Quiero ser escritora
33º
La niña de papá
Falta menos de media hora y para cuando papá llegue tiene que encontrar todo perfecto. Ya preparé la mesa; a decir verdad fue lo primero que hice, extendí un nuevo mantel y saqué la mejor vajilla. Pero antes de eso, me duché y vestí, ni muy discreto ni muy extravagante —léase coqueto—, así justo como soy en la realidad; además mi papá siempre ha considerado mi guardarropa frívolo, recogí mi cabello en un moño con dos flecos descendiendo por ambos lados de mi cara y maquillé.
Un poco de base mate y polvo de apelmazamiento en los surcos en la frente, lápiz para cejas, sombra de ojos opaca, brillo de labios. Fui más allá, nada que ver con comida para llevar, quería impresionar a papá con mis recientes habilidades culinarias obtenidas y juzgara cómo he logrado desenvolverme en la cocina yo sola; en el entremés serví ensalada de pavo, freí unas chuletas de ternera como plato principal y me atreví a hornear un soufflé italiano, es la cocina favorita de papá aparte de la de casa. Su paladar es de veras exigente aunque no es quisquilloso, si no le gusta no lo sigue comiendo, como hombre de negocios ha probado comida de casi todo el mundo. Bien no podré compararme con los chefs más prestigiosos del país, sin embargo, no busco que me atribuya por mis méritos en la cocina si no de todo lo que he hecho en general.
Luego de sacar del honor el postre me sentí más tranquila ¡no desinfló! Estaba esponjoso y olía bastante dulce. Se me abre el apetito y eso que desayuné hace dos horas. El despertador no sirve y por alguna desconocida razón programé la alarma del celular tarde. Alguien tocó a mí puerta. No escuché al principio porque encendí estéreo y subí el volumen de la música. ¡Cielos! No había estado tan nerviosa, quería desviar mi atención en otra cosa. Me quité los guantes de cocina y salí a ver. ¡Era Raimundo! De haberlo sabido antes le habría estrellado la puerta en su cara o mejor, no hubiera ni abierto, ¡¿pero qué hace aquí?! ¡Oh no, papá no debe descubrirlo! ¿Qué justificación le daré si lo encuentra en el apartamento de una mujer soltera que es su hija? Pensaría que es el sujeto de quien hablé accidentalmente el otro día... ¡Tengo que deshacerme de él! Raimundo, atónito, derramó su mirada a través de mi cuerpo. Cuando terminó dibujó una sonrisa radiante. Me encogí automáticamente y junté mis sandalias de cuña, se puede observar desde esta altura el color topacio de mis uñas pintadas, fue como desnudarme por cada vez que bajaba los ojos hasta los pies.
—¡Guau! Llego en buen momento —dijo con voz sesgada, como acto reflejo ajusté la falda temiendo que mostrara algo que no debería—; te queda muy bien el negro, si te dejaras más abierto el escote a lo mejor daría la impresión de que hay algo que tocar... —puse las manos en la cintura y entreabría la boca cuando el idiota me atajó y alzó la mano— relájate, fue en broma. Hay otras partes de ti que me gustan. Realmente estás muy sexy —cruzó los brazos sonriente— me gusta tu falda.
—¿Si te doy la dirección donde la compré me prometes que te irás?
—No —Raimundo fingió pensarlo durante unos minutos y soltó el aire de sopetón— acabo de llegar y no quiero irme y las faldas se te ven el doble de mejor a ti que a mí se me verían.
Descruzó los brazos y metió las manos en el bolsillo mientras caminaba al frente. No tiré de la puerta, giré sobre mis talones y lo alcancé.
—Raimundo, ¿es tan urgente lo que me tienes que decir? ¿No puede esperar hasta después? —teñí en mi tono de voz impaciencia, no ayudó mucho la falta de aire en mis pulmones que hizo que me quebrara al final. Se volvió y me lanzó una mirada sondable. Se rascó la oreja supervisando la acústica del lugar.
—¿Soy solo yo o presiento que me quieres sacar de aquí? ¿Qué pasó? ¿Cambiaste de idea? Tú escribiste un mensaje a mi celular implorando que viniera hoy a esta hora porque ambos necesitábamos hablar sobre Jack y la fulana apuesta, te confirmé de inmediato, ¿no lo viste? ¿O es que sucedió algo de imprevisto?
—Yo nunca te pedí que vinieras —no me gustó la forma en que dijo "implorando". Frunció el ceño formando una uni-ceja— pensé que ese asunto zanjó delante de tu puerta. Como sea necesito que te vayas. Mi padre viene a visitarme en cualquier momento y no estás incluido —jadeé azorada. Lo empujé afuera, conduciéndolo a la salida. Pero se aferró a permanecer en su sitio.
—¡Oye sin empujar! ¡Aguarda! ¿Tu padre? ¡¿Vendrá ahora?! ¡¿En serio el creador de Goo Zombis estará aquí?! ¡Eso sí no me lo puedo perder! Dios, ansío conocerlo, soy seguidor de sus videojuegos ¡tengo la colección completa! ¡Es uno de mis favoritos! Y porque también me encantaría saber más sobre mi futuro suegro —en su rostro había un atisbo de picardía y jovialidad. Yo tensé la quijada, lo cual fue difícil articular palabras que tuvieran coherencia.
—¡No es cierto! ¡Lo haces porque quieres molestarme la tarde!
—En parte igualmente y porque tengo curiosidad de descubrir cómo es alguien quien crió a una chica tan irritante... —canturreó.
¡Diablos, ni siquiera papá puso un pie dentro de la casa y el estómago me ha dado tremendo retortijón! Es en estos preciosos instantes en que me pesa la consciencia no haber aprendido contorsionismo para achicarme, esta vez en el sentido literal de cómo se traduce la palabra, y esconderme en una caja. El hombre tiene un verdadero don para la solidaridad. Yo intenté regatear, se lo pedí, se lo ordené, lo halé del brazo, incluso quise intercambiar un beso en la mejilla si se largara ¡¿y saben qué?! Dijo que a no ser que no habláramos de tres besos en los labios —y uno de ellos tenía que ser francés— y una cita en la playa conmigo en bikini ¡que lo olvidara! Por supuesto que no acepté aunque él prometió que no iba a tocarme si no quisiera, ¡me negué! No hubo manera en que se moviera un centímetro, el idiota me dio una sola opción: Poner otro plato en la mesa. Rechiné los dientes y apreté los puños, clavando las uñas en las palmas, ante la cara divertida del idiota. De seguro es porque las aletas de mi nariz palpitaban. Estaba a punto de lanzar mis manos alrededor de su cuello y ahorcarlo yo misma, pero ¡papá estaba aquí! La rabia se disolvió dentro de mí y me vi forzada a mostrar una enorme sonrisa para recibir a papá.
