Los personajes son de Stephenie Meyer. Solo la trama es de mi autoría.
Summary: Cuando el rumor de un triángulo amoroso estalla en el pequeño pueblo de Forks, lo que menos se imaginó Bella era que ella también se encontraba incluida en aquel embrollo. —Dime que mi ex novia y mi ex amiga no están compartiendo la misma polla. ¡Dímelo! —rugió colérico provocando una ola de miedo en cada entraña de mi cuerpo, sus ojos verdes me atravesaron cual guillotinas afiladas esperando una respuesta; y, sin embargo, no pude defenderme, porque eso sería aún peor.
Remember those walls I built?
Well, baby they're tumbling down
And they didn't even put up a fight
They didn't even make up a sound
Beyoncé.
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Perception.
By
MarieelizabethCS
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¿Cuidarme?
A pesar de haberlo escuchado tras la puerta hace solo dos segundos, nada, absolutamente nada me habría preparado para ver al hermoso hombre que aún era Carlisle Cullen, ingresando a la habitación, vestido de traje gris plomo, zapatos de cuero negro, corbata azul oscuro; portando una sonrisa brillosa tan parecida a la de Edward colgando de sus labios. Que. Hombre. Tan. Hermoso.
Mis recuerdos de él no le hacían justicia.
Las mejillas se me encandilaron mientras lo veía —Entre espantada y aturdida por su presencia— bebiéndome la imagen del señor Cullen.
Está bien cálmate Bella, es s-solo el papá de Edward… él siempre ha sido guapo y misterioso. Muy guapo a decir verdad. Edward lo era todavía más, sin embargo Carlisle poseía un aura de tranquilidad y madurez que atraía a todo el mundo.
Sin mencionar que él, era quizás, la versión madura de Edward.
Sus ojos azules se detuvieron en seco en nosotros dos. Parpadeó un centenar de veces y cerró la puerta tras él.
¡Oh claro! Como olvidar la espantosa situación en la que nos había descubierto.
Me hallaba sobre el regazo de Edward, su hijo, componiendo una escena indecorosa. Penosa. E intima ¡Frente a su jodido papá! ¿Cómo me puede estar sucediendo esto? ¿Cómo? La vergüenza más profunda y visceral me envolvió como la lava, acorralándome y dejándome indefensa ante el escrutinio de sus ojos.
¡Y todo por culpa de Edward! ¡¿Qué mierda le pasaba?! ¡¿Por qué no me soltaba?! ¿No veía que podíamos meternos en problemas? Carlisle nos iba a montar una bronca tremenda por esto ¿Por qué parecía no importarle de nada?
Edward me agarró con más fuerza de la cintura y enterró la cara en mi pecho, negándose a verme y de paso empeorándolo todo.
Estas. Acabado. Idiota. Lo sentencié con un grito interno de guerra.
Gruñí en un tono traído de no sé dónde, llena de ira explosiva, enterré las manos en la suave cabellera de Edward con el fin de jalarlo con toda mi fuerza, provocando que siseara adolorido y maldijera bajo su aliento, forzando su aliento en mis tetas.
Pero un aun así, él muy tonto no quiso separarse ni un milímetro de mí.
—Oh… ¿Cómo estas Bella? Hacía mucho tiempo que no visitabas a Edward— aunque la sonrisa blanquecina de Carlisle no flaqueó al saludarme, era evidente que la posición—extremadamente indecente— en la que nos encontró lo había incomodado. Carajo, ¿Por qué? ¿Por qué?
¿Por qué no nos mandaba al carajo? ¿Por qué no se veía molesto?
—Eh yo… si… umm. —balbuceé incómoda, jalando con más fuerza de sus mechones cobrizos—Edward y yo… es que nosotros…teníamos que…
—No molestes papá—la voz apagada de Edward, me interrumpió. Las vibraciones de su aliento me golpearon de lleno en el pecho, donde todavía se escondía. Me mantuve lo más serena posible, a pesar de que me enloqueció por dentro el calor que se desprendió de su voz—Se suponía que llegabas en la noche.
Carlisle nos miró de una forma extraña, como si una sombra de preocupación se posara en su mirada siempre calma.
Pero aquello desapareció en menos de nada, dejándome confundida.
—Hola también para ti hijo. —murmuró cansado—La conferencia terminó más pronto de lo esperado así que tomé el primer vuelo disponible.
Eso no había cambiado, deduje mientras recordaba. Carlisle era médico neurocirujano, uno de los mejores del país; a pesar de ya no laborar en clínicas ni hospitales, Carlisle había dedicado su vida a instruir a hospitales y facultades de medicina por todo el país, sobre sus conocimientos, trabajando como un consultor externo a las instituciones; nombrado así, como una eminencia de la salud y un profesor de cátedra de bastante importancia a nivel nacional.
Lo mismo, provocaba la usencia de Carlisle—casi permanente— en la casa de los Cullen. De niños, a Edward le fastidiaba el hecho de que Carlisle prefiriera su trabajo a estar con él y eso una que otra vez, terminó estallando en medio de rencillas y palabras hirientes. Incluso hoy podía recordar aquellos encuentros duros.
Jumm.
De repente Edward me alzó de su regazo con total ligereza para después, ponerme a su lado, haciéndome sentir como una muñeca de trapo, inútil, y sin voluntad. Aunque me alegré de que hubiese captado al fin lo evidente, también era enervante ¿Solo hasta ahora se da cuenta de lo inadecuado de nuestra cercanía? Cerdo egoísta. Lo observé de mala gana y le asesté un buen golpe en la cabeza para que aprendiera.
—¿Qué diablos te pasa? —se quejó sobándose la cabeza.
—Eres un estúpido, eso me pasa.
—¿Yo?
—Olvídalo. —dije entre dientes, sabiendo que su cabeza distraída no lo daba para tanto.
—¿Qué quieres decirme? —insistió.
—¡Que lo olvides te digo!
—Está bien. —aulló molesto.
—Me alegra que otra vez sean amigos. —¿Qué? Edward y yo giramos a ver a Carlisle con caras fruncidas ¡Él aún estaba aquí! Y nos veía con una sonrisa de las suyas, luciendo más relajado que hace un momento—En verdad que sí.
Edward bufó y retiró la mirada con hastío como si le molestara profundamente su papá.
—Eso estamos intentando—murmuré, para no quedarme en silencio—Edward y yo…
—Déjalo, no importa—dijo Edward, agarrándome la mano. ¿Él no quería que hablara de nosotros o no quería que Carlisle se enterara? Me era difícil entender que pretendía.
Mi vista viajó de Carlisle a Edward, sin poder entender que pasaba entre ellos; a pesar de que nunca fue algo relevante para mí, ahora notaba que el resentimiento de Edward había crecido mucho a través de los años. Ya no se trataba de berrinches infantiles… era algo más que eso.
Carlisle me miró con disculpa, y yo, sin saber cómo reaccionar o sentirme con ello, bajé la mirada a nuestras manos entrelazadas.
Nosotros éramos los que debíamos disculparnos; no estaba bien la manera en la que nos encontró.
El sonrojo se iba a volver permanente en mis mejillas de seguir así.
—Creo que mejor me voy a casa—le dije a Edward, provocando que sus ojos verdes e intrigantes se dirigieran a los míos. Sus labios adoptaron una línea recta, dejándome claro el inconformismo que sentía.
Rodeé los ojos.
—Es tarde. —me adelanté a sus objeciones.
—Pero aún no terminamos de hablar. —me reprochó usando un tono quejoso.
—Lo haremos en otro momento. —le respondí para calmarlo. —Y en otro lugar— agregué en advertencia; la llegada imprevista de Carlisle no era más que una señal del destino. En su lugar pudo haber sido, Emmett, Alice o Esme quien nos encontrara en aquella postura comprometedora. Había sido fatal de todos modos, pero incluso así, Carlisle no dijo una sola palabra al respecto, como tampoco nos regañó por nuestra imprudencia.
La situación hubiese sido realmente diferente de haberse tratado de otro Cullen.
Alcé la mirada a Carlisle, pero él ya no se encontraba en la habitación. ¿Cuándo se marchó?
—¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué querías que nos encontrara así? —indagué, aprovechando que de nuevo estábamos solos. El hecho de que nos expusiera de esa forma, no podía ser simple coincidencia; Edward así lo había querido.
Se inclinó sobre mí, haciendo que mi corazón tronara más fuerte en mi tórax a medida que se acercaba. Escurrió sus labios tenuemente sobre los míos, repasándolos con su carne, envolviéndome en un estremecimiento que solo él podía producirme.
—Porque la opinión de Carlisle Cullen, no es relevante—respondió sin dejar de rozarme—Dejó de serlo, desde mucho tiempo atrás. —Edward sonó indiferente y frío, a pesar del fulgor que leí en sus ojos que contradecía sus propias palabras. Entre cerré los ojos. Edward podía ser muy convincente con las mentiras, tenía un don para ello; sin embargo, él no podía mentirme a mí, por más que lo intentara.
Me enloquecía que lo pensara si quiera, el muy imbécil creía que yo era como los demás.
