Quiero ser escritora
34º
Quien no soy
Omi no esperó que el despertador sonara. Estuvo media hora, despierto tumbado en el futón, con la mejilla apoyada del lado frío de la almohadilla mirando a las musarañas y el corazón retumbaba contra sus costillas haciendo que mudara de posición cada veinticuatro segundos. Apenas duró el letargo unas pocas horas. En toda la noche intentó contener a las emociones que afloraban en su interior pero era difícil apartar la mente del día de mañana. Se paraba a practicar sus movimientos, caminaba en círculos forzándose a relajarse, se deslizaba bajo cuerda a la cocina a reclamar un vaso de agua. Se supone que de noche la acústica aumentaba drásticamente; Omi andaba descalzo, pero se escuchaban más de cerca los jadeos. De vez en cuando Wuya se asomaba a su cuarto para cerciorarse que él estuviera durmiendo. El chico se precipitaba encima del futón; trataba arroparse todo, no obstante, sólo llegaba a cubrirse mitad del cuerpo; entornó los párpados y roncó a pierna suelta. Para Dojo tampoco fue una noche cómoda, acurrucado junto a él sentía cuando el calor desaparecía. Profería un bostezo y lo miraba entrenar.
Por ende; al día siguiente el niño frotó sus ojos, estiró los brazos y arqueó el dorso, acarició el lomo de Dojo despertándolo y se vistió, casi sin aliento, a la máxima velocidad que podía permitirse. Acto continuo, salió corriendo; resbaló a medio camino, por fortuna sus manos reaccionaron a tiempo y se aferró de la pared, recobrando el equilibrio. Wuya ya estaba en la cocina, regresando de tender la ropa. Hoy no parecía que iba a ser un día diferente para la madrastra de Omi. Su cara de siempre de pocos amigos, su mirada feroz y las comisuras de sus labios torcidos en una mueca de desprecio. Claro está, que se dio cuenta que el pequeño estaba allí, pero no dijo nada si no disimuló no verlo. Wuya jamás lo saludaba. Asimismo él tampoco le daba importancia suficiente, siguiéndole el juego. Entre menos intercambiaban palabras, menos molestia. No obstante, Omi estaba tan determinado a que nada estropearía lo que sería el mejor día de su vida que incluso podría intentar ser amable con su madrastra. Distraídamente comenzó a comer sin fijarse qué era o degustar el sabor de lo que engullía. Pisándole los talones marcaba el paso Dojo. Wuya no dejaba que subiera a la mesa a comer ni siquiera le tenía su plato listo para cuando llegara, debía esperar que Omi lo hiciera. Y él como buen amo, le servía primero antes que sentarse a desayunar.
—早安1 —ella ignoró el saludo y prosiguió doblando la ropa. Omi puso los ojos en blanco, giró la cabeza, su mirada buscaba algo que hacía falta en aquella habitación— 哪里是爸爸?2
—在工作中3 —replicó Wuya con desdén. El muchacho bajó la mirada, ¿qué hacía todavía en el trabajo? ¿Acaso olvidó que hoy era el torneo? ¡No, él prometió que iba asistir! Le dijo que hasta pediría un día libre en la tintorería para acompañarlo, quizás surgió un imprevisto muy urgente que no podía posponer y llegaría un pelín tarde. Sí, debe ser eso, porque le dio su palabra de monje. No deshonraría
—¡Ah!... En ese caso, ¿podrías hacerme un favor? —inquirió rascándose la cabeza—. Mira, sé que no te caigo bien y te estoy molestando, pero lo que te pido es una cosita chiquirritica, ¿le dirías a papá cuando llegue que decidí esperarlo en el torneo? Él sabe dónde es, así que no es necesario que te dé la dirección, entonces ¿lo harías? ¿sí?
—Sí, sí, sí ¡ya! ¡Ahora vete! —escupió la mujer con frialdad haciendo un ademán hosco.
—谢谢!4 —exclamó Omi brincando. Corrió las cortinas y abrió la ventana— ¡ya están aquí! —Dojo reptó y se acurrucó junto a él. Omi dobló la cintura y acarició su cabeza— lo siento, amigo, no permiten animales. Pero te prometo que apenas vuelva jugaremos un rato, ¿sí?
Wuya se aguantó soltar el bufido hasta que su hijastro y su mascota se fueran juntos, musitó entre dientes unas palabras: Hasta que ya se fue ese mocoso, al fin un poco de tranquilidad. Omi saludó a su abuelo con una reverencia de respeto mientras tanto a su niñera y su no novio con el típico gesto de mano. Eso sí, cuidándose de no acercarse mucho para evitar los abrazos y besos. Pero indiscutiblemente su abuelo tenía que ser el primero en infringir esa política, se agachó para depositar un beso fugaz en su frente y lo limpió con el pulgar en señal de cariño. Omi se retorció de su agarre y retrocedió. Kim y Raimundo están juntos, en otras palabras, o se las supieron arreglar muy bien o se contentaron después, ¡qué rabia! ¡La velada de Kim con su padre había sido un éxito! Para eso ni hubiera mandado el mensaje.
Hoy Kim cargaba unas enormes gafas de sol, quién sabe qué locura sobre moda se le metió ahora en la cabeza pero desde el punto de vista de Omi totalmente innecesario pues que estarían bajo techo, y así no vería nada. Kim pegó el grito al cielo en cuanto vio a Omi. Su gi estaba plegado en arrugas, como si hubiera dormido con él.
—¡Oh, tu uniforme! ¡¿Qué le pasó?! ¡¿Por qué está tan arrugado?! ¡¿Es que tu madrastra no te lo planchó?!
—¡Ah, no es para tanto! —dijo él imperturbable extendiendo los brazos—. De todos modos se me arrugará en la arena. ¡Ya en serio! ¡Déjalo mujer! —Gruñó Omi azorado cuando ella lo acicaló, ajustando el cuello de su túnica.
—Anda Omi, deja de moverte tanto, ¿cuál es problema de que quiero que seas el más lindo de todos los niños?
—Como si me costara trabajo lucir bonito, eso ya soy —afirmó con aplomo. Otro caso del cual se avista una autoestima nivel Raimundo— ¡Kim! ¿Raimundo me ayudas?
—Kim, está bien, deja que respire el pobre —terció Raimundo, apartando a Kimiko—. Los campeones necesitan su espacio.
—¡Exacto! ¿Nos vamos ya abuelo? ¡no quiero demorar! Y el torneo no puede comenzar sin mí —demandó el pequeño. El abuelo Fung inspiró hondo recargándose de paciencia, volteó los ojos, con la esperanza de que al hacer ese gesto suprimía la sonrisa burlona. Omi se giró sobre sus talones hacia los otros— ¿ustedes vienen con nosotros o qué?
