Los personajes son de Stephenie Meyer. Solo la trama es de mi autoría.
Summary: Cuando el rumor de un triángulo amoroso estalla en el pequeño pueblo de Forks, lo que menos se imaginó Bella era que ella también se encontraba incluida en aquel embrollo. —Dime que mi ex novia y mi ex amiga no están compartiendo la misma polla. ¡Dímelo! —rugió colérico provocando una ola de miedo en cada entraña de mi cuerpo, sus ojos verdes me atravesaron cual guillotinas afiladas esperando una respuesta; y, sin embargo, no pude defenderme, porque eso sería aún peor.
Holas! ya saben, el capi va sin beteo :(
.
I dream on, dream about you
¿What can I do to make you feel all right?
Baby, I don't want to see you cry, no
I want to see you smile
R5
Perception.
By
MarieelizabethCS
.
Redención.
.
Me crucé de brazos negándome a hacerle caso a los gestos que Edward me hacía con tanta insistencia y volví la mirada nuevamente a Jess y Alice.
¿No se cansaban acaso de gritar? Siendo sincera conmigo misma, de solo escucharlas, el estrés empezaba a rayar en lo intolerable.
Estaban fuera de sí mismas atacándose una a la otra sin consideración, entre gritos y trapos al aire que nada tenían que ver con ellas por supuesto, todo lo que argumentaban tenía que ver con los errores cometidos por Edward y por mí, sobre lo que hicimos o dejamos de hacer o los sentimientos involucrados.
Suspiré con pesadez. Debía pensar tanto que no tenía idea por donde iniciar y ellas no eran de mucha ayuda haciendo el tonto.
Y es que, sin proponérmelo si quiera, me había dejado llevar por él y sus impulsos, entregándome a lo peligroso una vez más simplemente porque lo amaba, lo deseaba y lo necesitaba en mi vida como una sedienta. Arriesgando mí magullado corazón. Dejando que mi orgullo se hundiera en la cañería junto con mi juicio.
El corazón me palpitó deprisa al sentir la presión.
Lo busqué con la mirada e instantáneamente mis sentidos, mi mente y alma estuvieron centrados en él. Y Edward me devolvió la mirada con los ojos brillosos y tranquilos, casi como si estuviese en su propia burbuja personal, mientras estudiaba cada trozo de mi cara.
Repaso con más lentitud mis labios, como si de hecho me acariciara desde la pequeña distancia que nos separaba. Sonrió de medio lado con picardía y al fin levanto la mirada a los míos. Al hacerlo, me recorrió una sensación sinuosa a través del estómago, tan adictiva que me tuve que contener para no correr a sus brazos de nuevo.
Estoy tan jodida. Lo sé.
Hizo una seña con los dedos, como si supiera del afán que tenía por dentro, pero le dije un "No" silencioso. Eso solo empeoraría la tensión en el baño.
Fruncí el ceño.
¿No le preocupaba en nada lo que pasaba acaso?
Él estaba de brazos cruzados sobre el pecho, apoyado en el lavabo de porcelana con una sonrisa ladeada clavada en su bello rostro estaba mi tormento personal haciéndose el desentendido, realizándome señas en silencio para que regresara con él —sabrá Dios para que cosa— como si solo los dos estuviésemos en el baño.
Es tan sin vergüenza que no le importaba para nada la presencia de su hermana, ni lo que vociferaba. Lo miré de mala manera ya que no era el mejor condenado momento para que me tentara de esa forma; con Alice y mi mejor amiga estando a punto de cagarse a golpes enfrente de ambos. Sino hacíamos algo para detenerlas, la situación iba a terminar muy mal; conocía lo suficiente a ambas para saber que habría más que uñas rotas y jalones de cabello, oh, eso sería solamente la guinda del pastel, ninguna de las dos pararía hasta lastimarse de consideración.
—Ella es una bruja asquerosa que jamás ha merecido a mi hermano ¡No era buena antes y no lo es ahora! —Alice le gritó a Jess, echándome una mirada ulterior por el rabillo del ojo. Edward a cambio, siseó volcando también la mirada a ellas después de tanto tiempo ignorándolas, su ceño se frunció y supe que iba a intervenir.
Oh - oh, hubiese sido mejor que siguiera desinteresado.
Sin embargo Jessica abrió la boca más rápido y continúo con la pelea sin darle oportunidad.
—¡No hables de Bella en ese tono, gusano! Además, estas muy equivocada ¿Quién te dijo que ella quiere volver con ese traidor inútil? Por si no te has dado cuenta ¡Él es el que la acosa a cada momento!
Alice bufó, medio sonriendo, sin abandonar la postura defensiva.
—Si claro, como si Edward lo tuviera tan difícil ¡O como si ella no lo amara todavía! —chilló con fuerza, empuñando las manos. Cielos. De pronto el silencio fue generalizado, lo que dijo Alice simplemente nos paralizó.
Hasta ella misma se quedó estática después de decir lo que dijo.
Gracias Alice. En verdad, muchas gracias por hacerme sentir como una fácil de mierda y también como una perdedora.
¿Se podía quedar más en ridículo en la vida?
No lo creía posible. Alice había dado justo en el blanco, Edward era mi debilidad más grande y yo era la tonta de siempre que se dejaba someter sin luchar. Carajo. ¡Mierda! No quería ser esa chica otra vez, la odiaba, detestaba desde lo más profundo de mi corazón.
Contuve el aliento mientras la vergüenza empezaba a dominarme junto con ferviente el sonrojo en mi cara. Bajé la mirada, ansiando que se abriera un agujero negro bajo mis pies y me succionara para estar sola toda la eternidad. Pero no sucedió, para mi pesar y la incomodidad de todos en el baño, permanecí intacta en mi lugar, viéndome terriblemente humillada.
—¡Discúlpate en este preciso instante con Bella!. —dijo Edward con tanta rabia, que me provocó un estremecimiento—¡Hazlo!. —levanté la mirada al escucharlo hablar tan fríamente a Alice. Me dio un poco de miedo escucharlo hablar de esa manera.
—P-pero es que ella…
—No lo voy a volver a repetir. —advirtió enseñándole la puerta sin vacilar. —Sino lo haces ya mismo, entonces largo de aquí. —terminó de hablar con un gruñido.
Alice observó a su hermano con una mirada bastante lastimada sin poder creer que la tratara de esa forma. La abrumadora tentación de intervenir por poco me domina, no deseaba que se pelearan entre ellos, menos por mi culpa. Edward no podía andarse peleando con cada integrante de su familia, por mí.
¿Soy mala persona si siento que en parte ella se lo merece?
Por miedo a empeorar las cosas decidí mantenerme en silencio. Alice no había sido muy amable tampoco, pensé cobardemente. Suspiré y bajé la mirada al suelo embaldosado, era increíblemente embarazoso lo último que había dicho Alice sobre mí. ¿Estoy siendo demasiado blanda con Edward? Quizás…. Y sí. Ugh. Tal vez en serio estoy quedando como una fácil al dejar que Edward me tocase y me besara de aquella forma tan íntima.
—Ya lo escuchaste zorra. —Jess sonó divertida.
—No te metas cucaracha—le siseó Alice de vuelta, pero en un tono más bajo.
—U-umm Jessica por favor. —le dije suavemente. No quería que continuaran con lo mismo.
