacia picarme la piel, incluso su sola respiración me hacía perder el sentido común.
Edward alzó la mano y liberó el labio de mis dientes. Lo delineo suavemente con el pulgar—Siento que me estoy traicionando a mi misma. —le confesé mi remordimiento más interno, sacándolo del medio—Pero la cosa es… que estoy agotada y siendo miserable todo el tiempo, porque no podemos estar juntos.
Ya estaba, no tenía nada más que esconder, ¡Y por todo lo sagrado! Se sintió muy bien decirlo. Porque si era sincera conmigo misma, todos estos días lo único que había estado haciendo era "sobrevivir", en vez de "vivir", sintiéndome desolada y triste, esperando que la cura para mí corazón roto llegara del cielo.
—Sí podemos Bella. —me contradijo con pasión.
Negué sin apartar la mirada—Yo… no confío en ti. —Edward se encorvó, acercando de nuevo su rostro al mío.
—Déjame arreglarlo.
Cerré los ojos, negándome a mirarlo. No quería su conjuro de nuevo dominándome; ¡Era terrible! Soñar despierta para luego ser lanzada a los leones, en un abrir y cerrar de ojos ¡Y no era justo probar lo prohibido y luego ser catapultada a la realidad!
Mi corazón estaba hecho trizas.
—No es algo que tú puedas…—me interrumpió de forma súbita, utilizando el tacto cálido y tempestuoso de su piel presionando mis labios tentativamente. Todo volvió a dispararse por las nubes, el pulso se me enloqueció al igual que los pulmones, aunado a la descarga de adrenalina que me azotó, todo fue placer y caos combinado, enviándome a una villa muy lejana, pero al mismo tiempo tan imperiosamente cerca de él como nunca. Abrí los ojos y me encontré con sus ojos cerrados, con una expresión de opresión en su rostro de ángel.
Gemí y él se separó por un segundo exhalando aire turbulento en mí.
En seguida volvió a estrellar nuestros labios, pero esta vez con más decisión. Tomó mi labio inferior entre los suyos y succionó fuerte, provocando que me destartalara bajo el calor y el placer. Edward soltó un alarido y me agarró la cara con las manos a la vez que me empujaba de nuevo a la pared, de nuevo succionó mi labio entre los suyos, y yo me arqueé contra él en respuesta a su ataque.
Entonces su lengua apareció uniéndose a sus labios, repasó cada parte de mi boca con ella humedeciéndome en el recorrido resbaloso y candente. Suspiré contra él y fue magnifica la manera en que Edward tembló a cambio.
El corazón me vibraba descontrolado, como si le dieran cuerda.
Cielos, me va a doler tanto dentro de unas horas.
Abrí los labios, actuando por primera vez, y los dos gemimos al juntar nuestros alientos, se me doblaron las rodillas; iba a morir de gozo.
Al notar que perdía fuerzas, Edward dejó caer su peso sobre mí, de esa forma ajustándome a la pared.
—Quieta…—susurró sin aliento, para volver a atosigarme con su ataque, en una secuencia que me mareó. Succión, lamida, succión, lamida…. ¡Me quema! Junté las piernas tratando apaciguar el anhelo que crecía y crecía allí a pasos agigantados.
Saqué mi lengua, necesitando hacer algo también y de repente, todo se volvió una lucha entre nosotros. Su lengua atacó la mía y el beso se tornó más agresivo, a medida que intentábamos calmar las ansias con el otro.
Humedad, suavidad, calidez, electricidad… chocando sin descanso.
Coloqué las manos detrás de su nuca y lo atraje más cerca, sin poder contenerme. Su sabor a menta bañada con un toque de canela, bombardeó cada uno de mis sentidos ocasionando que perdiera la noción del tiempo y el espacio, de mi misma.
Edward fue él que se alejó, después de unos segundos abrió los ojos. Se veía turbado, respirando por la boca de forma veloz. Mi instinto natural, fue buscar sus labios adictivos de nuevo, pero entonces él me esquivó, frunciendo el ceño. —Pertenecemos juntos Bella—pegó su frente a la mía y rozó mis labios hinchados al hablar—No existe nadie más que tú.
Parpadeé, demorando en entender lo que me decía.
—¿Lo sentiste? —me preguntó, al ver que no le respondí nada.
Pasé saliva y miré sus ojos atormentados, vacilante.
Aún me quemaba por dentro y no solo de excitación, era una sensación que me llenaba y me hacía sentir más viva que nunca, que me hacía creer que aún quedaban cosas buenas para mí.
Y Edward era él que tenía semejante poder en mí.
Porque lo amas.
—Sí—dije con un suspiro de rendición.
Sonrió de una manera hermosa y luego me alzó cogiéndome de la cintura. Grité del susto y atiné a agarrarme de sus hombros cuando empezó a girar.
—Edward no es tan sencillo…
—Podemos hacer que funcione—me aseguró, bajándome al suelo de nuevo, sin dejar de mirarme de esa forma tan esperanzada.
—¿Cómo crees que podamos llegar a eso, con todo lo que nos ha pasado? Es imposible.
La pesada realidad hizo su aparición desmoronando el ambiente por completo.
De repente Edward era de nuevo ese sujeto que se había acostado con esas dos por un arranque insano; mientras que yo, volvía a ser la chica perdida entre escombros, de la que todos sentían lástima.
Suspiré y me deshice de su agarre.
