Quiero ser escritora
31º
Cicatrices
Raimundo jaló del interruptor hacia él y encendió todas las luces. La quijada de Omi llegó a tocar el suelo, la incertidumbre revoloteó torno a él hasta que el hombre le indicó haciendo un ademán que podía subirse. El niño brincó dentro de la monoplaza, puso sus manos sobre el volante y giró de izquierda a derecha y al revés. Sus pies no alcanzaban los pedales, pero la sensación fue más efectiva en cuanto se abrochó el cinturón de seguridad y fijó su lengua en el paladar ronroneando el sonido del motor. En la cara del hombre se esbozó una sombra de lo que era su habitual sonrisa, caminó y sujetó los alerones, reteniéndolo como si temiera que Omi saliera disparado con su vehículo. Tras jugar un poco, se volvió hacia él y sonrió.
—Lindo auto, tienes muy buen gusto, aunque hubiera preferido utilizar el rojo y el negro y pintaría unos efectos como unas llamas, sin embargo, el azul no está mal ya que después del rojo es mi segundo color favorito. ¡Me gusta! —afirmó acariciando la cubierta. Raimundo asintió— ¿y tú haces todo aquí solito? ¿Si entiendes lo que digo, verdad?
—Comprendo, no necesariamente, cuento con un equipo que se encarga del mantenimiento general del vehículo. Cuidan que nada le falte, a veces Clay viene ayudarme.
—¿Ya has participado en bastantes carreras? ¿Desde hace cuánto estás en esto?
—Llevo unos cuatro años. He recorrido en varias, sí, en un redondeo serían unas noventa y tantas, me he limpiado el trasero con numerosos enemigos en la trayectoria. No me quieren mucho por aquí.
—¡Tienes que estar bromeado! Los pilotos novatos debieron ponerte encima de un pedestal adorándote como su dios —inclinó la cabeza— y las mujeres ¡desmayadas a tus pies! Si no es que están babeando —sacó la lengua. Raimundo se echó a reír.
—Sabes, qué bueno que hayas llegado hasta el meollo, así me lo haces más fácil. He notado que de vez en cuando eres demasiado brusco con las chicas y me parece que va siendo justo que aprendas algunas cosillas, y la primera es que con esa acritud nunca conseguirás puntos extras.
—¿Puntos extras? ¿a qué te refieres? No, ¿de qué me sería útil?
—¡Oh mi amigo no tienes idea de tus ventajas como hombrecito! —sus palabras acudieron a sus labios con jolgorio y encanto en tanto pasaba un brazo por sus hombros, Omi rodó los ojos hasta su mano—. Mira, si quieres ganar la atención completa de una dama mírala a los ojos fijamente y que de tu boca no salga ni un monosílabo, ¿entendido? No hasta que ella se fije nada más en ti.
—¿Funciona igual que la hipnosis? —preguntó, Raimundo hizo un movimiento afirmativo con la cabeza y él se encogió de hombros— suena bien, lo intentaré.
—Hazlo galán, verás sí que dará resultado. Eres joven, servirá para enganchar a las mujeres de cualquier edad. Otra cosa importante que deberías considerar es tu actitud, sé servicial y atento...
—Creí que la clave estaba en actuar indiferente y al mismo tiempo ir de frente.
—Supongo que quieres decir coquetear, si buscas conquistar a una chica estás en lo cierto, pero ¿tú no quieres eso o sí? ¿O es que acaso si exista una chica?
—Bueno... —balbuceó— tal vez haya una por ahí escondida, tiene la sonrisa más linda de mi clase —se aclaró la garganta, cortando un suspiro— ¡ANTES DE QUE TE PONGAS CÓMICO RECUERDA QUE DIJE TAL VEZ! ¡Un valiente guerrero de Shaolin jamás expresa lo que siente, así que esto de aquí no sale, ¿entendido?!
—De acuerdo, te guardaré el secreto como el asunto de la heladería y la chica falsa —Omi entornó los ojos y palideció, dijo con voz calmada—. Escucha, no voy a juzgarte, entiendo lo que es tener miedo, aparece de pronto alguien que te alienta y te apoya y si no fuera porque no duermes en el día jurarías que es un sueño, es una visión casi perfecta hasta que un intruso se entromete y de la noche a la mañana todo se esfuma. Estoy consciente que no lo haces por maldad, solamente proteges tu territorio. Es normal, también temería perder a una amiga tan sexy, pero no quiero pelear contigo, tú y yo somos amigos y hay cosas que no adjudican ni la pena, te lo garantizo ¿por qué entonces nos dejamos de estas bromitas y quedamos en paz?
Echando la silla hacia atrás, se repuso de un salto y obedeciendo un impulso, asió su manito en el hombro. Curvó las comisuras de sus labios en una sonrisa traviesa. Él irguió las cejas, experimentó embarazo y a la vez aturdimiento.
—¡Ay Raimundo! Raimundo, Raimundo, Raimundo, mi queridísimo amigo... oye, ¿podrías colaborarme un poco? No soy tan alto —el periodista flexionó las rodillas, él se acercó a su oreja—; no sé de qué me estás hablando en serio, lamento en el alma si te desilusioné, pero de verdad me obligas a confesarte lo mucho que te admiro, ¡tu constancia es sorprendente! Es una lástima que sea para nada, Kim opina que eres un mujeriego cínico e insensible, no querría inmiscuirse contigo y mis bromas no son responsables, sabes, en vez de cargarme tu culpa deberías asumirla y pararte a pensar. ¡Seamos sinceros! Querías que viniera porque te gustaría saber lo que ella piensa de ti ¡a que sí!
Él abrió la boca para replicar cuando lo interrumpió el aparatoso estrépito de un manubrio metálico caer y se giró. El guante negro de látex se detuvo en el aire, un poco ensimismado. Omi y Raimundo se separaron. Jack cerró el puño, subió las gafas amarillas hasta su cabeza y avanzó. Traía puesta su gabardina negra de tal manera que parecía un espectro. Raimundo apretó los labios, expectante, lo observó sombrío mientras tronaba los nudillos. La postura de Jack era relajada sin pretender una pelea pero sus ojos escrutaban hito a hito. El pelirrojo forzó una risita tonta a un metro de distancia de Raimundo, y éste contrajo el rostro. Omi se había dado cuenta que Jack saltado por encima de él y sólo venía por el hombre junto a él.
—Está en el límite de mis expectativas, ¿qué no puedes contratar a alguien que limpie? Hay tanto polvo ¿no te has dado...? ¡Oh, pero claro! ¡Qué incompetente! Se me olvidaba que tu sueldo no es suficiente —sabiamente Raimundo desdeñó las provocaciones de Jack, quería que rompiera la tregua y darle la oportunidad. Sin preocuparse, dio una vuelta y presionó el botón de prendido de la radio— ¿alistándote para nuestro duelo o es que te asusté? —se rió.
—Por supuesto que no —repuso Raimundo tratando de usar su mismo tono de voz, se rascó la nuca—, de hecho, me preguntaba cuándo aparecerías. Me has aburrido en toda la semana en la espera. Nunca creí que iba a decir esto, pero es la primera vez que me contento con tu llegada.
