Quiero ser escritora
32º
Ensayo y error
Tiene que ser una broma, tiene que ser una broma. Es imposible. ¿Raimundo enamorado de mí? La habitación comenzó a girar; de pronto me había quedado casi sin aliento, sólo sentía su mirada intensa atravesar mí corazón, hendiéndolo hasta en lo más hondo, intenté desviar sus tristes ojos verdes de los míos, pero sus palabras se clavaron en mi mente. La fuerza de sus sentimientos había vencido su orgullo, tuvo que reconocer que se había equivocado. Su prominente declaración de amor adulaba mi vanidad, ¿en serio decía la verdad y me amaba como decía?... ¡Supongo que no pudo resistirse! Cuando apagaba las luces y me acostaba a dormir, volvía a encenderlas rápidamente; cada vez que cerraba los ojos se aparecía en mis sueños y su voz inundaba mis oídos, abandonaba la cama y daba una vuelta intentando de desterrar para siempre ese recuerdo, luego me metía a mi cama, me arropaba hasta el cuello y apagaba de nuevo las luces, de repente las prendía y repetía todo de nuevo.
¡Ah! Las mujeres de mi edad nada más tienen por qué preocuparse de aprobar el semestre o si no ponerse a buscar los anuncios clasificados para dependiente de comida rápida a riesgo de quedar exentas del plan de jubilación ¡yo no! A mí eso no me pasa. Mis deberes están al día y mis notas impecables. La pregunta es ¿qué haré a partir de ahora? No entendí bien que quiso decirme cuando respondí, procuré ser sincera —puesto que en estos asuntos del amor es mejor hablar con el corazón—, normalmente los hombres no se conforman con un "no" al primer rechazo e insisten, sin embargo, interpretó mi inseguridad como algo bueno y se resignó a buen perdedor, se burló de que haya intentado sugerirle flores, dulces y serenata y me dijo que iba a demostrar que también amando a su manera se puede.
No veo qué hay de malo obsequiar unas flores y una caja de chocolates y dar una serenata, ese combo conquista a cualquier chica, si no es eso ¿qué otra cosa podría ser? Tal vez más adelante se me ocurrirán otras opciones. ¡No es justo! Se supone que Raimundo sea el que se le esté empañando los ojos porque no acepté sus sentimientos, ¡no a mí! ¿Por qué si dejo que me robe el sueño y me quite la concentración en horario de clases? Casi no oí la clase de Teoría literaria I. ¿Quién es capaz de comprender estos hombres? Nadie, si no hubieran instituido una ciencia para ello; pensándolo bien, creo que deberían hacerlo, nos evitaría varios problemas. Y lo peor de todo es que estoy segura que si le doy la oportunidad caería rendida en su juego —es una cruel realidad—, no sé cómo le hacen las chicas para hacerse las difíciles, es algo que yo nunca podría hacer y lo he intentado, mis rodillas tiemblan ante las primeras palabras dulces.
Ya he sufrido una ruptura reciente —vale, no tan inmediato—, no quisiera volver a meter la pata. Mi hermana me advirtió de los sentimientos del idiota mucho antes que se declarara. No he querido platicar esto con nadie; ni siquiera con Keiko, entre nosotras no hay secretos, nos lo contamos todo, pero tengo el ligero presentimiento de que si se lo digo no lo tomaría bien. Y si se lo confieso a Clay, a lo mejor se arma ilusiones. ¡No sé! Sería maravilloso si al menos existiera una máquina que pudiera determinar qué es bueno para uno o que mostrara el futuro, en una relación siempre uno está más enamorado que el otro, no quisiera resultar herida, pero ¿si Raimundo es el indicado? Tomoko dijo que éramos mitades perfectamente imperfectas... ¡es igual! Podría ser el más bueno de todos los hombres, si no lo amo no tiene sentido en absoluto, y encima, todo lo que hizo, ¿será por eso? ¿Qué todavía no lo perdono? Todo será incómodo y complicado para ambos a partir de entonces.
Después que robaran mi cartera he tenido que reducir los gastos de un mes y abstenerme ir de compras. Me he perdido rebajas de dos de mis tiendas favoritas, Kei me envió mensajes, invitándome a venir, con el alma en los pies le escribí dimitiendo. De mi gripe estoy mejor, el remedio del idiota surtió efecto... y aun no sé que me dio, ¡hay que ver que eres ingenua, Kim! ¡Pudo haberte dado un sedante y tú ni cuenta! Sí, aunque les estaba platicando antes otra cosa, ¿qué era? ¡Ah ya! Les decía que estaba corta de presupuesto, se acerca la navidad y no tengo con qué decorar mi casita, saliendo de la universidad me detuve a comprar unos adornos que estaban en un 30% de descuento, unas bambalinas doradas para el árbol y unas guirnaldas de varios colores que me parecen adecuadas y bonitas para colgar en la puerta; si quiero tener un árbol, no importa que sea pequeño, tengo que comenzar a ahorrar dinero. Si pude para comprar mi libro, ¡puedo para esto! Creo que les pediré prestado algunos ornatos a Tomoko y una alfombra roja a Clay que pondré de base para mi hermoso arbolito... así no mucho, para evitar los abusos. Ya hablé con él y este viernes pasaré por su casa. Lo de mi hermana puede esperar un poco más.