—Quédate allí, ni te muevas —mascullé entre dientes sin apartar mi mirada de la suya. Salí a reencontrarme con papá; lo rodeé con mis brazos, estrechándolo, y besé en la mejilla, me devolvió el abrazo torpemente— ¡papá hola! ¡Por fin llegaste! ¿Cómo estás? Espero que no hayas tenido tropiezos en llegar hasta al apartamento.
—Hola Kim —empezó con voz áspera—. He tenido días peores, empero ningún problema, fuiste precisa en la dirección —él se adelantó. Cuando subió al apartamento, en lo primero que se fijó en vez de la pintura de las paredes o el mobiliario rústico, sus párpados tornaron en Raimundo y se sobresaltó— ¿y usted quién es? ¿Qué hace en el apartamento de mi hija? ¡Kim! ¡¿Quién es él?!
—¡Oh señor Tohomiko! —no cometió la imprudencia de estirar la mano, no porque así no se saluda en Japón si no porque papá podría modéresela. Él se inclinó haciendo un gesto de reverencia cordial—. Soy Raimundo Pedrosa, mucho gusto.
—Qué lástima que yo no pueda opinar lo mismo... —respondió mi padre receloso. El idiota no se inmutó y continuó como si no hubiera escuchado:
—Soy admirador de su trabajo, tengo la franquicia completa de sus videojuegos. Me gustan mucho.
—¿Y cómo no te pueden gustar si yo los inventé? Imposible sería que dijeras lo contrario, o por eso no estarían tan de moda en las superventas —Raimundo asintió dándole la razón. Él lo estudió atentamente con la mirada y yo me apresuré a intervenir.
—Papá, veo que conociste a Raimundo. No me diste tiempo de explicarte pero es mi vecino de al otro lado, vino a devolverme un... libro que le había prestado, averiguó que vendrías y quiso aguardar otro rato para conocerte. Es fanático de tus videojuegos.
—Sí, nos estábamos conociendo —dijo displicente—. ¡¿Así que usted es el manganzón al que le gusta mi hija?! De quien me hablaste —señaló volviéndose a mí. A Raimundo se le iluminaron los ojos. ¡Maldita sea! Entreabrí los labios para responder, pero el idiota terció:
—No me gusta, señor Tohomiko, estoy enamorado de su hija —con expresión perturbada, el interlocutor se estremeció y giró la cabeza hacia él, al unísono que yo. Aspiré lo más que pude, el aire vació mis pulmones por completo tras escuchar esa declaración— pero es cosa mía solamente.
La frase quedó interrumpida, como si hubiera querido agregar algo que desde hace tiempo le ha estado incomodado, pero haya reprimido el impulso por temor a no hallar las palabras adecuadas para poder explicarse mejor, sin malinterpretaciones, o que decidió guardárselo, quizá para después cuando estemos a solas. Parece que involuntariamente pensó igual papá, inclinó la cabeza y le lanzó una mirada extraña a Raimundo que no encajaba con su sonrisa torcida. Se aclaró la garganta y llevó las manos detrás.
—¡Ja! Con que prestar un libro... —replicó escéptico.
—Es verdad y no cualquier libro, el de su hija —su sonrisita tenue se hizo más pronunciada tras impregnar en sus palabras el aire solemne de misterio.
—¡¿Kimiko escribe libros?! —escupió él. Del minuto rigor olvidó llamarme Kim. Contraje los labios en una pequeña sonrisa, pero parecía más bien que estaba sufriendo.
—¿Kim no se lo contó? A lo mejor no era el momento, es otra de sus virtudes: la modestia.
—¿Desde hace cuánto? —indagó sumido en el estupor.
—¡Ay! Raimundo exagera, ni siquiera acabé el primero, más o menos cuando emprendí la universidad. No había hallado el modo de decírtelo, pero estaba por hacerlo hoy, Raimundo tiene esa habilidad para anticiparse. ¡Bien, pasando a otros asuntos! ¿papá ya tuviste tiempo de recorrer el resto de la casa?
Sé que la respuesta iba a ser negativa, empero mi intención era cambiar de tema e invitarlo a explorar lo que construí como hogar. Ni lo dejé que pensara en la contestación, lo tomé de la mano y paseamos alrededor. Mis dotes para la decoración de lejos impresionaron a papá, aunque me felicitó por el orden y la limpieza que mantenía sobre ella. Procuré asear el baño y la sala de estar un día antes ya que serían los lugares en donde papá observaría con mayor detalle. Pueden imaginar que no dormí toda la noche, con Omi no podía hacer esas cosas. A lo que respondo que era verdad. Me acosté a las una de la madrugada, instantáneamente me quedé rendida al tocar la almohada y me desperté casi a las nueve. Observé que papá estaba distraído, apenas consiguió prestarme mitad de su atención, con seguridad estaría rondando en su cabeza el formulario de preguntas que le haría al idiota. Ya saben, el típico escrutinio que realiza un padre para averiguar si es un hombre de bien el novio de su pequeña. Cuando se sentó en el sofá se dirigió a Raimundo:
—Y dígame ¿usted trabaja o estudia?
¡Ahí va! Ya arrancó con la primera pregunta, yo les voy a traducir lo que mi papá quiso decir: ¿tus padres te mantienen o los mantienes a ellos? Si bien, me parece que el idiota no va a tener problemas empezando. Como les había dicho, es arraigado a las viejas costumbres y un hombre que aspira una relación estable no puede estar en paro laboral, de lo contrario sólo estaría buscando quien se haga cargo de sí mismo y el peligro va en aumento si la mujer es hija de un magnate.