Cogí su labio inferior entre mis dientes y lo mordí con fuerza.
Edward se retorció, y sin quejarse pasó sus manos a mi cintura de nuevo para apretarme los costados fieramente.
—Piénsalo dos veces antes de mentirme—le siseé luego de soltarlo. Edward se lamió el labio recién maltratado, lanzándome una mirada tan potente que me petrificó.
—¿Cómo carajos lo haces? —me preguntó iracundo, molesto con el hecho de que no podía ocultarme nada.
Sonreí de forma superior y alcé una ceja—¿Te jode?
—Es inquietante nada más—pareció aplacarse un poco, pero todavía se veía molesto. No pude evitar reírme por lo tonto que era y en respuesta él afianzó su agarre. —Dímelo.
Él quería una respuesta, a pesar de que él hacía lo mismo conmigo a cada momento, leyéndome los pensamientos sin mi permiso.
Lo besé en la mandíbula tomándome mi tiempo, lentamente mientras escuchaba como se le cortaba la respiración por momentos. Sonreí contra su piel, disfrutando de su reacción.
—Puedo leer tus sentimientos con facilidad, así como lo haces conmigo—él gruñó cuando me escuchó, pero no dijo palabra alguna—¿Satisfecho?
Se me abalanzó encima, empujándome contra la cama con el peso de su cuerpo presionándome por completo. Me reí sin razón en tanto Edward iniciaba un ataque de besos succionadores en mi cuello, ardosos e incitantes que lograron hacerme perder el hilo de mis pensamientos. Mierda… de nuevo el calor hizo su aparición, como cada vez.
Cerré los ojos con fuerza y me sostuve de sus hombros para anclarme a la realidad.
—Te gusta retarme ¿Verdad?
—Le estoy tomando cariño—respondí riendo a carcajadas. Edward volvió a llenarme de besos vengativos por toda la cara y yo me retorcí con cada espasmo que me atravesó. ¿Hace cuánto tiempo no me divertía de esta forma? Con los chicos siempre había diversión, pero se trataba de otra clase de diversión. Pasábamos el rato hablando tonterías o jugando video juegos de Seth; era genial estar con ellos. Peo era distinto con Edward, la sensación era más intensa, más infantil, pero a la vez muy profunda —Detente…
—Tú empezaste. —me retó, con una sonrisa malvada en los labios.
—¡Pues yo lo termino! Me tengo que ir.
Edward resopló perdiendo el buen ánimo de repente, con resignación me besó la nariz y luego se dejó caer a mi lado. —Si te preocupa Carlisle, te aseguro que él no dirá nada.
Me apenaba lo sucedido, pero no se trataba de eso.
Me recompuse y apoyé la cabeza sobre la mano, dejando caer mi peso sobre el costado—Lo sé, no creo que tenga esa intención, después de todo no nos reprendió —aunque debió hacerlo, si lo pensaba bien, era extraño que no lo mencionara—Pero los demás no deben demorar en llegar y sí que sería un gran problema que me vieran aquí.
Edward observó el techo, en completo silencio.
—Todavía seguimos igual —susurró concentrado en lo que veía, dejando que una expresión sombría tomara su bello rostro—No hemos conseguido llegar a ninguna parte.
Me entristecí entendiendo lo que quería decir. Era frustrante sentir todo este acumulo de sensaciones, sin poder realmente disfrutar de ellos por completo; porque por más que tuviésemos esta increíble conexión, que nuestros cuerpos se sincronizaran de forma asombrosa o que los besos que nos dábamos fueran tan adictivos y genuinos… lo verdaderamente importante no estaba resuelto aún, era más complicado que solo a sincerarnos o dejarnos llevar por el fulgor del momento.
Suspiré, el vacío volvió a asomarse al borde de mi alma. No se puede forzar algo dañado, ni pretender repararlo con solo usar la buena voluntad.
Las palabras de Reneé vinieron a mi mente sin proponérmelo "A veces no basta con solo amar, somos humanos y por lo tanto tenemos ambiciones que no podemos manejar u olvidar por más que queramos a una persona…"
Sacudí la cabeza, silenciando el sonido de su voz.
Jodida Reneé. Como detestaba a la muy desvergonzada.
Para ella fue tan sencillo dejar a las personas que "amaba" por buscar un beneficio personal y superficial; así era ella en realidad, una mujer de vanidades y apariencias refinadas.
Pero yo no era así. Ni quería serlo y mucho menos prestaría atención a sus palabras de nuevo.
—¿Te rindes con esto? —pregunté en un murmullo; tenía que saberlo, me preocupaba que se diera por vencido tan pronto.
Edward giró la cara y solo con apreciar la expresión determinada en su rostro respiré más tranquila.
—Jamás haría algo como eso Bella. —sonreí dejando atrás la tensión que por poco me dominó—Si hay algo que deseo con ansias hacer en este mundo, es convertirme en alguien digno de ti, alguien en quien puedas confiar sin dudarlo. —el corazón me palpitó lleno de fuerza y vitalidad, solo con escucharlo. Las mejillas me dolieron debido al sonrojo que de seguro tenía iluminándome la cara.
La seguridad que transmitía a través de sus palabas, me hizo creer que podíamos luchar con lo que sea que se nos atravesara en el camino, aun cuando nuestra meta no fuese tan realista.
—Yo solo quiero que podamos superarlo algún día. —aparté la mirada, escondiéndome tras un mechón de cabello, sabiendo que lo siguiente que diría no sería de su agrado —Sin importar que volvamos a ser solo amigos. Ante todo, quiero que estemos bien.
El silencio colapso sobre nosotros en cuanto dije aquello. Me mordí el labio, odiándome un poco por hacerlo sentir mal y terminar de arruinar la burbuja en la que estábamos inmersos; lo último que deseaba era eso. Lo amaba demasiado, pero no era ciega ni idiota como para ignorar los riesgos que corríamos el uno con el otro.
En mi corazón existía la esperanza de un "nosotros", entrelazado a un final feliz lleno de amor y éxtasis. Pero al lado de aquellos sentimientos, también se hallaba la espina venenosa que se negaba a salir de ese lugar tan delicado y frágil; esa espina que me lastimaba al hacerme consciente lo difícil que era nuestra situación actual.
¿Tendríamos lo que anhelábamos o no?
Juntos.
Separados.
¿Cómo terminaríamos Edward y yo? Nada era seguro en este punto.
—Te quiero, más de lo que imaginas—le dije cuando noté que se ponía en pie. Lo miré por entre las hebras de mi cabello—Y eso jamás va a cambiar… suceda lo que suceda entre los dos.
Pude ver la seriedad ahondándose en sus ojos y como su mandíbula trituraba el aire dentro de su boca.
No quiero que te sientas mal, tan solo deseo que entiendas lo importante que es para mí estar a tu lado.
Permanecer junto a ti, aunque solo seamos amigos, es más que suficiente. Deseé decirle eso, pero no me animé.
—Vamos, te llevaré a tu casa. —la forma en que habló, tuvo un efecto desolador que me negué a analizar. Esperaba otra respuesta de su parte, quizás que me quería de igual manera, más no fue así. Y lo entendía. De alguna manera solo había logrado poner una traba innecesaria en el camino ya complejo.
Asentí por inercia poniéndome en pie, reacomodé el mechón salvaje tras mi oreja y respiré profundamente.
—¿Estas molesto? —le cogí la mano y la ubiqué sobre mi cadera, haciendo que el espacio entre los dos, al menos el físico, disminuyera.
Edward volcó su mirada verdosa en mi endeble e inseguro cuerpo como una maquina demoledora de montañas. Tragué con dificultad, no teniendo otra opción que soportar la ferocidad de sus orbes esmeraldas.
—No.
Arrugué el ceño.
—Sí que lo estás—rebatí sin pensarlo dos veces. —Y no era eso lo que quería que pasara.
Nuestros sentimientos se volvieron evidentes con solo una mirada, los suyos pasaban a través de él tan claramente como el agua cristalina. Pude ver la rabia, la decepción y la angustia tomando control de Edward.
—Edward no me mal entiendas, lo que quise decir es que estaré contigo, aunque nos limitemos a ser amigos.
—¿Es eso lo único que quieres? ¿Nada más?
Rodeé los ojos, por el tono altivo que usó.
—Sabes que no. Lo quiero todo, lo bueno, lo malo; pero contigo, nadie más ¿Comprendes? —me puse de puntillas y lo observé más cerca, a quince centímetros separándome de sus ojos—Y si dado el caso, por terrible que suene, decidamos no tener nada…
—¿Por qué estas volviendo a sugerir algo como eso? —me interrumpió sonando molesto al fin, dejando surgir lo que verdaderamente sentía.
—Porque puede pasar y no quiero perderte otra vez. —confesé intentando infructuosamente amarrarme el corazón dentro del pecho, no quería exponerlo al dolor, por más inadecuado que sonara. Porque ya lo tenía en peligro aunque me negara.
—Me dices que quieres estar conmigo pero después empiezas a decir que seamos amigos. No te entiendo. —cerró los ojos por un momento, abatido.