No obstante, tenía algo en curso en mi lista de quehaceres y esto sí que no lo puedo diferir. ¡Ni se les ocurra pensar que olvidé el cuento chino del mengano hermano de Omi! En cierta manera me afectó esta noticia, un sentimiento similar a la decepción inundó mi pecho, ¿por qué Omi me ocultó sobre su hermano? ¡Digo! Teníamos confianza suficiente, ¿no? Tuvo el valor de referirme a su madre, ¿se lo habrá dicho al idiota? Con tanta cháchara el domingo no le pregunté, las fosas nasales tapadas y la mucosa pegada a mi garganta, no pensaba en nada más. ¡¿Cuántos años tendrá el señor Dashi?! Habrá tenido a Chase muy joven, calculo aproximadamente unos treinta y tantos. ¿Sabrán la familia Young que Chase es un criminal o no? Entiendo que sea su hermano, ¡pero si está frecuentando a Omi podría ser peligroso! Ya antes no me gustaba que un extraño rondara al pequeño, créanme que hubiera preferido que Chase se quedara como extraño. Me tocaba subir unas cuadras más, sin embargo, si era por el bien mayor me doy por satisfecha. Fui hasta la librería del Sr. Fung.
—¡Hola! ¿Sr. Fung está allí? Soy Kim, he venido hablar con usted, ¿Sr. Fung? —la librería puede ser tenebrosa si la encuentras vacía y las luces a medio encender. ¿Aun no han hecho una película de terror sobre una librería, verdad? Yo no lo sé, no veo mucho las pelis de ese género porque me asustan. Pues deberían hacerlo.
—¡Kim qué sorpresa! ¿qué buscas? —me asusté a muerte cuando la voz gutural del hombre provocó escalofríos. Dejé escapar un suspiro de alivio.
—¡Uf, señor Fung, me asustó! No lo vuelva a hacer, ¿eh?
—¿El qué? —vaciló sonriente. Le dirigió una mirada expresiva— Omi está a punto de salir, ¿sucedió algún imprevisto del que deba enterarme?
—¡Oh no! De hecho en un momentico estaré allá, es que antes debo comunicarle algo —me detuve. El Sr. Fung caminó detrás del mostrador. No me había fijado que tenía una cafetera instantánea. Sirvió un poco de café en una taza de porcelana, la revolvió en círculos y sopló el aire caliente que borboteaba. Se la llevó a los labios.
—Adelante, querida, te estoy escuchando con mis cinco sentidos.
—Es que no sé cómo abordarlo, es delicado.
—¿Por qué no empiezas por el principio? Te será sencillo.
—Bien... el otro día sorprendí a Omi conversando con un hombre de cabello obscuro largo, jamás lo había visto, decidí ignorarlo ya que creí que era el hermano de una de las criaturas; el asunto hubiera terminado allí, pero luego descubrí que recibía regalos a hurtadillas, como es lógico comencé a preocuparme y hablé directamente con él, no obtuve ni media palabra. No sé si recordará que robaron mi bolso, fui a la delegación y en cuanto estuve en frente de la pizarra lo vi otra vez, al hombre, aparecía con el nombre de Chase Young ¿Omi tiene un hermano?
Sus manos temblaron haciendo que la taza vibrara violentamente, como resultado las gotas de café salpicaron el tablero. Su cara se tonó de color azul. Bajó la taza antes de cometer un accidente y limpió las manchas. Debe ser que mi cara estaba contraída en una expresión de estupor porque mi pulso latía aceleradamente. Las venas de las sienes se le hincharon por el sobrecogimiento de escuchar de nuevo ese nombre.
—¡Chase! El pequeño Chase, sí, claro que me acuerdo —vaciló— desde que vino al mundo sólo nos ha traído constantes mortificaciones. "Se presentó" —ladeó la cabeza, supe que en esa parte debía ir entre comillas, refiriéndose a su nacimiento— en nuestras vidas sin avisar y se marchó sin despedirse. Aun me parece que estoy viendo los primeros años de vida del pequeño Chase; era un muchacho alegre, disciplinado, honesto e inteligente, a diferencia de su hermano menor, usaba su intelecto para aplicarse en los estudios y obtener las notas más altas y desarrollar nuevas llaves de artes marciales. Chase es autodidacta. Apenas alcanzaba los seis años cuando vi en él un increíble talento, que temo nunca tuvo Omi, raudamente le insistí a mi hijo de inscribirlo para Shaolin. Chase estaba muy entusiasmado, pasaba grado en grado bastante rápido. No es que me gusta comparar mis dos nietos, ambos me llenaron de alegrías y traído dolores de cabeza, pero a favor de Omi, él es más cariñoso... se apega a las cosas como goma de mascar mientras que Chase era muy cerrado, nunca conversaba sus sentimientos... quizá por eso nunca vimos el monstruo...
Se detuvo en seco y guardó silencio, su mirada se extravió en un punto del establecimiento, embriagado por el olor de los recuerdos. Engurruñó los dedos y tronó los nudillos. A pesar de sus años dorados, la edad no afectaba el ánimo ni la energía del Sr. Fung y se conservaba en su senectud. Aclaré mi garganta y apreté su mano. Nuestras miradas se encontraron, dejó escapar un suspiro.
—¿Sr. Fung está bien?
—Muy bien... ¿estábamos hablando? ¿De qué? —me dirigió una sonrisa dulce.
—Sobre su nieto Chase —las palabras golpearon al anciano y frunció los labios. Recordó lo que había dicho de la comisaría y se estremeció. Me pregunto si yo habré hecho bien venir con este tema, ¡por supuesto que sí! ¡se trata de la seguridad de Omi! Pero quizá debí haber tenido esta conversación con el Sr. Dashi, aunque si el abuelo reaccionó nervioso, ¿cómo se sentirá el padre?