—Todo es muy confuso ahora. —dije mirándolo directo a los ojos—Y tengo mucho miedo de que no poder superar lo que hiciste. —estaba entrando en pánico, al recordar que precisamente él, era el artífice de todo mi sufrimiento era devastador. Porque también era la persona que más amaba sobre la tierra.
Edward me volvió a coger en un abrazo fuerte, dejando que mi nariz rozara su pecho, dándome consuelo a su manera. Tomé aire y olisqueé su chaqueta, como un pequeño animalito que ha sido golpeado por el destino sin compasión, indefenso y lleno de temores.
—¡Bella! ¿Dónde estás?
—¡Edward! ¿Esta hay?
Edward y yo nos miramos al escuchar las voces de afuera, estupefactos.
—¡Déjame entrar!
—Yo voy primero.
—¿Así? ¿Eres la dueña del lugar o qué?
—No te dejaría estudiar aquí de serlo—luego de eso todo fue un hervidero de gruñidos e insultos de lado y lado, que aumentaban de nivel cada vez más.
—T-tenemos que salir. —le dije a Edward preocupada, mientras me despegaba de su cuerpo por fin. El frío fue intenso en el baño. Él asintió manteniendo el ceño fruncido. Apretó los labios y se inclinó para darme un beso en la mejilla tan suave como el roce de un algodón.
Justo en ese momento la puerta se abrió, Jess y Alice aparecieron tropezando hacia adelante en medio de un griterío espantoso; en tanto se pegaban una a la otra a empujones y tirones, en una pelea ridícula.
¡¿Qué demonios estaban haciendo?!
—Alice ¿Qué jodidos te pasa? —reprendió a su hermana con voz grave. Las dos se detuvieron por un segundo, para mirarnos asombradas. Luego la ira gobernó en ambos rostros
—¡¿Qué haces con esa?!
—¡¿Por qué estás con este imbécil?!
Me mordí el labio y guardé silencio mientras ellas nos miraban con malas caras y ceños fruncidos, evidentemente inconformes con lo que veían. Miré de reojo a Edward y él tenía la mandíbula comprimida, luciendo bastante enojado.
—¿Y bien? ¿Se van a quedar callados todo el día o qué? —nos preguntó mi amiga, con ironía.
—No es tu maldito problema—le siseó Edward a Jess y yo le pegué en el brazo por hablarle de ese modo a mi amiga. No se inmutó ni un poco, al contrario, siguió lanzándole esa mirada de odio explosivo.
—¡Claro que lo es! ella es como mi hermana ¡No voy a dejar que las lastimes más! —ella se adelantó y me agarró de la mano para apartarme de él. Edward gruñó y trató de alcanzarme pero Jess se la arregló para ponerse en su camino haciendo que él se detuviera en seco—No te atrevas. —lo amenazó, plantándose delante de él, muy retadora.
—Jess por favor, no es necesario. Yo quise venir aquí con él, fue mi decisión—le susurré deseando terminar este enfrentamiento. Jess se giró para encarame con una ceja alzada, de seguro con una buena reprimenda en mente; pero entonces se quedó bastante quieta, viéndome pasmada con sus ojos azules bien abiertos.
—¡¿Qué demonios es lo que tienes en el cuello?! —chilló espantada, llevando las manos a su boca.
¿Qué cosa? Me toqué la zona que ella veía con terror.
La risotada de Alice resonó estridente y macabra en todo el baño—De mojigata, no tienes nada. —me dijo con desdén, ocasionando que me sonrojara avergonzada.
Jess arrugó la cara y se giró.
—¡Cállate bruja! —le gritó Jess, saliendo de su estado, volviendo ser la fiera defensiva.
—¿Cómo me llamaste perra? —Alice colocó las manos en sus caderas.
Y sobrevino de nuevo la gritería, los señalamientos y los insultos como una ola que no paraba de crecer y crecer. Rodeé los ojos.
De no ser porque estaba sobresaltada por lo que tenía o no en el cuello, las hubiese mandado a la mierda a las dos. Miré a Edward por inercia y fruncí al ceño al ver que también me miraba, sonriendo de medio lado a pesar del desastre lleno de improperios que era la situación.
¿Qué…?
Me volví a palpar el cuello, lo sentí algo adolorido esta vez.
Y como un zarpazo, por fin comprendí de la reacción de Jess.
Tú maldito.
Hola hermosas! ¿Cómo están? Gracias por dejarme mensajes de apoyo y por leerme en cada nueva entrega.
Lamento la tardanza… ya saben: "las responsabilidades" siempre se interponen.
¿Qué les pareció? Bella y Edward…. Son un par de calenturientos. Y la cosa iba a peor, pero decidí que, todavía deben sanar antes de cualquier cosa.
Ella tiene muchos conflictos internos, pero ¿Qué harían ustedes en su lugar? ¿Dejar ir al amor de su vida o tomarse una tercera oportunidad?
Complicado, lo sé.
Amo mis personajes, y por eso no quiero darles un final triste, pero eso no quiere decir que sea insensata e ilógica con respecto a la situación.
Bueno…. Todavía hay muuuchas cosas que aclarar y que cerrar —más de las que pensé al inicio— así que creo se extenderá un tanto más. Hay un misterio que tendrá relevancia al final, ¿Quién envió el mensaje de Whatssap? ;)
Lamento no haber podido responder sus mensajitos, pero en verdad he estado corta de tiempo. Prometo hacerlo esta misma noche.
Besos.
Att: MarieLiz.