Había provocado su malestar y eso me puso los bellos de punta, creo que debía callarme más a menudo.
—Te quiero seamos lo que seamos. Punto. Ya deja de actuar como si yo fuera la mala aquí—me alejé de él por completo, encaminándome a la salida dando zancadas—Solo digo que no te vas a deshacer de mi tan fácilmente.
Él se quedó de pie, con la mirada perdida en un punto de la habitación, como extraviado de repente en sus pensamientos.
—No puedo entenderte—susurró, alcanzándome camino a la puerta—Por más que lo intento, no sé cómo funciona tu cabeza.
Me encogí de hombros, dándome por vencida ¿Era complicado lo que deseaba transmitirle?
No dijimos palabra en tanto recorríamos el mismo camino que realizamos al llegar a la casa; pasillos, escaleras, estancias, todo sucedió en un borrón amargo que no me detuve a mirar. Carlisle no estaba a la vista, así que me ahorré el incómodo momento de la despedida, al menos. Edward venía tras de mí con las manos en los bolsillos y con la mirada clavada en mi nuca. Lo sentía pulsar en mi piel tal como un aguijón de avispa lo haría en su lugar.
Carraspeé, insegura de lo que pasaría ahora.
Abrió la puerta de copiloto, instándome a subir al auto en silencio.
Suspiré empezando a sentirme realmente mal por lo que le dije antes.
—Voy a decir lo que pienso cada vez que sea necesario. —no iba a esconderle nada.
—¿Disculpa? —inquirió confundido, observando siempre al frente.
—Como lo oyes.
—¿Cuál es tu jodido problema? —me preguntó de vuelta, exaltado.
Chasqueé la lengua, a un pelo de saltarle encima y largarme a golpearlo con todas mis fuerzas—Mi jodido problema es que no sabes escuchar. Te estoy diciendo que te quiero, que amaría tenerte conmigo para siempre y que renunciaría a lo que sea por ti, sin mirar atrás. ¡Pero tú no lo captas! —grité haciendo que el contorsionara sus de dedos en el volante—Aún si todo lo que obtengo de ti es tu amistad… aun si después de todo no te quedas conmigo… aun así sería dichosa ¡Porque estaría a tu lado incondicionalmente!
—Bella…—empezó a decir en tono impresionado.
—¡Cállate! Mira lo que me haces decir—bufé cruzándome de brazos y mirando a la ventana, llena de ira—No digas nada que estoy cabreada. —agregué en amenaza, más que todo por prevención. Estaba crispada hasta la mierda, de escuchar una tontería más por parte de él, no sería capaz de detenerme y acabaría arrancándole hasta el último de sus cabellos.
Pasamos el resto del camino en medio de un ambiente enmudecido y pensativo. Cada uno por su lado, sumergido en lo suyo.
Ugh, que hombre tan irritante y estúpido ¿No me pude enamorar de alguien como Seth? ¿O como Mike? Tenía que ser el más problemático, hermético, irracional, celoso, intolerante….
¡Ahh! Yo y mi radar para hombres bellos y sordos.
—Lo siento. —su voz fue baja y sinuosa, como si me quisiera reconfortar.
Disfruté de aquel sonido, solo porque el tono de voz aterciopelado que tenía, lograba hacerme sentir mejor.
Me dediqué a observar el pueblo, limitándome a mirar como el atardecer recaía sobre las casas y pequeños edificios ubicados en la vía principal. Se trataba de una vista nostálgica, pero también cálida. Por el momento, era la cosa más interesante de ver, aparte de Edward.
Cinco minutos después, me estaba bajando de su auto, adelantándome para llegar sola a mi casa.
—Bella, espera. —me llamó al cruzar la calle aledaña. Todavía me sentía molesta con él a pesar de saber que estaba exagerando con mi reacción. Estaba muy lejos de lo que usualmente solía hacer, me consideraba una mujer que enfrentaba lo que fuese con determinación. Pero justo ahora, lo único que deseaba era esconderme tras la seguridad de mi casa. Huir de él.
Carajo.
Apuré mis pasos y conseguí llegar al porche sin mirarlo una sola vez.
Edward me había hecho decir todo eso a gritos. ¿Qué pensaría ahora de mí? ¿Qué era una regalada? O ¿Tal vez que podía tenerme de por vida como segundo plato?
Apreté las manos, más furiosa conmigo misma que con él. Le dije la verdad, no tengo por qué sentirme de esta forma tan nauseabunda. Entonces ¿Qué demonios estaba mal? ¿El hecho de que él no entendiese mis sentimientos o el que me rebajara a ser solo una espectadora en su vida? Por un demonio, ¿Qué fue lo que hice?
Soy una patética, mujer enamorada de un cabezota que solo comprende a los golpes y gritos.
—No tienes que decirme nada. —le dije cediendo a la presión que ejercía con su sola presencia y me giré a verlo por fin. Me encontré con su cara llena de preocupación y el cuerpo encorvado hacía delante. —Olvidemos lo que paso.
Edward se vio sorprendido por algún rato, con las cejas cobrizas levantadas al borde de su cabellera, antes de negar de un lado a otro—¿Por qué estas actuando tan extraño? —murmuró con cansancio, largando un paso enorme para alcanzarme. Aunque me encontraba en lo alto del porche y él en el primer escalón, nuestros ojos quedaron al mismo nivel debido a su gran estatura.
—¿Yo? —¿Eso era todo lo que tenía que decirme? De alguna forma era tranquilizante y exasperante al mismo tiempo que me preguntara por mi actuar y no por la verborrea que sufrí en su auto.
—Sí, estábamos bien y luego empezaste a decirme todo eso…—se rascó la nuca, tartamudeando al final. Ugh.
Edward tartamudeando. ¿Por qué me tentaba así? Se veía tan adorable…Me mordí el labio para contener la increíble necesidad de abrazarlo que brotaba de mi —Ya te dije que lo olvidaras.
—Yo tampoco quiero dejarte ir. —replicó serio, dejando la inseguridad de lado—Sé que soy egoísta y que no tengo derecho sobre ti, mucho menos después de las estupideces que cometí; pero Bella, tú me perteneces tanto como yo a ti. Lo deseo todo a tu lado.
Los ojos le brillaron hermosamente, tentando mis sentidos al máximo. ¿Cómo lograba verse más guapo? ¿Cómo podía hacer bailar mi corazón solo con unas cuantas palabras?
Viéndolo me percaté de lo estúpida que me había comportado todo este rato, ahogándome en un futuro del que me era imposible prever. Dejando que las palabras de Reneé me encerraran sin que me diese cuenta. Porque allí estaban, revoloteando a mi alrededor, por más barreras que impuse.
Bajé la mirada a la madera de los escalones, con la sensación de que me hacía pedazos, invadiéndome el corazón y los sentidos. Fue desgarrador el saber que ser amigos, nunca sería suficiente para mí. Que sufriría tremendamente verlo realizar su vida, deseando que estuviese conmigo a cada instante. Sería un infierno eterno. Moriría en vida.
No podría soportarlo.
No quería que sucediera.
Edward y yo… Edward y yo no seríamos felices si nos convirtiéramos en solo amigos.
Yo también era egoísta.
Ya que lo deseaba todo. Todo o nada.
—Tengo mucho miedo, Edward. Miedo de que estemos tomando el camino incorrecto. ¿Y si no estamos hechos el uno para el otro? ¿Si nuestro destino era permanecer lejos después de todo?
Edward me abrazó, adhiriendo mi frente a su pecho, dejándome reposar contra su dureza. Me tomó desprevenida, como era habitual, y sin embargo en esta ocasión le agradecí profundamente, el gesto acogedor. Lo necesitaba, tanto que me dolía.
—Te amo.
Me dejé llevar por la sorpresa, aferrando las manos a su camiseta dejando ir mi última gota de energía. El doloroso tronar de mi corazón, elevó su volumen al cielo, tan alto que Edward de seguro lo escuchó con suma facilidad. Me amaba. Edward me amaba. Y yo no podía sentirme más feliz y sublime, porque él en verdad me pertenecía. Su corazón era mío. Él en verdad me lo estaba cediendo.
—Deja de dudar, ya no tienes que sentir miedo. —me pidió en un tono cálido que golpeó tan fuerte en mi psiquis que me obligó a rendirme otra vez a él. Me besó el cabello, dejando sus labios más tiempo de lo que esperé. Era una sinfonía completa lo que resonaba en mi pecho y cabeza, una melodía bella y alegre que limpió a su paso el malestar anterior junto con el amargo sentimiento que me apresó debido a la inseguridad.
De repente, el problema que suponía el futuro, simplemente se minimizó. Pude sentir paz y la libertad tomándome por completo como una ráfaga de viento renovante. Sonreí y despegué mi piel de su contorno, para poder mirarlo a los ojos una vez más.
No me cansaría de decirlo, ni en un millón de años, pero ese hombre en apariencia frío y egocéntrico, era el hombre más perfecto, dulce e impetuoso que alguna vez eh conocido. Por donde lo viera, Edward era mi ensueño. La hermosa gema que se atravesó en mi camino de rosas. Con su rostro angulado, sonrisa ladeada, ojos misteriosos y cabello rebelde… todo él, era mi más anhelado destino.