—¡Oh sí! Ya —asintió con la cabeza y cerró los ojos—, no obstante, Chase también heredó los peores defectos: La ambición, el egoísmo, el narcisismo y la envidia. A los diez años se puso celoso de que su hermano menor acaparara mayor atención, con el tiempo se encariñó con él, Omi lo adoraba. De pronto, Chase era otro; no se conformaba con nada, quería tener todo, decía que nunca llegaría a nada desde abajo. Despreciaba aquel que intentara ayudarlo y se alejó poco a poco de nosotros. No le importaba pertenecer en el cuadro de honor ni que era el alumno más popular y querido ni el más destacado en Shaolin. Llegaba tarde a casa, no decía a dónde iba, no iba a clases, sus calificaciones repentinamente bajaron. Una vez mi hijo encontró en su habitación unas hierbas, Chase sólo dijo que era para cocinar una sopa y no dio más justificaciones. A veces en la calle salía a beber "su sopa", la casa había dejado de ser segura para él porque lo vigilábamos… —el Sr. Fung abrió los ojos con lentitud, sus ojos eran fríos y su expresión sombría.
«Dashi y yo creemos que fue por culpa de esa hierba que la madre de Omi esté muerta. Ella estaba con Chase el día en que la mataron, como caídos del infierno dos hombres indagaban por él, no sabíamos que buscaban, empero estaban furiosos. Al igual que toda madre, quería averiguar si todavía había rastro del dulce Chase que conocíamos y quiso convencerlo que volviera con nosotros, debe ser que los encontraron, hubo una balacera y una bala perdida perforó su corazón y se desangró, en el hospital terminó por morirse. El único que sabe lo que realmente ocurrió fue Chase quien no ha querido hablar hasta ahora.
—¿El señor Dashi lo expulsó después de eso?
—¡Oh no! Jamás haría una cosa contra de su propio hijo, menos a sabiendas que necesitaba ayuda con urgencia y la familia necesitaba estar unida. Él quería internarlo en un centro de rehabilitación. Naturalmente, se negó. Discutieron sí, Dashi amaba a su esposa y anhelaba más que nadie saber que ocurrió, quizá lo presionó demasiado, pero fue Chase el que tomó la decisión de irse por su voluntad —el Sr. Fung ahogó un aullido y apretó la mandíbula—. Después de eso, no volvimos a saber acerca de él. Lo reportamos como desaparecido y aún así no supimos nada, su partida nos destrozó, ¡ahora delincuente! A lo mejor apretamos las sogas demasiado con Chase y por eso se nos fue, no queremos cometer el mismo error con Omi. Es lo único que nos queda.
—¿Pero Omi sabía que su madre fue asesinada?
—No sabe que su hermano está involucrado, él desconoce nada más lo de Chase...
¡Qué horror! Ahora soy yo la que no tiene palabras, tengo un nudo en la garganta. No existe peor pausa que esa inquieta calma helada. Las espiraciones que provenían del Sr. Fung eran entrecortadas. Los oídos me dolían de escuchar las agravantes de la familia Young, pero no tanto como oír que tu nieto es un delincuente. Eso debió haber sido igual que encajar unos colmillos ponzoñosos en la piel. ¡Pobre señor Fung! ¡Se me encoge el corazón de pensar en esa familia! Me olvidé de las travesuras de Omi, sólo quería acunarlo en mis brazos, ningún ser humano se merece esto… Este es el gran secreto de los Young. Prometí que no hablaría de esto con nadie. El Sr. Fung quería saber qué más sabía de Chase, desgraciadamente hasta ahí franjeaba mi limite. No era capaz de contarle lo de la banda, que fue lo que me platicó Guan personalmente, intenté hablar sólo de Omi a partir de ahora.
Cuando salí de la librería casi olvidé mi caja, de no ser porque el Sr. Fung me llamó justo a tiempo. ¡Soy despistada! ¡No, más que eso, estaba retrasada! La única manera de llegar era trotando. Salí corriendo. Ojalá Omi esté en compañía de sus amigos y no de Chase... ¡ja, las vueltas que da la vida! Cuando creías que Jermaine y Tiny son mala junta. A menudo me he preguntado ¿quién de los tres es la mala espina? Siempre uno es el que arrastra a los otros y monta las bromas ¿Omi o Jermaine o Tiny? No, Jermaine está descartado, él no es malvado en el fondo, sólo se somete a lo que sus amigos dicen, es decir, Jer se junta con las personas equivocadas. En contraste, Tiny es más del tipo pernicioso, aunque Omi es quien dirige las principales operaciones como la venganza contra Ashley. Todo fue idea de Omi. Bueno, sin o con amigos, Omi es capaz de orquestar una broma mayúscula. No sé cómo se comporta el otro si no está. Puede ser que ambos sean iguales de tremendos y cuando se juntan se desata el caos. Antes de salir el Sr. Fung me dejó un recado para Omi, de parte de su madrastra. La verdad es que ni yo lo entendí, ¿pueden explicarme que tiene que ver la orina con zumo de naranja?... ¡Ahhh, sí serás Omi! ¡¿Ofreciste orina y dijiste que era un licuado?! ¡Aj menos mal no me ocurrió a mí! Estaría todavía en el baño cepillándome la lengua ¡PUAJ!