—No, iré en el auto de Raimundo. Los seguiremos desde atrás.
Omi resopló; cruzando los brazos, aquí se supone que entraba una de sus acumuladas frases irónicas, pero no pensó en ninguna. En lugar de poner lo que él quería decir en sus labios lo convirtió en una mirada insondable. Se veían tan lindos juntos que hasta dolía verlos. Las manos de Omi cayeron a sus costados y caminó regresivamente. Chocó con el abuelo.
—¡Oh por cierto! Casi lo olvidaba, ¿Dashi...?
—¡Ah, papá debe estar en camino desde el trabajo! Nos alcanzará más tarde —repuso Omi haciendo un ademán—. Es probable que esté preparando una espectacular aparición.
—Sí, tienes razón. Espero no te enfades si le escribo un mensaje por si acaso —pronunció las palabras despacio y separadamente mientras le enseñaba el celular. No quería que Omi asumiera una actitud a la defensiva. Sin embargo, la reacción del pequeño fue lo de menos.
—Está bien —asintió inmutable, ladeando la cabeza hasta que su oreja tocara su hombro.
Dojo se trepó al regazo de Omi. Fung le defirió sentarse en el asiento al lado del conductor bajo la condición de que se abrochara el cinturón de seguridad, como odiaba ir de último en el coche aceptó. Impaciente comenzó a tirar patadas. El abuelo movía los dedos a través del teclado tan lento, que Omi se apoderó el celular y le pidió que dictara mientras copiaba. Por precaución, el abuelo Fung tomó el teléfono de regreso para supervisar que el niño no había transcrito otra cosa como broma. Luego de aquel episodio pudieron irse tranquilamente. En cada año se celebraba la competencia en una escuela diferente. El edificio que correspondía en este período era semicircular y voluminoso. Cada escuela estaba etiquetada por un color, casi en nada variaba el uniforme entre ellas. No es ninguna contienda personal en su contra, pero a no le gustaba mucho ir en el auto del abuelo; no por la razón de que subestimaba a la velocidad a la que podría coger un cachivache de los sesenta ni por la pintura degastada en contraste a otros modelos más actuales como el de Raimundo, si no porque no existe nadie más que retarde peor todavía el ritmo paulatino del tráfico que el abuelo Fung.
En una motocicleta podría sortearse los pesados automóviles de adelante, pero por supuesto, eso no restringiría las señales de tránsito ni prescribirá los semáforos. De seguro le dice a su padre o a su abuelo de que le gustaría tener su propia moto cuando sea mayor se opondrían y tratarían de persuadirlo de que comprara un cacharro usado, común de adolescentes. ¡No! Es mejor que sepa menos gente entonces. Tanteando el avance de la inflación del país y lo que costaría hoy en día una motocicleta, debía comenzar a ahorrar desde ahora, el problema radicaba en que los ingresos que llegaban a casa se gastaban rápidamente en la adquisición de productos de la cesta básica y sobraba poco para otras cosas, sin resistirse a la tentación de los deliciosos chicles —haciendo énfasis en las divertidas bombas que podría hacer en el salón para molestar al ingenuo chico de en frente— y los cómics que arriban en el quiosco. No sólo Kimiko tiene que lidiar frente a la situación económica. Lo bueno es que con once —y este veinticinco doce— tenía suficiente tiempo para poner en acción el plan ahorro. En adición, también le gustaría comprar unos guantes de látex negros iguales a los que siempre cargaba Jack.
A un metro de estacionarse, estiraba el cuello, se levantaba y brincaba en su silla intentando ver si ya su comparsa había llegado. Apenas lo terminó de comprobar, Omi se desanudó el cinturón y abrió la portezuela de golpe. Omi tenía un pie afuera del coche cuando el abuelo trató frenarlo. Primero aparcó el vehículo, seguidamente salió corriendo detrás del pequeño. Se tuvo que apoyar del hombro de su nieto mientras espiraba a chorros aire, agotado.
—No vuelvas a salir otra vez, travieso —jadeó—. Espera a que nos detengamos y luego sal, ahora tuviste suerte, ¿pero podrás asegurar que no te lastimarás de nuevo?
—Lo siento, abuelo —susurró. Aunque no le parecía serio, pensó en guardar el comentario.
—¡Oh no! —gimió Kim— ¡tampoco está aquí! ¡Vamos, Raimundo, tenemos que volver! ¡Ahí tengo mi dinero, mi maquillaje, mi celular y el resto de mis cosas! ¡No puedo salir a la calle sin ellas! ¡¿Qué haces ahí aun?! ¡Muévete, cada segundo cuenta! ¡Rápido conduce!
—Este... ¿Kim?... —dijo Raimundo sofocado mientras se rascaba detrás de la oreja.
—¿Ahora por qué ella está hiperventilando? —señaló Omi arqueando una ceja oscura.
—¡Mi bolso, oh cielos, no está! —chilló Kim—. ¡¿Cómo no me di cuenta?! ¡Me siento tan desprotegida sin mi bolso! ¡Mira mis manos están sudando y después sigue mi rostro, se me escurrirá el maquillaje!
—Kim.
Es tradicional vislumbrar en la calle autos con carteles decorando el paragolpes, latas atadas a la luneta trasera, sugestivos moños o delicados arreglos florales encima del capot, incluso pequeños ramilletes unidos a los espejos retrovisores, pero era la primera vez en la historia en que se había usado un bolso Burberry para adornar un automóvil. Raimundo lo descolgó, se lo devolvió a su dueña. La sangre subió hasta las mejillas de Kim, tiñéndolas, cuando lo aceptó.
—¡Ups! Ay... —susurró con voz casi ahogada— lo siento.
—Kim, Omi, ¡hola! —dijo alguien familiar atrás de ellos.
Los diminutos ojos de Omi se dilataron en una mezcla de confusión y estupor. Megan venía cruzando la calle en sus patines en línea, saltó y se encaramó en la acera en dirección hacia Omi. Un escalofrío recorrió la espina dorsal del chico enviando una serie de temblores a sus músculos y huesos en cuanto ella comenzó a rodearlo, iba tan veloz que no tuvo tiempo de salirse del círculo que trazaba alrededor. Él se sujetó de la cabeza manteniéndola en su sitio antes que rebotara expulsada del resto del cuerpo por seguir con la mirada a la chica. ¡Pero esperen! Si ella estaba aquí significa que Jack también. En efecto el excéntrico billonario se bajó de su Lamborghini. No era difícil adivinar cuál era el color favorito de Jack, estaba en su ropa y coche deportivo. Para sus adentros, el niño se preguntó si Jack no tenía más ropa que esa gabardina, bufanda y guantes de látex negros. La verdad es que parecía inmerso en un invierno permanente y hoy hacía calor. Esbozó una enorme sonrisa apenas vio a Kim y a Omi, pero era extraño, porque la alegría no subía hasta sus ojos.