—¡Si ella fue la que empezó! —se giró y luego colocó las manos en sus caderas.
—No importa quién lo empezó, lo que importa es que ninguna de las dos tiene derecho para hacer lo que están haciendo—fue entonces que la miré, seria—Escucha, te quiero mucho, eres mi mejor amiga y sé que todo lo que haces es para protegerme; me agrada tener alguien como tú cubriendo mis espaldas… pero Jess, venir aquí con Edward, fue mi decisión. Él no me obligó a quedarme, yo fui la que quise… la que quise permanecer aquí.
—Pero Bella… él no es bueno para ti, ¡Por Dios! ¿Sabes lo doloroso que ha sido para nosotros verte destrozada cada día por lo que él te hizo? ¡Ha sido el infierno también para nosotros! —me dijo con la angustia pintada en sus ojos azules; tragué pesado y me sentí terriblemente mal por haberlos hecho sentir de esa forma todo este tiempo sin saberlo, no era mi intención que se sintieran mal por mí, ni que preocuparan tanto.
¿Así era como se sentían mis amigos todo este tiempo?
—Esa no ha sido mi intención, lo siento. —balbuceé arrepentida por la aflicción que cargaba Jess.
Edward se nos acercó en silencio mientras me miraba cuidadoso, con sus ojos verdes detenidos en los míos. Alice nos veía cruzada de brazos en el mismo sitio, portando un raro gesto en la cara parecido al de una niña rebelde y pretenciosa.
—¿Lo sientes? Hay Bella ¿Cuándo aprenderás que somos tus amigos? Solo queremos protegerte y verte feliz, es lo único que deseamos—me respondió, con tono calmo, lleno de ternura—Pero tengo que decírtelo Bella, porque se supone que ese es mi trabajo como tú amiga. Él no te conviene, ni es de fiar y puede que todo salga mal y te lastime peor que antes.
Edward se puso a mi lado y rápidamente me tomó de la mano, encajando nuestros dedos como dos piezas de puzle lo harían, hechas para estar juntas. La corriente que aparecía cuando nos tocábamos no se hizo esperar recorriéndome como una ráfaga poderosa —Bella es la que tiene que decidir eso, no tú. —acotó con acritud, pero a pesar de ello ninguna emoción se reflejó en su mirada.
Jessica lo miró fijamente, haciendo una mueca molesta en los labios, disponiéndose de seguro a iniciar otra discusión. Ella no se quedaría callada de ninguna forma; es más, ella anhelaba desde hacía tiempo la oportunidad de montarle lío a Edward.
Y yo no quería seguir siendo la piedra que provocaba tanto malestar y malos encuentros. ¿Qué tenía que hacer para que todo volviese a la normalidad? ¿Para que Edward estuviese bien con su familia? ¿Para que Jess, Seth y Ángela dejaran de preocuparse por mi bienestar todo el tiempo?
Me solté del agarre de Edward y me alejé unos pasos hacia atrás. Todos me miraron fijamente deteniendo las palabras no dichas dentro de sus bocas. Edward y Jess me dirigieron gestos preocupados—No quiero escuchar nada más de esto.
No más peleas, no más discusiones, no más de esto; ¡Dios! ¿Qué era lo que debía hacer?
Arrugué el ceño y me centré en Edward —No deseo que pelees más con tu familia por mí. —le dije disgustada. Con una mueca me volví a Alice, ella elevó una ceja a cambio—No te caigo bien, eso lo sé y tengo bastante claro que es a causa de lo que pasó hace cuatro años. Entiendo que tengas todo este resentimiento contra mí; pero al fin y al cabo esto es un problema entre Edward y yo, lo que hagamos o dejemos de hacer solo nos incumbe a nosotros.
Alice se cruzó de brazos y sus ojos centellaron en mi dirección —¿Cómo te atreves? Edward es mi hermano, claro que me voy a preocupar por los ligues que tenga. Más si se trata de ti.
¿Ligue? ¿Así me veía Alice? ¿El ligue del momento?
—Sabes que esa no es la verdadera razón de todo este… odio que me tienes. Se trata de algo más, no tienes por qué empezar a esconderte detrás de lo que sucede entre Edward y yo.
—Tú… no sabes nada. —me siseó. Edward dio un paso hacia mí, mientras punzaba sus ojos sobre Alice.
—No voy a ponerme a discutir por eso, tú lo sabes, yo lo sé, así que ¿Qué más da? Lo único que quiero es que no jodas a Edward por mi culpa.
Caminó al frente, a pesar de la mirada glacial que le enviaba Edward, enfrentándome con orgullo—La única que lo jode aquí eres tú ¡¿Por qué no desapareces otra vez?! Todo sería maravilloso de nuevo ¡Sin ti en su vida! —abrí más los ojos sorprendida por el enojo con el que me habló.
Edward de inmediato la cogió del codo y la hizo girar, sus ojos estaban inyectados de rojo y las venas en su cuello eran visibles—Ya fue suficiente Alice. Discúlpate.
—¡No!
—¡Sí!, lo harás, le pedirás disculpas y luego vas a desaparecer de mi vista ¿Entiendes? —la amenazó de forma contundente.
Los dos se miraron fijamente en silencio. Alice trató sin éxito de soltarse de su agarre, mientras Edward la miraba como si quisiera matarla con sus propias manos. La sien me empezó a palpitar con fuerza, el malestar que me provocaba verlos retarse de aquella manera tan hostil y personal no tenía descripción.
¿Cuánto habíamos cambiado? Pensé triste.
Los recuerdos de nuestra infancia juntos se agolparon en mi mente como una lluvia incesante. En cada uno de ellos, nuestros rostros estaban iluminados por un destello alegre e inocente, nos veíamos llenos de vida al margen de la dura realidad.
—¡Paren esto! ¿Quieren? —me pasé la mano por la cabeza cinco veces, hastiada de todo. —No quiero disculpas de nadie, ni peleas, tampoco discusiones… —me miraron aún en la misma posición—Suelta a Alice. —le pedí a Edward, tocándole la mano que tenía libre.
Nuestros ojos se encontraron como un par de imanes, atraídos sin compasión, comunicándonos sin palabras. Renuencia, dolor, ternura se enmarcaban en sus ojos al mirarme. Lo entendí todo a la perfección, todo lo que sentía él, solo con trabarme en sus esmeraldas.
Él tomó una gran respiración para después dejar ir a su hermana.
—No pienso seguir con esto. Me siento agotada de pelear contra todos, de ir en contra de la corriente y justificar todo lo que hago a cada momento —confesé con un suspiro tembloroso, ¿Por qué me molesto en luchar, si de nada vale tanto esfuerzo? Alice y Jess estaban allí de pie sin decir nada, como si por primera vez en toda esta media hora, se hubiesen quedado sin argumentos. —Es mucho con que lidiar.
Edward me cogió entre sus brazos y me sostuvo acunando mi cabeza contra su pecho amplio. Respiré sobre su camiseta y sentí que la tranquilidad se abría paso a través de su olor y tacto, opacando de momento la tormenta que me ahogaba por dentro. Umm, olía tan bien.
—Lo siento hermosa, no quiero que te sientas abrumada ni presionada por mí o por otros. —él me susurró al oído, preocupado. Asentí y Edward me besó la cabeza. —¿Quieres salir de aquí?
—Por favor.