Cuando llegué, Omi estaba rodeado de sus amigos, Tiny (me sigo preguntando si su pelo es natural o se hizo la permanente, hasta para un niño es bastante esponjoso) y Jermaine. Omi apretaba los botones de un celular ultra moderno.
—Hola chicos —saludé. Tiny levantó la cara y se me queda mirando raro. Él y Jermaine me devuelven el saludo porque Omi estaba concentrado empujando botones para fijarse en su niñera— ¿qué ha pasado? ¿Por qué Omi está tan absorbido?
—La profesora nos pidió a todos que elaboráramos una redacción de veinte líneas acerca de lo que queremos ser en el futuro para lengua, había descargado una aplicación que indicaría cuál sería la profesión perfecta según nuestros gustos y habilidades. ¡Ahora el chino la está probando! A Jermaine le salió...
—¡Chisssss! ¡Ya cállense! —seseó—. Aquí están los resultados: ¡Felicidades amigo! Muy pocos obtienen un resultado igual al tuyo, no todo el mundo tiene tu vocación para ejercer una de las profesiones más complejas y hasta peligrosas de todas las eras humanas porque al parecer cuentas con todas las herramientas necesarias para atender este trabajo: Empatía, altruismo, paciencia, comprensión, pasión, pero en especial mucha, MUCHA valentía. Eres justo lo que necesitamos.
—¡Uy, qué emoción compleja y peligrosa!
—¡Ya, ya, ¿qué es?!
—¡Allá voy! —chilló Omi—. Tú eres justo lo que necesitamos. Tu profesión es: Consejero matrimonial… ¡¿QUÉ?!
—¿Consejero matri...?
A Tiny le fallaron las rodillas y se tiró en el suelo, retorciéndose de las carcajadas. Jermaine estaba boquiabierto. Omi soltó el celular de Tiny, sucumbido por la turbación. El resultado no me lo esperaba, cuando dijo peligroso me imaginaba: bombero, guardaespaldas o policía quienes exponen sus vidas todos los días, jamás... bueno, el consejero matrimonial también arriesgan su cuello haciendo frente a las esposas enloquecidas y los maridos enfurecidos, yo lo decía esta mañana, el amor es una proeza. Si existe al menos una pareja que es feliz tiene todo mi respeto. No imagino a Omi ayudando a solucionar los conflictos de pareja con bata blanca, lentes cuadrados, los pies encima del escritorio y tomando apuntes en un cuaderno...
—¡SIGUIENTE!
—Doctor, necesitamos que nos ayude en un problema.
—¡Bueno, si ustedes están quitándome mi tiempo tiene que haber un porqué! ¿Qué quieren ahora? Miren, que ustedes ya me han cargado toda la semana...
—¡Mi novio no me dedica tiempo! Se la pasa metido en ese ridículo club de malabaristas de cerdos para vaqueros, ¡como si algún día eso nos va a traer dinero! ¡Por culpa de esa cosa lo despidieron del restaurante!
—¡Tú eres demasiado controladora y mandona, Keiko! Me escribes mensajes a cada cinco segundos para comprobar donde estoy. ¡Ni me dejas vivir un minuto!
—¡¿Y qué hay de las cosas que tú haces?! ¡¿Quieres que le cuente al doctor lo que hiciste cuando yo te esperaba con mi ropa de lancería más sexy y una copa de champagne?!
—¡Ni necesito los detalles! —Omi bajó los pies y se quita sus lentes— escuchen, si ustedes están aquí es porque necesitan a alguien que les diga las cosas que no pueden decirse a la cara. Clay, sí eres un aburrido y Keiko, sí eres una controladora. Pero eso ya lo saben así que la comunicación no tiene valor absoluto aquí o si no habrían resuelto sus diferencias. Lo que ustedes necesitan es cortar de raíz esta relación enfermiza y punto. ¡¿Lo captan?! ¡SIGUIENTE!
Clay y Keiko se dirigen una última mirada de odio. Se levantan en esos odiosos concursos de mirada y cruzan la puerta. Omi suspira profundamente y dobla el respaldo de la silla mientras la secretaria hace pasar a la próxima pareja. Se pone los lentes y apoya la libreta de sus piernas, que ni siquiera es una libreta si no un cómic, se remoja los dedos y pasa la página.
—¡ESTOY CONVENCIDA QUE MI MARIDO TIENE A OTRA MUJER! Todos los días me deja al cuidado de la casa y al mocoso de su primera esposa...
—¿De qué te quejas, Wuya? ¡¿Acaso no te he dado todo?! Si salgo es para trabajar, lo que gano no es mucho, lo admito, ¡apenas cubro sueldo mínimo! ¿Pero qué voy estar haciendo yo en una aventura? Si cada vez que me acerco a ti me rechazas...
—¡NO EMPIECES CON ESO OTRA VEZ! —aulló Wuya. El consejero apoyó los codos en la mesa y hace un ademán.
—¡Los dos hagan silencio! Para empezar yo sabía desde el principio que esta relación iba a ser un rotundo fracaso. Señor Young, si su mujer le está dando tanto la lata, ¡consígase a otra que sí le satisfaga sus necesidades! Porque si no le está siendo infiel y grita, ¡entonces sea infiel y a lo mejor se calla! Y usted, señora, si sienten que la están irrespetando, ¡¿qué hace aquí fastidiándome?! ¡Usted lo que necesita no es un consejero si no un abogado y un loquero, porque yo no curo problemas cerebrales! Retírense los dos y hagan pasar a las víctimas que vienen.
