Mis débiles mortales, he aquí la continuación y el final de esta mini-saga titulada Presentación. Dick ya se presento ante sus amigos, falta Damian, pero la pregunta esencial es: ¿Podrá soportar la presión de revivir a alguien "supuestamente" muerto ante un grupo de héroes que conoce apenas una semana? Oh, mis enclenques mortales, será mejor que busquen sus antidepresivos por que si la sola pregunta suena mal, la respuesta suena aún peor.
Presentación II.
-Alto ahí, Titanes. Nadie entrara a la torre hasta que Damian Adam Todd nos explique que acaba de suceder.
-Dickinson, ¿Qué te hecho yo para que me odies?- cuestiono el arquero, fijando sus orbes en el antifaz del chico.
-Francamente, muchas cosas, ¿te las enumero?- contestó Robín impasible, mientras el joven asentía- Primero: Estoy harto de que me llames Dickinson, ese apodo me lo pusiste cuando éramos unos críos, ya supéralo. Segundo: Si tú me obligaste a revelar mi pasado, yo también puedo hacer lo mismo y tercero y ultimo: ¡¿Quién diablos es Jack?!- el petirrojo bramo irascible mientras enlistaba los puntos con sus dedos en frente de la cara del mayor.
-Viejo, relájate, ten cuidado con explotar de tanta rabia. Les diré, pero si termino muerto tu te haces responsable, quiero que me entierren en Ghost Town en la esquina oriente al lado de la lapida de Jonathan Park- acepto el moreno, con sarcasmo.
-Sabía que tarde o temprano te sumirías, escupe ya Damian- terció el chico maravilla, cruzando los brazos sobre el pecho.
-Tus deseos son ordenes, pero antes deben saber dos cosas muy importantes: Damian Adam Todd esta muerto, y no se atrevan siquiera a mencionarlo- exigió Wayne, mirándolos crudamente- Y tu, Dickinson debes de responderme algo: ¿Por qué, habiendo tantos geniales nombres de superhéroes, se te ocurrió Robín para ser el compañero de Batman?
Esta pregunta paralizo a Richard, haciendo que sus dientes chocaran entre si, mientras apretaba los puños y observaba a su alrededor, chocándose con las miradas expectantes pertenecientes a sus compañeros.
-Por que… por que… mi madre... me decía así cuando era pequeño- el enmascarado soltó un breve suspiro, bajando la mirada. Recordar a sus padres, provoco que sus ojos se cristalizaran, ocultos por el antifaz.
-Lamento haberte hecho llorar, Dicky. Para desquitarte, me haré llorar a mi mismo, siéntense chicos, esta será una historia larga- jactó el oji castaño, tomando a siento encima de la escotilla.
Un largo suspiro emano de los labios de Damian, quien cruzo los brazos y agacho la cabeza para que no lo vieran llorar. Era consciente de que cada vez que empezaba a relatar aquella historia, rompía en llanto y sabía también que sería un largo desosiego, lloraría tanto que podría deshidratarse.
Damian Adam Todd, repitió despacio mentalmente su nombre de pila. Como si fuera la identidad de algún desconocido, como si no fuera él. Analizo cada palabra de aquella oración que lo identificaba, sus ojos brillaban con el sol reflejado en sus pupilas mientras se hidrataba los labios, pensó, filosofó, dos cosas que hace tiempo no practicaba. Sentía que Damian Todd y Damian Wayne no eran las mismas personas, como si fueran jóvenes distintos con el mismo nombre.
Y realmente para Todd, esos dos sujetos claramente no eran los mismos.
Damian Adam Todd era el desafortunado huérfano que perdió a sus padres y a su hermana en un supuesto accidente automovilístico, el niño que con tan solo siete años aprendió que a veces el mundo puede ser cruel. Damian Adam Todd era el crío estúpido de ocho años al que maltrataban la mayoría del tiempo, el infante que no sabía defenderse, el cual escapo una noche de desespero. Damian Adam Todd era el chico que cumpliendo una década, ya era el más buscado en todo Ghost Town, el ladronzuelo impertinente de cafeterías y supermercados que nadie quería, el joven delincuente irrespetuoso y malcriado que Bruce Wayne rescato en una noche tormentosa.