Me sostuvo de la cintura y empezamos a caminar hacia la salida del baño, todo el tiempo manteniéndome lo más cerca posible de él. Todavía tenía la cara escondida en su pecho, cuando salimos al pasillo. Era la hora del almuerzo por lo que todo estaba silencioso.
—¿Jessica?
—Dime, Bella. —se posicionó a mi lado de inmediato. Retiré mi rostro un poco de Edward y vi en sus ojos azules la frustración que sentía.
—Quería darte las gracias por defenderme, aunque no era necesario.
Ella hizo una mueca aprensiva con los labios, miró a Edward y luego a mí de nuevo, dibutativa—Eres mi mejor amiga, nunca te voy a dejar sola y para que lo sepas, si era necesario que te defendiera. —ella miró sobre su hombro a Alice, que disimulaba mirar a todos lados menos a nosotros.
¿Por qué no se iba? Ella no soportaba mi presencia.
—No le digas a los chicos nada de esto. —me preocupaba que Seth o tal vez Emmett se ofuscaran porque Edward y yo… bueno por lo que sea que aconteció en el baño.
A Jessica no le gustó mi petición, fue obvio por la manera en que entrecerró los ojos—Se van a enterar.
—Pero no ahora.
Negó con la cabeza, apretando los labios.
—Tendrás que decirles alguna vez.
—Lo sé, pero primero necesito entender muchas cosas que todavía no tengo claras.—Edward apretó el agarre en mi cintura, apoyándome en esto. Me volví a esconder en su pecho y me mordí el labio.
—Está bien— respondió a regañadientes—Nos vemos más tarde.
Pasó al frente de los dos, echándole una mirada asesina a Edward—Si le haces algo, te rompo los huevos.
—¡Jessica!
—Bueno ya. —me dijo antes de irse hacía la cafetería, observándonos cada tanto sobre el hombro, hasta que despareció por completo.
—Yo también me voy. —dijo Alice en tono aburrido—Y para que lo sepas ¡Jamás me voy a disculpar! —alardeó, como una niña mal criada en tanto se alejaba por el pasillo contrario.
Edward se tensionó, gruñó algo bajo su aliento y me apretó más fuerte contra él.
—No le hagas caso. —le susurré para calmarlo.
—Carrie se va a enterar de esto. —dijo mal humorado.
¿Umm? Parpadeé y alcé la cabeza para poder mirarlo —¿Quién es Carrie?
Él negó, para después bajar la cabeza. Sus ojos embravecidos, cambiaron al segundo, por una chispeante calidez.
—Nadie importante.
—Ajam. —respondí contrariada. No le creí en lo absoluto, puesto que era evidente lo que hacía—Vas a tener que hacerlo mejor.
—¿El qué? —me cuestionó con confusión.
—Mentirme.
Puse las manos sobre las de él y las retiré de mi cuerpo, sin embargo Edward las reposicionó en menos de nada, otra vez en mi cintura con facilidad.
—No es nada del otro mundo Bella. —me dijo antes de besarme la frente—Carrie es la psicóloga de Alice.
Oh.
¿Desde cuándo Alice visitaba un psicólogo? Me sentí avergonzada, por haberlo obligado a decirme esa información. Entérate de una vez "Desconfiar de él, será todo lo que harás en tú vida" saqué el pensamiento de mi cabeza antes de que hiciera algún daño mayor.
—Ya veo.
—Bella. —¿Umm? Me apretó contra su pecho, adhiriendo nuestros cuerpos. Suspiré sintiéndome débil ante un poder enorme del que no podía ni deseaba escapar—Tenemos que ir a clases. —me dijo con tono remilgoso.
Coloqué las manos en su chaqueta y apreté—Sí.
Enterré mi cara en su pecho y lo olisqueé un poco, absorbiendo el olor a menta que despedía de todo él. Joder, podría pasar toda la vida de este modo, sin problemas. Era el paraíso de los sentidos.
—Entonces nos vemos a la salida.
Asentí, no queriendo que el momento terminara tan pronto. Edward se encorvó sobre mí y lo sentí respirar sobre mi cabello. Escondí una sonrisa al darme cuenta de que él también hacía lo mismo que yo, oliéndome como un cachorrito. Si todo con Edward fuera tan hermoso y tranquilo como ahora, la vida no sería tan mala.
Pero no lo era.
Suspiré.
—Te quiero. —susurró contra mi cabello, acunándome más fuerte contra él.
—Yo también te quiero Edward. —le contesté con el ritmo errático de mi corazón sonando en mis oídos, superada por un sonrojo que él no alcanzó a ver. Me era complicado decirlo en voz alta, y no creía acostumbrarme pronto a ello.
—Es todo lo que deseo de ti, que me quieras.
—Créeme que he intentado de todo para no hacerlo; pero ni los años, ni tampoco lo que… lo que pasó—me quedé callada, de repente abrumada. ¿Sería capaz de olvidarlo? El dolor me estrujó de adentro hacia afuera, recordándome el sufrimiento que llevaba anidado en mi corazón. —Han podido sacar esto que siento por ti.
—Sé que tengo mucho que arreglar para que puedas volver a confiar en mí. —sonó totalmente convencido de que así sería, sin embargo yo poseía muchas dudas al respecto. Ciertamente tenía claro que lo amaba y lo adoraba demasiado con cada pulsación de mi corazón, sin embargo, yo Isabella Swan, no creía poder confiar otra vez en alguien, de esa manera.
Menos en él; no por completo.
—Umm, no nos adelantemos ¿Si? —le sugerí, incómoda.
—¿Qué quieres decir?
Ugh.
—Edward… existe algo increíblemente maravilloso entre los dos, nos queremos, tenemos una conexión extraordinaria y para serte sincera, no creo que haya alguien más sobre la tierra, que pueda hacerme sentir todo lo que tú me provocas, tan solo con mirarme—él sonrió enseñándome sus dientes perfectos, en extremo feliz; y yo le acaricié los costados con suavidad—. Sin embargo, no es tan simple como juntarnos de la noche a la mañana, seguir con nuestra vida y pretender que nada sucedió.
Edward dejó de sonreí un tanto y cogió un mechón de mi cabello, acariciándolo entre sus largos dedos— ¿Sabes una cosa? Sé que va a ser difícil pero no imposible—me dijo con seguridad —Y te lo voy a demostrar, tú eres lo más importante que tengo Bella; eres el ángel que me ha traído de vuelta.
Sonreí contagiada de sus palabras, pero a la vez sintiéndome extraña por cómo se refirió sobre mi ¿Un ángel?... no entendí la comparación por más que lo pensé.
Me besó en la frente, demorándose unos seis segundos en apartarse de mi piel. Cuando lo hizo, también retiró el agarre en mi cintura.
Contuve el quejido que subió por mi garganta, en protesta.
—Te espero en mi auto cuando terminen las clases. —me dijo más como afirmación que como pregunta.
—Allí estaré—le respondí dando un paso lejos de él. La distancia aunque poca, produjo resentimiento en mi piel y picor en mis manos. Me mordí el labio, e intenté ser sensata por esta vez y tratar de no extrañarlo tan fieramente como estaba sintiendo.
—Bella… ¿Quieres dejar de provocarme? —su voz fue ronca y amenazante, mirándome los labios con deseo explícito.
