Quiero ser escritora
35º
Todos necesitamos a un amigo
¡Ay, pequeño y adorable Omi! ¡Haces que se nos salga a todos el corazón sin necesidad de usar un bisturí! ¿Ahora en qué lío te metiste? ¡¿Dónde estarás?! ¡No podemos localizarte ya que dejaste tu celular! Nos haría las cosas muchísimo más fáciles si tuvieras una correa en torno a tu cuello, así sólo tendríamos que tirar de él y estarías de vuelta. Segundos después de que inesperadamente bajaras de la plataforma y te fueras, el idiota brincó la talanquera y salió corriendo en dirección a la calle. Registramos los alrededores, incluso preguntamos si lo habían visto, pero no obtuvimos nada. Volvimos a escudriñar dentro del torneo, sólo por si acaso, y tampoco hubo algún cambio. Éramos siete, cubríamos mayor territorio, teníamos cierta esperanza de que uno al menos tuviera suerte. Cuando Omi quiere desaparecer, ¡es en serio!
Aunque casi todo el tiempo estuve parada animando, ignorando a las otras personas que me veían como desubicada —no lo voy a negar, me sentí un poco insegura al principio. Había unos chicos que tenían cara y cuerpo de monstruos, y Omi a su lado parecía tan diminuto, ¡creí que no lo iba a conseguir! Pero estaba equivocada— llegué a dialogar un poco con el Sr. Fung cuando me senté hasta que las manos se me enrojecieran de tanto aplaudir. Estaba escribiendo un mensaje a su hijo disimuladamente. Le pregunté si creía que Dashi vendría a tiempo. Él decidió ser franco y disintió con la cabeza tristemente. ¡Pobre Omi! Contaba con que el torneo sirviera de excusa para que pudieran verse, no ha hablado de otra cosa en esta semana de eso, y ahora…, creo que sí se dio cuenta. ¡Se habrá llevado tremenda decepción! Sin fuerza para dar la pelea, estuvieron a punto de derrotarlo. Sólo él aguantó lo suficiente hasta que culminara el combate y se fue. ¡Es revivir un deja vu! ¡Omi ha vuelto escaparse!
—Por favor, señores, no entremos en pánico así nunca lo vamos a encontrar —dijo Jack—. Tal vez él se haya ido a casa cuando todos estamos aquí desesperándonos, cuando yo estaba más joven y me enfadaba necesitaba un espacio para mí solo.
—Me gustaría creerlo, pero el asunto es que ha pasado antes.
—No perdemos con intentarlo —añadí—. Es obvio que él no está aquí. Iré con el Sr. Fung para cerciorarnos.
—También yo iré contigo —terció el idiota—. Niños, será mejor que regresen a sus casas, si Omi se contacta con ustedes, prometan avisarnos. Jack, ¿por qué no vas con Megan?
—Claro —Jack torció una sonrisa rígida—, pero de inmediato volveré para ayudar.
—¡Ya basta! ¡Dejen de pelear ustedes dos! —les advertí, interponiéndome. El idiota y Jack intercambiaron miradas asesinas— ¡Omi está perdido y solo! ¡no buscamos más problemas del que estamos hundidos, así que compórtense como adultos!
Jack desvió la mirada con brusquedad. Raimundo frunció el ceño. ¡Hombres tenían que ser, nunca aprenden! Aunque insistí que estrecharan sus manos y dejaran las diferencias de lado ninguno me hizo caso, la única respuesta que recibí fue un gruñido de parte de ambos. Nos separamos. El abuelo Fung estaba angustiado por su pequeño nieto. Nunca lo había visto de esa manera. Su rostro estaba sombrío y de un color muy azul. Susurraba el nombre de Omi. En el hogar de los Young se respiraba una paz imperturbable. Nada prueba mejor que hoy es domingo con ese silencio de ultratumba. El señor Fung tenía una réplica de la llave en su juego, su hijo se la dio por una emergencia, pero habían sido más de una vez que la usaba y todas eran por Omi. Esta no sería la excepción.
—¡Omi, ya llegamos! Es el abuelito, por favor, ¿querrías salir un momento? Deseo hablar contigo, prometo que no te va a suceder nada. No estoy enojado por lo del torneo, si eso te preocupa, pero te lo ruego, hazme el favor ¿eh, Omi? ¡Omi!
—¡¿Qué es esto?! ¡¿Por qué tantos gritos?! —Wuya salió, tenía unos espumosos guantes de goma rosados y el cabello recogido en un moño. Iba descalza— Sr. Fung, ya está de vuelta, quiere decir que el torneo ese terminó...
—¡¿Wuya?! ¡¿pero qué haces aquí?! —preguntó él con voz tensa y mesurada— ¡me habías dicho que estarías ocupada con el trabajo y por eso no podías venir! ¡Bueno, ya hablaremos luego de eso! ¡Ahora estoy buscando a Omi ¿está en su habitación sí o no?!
—¿Ese mocoso? —encogió los hombros con desdén—. Él no ha vuelto a pisar un pie desde que se fue con ustedes y creí que ahí era donde estaba hasta que vinieron.
—¡¿No está?! —por allá, en el drenaje, va nuestra última esperanza. Sobrecogido, el señor Fung lanzó las manos a la cabeza y presionó—. No estaba en el torneo y tampoco está aquí, ¡oh, ¿por qué nos haces esto?! ¡¿En dónde más?!
—¿Wuya, acaso era la voz de mi papá?
Volteamos en la dirección donde procedía esa voz somnolienta. ¡No puede ser! ¡Es el señor Dashi! De acuerdo, oficialmente estoy en shock... ¡¿No se supone que estaba en el trabajo y por eso no vendría?! ¡Uf, yo no quiero ver esto! Dashi se estrujó los ojos y soltó un bostezo casi imperceptible. Apenas escrutó que estábamos todos aquí se le pasó el sueño. Su padre, boquiabierto, caminó hasta él.