—Ya veo —Jack frunció los labios—. Este viernes veinte de noviembre a las tres de la tarde, quiero que haya luz cuando aplaste tu humanidad, quiero captar ese momento a la perfección y porque favorece mi tono de piel, la ruta será en mi propio terreno para asegurarme que no montes ninguna trampa.
—¿Seguro que sabes en lo que te estás metiendo, Spicer? No me hago responsable de lo que le pase a tu ego ese día.
—Muy segurísimo. Nada ni nadie pasa por encima de mí. Mira, Pedrosa, si todavía estás estorbando mi camino es porque yo quiero. Si lo decido no seguirías respirando, ¿entiendes? No tenías nada que ver, pero este es el premio que se merecen aquellas personas que osan a desafiarme. Aspiro que con esto te quede bien claro que estoy dispuesto a correr cualquier riesgo por Kimi. No me importa lo que pase conmigo.
—¡Bonito Spicer! Casi me convences que hoy eras otra persona, me sorprenden tus agallas, si las circunstancias fueran otras tal vez hasta me caerías bien, pero tu petulancia es mucho más fuerte que tu voluntad y yo odio la falta de humildad. Quedamos así, entonces —alargó el brazo. Jack descruzó los brazos, se despojó de su guante derecho y tímidamente estrechó su mano. Raimundo le devolvió el gesto vigoroso, estrujando con fuerza excesiva su mano. Jack se sacudía como si hubiera sido víctima de una descarga eléctrica.
Los dos eran cerca de la misma estatura, ninguno era más alto que el otro, no tenían porqué bajar la vista. Entre los dos hubo una sensación de asco, la sangre se congeló en sus venas y de sus ojos echaban chispas. Si tuvieran el poder de disparar rayos láseres, estarían muertos ambos, a pesar de que se sonrían mutuamente. Jack despidió su bufanda hacia atrás y salió a zancadas, se sacó el guante izquierdo. Vlad se enderezó y le abrió la puerta con las manos temblando. Jack se frotó las manos, haciendo una seña. El hombre rebuscó un frasquito de gel antibacterial. El hombre de negocios se lo arrancó de mala gana y comenzó a untarse en tanto se subía a la limusina. Raimundo no tenía un gel igual a ese, se limpió con su casaca y puso una mueca. Aunque el pequeño guerrero no estuviera el día en que Raimundo y Jack armaron la apuesta, Omi intuyó la situación.
—"¿Nuestro duelo?" ¡¿Kim?! ¡Aguarda, no me digas que tú y ése competirán por Kim! ¡Ni que fuera un Shen Gong Wu, ahora en verdad sí que se pasaron! —regañó batiendo el dedo, como los adultos hacen cuando dos niños se comportan mal.
—¡¿Y tú no?! Supongo que ahora correrás tras de tu amigo Jack y lo ayudarás, ¿no?
—¡¿Mi amigo?! ¡Oh no, greñas relamidas no tiene nada que ver conmigo! ¡Zape gato, con respeto a todos los animales! ¡bien lejos! Lo que ocurrió entre nosotros fue... incidental ¡esa es la palabra! ¡Sí! Para que sepas que estás equivocado conmigo, ¡voy a estar de tu lado! —por esta vez, pensó Omi.
Un día antes que Omi descubriera el asunto de la apuesta, había ido al despacho privado de Jack. Resulta que de nuevo estaba ocupado, no atendiendo el teléfono si no urdiendo uno de sus diversos negocios sucios tal vez y no se relacionaba con su exitoso imperio comercial. Éste tenía que ver con un hombre obeso y de acento japonés, no pudo fijarse bien en su cara ya que estaba escondido de reata y él de espaldas. Parece que Jack ordenó vaciar la licorería entera, la peste de la ginebra era inaguantable. Jack apenas acarició su copa, se preocupaba de embriagar a su huésped. Tenían un punto en común: odiaban a Raimundo. Durante todo el tiempo que estuvo espiando de él fue quienes hablaron, había entendido que Tubbimura era un viejo rival y Jack manifestaba un enorme interés por ello y deseaba contratarlo para alguna fechoría. Mencionó algo sobre sabotear su vehículo. El niño imaginó que se refería al automóvil particular de Raimundo. Como no presenció la conversación de principio a fin no pudo entender muy bien. Hoy fue que se enteró de la apuesta y conectar los puntos para construir el dibujo.
Nunca tuvo una brizna de confianza en Jack pero definitivamente había golpeado muy bajo. No pasó mucho tiempo para que Omi pudiera decidirse a quién ayudar en esta ocasión, pese que era divertido "caer" en los sobornos de Jack, sabía que lo hacía por interés, a diferencia de Raimundo. Tampoco era tan cruel parar querer que saliera lesionado. En algo tenía razón en sus palabras, eran amigos. Jack falló y si existió algún momento que debía denunciar lo que conocía era este. ¡Oh no, Jack Spicer, ni pienses que te saliste con la tuya! Todavía no he jugado mi turno… ¡ya verás que caerá sobre ti la furia de Monje Guerrero de Shaolin, —en entrenamiento—, ay ya! Quizás era muy joven para estar pensando en venganzas, pero los niños en flagrante quieren adelantarse a su época. Además que en este caso lo ameritaba de ía estado pensando cómo delatarlo y creía tener el remedio exacto, sólo que él necesitaba ayuda y sabía a quién recurrir, el problema es que era demasiado orgulloso para admitirlo...
Una risita entre dientes escapó de los labios de Raimundo. Típico de Omi de no admitir que estaba acorralado, no habría sido el verdadero si no hubiera negado todo, ahora intentar de convencer a Kim… todavía sentía las frías declaraciones desmenuzar y triturar los pedazos muertos de su alma, su voz hacía eco en lo profundo de su mente y se odió a sí mismo, Kim lo detestaba, él lo sabía mejor que nadie, no requería una segunda opinión y sin embargo, el dolor agravó. ¿Por qué? ¿qué hay de diferente entre el pasado mes de agosto y ahora que ya casi entramos en noviembre? Ninguna, sólo sus sentimientos habían cambiado, aunque su perspectiva era casi igual que la primera vez sufrió unos ligeros cambios. No sabía cuál fue el punto de partida, todo fue sucediendo gradualmente, sin darse cuenta ya estaba hecho. En el fondo conocía bien las respuestas, pero nunca había querido verlas hasta ahora. A su lado se encontraba Kim, contra su costumbre, seria y alicaída, reprochándole con la mirada en el silencio. Desde la apuesta se había distanciado, como si estuviera enojada con él. Raimundo se justificó delante de ella, cuando entonces exhaló un suspiro con fuerza y pasó una mano por su frente.
—Necesito una novia —gimió él. Burlona, ella sonrió triunfante. No había apagado la radio después de que Jack se fue, la emisora transmitió una balada romántica dedicada a aquellos enamorados que no han podido declararse por culpa del orgullo.
Yo me volteé muchas veces
Riéndome como si no pasara nada
Incluso tú mintiéndole a mi corazón sin palabras
Fracasas porque no lo conoces
De pronto tengo miedo de decirte que te amo
Ya que son palabras que no suelo decir
Grito a tu espalda: ¡Te amo, te amo!