—En la actualidad sólo estoy trabajando. Hace apenas dos años en mi último semestre elegí hacer pasantías en el periódico El Mundo, mi desempeño gustó a mis superiores que seguí trabajando allí después de culminar los estudios. Sin embargo, la iniciativa de Kim me llevó a considerar mi regreso a la universidad para obtener una maestría —bueno, esa historia no me la sabía, papá siguió escuchando—; ha sabido administrar muy bien su tiempo entre sus dos trabajos y los deberes, yo también podré repartirme entre ambas responsabilidades, aun no es tarde para aprender ¿no está de acuerdo?
—¿Es cierto eso?
Papá obvió la pregunta de Raimundo, giró la cabeza y ahora sus miradas estaban atrapadas en mí. Sonreí con timidez, asentí con la cabeza, me senté y empecé a hablar. Quiso saber de mi progreso, todavía no ha olvidado que cambié de carrera. Le conté que una beca pagaba mis estudios y me alcanzaba el dinero para comprar un refrigerio. Posteriormente platiqué sobre el horario, los maestros, las cátedras, los compañeros, las tareas y los libros. Preguntó si había sido embarazoso adaptarme, yo respondí con absoluta franqueza, estaría mintiendo si diría que era fácil, pero el que disfrutara cada instante aminoraba el peso. Le anticipé que era feliz. A mí me sonó convincente mientras me auscultaba y creo que a papá le fue igual.
El idiota no pretende robarme el protagonismo de la velada, se las ingenió para devolverme el centro de interés a través de aquel sutil comentario o eso percibí. Intrigado, papá tornó a preguntar acerca del libro y una vez más tuve que repetir la historia de dónde surgió la idea, en qué momento pensé en escribir, qué persigue la trama y el concurso, por supuesto, omití que el premio sería los cinco millones si no hablé exclusivamente de la firma del contrato. Saben, tal vez no es tan malo, así me adiestro para cuando los periodistas quieran que esté en sus programas —tengo derecho a soñar—, Raimundo y papá intervinieron poco soltando unos comentarios de los escritores de hoy en día y lo bueno en participar en la competencia sana, dejaron que yo tomara el hilo de la conversación.
—No tenía noción que te gustara tanto la escritura, es decir, estaba consciente que amabas la literatura porque acostumbrabas a encerrarte en el cuarto o en el baño a leer a escondidas los libros de mi biblioteca, pero si hubiera sabido tal vez te habríamos inscrito en un taller...
—Déjalo, papá, está bien así. Yo tampoco lo sabía, lo importante es el ahora.
—Debo admitirlo, mudarte fue la mejor cosa que hiciste durante todo el año. Estás bastante diferente desde entonces, hay algo sobre ti... resplandeciente, quizás es la atmósfera o tiene que ver con la ropa que usas, ¿es un conjunto nuevo?
—No, esta la adquirí cuando todavía vivía en la otra casa, nada más me la puse dos veces y es por eso que luce casi estrenada. He tenido que abstenerme de revisar eBay y ahorrar.
—Creo que también ayudó cuando quisiste comprar el libro ese...
—¡CÁLLESE! —Espetó feroz mirando por encima del hombro un santiamén— ¡¿quién se cree?! No le he dado el permiso de que hable ¡o del que respire! ¿Tú estás ahorrando? —me preguntó.
La sonrisa flameó. Papá parecía el doble de sorprendido que cuando supo que escribía. Sus ojos rebotaban de la cuenca de sus órbitas conforme hablaba, completé la idea del idiota. El interpelado enmudeció, no obstante, hacía falta más que una advertencia para que cerrara el pico. Lo sé. Mi "sistema de ahorro" parecía cosa de otro mundo. Las palabras quemaban mi boca. Diera la impresión de que soy una derrochadora o algo por el estilo. Me puse de pie y dejé a papá en compañía del idiota mientras yo iba a la cocina. Es la hora del almuerzo y se supone que soy la anfitriona.
—Con permiso, caballeros, iré a la cocina a comprobar si está listo.
—¡Qué bien! Me muero de hambre...
—Espero que lo que hayas cocinado sepa bien...
—¡Claro que sí papá! Lo hice para ti, está para chuparse los dedos.
—Mientras no sea nada grasoso mi colesterol podrá soportar lo que sea.
Ahogué un grito. Un escalofrío estremeció mi médula espinal y las piernas se me quedaron entumecidas. ¡¿Grasa?! ¡¿Cómo pude ser tan imbécil?! ¡Se me olvidó completamente! Papá no puede consumir ningún alimento grasoso porque después le cae mal a su estómago. Oh-mi-Dios, ¡oh-mi-Dios! ¡¿Qué voy hacer?! Ya no puedo preparar nada, les dije que traería el almuerzo, pero... ¡si se hubiera echado a perder el postre o la ensalada no importaría porque es prescindible! ¡El plato principal no! Si digo la verdad papá podría marcharse, ¿cuál es el propósito de un almuerzo sin comida? Esto es un verdadero desastre, peor que el idiota esté aquí. ¿Y si les digo que falta un poquito? ¡No, no, se extrañarían que demorara tanto! Pues ni modo, comeremos afuera. Es la única alternativa que se me ocurre para salvar la velada. Salí cruzando los dedos de que ninguno sospechara.
—¡Tengo una idea! —los dos hombres se levantaron automáticamente a mi retorno—, ¿por qué mejor no vamos a comer afuera? El soufflé se desinfló así que no podrá probarse...
—¡¿Y eso qué?! ¡Lo principal sigue estando bueno, ¿no?!
—Es cierto, pero me da vergüenza. Un almuerzo no está completo sin postre.
—¡Oh por favor, hija! Eso es absurdo. —protestó soltando un bufido.
—Creo que debería hacerlo caso a su hija, señor...
—¡Cállese! ¡¿Y a usted quién le dio derecho de palabra?! Que yo sepa todavía no he dicho nada —repuso mi padre. Raimundo rodó los ojos, pero no se atrevió a contradecirlo. Creo que intuye que algo salió mal.
—Papá, no importa, comer aquí o comer allá. Otro día será, pero por hoy compláceme, ¿sí? Yo había concentrado todos mis esfuerzos para prepararte un almuerzo perfecto y el tiro me salió por la culata como ya ves y el postre se arruinó, creo que es porque no eché suficiente levadura. Sé que no soy una gran cocinera, pero no me gustaría que pensaras que soy mala.