—¡Oh Jack, qué sorpresa! ¿qué haces aquí?
—Pues Megan se enteró del torneo y quería venir a apoyar a Omi, así que decidí traerla, no podía dejar que se fuera sola —arrastró las palabras—. Espero que no causemos molestias.
—Tú sabes que no, llegaron justo en el momento —sonrió Kim.
Una sombra atravesó el rostro de Raimundo y automáticamente cruzó los brazos, incómodo. Jack se presentó delante del abuelo Fung y, por cortesía, saludó a los demás. Después se fue a ayudar a su prima cambiar sus zapatos. Tras la aparición inopinada de los Spicer no vino nadie más, bueno, nadie que estuviera esperando como cierto padre que anda incomunicado. Si la fachada lucía modesta e indistinta, por adentro era lo contrario. Las gradas en donde se ubicaban los espectadores, se empalizaban en torno a una plataforma cuadrada, en la cual se llevarían a cabo los combates. Cerrando la brecha se erguía un tablero de puntuaciones para que el público tuviera una noción de cómo iban los competidores hasta entonces, aunque de todas maneras el animador lo anunciaría a través del micrófono. Abajo estaba la salida y en el subterráneo la enfermería pues que en este tipo de eventos suelen suceder con frecuencia lesiones que necesitan ser atendidas de inmediato y ni hablar de las fracturas.
Las reglas eran sencillas. Antes de llegar a las semifinales, habría una ronda eliminatoria en que se irían depurando, entre los múltiples combates que tomarían lugar, los grandes grupos hasta reducirlo a los cuatro mejores quienes competirían en la semifinal en dos parejas. Los dos vencedores se enfrentarían en la final y de ahí el campeón. Los contendientes sumarán puntos, gana el que acumule dos puntos —sólo a partir de las semifinales se discutirán tres puntos—, estos se ganan cada vez que se logre derribar al oponente. Otro punto que no se puede perder de vista es que aquel participante que salga de la arena quedará descalificado. También habrá un triunvirato de jueces observando y decidiendo. Cabe destacar que no hay puestos para el tercer ni el segundo lugar, aquí sólo existe un único ganador que será digno de llevarse el premio. Se supone que los contrincantes tienen más o menos el mismo nivel de conocimiento en artes marciales, si han practicado fuera otras técnicas es válido en tanto cumpla con el protocolo y respete la opinión del jurado. Sin embargo, como siempre, hay niños más grandes y fuertes que otros y de aspecto, o habilidad, temible. Omi ni había ido con los de su equipo cuando Kim se estremeció de echar un vistazo a un grupito. ¡Parecía ser que Omi era el más frágil y pequeño de todos!
—Bien, bien, abuelo ya me voy. ¿Podrías cuidar mi celular? —inquirió Omi vaciándose los bolsillos.
—Claro, puedes confiar —sonrió el abuelo Fung agarrando el celular.
—¡Suerte! —exclamó Megan.
—¡Oye espera! ¿Qué estás...? —retrocedió asustado, lástima que eso no detuvo que besara su mejilla fugazmente. Era cosa de magia, su respiración se cortó y se quedó congelado.
—¡¿Qué le hiciste, Megan?! ¡Lo descompusiste! ¡Ahora está petrificado! —gimió Jermaine en tanto Tiny chasqueaba los dedos en frente de él.
—¡Así no puede competir! —terció Tiny— ¡como siempre digo, las niñas arruinan todo!
—¡Ay! —sacudió la cabeza, volviendo a la realidad— ¿a qué vine? ¡Oh sí, tengo un torneo importante! ¡Ya me voy!
Él salió corriendo a unirse con su grupo antes que un rubor rosáceo cubriera sus mejillas, en este tipo de piel los colores son altamente visibles.
—Bueno, ¿dónde nos sentaremos? ¿Arriba? —preguntó Kim.
—Sí, buena idea, no queremos que la sangre de los pequeños nos salpique encima ¿verdad? —preguntó Raimundo con malicia.
—¡Ay Raimundo, no seas así!
—Pero si yo hablaba en serio, ¿sabes qué es más propenso terminar en el hospital por una patada que hacer deportes extremos?
—No sé en qué libro o revista viste esa ridícula estadística ni estoy interesada en saberlo —refunfuñó Kim ocultando su pavor. Por su cabeza pasaba una desagradable imagen de Omi vendado al igual que una momia.
Sean parientes, amigos o personas naturales, vienen a regocijarse del torneo y atiborrar las filas. Kim se sentó en medio de Raimundo y Jack. El resto llenó los espacios subsiguientes. No empezó inmediatamente la competencia. Kim se dirigió a Jack:
—Por cierto, no sé si es demasiado tarde pero como no respondiste quiero asegurarme: feliz cumpleaños atrasado —musitó empujando las palabras.
—Gracias, recibí tu mensaje, empero soy yo quien tiene que disculparse por haber olvidado responder.
—¿De qué fue la fiesta esta vez?
—¿Fiesta? No hubo fiesta, a decir verdad, nada, bastante atestado que escapó de mis manos y no pude planificar.
—¿Cuántos años cumpliste?
—¡Chissss, va a empezar! —chistó Raimundo.
Guardaron silencio. La competencia arrancó oficialmente. El pequeño no estuvo a cargo de la apertura si no su turno se presentó posterior a varias luchas. De vez en cuando Raimundo emulaba o encomiaba algunas estrategias usadas, evocando a películas de Bruce Lee, pero siempre le quedaba algún comentario por señalar. Jack observaba sin mucho entusiasmo en tanto el abuelo Fung repasaba el manual de normas que entregaban en la entrada. Omi saltó sobre el estrado. Kim apretó la mano de Raimundo en un acto reflejo. Su primer adversario era una cabeza más alto que Omi, pero delgado. Daba la impresión de parecer inseguro, sin embargo, nunca se sabe. Por amabilidad, ambos se reverenciaron el uno a otro. Omi apenas bajó la mirada a diferencia del otro. Cuando tocó la alarma, él avanzó primero y lanzó dos patadas. Brincó encima de sus hombros y lo derribó al suelo. Totalmente inmóvil Omi ganó rápido un punto. Se han visto que algunos manejan la defensiva y otros la ofensiva, el estilo de Omi es una combinación fulminante de ambas. Sus pies eran tan ligeros como cuando él bailaba. Raimundo apenas estuvo pendiente, con la barra pegando gritos y animando a Omi, no se podía concentrar en ambas. Y esto apenas comenzaba.