—¡¿Todo este tiempo estuviste aquí?! —su voz sonaba dura y afilada— ¡estuve llamándote por horas! ¡¿Leíste siquiera uno de mis mensajes?! ¡Debes tener el buzón saturado de todos ellos! ¡¿Qué puede ser más importante para que te perdieras el torneo de TU HIJO, Dashi?! —la acusación fue como recibir una cubeta de agua fría. El rostro de Dashi se desfiguró en su totalidad. Yo no sé, no soy Dashi y me siento horrible—. ¡No, no puede ser Dashi! ¡Esto no puede continuar así! ¡Él te necesitaba! Al menos, ¡¿preguntaste por él cuando llegaste?! ¡No se puede, no se puede! —jadeaba desesperado—. ¡Ya no eres tú nada más de quién te tienes que preocupar!
—¡El torneo! —Dashi no sonó igual que una interrogante, mas bien era un pensamiento en voz alta como una recapacitación— ¡maldita sea, lo olvidé por completo! ¡Sabía que se me estaba olvidando algún detalle esta mañana, pero no pude recordarlo! ¡Oh no, ¿qué clase de padre soy?! ¡¿Cómo pude olvidar una fecha tan importante?! ¡Omi! ¡Omi debe estar furioso conmigo! ¡Padre, dime dónde está! ¡Tengo que hablar con él de inmediato! —gimió.
—¡Oh ya lo creo que está furioso! —dijo con frialdad—, empero ¿dónde está? Es lo mismo que me pregunto yo, supo que no ibas a venir y abandonó el torneo.
—¡¿Que hizo qué?! ¡¿Omi está solo y perdido?! —es una pregunta retórica, por lo tanto fue un alivio no tener que responder—. ¡Es mi culpa! ¡Wuya, ¿tú sabías de esto?! ¡¿Por qué no me dijiste nada?! —se dirigió a su esposa. Ella puso una mueca.
—¡Oye, a mí no me metas en tus líos! ¡Es tu carga! Pienso en demasiadas cosas al día para concentrarme únicamente en Omi —replicó ofendida y no sé por qué no le creí— ¿para qué le dan tantas vueltas? Sí, está clarísimo en donde tienen que buscar: En los suburbios ruines con los delincuentes, ¡es obvio que ahora está junto a los de su verdadera naturaleza!
—¡Wuya, no seas insensible! ¡Te juro que si Omi no aparece, te voy a ser responsable de lo que le pase! —acusó. Su voz se elevó a varias octavas, estaba muy enojado visiblemente— he tratado ser paciente y comprensivo, he querido sentarme en la mesa contigo y Omi con la intención de establecer comunicación para que juntos lleguemos a una solución pacífica en la cual salgamos felices todos, ¡pero tú no quieres! Creo que he prolongado demasiado esta situación. Es hora de cortarla de raíz y hablo de que tal vez solicite pronto el divorcio —afirmó con aplomo—. ¡Como está la inseguridad, Omi puede resultar herido! ¡¿Qué pasa si de repente tiene hambre?! ¡¿O frío?!
—Bueno, no es para tanto, Omi sabe bien cuidarse solo, nos ha demostrado a todos que es un muchacho listo. Pero de nada servirá si nos quedamos aquí ¡tenemos que encontrarlo! —parecerá cruel, sin embargo, es un hecho gracioso. Omi ha salido múltiples veces a la calle, solo, sin comida ni abrigo para taparse y nadie se ha quejado. Todo cambia si no sabemos a dónde fue.
Ningún niño llamó. Omi no está escondido en una de sus casas. Lógico, habrá pensado que sería el primer lugar en el que buscaríamos. Volvimos a mi apartamento y luego, pasamos a registrar el del Sr. Fung. Todo limpio. Incluso creímos que quizá Omi pudo acercarse hasta el lugar de trabajo del Sr. Fung y el del Sr. Dashi, empero perdimos el tiempo, —sí, fue una bobada haber ido allá. Si Omi no quiere saber nada de su familia, querrá alejarse lo máximo que pueda. No obstante, no se nos ocurría una mejor idea—. Al final Raimundo puntualizó poner este asunto en manos de la policía, agotamos lo último que podíamos hacer. Bueno él tiene razón. Desconsolados, ellos accedieron a la alternativa.
Los favores nunca se cansan de pagarse. Conozco al delegado actual y sé que nos ayudará. No porque me conoce si no la índole del caso. No son frecuentes ver a niños desaparecidos. Por regla general; una noticia que sopesa una magnitud tan delicada pone de cabeza a la ciudad entera, y a veces al mismo país. La policía "debería" otorgarle relevancia especial. Si esto avanza y todavía no hay nada, los medios someten bajo el microscopio a la familia y comienzan los falsos avistamientos. Pudimos llamar desde la casa de los Young, reportarlo con la recepcionista, pero Dashi quiso ir directo pues que quería evitar que lo dejaran en la cola o se pusieran a jugar a la pelota con él. Ustedes saben, que te redirijan la llamada a los cientos de empleados antes de que uno quiera tomar nota de tu problema. Malditas políticas privadas, y también para eliminar el desasosiego, esas terminaciones nerviosas que sacuden el cuerpo y entrecortan la voz. Caminar, por lo menos mantienes el cuerpo en movimiento.
En la jefatura, pedimos hablar con él. No se le puede quitar, Guan tiene uno de los trabajos más ocupados del mundo, pero detrás de mi falda yo cruzaba los dedos que se tomara unos minutos libres. Cuando salió yo decidí hablar. Si bien esto no es precisamente mi problema, sin embargo, sé que estoy ahorrándoles mucho al Sr. Fung y su hijo. Debe ser difícil hallar las palabras o hablar sin tartamudear.
—Buenos días, me notificaron que querían hablar conmigo, ¿en qué les sirvo? ¡Ah Kim!
—Guan, necesitamos con urgencia tu intervención —sí. No quiero ser muy técnica, pero es un deber de Guan encargarse de coger estas riendas—. Se trata de mi protegido, el hijo del Sr. Young, ¡se fue! No sabemos dónde está...