—Esas cosas siempre nos suceden. El ser humano es una criatura que aprende por ensayo y error; como tal, el único error que podríamos cometer es la negación —el idiota aprovechó aquella mini pausa para interponerse. Esta vez mi padre no lo interrumpió y yo necesitaba convencer a papá, al menos si no me ayudaba, me daría tiempo para pensar; no obstante, fui capaz de pernoctar un matiz cálido y dulce en su voz mientras continuaba explicando—: La emoción de ver a tu padre otra vez y la presión que ejerce el tiempo, es posible que te hayas pasado por alto ese pequeño detalle. Quizás cuando estés más tranquila podrías preparar el soufflé y mandarlo con tu padre, ¿está bien así, señor Tohomiko?
Papá vaciló unos minutos, pensativo, pero accedió a comer en un restaurant. Había pensado llevarlo al asador en donde trabajaba Clay; sin embargo no tenía intenciones de retrasar más a papá. Ya bastante era sacar coactivamente a papá a la calle a quemarropa, cuando pensaba como todos que almorzaríamos en mi casa y yo no traía zapatillas cómodas. Nos metimos en el primer restorán a la redonda y dejamos que papá eligiera la mesa. Raimundo se sentó a mi lado —porque fue veloz— y papá se tendió al frente. Llamamos al mesero, nos trajo la carta del menú y cada uno pidió algo diferente. Anotó todo en una libreta, tiró el paño en su hombro y se alejó. ¡Wow! ¡Qué pedazo de hombre! Entre tanto papá ojeaba por encima del menú, decidiéndose su orden. Me puse a detallar al chico. Le calculo una edad aproximada entre los veintiséis y veinticinco, —lo sé, quizás un poco mayor para mí, pero ya saben que no hay una edad establecida para el amor—, un pircing en la oreja derecha, el cabello negro azabache azulado con un corte que llegaba a rozar sus hombros y un flequillo rojo saliendo de la coronilla, ancho de espaldas y torso, los brazos fuertes y un tatuaje que arropaba todo su antebrazo derecho.
El hombre mueve la cabeza con lentitud y me regala una mirada apática; yo no le hago caso si no le sonrío y comienzo acicalarme inocentemente, mis habilidades de seducción que se habían desvanecido durante los años de convalecía tras una ruptura regresan rápidamente y justo como montar en bicicleta, el frío en sus ojos se derrite por una cálida y me devuelve la sonrisa, marcándole un hoyuelo sexy en la mejilla. Sé que mi lujuria descarada y el enfoque poco original le han gustado. Mi confianza cada vez va creciendo. Habría salido perfecto de no ser por las risitas que provenían del idiota, ¿y a este qué le picó? Molesta, le lancé una mirada fulminante. Él no paró. Mi padre pide su orden. Y el camarero se va, no sin antes de voltearse a verme tratando de hacer contacto visual. Al contemplar la habitación, yo me di cuenta de las mujeres. Me están mirando, sus cabezas juntas, hay un atisbo en sus ojos que supongo son celos, ¿por que qué otra cosa podría ser? Ciertamente, soy digna de su envidia, casi todas las mujeres están allí por conseguir una mirada del apuesto camarero y sólo yo la obtuve. No es mi culpa que sus encantos no hayan surtido —yo hice lo que cualquier mujer hubiera hecho—, suspiré.
—¿Te fijaste en cómo me miró ese camarero? —le susurré en tono inaudible al idiota—. Él tiene un rostro lindo y un cuerpo muy sexy. Creo que llamé su atención, ¿estás celoso? —él rompió a risas.
—¡Oh para nada! No estoy preocupado —se encogió de hombros—, no serías capaz de ir tras él teniéndome a mí y cualquier chica que tenga ojos sabría que soy mucho más apuesto, cualquier chica que haya besado sabría que mis besos las dejaron sin aliento y suplicando por más, cualquier chica que haya acariciado sabría que mis dedos son mágicos y cualquier chica que haya estado en mi cama, sabe que se ha ido luego de sus dos poderosos orgasmos —le propiné un puntapié en la espinilla, para encubrir el gruñido el idiota se echa a reír. Mi corazón golpea contra la suave seda de mi camiseta Joie y giro la cabeza hacia dónde está mi padre, ¡¿cómo puede hablar de sexo en frente de él?! Me tranquilizo cuando percibo que está distraído leyendo el resto de los platos en el menú—. Así tú me vas a mirar dentro de poco, preciosa...
—¿Es por eso que te ríes como idiota?
—No, me río porque tú eres la que deberías estar preocupada, Kim, aquí hay centenares de mujeres sedientas de lujuria y estoy seguro que a las señoritas de allá les gusto —señaló.
Volteé la cabeza, ¡es verdad! También están mirando esta mesa. El idiota las saluda con un ademán y las malditas tienen la osadía de responder al saludo. Una se sienta más hacia a la derecha, empuja sus pechos alicaídos —es obvio que se los retocó con cirugía plástica, por supuesto, apostaría que le pesan bastante o está jorobada de nacimiento—, entonces lo hace un poco movimiento de vibración excesiva. ¡Uf, pero qué vulgar! Y ni qué decir de la otra, con esa cinturita de avispa me recuerda al contorno de las copas de vidrio... ¡es cierto! Debe ser que se remodeló con esos aparatos que aparecen en los comerciales de televisión, puesto que desde este ángulo es tan antinatural. Hay chicas más delgadas que yo, lo admito, si bien mis caderas no contiene tanto "relleno" como otras. Y, sin embargo, ¡no son tan así!
Malditas perras. Putas de mierda. La reacción de mi cuerpo es urgente le abofeteo la mano con que saluda a las mujerzuelas y desvío la mirada con violencia. El idiota se ríe divertido. Mi papá tira la carta coincidiendo cuando hubo un cambio en la canción, por suerte no se ha dado cuenta de la cantidad de hormonas locas que flotan en el aire. ¡Cómo me arrepiento de traerlo aquí! Hubiera llegado hasta el asador. Clay es lindo, pero no atrae a las chicas como un imán y de ser así, Kei las habría exterminado.