Dashi llegó a su casa arrastrando los pies. Escaló los peldaños, luego de empujar la puerta y puso las llaves encima de la mesa. Dobló la espalda hacia atrás tronando las vértebras y en movimientos circulares sacudió las articulares de las extremidades superiores, acto seguido lanzó los brazos atrás de la nuca mientras relajaba los músculos tiesos de la cara. Wuya oyó el portazo y salió, quedó anonadada de encontrar a su marido en medio de la sala cuando ya daba por jurado que no aparecería hoy.
—¿Llegaste? ¿Es que despacharon temprano? —preguntó ominosa.
—¡No me molestes mujer! —jadeó con la voz rasgada, en respuesta ella cruzó los brazos—, la jornada laboral estuvo intensa, hasta ahora fue a quien hallaron para que me remplazaran. No te lo pude anticipar porque el celular se quedó sin batería. Pero en fin ¿ha habido alguna noticia durante mi ausencia? —indagó. Hubo una pausa prolongada, Wuya fingió deliberar la respuesta secándose las manos con un trapito de cocina cuando la tenía en la punta de la lengua.
—En absoluto.
—¿Segura? —vaciló él—; desde esta mañana he tenido esa sensación de que debía recordar un asunto importante, a lo mejor me acuerde más tarde. Iré a echarme un sueñecito un rato, ¿me despertarás si ocurre cualquier cosa?
Wuya se encogió de hombros. Dashi se lo agradeció en voz baja y se retiró hasta su cuarto. La mujer lo siguió con la mirada, consecutivamente soltó un bufido, fue rápido como de un segundo a otro cambió a una sonrisita casi inexistente y continuó en su tarea de limpiar. No falta mucho para que seamos sólo dos.
Omi venció a su último rival, desvió todos sus ataques manteniendo una defensa sólida y lo empujó. Rechazó la estocada en un contraataque dirigido a su hombro, incapacitándolo, eso garantizó su puesto en la semifinal. Terminado el combate y anunciaban su victoria, volvió la cabeza al público, registró en su mente las caras de las personas que estaban en la estrada y ninguna le pertenecía a su padre. Kim, Megan y sus dos mejores amigos aplaudían de pie. El abuelo Fung trataba de ponerse en contacto con su hijo. La llamada se caía de inmediato. No entendía el por qué. Antes de la semifinal harían un mini intervalo para que los restantes competidores pudieran descansar y prepararse a causa de que el próximo desafío las cosas se pondrán peliagudas, Kim quiso bajar a acercarse a Omi y previo a que Raimundo o Jack se ofrecieran, le pidió al señor Fung que la acompañara. Pese que las gotas de transpiración chorreaban de la frente del niño, Kim lo abrazó.
—Has hecho un buen trabajo —encomió alegre—, estamos orgullosos. Aunque admito que tuve un poco de miedo cuando te enfrentaste a ese grandulón, siento ser yo quien diga esto, pero creí que no lo lograrías. Disculpa por dudar.
—¡Ay Kim! ¡¿es que no me conoces con tantas semanas?! Los monjes de guerreros Shaolin no le tememos a nada y nadie, ese niño estaba derrotado desde el primer momento que pisó la plataforma —refutó.
—Sí, bueno, Omi, sin embargo, me gustaría que no te confiaras tanto —dijo Kim— ¡¿quién sabe lo que pueda pasar en la semifinal?!
—Abuelo, ¿papá no te ha dicho por dónde va? ¿Si está cerca o lejos…? —la desesperación que destilaba en su tono de voz puso al abuelo Fung en un gran aprieto.
—¡Ah sí! Llamó hace cinco minutos. Está en camino.
Esa había sido la punta del iceberg. Sabía que estaba mintiendo para no romper su corazón. En realidad quiso decir que o no tenía noticias nuevas de su padre y seguía incomunicado o él no iba a venir, así de simple. Su labio inferior tembló, necesitó unos minutos para digerir las palabras; no obstante, él no dijo nada y fingió tragarse la mentirilla, asintió. La campana sonó y se separó de ellos. Esta vez iría primero. Se subió a la plataforma. La reverencia de costumbre y dio inicio la anhelada semifinal. Al principio, hubo por parte de ambos titubeo ya que esperaban que su rival hiciera su movimiento. Como eso no pasó en el transcurso de diez minutos, el adversario acabó con la tregua y embistió. Sus manos eran más rápidas que sus piernas y era difícil ver cuando repeler las arremetidas. Era bastante peligroso si llegara a golpear el centro del estómago, sacarle todo el aire lo dejaba vulnerable. Omi defendió su posición bien a comienzos pero súbitamente un jadeo escapó de sus labios al mismo tiempo que su puño se conectó a su costado y Omi rebotó.
¡Está bien! Un golpe. No hay problema. Le sucede hasta los mejores. Reculó para recuperar el aliento. Avanzó un paso y regresó a su sitio, aunque no lo pareciera el golpe fue fuerte ya que por cada segundo más el dolor agudizaba. ¡No! Ahora era su oportunidad. Se lanzó al ataque y falló el tiro. De todas formas, su contrincante respondió con igual intensidad. Omi se desplazó del lado opuesto sorteándose el golpe. Estaba en desventaja, lo mejor que podía hacer era conducirlo hasta donde él quería y eso hizo, en un par de cabriolas se movió más hacia el centro del campo. Siguiéndole el juego de las mortales acrobacias lo persiguió y en una de esas un puntapié alcanzó su ojo dejándole un moretón. Omi se desplomó en el suelo con la mano derecha sobre el ojo lesionado.
—¡No puede ser! ¡Está perdiendo! —chilló Kim— ¡¿pero cómo?! ¡Si iba ganando!
—En un combate normal lo habría machacado en tres segundos y medio —secundó Spicer.
—Algo no está bien —continuó Raimundo— ¿no lo notan que está como desconcentrado? —Kim y Jack le dirigieron la mirada, sin esperar que se la devolvieran, fijaron su atención en la plataforma.
—¡Avísame cuando todo pase! —gimió Jermaine a Tiny hundiendo la cara en el antebrazo. El pobre ya se había mordido las uñas de las manos y no resistía la tentación de quitarse los zapatos así que mejor era ocuparse de otra cosa.
Kim lo animó alzando la voz, seguida de Megan y compañía.
—¡Vamos Omi! ¡Tú puedes hacerlo! ¡Sabes que eres nuestro monje estrella! Te caíste y es cierto que te pisaron, pero no te aplastaron, ¡todavía tienes un chance! ¡Demuéstrales!