Con los labios apretados
—Sí, ya sé lo que tengo que hacer...
—Perdón, ¿hablabas conmigo? —prorrumpió Omi. Raimundo negó con la cabeza. Debería dejar de hablar en voz alta.
Kim, la auténtica, estaba acurrucada en su cama, a su izquierda tenía una caja de pañuelos desechables rosa perfumados, luego de usarlos los arrugaba en una bola y encestaba al cubo de basura. La cobija la arropaba hasta el cuello. Sus ojos hinchados e inyectados en sangre, la nariz roja, sus mejillas pálidas sin color y estornudaba cada vez que inhalaba hondamente aire. A pesar de que se puso encima un fastuoso abrigo de casimir la piel estaba como carne de gallina. Nada más salió de cama para ir al baño a hacer lo que evidentemente suele hacer todo el mundo cuando se levanta y hacer gárgaras con enjuague bucal, servirse un vaso con agua y tragar dos aspirinas y buscar su maquillaje y traerlo a su cama. Aún cuando las cosas andan bastante malas, Kimiko siempre tenía buen ánimo para una sesión de belleza.
Siempre antes de empezar el día, se sentaba media hora frente del espejo emperifollándose. Primero se colocaba sus extensiones, no es que su cabello no fuera hermoso, era brillante y sedoso, pero así lucía más voluminoso (había sido difícil conseguir cabello del mismo color y textura que el suyo). Consecutivamente se polveaba su rostro y con unas pinzas se sacaba las cejas, luego aplicaba rubor sobre sus pómulos, pintaba sus labios con brillo para hacerlo parecer natural y, por último, sombreaba sus párpados y superponía unas pestañas postizas para resaltar sus cautivadores ojos azules. Había que ser un verdadero artista para que este trabajo pareciese natural. El esfuerzo rendía sus frutos. Esta mañana daba la impresión que era un zombi, ahora su piel estaba menos pastosa, paliducha y flácida, pero todavía quedaba una incógnita. Cuando revisó la caja de pestañas no había ni una. Sólo tenía uñas postizas. Antes se ponía en cantidades, pero como debía atender sus quehaceres se quebraban rápido. Y no existe algo peor que uña rota, excepto un tacón roto por supuesto.
Raimundo presionó el timbre, llamando a su puerta. Kim comprimió los labios con fastidio, se tapó la cabeza, pero cuando sonó por tercera vez se obligó a salir. Calzó sus pantuflas de perro salchicha y corrió en dirección a la entrada.
—¡Ya voy, ya voy! ¡ya escuché! —gimió. La chica abrió la puerta y se sorprendió de verlo allí— ¿Raimundo, qué haces aquí?
—Hola ¿interrumpo en mal momento? —indagó con una sonrisa pequeña.
—Sí, ¡es decir no! Llegaste justo en el instante adecuado, por favor pasa —hizo un ademán. Automáticamente él caminó al interior— ¿se te ofrece algo? ¿una taza de azúcar, té, harina, leche?
—Eh... no, tengo todo eso en casa. Gracias.
—Entonces si no viniste por eso, ¿por qué fue?
—De repente quería verte... —dijo muy despacio y atenuando su voz progresivamente. Kim se aclaró la garganta, esperaba que el estupor no se notara debajo de la capa de maquillaje, pero eso no fue lo que la traicionó si no un estornudo que escapó, el hombre ladeó la cabeza y ella se cubrió de inmediato la boca— ¿te sientes bien?
—Sí —susurró, Kim se metió a la cocina. Cogió una servilleta en un periquete y se limpió, sorbió su nariz— es un pequeño resfriado que tengo, ¡oye ¿podrías hacerme un gran favor?! Quiero que compres unas pestañas postizas, si no sabes donde las venden te podría enviar al sitio donde yo voy, en serio te lo agradecería demasiado, no me importa si me cobras, pero lo necesito.
—¿Te ha visto algún médico? ¿tomaste un analgésico ya para contrarrestar los efectos?
—¿Un médico? ¡¿para pasar más pena que la que tengo de que me vean sin mis pestañas?! ¡No gracias! —sin convencerse mucho, Raimundo palpó su frente y su cuello, sopesando su temperatura. Kim tuvo que contenerse a sí misma antes de continuar hablando—, tranquilo, tomé un par de aspirinas; no está tan grave tampoco, sólo es congestión nasal e irritación de la garganta. Nada más debo descansar y amaneceré mañana mejor —sonaría probatorio si su estómago no hubiera dado ese retortijón y posterior gruñido— ¡no pasa nada! Es que no he comido… ¡Oye, no me mires de esa manera! Si quemo el agua cuando estoy bien, ¿qué será si estoy mal?
—¿No has desayunado en el día y te preocupa que no tengas pestañas postizas? —se echó a reír cruzando los brazos bajo el pecho—. El asunto de las pestañas puede esperar, mientras ¿por qué no te recuestas en tu cama y yo intento cocinarte algo?
—¿Lo dices de veras o es una de tus bromas? ¡Porque si es así yo...!
—No es una broma, para eso están los vecinos ¡¿no?! Si tu familia no está y los amigos no pueden, estamos nosotros, además que estamos más cerca que cualquier otro. Anda, yo te lo llevo —sonrió.
Hizo un mohín y retrocedió, intentando ahogar los pensamientos equívocos que se armaban dentro de su cabeza sobre que Raimundo trataría de envenenar su comida; sin embargo, no podía desaprovechar una oportunidad en que alguien querría prepararle de comer. Por otro lado, este lado amable de Raimundo le estaba gustado y al unísono sacudía nerviosamente su cuerpo. Atender a una enferma no es su responsabilidad, además que no formaba parte de su itinerario, empero entre pasar la tarde del domingo en su apartamento solo y aburrido y cuidar a Kim, el idiota elegía la segunda opción. Como enfermero no tenía experiencia de sobra, a menos que incluyera que él se encargó de velar por sus hermanos menores cuando enfermaban. Sabía que auto-medicarse no siempre era la solución, pero Kim no iba a ceder fácilmente, recordó que había guardado un sobre con solución granulada, la hervía en agua caliente y estaba lista. Se dirigió a su casa a buscarla y regresó rápidamente.
Se le secaba la boca cada vez que encendía una hornilla y contemplaba las leguas de fuego azul aparecer, sabía que si quería ayudar a Kim debía acumular un esfuerzo en disimular su miedo. Desvió sus pensamientos en un ejercicio mental: pretendiendo que Kim era la llama. El fuego no tiene por qué representar destrucción como él pensaba originariamente también representa la luz. El motor que impulsa a tomar decisiones. Voraz e indómito. Justo igual a ella. Kim era el fuego de su vida. Como no tenía bandeja, tuvo que arreglárselas para llevar todo a Kim. Estaba tendida en cama cuando alzó la cabeza al verlo llegar, se había distraído en la demora oyendo música. ¡Y qué curiosidad! Era la segunda parte de la canción de esta mañana.
¿Por qué respiramos el mismo aire?