Omi sacudió la cabeza. Se echó aire abanicándose con el cómic. Abre el primer cajón de la derecha, saca un envoltorio, lo desenvuelve y se mete el chicle. El sabor explota en su boca y comienza a mascar. La arruga en una bola y arroja con éxito en el cesto. Abren la puerta y es la otra pareja. Omi alza la mano.
—¡Eh, eh, eh! No pueden pasar si antes pagar la consulta, ¡¿me oyeron?!
—¡Te lo dije Raimundo! ¡Eres un tacaño!
—¡Ya, Kim, como si fueras tan lista!
—¡¿ME ESTÁS DICIENDO BRUTA?!
Y mientras tanto… Omi abrió el cajón primero a mano izquierda y sacó una videoconsolas. Sonrió traviesamente y la encendió.
Esa sería más o menos una visión general de cómo él se encargaría de recibir los problemas maritales y llegar a un acuerdo. Él se especializa en la destrucción, no en la reconstrucción. Si bien, Omi es bastante directo y honesto cuando quiere serlo. ¡Aunque yo nunca le pediría que me socorriera con mi vida amorosa! Ahora es que me sobran los chicos que voy a besar antes de comprometerme en serio. Omi murmullaba y resoplaba entre dientes, cada palabra cargada con ira.
—¡Esa aplicación debe tener un error en el sistema! ¡Demonios, no es posible que me haya salido ese resultado!
—La aplicación funciona correctamente, con Tiny y conmigo lo hizo. Nos dijo que íbamos a ser un artista y un deportista, o sea, un pintor y un basquetbolista. A ver, ¿qué tienes como tercer y segundo resultado?
—Sexólogo y psicólogo. ¡Uhm! ¡¿A mí que me interesa decirle a las personas que sexo son si ya con verse es suficiente?! Y ese último ¿acaso no es el tipo que revisa a los loquitos?
—No, ese es el psiquiatra, Omi —dije. Me temo que la rama de la sexología es más amplia que la simple cuestión si eres hombre o mujer, por mi parte, aseguro que estoy feliz siendo como soy; por si aún queda la duda los hombres me siguen pareciendo sexys y la minifalda y el resto de bonitos conjuntos que me gustan me quedan mejor como mujer, cogí su brazo y presioné—. No tienes por qué escribir qué quieres ser consejero matrimonial, además tú tienes otros asuntos más relevantes qué preocuparte.
—¿Cómo cuáles?
—Como que tu madrastra no te vaya asesinar esta vez, descubrió tu travesura del zumo de naranja con olor a orina... ¡Omi, ¿cómo puedes ser tan asqueroso?!
—¡Ah eso! —bostezó Omi despreocupado, yo desencajé el rostro—. ¡¿Qué?! Tampoco es mi orina, ¿está bien? ¡No soy tan sucio! Es de Dojo. Pretendía botarla esta mañana, pero me levanté tarde, ¡ya! ¡¿Podemos irnos?! —rezongó.
Omi forcejeó y se liberó de mi agarre, se frotó donde lo había agarrado y se fue. Inhalé aire y lo seguí despacio. A causa de la gripe mis planes para sentarme a escribir mi novela el fin de semana se arruinaron, el trabajo y los estudios me absorben completamente. Pese de que estoy a mitad del capítulo veinticinco —por accidente el Dragón del Fuego ha roto la escala de mosaicos, liberando, sin saberlo, al espíritu de Sabini quien usurpó el cuerpo del Dragón de la Tierra para ejecutar sus planes maquiavélicos. Aterrorizada, no decide contar a nadie lo que ocurrió, ahora averiguar cómo ella se las apaña para derrotar a este demonio y salvar al pobrecito de Clay lo tendrán que averiguar ustedes mismos; siento que saben demasiado, además que he escrito este capítulo en base de hacer una reflexión sobre los errores, quizás es un poco de carácter autobiográfico en el fondo. He cometido muchos errores y de todos ellos aprendí que la vida es un camino de ensayos y errores, siempre nos equivocaremos, no saldremos nunca de ello, pero de cada uno podemos descubrir algo nuevo, hasta modificar nuestra conducta, y volver a intentar. También aprendí que la comunicación es la clave para zanjar las diferencias, para más detalles consulten el capitulo veintidós y vean como a los monjes se les complicó todo y casi triunfa el chico genio del mal—, no obstante, me parece que debo culminar la segunda parte con algo ¡explosivo!
No sé si ustedes muerden la idea, me refiero a que me gustaría cerrar la segunda parte de mi novela con suspenso y acción. Sólo que no sé qué podría servir. La primera parte concluyó cuando la bruja Heylin regresa en carne y hueso. La segunda tiene que superar a la primera, así la tercera arranca con mucha energía. Espero que mi proceso creativo se reponga cuanto antes. Bueno, tengo tiempo mientras termino de escribir el capítulo veinticinco. Después yo quisiera escribir acerca de un capítulo que involucre a la nieve, ya saben como el tema de la navidad está predominante me parece lo adecuado. Hace poco vi en la televisión unos niños armando un muñeco de nieve y se me iluminó el foco. Cuando llegamos al apartamento, yo puse la caja en la mesa. El muchacho se encaramó a la silla y abrió la caja. Dobló el cuerpo metiéndose adentro.
—¿Qué es esto? Vi que lo llevabas en el transcurso del viaje...
—Son algunos adornitos para decorar la casa pues que se acerca la navidad es mejor tenerlo todo listo, ¿qué te parece? —sonreí. Omi sacó la cabeza y puso una mueca.