Le sonreí avergonzada, y me fui hacía la cafetería antes de que a Edward se le ocurriera meterme de nuevo en el baño con él.
—¡No lo hice a propósito! —le grité abriendo la puerta de acceso al final del pasillo.
—¡Eso solo lo hace todavía peor! —me respondió soltando una carcajada limpia, hermosa y tintineante.
Rodeé los ojos, seguía siendo un pendejo.
.
.
.
.
—No voy a ilusionarme más con ella—Seth sonrió triste, y escondió la mirada de mí, viendo a los que nos sobrepasaban por el pasillo—Pero es doloroso tenerla cerca todo el tiempo.
¿Cuánto desearía que las cosas fueran diferentes entre Seth y Bree? Me laceraba el corazón y me entristecía demasiado verlo así.
Hacían diez minutos había terminado mi clase de gimnasia. Mientras caminaba hacía la salida del bloque, escuché a Seth llamarme a unos pocos metros de donde estaba.
Cogí su mano e hice que nos detuviéramos un momento—Seth ¿Tú le has dicho cómo te sientes?
Él vaciló, abrió la boca y luego la cerró, como si lo hubiese tomado desprevenido—¡No se lo has dicho! —le reclamé.
—Es más complicado que eso Bella. ¿Qué tal si no quiere ser más mi amiga? ¿Si quiere que me aleje por completo de ella? —dijo descontrolado por la posibilidad de que Bree lo alejara de su vida. Lo comprendí, el miedo y la desconfianza en sí mismo; me hizo recordar lo que hace algunos años viví yo también. En el tiempo en el que me avergonzaba decirle a Edward lo que sentía, por temor a perderlo del todo.
Lo abracé porque sabía lo que mi lindo amigo necesitaba. Apoyo y cariño —Bree te ha pegado duro en el corazón ¿Eh?
Seth se rió un poco, pero se trató de un sonido apagado—Demasiado diría yo.
—Oh Seth, te entiendo. Tener su amistad es mejor que nada. —él asintió y nos soltamos poco a poco del abrazo—Pero no puedes quedarte estancado para siempre, encasillado en la misma página sin avanzar. Porque algún día ella estará con su novio y tu…
—La amo, Bella y si esta es la forma en que puedo estar a su lado, entonces lo haré por el tiempo que sea necesario.
Lo observé preocupada, él estaba decidido a permanecer a su lado aunque eso supusiera sufrir en silencio. Chicos con tan buenos sentimientos como Seth, en definitiva ya no los había. Y lo peor del caso era que Bree ni enterada estaba.
Sonreí para darle ánimos y luego me colgué de su brazo para avanzar hacia la salida—¿Por qué no me enamoré de ti? Eres perfecto. —me pregunté en voz alta, sin querer.
Seth se carcajeó ruidosamente al escucharme y yo lo miré con una ceja alzada esperando que me dijera lo que era tan chistoso—¿Soy perfecto? —me preguntó entre burla e incredibilidad.
Me encogí de hombros y me recosté contra él—En cierta manera lo eres. Cualquier chica desearía tener una persona tan cálida y tierna como tú a su lado.
—Cualquier chica menos tú. —Acotó.
Asentí—Si no fueras como un hijo para mí, quizás….
—Tenemos casi la misma edad. ¿Estás loca?
Rodeé los ojos, ¿En serio? Si me la he pasado cuidándolo por años, alimentándolo y defendiéndolo de todos, incluso de Jess. ¡Sus niñerías me habían metido en graves problemas!
—Eres un idiota mal agradecido.
Volvió a reírse de esa forma estruendosa, durante todo el camino al parqueadero lo cual en parte me alegró; al menos lo había hecho reír y despejarse un poco de sus problemas.
Con cuidado miré hacia los autos aparcados, esperando encontrar al volvo plateado que manejaba Edward por algún lado. —Allí viene Bree.
Parpadeé volviendo mi atención en Seth. Efectivamente, Bree venía saliendo del edificio en ese momento—¿Vas ir con ella?
Seth asintió, y yo suspiré resignada—Entonces que te vaya bien; nos vemos mañana. —me puse de puntitas y lo besé en la mejilla como despedida.
—Está bien, cuídate. —me guiñó el ojo y luego se fue con Bree. Ella me saludó a la distancia y yo le devolví el gesto alzando la mano. Aunque lo deseara de otra forma, Bree era una chica dulce a la que no podía detestar ni un poco, a pesar de todo lo que le hacía sufrir a mi amigo.
Era una buena persona.
Di media vuelta y me encaminé hacia los autos, esperando encontrar pronto el de Edward.
De repente una mano se engarzó en mi codo y la piel se me erizó de inmediato. Umm, solo Edward podría afectarme de esta forma —¿Por qué demoraste tanto? —me preguntó en un murmullo seco, haciéndome girar delicadamente hacía él.
—Estaba hablando con Seth sobre algo importante.
Edward no dijo nada, pero a pesar de ello, supe que no le gustó mi respuesta—¿Qué? —inquirí empezando a molestarme su extraña actitud.
—Nada. —gruñó y sin decir nada más me jaló para que empezara a caminar junto a él.
Hombre-cavernícola-egocéntrico. Pensé poniendo los ojos en blanco.
—Seth es mi mejor amigo y teníamos cosas que hablar. —le dije tratando de seguirle el paso apresurado.
—No te estoy pidiendo explicaciones. —murmuró como quien no quiere la cosa. Te conozco tan bien… y ese tonito condescendiente que usó, lo puso en evidencia.
Sacó las llaves del bolsillo y con un click retiró el seguro del auto que sonó a nuestra derecha. Con que allí estaba.
—Lo que tú digas. —bajó su mano a mi espalda baja y abrió la puerta de copiloto para que subiera. Me giré y lo encaré—No te comportes como un niño. —le pedí, alzando la mano para poder acariciarle la mejilla. Edward cerró los ojos inclinando su rostro a mi tacto, como un animalito indefenso. —¿Si?
—Lo voy a intentar. —murmuró relajando el ceño y yo retiré mi mano.
—Así me gustas más. —le hice saber con sinceridad. Abrió más los ojos y yo le sonreí antes de subirme al auto. Él tenía que entender que tenía más personas en mi vida que él y no podía ponerse de esa manera cada vez que pasara tiempo con mis amigos. Sería ilógico que se comportara así todo el tiempo.
Por el amor de Dios, ¿Qué perfume es ese? Umm. Inhalé profundo y me dejé caer contra el asiento, envuelta en aquel exquisito olor personal y único de Edward combinando con alguna fragancia masculina.
Escuché el motor encenderse en menos de nada—Colócate el cinturón. —Edward estaba al lado mío, acomodado y listo para partir ¿En qué momento había subido él también? Me pregunté sorprendida.
Parpadeé e hice lo que me pidió.
Con un ronroneo del motor al acelerar, salimos del parqueadero sin problemas, y tomamos la carretera principal.
—Y… ¿A dónde vamos?
Edward sonrió—A casa. —me respondió con tranquilidad.
—¿Tu casa? —pregunté con un leve espasmo de pánico recorriéndome las vísceras.
—Así es. — me dijo sonriendo hacia la carretera.
—Esa es mala idea.
—¿Por qué?
—¿Cómo que por qué? ¿Hola? ¿Emmett y Alice viven en la misma casa contigo o no? Es obvio que nos verán llegar juntos.