—¡Ah! Ya sé por dónde va la cosa… —susurró, cruzando los brazos— niño sintiéndose no querido, lo resuelve huyendo de casa. ¿Trajeron una foto del niño?
—¡Eh, sí! Aquí tengo una.
—¿Querrían pasar a mi oficina y contarme con detalles lo qué ocurrió? —indagó señalando la puerta con su pulgar. Asintieron otra vez. El idiota me detuvo antes que pasara con ellos.
—Kim, es mejor que te quedes en la sala de espera —sugirió suave.
Arrastró mi cuerpo hasta las sillas y nos sentamos. Sus brazos se cerraron alrededor de mí y me apretó. Las yemas de sus dedos subían y bajaban por mi brazo lentamente, la caricia me estremeció, aunque pude aguantar. Me estaba consolando de todas formas.
—Tranquilízate, lo encontraremos —repuso Raimundo con parquedad para alentarme— un niño coreano de ocho años de piel amarilla y calva muy reluciente, vestido con uniforme de karate, no es difícil de ver.
—¡Él es chino y tiene once! ¡Tampoco es karate, es shaolin! —protesté, mi mirada se cruzó con la suya. Raimundo se echó a reír, divertido ligeramente.
—Lo sé, quería distraerte —cerró la boca haciendo una pausa, añadió serio— muchas veces hacer nada es la solución. Cuesta, pero así es. Alguien debe conservar la calma por ellos.
—Sí... tienes razón —susurré—. ¿En dónde estará Omi? Ya buscamos en mi casa, en la del Sr. Fung, en la de sus amigos, en el trabajo del Sr. Dashi, en la librería de su abuelo. ¡Oye, todavía no hemos visto si está en la heladería! ¡¿Por qué me agobia esta sensación como si supiera dónde está?! Tal vez no he pensado en todos los sitios, ¡¿en qué lugar más estaría?!
—La respuesta está en nuestros corazones —dijo él en tono solemne, haciendo un especial énfasis en "está". Yo le lancé una mirada con desaprobación. Burlón, Raimundo se rió— lo siento mucho, princesa, empero es que no pude eludir la ironía. El corazón es el principal órgano del sistema circulatorio cuya función es bombear sangre a todo el cuerpo, aparte de eso y que es mucho más feo a como lo dibujan, no puede hablar, ¿cómo es buen consejero entonces si no dice nada? —separé los labios para responder. Él levantó la mano—: Sé que vas a decir que los autores se refieren a eso en un sentido metafórico y que lo haga uno, sin embargo, ¿tienen que ser todos? ¿Cuesta mucho cambiar "escucha tu corazón" a "piensa lo que te gustaría hacer a continuación"? Sí, definitivamente suena más poético de la primera forma, pero todos obramos en función de la segunda y mejor así, sería muy espeluznante si de repente caminamos por la calle y una voz estridente dice: Tenemos que hablar sobre esas dos chicas. Ni se diga el "yo estaré siempre en tu corazón donde quiera que vayas" si de por complicado hacer que hable, todavía más tratar de meter dentro de ti a una persona.
—Me parece formidable, Pedrosa —me quejé mordaz—. Los demás preocupados por Omi y tú practicando un discurso filosófico acerca del corazón y haciendo bromas. Me contenta que uno de los dos no haya perdido el humor en tiempos de crisis.
—Kim, no es que yo no esté nervioso como el resto. Esta es mi modo de drenar la ansiedad. Unos se muerden las uñas, otros caminan, algunos prefieren decir nada. ¿Qué fue lo que te dije hace rato? Que debíamos conservar la calma, hasta en los terremotos y los incendios no podemos actuar desesperado ya que las cosas siempre salen mal. Tú también debes relajarte ¿está bien? Si te fuerzas no obtendrás nada. Cálmate. Recuerda: Hay que ser felices.
Asentí con la cabeza, escondiendo la mirada. En ese momento sentía la garganta seca, tuve que tragar saliva para refrescarme. Vi una toma de agua pasillos atrás, pero no quería dejar a mi asiento y aguanté mis ganas pese que pude pedirle el favor al idiota que me lo cuidara. Saltó a mi mente un pensamiento y saqué el celular.
—Casi olvidaba escribirle a Jack... —Raimundo colocó una mano encima de la pantalla.
—Kim, tú de verdad no quieres que él... ¿o sí?
—¿Qué tiene? —Protesté quitando el celular—. Raimundo, él es mi amigo, le prometí que lo mantendría al corriente. No te pongas pesado —imploré.
—Está bien, hazlo —susurró.
Me estremeció, de antuvión, el brillo macilento que compareció en sus ojos. Era una mirada dolorosa. Tuve que mirar hacia otro lado cuando empecé a teclear el mensaje, me quedé allí a su lado durante la demora y a los instantes se nos unieron los afligidos Young. La policía enviaría un equipo a investigar su último paradero; obtendrían traer unos perros entrenados para continuar su rastro, es por ello que pidieron una prenda que haya usado recientemente y un cepillo de dientes si necesitaban comparar fluidos. Dashi tuvo que hacer una parada a su casa. Ellos prometieron informarnos, pero ya saben que eso no es totalmente cierto, nada más nos dirigirán la palabra cuando lo encuentren y si preguntamos dirán que es clasificado o estamos trabajando en eso. Jack vino media hora después, le referí de lo que había pasado en su ausencia. Cuando nos topamos esta mañana automáticamente pensé en la apuesta que fijó con el idiota. Sin embargo, no se vería bien que eclipsara el momento histórico de Omi hablando de eso. Ahora que estábamos a solas era la ocasión perfecta. Escuché la versión de Raimundo, lo justo era también dejar a Jack explicarse. Se necesitan dos para armar una apuesta. Sé que parecía que ese día cargaba al idiota de toda la culpa, pero no, también me decepcioné de Jack. No veía inconveniente sacar el tema en una situación crítica. Tendría que posponerlo.