Si se preguntan si escuchó todo eso, pues sí. Algo. Él se reintegró de un salto y se puso en guardia. Omi acostumbraba mentalizarse en cada uno de sus combates pelear para ganar, no obstante, su abuelo le había dicho que muchas veces o siempre el objetivo de una contienda no se trata del final si no en sí mismo, es decir, ganar o perder no importa en verdad si no el espíritu. Si bien, es posible que Omi no lo haya visto tan analíticamente como se planteó. El querido Omi estaba de vuelta y lamentaba haberlos hecho esperar tanto. Los dos atacaron y se puede decir que de alguna manera Omi tuvo la última palabra cuando lo agarró del brazo y apoyando su peso en su contra, lo tiró al piso. Fue gracioso verlo despedido en el aire. Y para asegurarse que no volviera a pararse, tomó impulso y descargó un contundente codazo en el pecho. El resto de los duelos no fueron tan empatados como las dos primeras y fueron casi un poco aburridas, pero Omi había avanzado a la final a pesar de todo.
Su maestro no aguardó que él bajara de la tarima, quiso comprobar qué tan delicado estaba el golpe en el ojo. Después de un tiempo para acá la cuenca ocular se había hinchado, por obviar que el dolor le hormigueaba toda la cara, y puesto morado.
—¿Omi estás bien? ¿Necesitas que te revisen en la enfermería? —él apartó la cara y siguió caminando sin detenerse— ¡espera, ¿a dónde vas?!
—¿Qué está haciendo Omi? ¡¿A dónde pretende ir?! —preguntó Kim.
—No lo sé.
Más de una persona percibió que Omi estaba abandonado, literalmente, el torneo. Cruzó el umbral y salió a la calle. Un coche casi lo arrolla, afortunadamente se deslizó hasta la acera de al lado. Omi echó a correr, internándose en lo profundo del corazón de la ciudad. Con la esperanza de drenar sus emociones. A unas personas les funciona comer chocolate, a otras romper o golpear cosas y unas pocas escuchar música, encerrados en su propio ambiente. A él le gustaba correr. No había trazado una ruta, pero eso era lo de menos. Quería que nadie lo encontrara. Esconderse con Kim, Jermaine, Tiny, Raimundo, Clay, o inclusive Jack. Los tres primeros serían los lugares en donde buscarían al principio, asumiendo el riesgo de que pudieran delatarlo o cautivarlos como hizo Kim. Y los tres últimos se resistirían a ayudarlo. Estaba totalmente solo. Su padre le dio su palabra que estaría allí y rompió su juramento. Si no es que mistificó —y de ser así, hubiera preferido que fuera sincero en vez de prometerle falsas esperanzas—, ¡lo olvidó! Y claro, cualquier asunto es el doble de más importante que su hijo. Toda parafernalia de que ahora en adelante él iba a pasar más tiempo juntos, que lo amaba y que lo lamentaba, ¡era mentira! ¡Y él había caído redondito, como idiota!
—En mi larga estirpe de monjes guerreros de Shaolin... jamás se ha visto tal humillación —gimió—, pero está bien. Yo soy lo único que obstaculiza una vida perfecta entre él y Wuya, no lo haré más.
El niño continuó alejándose. Estaba decidido a no volver. Desaparecería en silencio para no causar daño a nadie. Eso sí, no le daba miedo quedarse solo, podría cuidar bien de sí mismo. La humedad en sus ojos nublaba su vista; había dicho que no lloraría delante de nadie, soltó todas sus lágrimas el día en el que enterraron a su madre, varias veces tuvo que frotarse, en especial cuando aquella violeta brisa pasó cerquita de él obligándolo a refugiarse bajo techo. ¡Oh qué bien! Justo cuando decide caminar por su cuenta el clima interfiere. Vientos así podría prever una tormenta. La temperatura descendió drásticamente. Los cimarrones en el cielo cerraron filas cerniéndose una sombra. Excepto por la noche no había visto el día tan obscuro. Las hojas volaban más que nunca. ¡¿Dónde estaba?! Había dejado atrás todo rastro de personas. Mejor, si no sabía, menos su abuelo. Guareciéndose de la naturaleza Omi fue a parar en una tienda de ocultismo, salvo que él no lo supo si no hasta que fue a explorar los rincones del local en espera que los sacudones disminuyeran.
Omi se sintió incómodo rodeado de tantas excentricidades. En el anuncio de la entrada leyó la siguiente línea: "¡Venga y conozca su destino con Lady Alice! ¡No se arrepentirá!". Intrigado, se detuvo a estudiar el contenido de los frascos. En uno había visto ancas de ranas, en otro habían alas de murciélagos entre tanto que en otro colocaron globos oculares de quién sabe qué animal. Pero lo único que llamó la atención de Omi fueron las lenguas de vaca envasadas. A punto de comprobar su autenticidad y destapar el frasco una mujer lo sorprendió.
—¡Vaya miren nada más! ¡Qué sorpresa! Te esperaba —Omi dio un respingo y escondió la botella detrás de él.
—¿Usted a mí? ¡¿en serio?! ¡Ah ya, supongo que lo adivinó! ¿Es Lady Alice, cierto?
—Además de encantador, perspicaz, muy bien. ¿Querrías, por favor, devolver ese frasco en su sitio y venir conmigo?
Ella dirigió contra él sus ojos llenos de reproche, el chico se rió nervioso y volvió a ponerlo en su lugar. Detrás del vaporoso cortinaje azul estaba protegida la bola de cristal, la misma que le leyó la suerte a Kim en capítulos anteriores. Parpadeó en cuanto la misteriosa adivina se puso al frente.
—¿Me permites tu mano?
—¿Para qué…? —preguntó haciendo un amago. Ella cogió su muñeca y extendió su palma hacia arriba. Omi sintió las cosquillas cuando su dedo dibujó las líneas en su mano.
—Eres una persona afortunada, tienes la línea de vida más larga que haya visto, felicidades —de repente su frente se frunció de la preocupación y añadió al segundo luego—: Observo aquí que a los veintitrés conseguirás graduarte en la escuela de leyes y más adelante, cerca de los treinta, inaugurarás tu propio bufete de abogados. No existirá nadie que no conozca tu nombre ya que serás el defensor de máximos representantes del crimen.
—¡¿Y todo eso lo puede leer en mi mano?! —inquirió boquiabierto— ¡¿voy a ser famoso?! ¡¿Y rico también?!
—No, pero dice que uno de tus amigos te traicionará —Omi cerró la boca y subió la mirada hasta encontrarse con la suya, tenía los ojos desorbitados y resoplaban aletas de la nariz por la sorpresa. Lady Alice prosiguió con sequedad— eso ocurrirá, dentro de unos años cuando estén más grandes. En el corazón de los niños no anidan sentimientos ponzoñosos.