—Uhm, navidad, ya perdió la gracia el misterio la caja...
Brincó de la silla. Esto sí que me sorprendió. Los niños aman la navidad más que cualquier otra cosa pues que es una temporada prolongada de vacaciones, golosinas, caries, juguetes, berrinches, fuegos artificiales y nieve. Esta suele ser la época en que ves las caras felices de los pequeños. ¿Será que para la cultura de Omi es otro día del año? ¡No, qué va!
—Yo creía que a los niños les gustaba la navidad.
—A los niños mediocres les gusta la navidad, a mí no, para mí no son más que patrañas.
Tal vez puede ser que lo asuste Santa Claus, los padres a menudo obligan a los hijos subirse a las piernas del barbudo, se asustan y rompen a llanto. O puede ser que Omi haya perdido la inocencia y un soplón o algún compañerito le comentó que Santa Claus no existe... ¡¿Y si fue el idiota?! Si bien también cabe la posibilidad que Omi haya visto a su padre colocar los regalos al pie del árbol y se haya desencantado entonces. ¡Uf me parece oír un monólogo de Scrooge, el característico personaje recordado por su animadversión hacia la navidad!
—Kim —susurró Omi— ¿crees que te sería posible que me llevaras a la carrera del viernes veinte de noviembre? Nunca he visto de cerca una carrera de automovilismo y me gustaría hacerlo.
—¿Qué carrera?
—¡Oh! ¡¿Entonces no sabes?! Es que mi hermano Raimundo y Jack se pusieron de acuerdo para hacer un recorrido en automóviles de carrera a través del desierto quien gane la carrera obtendrá un premio, ¡quiero saber quién gana! Se efectuará a las tres de la tarde el veinte de noviembre, aunque habrá que preguntar a Raimundo donde porque esa parte no me quedó muy clara.
—¿Una apuesta? ¡¿Raimundo y Jack?! ¡Pero si los dos se odian a muerte, no soportan estar en el mismo sitio!
—Bueno —se encogió de hombros—, sí, se odian, pero los une a ambos un nexo en común y esa eres tú. Los tontos están enamorados de ti. ¡Si la apuesta es hasta por ti! El vencedor se queda contigo ¡UPS! —Omi se tapó la boca como si hubiera dicho algo malo— ¡no! Yo quise decir que el vencedor se queda con el higo.
—¡Ya Omi! Oí muy bien lo que quisiste decir, ¡si este es otro de tus trucos, te advierto...!
—¡¿Mis trucos?! ¡Oh por favor, ¿cómo podrías dudar de la honra de un Monje Guerrero de Shaolin?! Lo que te conté es verdad si no ve y pregúntaselo a Raimundo, pero ¡espera! A lo mejor yo entendí mal y no te apostaron igual que un Shen Gong Wu...
Entreabrí la boca. Debe ser que mis ojos se enturbiaron conforme seguía escuchando ya que Omi se encogió en su silla. Al pequeño le iba a costar enormemente sacar la pata del fango, cada vez se estaba hundiendo más aprisa, ¡¿en qué cabeza cabe?! ¡¿Apostarme?! ¡¿Cómo si fuera un objeto de su propiedad?! ¿Alguno consideró mis sentimientos? ¡No señor! Él va a tener que oírme.
—¿A dónde vas? —preguntó Omi moviendo la cabeza para buscar mis ojos.
—No te muevas y termina de comer, yo volveré de inmediato.
Estrujé la servilleta y me limpié. Empujé la silla hacia atrás y me levanté, me recogí el pelo detrás de la oreja y salí. Casi terminaba de comer. No le hace bien a la digestión enfadarme, ¡pero es que me lo provoca! Después de esto mi estómago comenzaría a quejarse. Ya había pasado el mediodía, el idiota debió haber salido del trabajo y estaría en su casa almorzando. Tenía pensado muy bien que iba a decirle. Golpeé su puerta, crucé los brazos bajo el pecho y zapateé con el pie izquierdo alzando grandes surcos de polvo. Raimundo demoró en abrir.
—¿Sí? —dijo con voz estrangulada. Percibí un susurro similar al soplo del viento en cuanto nuestras miradas se encontrado— ¡oh Kim! Sabía que tarde o temprano vendrías hasta mí... ¿vienes a presentar tu candidatura para ser mi novia? —el idiota apoyó el brazo del marco de la puerta, torció la mueca en una sonrisa complaciente. Puse los ojos en blanco, cansada.
—Muy gracioso, esto no tiene nada que ver con ninguno de nosotros. Vine a advertirte que para mal o bien de algunos u otros, Omi y yo iremos el veinte de noviembre a ver la carrera entre tú y Jack, ¡¿cómo pudiste hacerlo, Raimundo?! ¡¿Acaso supongo el que es traidor una vez es traidor siempre?! ¡Yo decidí perdonarte, ¿esta es toda la contestación que recibo?!
—¿Cómo lo averiguaste...? ¡¿Te contó él?! —el ceño de Raimundo se vino abajo y señaló a Omi. El interpelado retrocedió dos pasos escudándose. Yo hice un ademán irguiéndome, le di un manotazo en el hombro.
—¡No lo mires a él! Contesta la pregunta.
—Kim, en realidad no es lo que parece, fue idea de Jack...
—A la que tú accediste —completé con una nota de voz irritada claramente.