Edward arrugó la cara en cuanto mencioné a Emmett. ¿Era tan grave la situación entre ellos dos? me moría de ganas por preguntarle sobre eso también.
—Subiremos a mi cuarto sin que se den cuenta. —se encogió de hombros dándome una excusa de solución y me miró de reojo. ¿Estaba hablando en serio? Era muy arriesgado e innecesario y ¿Por qué teníamos que ir a su casa habiendo tantos lugares a donde ir? rodeé los ojos enfurruñada por la falta de preocupación que mostraba al respecto.
Esto. Era. Algo. Serio.
—Eso es una peor idea. —le hice ver, volviéndome de un todo hacía él para así mirar su perfil masculino.
—¿De qué hablas? —inquirió sin entender. Ush. Elevé una ceja, todavía más molesta. Conté hasta veinte, sabiendo que me hallaba a punto de estallar.
Era como hablar con una pared. Ok, si quería que Emmett le diera una paliza, que Alice me atacara de nuevo y que además Esme… que Esme me reclamara por mi comportamiento distante de los últimos años, entonces que así fuera. Que todos se nos vinieran encima ¡¿A quién demonios le importaba!?
—Olvídalo. —le respondí después de un momento, exhalando con fuerza.
Edward se rió por lo bajo con un sonido tintineante saliendo de su garganta.
—Todavía conservas tu mal carácter—lo miré de muy mala forma, y negué con la cabeza. —Me gusta. —sonrió de medio lado, extasiado y viéndose bastante feliz.
—¿Disculpa? —¿Eran ideas mías o Edward estaba comportándose como un idiota? ¿Y por qué demonios se veía tan alegre al respecto? Yo no tenía mal carácter, era él quien sacaba lo peor de mí con tan solo abrir la boca.
—Siempre fuiste una niña osada y remilgosa. Incluso cuando no tenías la razón—Edward se relamió los labios e hizo una expresión que provocó una lindas arruguitas en sus parpados haciéndolo ver adorable y más joven. El corazón se me aceleró de un jalón al contemplarlo. Se veía tan guapo y tan parecido al Edward que conocí durante mi niñez; que mi rabia se esfumó en menos de un parpadeo.
Poco a poco una pequeña sonrisa empezó a aparecer débilmente en mis labios y me relajé de nuevo alargando un suspiro.
—Pues tú eras un niño bastante miedoso, que yo recuerde. —lo acusé, escondiendo una gran sonrisa.
—Eres una exagerada.
—¿Así? Entonces ¿Por qué tengo algo muy distinto en mi mente?—sonreí de solo pensar en aquel episodio vergonzoso para Edward. Carraspeé y le dije acercándome a su oído, dejando caer mi aliento en su piel—"Ellos están aquí" —imité la voz aniñada de Carol Anne, la niña de la película Poltergeist. Edward se removió en el asiento y me miró por un instante dejando de ver la carretera, casi juntando nuestros rostros de un todo.
—Esa mierda daba miedo, a ti también te aterrorizó esa película. —susurró antes de volver la mirada al frente. Me quedé viéndolo en la misma posición, apreciando su mandíbula angulada.
—Sí, pero tú mojaste la cama, no yo. —me burle de él, haciendo un gesto con la mano.
—Porque a Emmett se le ocurrió decir en el peor momento, que la actriz había muerto en la vida real por una clase de maldición. —se defendió riéndose. —Tenía diez años y tuve pesadillas toda la noche, era obvio que algo como eso pasaría.
A pesar de su ánimo desenfadado, logré captar una pizca de sonrojo manchando su mejilla. Oh Edward, había olvidado lo adorable que podía llegar a ser. No me contuve y enterré mis dedos en su melena cobriza, acariciándole distraídamente en tanto el conducía con ligereza a través del pueblo. Él tomó aire haciendo que su pecho se hinchara por momentos.
—¿Seguro que es buena idea? Podemos ir a cualquier otro lugar. —murmuré unos minutos después, cuando vi que salíamos del pueblo en dirección a su casa.
—Alice llega tarde hoy y Emmett de seguro se encuentra con Rosalie—puso cara de asco, y giró hacía el camino de piedras que daba inicio a la propiedad de los Cullen. Siempre me sorprendía la hermosura del paisaje que bordeaba el camino empedrado. Era mágico y acogedor al mismo tiempo.
Aparcó el auto cerca a la entrada de la casa y apagó el motor—Llegamos.
—Ujum—Edward tomó mi mano, que aún lo acariciaba levemente, y la llevó a sus labios.
—Es hora de hablarlo todo.
Asentí, batallando con el miedo por primera vez. ¿Estaría todo bien al final del día? Me pregunté ansiosa. Edward se bajó del auto, lo rodeó y en menos de nada abrió mi puerta. Me desabroché el cinturón de seguridad y tomé la mano que él me ofrecía.
¿Me estaba dejando llevar muy fácilmente? ¿Y si esto no era lo correcto? ¿Si Edward y yo no estábamos destinados a permanecer juntos?
—¿Sucede algo malo? —me preguntó Edward, preocupado. Me ayudo a salir del auto y yo negué, sin decirle nada—Puedes decírmelo Bella.
¿Debería? Edward cerró la puerta y entrelazó nuestros dedos infundiéndome confianza—Esta mañana, cuando desperté, lo único que deseaba era sobrevivir un día más—Edward me atrajo hacia él, y me apretó fuertemente—No imaginé que mi día se torcería de esta forma tan extraña y menos que considerara si quiera estar… contigo.
—Para mí ha sido como un milagro. —la felicidad desbordando cada palabra.
Me sorprendió que lo considerara así—¿Por qué?
Me condujo lentamente hacia la casa y subimos las escaleras de mármol—Porque después de lo que te hice, no creí que existiría alguna posibilidad para los dos. —abrió la puerta principal y me hizo pasar a delante—Es un milagro a todas luces.
El lobby era tan espacioso como recordaba, sin embargo las paredes color crema de antes, habían desaparecido dando lugar a un inmaculado blanco que contrastaba intensamente con las dos butacas negras ubicadas junto al gran ventanal por el que ingresaba la luz opaca de la tarde. Se respiraba un aire de tranquilidad y soledad, pero sobretodo un ambiente acogedor. Un toque de Esme en cada esquina.
Edward me hizo una seña para que guardara silencio antes de que me hiciera caminar hacia las escaleras—¿En serio? —le pregunté sin hacer ruido. Me sentía como una ladrona o como un invitado no deseado.
—Solo un momento. —me respondió de la misma manera, instándome a subir los escalones de madera pulidos.
Los nervios se me crisparon ante la posibilidad de que nos descubrieran entrando a hurtadillas como unos ladrones. Que nadie nos vea, rogué mentalmente por los dos, ya que si alguien nos encontraban de esta forma, juntos y sospechosos sería todavía peor.
¿Por qué me sentía como si de hecho estuviésemos transgrediendo una línea?
¡Para ya!
Deja de sobre analizarlo tanto, Dios.
Había algunos cuadros colgados en las paredes inmaculadas que parecían ser de arte contemporáneo, nada de fotos familiares a la vista, lo que me extrañó puesto que Esme siempre las exponía en todos lados.