—¡Qué absurdo! Jermaine y Tiny son mis mejores amigos desde que éramos unos niños, lo compartimos todo y nos tenemos confianza ¿por qué pelearíamos? —se desenfadó y cruzó los brazos. Ella lo miró con una forzada expresión de estoicismo.
—¿No te lo han dicho? La envidia es la peor enemiga de la amistad y todavía eres un niño. Duda si quieres, pero así está escrito. Es tan cierto como que te involucrarás más de una vez en la cárcel si no te arrepientes de huir de casa lo único que te aguarda es una vida delictiva. Sin embargo, ni siquiera conseguirás rectificarte verdaderamente, estarás cerca de alcanzar los dieciocho cuando admitas todo lo que fuiste y proponerte un cambio radical de actitud.
Él le desafió con la mirada, no sabía que significaba "delictiva", pero no le gustaba el toque siniestro en su voz y el enigma brillando en sus ojos. ¿Cómo ella sabía que estaba huyendo de casa? Bueno, un niño solo, sin dinero ni celular es sospechoso. ¿Terminar al final del día vestido con un pijama de rayas y picando piedras junto a verdaderos criminales?
—No sé de qué estás hablando.
—¡Yo creo que sí lo sabes bastante bien! —canturreó Lady Alice—. Al igual que tus planes para separar a Raimundo de Kim...
—¡Ja, ¿por eso?! No necesito que alguien me diga que voy a tener éxito.
—¡Oh sí, lo tendrás! Con absoluta seguridad podríamos apostar que así será pero tal vez las consecuencias podrían no gustarte. Te lo advierto, aun estás a tiempo de evitar cometer un terrible error y lamentarte con amargura después.
—Sí, cómo no. Todavía no ha pasado y lo estoy disfamando. ¡Suficiente! Me largo de aquí.
—Querrás decir disfrutando —corrigió en un murmullo.
El niño con túnica roja, cinturón y zapatillas negras abandonó la carpa. Devuelta a la calle, las cosas tomaron su curso normal. El viento paró. Los autos flaqueaban el pavimento. Un grupo de personas caminando hacia el sur. Escapar de casa, Kim, su hermano Raimundo... ¿y si realmente esto era un error? Para un niño las cosas están un poco inaccesibles, flaqueó unos instantes. ¿De veras le haría esto al abuelo y a Dojo? Que no tienen la culpa. Entonces se acordó que había hablado con Chase. Reflexionó acerca de la proposición de su hermano de venirse a vivir con él. Viendo el lado positivo: las mañanas serían mejores, él estaría casi siempre con Chase, no tendría que encontrarse a escondidas, aprendería cuanto quisiera del maestro nuevas llaves de artes marciales. ¡Sí, tenía ganas de verse con él! No se diga más, Omi metió las manos en el bolsillo. Vacío. A dónde tenía que irse era lejos. Era dispensario tomar un transporte. Ni modo para encargarse de esta pequeña situación económica... unas monedas del estanque de los deseos...
Sacar monedas del agua estaría apreciado como un delito y tendría enormes problemas si la policía lo atrapa pero tenía "cierta experiencia". Lo había hecho varias veces por necesidad. Omi siguió caminando. El abuelo decía que de seguir caminando, tarde o temprano llegaría a alguna parte. En cuanto reconoció un póster de una película promocional tuvo una ligera impresión en dónde podría estar y se desplazó a gran velocidad; ahora que había concretado un plan, sentía estabilidad con respecto a su propósito. Chase no dejó números de teléfono, jamás había querido explicarle por qué, en cambio le dio una dirección para que lo buscara; era sorprendente que lo recordara a causa de que era la primera vez que iba allá, en su fuero interno estuvo repitiéndose la dirección para indicarle bien al conductor cuando llegara a su destino.
Encararse con las personas en el bus fue más duro que atravesar la calle. Su rara vestimenta y el cárdeno color lila que se extendía por su lóbulo frontal. Se sentó de último. A lo mejor se debía que había dejado de caminar y el autobús brincaba mucho pero sentía de repente el ojo inflamado e hinchado, latiendo salvajemente. Un niño como cuatro años menor, se giró en su asiento para observarlo igual que si fuera un fenómeno de circo, Omi lo saludó. Hasta que su cara se puso azul no se dio cuenta que contenía la respiración para soportar el dolor, soltó un gemido. Ahogó los pensamientos soslayando lucubrar en la laceración, no obstante, todo lo que pensaba de alguna manera hacía que se acordara de lo que dejó atrás con Dojo, Kim, el abuelo, Jermaine, Tiny, Raimundo y su padre... Pagó al bajarse. Descendió por una pronunciada pendiente hasta el final de la callejuela. Observó algo moverse en las sombras, pensó que era una ardilla y se alarmó, cuando descubrió que era en realidad un gato Omi se tranquilizó. Cada vez estaba más cerca.
En efecto, la guarida era un edificio mohoso y desvalijado, la puerta roja y las luces de las dos ventanas del segundo piso encendidas daban la impresión de un volcán con un aspecto feroz y temible. Jugando con la imaginación hasta le veía los colmillos. Omi golpeó con los nudillos llamando a su hermano. Al oír los pasos de alguien quien venía lentamente, reculó.
—¿Omi? —el rostro de Chase apena se abrió en estupor.
—¡Ta-dá! Un regalo de navidad anticipado. Como ves yo ya estoy aquí, decidí hacerte caso —su voz trémula se quebró al final.
—Eso veo, ¿pero qué te pasó en el ojo? Omi te conozco, ocurrió algo para que te decidieras.
—Lo del ojo es una larga historia. En cuanto a lo otro no sucedió nada, es sólo que tenías razón: Hay muy poco espacio para nosotros tres y no tengo por qué convivir con personas que no me valoran. Desde ahora quiero ser como tú, cada día tener una aventura.
—Bueno, sea lo que sea que haya pasado me alegro que así sucediera y te empujó a venirte conmigo —seseó—. Con el sumo placer del mundo podrás unírtenos.
—¡Qué bien! ¡Ya quiero comenzar! —exclamó con voz resonante.
—Es sólo que… —consternado, Omi reprimió la sonrisa y frunció el ceño— antes de darte la bienvenida oficial. Habrá que organizar una especie de prueba delante de los demás para despejar cualquier incertidumbre que haya en tu contra.
—Yo creí que tú eras quien tomaba la palabra —dijo lentamente. Chase rodeó su brazo los hombros del niño, apretándolo. Como si eso inspirara alguna fortaleza.