Damian Adam Wayne, en cambio era el hijo de Bruce. Un crío insolente y arrogante, pero perseverante, determinado, puro de corazón y con un alma tan noble que si pudieras verla quedarías ciego. Damian Adam Wayne, un chico inteligente, que poseía la mejor de las astucias: la callejera, el segundo Robín, el joven maravilla, el compañero de Batman. Damian Adam Wayne, el mejor amigo de Dick Grayson, la estrella en el equipo de básquetbol de Ciudad Gótica, el que tenía las terceras mejores notas en la secundaria. Damian Adam Wayne, el idiota que abandono al caballero oscuro por simples caprichos, y al mismo tiempo por razones profundas.
En definitiva los dos Damian podrían parecerse, podrían ser un mismo cuerpo, pero el apellido Wayne dividió su vida en dos partes: La infancia de Todd y la pubertad de Wayne. Para él, el sujeto que se hacía llamar Damian Adam Todd había muerto hace mucho tiempo.
-Como sea, arquerito, ¿Vas a comenzar o que?- inquirió Chico Bestia, notablemente impaciente, mientras tamborileaba en su brazo derecho con los dedos.
-Bestita, ten consideración con el pobre chico, ¿Acaso no ves que esta filosofando? Se prepara para romper en lágrimas como el petirrojito- le recrimino el atleta, propinándole un zape en la nuca.
-¡Oye! ¡Voy a considerar eso como una ofensa!- exclamaron Dicky y Damian al unísono, causando un gesto de "No me importa" en el rostro del moreno y unas cuantas carcajadas provenientes del meta morfo.
Sin embargo todos callaron, cuando el arquero hizo un simple pero cortante gesto. Enfoco sus orbes mieles en la inexistente frontera del mar con el cielo. Los brazos del astro rey se ocultaban con lentitud en las rojizas aguas, provocando un brillo dorado en sus ojos castaños. Y con ternura, suavemente como si las palabras que hilaban aquel relato le hirieran, empezó a contar su historia con los tiernos ojos vidriosos.
Flashback
Las gotas de agua salpicaban ferozmente en el tejado de aquella casa, ubicada en la costa de Ghost Town. No era una casa lujosa, más tampoco era pobre, su ocupantes disfrutaban de todos los bienes primarios que una familia podía necesitar. Ahí vivía una joven pareja de esposos, junto con sus dos hijos.
Joseph y Ariana Todd habían salido a cambiar el regalo de su hijo mayor Damian, quien acababa de cumplir siete años. El chico estaba emocionado, pronto entraría a primaria, lo que, según él, significaba que ya era un niño grande. Había quedado solo en su casa junto con su hermanita de cuatro años Kimberly, pequeña a la que adoraba.
Damian y Kim, como le decían de cariño a la niña, se encontraban jugando BlackJack, con los naipes de su padre. La iluminación era escasa pero a los infantes no les importaba, ellos continuaban jugando, inocentes, sin saber que aquel insignificante juego de cartas, sería el último.
Sin previo aviso se fue la energía, dejando a los hermanos en penumbras. Adam el mayor, irónicamente le temía a la oscuridad, así que corrió a encender una vela con la cual iluminarse. Se aferro a Kimberly, intentando aparentar que era ella la que tenía miedo y no él. Su hermana correspondió a su abrazo, enterrando el rostro en el pecho del chico, mientras se burlaba de él por el hecho de estar temblando. Poco a poco comenzaron una de esas discusiones sin sentido, que ninguno de los dos tomaba en serio. Kim en un arrebato de ira, dijo que se escondería, que estuviera preparado por que ella aparecería en cualquier momento.
Damian Todd se lo tomo a broma, pues sabía que su hermana siempre se delataba ella sola. Tarde o temprano, la niña comenzaría a reírse y él se enteraría de su ubicación frustrando sus planes.