—¡Aj, ya empiezan otra vez! —se quejó—. Después de los Beatles no sé que les ha pasado a las bandas de rock, creen que cualquier cosa que haga mucho ruido es música, claramente la juventud de hoy en día ha perdido la acústica por oír basura, no saben lo que es música, y después tenemos esos grupitos estadounidenses... imitadores paganos, ¡ah!
—A través del tiempo la música ha cruzado varios recodos y surgido nuevas tendencias; así como ahora existen grupos "malos" también los hubo en el pasado, es cuestión de gustos, y porque si estas bandas hubieran aparecido antes los habrían adorado igual; el ser humano se apega a su generación, no encuentra fácil ajustarse al progreso. Los Beattles fueron buenos, pero me inclino más por el estilo, letras y mezclas musicales utilizadas por los Queens y los Bee Gees. Aunque mis bandas favoritas son enteramente estadounidenses, en mi opinión yo creo que los británicos se han quedado un poco atrás.
—¿Está contradiciéndome, joven? —en mi fuero interno me preparé para la explosión y es que nadie le dice que "no" a mi padre. Si bien, yo ya lo hice antes...
—Así es.
—La mayoría de los funcionarios y socios siempre se muestran de acuerdo conmigo porque temen que podrían disgustarme si opinan lo contrario, pero ¡¿sabe qué?! ¡Eso me enferma! ¡Esas personas complacientes, cuerda de hipócritas, engreídos todos! —rugió—. ¡¿Cómo le van a tener miedo a un viejo indefenso como yo?! —con cuidado intenté alcanzar la mano que usaba para blandir el cuchillo en el aire y detenerlo. Inconscientemente había tomado el cuchillo y puesto a jugar con él. Raimundo se tuvo que apartar para que su garganta no se interpusiera en el camino del arma.
—Papi, baja el cuchillo, por favor, podrías lastimarte —le dije.
—¡¿Lastimarme yo?! Déjate de excusas ridículas, Kim, ¡si podría rebanar mortadela de mis zombis! ¡¿Dónde está la comida?! ¡No puedo esperar todo el día! ¡Apúrense!
Creo poder entender porque nadie profiere su verdadera opinión, si era la hora del almuerzo y papá tenía a su jurisdicción un cuchillo con una curvatura cruel igual a ésta hasta a mí me daría cosa. A mí ni me pregunten que creo. Amo todos esos grupos, los de ayer y hoy, a mí no me importa. Sin embargo, debo estar de acuerdo con Raimundo en cierto punto. Cuando por fin le arrebaté el arma a papá de las manos. El idiota añadió:
—Con el único género —puso una mueca de desagrado— que no puedo estar de acuerdo es con el reggaetón. La forma desdeñosa con que se dirige a las mujeres es inexcusable y muy deplorable, jamás había escuchado tantos atropellos y agravios en treinta segundos contra el sexo opuesto y ponerles un telón de fondo es... —apuntó haciendo alusión a la música, él se estremeció, endureció su expresión y concluyó con voz fría— ni siquiera en casos extremos de violencia doméstica y etcétera.
—Bien, por fin llegamos a una decisión unánime, joven... —asintió papá—. ¿Qué hay de su familia? ¿ellos viven con usted?
—No, ellos están aparte; cuando cumplí la mayoría de edad decidí tener una vida autónoma y mudarme, mis padres apoyaron mi decisión (me tienen mucha confianza), al final del mes separo una cuota especial de mis usufructos y se las deposito en la cuenta de ahorro de papá para que sean aprovechadas por el bien de mis hermanos menores, ¿le gustaría conocerla?
Raimundo sacó su billetera del bolsillo trasero del pantalón y se la enseñó a mi padre, como estaba avante de nosotros no podía ver qué le mostraba, aunque la respuesta elemental eran fotografías. Cambié mi posición cuatro veces tratando de asomarme con sordina, y ninguna me permitió mirar más allá del pulgar del idiota. Además, yo no quería parecer tan fisgona. Como si eso me importara. No obstante, me consta que lo que afirmaba Clay era verdad. El idiota sí lleva consigo las fotos de su familia. Para ser sincera cuando le hizo la pregunta me puse de los nervios de punta porque creía que Raimundo rodaría feo —ustedes saben, no ha visto a su familia en mucho tiempo, los hermanitos en conflicto, la culpabilidad que siente el idiota—, empero la veracidad con que encerraba su respuesta era tan palpable que ningún tribunal podría vacilar ante ello. Deduzco que así es como ayuda a sus padres y a Sagrario y lo que sucedió cuando se distanció de su hogar. ¡Pero qué tonta! De seguro ya habrá pasado por esto, me pregunto si ha ensayado sus respuestas anteriormente o todo es espontáneo.
El idiota señaló con el dedo a sus padres en la foto, presentándoselos, por último y en orden cronológico a sus hermanos: Sagrario, Liam, las gemelas Aimeé y Raquel, Héctor, Sophie y Brian. Raimundo me lanzó una mirada a hurtadillas, subsanó que estaba observándolos. De sopetón fingí mirar para otro lado pero él me las demostró. Eran dos, una vieja, ubicados en la playa donde aun la mayoría de los hermanos eran niños y otra más reciente en la esquina junto a una señalización azul indicando un local de comida. Ahí estaba el cruce de caminos; un camión rojo franqueando el pavimento detrás de ellos, las casitas, pude ver el contraste del celeste cielo con el añil del mar. En la primera foto, Raimundo tendría cerca de doce y en la segunda ya estaría rondando los dieciocho o casi los alcanzaría, en su cara no quedaba rastro de los tiernos pedazos del rostro inocente y dulce que tenía en la preliminar foto. ¡De niño era bastante cachetón! Cuando fue estirándose su figura adelgazó. Fue como admirar la evolución del patito feo al hermoso cisne. La pubertad le sentó formidable. No guardaba un gran parecido físico entre sus hermanos, sin embargo, de todos el idiota es el más guapo. Incluso lo prefería como aquel adorable niño que tenía un espacio entre los dientes frontales superiores. Ningún dios griego o actor codiciado podría hacerle equiparable, ejem...