—No te desanimes, Omi, yo confío plenamente que podrás superarla. Ven adentro, te voy a suministrar los detalles —Omi relajó la cara y ensanchó una amplia sonrisa, más sereno.
—De acuerdo —hizo una pausa y después le preguntó—: Oye, Chase ¿tú crees que si se me cicatriza el ojo me hará ver más varonil?
Por cubrir las apariencias no dijo nada de inmediato, pero lo cierto es que había engendrado un plan desde el comienzo y llevaba esperando mucho tiempo para ejecutarlo. Y por fin ese momento sería hoy; en la hora más obscura de esta noche cuando el sonido del silencio es más mortal. Para este "trabajo" no necesitas depender de una gran fuerza o tener habilidad, si no ser más astuto que los demás y a veces nacer con las proporciones adecuadas. Habían allanado sin problemas la mayoría de los inmuebles, empero cuanto la seguridad se duplica mayor es el patrimonio que protege. Asediado por un muro alto y rematado con unos bucles de alambre espino, permanecía aislada una propiedad, dicen que pertenece a un viejo viudo del que supuestamente casi nunca cohabita en ella. Numerosas fueron las veces que trataron infringir el territorio y todos resultaron en rotundo fracaso, a menos que uno de ellos tuviera una estatura inferior al promedio para tumbarse, traspasar y abrirle el portón a los otros, no podían llegar hasta ella. Claro, eso cambió, ahora que Omi intervendría.
Lo que no entendía muy bien es la finalidad con que los dejara entender.
—Repíteme una vez más lo que tengo qué hacer —indagó Omi mirando el muro.
—Es sencillo: Te escabulles debajo del muro y nos abres la puerta.
—Ajá, esa parte ya la entendí, lo que no capto es ¿por qué? —puso una mueca.
—Todo a su tiempo, en unos segundos verás...
Omi se encogió de hombros. Se escondió detrás de un grupo de arbustos, se tiró bocabajo y se arrastró por tierra, impeliendo extremidades superiores e inferiores, debajo de la brecha. El túnel era estrecho y le costó desatorarse en una oportunidad. No sabía cuánto le alegraba que la luz de la luna hiriera sus ojos. Al ponerse de pie, se sacudió un poquito el pantalón y luego corrió a abrir la verja. El chasquido de la portezuela era tan estentóreo que no llegó a abrirla completamente. Omi la dejó entrecerrada para cuando tuvieran que irse no estorbara en el proceso. Seguidamente él se lanzó tras ellos. Irrumpieron en la casa. Chase se limitó a observarlos a partir de una distancia junto a Omi.
—Oye, si no fuera porque estás aquí diría que están saqueando todo —Omi se rió nervioso. Chase le devuelve la sonrisa, se acercó y tomó un largo bastón1 suspendido en la chimenea. El mango era pesado y en el extremo superior brillaba el ojo de una piedra preciosa— ¡oye, en serio sí están saqueando! ¡Ustedes, los de ahí, devuelvan eso! Hermano debemos... ¿pero qué crees que estás haciendo?! ¡Pon eso en su lugar! ¡No es tuyo! ¡Le pertenece a alguien!
—¿Podrías hablar un poco más bajo, Omi? —indagó Chase amable— no queremos llamar la atención. Querrás decir "pertenecía", ahora este bastón es mío. Pensaba que ya estabas en edad donde te enseñaba a conjugar verbos, pero nunca has sido bueno en español. Bueno, ¿qué estás esperando? Adelante, Omi, ve y selecciona lo que te guste, es tu recompensa por abrir la puerta... —señaló apoyándose del bastón
—¡¿Que quieres QUÉ?! ¡No, no señor! —Sacudió con la cabeza— ¡Chase esto no está bien! ¡Estamos robando! Para empezar no deberíamos estar aquí y en segundo ¡esto es totalmente ilegal, podríamos pagar con cárcel esto!
—¿Crees que no lo sé? Mira, yo te habría dicho antes, pero preferí que lo averiguaras pese que te demoraste mucho en descubrirlo ¿por qué lo dejé así? No tengo la respuesta ¿orgullo tal vez?
—No... me niego a aceptarlo, ¡si serías incapaz de...! ¡Jamás, de ninguna manera, ERAS MI MODELO A SEGUIR! ¡¿Por qué tú no...?! Creía que eras uno de los buenos, ¡yo no soy un ladrón! ¡Tú tampoco! —a Omi le costaba un enorme esfuerzo vomitar las palabras. El ácido quemaba su garganta y labios. Retrocedió.
—Entonces pensabas conocerme —repuso muy tranquilo—. Es curioso, ahora que hacemos lo que tú haces, te resignas. ¿Qué pasa? ¿Cuánto todo el mundo lo hace ya no es tan "buena onda"? Eres un rebelde, en ese caso. Digo ¿cuál sería la diferencia entre robar este bastón y poner en práctica tus bromas? En absoluto, ninguna, ambas perjudican a la víctima. Pero no te preocupes, es normal que te asustes al principio, te acostumbrarás. Así lo hice, comienzas por poner una rana en el laboratorio de la escuela y el día de mañana colocas una bomba en el banco —Omi escuchaba horrorizado a su hermano, su rostro demacrado y crispado con los ojos clavados en los de él—. Escucha, yo lamento que las cosas no son como pensabas, pero esta es la realidad. Mi intención no era decepcionarte, lo digo en serio, sin embargo, no soy el villano...
—¡¿Ah no lo eres?! —espetó con frialdad— ¡¿es que al fin robar está bien?! ¡¿Vas a venir con eso?! Esto no se trata de mí si no de ti, ¡me decepcionaste! ¡Me mentiste y manipulaste para que hiciera tu trabajo y te quedaras con todo! ¡Tú no me extrañabas, lo que querías, lo que en verdad planeabas, era aprovecharte de mis habilidades para conseguir esto Y MÁS! ¡Yo no te importo! Si fuera por ti, todavía no supiera nada ¡es que hasta me tomaste por un grandísimo tonto! Pero lo peor es lo que le hiciste a nuestra familia, ¡ahora ya sé porque te fuiste! ¡¿Cómo pudiste?!
—Sí, es un buen resumen —admitió encogiéndose de hombros— nada más te equivocaste en una cosa. Tú sí me importas, Omi, más que suficiente. No deberías descargar tu ira hacia mí mientras este "ladrón" te ha apoyado y resguardado, ¿"la familia" qué ha hecho por ti? Ellos te han engañado. Puedes elegir hacer estas cosas de un modo fácil o difícil, ahora que ya sabes todo, ¿qué dices?