Las horas transcurrieron. El señor Fung me sugirió que podría irme a casa, si tenían noticias de Omi me llamarían ya que a fin de cuentas tenían agregado mi número. Antes de que me involucraran al juego de la policía encubierta, lo rechacé con amabilidad, decidí quedarme y él no insistió en cambiar mi opinión. Raimundo sabía que no ganaría así que ni lo intentó. El corazón se me hacía trizas cada vez que veía a Dashi compungido con los ojos clavados en la ventana esperando que trajeran a su pequeño de vuelta. Me acerqué en silencio.
—Nadietienemásculpaqueyo —gimió.
—¿Perdón?
—¡Nadie tiene más culpa que yo! —suspiró con voz rota. Se restregó una mano por la cara y la llevó hasta el cuello—. Ni siquiera Wuya... estaba tan atareado buscando que a Omi no le hiciera falta nada que lo desatendí y lo peor es que siempre intentaba justificarme usando el trabajo como excusa para evadir mis responsabilidades, ¿qué ejemplo yo le estoy dando a mi pequeño? Mi papá tiene razón, Omi es como es por mí inseguridad y pereza, no es justo ¿sabes? No tiene que pagar por mis errores. Cuando andaba tras de una travesura me estaba pidiendo a gritos atención y yo lo ignoré. Ahora ya es demasiado tarde para que reflexione, la oportunidad que tenía para sentarme con él pasó. ¡Yo tenía que haber sido sincero! Desde que mi primera esposa... bueno, su madre se nos fue, la vida ha sido dura para los dos, pero en vez de consolarnos mutuamente, lo que hice fue apartarme de él. Caí en un estado grave de depresión, me encerré a mí mismo porque no quería contaminarlo con mis problemas y tuve que ir al psicoanalista, ¡desaparecí! Creí que una madre sustituta iba a ser la solución y por eso me casé con Wuya, pero estaba equivocado. ¡Yo tenía miedo, lo voy a confesar! —sollozó sin reprimir las lagrimitas. Sorbió su nariz— si es preciso que jure que renunciaré a mi trabajo, lo haré; si es preciso que jure que me divorciaré si significa que mi Omi estará de vuelta, entonces lo haré. Nada es más importante que él en este momento.
—Señor Dashi —mascullé de forma casi ininteligible— no tiene porqué sacrificar una cosa por otra, eso fue lo que sucedió con exactitud a Omi. No puede vivir sin su trabajo, si usted está cómodo en él. Tampoco puede divorciarse de Wuya si la ama. Estoy consciente de que es difícil, pero debe encontrar un punto medio entre las tres y organizarse. Estoy de acuerdo con que su prioridad ahora y siempre será su hijo. ¡Pero no desista! Omi regresará ya sea en manos de la policía o por su voluntad. Nunca nos enojaremos demasiado con la persona que amamos ni seremos capaces de permanecer muy alejadas de ellas.
—Ojalá que nuestros ancestros te estuviesen oyendo.
—Claro que sí —hombre. Me atreví a poner mi mano sobre su hombro. Esbocé una media sonrisa infundiéndole valor. Justamente el delegado Guan salió de su oficina.
—¡¿Alguna noticia?! —se me adelantó.
—Eh... —vaciló. Juntó las manos— no estamos seguros, pero un hombre asegura que tiene en su casa un niño que coincide con las características de Omi. Iremos a averiguar, ustedes no se muevan de aquí. Ahora con su permiso...
¡No me había percatado! En el recibidor, a un lado del mostrador de la recepcionista estaba prendido el televisor en el canal de noticias. Ya dispararon la alerta. Podía verlo: La cara de Omi impresa en cada cartón de leche que expedían las fábricas y con la inscripción de ¿Ha visto a este niño? Por factor, contacte a este número... ¿Qué no hacen eso cuando los niños desaparecen?De acuerdo, son las siete y quince de la noche. Después del interrogatorio, el señor Fung se había sentado a esperar y no había pronunciado una sola palabra. Parecía que estaba hundido en un estado catatónico, como si un monstruo terrible le hubiera chupado el alma. Sus manos estaban quietas, encogido en su asiento y con aire ausente contemplaba las noticias sin emociones. Dashi tenía una mirada frenética, caminaba en círculos sin parar.
Guan no aprobaba que Omi se viera con su padre en este momento. Al parecer lo atraparon en flagrante en el patio del señor Barkey Le Bois, el abuelo del niño de anteojos verdes que estudia quinto grado con Omi —las vueltas que da la vida—, están en la otra habitación. No sabemos a qué fue hacer puesto que no ha querido abrir la boca desde que la policía lo trajo y tampoco es que el señor Le Bois sabe más que nosotros. Estaba en su estudio cuando oyó a los perros ladrar. Pensando que era un ladrón, encañonó una escopeta y se dirigió al jardín donde vio a un niño amoratado alejando a los perros. Le extrañó descubrir que era un niño y que estuviera tan aporreado. Lo invitó adentro, al fijarse que no dejaba de mirar el arma, tuvo que ponerla bajo llave antes de hablar con él directamente, intrigado por los cardenales fue su primera pregunta. Él no dijo nada, ni contestó las demás. Apenas miró las noticias, se comunicó con la policía.
Las sospechas apuntan que probablemente estaba robando. Lo obligaron a ponerse contra la pared, llevar las manos hasta la nuca y revisaron sus bolsillos y zapatos pero no encontraron nada que apoyara esta teoría. ¿Qué les parece? De niño perdido a delincuente juvenil... ¡no, aquí debe haber un malentendido! No haría algo tan terrible. En el fondo, es un buen niño con un grandísimo corazón. Lo sé, ¡estoy segura! Guan se fue con él aparte y conociéndolo lo trataría con hostilidad. Cuando alguien le cae pesado se pone muy irritante. Iba a intentar acercarme, no obstante, tenía que cruzar la habitación donde estaban resguardados Barkey y su nieto. Dios sabe que es muy feo escuchar las conversaciones ajenas, pero si involucran al pequeñín en un asunto delicado podríamos hablar de una excepción.