La relación con la familia define inconmensurable la personalidad de alguien. Creo que mi padre quedó suficientemente satisfecho con el idiota y la prueba de ello fue cuando al final de la recepción hizo un comentario respecto a mi madre, Raimundo estaba hablando acerca de sus padres y saltó el tema. Nunca hablaba de ella si pudiera evitarlo ni siquiera acordarse por voluntad propia. El dolor cortaba su voz inmediatamente. Hoy no estaba compungido si no al contrario, sus grandes ojos negros brillaban y esbozó una sonrisa. Para causar aquello debía ser producto de un milagro y ese milagro era el idiota, veía imposible que fuera por la comida que de todas maneras fue peor que las chuletas.
Aunque el crédito no es mío, había que reconocer que la compañía de Raimundo fue en parte responsable que todo resultara en un rotundo éxito. Hoy sí fue bueno que se quedara. Podría comprobar con mis propios ojos que la presencia del interpelado no sólo provoca dolor y frustración como primitivamente concebí. Mi mente comienza a divagar otros recuerdos: Cuando me animó a inscribirme en mi carrera, cuando me cuidó al caer enferma, cuando me suministró esos consejos para mi novela... sí, varias veces ha estado ahí. Él se despidió de nosotros al abandonar el local. Si hubiera sido por mí todavía seguiríamos allí, para mi suerte Raimundo no estaba tan vacilante como yo y rodeó sus brazos alrededor de mí.
—Gracias —mi voz sonó demasiado ansiosa para mi gusto.
—¡Tonterías! Lo habrías hecho bien sin mi intervención —susurró en mi oreja. Su aliento me producía cosquillas y un calor inundó mi pecho, me estremecí como acto reflejo. Sentí rápidamente su ausencia cuando se separó de mí, le hizo un ademán a papá—: Fue un gusto conocerlo, señor Tohomiko. ¡Adiós!
—Adiós muchacho —asintió. Esperó que se alejara para decir aquello que no podía hacerlo delante del idiota cuando estábamos caminando, creo que aguantó mucho— aunque todavía prefiero a Jack, ese joven ¿cómo era que se llamaba?... ¡Raimundo! Se ve que es... un buen sujeto. Contestó a las preguntas fluidamente y me miraba directo a los ojos; no es adulador ya que en ningún momento intentó conquistarme a través de múltiples y torpes halagos o al menos alardear; tampoco es insolente, pese de que lo intimidé un poco, mantuvo el aplomo. Eso me gusta porque demuestra que tiene carácter. Pero en especial que se nota que —papá suspira y mis pasos se detienen de forma inesperada, tuve que acompasar mis movimientos para no adelantarme a él, pero quisiera estar lejos ahora— te quiere —culminó— te apoyó cada vez que se le presentaba la oportunidad. Sea lo que sea a quien vayas a escoger, estaré de tu lado, no podría entregarte a nadie que valga menos de lo que eres...
—Sí, es buena persona —aunque a ti te tomó menos tiempo que a mí discernirlo. Mi padrese aclaró la garganta y se repuso.
—Kim —comenzó él con voz grave y solemne—, tras terminar de oír y observar llegué a la conclusión de que te subestimé. Me di cuenta que eres perfectamente capaz de defenderte sola, "empujar" el semestre, sostener dos empleos, escribir un libro y aun así no odiar a este pobre viejo. Lamento haberme comportado tan estrecho, obcecado, necio e incomprensivo. Quizá la razón de mi resentimiento sea porque desde el primer día en que te fuiste comencé a extrañarte. Me siento solo la mayor parte del tiempo. Todo en casa se tornó vacío y muy silencioso, la alegría que había te la llevaste y me dejaste sin nada. El día de hoy finalmente siento regresar esa alegría. Yo ya estoy a reventar de orgullo, podría estar sonriendo toda la noche, pero me dolerían después las mejillas. Nada más te pido que no seas tan orgullosa, si te doy dinero es porque quiero ayudarte no por lástima. No podría soportar que padecieras. Si bien, al ritmo en que vas, soy un inútil. Admito que me equivoqué contigo, hija, ¿podrás perdonarme?
—Claro —dije con voz estrangulada—, pero también perdóname tú a mí. No sólo fuiste tú, te dije cosas feas la última vez. Ambos fuimos tan... tercos, ¿no es así?
Sí, ahora podría decirse que sé de quién lo heredé. Justo lo que necesitaba: Desbordar mis sentimientos. Fue como vomitar lo que guardaba dentro. La lluvia de mis ojos goteó en mis mejillas, pero se calmó a los minutos. Lo abracé y prometí que lo llamaría. Se me hizo difícil lograr bajar el nudo de la garganta entre tanto acababa de escuchar. Me sentí terriblemente egoísta. ¡Vaya hija que era yo! Sólo pensaba en mí misma. Llegué a casa sola ya que nos despedimos casi unos diez minutos después. Caminar fue reconfortante. El peso que venía transportando fue descargándose por cada paso, para cuando pisé el apartamento, estaba aliviada aunque no plenamente. Otro de los riesgos que asumes al vivir solo —aparte de matar bichos y cuidar de ti cuando enfermes— es que debes darte tu propio hombro para llorar. Fue un alivio que el trabajo de cuida-mascotas me saturara por completo la tarde, era una excusa válida para salirme de la tangente.
De ser posible me gustaría colgar mis problemas en un perchero igual que si fuera un suéter y desentenderme de ellos, pero hasta los expertos lo sostienen inadmisible. Lo que sentimos lo transmitimos sin que lo queramos. Qué mala fortuna que la escena donde dejé mi historia no sea triste, hubiera sido perfecto... pensándolo mejor ¿quién tiene ánimos de escribir bajo esas condiciones? Viéndolo así nadie. Cuando me senté en la banca y liberé a mis perros, le mandé un mensaje a papá. ¿Saben qué? Debería incluir un capítulo similar entre el Dragón de Fuego y su padre, a fin de cuentas los monjes en entrenamiento tienen familia y supongo que los fanáticos querrán tener noticias, es lo justo, tarde o temprano tendré que escribir de ellos. Esperé hasta la cena antes de sentarme a escribir quería sacudirme de los sentimientos encontrados del mediodía. En adición al Dragón del Fuego, está el adorable Omi, quien es huérfano... hasta que se descubra lo contrario; Clay, cuyo padre tuvo una participación muy especial en la primera parte del libro, y por último, Raimundo, quien como aun no conozco a su familia no me he atrevido a especular... lo único que he soltado es que proviene de una enorme familia en Toberejo, Brasil. No olvidaré lo que dijo mi padre cuando vio la foto:
—¿Todos ellos son tus hermanos? ¡Hum, ¿qué les pasó a su televisión?!