Él extendió su mano. Una sorda risita confiada se filtró entre sus dientes. Omi lo miró con cierta vacilación, debe ser que sus rodillas flaquearon porque todo pareció hundirse consigo mismo. ¿Acaso debía cambiar por los demás? ¿qué indicaba el sentido de Monje Guerrero de Shaolin? Y más importante, ¿qué dice Omi? Su corazón estaba tan dudoso y apabullante que apenas podía oírlo. El abuelo decía que el genuino guerrero tan sólo tiene un propio juez de sus acciones y es sí mismo, rigiéndose por su propia rectitud no de la que emanaba de los demás. Para un monje hablar y hacer tiene el mismo significado, sentía que deshonró ese principio. Chase tenía razón en una cosa: Era tan vil igual que ellos. Pero también tenía la opción de rechazarla y por primera vez actuar correcto. No, desde luego que no estaba en la obligación de acabar así. A punto de estrechársela, cerró el puño.
—Tal vez SÍ quiera hacer las cosas bien... por una vez —le sonrió Omi con cortesía. A final de cuentas un monje guerrero de Shaolin obtiene su respeto no por sus habilidades si no por su trato para con los demás.
Omi miró fijamente sus ojos coléricos. En eso los vellos de la nuca se le erizaron cuando el aullido de dos perros labradores desgarró el silencio. ¡Oh no, el viejo sí estaba en su casa y los había descubierto! Los dos dieron un respingo y salieron corriendo. Algo no estaba bien. Iba demasiado lento, ¡claro! Era el golpe en el costado, había limitado enormemente todas sus capacidades. La panda dejó muy atrás al pequeño y pronto lo iban alcanzar...
1. Buenos días.
2. ¿Dónde está papá?
3. No ha llegado.
4. ¡Adiós!
A/N: Bien, señores, el capítulo se termina aquí. Verán lo que sucede en la continuación si agarran a Omi o no, qué ha pasado con los otros entre tanto y etcétera., En: Todos necesitamos a un amigo. Uf, he estado pensando si debería dejar de escribir las notas de autor y sólo subir los capítulos, así no los chalequearía más nunca y me ahorro de escribir tonterías que nadie lee —nadie me quiere, todos me odian—, luego pienso que no me importa y se me pasan las ganas. Lamento si el capítulo quedó muy largo, pero no podía terminar de otra forma. ¡El torneo demoró muchísimo! Hay autores que sólo dicen hubo una pelean y no la describen, otros que sí, yo sí lo hice. Y además quería escribir esa sorpresa, ¡mi segunda aparición! No, quiero decir, la segunda aparición de Lady Alice, no sé si esas predicciones son ciertas. Habrá que ver, da para pensar.
Se rompió la magia, ahora Omi sabe la clase de personalidad que es Chase ¡uy! Debió doler. Esas dos fueron mis escenas favoritas, ¡ah, y también está el beso de Megan! Al menos Omi no fue grosero y no se limpió la mejilla o algo por el estilo. Obviamente el episodio se centró nada más en Omi y es una secuencia de Quien soy, sin embargo, si me preguntan episodio conmovedor, conmovedor es No seas cruel en navidad. Si no los hice llorar en este, entonces en Todos necesitamos a un amigo y si no en No seas cruel en navidad. Se me parte el alma cada vez que leo ese último.
Tiempo para preguntas, ¿ustedes les parece que exagero con la trama de esta historia? No lo sé, escribí para pedir una crítica para esta historia y quedé descontenta: Habían palabras raras, que a veces la pegaba y otras no, que si no puse los guiones largos en el comienzo, que sentía la historia un poco cliché, que exageraba demasiado con algunas partes, que si la portada, que si el sumario le falta algo, que les parecía muy drástico los cambios de punto de vista, pero que a final de todo tenía una buena historia y de puntuación ocho. Nunca había leído algo que se contradijera tanto. En primer lugar, el asunto del "tamaño" de los guiones es meramente estético, como no quería soltar un spolier no sé a qué se refería con palabritas raras, me parece —y corríjanme los que dependan de una buena ortografía— que hay errores peores que pegar palabras o lo que sea para los que escriban veloz —como que un porcentaje mínimo de la población conoce la diferencia entre ahí, hay y ay—, pero según, es un error "gravísimo".
Yo no discuto la originalidad en las historias porque la calificaría subjetiva, el mundo está inventado, todo está del modo en como presentas de principio a fin todos tus elementos y porque a final de cuentas se basan en cosas que ya existen —y porque han habido varias personas que me han dicho que este fic les parece original en contraste a esa opinión—. En cuanto el sumario, ni modo, no puedo soltar detallar... tiene que ser algo sencillo, corto y que englobe todo. Como Kim es la única narradora protagonista, no veo necesario indicar quién está narrando, o es ella o es normal, que está enfocado desde el punto de vista de alguien fuera de la trama y en tercera persona. Sin embargo lo que más me molestó es que todo fue una crítica, ningún consejo para mejorar o qué hacer. Lo estoy diciendo porque siento que debo expresarme, así que si tienen algún descontento, hable ahora o que calle para siempre...
Esto es como unas elecciones, si no votas no te quejes después de lo que tienes. Así de raspado y llano. En fin, ya rebasé las ocho mil palabras. No los interrumpo más en sus actividades. ¡Nos leemos en el próximo capítulo! ¡Hasta entonces cuídense!
Mensaje para Isabel: ¡Hola, hola! ¡feliz año 2016! Lo entiendo, me alegro que hayas salido muy bien en tus exámenes :D ¡te felicito!
Para Clay, todavía prefiero a Lucas Till como él. Tom Welling lo he visto, pero no me convence. Es de esas personas que eran patitos feos cuando eran jóvenes y hermosos cisnes en la madurez. Pero encontré uno que se parece mucho a nuestro Raimundo. Estuve viendo Samurái Power Ranger y me quedé impresionada: Es moreno, de ojos verdes y cabello castaño. Se llama Héctor Davis Jr., es mexicano y tiene 26 años, es lo único malo. Para Kim, no estoy de acuerdo con ninguna, prefiero que sea una actriz asiática y ellas son occidentales. Yo quería buscar a una actriz japonesa, pero existen coreanas quienes son muy lindas como Park Shin Hye, aunque tiene 25 años, se pondría lentes de contacto azules. Jack... todavía no ha existido actor que convenza, pero nadie tiene los ojos rojos —eso sería un problema de anomalía—, en todo caso se solucionaría con los lentes de contacto, sí ha habido actores que se los ponen para caracterizar un personaje. Aunque si no, está bien unos ojos negros. Muy bien querida, ¡ojalá te haya gustado este capítulo tanto como a mí! ¡Nos leemos pronto!