—...Estoy confundido Boris, ¿no decías que ese niño se mete en constantes problemas en la escuela?
—Lo dije, pero no es sinónimo que sea una mala persona. Además ya comprobamos que no se llevó nada, ¡¿qué mayor prueba que esa?! Él sólo está asustado, si lo dejaran explicarse cuando se calmara, este asunto se esclarecería, quizás tiene un buen motivo, ¿no lo ves? Su familia pasó por mucha angustia. ¿No sentirías lo mismo si yo me escapara?
—Odio cuando intentas hacer psicología inversa conmigo.
—A veces poner ejemplos es más fácil.
Barkey cerró la mandíbula apenas me vio. Boris me saludó cortésmente. Ustedes no creerán que mi entrada incluiría azotar la puerta con el cabello voluminoso meciéndose a través del viento, las manos en la cadera, la luna refulgiendo a mis espaldas y vistiendo el trajecito de la mujer maravilla abogando por Omi. No podía aparecer como si hubiera oído todo aunque quería. Si preguntaban el caso es diferente. A más de que Boris está haciendo un magnífico trabajo persuadiendo a su abuelo. Bañado en ternura, Omi estaba sentado al frente de Guan. Su pecho subía y bajaba con ansiedad, los labios apretados, ¡uf ese golpe le ha dejado el ojo morado! Guan tiró el bolígrafo, enlazó los dedos de ambas manos y miró a Omi. El aludido le devolvió la mirada llena de suspicacia. Enarcando una ceja, Guan apuntó su propio ojo.
—¿Cómo te lo hiciste? Comúnmente los golpes en los niños son casos de abuso infantil, no obstante, lo tuyo no es... ¿es que tuviste una pelea con pandilleros? —Omi torció el gesto, a lo mejor es por dolor. Guan disintió— ¿no vas hablar? Bueno, tampoco es que tenga ganas de oírte. Está bien, me haces las cosas más sencillas, esto es lo que ocurrió: Después de que saliste del torneo, estuviste divagando por ahí pensando en lo próximo que ibas a hacer, te creías lo suficientemente hombre como para vivir tú solo, pero no tenías dinero —chasqueó los dedos— así que entraste a la primera casa que viste y… —la mirada del niño se deslizó furtivamente hacia la ventana. Al principio pensé que se había dado cuenta que estaba aquí, pero lo que en realidad estaba observando era un hombre esposado que arrastraba la policía, tenía una cara de desprecio que no se la quitaba nadie— ¡¿te fijaste en ése?! Tiró a su novia desde el último piso, el juez lo sentenció a treinta años, hoy lo trasladan a su nuevo y dulce hogar. Me da pena, ¿sabes? Parece que fue un crimen pasional y las bienvenidas en prisión no son agradables, es probable que lo sienten al lado de asesinos y violadores profesionales. Pero aquél que está allá mató a una familia en un atraco a mano armada, sólo sobrevivió la pequeñita, y los parientes más cercanos están aclamando cadena eterna. Es muy posible que el corazón del juez se ablande y sacia esa sed de justicia —como Omi todavía no volteaba. Guan palmeó la mesa de metal, furioso, parecía un personaje de caricatura cuando las venas del cuello se le hinchaban. El pequeño dio un respingo— ¡¿tienes idea de lo que es?! —alzó un dedo, acusándolo—. Ya he visto esta película antes: Te van a mandar a la correccional para jóvenes delincuentes y allí encontrarás muchísimos amigos, el doble de grandes que tú y ajusticiados por crimines peores, ¡no te creas! También hay asesinos que han matado más gente de la edad que tienen y déjame decirte algo ahí la ley que perdura es la del más fuerte y créeme no tienes muchas ventajas… ¡¿de veras serían tan majadero para enviar a tu padre cada viernes después del trabajo a llevarte la comida?!
—Pero yo no tomé nada. De hecho, estaba tratando de ayudar —dijo con voz contenida.
—¡¿Ayudar?!
—¡Sí ayudar! —replicó Omi impaciente—. Sí es verdad, coincidimos en una cosa, no tenía un plan en mente cuando salí. Estuve dando vueltas, más tarde recordé que mi hermano me había dicho que podía irme con él —hizo una pausa y respiró profundo—. Él, unos amigos y yo fuimos hasta allá, la puerta estaba cerrada y necesitaban a alguien lo bastante pequeño para que se metiera en el agujero del muro y les abriera, si podía hacerlo automáticamente formaba parte de su panda. Estaba un pelín desesperado y lo hice, sólo hasta que entramos descubrí que habíamos ido a robar, quise detenerlos, pero fracasé. Eran mayoría. En eso los perros comenzaron a ladrar, ellos se escaparon y me dejaron solo. Eso fue lo que ocurrió.
—¿Tienes pruebas que confirmen...?
—¡Sí las tengo! Les puedo señalar quién es mi hermano, ¡él está justo ahí! —su dedo acusó al retrato hablado de Chase Young. Giró sobre su asiento, dejó escapar un sonido gutural— ni mi padre ni mi abuelo lo saben, he estado viéndome a escondidas —culminó desinflado.
Okey, Kimi, llegó la hora de tomar acción. Di unos golpecitos a la puerta con mis nudillos. De reojo, Guan me entrevió e hizo un amago. Me aislé un poco de la puerta y aguardé. Omi agachó la cabeza. El delegado se puso de pie y atravesó el umbral.
—Guan, no es lo que parece, conozco a Omi. Él es muchísimas cosas, pero si te dice que no entró solo y no robó nada, es verdad, no está en su naturaleza mentir. Ya está muy asustado.
—¡Oh yo sé que está diciendo la verdad!
—¿Lo sabes?
—¡Por supuesto, Kim! ¿No fui yo quien lo revisé? Le convenía decirla —se limitó a mover los hombros—. Así empiezan, hay que detenerlos ahora o de lo contrario seguirán, ¿piensan que a la policía le puedes tomar el pelo? ¡Están equivocados! Una buena dosis susto, con la cantidad que recetó el doctor, y listo. Más nunca volverán hacerlo. ¡Deberías agradecerme, los estoy ayudando!