Lo entendí ahora.
Edward era el destino que yo había elegido, nadie me lo impuso, yo misma tomé la decisión de tenerle a mi lado.
Me puse de puntitas y alcancé sus labios con los míos, y lo besé con todo el intrincado sentimiento que circulaba por mis venas, mientras lo empujaba un tanto al presionar nuestras pieles con plenitud. La explosión de chispas a nuestro alrededor fue palpable, al menos para mí sí lo fue, un arcoíris repleto de felicidad atrayéndonos más, enredándose en torno a los dos.
Resbalé mi lengua sobre su labio hinchado con toda la intención de saborearlo a mi antojo, sin tapujos, carente de la timidez que siempre me embargaba cuando entrábamos en contacto. ¡Me amaba de vuelta!
Conseguí a cambio un abrasador sonido de él que por poco me hace retorcer.
Colocó una mano tras mi nuca, estrellando nuestras bocas con más urgencia, y yo introduje las manos bajo su camiseta, encandilada por tenerlo más cerca, sentirlo más, palparlo entero tal y como siempre quise.
—Te amo. —le confesé al inclinar la cabeza en otro ángulo. —Te amo Edward. —volví a besarlo, esta vez permitiendo a mi lengua envolverse con la suya, en medio de una lucha pecaminosa. Gimió alto, agónico, como si le dolieran y le exorbitaran mis palabras.
Su abdomen se contrajo bajo mi toque, haciendo que el deseo por tocarle se volviera errático.
—No sabes cuánto rogué por esas palabras cariño. Aunque sé que no las merezco de ninguna manera, y que no he hecho nada para habérmelas ganado; te prometo que dedicaré cada día de mi vida para hacerme merecedor de ellas y de tus sentimientos…
Lo volví a besar, con más calma, disfrutando de la suave fricción de nuestros labios. Todo fue más calmado e igual de intenso, sin embargo noté que algo era distinto, más sólido y tenaz entre los dos.
Porque ya no teníamos nada más que ocultar.
Se sentía magnifico, pensé moviendo las manos a su espalda para sujetarlo más a mí, tenerlo por completo, sabiendo a la perfección lo que sentía por mí.
—Te amo tanto—volvió a decir, susurrándome entre besos. Sonreí contra su boca y me juré a mí misma jamás olvidar este momento; grabándome las sensaciones, los pequeños apretones de sus manos, el calor de su abrazo, la suavidad de su piel, el sabor de su boca en la mía, y el bello atardecer que se fundía con la noche a su espalda.
Estando en ese instante así, con sus labios succionado los míos tiernamente en la soledad del porche, las dudas se esfumaron, de mi vista.
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—Déjame decirte algo Seth, tú no tienes las capacidades para semejante profesión—Jess puso una mano en la cadera, preparada para doblegar a mi lindo Seth—¿Ingeniera mecatrónica? ¿Estas demente? Eso es para alumnos como Einstein o para algún nerd de ese nivel. —agregó con un movimiento de cabello engreído.
Rodeé los ojos.
Habían pasado dos semanas desde que Edward y yo tuvimos aquella conversación tan complicada, elocuente y al final, maravillosa. Tenía que admitir que desde ese día andaba sobre las nubes, feliz como nadie en el mundo y llena de vida. Oh Edward, desearía que estuvieses aquí sosteniendo mi mano. Suspiré largamente por su ausencia.
Nos veíamos todos los días entre semana, y también los fines de semana, sin que nadie más lo supiera. La pasábamos realmente genial en el prado que descubrimos juntos en la niñez, también en Port Angels, lejos de la vista entrometida de los demás, podíamos ser nosotros mismos sin que nos criticaran por ello.
Llegamos a un acuerdo después de dialogarlo por bastantes horas. Edward y yo decidimos seguir como estábamos, queriéndonos a nuestra manera, apartando títulos o nombres de lo que teníamos. Él me amaba, yo lo amaba, deseábamos olvidar los malos momentos, y recuperarnos juntos de los errores que los dos habíamos cometido.
Sencillo no iba a ser, teníamos un millar de problemas, desconfianzas, obstáculos que superar; pero era lo que ambos queríamos, hacerlo todo de la mano, sin prisas ni presiones.
Edward….
Mi corazón lo extrañaba demasiado, por muy patética que me escuchara.
A pesar de que él se encontraba al otro lado de la cafetería acompañado de Alice, se sentía como si un mar entero se interpusiese entre los dos.
—¿Qué ganas desanimándolo de esa forma? —reprochó Emmett, saliendo en defensa de Seth. Me obligué a escuchar a los chicos que no perdían oportunidad para entablar un debate. Emmett chocó cinco con Seth, para después sacarle la lengua a Jess, como un dúo de idiotas sincronizados. A veces me apetecía pegarles a palazos.
Emmett y Rose empezaron a sentarse con nosotros desde hace una semana, tan repentinamente que todos los demás nos quedamos petrificados con sus presencias. Un día normal, como cualquier otro, llegamos a la cafetería para comer algo rápido, y cual fue nuestra sorpresa cuando los vimos a los dos, ocupando nuestra mesa; Emmett sonriendo de oreja a oreja y a Rose agarrándose de su brazo, incómoda por la situación.
Si lo pensaba bien, de algún modo ellos se habían robado nuestra mesa. Y nosotros éramos los invitados ahora.
—¡Porque es un burro! A duras penas se va a graduar.
—Jess no olvides que él saltó un año por ser buen estudiante—le recordé, aplastando mi mejilla contra mí mano al apoyar el codo en la mesa—Ha aflojado por el trabajo en el boliche, pero en realidad es más inteligente que todos aquí.
—¡No lo alientes! Esa carrera es un fiasco, además de ser sufrida hasta los cojones—me peleó, pero yo no le seguí el juego.
—Si es lo que Seth quiere estudiar…—opinó Ángela, encogiéndose de hombros.
Se enfrascaron en una disputa sobre el futuro incierto de Seth, incluso Mike se metió al medio diciendo que todo era posible si se lo proponía.
Aproveché el momento, para mirar furtivamente a la mesa en la que Edward se sentaba día tras día. Casi salté de la emoción al encontrarme con los ojos brillosos de él, devolviéndome la mirada con una dulce sonrisa plasmada en sus labios apetecibles. Umm, como quisiera poder tomarlos y acariciarlos lentamente… ¡Me tenía loca!
—¿Nos vemos en el lugar de siempre? —leí en sus labios.
—Sí. —le respondí igual, sonriéndole tontamente.
Bajé la mirada y volví a sentarme derecha para no levantar sospechas, me ponía ansiosa el solo pensar en nuestro próximo encuentro en el laboratorio de química, lugar que habíamos decidido, sería nuestro punto secreto para reunirnos después de clases. Retorcí las manos sobre mi regazo, ¿Qué me pasaba? Sí ya lo habíamos hecho los últimos días, ¡No podía estarme siempre como una inmadura! Tenía que acostumbrarme a este ritmo, a la complicidad y la intimidad que surgía de los dos.
—Bella ¿Y tú qué carrera vas escoger al fin? —me preguntó Ángela recolocándose las gafas. Todos me observaron esperando mi respuesta, de repente en silencio.
—Bueno… hace algunos meses estaba segura de que literatura sería ideal para mí… sin embargo, me estoy interesando en la parte publicitaria, así que aún no me decido. —Emmett asintió entusiasmado, provocando que sonriera— Todavía tenemos un poco de tiempo.
—Pero no lo tomes a la ligera. —me advirtió Jess—Tienes que mirar los programas universitarios, las ciudades, la calidad de las facultades…
—No todos tenemos las cosas resueltas como tú—me defendió, aunque innecesariamente, Mike. Lo miré por educación y asentí.
—Mike tiene razón, además, todavía faltan dos semanas para los exámenes de admisión de las universidades; Bella aún puede pensarlo. —Seth sonrió, viendo el ceño fruncido de Jess.
—Me exaspera la tranquilidad con la que se toman el futuro. —siseó mirando para otro lugar de brazos cruzados.
Ignoramos el berrinche de Jess y nos fundimos en una conversación sobre las universidades buenas y malas del país. Se percibía en el ambiente, lo entusiasmados que estábamos con la idea de poder dejar el pueblo y partir hacia otros lugares diferentes, a iniciar nuestras vidas por fin, abandonando las raíces que nos ataban a este pueblo verde. Entonces me di cuenta, que no vería a mis amigos por un largo tiempo, ya que lo más probable es que nos radicáramos en ciudades distintas. Me entristecí temiendo que nuestra amistad llegara a su fin.
Pero callé lo que pensé, me tragué el dolor y pretendí seguir con la conversación como sí no me importara.
Crecer implicaba más que cumplir años, crecer… era también cortar los lazos que nos ataban.
Tendríamos que decirnos adiós tarde o temprano.