Cuando llegamos al tercer piso, pude respirar de nuevo. La habitación de Edward era la única en ese nivel, por lo que estábamos a salvo, de momento. Nos habíamos salido con la nuestra—Contra todo pronóstico—
—¿Ves? No fue tan difícil. —se burló de mi angustia y poniendo su gran mano en mi espalda baja—Entra.
Lo miré de reojo, con unas cuantas palabras ataviadas en mi boca sobre la irresponsabilidad y osadía que era introducirnos en su casa de tal forma. Más sin embargo, me callé.
—No eres normal.
Edward se rió bajo, empujándome con más insistencia al cuarto. Refunfuñé y abrí la puerta de caoba que estaba a nuestra derecha.
Tal y como lo había supuesto, todo en su recamara era diferente a como lo recordaba. Paredes grises amenizando la habitación, cama tamaño King cubierta con sabanas negras que lucían suaves y caras, una biblioteca personal empotrada de una pared a otra y un televisor plasma de tamaño chocante colgado al otro lado de la cama.
Pero Edward no me dejó inspeccionar nada más. Cerró la puerta y me empujó contra ella, dejándome aprisionada al colocar las manos a cada lado de mi cabeza, creando una cárcel de músculos y poder.
Ahogué un grito de sorpresa, y por inercia puse las manos en su pecho para alejarlo. No estaba acostumbrada a que me tomara desprevenida, era extraño y desconcertante a la vez.
Todo me tronó en los oídos, como un estallido de grandes dimensiones a mí alrededor; volviéndome una nada de palpitaciones y hormigueo descontrolado. Lo miré directo a los ojos, esperando que me explicara lo que sucedía.
—¿Qué…?—empecé, pero me interrumpí al ver la oscuridad de sus esmeraldas refulgiendo sin control, con la que sí que me encontraba más familiarizada
Deseo.
Puro.
Edward bajó con lentitud la cabeza, bañándome con su aliento mientras me miraba de aquella manera oscura.
Oh Dios, el corazón se me va a salir del pecho. ¿Qué va a hacer?
Tragué saliva, no pudiendo hacer nada más que estar pasmada como tonta.
Entonces me besó, empujándome contra la madera. Gemimos por el delicioso contacto; dejó sus labios sobre los míos por varios segundos amoldándolos a la perfección mientras respirábamos uno sobre el otro. Se separó e inmediatamente él volvió al ataque con más fuerza, acariciando mi labio inferior usando su lengua cálida.
—Umm. —Ronroneó. ¿En verdad ronroneó? Pensé desorientada y a la vez extasiada con aquel sonido tan fiero.
Sonreí y abrí los labios para dejar que nuestras lenguas se juntaran de lleno. Tocándose, lamiéndose y batallando por el control que Edward no quería otorgarme. Cada toque era una descarga intensa que se desfogaba entre los dos. Las chispas inundaron en nuestra burbuja frágil, contrayéndose de un lado a otro.
Moví las manos a su nuca para darle un tierno tirón.
Él gruñó en respuesta, y en una ágil movimiento de los suyos, me cogió de las piernas, obligándome a subirme en sus caderas.
—¡Edward! —chillé sobre sus labios cuando dejé de tocar el piso por su culpa. Edward aprovechó eso y emprendió un nuevo ataque contra mi boca con todo lo que tenía, introduciendo su lengua en la mía, provocándome un jadeo agónico desde lo más profundo del pecho. Por todos los dioses… Edward sabía lo que hacía. No podía competir contra él.
Apreté las piernas a su alrededor por simple instinto, con el fin de sentirlo todavía más cerca. Oh vaya…pensé raspando su lengua con mis dientes. Mierda, su falo estaba adhiriéndose a mi parte más íntima y se sentía tremendamente bien tenerlo allí.
El calor creció como una bola gigante de fuego desde mi vientre, disparando brasas por todos lados. Clavé los talones en su maravilloso trasero y él gruñó un: justo así, hermosa, que me hizo arquear contra la dureza de su pecho.
Un escalofrío me traspasó y me aparté para tomar aire. Joder, tenía las bragas empapadas y cálidas.
Y mientras Edward me besaba las mejillas repetidas veces, no pude dejar de pensar en la magnífica sensación que era tenerlo entre mis brazos.
—¿No crees que nos estamos desviando el tema?. —murmuré con la respiración agitada e irregular, sin ánimos suficientes para dejarlo ir aún.
Edward dejó de repartir aquellos besos de mariposa tan dulces y me miró—Si no lo hacía ahora, después sería mucho peor. —dijo en tono oscuro antes de volver a llenarme de caricias, en tanto bajaba lentamente por mi cuello en un recorrido que me alteró de nuevo los nervios.
Me mordí el labio conteniendo el gemido que amenazaba con escapar de la garganta.
—¿Peor? —pregunté de forma estrangulada.
Edward succionó de mi piel, y justo en ese momento algo se desató fuera de mí.
Me removí contra él, ejerciendo más presión entre las piernas, de arriba abajo, resbalándome por toda su dureza, sintiéndolo entero. Eso era todo lo que podía resistir—Mierda. —gruñó alto.
¡Oh carajo! ¿Qué me pasaba? No podía controlar mi cuerpo por más que me gritara que parara. Edward me había capturado, sin lugar a dudas. Y lo peor de todo era que no lograba controlar nada en este momento. Con las sensaciones creciendo y palpitando en mi entrepierna, no pensaba claramente.
—Shh quieta. —murmuró contra mi piel, deteniendo el movimiento de mis caderas con las manos; hice un sonido de decepción y dejé caer mi frente sobre su hombro—No quieres quemarte ¿O sí?
Tomé aire para calmarme, aunque lucía como algo de lo más improbable. Solo deseaba seguir.
—Estoy en mi límite, Bella. No empujes más. —me pidió con voz rasgada, besándome la oreja. ¿Sus límites?
—Tú empezaste. —lo acusé, como una niña. ¡Pero era la verdad! Edward era él de la experiencia aquí, él debería controlar lo que hacía conmigo, puesto que yo apenas empezaba a reconocer esta maraña de sensaciones y era muy fácil para mí, dejarme llevar.
Edward se rió, apretándome con cada movimiento que hizo su tórax—A veces olvido lo adictiva que eres para mí.
Levanté la cabeza y me centré en sus ojos esmeraldas—¿Quieres dejar de reírte? —todavía estaba afectada por el beso.
Edward negó con la cabeza con una hermosa sonrisa revoloteando en sus labios. Sin dejar de verme pasó las manos de mis caderas, más abajo, hacía mis glúteos con lentitud. Lo observé con extrañeza, ¿Qué planeaba hacer?
—Vamos a la cama. —anunció en tono sensual y con eso me sujetó con fuerza haciéndome pegar un respingo. Enredé más las piernas entorno a él por miedo a caer, mientras me llevaba de esa forma a la gran cama en el centro de la habitación.
—Puedo caminar, no es necesario que me lleves así. —le dije incómoda.
—Lo sé. Pero no deseo alejarme de ti. —rodé los ojos.
—Tenemos cosas que hablar.
—Eso es precisamente lo que vamos a hacer. —me besó la mejilla y con suavidad me depositó en medio de la cama, sobre algunos cojines mullidos. Me quitó los converse, y luego él se quitó sus zapatos también.
Está bien, ya no más distracciones.