—¡Pero sí es sólo un pequeño! —gemí— ¿no crees que estás exagerando?
—No hasta que él haya aprendido su lección. Te has vuelto muy maternal desde que me fui, hubiera sido de enorme utilidad cuando me obligabas a poner ese delantal, ¡justo a tiempo! —exclamó, había una nota de acidez en su voz en esas palabras. Vi a donde quería apuntar, los Gaulle y el Sr. Dashi caminaban hacia acá, significa que habían hablado, aun sin haber estado ahí me imagino de qué y cuál fue la conclusión. El delegado Guan llevó sus manos tras su espalda— Sr. Le Bois, ¿va a presentar cargos?
—En vista de que no ocurrió nada... —por el rabillo del ojo miró a su nieto— lo dejaremos como está.
—¿Ya puedo ver a mi hijo? —jadeó.
Sus ojos se encontraron durante un rato, después giró la cabeza para desviar la mirada. Hizo un ademán afirmativo. El desesperado padre se apresuró en abrir la puerta. Omi escuchó el ensordecedor quejido. Cuando tornó los párpados a su progenitor, no lo podía creer.
—¿Papá? —musitó. Dashi casi dislocó a su hijo en uno de esos abrazos que hacen crujir los huesos, desde el fondo de su garganta soltó un gimoteo, como estaba de espaldas no podía leer la expresión en su semblante. Las comisuras de los labios del niño se estiraron a ambos lados, reprimiendo las lágrimas.
—Omi, perdona a tu padre, ¡por favor! No tengo excusa, te fallé otra vez, estoy arrepentido —sollozó, pastoreando los pulgares en sus pómulos—. Tenía miedo de no volver a ver más esta carita sin recordarte que te amo.
—¿Tú tenías miedo? ¡Pero no puedes, en tus venas corre la sangre de valientes guerreros...!
—Hasta los guerreros tenemos miedo y más cuando se tratan de nuestros hijos.
—Yo creí que no te importaba —dijo temblándole la voz y apartó la vista.
—Lo sé, lo sé, mi cielo. Lo olvidé. Esto sucedió nada más y nada menos que por mi culpa, por desgracia te tocó un padre inepto y tonto, pero no es que no te quiera. Es al revés.
—También lo siento, papá —repuso él, devolviéndole el abrazo— no volveré a huir de casa nunca. Prometí que no lo haría y quebranté mi juramento, ¡estuvo mal! Castígame, quítame mis juguetes o enciérrame por dos semanas. Yo no merezco ser tu hijo, deberías tener algo mucho mejor que yo.
—¡No digas eso!
Me ahogué con mi saliva. Carraspeé. ¡Ups! Creo que una basura se me metió en el ojo, me está picando y brotando agua. Necesitan que les dé su privacidad. Despacio y con cuidado, fui poco a poco alejándome. Claro, si contrastan en el diccionario de Kim; es decir, todo el ruido que puedas formar. Tropecé contra el Sr. Le Bois. Sin querer empujé a alguien y se le cayeron unos papeles, tuve que recogerlos. ¡Lo único que me faltaba era la maleta y echar a correr! Peiné la zona en donde vi por última vez a Jack.
Éste estaba hablando por celular, colgó la llamada apenas percibió que tenía compañía. ¡Ah bien! Puedo egoístamente ocuparme de mis asuntos personales sin sentirme mal por ignorar a los demás. Jamás llores sobre la leche derramada, dicen, pero no puedo evitarlo, si supiera mínimo conducir un ¿cómo se llama? ¡Ya va, esperen, no me soplen! ¡Lo tengo en la punta de la lengua! ¡Oh sí, monoplaza! Yo misma saldría a defender mi mano de esos dos. Si bien el idiota me aseguró que si ganaba no pasaría nada después —¡y más les vale! Yo ya tenía suficiente con preocuparme de erradicar al mosquito de Pedrosa, para igualmente fumigar a Spicer—, me gustaría saber la percepción de Jack, ¡así, desprevenido! ¡Aun no puedo creer que me vieran la cara de tonta!
—¡Jack, pensé que te habías ido!
—No —dijo él ominoso—. Le aseguré a Megan que no me iría hasta verificar que su amigo volviera, ¿qué pasó? ¿Todo se resolvió?
—Sí, da casualidad de que el nieto del Sr. Le Bois estudia en el mismo salón que Omi; él lo convenció y decidió no ajustar cuentas. Ahora mismo padre e hijo están juntos. Pero de eso no vine a conversar contigo —crucé los brazos bajo el pecho—: ya me enteré de la apuesta que trazaste con Raimundo.
—¡Oh Pedrosa, no sabe guardar secretos! ¡Se supone que iba a ser una sorpresa! ¿Cuál es el sentido de planificar una apuesta de incógnito si vas a correr de chismoso? ¿Qué más te dijo ese delator?
—Él no me dijo nada. Yo lo averiguaré por mis medios ¿o no crees que soy capaz? Escucha Jack, me conoces, y sabes que estos jueguecitos no me gustan —humedecí mis labios antes de seguir hablando—. Ya supe que soy el premio que hay que ganar.
—¡¿El premio que hay que ganar?! —repitió, mi mejor amigo se echó a reír. ¡Guau! No me lo esperaba—. Me parece que tu informante o tus oídos oyeron mal, desde luego que no. Sí sabes que al final de las carreras de automovilismo, imagino que habrás visto una en la vida por lo menos, al vencedor lo condecora una mujer hermosa con un trofeo y quizás uno que otro beso o tal vez no. Yo te escogí a ti y él se mostró de acuerdo. No vayas a pensar que te lo impondríamos, se supone que te lo consultaría a partir de esa semana, estarían invitados cualquiera que deseas traer, claro, si lo rechazabas tendríamos que pensar en alguien más. Yo quise tener este arreglo de cuentas amistoso ya que quería aprovechar la oportunidad de que él es un veterano en automovilismo y a mí me fascina ese deporte, ¿qué otro modo de exhibir mis habilidades? Porque, ¿qué otro deporte? Soy bueno en baloncesto y patinaje, de ahí a... ¡porque en defensa personal no es mi fuerte definitivamente!