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Me escabullí por los pasillos en cuanto se dio por terminada la última clase del día para encontrarme con Edward. Una sonrisa se plantó en mi cara, radiante, como las que Edward siempre sacaba de mí. Las personas que sobrepasaba parecían convertirse en un borrón ordinario, como objetos sin relevancia, desplegados arrítmicos e inconsistentes. Tenía en mente, las ganas y las ansias de estar con Edward de nuevo, solo en eso podía pensar.
Sentí alivio mientras caminaba hacía el salón desocupado, por fin podría estar con Edward toda la tarde sin que nadie nos molestara de por medio.
—Eres un canalla ¿Crees que esta vez podrás hacer algo para separarnos? —¿Umm? dejé la mano suspendida en el aire, apunto de tomar el pomo de la puerta, al escuchar a Edward hablar del otro lado.
—Se lo diré a todo el mundo, incluso su padre se va a enterar si siguen con esto—¿Mike?, ¿Qué demonios hacía él en nuestro lugar? Me preocupé por lo que sea que discutían, pero ¿Cómo es que Mike se había enterado de que Edward y yo nos estábamos viendo? Maldición. Eso no era bueno.
Me crispé al oír un forcejeó extraño, seguido de varios golpe secos—Eres un bastardo de mierda, ¡Atrévete a decir algo! Solo hazlo cobarde ¡Y sabrás de lo que un Cullen es capaz de hacer! Y en esta ocasión no me voy a contener ¡Escuchaste!
—¿Y qué va a hacer el bebe de papá? ¿Acusarme? ¿De qué exactamente? —Mike lo retó emitiendo una risa sarcástica que me puso los bellos de punta. ¿Mike siempre había sonado así? ¿Tan crudo y odioso? No. Al menos no frente a mí, por lo que fue una sorpresa el que le hablara de esa manera.
¿Qué era lo que había tras esta discusión?
La inquietud hizo mella en mí, provocándome dudas al respecto. Si bien era cierto que Edward no le caía en gracia a Mike, jamás pensé que estuviesen en este extremo. La escena que se desarrollaba en el salón me dio mala espina, no solo por el peligro al que Edward y yo nos enfrentaríamos si Mike decidía contarlo todo, sino porque había algo oculto tras las amenazas.
Tomé una cantidad excesiva de aire, y me preparé para entrar al salón; debía mantener a raya a los dos.
Entonces sin previo aviso, Alice apareció justo a mi lado y golpeó mi mano antes de que pudiese abrir la puerta.
—¿Qué…?—ella hizo una mueca hastiada, a las que ya me encontraba familiarizada, arrugando su rostro delicado. Negó con la cabeza y me agarró del codo, llevándome al final del pasillo, donde no podía escuchar lo que sucedía en el salón de química.
—Estoy ocupada, ¿Qué quieres? —le pregunté soltándome de su agarre en cuanto nos detuvimos.
Alice me estudió de arriba abajo, desestimándome con la mirada.
—Veo que Edward no te ha puesto al tanto de lo que pasa. —dijo aburrida, mientras trababa sus ojos en los míos.
Apreté los labios, —No vas a lograr que tus comentarios perjudiquen a Edward. —le dejé claro, alzando una ceja.
Ella rodó los ojos.
—Eres tan estúpida…
Entrecerré los ojos en su dirección. Te voy a cortar esa lengua venenosa, enana. Apreté las manos, bloqueando las ganas que tenía de abofetearla. ¡Ya estaba bueno! ¿No? Había soportado de ella demasiado, y el que ahora quisiera meter cizaña para que desconfiara de Edward, me tenía a un pelo de cargármela a golpes.
—Y tú una oportunista ¡Ya déjanos en paz! —siseé dando media vuelta, dirigiéndome otra vez al salón; quizás Edward ya había terminado aquella discusión con Mike. ¡De la que no logré escuchar lo suficiente por culpa de Alice! O tal vez seguían adentro, dándose golpes. ¡Debía apresurarme!
—No tengo porque darte explicaciones, pero Edward te ha defendido, incluso de quienes consideras tus amigos. —murmuró a mi espalda, llamando mi atención. Me detuve, dispuesta a cerrarle la boca de una puñetera vez.
—¿De qué estás hablando? —la observé sobre el hombro, esperando a que explicara bien lo que quería decirme. —¿Qué pasa con mis amigos?
Alice se cruzó de brazos, luciendo nerviosa de repente. Eso sí que era preocupante. ¿Alice nerviosa? ¿Qué era lo que la afectaba tanto?
En menos de un santiamén, sus ojos tomaron la seguridad que siempre demostraba, y me observó cómo si quisiera traspasarme con ella.
—Tu amigo Newton te usó, para llegar a nosotros. —parpadeé varias veces, atónita. ¿De dónde había sacado eso? Estuve a punto de reírme, porque ¿Mike? ¿El mismo Mike Newton que estaba en el salón con Edward? ¿Usándome? ¿Alice estaba loca? Pero la expresión de ella no cambió ni un tanto.
Me reí por lo bajo, no pudiéndome contener más. ¿Tanto deseaba indisponerme con las personas que me rodeaban?
Es decir, ¡Mike! Él era un amigo… no, más bien un buen conocido, que siempre andaba cerca de nosotros y con el que compartíamos cada día. ¿Por qué alguien como él me usaría? ¿Y con qué propósito?
—Mike siempre ha tenido la intención de dañar a Edward, aunque no lo parezca a simple vista. —ella me reprochó con rabia, pero tras su tono, también hubo dolor. Me puse seria de nuevo dejando atrás la risa. Alice estaba afectada por este tema, más de lo que aparentaba.
—¿Por qué? ¿Qué tendría Mike contra Edward? —aunque no veía posible, lo que ella decía, un resquicio de duda se coló por mi mente.
Alice bajó la mirada, atormentada y pálida. Carajo, ¿Qué era lo que sucedía? En serio me preocupe, nada tenía sentido. No podía creer que Mike tuviese algo en contra de Edward o de su familia, pero la actitud de Alice, no era normal tampoco. Se veía quebrada.
—Porque… porque Mike es el hijo bastardo de Carlisle; y no soporta que nosotros llevemos su apellido, cuando a él se lo negaron. —bum, bum, bum. Una pieza de mi cerebro salió disparado por los cielos.
—¿Qu-qué? ¿De qué jo-jodido estás hablando?—pregunté con la voz entre cortada, temblando como una hoja marchita. —Eso… eso no puede ser verdad. —no cabía en mi cabeza la idea de que ellos...
¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios! ¡¿Qué mierda!? Mike y Edward… ellos… eran ¿¡Hermanos!?
¡No! ¿Cómo era eso posible? Ellos tenían la misma edad, Carlisle ya estaba casado con Esme cuando…
Carajo.
Mis pensamientos se detuvieron en seco, justo allí. La imagen paternal y cálida de Carlisle se distorsionó, dejándome un vacío en el pecho. No. Podía. Ser.
—Mike es nuestro medio hermano y creo que los detalles de su concepción sobran en este momento. —dijo apesadumbrada.
Carlisle le fue infiel a Esme.
¿Era posible que Alice estuviese inventando todo esto?
Todavía impactada, observé el semblante decaído de ella. Fue evidente para mí la carga que llevaba sobre sus hombros, no lo había notada antes, pero ahora era bastante clara. Alice estaba sufriendo, mucho, lo había estado haciendo por demasiado tiempo.
Me pregunté, ¿Sería esta la razón por la que era así de arpía? ¿Tal vez por eso acudía a un psicólogo?
De ser así, de ser verdad lo que me dijo, entonces las razones de su comportamiento eran comprensibles.
Porque además de todo, yo, la que era su mejor amiga, me había vuelto amiga de Mike, cuando la aparté de mi vida.
Lo. Jodí.
—Alice…—susurré su nombre, pero no tenía nada que decirle. Me sentí muy mal por ella, porque tuvo que enfrentar esa situación desastrosa siendo una niña. ¡Y yo no estuve con ella para apoyarla! Se me aguaron los ojos, de la impotencia que me embargó.
Ella no me miró de vuelta. Empezó a caminar con la mirada clavada en el suelo, su cuerpo menudo, pareció achicarse más por la postura decaída que llevaba.
—Ahora pregúntate una sola cosa Bella ¿Quién fue la persona más perjudicada con el mensaje que enviaron a todos en la escuela? —susurró avanzando lejos de mí, dejándome atrás, después de tirarme esa bomba de porquería.
¿La persona más perjudicada?
La boca se me desencajó, y las pulsaciones estallaron en mi sien. La confusión sobrevino también, obligándome a apoyar la mano en la pared. Me sentí mal, muy mal de hecho, empecé a sudar frío, una gota tras otra resbalándose por mi cara.
Ángela, Eric, Tanya, Edward y yo fuimos los afectados; pero incluso en medio de todo el embrollo de pensamientos que tenía, fue obvio que Edward y yo llevamos la peor parte.
Un zumbido desagradable se posicionó de mis oídos, y por un segundo pensé que me iba a desmayar. Todo empezó a darme vueltas, como si me lanzaran por los aires sin descanso.
Los recuerdos de los últimos dos meses, iniciaron una regresión que me fue imposible ignorar.