No sería pedir mucho más
Mientras el amor sigue creciendo sin notarlo
Sólo quedan cicatrices
Aunque esté herido, estaré ahí
Sólo puedo sonreír cuando estoy a tu lado
No puedo ser feliz, no lo puedo cambiar
Tú eres a la que escogí
Abstraído, colocó el plato y los vasos en la mesilla cercana a Kim. Ella apoyó las manos de ambos lados y se irguió. Él se dejó caer junto a ella. Servido: Salmón ahumado y zumo.
—¿Qué es eso? —preguntó señalando el vaso con el remedio.
—De mi propia fórmula, para aliviar el resfriado —indicó— tómatela ahora, puedes taparte la nariz, algo que no se puede oler no puede tener sabor. Por favor, ten algo de confianza en mí —sonrió él ante la mirada suspicaz de la joven.
Ella extendió la mano, cerró los dedos de su mano izquierda alrededor del vaso y cubrió las fosas nasales con la otra. Bebió un largo trago y contrajo los labios en un gesto amargo. Se echó una buena carcajada en tanto cruzaba los brazos. Kim alzó los hombros a la defensiva y se acabó el resto en dos tragos pausados. Cogió los cubiertos, picó la carne, jugó un poco con ella arrastrándola de allá para acá y engulló. Se sorprendió de la velocidad a la que iba. No era el mejor plato de salmón que había comido pero estaba tan hambrienta que no midió mesura en cada bocado. Raimundo estiró el brazo, sus ojos captaron algo interesante que no resaltaba a la vista fácilmente, aplastando la almohada estaba el osito de peluche. Él sonrió.
—¿Duerme contigo? ¡Suertudo! —suspiró devolviéndolo a su sitio.
El hombre prosiguió inspeccionando la habitación paseando a través, la cama era estrecha, el tocador y el guardarropa ocupaban mayor espacio, la estantería abarrotada de libros, en la mesilla una lámpara de noche y un antifaz de dormir con tema de flores, lo levantó y enarcó una ceja exigiendo explicaciones. La chica se encogió de hombros. ¿Es un crimen cuidar la imagen? Y los ojos son la ventana del alma. Raimundo hurgó en un cajón, tuvo la suerte de abrir justamente el que guardaba la ropa interior.
—¡No, no, no! ¡no vayas a ver ese! —se paró demasiado tarde. El hombre estudió la prenda tendiéndola en el aire, una sonrisa traviesa se deslizó en sus labios.
—¿Sólo esto? ¿Qué no tienes tanga? Ahora ya veo cuál es tu problema, necesitas renovar tu guardarropa, con esta pareces monja; en cambio, te verías exquisita si pruebas vestir encaje o satén... así al menos daría la impresión de que ahí hay algo que tocar.
—¡Ya basta! ¡No tienes ningún permiso de tocar mi ropa! —chilló ella arrancándole la ropa de las manos, la tiró dentro de la gaveta y cerró. Su sangre había subido hasta la coronilla y teñido su rostro en rojo, acumulándose y latiendo detrás de sus mejillas calientes.
—Okey, okey ¡no te incendies nena! Intento ayudar. Mis intenciones no son malas, lo juro —aseguró sin borrar su sonrisa pícara. Giró sobre sus talones y cruzó el umbral.
—¡Espera, ¿a dónde vas?! —preguntó azorada. Él volvió asomarse.
—¿Cómo que a dónde voy? A comprar tus pestañas postizas, ¡vamos termínate de comer el salmón! Me harás sentir mal si no lo haces —advirtió asiendo sus llaves—. Te prometo que vendré enseguida...
Kim desencajó la quijada y recostó la espalda del armazón de la cama. Se resignó de buena gana, cogió el plato y lo puso en su regazo. Jolgoriosamente, él bajó las escaleras con mejor humor que esta mañana. Sabía a dónde dirigirse, cumplió varios favores en favor de casi la mitad de sus ex novias. Tampoco era un ignorante. En la perfumería apreció, desde el punto de vista de un espectador, su situación en carne propia. No se encontró solo, allí había más de un esposo enamorado o novio romántico comprando para su pareja. Se sintió pusilánime al principio pero igual lo hizo. Como era el cuarto en la fila del mostrador tuvo que armarse de paciencia y esperar que llegara su turno, distrayéndose —poniendo especial atención— a su entorno, escuchando los intercambios de palabras amorosas del tercer hombre hablando por teléfono con su chica y la canción de fondo que ponían en la mayoría de los locales.
Mi corazón dañado está lleno de cicatrices
Cuando recuerdo sólo hay lágrimas
No puedo ver porque no me puedes encontrar
Incluso si mi amor se esconde
¿Por qué respiramos el mismo aire?
No sería pedir mucho más
Mientras el amor sigue creciendo sin notarlo
Sólo quedan cicatrices
Aunque esté herido, estaré ahí
Sólo puedo sonreír cuando estoy a tu lado
No puedo ser feliz, no lo puedo cambiar
Tú eres a la que escogí
Cuando por fin lo atendieron, pagó en efectivo y se fue en su auto (¿no pensarán que estaba jugando si dijo que iría rápido o sí?). Kim se había cansado de aguardarlo sin hacer nada, se puso de pie, fregó la vajilla, se cepilló los dientes, luego tomó uno de los libros de la repisa y se acostó a leer. Ninguno de sus clientes llevaría a sus mascotas pues que notificó que hoy no trabajaría a causa de que se sentía indispuesta, con su mejor carta de cortesía le desearon una recuperación rápida y cortaron la comunicación. Naturalmente la novela que eligió fue escrita por Tom Kenny, su ídolo estrella. Si se lo preguntan, no leía 49 semanas si no Eres la música en mí, para castigar el horrible final de aquél lo puso contra la pared en el rincón de su dormitorio y, por consiguiente, Raimundo no hizo preguntas. Se acordó de su charla el otro día en el cafetín. Por el contrario de la anterior historia, sí tuvo un final feliz, narraba la relación apasionada entre una concertista de piano y el guitarrista principal de un grupo pop que se conocieron casualmente un día en vacaciones de un crucero. El padre y a la vez representante de la joven se opone. Diferentes estratos sociales y distintos tipos de música. Raimundo dejó encima de la mesa la bolsa. Kim se desconcentró de su lectura.
—¡Oh has vuelto! ¿no había mucha gente? ¿la conseguiste? ¡Qué bien, puedes ponerla ahí mientras tanto, yo después la acomodo en su sitio! —no pudo reprimir un largo bostezo, lo soltó posterior a que su mano escondiera su boca— lo lamento, me puse a leer y de repente me entró el sueño.
—Debe ser efectos de la medicina, ¿por qué no duermes un poco? —una ligera corriente de aire empujó la ventana y Raimundo fue a cerrarla. Kim se abrazó a sí misma.
—El día de hoy ha estado muy frío, ¿no te parece? —inquirió. Para él no le suponía ningún problema porque amaba el frío, odiaba el calor, pero no quiso contradecirla. Ya lo había una vez cuando sugirió la lencería, en realidad opinaba que cualquier conjunto que Kim se pusiese le luciría sexy, sólo que no lo quiso decir en voz alta.