El idiota se lo tomó en broma y comenzó a reírse, me contagió la risa en seguida. No llegué ni a escribir el preliminar de cómo iba a ser ese capítulo, pero al menos cubrí el veinticinco y veintiséis. Miré por el rabillo del ojo el reloj. Ocho horas y cuarenta minutos de la noche. Por lo menos quince minutos para navegar en el internet y continuar los deberes. Revisé las páginas de costumbre. No ha habido ninguna actividad desde mi última inspección, o dicho en otras palabras, no hubo registro de algún tema de mi interés, ¡una verdadera pena! Pues siento que hoy es de esos días que no tienes mucha ganas de hacer la tarea, deliberadamente te pones en busca de algo en que distraerte. Unos chistes graciosos en Facebook, a cada uno les dejé mi comentario acompañado de una carita feliz y las conversaciones de rutina en los foros de Tom Kenny: A una chica se le murió su gato y está muy triste, los otros miembros están consolándola... supuse que debía ser mi turno, escribí algunas palabras de aliento para ella y pulsé el botón de enviar, espero que no haya sido salido tan aguafiestas lo que puse por lo que me pasó. Aunque es curioso, cuando estás triste, la alegría no sirve de nada.
Me pregunto si TKenny está conectado. Deslicé el cursor hasta las últimas conversaciones e hice clic. En una esquina de la foto parpadea una luz verde, ¡oh vaya que suerte! Uhm, no debería hacerlo, un escritor tan importante debe estar muy ocupado... aunque la última vez me escribió; no está obligado a contestar, lo peor que puede hacer es ignorarme ¿verdad?
TheGivenchyGirl: Hola, ¿cómo has estado?
Inocentemente mi dedo presionó el botón de enviar. Suspiré profundo y apreté los párpados esperando. Sólo los abrí cuando escuché el tintineo.
TKenny: Hola TheGivenchyGirl, no demasiado bien. Ojalá no sea tu caso.
TheGivenchyGirl: Claro que no. ¿Pero qué ha pasado? —no quería parecer entrometida así que añadí—: si se puede saber...
TKenny: Estoy enamorado de una bella mujer, pero ella no quiere saber nada de mí.
¿Cómo? ¿enamorado? Una patada en el estómago me sacó todo el aire. Sonará ridículo, sin embargo, tenía las vagas esperanzas de que Tom y yo tuviésemos una relación más allá de la red. Por desgracia, una pícara desvergonzara me ha arrebatado al hombre que amo. ¿Para qué disimularlo? Estoy celosa de esa mujer, si lo rechaza, ¿por qué no desiste y busca a otra que si lo ame? Digamos alguien como yo. Lo sé, no puedo decir eso, tenía que suprimir mis sentimientos verdaderos y hablar desde el corazón de una buena amiga. No señalarlo como un hecho irreversible ni etiquetarlo de terrible para no hacerlo sentir aun peor.
TheGivenchyGirl: ¡Oh! ¡¿Pero eso cómo será posible?! Si usted es uno de los hombres más sensibles que conozco, ¿qué mujer no podría enamorarse?
TKenny: No la culpes, también he sido brusco con ella. Es normal su temperamento. A más de que no sabe lo que escribe.
TheGivenchyGirl: ¿No lo sabe? Tal vez debería saberlo, se sentiría avergonzada.
TKenny: No creo que eso modifique las cosas entre nosotros, tampoco yo quisiera atizar el fuego.
TheGivenchyGirl: Lo sé, pero no estás siendo sincero y si ella lo descubre tarde se sentiría mal porque creerá que no confiaste en ella. Créeme, todo será mucho peor. No deben existir mentiras ni secretos para construir los cimientos de una relación.
TKenny: Sí, en eso tienes razón, llegado a su momento lo sabrá. Mientras tanto, ¿qué me podrías aconsejar?
TheGivenchyGirl: Uhm... bueno, ¿y qué tal si le obsequia unas flores? El valor de las cosas pequeñas es muy grande y tampoco para empezar con algo tan exagerado para que ella no piense que está burlándose.
TKenny: Soy tímido para eso.
¿Tímido? Los hombres tímidos son tan tiernos.
TheGivenchyGirl: Debe ser muy hermosa para que no la deje ir, ¿cierto?
TKenny: Es una chica especial. Cabello negro liso y largo con aroma a fresas, ojos azules como el agua pura y cristalina, labios rosados, piel color leche...
Iba a escribir que se parecía a mí, pero lo dejé porque pensé que podría malinterpretarse. Tom Kenny es una caja de sorpresas, ¡cielo santo! Creí que a los autores románticos se les hace más fácil manejar relaciones amorosas a causa que tendría todas las respuestas a la mano y se sabrían, de sobra, trucos para seducir al pobre incauto. Pero veo que no. Separados de sus teclados son mortales como cualquiera de nosotros. Sugerí varias ideas, nunca me había devanado tanto los sesos recordando a los viejos clásicos novelescos y films de comedias y dramas de amor, ninguna la aceptó. Ahora era yo que quien se sentía como una verdadera inútil porque no hallaba más que consolarla. Agradeció mi esfuerzo, pero de igual forma no cambió. ¡Pobre hombre! Está destrozado, si tuviera a esa mujer malvada en frente le diría un par de cosas de las que seguro tendría que cambiar de opinión, es como dijo en su prólogo de 49 semanas, aproveché para felicitarlo...
TheGivenchyGirl: Finalmente pude leer su último libro, 49 semanas, me gustó mucho. Fue hermoso desde la primera hasta la última página, la historia de amor de Esperanza y Kevin era... como decirlo, ¡idílica! De las que muchas chicas desearíamos vivir. Pero el desenlace muy triste y perdone, un poco cruel, ¿por qué a diferencia de sus anteriores obras esta acabó sin final feliz?