Seth y Mike eran a los únicos a quienes les habíamos contado la verdad. En cuanto se lo explique, pareció quedarse en trance por unos segundos sin saber de qué le estaba hablando si quiera.
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Todos teníamos los ánimos por el suelo. Mike fue el único que entró, diciendo que alguien debía tomar nota para los exámenes y las tareas que entregar. A nadie le importó su ausencia en verdad, ni si quiera a Jess. Eric había tenido la decencia de apartarse de nosotros por voluntad propia y no lo habíamos visto desde el viernes.
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Mike no se apareció, pero por lo que me dio a entender entre líneas Jessica, Mike estaba haciéndole compañía a Eric en algún lugar del plantel. Bueno, después de todo ellos eran mejores amigos. No lo culpaba.
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—¿Cuándo supiste que sentías eso por mí? —me parecía una curiosidad morbosa, pero tenía que saber.
Edward levantó la mirada, y sonrió quedadamente—A mediados de este año. —me confesó con una mirada iluminada—Aunque tú no me veías, yo siempre te vi a ti, Bella. Sobre todo en las clases que compartíamos.
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—Mike se dio cuenta de que te… admiraba en la distancia; por así decirlo.—mi boca se abrió de la impresión, viendo como se le perlaba un poco la frente. ¿Mike? ¿Cómo jodidos ocurrió eso?—Tuvimos una fuerte discusión dos semanas antes de salir a vacaciones… porque yo te estaba siguiendo, al salir de la escuela.
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Suspiré y me deje relajar tres minutos con los ojos cerrados, tenía el apoyo incondicional de mis amigos y eso se sentía genial. ––Todavía me pregunto quién fue ––murmuré, ¿Quién pudo haber hecho algo tan horrible?
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—Gracias Mike, pero papá va a pasar por mí después de la escuela para ir a hacer las compras. Tal vez en otra ocasión… —le sonreí apenada, deseando que se creyera mi mentira y que no siguiera insistiendo.
Mike reacomodó su maleta y se rascó la sien con el pulgar—Está bien, será para otro día entonces—asentí y nos despedimos con la mano. Caminé rápidamente antes de que se le ocurriera otra idea más, pero teniendo más cuidado en esta ocasión.
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—¡¿Por qué Newton te tenía agarrada?! —me ladró caminando de nuevo hacía mí con toda su altura erguida. En medio de mi desconcierto me quedé callada en tanto lo veía acercárseme como un toro embravecido; parpadeé sin tener idea de qué diablos hablaba.
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—No quiero verlo cerca de ti de nuevo—me siseó apretando la mandíbula, mientras me apretujaba más contra la pared. —Mike Newton es un cerdo asqueroso. —dijo cabreado, antes de apretar su agarre en mi cintura.
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—¿Entonces por qué compraste el cd? —inquirió Edward confundido.
Negué de un lado a otro—Mike me lo prestó hace meses y no se lo he devuelto.
Juro que escuché la mandíbula de Edward cerrarse con un chasquido, lo miré asombrada por su reacción pero no me atreví a decir ni a preguntar nada al respecto; sentí que lo mejor era quedarme callada aunque no supe a ciencia cierta por qué.
—Umm— pronunció apretando los labios mientras destrozaba dicho objeto con la mirada. ¿En qué estaba pensando Edward? ¿No le gustaba la banda o simplemente no le gustaba Mike?
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—¿Qué tienes con Edward Cullen? —Mike me preguntó mientras se posicionaba al lado de Seth. Los últimos días, había vuelto a juntarse con nosotros ya que al parecer Eric no le prestaba atención debido a Tanya.
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—Para ser nada, te trata con demasiada familiaridad —dijo con desdén Mike, volví la mirada a él y sus ojos azules no denotaban nada más que molestia. ¿Qué le pasaba?
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—No puede ser que seas tan mala —dijo Seth negando con la cabeza—. Es que, carajo, él esta tan enamorado de ti que ya no puede disimularlo.
No.
Estaba por completo equivocada.
Todo este tiempo lo estuve. Porque el centro de ese mensaje de whatssap*, no éramos ni Tanya, ni Ángela y mucho menos yo.
Me quedé sin aire, como si me hubiesen golpeado repetidas veces el abdomen. El fin de ese mensaje, todo el tiempo fue herir a Edward.
Tanya lo engañó con Eric, ¿Y quién más sino Mike podía saber sobre ello? ¡Hijo de puta!
Él sabía que Edward tenía sentimientos por mí, así que me metió en el chisme, inventando que yo también había estado con Eric; solo para darle la estocada final.
Su novia… y "yo" traicionándolo con el mismo hombre.
Un plan bastante elaborado.
Edward. Edward… todo fue siempre por Edward. La sensación de ahogo me tomó desprevenida, y el dolor se expandió por todo mi cuerpo, engulléndome.
Mike lo odiaba, él odiaba a Edward.
—¿Cómo no lo vi? —susurré tosiendo convulsivamente, a punto de hiperventilar. Había sido estúpida y ciega al no percatarme antes. ¡Diablos! Todo este tiempo Mike nos había visto la cara de idiotas; por eso no le importó realmente cuando el mensaje fue difundido, por eso se apartó de nosotros cuando todo estuvo peor…
—¡Bella! ¿Qué te sucede? —levanté la vista, respirando con dificultad y los ojos irritados por el esfuerzo. Edward corrió a mi lado con el rostro angustiado por cómo me veía, de seguro pálida y enferma.
—Oh Edward…—murmuré al tiempo que me dejaba caer entre sus brazos —Lo siento tanto…
Edward me sostuvo, sin dejar de preguntarme que iba mal ni un segundo, pero yo simplemente me quedé muda, necesitando de su calor más que nunca. Me agarré a él con las uñas, para evitar que me soltara, a pesar de que él no tenía esas intenciones. Enterré la cara en su pecho, respirando de su aroma, esperando que me diese algo de paz.
Carlisle traicionó a Esme.
Mike era el hijo no reconocido de su padre.
Y yo fui utilizada para dañar a Edward y a Alice.
—No tenía idea Edward. —le juré perdiendo el control, con la voz temblorosa.
—¿Qué sucede cariño? Háblame por favor, me estas asustando. —colocó las manos en mi espalda, para después iniciar un suave masaje tranquilizador sobre la ropa.
Yo debería consolarte a ti, no al revés.
El malestar comenzó a remitir con el pasar de los minutos, poco a poco, logré respirar con mayor facilidad; estar con Edward me hacía mucho bien, me llenaba de alivio en los peores momentos.
Pero por más que pretendí desechar las conjeturas enredadas de mi mente, los sentimientos encontrados no se iban a esfumar con tanta ligereza. Apreté la cara contra su pecho, negándome a mirarlo. La vergüenza era demasiado alta en ese momento.
—¿Te sientes mejor? —me preguntó al oído.
—Sí. —le respondí temerosa de que me apartara.
—¿No vas a decirme que te puso así?
Negué sin hacer sonido, esperando que me diera un momento más.
Solo fui una ficha en el juego de Mike.
—Vámonos al auto ¿Quieres hermosa? —asentí y de algún modo me las arregle para pegarme a su brazo izquierdo, de esa forma evadir su mirada. Era una inmadura, lo sabía.
Caminamos a la salida, despacio, en silencio. Y mientras más lo pensaba, peor me sentía por dentro.
Mike es su hermano.
La sola oración me provocó escalofríos; era anormal e incongruente desde mi punto de vista.
Ambos eran diferentes, como el agua y el aceite.
Fruncí el ceño ¿Mike era tan mala persona? ¿Perjudicarnos a todos los demás, pasar por encima de Ángela y de mí, para alcanzar a Edward?
Mi instinto me decía que Alice decía la verdad y que mi enemigo estuvo cerca sin que nos percatáramos de él.
Casi todos se habían ido de la escuela para cuando pasamos la entrada principal del instituto.
—Voy a matarlo cuando lo vea. —susurré en voz baja, prometiéndome a mi misma que esto no se iba a quedar así. La decepción fue eclipsada por la ira, la desazón y el orgullo herido. Le voy a pegar tan fuerte en las bolas que deseara haber nacido mujer.
—¿Me vas a decir que fue lo que pasó hace un momento? —preguntó, haciéndome saltar. Los nervios no se me habían calmado por completo, no obstante, me las ingenie para adormecerlos.
Me obligué a mirarlo, lo que requirió de toda mi fuerza de voluntad, sin embargo no supe que decirle cuando me vi reflejada en sus orbes.
Edward suspiré luego de un momento de más silencio—Cuando te encuentres lista, aquí estaré para escucharte.
Me sonrió, aunque no completamente debido a la preocupación, pero de todas maneras fue una sonrisa hermosa que me hizo sentir mejor conmigo misma.
¿Qué iba a hacer cuando viera a ese gusano de Mike?
¿Cómo les diría los demás, lo que esa escoria había hecho?
—Se los dije, yo no miento. —esa voz… algo crujió en la parte de atrás de mi cabeza.
Me centré al frente, encontrándome con seis pares de ojos, viéndonos a Edward y a mí portando distintas emociones. Desde la neutralidad de Ángela y Rose, hasta la cólera exacerbada de Seth y Emmett.