—¿Sabes que es un buen remedio contra el frío? —preguntó. Kim figuró muchas opciones, entre las cuales barajaba el típico y adorable gesto de un chico de quitarse su chaqueta para colocársela en los hombros de la chica, se dejó llevar por el primer pensamiento y esperaba que Raimundo lo hiciera, pero olvidó que él había declarado que no era un romántico—: un sistema de calefacción...
—¿Un…? ¡Ah sí! Tienes razón —afirmó con la voz rota, desilusionada por la respuesta.
Soltó una risa ronca y se acercó. Se despojó de su abrigo, pero no lo se dio si no lo arrojó al suelo y embutió su cuerpo en la cama con el suyo, el espacio entre los dos era tan reducido que difícilmente podía estirarse. Raimundo ciñó sus brazos descubiertos alrededor del torso de Kim y enlazar sus piernas. Ella se encogió contra él.
—Y como no tenemos un sistema de calefacción, yo seré el tuyo por hoy. El calor humano es irremplazable —Kim se retorció, quiso despedirlo fuera de la cama una y otra vez, todos sus intentos por aflojar su agarre fueron en vano porque apretaba con más fuerza— si tratas de librarte de mí seguiré estrechándote más. ¡No seas necia! Has estado temblando durante cuatro horas, si las cobijas y tu chaqueta no han podido contra los escalofríos, ¿qué pierdes con hacerlo? —la chica vaciló. Él acercó sus labios hasta su oreja y agregó en un susurro—: aparte, me portaré bien.
Kimiko dejó de resistirse, el calor que proporcionaba se infiltraba en su cuerpo, sintiéndose templada. Sus oídos zumbaban y su cara estaba toda colorada, no quería que sus miradas se encontraran pese que sus ojos ya estaban reposando en ella, peor todavía se sonrojaría con mayor intensidad, así que intentó sofocarse hundiendo la cabeza en su pecho. No obtuvo resultados favorables para su desdicha. A veces sentía que le faltaba el aliento pero no sabía si era porque su peso aplastaba sus pulmones o era porque estaban muy cerca el uno del otro. Su aliento cálido se derramaba desde su pelo, con olor a esencia de lavanda, hasta su oreja y luego descendía por su cuello. Enroscó en su dedo un mechón, los giraba tres veces y desenrollaba, jugueteando. Sus ojos estaban demasiados húmedos por la gripe para mirar por encima de su hombre a dónde había ido a parar la otra mano, sin embargo, mediante el tacto sabía que la trasladó hasta la parte baja de su espalda. Él ladeó la cabeza presionando su mejilla contra la suya. En eso sin que ella se moviera, la atrajo más hacia él. Su corazón dio un vuelco completo.
—¡Pero si no hice nada!
—Lo sé... quería jugar contigo —mintió él. En realidad, aunque estaban muy fusionados en ese abrazo, no la sentía lo suficiente arrimada contra él. Su corazón le propino un dolor en sus costillas de los acelerados latidos.
—No te he dado las gracias —murmuró la chica— no tenías por qué hacer esto y aún así lo hiciste —hizo una pausa. Él la siguió escuchando sin interrumpirla—. Supongo que es uno de los riesgos que asumes cuando te vas a vivir solo, dime ¿nunca te has sentido solo? Estás demasiado lejos de tu familia, tenías una vida hecha allá, aquí no conocías a nadie y además de Clay, no veo a quien...
—¿...podría importarle? —contestó Raimundo, se rió por lo bajo—. Hay distintas maneras de quedarse solo, no digo que sea tu caso, pero si miras a esas personas ricachonas rodeadas siempre de gente, en realidad viven muy solas, cuando desaparecen su dinero la gente en su entorno también lo hace. Pero no veo mi soledad como algo malo, nacimos solos para morir solos y quien no aprende a vivir con uno mismo, no puede compartir su vida con nadie, las pocas personas que están conmigo me han demostrado que puedo contar con ellas a pesar de las circunstancias. Aunque admito que la idea de que alguien te espere y se preocupe por ti suena linda, no niego que me gustaría tener esa compañía.
Kim se había quedado profundamente dormida antes de terminar de escuchar su respuesta. Regodeado, sonrió y acarició con el pulgar su rostro. Si tan solo el tiempo se congelara para siempre. Lástima que las cosas no funcionan de esa forma. Ella no había quitado la canción. ¡Ay Kim! No se dio cuenta que la puso en modo de repetición. Todavía quedaba el último fragmento por oír. El hombre entornó los párpados y se echó un sueñecito también.
Esforzándome por esconder mis lágrimas
¿Pasas sin notarme?
Me doy la vuelta sin decírtelo
Incluso hoy, aún estoy aquí
Llenando mi corazón con lágrimas
Pongo esas palabras en mi corazón
Disimulo como si no fuera nada
Y luego golpeo mi pecho
No puedo ser feliz, no lo puedo cambiar
Tú eres a la que escogí
Wuya iba a salir a comprar zumo de naranja, pero Omi se adelantó y cruzó la puerta. Nunca necesitaba tener una excusa, su madrastra no se preocupaba a dónde se dirigía ni a qué hora regresaría, pero no hay que asumir riesgos. Correr desde la casa hasta el parque deja a uno hecho trizas y olvidó el dinero para comprar. Y tenía una enorme flojera para pararse y hacer ese favor a Wuya. Omi se dejó caer, desfallecido, en una banca y echó la cabeza. El sol hirió sus ojos. Cambió de posición, extendió su brazo y desvió la mirada. Dojo había saltado de su hombro medio segundo antes y corrió a evacuar detrás de un árbol.
—¡Dojo vuelve! ¡no puedes hacer chichí así en un parque! Nos sancionarán las autoridades, luego... —Omi sonrió de oreja a oreja malicioso—. No cabe duda, cada vez te pareces más a mí. Somos el uno para el otro. Sabes, creo que me acabas de dar una idea para solucionar mi pequeño problema con Wuya...
Aburrido, se puso a leer sus mensajes de texto. El viento aullaba en la copa de los árboles y el sol estaba incandescente. Megan apareció arrastrando a su patineta silenciosamente. Omi miraba al vacío, embebido, creyendo que vendría del este o el oeste, no del sur, no se enteró en absoluto. Se recordó de una película de terror que había visto con sus amigas, la mayoría pidió ver una de romance, era el turno de Megan para escogerla, pero como sabía que nadie votaría por la que le gustaba, intercambió los CD de una peli romántica y una de horror, las niñas gritaban aterrorizadas y la única que se reía cada vez que salía el fantasma era Megan. Ella sonrió y caminó de puntitas. Profirió un alarido de ultratumba similar al del espectro de esa película en el pabellón de su oreja. Los vellos de la nuca se le erizaron al muchacho y dio un respingo, se giró y vio a Megan, quien rompió en carcajadas. Saltó encima del banco desde atrás.
—¡Miren nada más! ¡¿a poco no se asustó el supuesto protector de nuestra ciudad?!
—¡Ya cállate Megan! —masculló entre dientes, enojado. La niña apretó su estómago de las risas— me tomaste desprevenido, ¡además, yo me arrojé al suelo a propósito como parte de mi plan de ataque!
—Sí cómo no, ¡bueno ya, gallinita, desembucha! —alargo el brazo— ¡pero espera! Tómate todo el tiempo que quieras, ve despacio, sin precipitaciones, puedo oírte hasta las cinco...