TKenny: Varios me han hecho la misma pregunta, pero está bien. No me incomoda, pensé que esa sería la reacción que tomarían casi todos los fanáticos. Me gusta inspirar mensajes positivos, pero no puedo hacer la vista gorda a la realidad y he presenciado, de cerca, como es de complicado la relación entre una pareja cuando uno de ellos está encaminándose hasta sus últimos días. Quizás la actitud de Esperanza te haya parecido un tanto egoísta a medida que avanzaba la trama, pero ¿no es así como lo asumen la mayoría de las personas? Ya que casi siempre suelen encerrarse en sí mismos y digamos que no todos llegan a elaborar una lista de diferentes escenarios. Esperanza es un personaje muy real, de hecho, está basada en una hermana enferma que yo tengo... el nombre llega a ser más que una persona.
TheGivenchyGirl: Si no en un símbolo. Todo lo tenía planificado, ¿le he dicho lo mucho que lo admiro?
Al menos fue amable y contestó a mi pregunta, parecía sentirse culpable de que haya tenido que terminar así, pero admitió que no lo hubiera escrito de otra manera. Interesado preguntó nuevamente sobre mi novela. Bueno, no tuve que cortar. Él se despidió primero quitándome ese peso. Ahora lo único que me quedaba era... ¡uf! ¡Los deberes!
A/N: ¡Ho, ho, ho, ya pasó navidad, malvaviscos asados! ¡Un millón de felicidades a todos, retrasado! Pero mejor tarde que nunca. Ojalá hayan tenido buenas fiestas. ¿Comieron mucho? Ninguna navidad está completa sin el clásico pan de jamón, ¡qué delicia! Aunque estuvo rica la empanada gallega, la hallaca y el dulce de lechoza. ¿Muchos regalos hay bajo su árbol? ¡A mí sí, Santa no se olvidó de mí! ¡Por fin Insurgente! He esperado casi todo el año para leerlo y ya lo hice, me tomó tres días XD ¿Repartieron besos y abrazos? ¿pudieron ver a sus seres queridos? ¡Ay señores, qué nostalgia, se nos va el año! ¡Como pasa volando el tiempo!...
¿Quién será esa pícara desvergonzada que conquistó el corazón de Tom Kenny? Bueno, Kim puede tener esa charla ahora mismo si quiere, no hay problema ya que no está tan lejos, puede ponerse frente el espejo y soltar la lengua. ¿No les da risa que ella hable con Tom Kenny sin saber que es Raimundo Pedrosa y que quiere estrangularse a ella misma? A mí sí, reí mucho. Me encantan los martes, es cuando llegan más los comentarios. Sin duda la estrella del capítulo fue Toshiro, estaba cagada de la risa durante toda la velada —¡CÁLLESE!—, y se me aguaron los ojos cuando se disculpó con su hija. No les prometo que no pasará nada en el capítulo que viene ya que es tan de enternecedor como éste. Les debía esta encantadora reunión familiar, es cierto, lo mejor que pudo pasar es agregar a Raimundo a la fiesta.
Saben, en el episodio Tigresa Woo de Xiaolin Chronicles, yo tenía la oreja pegada en la tele a la expectativa de que soltaran la fecha o la edad de Kimiko, pero no la dijeron y me entristecí. Sabemos la fecha de cumpleaños de Omi de vaina pues que era navidad. Por ahí hay una teoría rodando que Jack nació el día de brujas y me pareció cómico así que lo dejé. Lo de Kim... estaba así de cerca de poner que nació el día de los enamorados, pero dije ¿y qué sigue? ¿Raimundo nació el domingo de resurrección? Valiéndome de que no se sabe la fecha, Kim cumple en febrero en este fic. No sé, esta historia finaliza en febrero por ahí al tanteo, me parece que debo decirlo.
Debería escribir acerca de un personaje que haya nacido en agosto o por lo menos es Virgo, porque que yo sepa es más factible lo segundo, revisando a mis personajes ficticios: Hermione Granger nació el 19 de septiembre, Bella Swan —aunque me cae de patada— nació como el 13 de septiembre aproximadamente, no me acuerdo; Sara Sidle, la de CSI, nació el 16 de septiembre. ¡Ah! Y mi sobrina, que no es ficticia, nació el 11 del mismo mes. Muchos septembrianos. Aunque si contamos a mi ex profe de inglés quien nació el 25 de agosto, es Virgo y agostiano. ¡Y el difunto rey del pop, Michael Jackson, nació el 29 agosto así que es Virgo y agostiano! Y Cameron Díaz nació el mismo día y mes que yo, igual que la venezolana Norkys Batista.¡De acuerdo! Dije muchas tonterías que nada tenían que ver en este espacio de notas del autor, ¡lo siento!
Bueno, quiero aclarar también una cosa —siempre hay alguien que se cree gracioso y por eso vale la pena acotar—, cuando Raimundo dijo que no le gustaba el reggaetón. Para gustos hay colores. Ante todo el respeto. Es solo una opinión y ese es el principal argumento para defender sus creencias. A no todo el mundo les va a gustar lo que a uno le gusta, por favor, recuerden que yo se los dije.
¡Uf! Más de mil novecientas visitas ha logrado Quiero ser escritora por el momento, yo imagino que debe ser porque es un fic demasiado largo y ha dado tiempo para que curioseen varios, ¡pero muchas gracias de todo corazón, malvaviscos asados! Esto es por ustedes y lo saben. En el capítulo siguiente tenemos otra vez la historia de Omi, empezando directamente en el torneo que por varios capítulos ha mencionado. Es la segunda parte del capítulo favorito de la audiencia hasta ahora Quien soy, muy sorprendida lo debo decir ya que sólo era la vuelta a la sufrida vida de Omi, ¿qué pasará? ¿A quién veremos? En este episodio posiblemente exploremos sentimientos encontrados y una cara que no hemos visto. Inspirado en la trilogía de episodios Juzgando a Omi, Salvando a Omi y Encontrando a Omi, llega Quien no soy. En mi opinión es un episodio un poco triste, pero igual de bueno. ¡No se lo pierdan! ¡Nos vemos en nuestra próxima cita del martes! ¡Cuídense malvaviscos asados, se les quiere y se les respeta!