¿Tan bajo haz caído?
—¿Ahora me creen? —Mike volvió a abrir la maldita boca, como todo una triunfador, sonriendo socarronamente. Él estaba detrás de todos ellos, por supuesto, como el gran manipulador que era, y había sido siempre.
—¿Qué demonios significa esto Bella? ¿Desde cuándo estas con Edward? —Seth de adelantó un paso, apretando las manos, listo para desatar una pelea. Me aferré al brazo de Edward, tratando de pensar en algo, para calmar las cosas.
Emmett gruñó posicionándose al lado de Seth, viendo fijo a Edward, acribillándolo con los ojos, claramente diciéndole que no se iba a contener por mí. Esto era precisamente lo que Mike deseaba, poner a mis amigos en contra de Edward, que lo humillaran a gritos y que lo lastimaran sin él ensuciarse las manos.
Sabía que Edward arruinó todo conmigo y con ellos desde el momento uno; que me hizo sufrir como nadie sobre la tierra. Entendía que ellos solo querían y deseaban lo mejor para mí, al menos Seth, Emmett, Ángela y Jess así lo deseaban. Comprendía la hostilidad, y las razones por las que ellos detestaban tanto a Edward.
Pero Mike no se los dijo porque estuviese preocupado por mi bienestar, él lo hizo por un motivo egoísta, narcisista y oscuro que nada tenía que ver con la amistad.
Porque lo único que quería, era la infelicidad de Edward.
Esa era su razón.
Una masa incontenible de furia se reunió en mi cabeza, nublándome el sentido común, dejando que las brasas del enojo y la indignación arrancaran cualquier trazo de civilización de mí. Entonces, todo fue un estallido que no me preocupé en acallar.
Edward alcanzó a emitir un par de palabras a mis amigos, suaves y pacientes, tratando la situación lo más delicadamente posible. Por esta vez, no me interesó en lo absoluto lo que Edward les dijo. Yo en lo único que podía pensar, era en el desperdicio de hombre que se escondía tras una mirada aprensiva muy mal actuada.
Caminé al frente, ignorando a todo el que no fuese Mike—Cadáver—Newton.
—¡Tú, gran hijo de puta! ¿Te crees tan hombrecito, no? —grité sin tapujos, señalando a Mike, que permanecía oculto detrás de las chicas; abrió los ojos azules con miedo y sorpresa. Rose, Ángela y Jess, se giraron sorprendidas y se apartaron de en medio—Tienes los cojones para decirles a ellos, lo que sucede entre Edward y yo ¿Verdad? ¡Pues bien! Es cierto, él y yo estamos intentando dejar todo atrás ¡¿Feliz?! Ahora todos lo saben— me reí sarcásticamente, y Edward me cogió del brazo, intentando hacerme entrar en razón. Seth y Emmett se mostraron disgustados con lo que escucharon, se notaba en sus semblantes que querían una discusión con Edward. Levanté la mano para que no metieran en mi condenado camino. El karma es una perra que nadie quiere de regreso—Ustedes dos, no se metan. Y tú sanguijuela— dije volviendo a centrarme en Mike—Si tienes los cojones para decirles eso, porque no también les dices lo que hiciste hace dos meses ¿Umm? O ¿Se los digo yo?
Edward me siguió jalando, hasta que consiguió abrazarme, inmovilizándome entre sus brazos—No lo hagas Bella. —me susurró al oído.
Objeté con una maldición, ¡Estaba muy lejos de mantener la boca cerrada!
Me removí para separarme de él, incluso lo pisé con todas mis fuerzas; pero infructuosamente ya que no aflojó el agarre ni un centímetro.
—¿Por qué me dices todo eso Bella? Yo no he hecho nada. — dijo Mike, de forma inocente, con ese tono de niño bien portado que me sacaba de quicio. Empujé contra Edward pero este solo se balanceo, ¡Quise arrancarle los ojos con las uñas! Escoria inmunda del infierno.
—Lo sé todo Mike, ¡Esa careta te queda ridícula! Sé lo que hiciste, ¡Nos utilizaste, gran pendejo!
Jess al igual que los demás, me miraron confundidos. —Bella cálmate ¿Si?
—No Jess, es imposible que lo haga sabiendo que esta sabandija, fue el que mandó ese maldito mensaje, diciendo que yo me acosté con Eric. ¡Fue él! todo este tiempo nos vio las caras de idiotas. Nos usó a todos, a Ángela, a Tanya, a mí, solo por venganza ¿No es así, Mike? O ¿Cuál va a ser tu siguiente mentira? ¡Dilo! Te estamos esperando.
Todos volcaron sus ojos a él, de forma desagradable y hostil; viéndolo como el vil ser que en realidad era.
—¡Defiéndete ahora cobarde! Hazlo de frente ¡Deja el miedo! No tienes donde esconderte ahora —Le volví a gritar mientras que Edward, volvía a susurrarme palabras de calma—¡Me importa un comino! Todo esto lo hizo para dañar a Edward ¡Solo eso querías! ¿O me equivoco?
Mike tembló bajo el escrutinio de todos y mis palabras certeras, nos observó a todos con miedo. Su frente se perló y logré ver que lo atrapado que estaba.
—¿Es eso cierto, Mike? —preguntó Ángela, débil y a la vez rabiosa.
—¿Mike? —le urgió Jess, quien se notaba escéptica sobre lo que pasaba.
—¿Qué fue lo que hiciste? —Seth lo contempló a la espera, luciendo entre decepcionado y encabronado, pero moderándose más que yo.
Mike guardó silencio, súbitamente tembloroso bajó la mirada al suelo y apretó los puños; no se defendió, ni argumentó alguna excusa vaga como yo lo esperaba de él.
Él había quedado al descubierto al fin.
Y cuando pensé que me iba a volver loca, porque Edward no me dejaba de sujetar impidiendo que le atizara un buen golpe en la cara a Mike, Jess lo hizo por mí, dos veces, abofeteándolo con suma potencia, provocando un sonido impresionante —¡¿En qué estabas pensando, imbécil?! ¿Cómo pudiste…?—si no hubiese sido porque Rose la detuvo, lo hubiese golpeado de nuevo. Ella peleó con el agarre de la rubia, deseando volverlo a golpear.
Nadie notó cuando Seth corrió hacia Mike, para propinarle un puño cerrado en el abdomen, desestabilizándolo. Mike grazno una maldición y se cogió el estómago con las manos—No vuelvas a cruzarte con nosotros, bastardo de mierda. —le siseó furioso, flexionando sus antebrazos, conteniéndose.
—¿Por qué hiciste algo tan horrible? —preguntó Ángela, con voz queda, soportando las ganas de llorar. Mike nos había dado una estocada afilada por la espalda, cuando nosotros lo considerábamos una buena persona.
—No les incumbe—le respondió, siseándole a Ángela. Levantó la mirada, dirigiéndola a Edward, lleno de irritación y coraje. Me dejé de mover, rindiéndome a la fuerza insuperable de Edward. No tenía caso pelear, si ya lo habían golpeado por mí. —Esto aún no termina. —nos amenazó, sin convicción.
Les echó una mirada superficial a los demás y luego dio media vuelta, para irse.
Así nada más.
Sin dar explicaciones.
Ese cretino…
—Cuidado con lo que vas hacer Mike, yo también conozco un montón de cosas sobre ti—le hice saber, aunque pareció no importarle; no se dignó a responder nada, en su lugar, desapareció fuera de la zona de parqueo.
Ángela se derrumbó en los brazos de Seth, llorando desconsolada, afectada por todo lo acontecido. Jess fue también a ella, para tranquilizarla. La miré con tristeza sin saber que hacer exactamente por ella. Porque aunque pocos lo supieran, Ángela fue fotografiada cuando perdió la virginidad con Eric y eso era… nefasto por dónde se viese; y que lo hubiese hecho alguien en quien confiaba, como lo era Mike, lo hacía mucho peor.
Emmett se volvió a nosotros y con el ceño fruncido miró la forma en que Edward me tenía agarrada.
—Emm, ahora no por favor. —le pedí, me había quedado una pequeña punzada en la parte de atrás de la cabeza, por el estrés. Me sentí indispuesta y lo que menos necesitaba era a Emmett formando escándalo por lo nuestro. Hizo una mueca airosa, cruzándose de brazos.
—Eso no es justo y lo sabes Bells.
—Lo sé, debo explicarles mucho a todos, pero dame el día de hoy ¿Por favor? No me siento del todo bien. —Edward puso sus manos en mis caderas protectoramente, y el gruñido de Emmett no se hizo esperar.
—Un paso en falso con ella, Edward, y te olvidas que soy parte de tu familia. —me miró con cuidado, tentado a llevarme lejos de su primo. Asentí, agradeciendo su preocupación, sin embargo yo podía cuidarme sola. —¿Por qué te metes en tantos problemas?
Me encogí de hombros—Es mi naturaleza.
—Él no es el indicado—me dijo, obviando el hecho de que Edward estaba justo allí.