—¿Y eso que estás tan disponible el día de hoy? —enarcó una ceja.
—Es que mi mamá quiere llevarme a la peluquería a cortarme mi cabello ¡y a mí me gusta así de largo! ¡Si me lo deja más corto voy a parecer niño!
—De acuerdo, capté el mensaje. Mira, necesito que me ayudes a desenmascarar a tu primo, tengo un plan pero no puedo hacerlo solo y tú... —se rascó la nuca— como estás todo el día en su casa tendría más acceso...
—¡Uhm, ¿es alguna estrategia para dejarlo en ridículo?!
—Más bien "expuesto", aunque también se merece lo de ridículo —sacudió la cabeza— ¡ya bueno, ¿vas ayudarme o no?!
—Si me dejas ver o ¡mejor! Si lo registras en algún vídeo o foto me gustaría mucho, pero… ¡cuenta conmigo! —asintió satisfecha.
—Genial, entonces acomódate, es un plan bastante largo y no quiero que lo eches a perder por no atenerte a las instrucciones...
—Bien, yo no lo arruinaré —rodó los ojos—, espero que hayas traído suficiente dinero para ambos —ahora fue Omi quien puso una mueca— ¡pues claro! Si es un plan tan largo debes invitarme un helado, es lo que haría un caballero por una damisela...
—¡¿Y quién dice que tengo que gastar mi mesada EN TI?! —dijo con aplomo.
—¡YO! ¡¿Algún problema con eso?! —afirmó feroz llevando las manos a la cadera. Omi se sobrecogió y retrocedió.
—¿De qué sabor lo quieres, linda? —el código de ética de los Guerreros de Shaolin prohíbe pegar a las mujeres, tenía que retirarse con honor.
—¡Vainilla está bien para mí! —sonrió complacida.
Omi silbó llamando a Dojo, metió las manos en los bolsillos (para mantenerlas ocupadas) y caminó junto a ella. Era el colmo tener que ir a la heladería cogidos de mano, interactuando como novios —el niño se estremeció repulsado por la idea—, en adición que tenía el ligero presentimiento que Megan no estaría de acuerdo. Si bien surgieron unas tergiversaciones en el trayecto, se consiguieron a varios compañeros de clases, raudamente se reubicaron en el mismo punto entablaron a tirar provocaciones, formar corazones e imitar sonidos de besos. Y como Omi es de sangre caliente, no se resistió a molerlos a golpes. Claro, sólo los llegó a empujar porque Megan interfirió. El último grupo se llevó el recuerdo de una mordida, Omi ordenó a su lagarto atacarlos en la retaguardia. De tanto mordiscar traseros o Dojo tenía que acostumbrar se enjuague bucal o cobrar una cuota semanal a su dueño por cada mordida.
No amanecieron hasta el día siguiente, durmieron en el transcurso de la tarde y despertaron casi simultáneamente hacia las seis. Kim le había devuelto el abrazo a Raimundo en sueños, sus brazos cerraban su cuerpo y lo estrechaban. Creyendo que aun seguía dormido, empezó a soltarse muy despacio. Raimundo trataba de matar tiempo, reteniendo todo lo posible por permanecer así juntos unos minutos adicionales. Sus piernas estaban entumecidas debido al largo rato en que se quedó en esa posición. En consecuencia, sus movimientos eran torpes y mecánicos. Aun inmóvil ejercía mayor fuerza. La chica quiso aferrarse a la mesilla y halar de ella para tirar fuera de la cama, pero en su lugar, Kim se desplomó bocabajo. Su cabeza amortiguó la caída. Gimió adolorida, reponiéndose. Raimundo alzó la cabeza.
—¿Te lastimaste? ¿quieres que te ayude?
—¿Qué? ¡No, estoy bien! —refunfuñó Kim. Con aspereza se frotó los ojos, si Raimundo no se hubiera quedado toda la noche tal vez no habría imaginado que durmieron juntos... ¡Que durmieron juntos! ¡Jamás invitó a un hombre a su cuarto, y menos a quedarse en su cama!
—Oye, ¿sabías que cuando duermes...?
—¿Me veo más bonita?
—No, iba a decir que cuando duermes... ¡babeas! ¡Mira como dejaste mi camisa!
Ahora sí que se sentía avergonzada, acto reflejo se echó a reír. Kim se limpió la barbilla.
—Lo siento, no tengo poder sobre mis propios secretos —dijo mirando su mano— a veces son mucho antes descubiertos, supongo que cuando eres un libro abierto es cosa habitual.
—Sí. Bueno, puedo guardar tu secreto si a cambio prometes hacer lo mismo con el mío, así no te sentirás tan avergonzada... —sonrió. Le indicó con una seña que se acercara. Confusa, arrugó el ceño y subió a la cama, acercó a su oreja, recogiendo el pelo por detrás y el idiota le murmuró al oído muy bajito—: te amo —Kim abrió los ojos como platos y se separó de inmediato. Él no había borrado su sonrisa.
—¿Cómo?
—Lo que oíste —se aclaró la garganta—. Me temo que no empecé bien, déjame explicarte. Quisiera pedirte una disculpa. Perdóname, tuve una percepción completamente equivocada de ti, no he actuado con justicia y mucho menos fui amable, por bastante tiempo estuve ciego: Te subestimé, sin conocerte dije cosas feas, cometí la torpeza de estimarte como una persona casi mediocre y unidimensional. Pero en el pasar del tiempo empecé a descubrir que eres una mujer increíble, fuerte, independiente, constante, graciosa, sexy y con muchas metas ¡en fin! Para no hacer el cuento largo aprendí a mirar a través de tu alma y conocí a la verdadera tú. Y... fue cuando comencé a enamorarme. ¡Rayos! ¡qué mal estaba! No eres ni la sombra de lo que pensaba —el idiota se rió nervioso, jugaba con sus manos y su voz era entrecortada. No obstante, no perdió el contacto visual, lo que iba a decir implicaba que la mirara directo a sus ojos para que supiera que hablaba desde el corazón—. Nunca podrías adivinar cuánto me has, digo, me he torturado por guardar este secreto y confieso que a lo mejor todavía me falta luchar por atenuar el mal concepto que tienes de mí y me perdones...
«Aunque entendería si eso no pasara pues que mi temperamento no es el mejor ni tampoco soy una taza de azúcar. Lo reconozco, tus palabras fueron muy acertadas al describirme en aquella tarde, demoré en comprenderlo por el dolor y la amargura, al final del día aquellas duras emociones cambiaron para bien, pero más que experimentar un cambio, mis sentimientos por ti tomaron otro rumbo y ahora sólo quiero pensar de ahora en adelante en ti como mujer...
—¡¿No me digas que antes creías que yo era transexual y te daba pena decirlo?! —chilló.