—Lo hice por protegerte, dijo que si no aceptaba los términos de la apuesta significaba que tendría el camino libre contigo y tengo un presentimiento con respecto a ese hombre. No sé, hay algo extraño en él que no me agrada en absoluto. Es un hombre malo, no me gusta para nada que se te acerque ni la forma en que se te queda mirando como con cierta depravación. Deberías alejarte de él.
—Sólo dices eso porque estás celoso de que él me corteja también. ¡Oh por favor conozco a Jack! ¡¿Depravación?! Él es un pesado, pero de saltar a hacer una maldad es demasiado. Si bien; reconozco que podría estar equivocada como en muchas veces, así que si tú tienes una prueba, por mínimo, de lo que dices es verdad... ¡me callaré y te daré toda la razón!
—No soy celoso y lo que es peor es que no tengo pruebas —masculló entre dientes lastrado por la rabia—, pero te prometo que las tendré y te demostraré que tengo razón; vamos nena, no te enojes conmigo por eso, yo quería ganar porque no quería que Jack tuviera la victoria, no iba a suceder nada después de eso, ¡tú me conoces, princesa! ¡Seamos felices! —esbozó una sonrisita pequeña. Aun no me olvidaba esa frasesita, cuando estábamos conociéndonos la dijo como dos o tres veces— ¡él mismo admitió en mi cara que contrató al ladrón y saboteó el ascensor ese día, Jack quería hacerse el héroe delante de ti!
—Provocaciones quizá, Jack es manipulador —repliqué con la voz temblorosa— y también mentiroso, es probable que haya dicho todas esas cosas para amedrentarte y no sean verdad, ¿no te digo que él me quiere devuelta? Puede ser muy persuasivo cuando quiere, haría todo lo humanamente posible para asegurar sus objetivos, típico pensamiento de los hombres de negocios.
—No, esto tiene que ver mucho más allá que un patrón de conducta. Estoy seguro pero ¿por qué no quieres darme un voto de confianza o el premio de la duda razonable? —gimió. Yo exhalé hondo.
—Me parece todavía difícil de tragar...
Campanas de advertencia barbotean en mi mente cuando recuerdo la vez en que Guan fue a visitarme a mi apartamento y me dijo que anduviera con cuidado con Jack cuando recibí las rosas. No sé por qué me dio la impresión que estuviéramos hablando de un delincuente, aun mantengo mi posición sobre el día del asalto, pero en relación a la apuesta... a menos que su intención preliminar fuera asediar a Raimundo no hallaba otra explicación. Fervientemente creo que él está celoso, la sombra de sus sentimientos no le permite pensar con claridad. Lo único que hacía ruido en mi mente eran las insinuaciones de Guan. La fortaleza con que me armé antes de abandonar la casa se desmoronó en un abrir y cerrar de ojos. Me sentía frágil y pequeña. Dosificar estas emociones intensas que van desde la rabia hasta el aturdimiento no es sencillo. Este sábado cuando Omi no esté por ahí cerca desorganizando, pienso invitar a papá al apartamento para que compruebe la evolución que he tenido estos meses y conciliarnos. Se lo prometí a Tomoko. Quizá es lo que necesito: Un día normal. Sin travesuras, ex novios sospechosos y vecinos enamorados.
—¿Tiene que ser este fin de semana? ¡¿Eso significa que no irás a verme?!
—Claro que no, Omi. El torneo es el domingo y mi padre vendrá el sábado, un día después, ajá... donde no ocurran interrupciones indeseadas.
—¿Te refieres a Raimundo? ¿en serio sería tan malo que él apareciera ese día?
—Bueno, quisiera un momento a solas con mi padre. La última vez no resultó… —hice una pausa— como debería.
Omi vaciló y salió corriendo. Yo me senté con el teléfono en mano y marqué el número de su oficina. Ahora más que nunca debe estar allí.
—¿Hola?
—Hola, ¿papá? Soy Kimiko.
—¿Kim? ¿Ahora qué sucedió? ¿Por fin decidiste venir a casa?
—Nada eso, ¿por qué lo haría? Llamaba para preguntar como estabas —¡ufff, sé que estuvo mal! No fui al grano, pero con él nunca se sabe. A pesar de que ya no vivo bajo su techo no puedo tratarlo con la misma familiaridad que Tomoko.
—Aquí todo marcha bien, sin contrariedades, ¿cómo están las cosas por allá?
—Estupendamente. Estoy ahora en mi turno de niñera, los estudios van muy bien, resolví el pequeño problema que tenía con una beca, un chico lindo declaró que estaba enamorado de mí... —¡¿cómo se me ocurre decirle eso a mi padre?! Mi papá disimuló una tos deshaciendo el nudo que se le había formado en la garganta, intenté arreglarlo— y las mascotas todavía siguen haciendo desastres, ¿te acuerdas, papá? También cuido mascotas —en una primera instancia pensé decir que Keiko salía con un amigo y estaban súper contentos, pero decidí eliminar de mi vocabulario esa palabra por el momento—. En fin, quería invitarte a mi casa para que fueras conociéndola este fin de semana, digamos el sábado, si no estás ocupado —no quise ahondar más, si decía que no lo hice antes porque no estaba desocupada creerá que para mí él es una carga. Toshiro es así, exagerado, debería ser también escritor porque con esa imaginación que tiene parece un drama de novela— claro, ¿qué dices?
—No sé, tendré que consultar mi agenda para ver si no tengo una cita —en su lenguaje eso quiere decir sí. Pocas veces dice "no sé" porque detesta esas dos palabras juntas, empero teniendo en cuenta que no es de los que no admiten así nada más lo interpretaré bien.