—Eso lo decido yo. —respondí segura de lo que hablaba.
Volvió a gruñirnos, cuadrando sus enormes hombros. —Estas advertido Edward.
—Entiendo. —habló Edward después de todo ese rato en silencio, de manera tranquila. Emmett se fue con los otros que habían logrado calmar a Ángela, ubicándose al lado de Rose, mirándonos de reojo cada medio segundo.
—Siento que Mike haya hecho todo esto.
—No es tu culpa Bella; no tiene sentido que te sientas mal por algo que no hiciste. —me dijo tremendamente calmo. ¿Por qué no reaccionaba todavía? Después de todo, Mike hizo todo con el fin de perjudicarlo.
—¡Pero es que él nos usó para lastimarte! Lo quiera o no, contribuimos hasta cierto punto.
—Dices tonterías, el responsable de lo ocurrido es Mike y solo él.
Negué sin aceptar lo que dijo; incluso en ese momento no quiso hablarme sobre el lazo sanguíneo que desató este tremendo fiasco—Sácame de aquí, me siento agotada.
Edward me besó la frente y acomodó mi cabello suelto, acariciándome de paso los hombros. Suspiré extasiada, aunque la ira que me provocó Mike todavía seguía viva, el tacto de Edward me despejó un poco.
—¿No deberíamos decirles lo que pasa entre tú y yo? — inquirió poniéndome la mano en la espalda, de esa forma pegándome a su pecho. Durante los últimos días, aprendí que esos gestos de Edward, por muy dulces y tiernos que parecían, en realidad eran una forma sutil de marcarme y recordarme que mi corazón le pertenecía tanto como el suyo a mí. Sonreí a pesar del malestar, Edward no dejaría de ser nunca el Edward—obseso, compulsivo— de siempre; y eso me encantaba.
—Creo que pueden esperar. —en verdad quería aclarar todos de una sola vez, pero anhelaba tener mi tiempo con Edward. En todo caso, eso era realmente lo que iba a hacer antes que nada.
Me jaló y empezamos a bajar las escaleras sin que los otros se percataran de nuestra ausencia.
Me recargué contra él y cerré los ojos.
—Te estas quedando dormida.
—Estoy descansando los ojos—dije con un bostezo. Edward se rió alegre, y yo traté de hacer lo mismo.
Me abrió la puerta de su coche, cogió mi cintura con firmeza y me metió dentro con extremo cuidado—¿Dónde quieres ir? —me ajustó el cinturón de seguridad. Los parpados me pesaban, mirarlo era mucho esfuerzo.
—Lejos.
Él sonrió y cerró la puerta. Descansé la cabeza contra el sillón, y me rendí al cansancio.
—¿Por qué no me dejaste que golpeara a Mike? — susurré, cuando arrancó el auto.
—No quería que te lastimaras las manos—dijo riéndose, ¿Qué?
—Sé cómo patearle el trasero a un hombre. —me ofendió que pensara que era débil.
—Lo sé. Pero no me iba a arriesgar a que terminaras en el hospital.
Volví a bostezar, ¿Por qué estaba tan agotada?
—Sí lo que sea, hombre de poca fe—lo escuché reír a los lejos, burlándose de mí—¿Por qué no me dijiste quién era Mike en realidad?
Edward arrugó la nariz. —Porque tenía vergüenza; Carlisle le fue infiel a mi madre, con una mujer que veíamos cada poco. El muy cínico nos llevaba a desayunar al restaurante de la familia Newton cada vez que estaba en el pueblo ¿Puedes creerlo?. —Edward se rió con enojo, mostrándome lo mucho que le molestaba el tema.
Pensé que era debido a eso que Edward trataba a Carlisle de esa forma tan impersonal y mal educada, era debido al resentimiento que tenía por lo la infidelidad.
—No tienes nada de qué avergonzarte Edward—murmuré con dificultad—Ni tú ni Mike tienen la culpa de los errores que cometieron Carlisle y la señora Newton.
—Pero no deja de doler…
Pasará… le iba a decir, pero el cansancio me ganó la partida.
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Una sensación extraña en el cuerpo me despertó, abrí los ojos con pesadez, viendo borroso primero y preguntándome qué hora era. Poco a poco la neblina se disipó, permitiéndome ver a mi alrededor.
Estaba acostada sobre una cama doble, con altas columnas redondeadas sosteniendo el dosel de tela oscura, que me cobijaban en la semi oscuridad. No pude apreciar más allá de la cama, puesto que las extensas cortinas del dosel me lo impidieron.
—¿Edward?
—Aquí estoy Bella. —miré abajo, donde se suponía estaba mi panza, pero en su lugar estaba la cabellera cobriza de Edward, reposando sobre mi abdomen. Eso fue lo que me despertó. Tal vez se había aburrido de estar solo y lo hizo a propósito para despertarme.
Rodeé los ojos y enterré las manos en su cabello.
—¿Dónde estamos?
—En el hotel, Olympic Lodge.
—¿En Port Angels?
—Sí. —ronroneó por el masaje que le estaba dando. —¿Ya te sientes bien?
Ahora que lo mencionaba, en efecto, el cansancio y la punzada en la cabeza ya no las sentía.
—Mucho mejor, gracias por dejarme descansar, aunque no era necesario que me trajeras a un hotel tan caro. Pudiste llevarme a mi casa.
—¿Y desaprovechar la oportunidad de acostarme a tu lado? No lo creo. —volteó la cara y me besó la piel que dejaba descubierta mi blusa. Temblé al tacto de sus labios contra esa zona sensible, emitiendo un sonido de sorpresa.
Mierda.
¿Qué fue eso?
Edward se irguió, colándose entre mis piernas, poniendo una expresión peligrosa en su cara. Mientras tanto yo me estuve allí, aplastada bajo la expectativa de lo que iba a hacer a continuación.
Agarró los bordes de mi blusa y la subió lentamente, para descubrir más piel.
—¿Edward?
—Shh, tranquila. —su tono de voz, ronco y sinuoso, provocaron una sucesión de espasmos en mi vientre bajo.
Se inclinó y volvió a besarme el abdomen, esta vez con la boca abierta. Sus labios cálidos realizaron la misma acción besándome cerca al ombligo. Oh, madre de Cristo, encogí los dedos de los pies, debido al placer que me recorrió y gemí sin contenerme.
Edward no se detuvo, al contrario, siguió con su cometido robándome el aliento con cada beso que me propinó, bajando y subiendo por toda mi piel erizada. Me agarré de las sabanas, arrugándolas entre mis dedos engarzados, en tanto Edward seguía sin descansar. La respiración se me volvió irregular, el calor pulsó salvajemente en mi entrepierna cuando Edward deslizó su húmeda lengua, en el borde de mis jeans, como una serpiente.
—Edward…—lo llamé con la voz estrangulada—Umm.
Cerré los ojos, permitiendo que él hiciera lo que quisiera. Era tan erótico y gentil al mismo tiempo, que mi corazón a duras penas podía soportarlo. Me mordí el labio y volví a gemir más alto que antes, llenando el silencio que nos rodeaba.
Apreté las piernas, rodeándolo por completo, necesitándolo más cerca.
—¿Te gusta? —me preguntó sobre la piel. Un escalofrío me atrapó, al conjugar su aliento cálido con la humedad de la piel.
—S-sí…—murmuré un rato después, el calor me estaba sobrepasando para ese momento. Abrí los ojos un poco, al sentir que Edward se detuvo. Hice un puchero, cuando encontré sus ojos, trabados en los míos con deseo reprimido y miedo—¿Pasa algo malo?
Él no dijo nada primeramente, solo se quedó viéndome, como si luchara por dentro una batalla importante. Se colocó encima de mí, poniendo las manos a cada lado de mi cabeza, con mis piernas aún enredadas entorno a él.
—Bella ¿Quieres que cuide de ti? —frunció el ceño, estudiando mi reacción, que no fue otra más que confusión ¿Cuidar de mí? Por alguna razón mi expresión lo hizo sonreír de lado. Llevó una mano hacia mi cadera, para después, posicionarla en el interior de mi muslo, cerca de mi entrepierna, dándome a entender que pretendía. Temblé entera al sentir el calor de su mano, próximo a "ese sitio" —Déjame cuidarte Bella. —pidió con un ronroneo rugoso.
¿Umm?
Hola preciosas, ¡Lo sé! Casi un mes :( sin actu. He estado tan ocupada que no he podido responder a sus lindos mensajes de apoyo tampoco. Los adoré todos por cierto. Bueno, lo cierto también es que he estado desanimada, mucho la verdad. Este es el último capi mis amores, ahora solo resta el epilogo.
Quería decirles lo mucho que amé escribir esto, aunque a muchas (os?) no les gustó la trama por diferencias de opinión, los entiendo por completo. Pero de todas maneras disfruté el espacio, y el hecho de que he alcanzado una meta personal gracias a esta historia.
Nos vemos en el epilogo y quizás… en otra historia.
Voy a seguir escribiendo, pero no sé si publicaré la siguiente. Todavía no me decido.
Besos, las quiero demasiado, gracias por la paciencia.
Att: MarieLiz