—¿Transexual? ¡No! —se rió, perdiendo el tono serio en su voz—, desde luego que no. ¿Es que acaso no se me nota? ¿No es obvio lo que hago? En mi vida me enseñaron que existen dos tipos de mujeres en este mundo: Con las que decides casarte, formar una linda familia y vivir el resto de tus días a su lado amándola y las que utilizas para coquetear un poco, tener sexo y esfumarte para siempre al día siguiente. Yo todavía no te he podido clasificar, tú me habías parecido del segundo tipo a inicios y de pronto pareciera que eres del primero. Tú no eras la mujer que habría dejado entrar en mi vida, pero ya estabas en ella desde el momento en que tropezaste conmigo en el vestíbulo, y definitivamente necesito que te quedes. Yo lo admito, pasó mucho tiempo para que pudiera aceptar que te amaba antes y también ahora —botó el aire y no dijo nada. Eso era todo.
Kimiko estaba demasiado confundida para hablar, boquiabierta y con los ojos desorbitados. Raimundo tensó los labios, sin sonreír ni fruncir. Su corazón galopaba violentamente dentro de su pecho, la sangre latía en sus sienes, un poco del frío de Kim debió haberse transferido a la punta de sus dedos porque estaban helados. Aunque no se le notaba mucho por el color oscuro de su piel, un rubor cruzó por su rostro. La chica se esforzó en seguida para tomar la palabra, un nudo había atravesado su garganta, aclarársela no era suficiente.
—No pretenderás que tenga una respuesta inmediata, ¿o sí? —dijo Kim con una voz medio tangible—. Si no hiciste demasiado para conquistarme con flores o chocolates o serenata o lo que sea, ¿cómo esperas que abra mi corazón a un hombre que ni siquiera está seguro qué debe hacer conmigo? Tengo miedo, ¿sabes? De que si acepte estar contigo y comencemos bien, pero luego te aburres y quieras terminar porque decidiste que era del segundo tipo, no podría dejarlo tan fácilmente. No así. Aspiro algo duradero.
—No soy de los que mendigan amor. Estás en lo cierto, lo comprendo, nunca te forzaría a que hagas algo que no quieres ni me puedes obligar a quererte del modo que a ti te gustaría. Te lo dije antes y te lo digo ahora: Esto es lo que soy, no me puedes cambiar. Sin embargo, ya que no me has dado ni una respuesta afirmativa ni una negativa, me concedo a mí mismo una mínima esperanza de ver que las cosas pueden hacerse a mí manera. Si para entonces no consigo un "sí" no insistiré.
—¿Para darme chance de decidir entonces vas a intentar de conquistarme desde tu punto de vista? Sólo te advierto que si eso sucede, apareceré con la parte de arriba de un bikini, unos shorts y unas sandalias, en una mano tendré una botella del vino que te gusta y un estéreo en la otra.
—¿Para qué el equipo de estéreo? —alzó una ceja confundido.
—¿Qué no es obvio? ¡Para bailar! Si no lo haces tú ¡al menos yo sí! Lo voy a usar como mi banda sonora cuando declare que también te amo... —Raimundo se rió suave a pesar del sarcasmo que acompañaba esa frase— después de que baile podremos descorchar la botella para celebrar nuestro primer día.
—Mis cuatro cosas favoritas ¡al fin juntas! —dijo cruzando los brazos bajo el pecho— una mujer en paños menores, vino, música en el fondo y tú. No podría salir mejor que perfecto. Creo que soñaré muchos estos días.
—Lo dije en sarcasmo, listín, ¡el punto es que lo único que decía en serio era que me iba a declarar primero que...! ¡No! Aj, haz lo siguiente ¿sí? Olvídalo —dijo cuando no paraba de sonreír— si bien, hay algo que no entiendo, si te rechazo ¿quiere decir que te rendirás?
—El acontecer de mañana será como si este momento del día jamás hubiera existido, Kim. Mis sentimientos permanecerán iguales sin importar tu respuesta, el amor ha funcionado así con todos los hombres, idiotas y no idiotas; es sólo que yo no armo pataletas ni me pongo baboso, asimilo con todo el dolor del mundo. A partir de lo que venga a continuación va a depender de ti yo cumpliré mi parte en tanto —sacó el celular del bolsillo trasero y revisó la hora—. Es tarde, tengo que irme. ¡Oh por cierto, mi pago por la caja de pestañas...!
—¡Ah sí! —Kim se golpeó la cabeza— ¿cuánto quieres? ¿Te parece lo mismo que pagaste?
—No —sacudió la cabeza—. Iba a decirte que no te preocuparas por el dinero, este será el único pago que aceptaré...
Atrapó su rostro con ambas manos y estampó un beso en sus labios, de la fuerza con que se lanzó sobre ella sus piernas chocaron contra la cama, se desmoronaron arriba del colchón y rodaron cuesta abajo hasta el suelo. Kim tardó en reaccionar porque él se apartó a sabiendas que no obtendría una respuesta a la fuerza. Si bien fue un beso fugaz sintió la piel debajo de sus labios quemarse y las entrañas estremecerse. Raimundo se incorporó y salió a toda prisa del apartamento con una pequeña sonrisa. Ella se quedó un minuto en el suelo recuperando el aliento, su mano se movió automáticamente a su corazón acelerado. Todavía tenía mucho que aprender de esta forma de amar, pero ahora es que sobraba el tiempo.
N/A: ¡Cerramos el capítulo de hoy hasta la semana que viene, malvaviscos asados! No se me achicopalen, señores, los días pasan volando. Lo digo yo porque así lo siento. Y luego se quejan por qué tan largo, es la cuota justa por cada semana, ¿no les parece? ¡Un aplauso a Raimundo por tan espontánea declaración de amor!
—¡Hurra! ¡Bravo! ¡Yep, yep!
¡Ahora una aclaración para la autora por ocurrírsele!
—¡Alice, Alice, Alice!
¡No vale, mentira! Estaba jugando. Es que ayer tuve que reformatear la declaración. La había dejado en suspenso porque me parecía bonita y simple, perfecta para un tipo como Clay, en lugar de alguien tan prepotente como Raimundito y entonces ayer que estaba escribiendo el capítulo treinta y cinco se me ocurrieron varias ideas románticas —entre ellas ese sarcasmo de Kimiko— y la reestructuré. No sé qué opinarán ustedes, pero a mí me gustó. Estuvo fresco, divertido y espontáneo. Acorde a la interpretación de los protagonistas.
Definitivamente cuando leo historias de amor, prefiero que haya una pareja. Más de dos la novela se convierte en un culebrón y no me gusta porque todo es un molesto enredo; las cartas estaban echadas al inicio establecí claramente que Kim y Raimundo serían pareja (duh, eran los protagonistas). Kei y Clay fue para crear conflicto entre ellos, además que tenían buena química, por eso no ahondé tanto en su relación. Abordé lo suficiente para que esa relación no fuera un pez muerto. Las interacciones entre Omi y Megan están muy chicos todavía para pensar en noviecitos —aunque una vez una niña le cayó a golpes a otra niña en pleno patio pues que le estaba robando el novio, estamos hablando de edades aproximadas entre once y doce, los niños de hoy en día ya quieren crecer y los adultos queremos volver a ser niños—, pero no pude evitar que existiera un pequeñísimo paralelismo con Kim y Raimundo, a mí se me hacía muy gracioso. Hay personajes que amas tanto, que tú dices ¡cónchale, no puedo dejar a este hombre solo! (en este caso niño). Bueno, todo ha sido muy inocente y tierno, a pesar de que fue incidental me gustó. Ojalá compartan lo mismo :)
La letra de la canción durante el episodio era Scar (Cicatrices) de Bois, hermosa ¿no? Sirvió para ayudar a Raimundo declararse por primera vez(sí, sé que está subrayado lo hice), ¿qué les ha parecido? Acuérdense, no es del tipo romántico, él va insertar una nueva manera de ver el amor (casi siempre el rechazado se echa a llorar en un rincón y jura por todos los cielos que va a hacer todo lo humanamente posible para luchar por su amor)...