—¡Perfecto! No comas nada, yo te prepararé un delicioso entremés... ¿está bien? Te quiero, ¡cuídate! ¡Nos vemos el sábado!
—Adiós, tesoro.
Colgué primero. Respiré profundamente. Es oficial. Papi viene a visitarnos el sábado.
A/N: Terminamos el capítulo. Como pueden notar, me están quedando más cortos que antes (aunque todavía sigo viéndolo sin cuidado, si se supone que es algo que te gusta ¿cómo puede ser cansino?). Es uno de dos: O son demasiados capítulos y todos cortos o son pocos capítulos y todos largos. He visto novelas que cubren hasta setenta y tanto de episodios. Sin embargo, yo pienso llegar hasta cincuenta y dos en homenaje a Duelo Xiaolin, ya que se supone que Kim está escribiendo la primera serie. Yo tenía pensado que para la secuela de Quiero ser escritora, que por cierto, ya le escogí nombre y es El rostro de la traición, escribiré alrededor de veinte capítulos —no excederme de veinticinco que es mi reglón regular—, empero si va a ser la adaptación de Xiaolin Chronicles debería ser cincuenta y dos, ¡no, no, no! Fue una broma. En estos días de flojera he estado estructurando capítulos, elaborando borradores de lo que contendrá cada uno —sí, soy bien organizada—, tengo nombre para todos los capítulos (eso es muy bueno, normalmente me quedo mirando el techo estrujándome los sesos por un buen nombre). Y si todo va de acuerdo al plan, ¡lograré los cincuenta y dos capítulos! (hasta que al fin, o se me recortan o me salen largos, pero nunca como yo quiero, *se va al rincón a llorar*)
Estuve largo rato debatiéndome cuál sería el título más idóneo, si ése o Gustos personales (no sé por qué, pero he querido ponérselo a algún fic) o La tempestad. En un principio había pensado que La traición conoce mi nombre serviría para un fic de suspenso/misterio que tengo pensada escribir por ahí, pero si no le pongo el otro título ya que siento que este está tomado , tal vez se me ocurre otro, y le dejo éste... Gustos personales parece encajar para una comedia romántica. En esta secuela no entra el género de la comedia, de hecho estoy pensando si le pongo Drama o Aventura/Acción, no puedo poner ambas ya que el primer género es Romance. Si ustedes quieren ayudarme a decidir el título pueden dejarme su comentario diciendo cuál les gusta, aunque quizá prefieren un adelanto para orientarse.
Bueno, esta historia tiene a Omi como el protagonista principal. Siete años después de que haya terminado Quiero ser escritora. ¿Si recuerdan todo lo que el viejo Fung y Kim conversaron? Sí, es cierto, la madre de Omi fue asesinada y Chase es el único que sabe lo que pasó, pues Omi, a sus diecisiete años, estará en busca de las respuestas de lo que ocurrió ese día y ganando atención en el bajo mundo (por eso yo lo necesito un pelín más grandecito). Veremos si en esos años aprendiendo artes marciales sirvieron de algo ya que Omi los pondrá en práctica. Eso no se va a descubrir aquí ya que eso es problema de Omi, aquí nada más nos centraremos en los problemas de Raimundo y Kim —por qué Raimundo le teme al fuego, por qué Sagrario está en silla de ruedas, qué es lo que no recuerda Raimundo, si Raimundo y Kim se quedan juntos, si Kim se consagra como escritora, etc. —. Entonces ese es el dilema, aparecerán personajes de Chronicles (Sombra y Salvador por ejemplo), el romance es para reconectar raíces (ya que ustedes, mis chicas, se han convertido en unas tías para mi Omi, lo pueden ayudar a decidirse con cuál de las dos chicas quedarse, pero la decisión es de él...).
La historia tiene como protagonistas a Omi, Megan, Jack y a Chase de antagonista, de nuevo, pero como FanFiction es necio y no reconoce a Megan, solamente aparecerán los hombres (ahorita me acosan las fans del triángulo amoroso de esos tres así que desde el primer capítulo voy haciendo aclaraciones). La historia de Omi narrada en primera persona y la de Megan en tercera. El rol de Jack será más o menos similar al de Omi en esta historia. La traición... más que la de Chase, también es por otras cosas, me parece que La tempestad es muy buen título y personalmente me gusta, lo que pasa es que creo que es repetido. El otro no lo había escuchado jamás. Bueno, Omi si quiere puede ser buen protagonista...
—¡SOY LO MÁXIMO!
Y ya saben lo que dicen, si comienzas a oír de pronto a tus personajes hablar significa que debes ir...
—¡A consultar al consejero matrimonial!
Iba a decir a la almohada, pero fue súper gracioso ver a Omi atendiendo a las parejas. ¿No se rieron? Ay Omi, ¿quién te cree que se te escapó por accidente que Raimundo y Jack competirán? Lo hiciste para que Kim y Raimundo pelearan. Y ahora que él sabe que es una mala señal que Raimundo se presente el día en que Toshiro visite a su hija, ¡uy, me da escalofríos! ¿De verdad ven a Omi sirviendo como consejero matrimonial? Algo me dice que pronto la bola de cristal revelará un poco del futuro del pequeño Omi. El capítulo que viene ¡papi nos visita! No se lo pierdan que va a estar muy bueno malvaviscos asados: La niña de papá. Esperaré ansiosamente sus comentarios. ¡Nos leemos pronto, cuídense!