Se subió a la cama, sentándose frente a mí. Jugué con mis dedos, nerviosa, porque temía que arruináramos más lo que sucedía entre los dos.
—No sé por dónde empezar. —murmuré insegura. —Hay tanto que decir…
Edward estiró los brazos y me agarró las manos—Empieza por dónde creas más conveniente.
—¿Y si está mal, lo que hacemos?
Edward inclinó la cabeza, en un gesto de confusión—¿A qué te refieres?
—Todo por lo que hemos pasado; las mentiras, los engaños, las terceras personas… ¿Y sí estamos equivocándonos al intentar hacer esto? —hablé a toda prisa, empezando a sentir la carga de lo que sucedía.
Edward siempre fue mi imposible. Mi fuente de lágrimas. La persona que más amé. La persona que más detesté. Mi mejor amigo de años. La persona que me traicionó en repetidas ocasiones.
—Vamos un paso a la vez ¿Quieres? —me dijo con tono afable y considerado.
Suspiré para luego asentir, aunque no muy convencida. Y cuando pensé que el silencio se iba a convertir en algo permanente; Edward empezó a hablar de nuevo.
—Cuando me di cuenta que te quería, deseé con todas mis fuerzas borrar aquel sentimiento de mí—Edward bajó la mirada, apretó su agarre llenándome de preocupación—De alguna manera supe que era tarde para nosotros y que eso que había descubierto, solo me hundiría más.
—¿Cuándo supiste que sentías eso por mí? —me parecía una curiosidad morbosa, pero tenía que saber.
Edward levantó la mirada, y sonrió quedadamente—A mediados de este año. —me confesó con una mirada iluminada—Aunque tú no me veías, yo siempre te vi a ti, Bella. Sobre todo en las clases que compartíamos. Al principio pensaba que solo disimulabas y hacías como si yo no estuviera presente… sin embargo con el pasar del tiempo, me di cuenta que tú en realidad no me notabas. Era invisible para ti.
Abrí la boca, pero no supe que decirle. Me sonrojé furiosamente, sintiéndome avergonzada por semejante despiste. Era cierto, Edward estuvo en mi clase de gimnasia todo el año, cada semana; pero a pesar de eso, simplemente lo omití. Y solo después del enfrentamiento que tuvimos por lo del dichoso chisme, fue que caí en cuenta de que él siempre estuvo allí.
Y para rematar… ¿Desde mediados del año? Eso fue antes de que el mensaje del whatssap, se difundiera. Entonces cuando él llegó a mi casa, furibundo, la otra noche…
¿Por qué no me dijo nada? Pensé desesperada.
Oh cierto… Él aún estaba con la puta de Tanya.
—Yo… no sé qué decirte.
—Está bien Bella, no tienes que decirme nada. —me mordí el labio, apesadumbrada. —Además, todo era complicado en ese momento.
¿Quién podría haberse imaginado tal cosa de Edward? El regocijó me golpeó como un tornado gigantesco. Me era incomprensible tal reacción eufórica, pero no me importó, solo me dediqué a disfrutarlo bajo mi paladar como un rico manjar de caramelo.
Solo yo puedo alegrarme tanto por esa información.
—En cambio yo te quise desde el primer momento en que nos conocimos. —susurré, poniéndome seria de nuevo.—Tú me veías solo como tu mejor amiga, pero yo… yo te veía como mi vida entera. No había nada que no pudiese hacer por ti. Estaba dispuesta a entregarte todo, de ser necesario.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—En verdad tienes problemas de atención Edward. Fui bastante obvia, a pesar de que no lo recuerdes ahora.
Edward me frunció el ceño—De todas formas tú no me querías como yo deseaba en aquel entonces—me encogí de hombros—Quizás no era nuestro tiempo después de todo.
Edward bufó en desacuerdo—Tal vez de habérmelo dicho….
—Habrías terminado por alejarme—lo interrumpí.—Hubiese cambiado las cosas entre los dos para siempre. —Entonces en ese momento me di cuenta de algo sumamente importante, como un brillo al final de un tenebroso túnel.
Si Edward hubiese leído la verdadera carta que le escribí hace cuatro años, de todas maneras nuestra amistad hubiese llegado a su fin.
Él no me quería a mí, Edward quería a Tanya y creo que en verdad estaba enamorado de ella.
No hubiese importado que le confesara mis sentimientos, puesto que él ya había elegido estar con Tanya. Mis conjeturas lastimaron otra vez a la niña que llevaba dentro y que lloraba por la cruda verdad.
Ni la carta que le escribí con tanto amor, hubiese cambiado en algo lo que pasó.
Dolía saberlo. Más que cualquier otra cosa. Incluso más que saber que Edward le había creído a Tanya antes que a mí. O que me dijera esa cantidad de palabras hirientes cuando me llamó para reclamarme.
Sentí a Edward entrelazando nuestros dedos, trayéndome de vuelta—Lo lamento mucho Bella. No sé en qué estaba pensando cuando me fijé en Tanya.
Hice una mueca, no era culpa de nadie. Simplemente sucedió así. Punto—La verdad es que Tanya ya te gustaba demasiado para cuando decidí que quería luchar por ti.
Suspiré tristemente, analizando la situación—Ella me deslumbró, y yo creí como un idiota, en la fachada que mostraba. Ese fue mi peor error. —estaba siendo sincero, lo veía en sus ojos transparentes y nostálgicos.
Era terrible hacerme a la idea de que nunca tuve una sola posibilidad con Edward antes, sin embargo, era entendible. Era tan poca cosa al lado de Tanya… ¿Cómo podría él tomarme en cuenta teniéndola a ella?
Él de verdad la quiso mucho.
—Lamento que lo de ustedes terminara de esa forma—le hice saber, no porque lo sintiera por ella, sino por él. Edward amó a Tanya, a pesar de todo y no merecía que lo traicionara.
—No lo hagas. Lo de nosotros era una bomba a punto de estallar—sonrió un tanto, contrastando con lo que acababa de decir—Ella estaba diferente, los dos habíamos cambiado demasiado y me estaba empezando a dar cuenta de lo superficial que resultó ser en verdad; sin mencionar que me estaba obsesionando más y más contigo, cada día que pasaba te quería y te deseaba todavía más; solo era cuestión de tiempo para que me acerca.
Elevé las cejas con sorpresa.
—¿En serio?
Asintió—Cuando fui esa primera noche a tu casa, estaba fuera de mí mismo, nunca me había pasado algo como eso. La ira me dominó y no lograba pensar con claridad. La sola idea me sacó de mis casillas, no podía creer que tú hubieses hecho algo tan bajo como meterte con Eric Yorkie —entrecerró los ojos, poniendo en su rostro una mueca de asco—Me sentí en extremo decepcionado, humillado y voluble; y lo único que hice fue tratarte mal, a pesar de que en realidad solo deseé abrazarte y llenarme de tu olor.
Bum, bum, bum. ¿Podía ser alguien tan feliz con esa extraña combinación de palabras?
Yo lo era.
Porque ahora sabía que no le era indiferente, él me quería incluso antes de hablarnos de nuevo.
—Oh Edward, tú fuiste solo una víctima más. Comprendo a la perfección porque actuaste tan bruscamente—me apoyé sobre las rodillas y lo alcancé para darle un abrazo consolador. Él me rodeó de la cintura y me jaló para así acomodarme en su regazo—Yo también me sentí muy mal por todo eso que inventaron de mí.