¿Qué le gustó más del transcurso del día en que Raimundo cuidaba a Kim? ¿La charla entre él y Omi? ¿Qué aspiran que ocurra en la carrera? Este ha sido uno de los capítulos que más me gustan, los más románticos serían éste, ¿Qué será eso que llaman amor? y Ámame a tu manera. Aunque, por supuesto, no estará concentrado todo el romance. Mientras tanto ustedes tienen una cita para la semana que viene en la próxima actualización de su novela consentida: Quiero ser escritora. Episodio treinta y dos: Ensayo y error. Como ustedes saben actualizando los martes si Dios quiere y si no también. ¡Cuídense, malvaviscos asados, hasta la semana siguiente!
Mensaje para Isabel: ¡Hola malvavisca asada! ¡Tienes toda la razón! Me pregunto, si se supone que todos fuimos a la primaria a aprender a escribir correctamente, ¿cómo es que existen personas que escriban tan mal? Encontrar ninguna falla ortográfica es casi que un milagro. ¡Qué bueno, me alegro por ti! Igual, también es mi caso.
¡Ufffff, me pusiste en un verdadero aprieto con esa pregunta! ¡Rayos! ¡Verdad que da para pensar quiénes podrían interpretar a nuestros personajes favoritos en carne y hueso! De inmediato que leí la pregunta, me puse a indagar ciertos papeles por la red. ¡Me debes una tarjeta! Sé que me lo limitaste a los monjes, pero yo también quise ver a los villanos. Una vez leí sobre una lista de alguien sobre qué actores podrían hacer a la serie en live-action y casi todo el elenco juvenil pertenecen a la factoría de Disney —yo amo a Disney, no es nada personal—, pero me parece que no es buena idea mezclar las estrellas actuales de Disney con un súper clásico como es Duelo Xiaolin, aparte que nadie se parece a ellos y opino que es de mal gusto que te den un papel de alguien con quince aproximadamente y tienes veintiocho. No queda bien porque a leguas se notan que encajan para hacer un perfil universitario que adolescente. Me acuerdo claro que pusieron a los dos magos de los hechiceros del no se qué —Jake T. Austin y el otro hermano que es feo, con respeto a las fans— para hacer a Omi y Raimundo, ¡asco! Ni se parecen. A Brenda Song como Kim, cuando la actriz tiene veintiocho, anciana total, y Kim aparenta catorce. Y un actor de SESENTA años para hacer a Clay.
¡No, pero qué horror! Ahora si me preguntas quién sería ideal para interpretar a Omi te digo que a pesar de que veo doramas no es frecuente ver niños actores asiáticos, el único que se me ocurre, porque, es demasiado ADORABLE y lindo, tiene once años —o sea, la edad requerida— y aunque él es de nacionalidad brasileña tiene descendencia japonesa así que tiene ojos angulosos es Matheus Ueta. Búscalo en internet para que te des cuenta tú misma, lo vestimos con una túnica roja Xiaolin y le ponemos una malla en su cabecita para que tape su cabello rojo ¡y listo! Con respecto a Kim, Raimundo, Jack y Clay... ningún actor que he visto hasta ahora —si bien, a mí me parecería una propuesta interesante ver a Lucas Till en el papel de Clay Bailey, pese que tiene 24 años, se sobreexcede un poco el límite. No sé, tal vez es porque lo vi con un sombrero vaquero una vez y es rubio de ojos azules— llena mis expectativas o es muy viejo, podría ser que está por alguna parte, pero no lo conozco. Por ejemplo había pensado en Jamie Chung para Kim, no obstante, ya casi es treintañera. Y los actores actuales son muy feos en mi humilde opinión, prefiero los de antes cuando era una niñita. De todas formas siempre está la opción de abrir un casting para reclutar a desconocidos y ver quién es el mejor, así como hicieron con los de Harry Potter.
Los adultos. Ellos sí son más fáciles. Para el Maestro Fung ¡JACKIE CHAN! Jajajaja, es una broma; es que el actor siempre trabaja en pelis cómicas, consigue meterse en el bolsillo a los niños rápido y tiene sesenta y un años. Sin embargo, creo que Jet Li tiene un parecido más de cerca con el Maestro a sus cincuenta y un años. Me gusta más él. Para Wuya... estoy entre Maggie Cheung y Michelle Yeoh, la segunda tiene la piel un pelín más oscurita y como que últimamente la he visto con el pelo rojo, así que podría ser ella. Para Chase, también estoy entre dos, Kippei Shiina y Taku Sakagushi... son japoneses y ambos trabajaron en una misma película que vi, tenían una personalidad similar a la de Chase y traían el pelo laaaaaaargo. Eso sí, el primero es más conocido que el segundo (y más fotos ahí sobre él) pese de que tienen artículos, aunque los dos son coreográficos en artes marciales. Pero de parecido brutal encaja mejor Taku. ¡Oh y me gustaría para el papel del Gran Maestro Dashi a Chow Yun Fat! Al igual que a Matheus, le ponemos una malla en el coco. Lo escogería por su gran trayectoria como maestro de artes marciales y su parecido.
A Hannibal y Dojo, a juro tendrían que ser animados por computadora. Ni modo que conseguiremos a un frijol parlante y encima actor que esté dispuesto a cobrarse unos mugrosos dólares. ¿Y tú qué tienes en mente como actores/actrices? Como ves, busco a los actores por parecido físico porque si hablamos por personalidad, no es necesario ya que tendrán que actuar delante de una cámara, y porque no lo conocemos. ¡Pues sí, en este episodio Raimundo declara sus sentimientos por Kim! Ahora queda de parte de ella si lo acepta o no. ¡Tomoko es una gran persona y además vidente! ¡Oh, me haces sonrojar diciéndome que tengo talento! Bueno, hablé muchísimo en esta nota de autor. No te interrumpo más. ¡Muchísimas gracias por todo, leer y comentar! ¡Nos vemos, querida!
Mensaje para MexicanChurros: ¡Saludos malvaviscas asada! ¡Oh genial, necesitaba leer un comentario de ese tipo! Hace unos días pedí una crítica para mi historia y era total oposición a lo que decía mi público, me sentí un pelín... :'( Pero en fin, no me voy a sentir mal por culpa de un estúpido. "Este capítulo me gusto más que el anterior pero menos que el siguiente", ¿qué...? ¡Oh ya! ¡Entendí! ¡Qué bueno! ¡Entonces eres adivina! ¡Ojalá el siguiente te guste más que este! ¡Nos leemos, linda! ¡Gracias por leer y comentar!