—Está bien entendí —interrumpí antes de quedar como tonta. O eso fue lo que pasó o Jack es muy listo y preparó este pretexto con antelación, empero de una cosa estoy segurísima, si lo quería atrapar desprevenido no sería hoy— ¿y por qué entonces Pedro..., digo, Raimundo no me lo comentó si ya sabía?
—Bueno, como habíamos acordado que sería yo. Posiblemente él no quiso seguir hablando. Entonces, ¿si contamos contigo?
—Sí... eh, claro que sí.
Muchas veces la vida te da lecciones, de estos pasajes es que sacan esas sentencias. Este día es un buen ejemplo, las cosas no salen como queremos; ninguno de lo que planeamos surtió de acuerdo al plan. Omi anhelaba ganar ese torneo, contaba con que su padre asistiera, pero no fue y si él salió y no regresó, obviamente quedó descalificado de la competencia. Quise pillar por sorpresa a Jack y éste se libró con la suya, ¡qué rabia! Y Guan pretendía asustar a Omi, a pesar de que los Gaulle se hicieron la vista gorda no tenía excusa para retenerlo y lo dejó marcharse. Estoy seguro, lo volveré a ver aquí muy pronto —garantizaba entre dientes Guan—. Con el debido respeto, esto resultó el doble mejor que un drama de televisión, en que se descubre que el protagonista es el hijo de una familia acaudalada. ¡¿Quién lo hubiera previsto antes?! El pillo había estado viéndose a hurtadillas de todo el mundo con Chase, la misma historia que escuché en la delegación debieron haberla oído su padre y su abuelo ya que a estas alturas era imprescindible que supiera la verdad, me pregunto cómo reaccionaría Omi, ¿confundido? ¿enojado? ¿triste? ¡Su hermano era sospechoso de estar involucrado en la muerte de su madre! O al menos tiene noción de lo que acaecía. A pesar de que actuó con honestidad en los últimos momentos y decidió hacer lo correcto. Esto me inspiró una súper idea para mi historia, ¿qué les parece si el Dragón del Agua se uniera de repente, sometido por una promesa, a las tropas Heylin? ¡Cerraría la segunda parte con broche de oro!
Pensé que en los próximos días el Sr. Dashi intentaría indemnizarse con su hijo y darme la semana libre, pero me quedé muy pasmada cuando Omi estaba convocando a los vecinos del edificio en el vestíbulo. Estaba regresando de la universidad, no tenía idea de lo que pasaba. Que yo sepa hoy no correspondía junta de copropietarios, ¿entonces por qué hay un comité de recepción está reunido aquí? Me paré de puntitas y vi la cabecita pelona de Omi encaramado en un taburete, además de otras personas que no pertenecían a la colectiva a la cabeza. Era un miércoles, sí... yo me acuerdo porque me toca introducción a las literaturas occidentales los días miércoles.
—¡Guau, eso fue más pronto que tarde! —pensé para mis adentros y un rato después— ¿de dónde sale tanta gente?
Hay demasiadas personas, guardé mi termo de agua —me dio sed en el camino, es extraño, suele sucederme sólo cuando amanezco de un humor muy parlanchín y me pongo a hablar sin reservar. Sé que en la universidad hay bebederos, pero yo no los uso ¡es que a mí me da asco! ¡¿Saben cuántas personas rondan en la universidad?! ¡Millones! Y casi todos, bueno, o una mayoría demostrativa, beben en el mismo lugar. Uno nunca saben dónde han estado esos labios, a quién o qué besaron, qué infecciones contrajeron, si se lavaron la boca o ¡qué se yo! Tenemos más riesgo de contraer gérmenes por contacto labial que por cualquier otra vía—. Volví la cabeza en busca de Raimundo, no reconocí los rostros a la derecha, aunque distingo a un chico alto con el cabello corto a unos metros de mi izquierda, la gente que me rodea es más alta que yo ¡me van a pisar! ¡Creo que necesitaré una bombona de oxígeno si apenas puedo ver aquí difícilmente puedes respirar, me siento igual que sardina en lata! Me deslicé con sutileza entre ellos y llegué hasta él. Alcé la vista y suspiré aliviada al saber que era él.
—¿Raimundo? ¿qué está ocurriendo?
—Omi se va a disculpar.
Me giré, Omi estaba jugando con una hoja de papel carta. Barrió con la mirada su entorno y dio unas palmadas. Tengo el presentimiento de que esta será una tarde larga...
—Este, ¿un saludo a todos? —hizo una pausa, como nadie respondió. Aclaró la garganta— se estarán preguntando por qué los traje aquí para empezar. Bueno, es muy sencillo —dijo con voz entrecortada jugando con el papel que tenía a la mano—, yo he decidido que debo hacer una disculpa oficial a todos y cada uno de ustedes. He sido un niño muy travieso y sé que mi comportamiento no fue el adecuado. Lo reconozco, así como también que tal vez en esta lista que voy a leer a continuación faltan muchos nombres, pero si no están es porque... —Omi rodó los ojos y chasqueó la lengua— no lo lamento de veras y si se me presenta una segunda oportunidad lo volvería hacer, hay que ser honestos. Primero y principal a todos en general les pido una disculpa por ser el culpable de sus dolores de cabeza y mostrarme tan vanidoso —bajó la mirada y leyó—: Bien, aquí voy...
«Quiero pedir una disculpa a la señora que vive en el apartamento trece; no culpe más a su hijo, no fue quien se comió los bizcochos de jengibre en la mesa, fui yo. Le mentí. Disculpa Boris por haberte sacado por encima de la cabeza tu camisa y empujado, aprendí que eso no hace. Perdón Megan, no debí haber decapitado la cabeza de tu Barbie favorita y sustituirla por una de pterodáctilo. Asimismo me gustaría disculparme con el señor que vive en el 42 por haber encendido el interruptor y descargado ese chispazo eléctrico sobre usted, no decía la verdad cuando dije que fue un accidente, quería ver como temblaba. Me disculpo contigo Tiny, por haber metido esos huevos podridos en tus calzones, estuvo mal...