No guardaba ningún rencor por ese episodio, es más, de alguna manera retorcida agradecí que las cosas sucedieran así; ya que Edward y yo volvimos a acercarnos luego de esos cuatro años de distanciamiento.
Le planté un beso en la mejilla y me separé aunque permaneciendo sobre sus piernas. Sabía que estaba sonriendo como una tonta enamorada. Edward además de enfurecerme con facilidad, también poseía la habilidad de sacar un lado tierno de mi personalidad que no conocía pero que me encantaba demostrarle.
Suspiré viéndolo sonreír también, de medio lado.
—Así que te gustaba… ¿Eh? —le dije volviendo al tema que me interesaba más—¿Fue por Tanya que te mantuviste lejos?
Por un segundo desvió la mirada, hacia alguna parte lejos de mis ojos y su sonrisa vaciló por mi pregunta, en apariencia inofensiva. Jum. Extraño. Me desanimé un poco al pensar que había dicho algo que lo molestó, a juzgar por el pequeño cambio que le noté.
—No fue solo por eso— apretó la mandíbula; entonces algo sí que lo había molestado para que se pusiera así de repente ¿Pero que era?
Pasé las manos por toda la extensión de su pecho, dándole a entender que podía contarme lo que fuera. A estas alturas, luego de todo lo que pasó, había aprendido algo muy valioso para toda la vida, y era "Escupirlo todo para no crear malos entendidos"—¿Qué no estás diciéndome?
Edward posicionó sus brazos a mi alrededor, e hizo que acomodara las piernas a cada lado de él.
—Mike se dio cuenta de que te… admiraba en la distancia; por así decirlo.—mi boca se abrió de la impresión, viendo como se le perlaba un poco la frente. ¿Mike? ¿Cómo jodidos ocurrió eso?—Tuvimos una fuerte discusión dos semanas antes de salir a vacaciones… porque yo te estaba siguiendo, al salir de la escuela.
—¡¿Qué?! —grité, sobrepasada con la nueva información. ¿Por qué él haría algo así? ¿Para qué?
—No pienses nada raro. —se apresuró a decir, pegándome a su pecho.
—¿Me seguías hasta mi casa y quieres que no piense nada raro? —le pregunté ahogada.
—Sé cómo suena, pero no es nada malo, yo quería que estuvieses segura. Es todo.
¿Hasta qué punto, debía preocuparme por sus acciones? Siempre fue impulsivo, posesivo y desconfiado para todo. Pero esto era otro nivel distinto. Me asustaban sus alcances, pero al mismo tiempo me parecía atractiva la idea de que me estuviese cuidando a su manera.
También era una tonta bipolar.
—Él me amenazó con decirle a tu padre lo que hacía, así que no te volví a seguir. —él se notaba incómodo, se veía cuanto le costaba decirme eso—No fui muy cuidadoso… porque Emmett también se percató de todo.
Eso quizás explicaba algunas cosas sobre las rencillas que esos dos tenían. Y él por qué Emmett había reaccionado de forma tan inflexible por lo que Edward me hizo después.
Sin querer había provocado un lío enorme.
Era contradictorio también. Estaba agradecida por un lado, ya que Emmett tampoco se olvidó de mí, defendiéndome de su primo bajo esas circunstancias sospechosas; pero por otro lado, el que ellos dos pelearan, simplemente me abatía por dentro.
—Me dijo que él no permitiría que te volviera a dañar—dejé caer mi peso sobre el pecho de Edward y planté mi frente en su hombro. Él, sospechando lo preocupada que me sentí, me acarició la espalda sobre la ropa, haciendo que me estremeciera—Yo no lo comprendí en ese momento, claro está.
—Y luego empeoró todo cuando te metiste con Tanya y Lauren…—susurré con voz apagada. La punzada estaba todavía presente, por más que intentaba apaciguarla—Entiendo.
Nos quedamos en silencio, cada uno inmerso en sus propios pensamientos. Esta es la parte dura pensé arrugándole la camiseta con las manos. Los ojos me picaron por las ganas de llorar que de repente me atizaron. No va a dejar de perseguirme, jamás. Y tendría que decidir, si era esto lo que quería o no. Si quería sufrir cada vez que recordara lo que pasó.
No creí poder soportar este sentimiento quebrado y oscuro por mucho tiempo sin volver a derrumbarme.
Estar con Edward me inestabilizaba solo con dar un chasquido.
¡Dios! ¿Cómo podía alguien hacerte sentir tan feliz y tan triste a la vez?
Podía ser la chica más feliz del mundo un segundo y al siguiente, la más desdichada. Y eso me mataba. Porque la realidad era, que nunca podría ser por completo feliz, si estaba junto a él.
—Me duele. —gemí en lamentosa agonía. —Duele mucho.
—Y no sabes cuánto lo siento. —me respondió con firmeza.
Asentí, tratando de tranquilizarme aunque fuera una pizca. Pero era más difícil que solo pensarlo. Yo estaba vuelta nada por dentro y apenas me podía contener.
—¿Edward? —los dos pegamos un salto por la sorpresa, al escuchar aquella voz, del otro lado de la puerta— Ya sé que Bella se encuentra contigo, voy a entrar. —el corazón se me paralizó, por tres segundos.
¡No!
Negué con la cabeza, asustada y me traté de bajar de su regazo. Sin embargo Edward no me lo permitió, afianzando su agarre—Suéltame.
—No. —lo miré incrédula.
—¡Va a entrar! —grité en desespero.
—No importa. —¡¿Qué?! Esto podría jodernos, literalmente. ¿Estaba loco?
Ushh ¡Por un demonio! Me removí con todas mis fuerzas para soltarme.
El picaporte sonó provocando que los dos miráramos hacia la puerta de nuevo.
—¡Te digo que me sueltes! —Pero ya era demasiado tarde. Pensé al ver la persona que se asomaba por el resquicio de la puerta.
Hola hermosas! ¿Cómo están? Me alegra mucho poder subir este nuevo capi.
Hay un mar de opiniones con respecto a la situación de Edward y Bella ¡Lo sé, soy muuuy mala! xD pero créanme cuando les digo que soy cien por ciento creyente del amor verdadero. Así que…. Muchas me van a crucificar por eso.
Pero está bien, supongo que tenemos distintas formas de tomar las cosas.
Sin embargo, hay algo tengo bastante claro; ¡Edward tiene que sufrir más! Por todo lo que hizo —aún sin saber— pero igual.
Son tiempos complicados para ellos, se quieren demasiado, pero no es suficiente. :(
"A veces hay que llorar por un largo tiempo, para poder alcanzar una felicidad completa" triste pero real.
Bueno quiero agradecer a las niñas de FFAD que siempre me alientan a seguir ¡Un beso lindas! Y también a mis niñas que me han seguido la pista desde que empecé a subir esta historia. A todas ustedes —incluso a las anónimas— un beso gigantesco. Gracias inmensas por escribirme esos mensajes tan lindos.
Al terminar esta historia , voy a empezar a escribir otra… que me tiene desconcentrada todo el bendito tiempo.
Creo que de esta quedan dos capis.
Bueno mis preciosas, me despido.
Besos y que disfruten el capi, tanto como yo lo hice al escribirlo.
Att: MarieLiz