—¡¿FUISTE TÚ?! —rugió Tiny— ¡PASÉ MEDIO DÍA CREYENDO QUE YO HABÍA...! ¡ME HICISTE PASAR VERGÜENZA! ¡AJ! ¡TE VOY A MATAR CON MIS PROPIAS MANOS! —Tiny descubrió los dientes, irritado, sus ojos coléricos saltaban de la cuenca de sus órbitas oculares. Casi le echaba los brazos al cuello para estrangular cuando Jermaine lo jaló, reteniéndolo.
—A Clay quiero decirle que lo siento, fue incorrecto haberte grabado cantando en el baño y subido el vídeo a internet. No estuvo bien cómo fui contigo en los primeros días Kim jamás tenía que entrar a tu habitación ni manchado tu blusa ni regalarte un ratón o cualquiera de las otras bromas. Casi prendo una bomba fétida, asumo mi culpa, ¿me perdonas Raimundo? Quisiera ofrecer una disculpa también a la señora del 54, no hay fantasmas en su armario, me temo que se trataba de mí: Tomé una sábana vieja, le abrí unos agujeros para los ojos y una linterna. Aquí tampoco debe faltar mi abuelo, no debí agarrar el Bastón de Shimo sin su permiso, espero me disculpes y mi padre perdóname por escapar de casa dos veces. A mi mejor amigo, Jermaine, te pido disculpas por llamarte baloncestonto, cabeza de balón, entre otros calificativos insultantes. Me siento mal por haberte ofendido.
—¡Oye! Pero tú nunca me llamaste así —terció Jermaine triste. Omi alzó la cabeza.
—¡Ah! Entonces perdóname por pensarlo. Sigo, ahora me gustaría disculparme con...
N/A: Dos semanas y media para terminar este capítulo, ¡pero al fin, aquí está! Aunque ¿de qué tengo que preocuparme? La universidad me extendió las vacaciones, parece que comenzaré el semestre tarde D: ¡Los capítulos que vienen van a ser la bomba! —uf, ya estoy hablando como actriz española— comenzando porque el próximo es la tan esperada carrera entre Raimundo y Jack, es decir que volveremos a tener al narrador omnisciente. Y el que viene, ¡ay guacamole!
También es porque hay más momentos Raikim, en este sólo hubo uno, pero chistoso. ¡Ahora cállese todo el mundo! Ha llegado el momento de oír a nuestros corazones ¡así que no quiero oír ni sus respiraciones!
*15 minutos después*
Como que mi corazón es muy callado. No ha dicho nada.
—¿Quién dijo eso? ¿tú o tu corazón!?
Yo, desafortunadamente. Espero que sus corazones sean más parlanchines que el mío. Ese corazón es un loquillo... ¡tienes razón mi Raimundito! ¡Ay señores, repórtense por favor, me siento como una ranita en un estanque muy grande! ¿A cuántos les gusta el Raikim? Para mí es mi OTP de Duelo Xiaolin, ¡Raimundo y Kimiko hacen una pareja hermosa, tal vez de todo el fandom! No existe otra parejita en el universo de las series animadas que me haga chillar como fangirl igual a ésta, ¿sólo me ocurre a mí? Es que siento que somos muchos y estamos dispersos por ahí, ¡casi no lo creo cuando conozco a otro fan del Raikim! Me he leído todas las historias en español de ellos, a veces es un sentimiento incontrolable que me pongo a leer la traducción de Google de fanfics en inglés —que por cierto, son geniales—. Creo que este amor yo se lo debo a los fanfics y los vídeos fans de YouTube, ¡casi todas mis canciones románticas es porque las oí de un vídeo Raikim! Es un amor tan dulce, pocas veces se ha retratado travieso —y no sé por qué, pero en gran parte se debe a mí—. Pero claro, me gustan otras parejas como OmixMegan (del que voy a escribir pronto), Chuya, Chombra (prefiero decirle Shace pues que el primero suena feo), JackxKatnappe, DashixWuya y ClayxKeiko. Mientras las razones sean muy contundentes y no porque se vean bonitos juntos, ¡me compras la pareja!
¿Se esperaban lo de Ping Pong y Barkey Le Bois? ¿Dashi al fin se separará de Wuya? ¿Omi estará con su padre? ¿En que terminará este tóxico triángulo amoroso Kimiko-Jack-Raimundo? ¿Algún día dejaré de hablar como presentadora de televisión? No, me temo que nunca. Ya saben lo que tienen que hacer, en el cuadrito de abajo ustedes me pueden comentar lo que les gusta, disgusta, responder mi preguntar, ir a mi perfil y mirar la encuesta, sus dudas y sugerencias o lo que sea. ¿La parte que más me gustó de este episodio? ¡Fácil! La kilométrica disculpa de Omi, jajajajaja... y los que faltan. ¡Adiós malvaviscos asados! ¡Hasta la próxima!
Mensaje para MexicanChurros: ¡Hola mujer! Pues no creo que dure cincuenta y dos capítulos, creo que llegaremos máximo a cincuenta y mínimo cuarenta y nueve. Pero está bien, ha sido mi fic más larga hasta ahora y creo que el último capítulo saldrá en marzo que es cuando salió por primera vez. Sería gracioso que terminara el mismo día que lo público. ¡También te extrañé! ¡Feliz año! Me alegro que te guste, pues como tengo otras cosas planeadas y no puedo interrumpirlas, por eso elegí que Omi supiera inmediatamente, claro y raspado. Además, el pobre llevaba casi toda su vida engañado y ustedes unos cuantos capítulos. ¡Muchas gracias por leer y comentar, linda! ¡Significa mucho para mí! ¡Ojalá este capítulo te haya gustado tanto como a mí, nos leemos!