Más no fue así.
Comenzó a oír ruidos, bastante extraños por cierto. La cobardía se adueño de él, mientras daba pasos lentos hacia el pasillo, de donde provenían aquellos sonidos. Al principio creyó escuchar la leve suplica de alguien, pero luego un silencio espectral se dio paso, dejando al descubierto una especie de murmullo rondando en el aire, que de repente se helo.
-Kim… Kimberly… no me esta gustando este juego- balbuceo el azabache, acercándose cada vez más al fondo del pasillo.
Alguien se movió entre las sombras. Creyendo que era su hermana se acerco con confianza, más la figura que apareció frente a él, no era la niña.
Un joven casi de su misma estatura salió de su escondite, salpicado con sangre, y una sádica sonrisa en su rostro. Tenía el cabello castaño oscuro con reflejos purpura, los ojos grises y la piel morena, llevaba algo cargado en sus brazos. Una masa informe, de carne humana con el líquido escarlata derramándose por ella. Damian, acorto el espacio entre él y el chico, para examinar la masa, ese pedazo de carne que alguna vez fue Kimberly Todd, que en algún momento fue su hermana.
Lo que ocurrió después sucedió tan rápido que apenas si alcanzo a distinguir los sucesos. El desconocido lo ataco con ferocidad, dio un grito sordo cuando la espada del muchacho se enterró entre sus costillas, para luego tomarlo del cuello y lanzarlo contra una pared. Después del impacto quedo totalmente inconsciente.
Fin Flashback
-¿Despertaste, verdad?- intrigo el batboy, colocando una mano en su hombro en señal de apoyo.
-Si, pero en ese momento hubiera deseado no hacerlo- respondió el arquero tristemente, con la mirada fija en ninguna parte.
-¿Encontraste los cuerpos de tus padres, amigo Damian?- cuestiono Starfire con unas lágrimas derramándose por sus pómulos.
-Y las lágrimas surgen de sus ojos, y se forma un nudo en tu garganta y tu estomago siente un vacío que nunca desaparecerá- contestó el azabache- Pero… no permitiré que nadie más muera por mi culpa, Star.
Un silencio de ultra tumba se apodero del momento, nadie se atrevía a romperlo, absolutamente nadie sabía que decir, y si lo sabía le daba miedo decirlo, y si lo decía probablemente no lo escucharían. Todos escrutaban el rostro de Damian, cubierto de unas saladas lágrimas que descendían pacientemente por sus mejillas, surcaban su mentón, se deslizaban por su cuello y terminaban ocultas debajo de su remera, marcándole la clavícula.
Todd se mordía el labio inferior con sadismo, causando que este temblara. Una infame gota de sangre emano del lugar en donde su colmillo ejercía presión, rompiendo el labio, la pequeña partícula de líquido escarlata descendió por la comisura derecha de su boca, deteniéndose justo en el hueso del mentón.
-Un triste pasado, hermano. Creo que ya sé por que congeniamos tanto- jactó Grayson, sonriéndole ligeramente mientras le propinaba un golpe en el cráneo.
-Claro, yo soy el casanova rodeado de fangirls y tú eres el cerebro que por alguna extraña razón a pocas chicas les parece sexy. Nos complementamos a la perfección, hasta podríamos ser pareja- bromeo el mayor, agarrando al chico por los hombros mientras lo acercaba a él.
-Suéltame, Damian, ya tengo dueña- siguió el juego el chico maravilla, zafándose del agarre de su amigo y acercándose a su novia.
-Eso no cambia nada, Dickinson, de todos modos ella va a reemplazarte- contestó Damian arrogante, agarrando esta vez a Starfire- ¿Verdad, il mio amante?
-¡¿Cómo se te ocurre decirle "tu amante"?! ¡Maldito casanova, te estoy vigilando!- bramó el petirrojo mientras empujaba al mayor y protegía a la joven con sus brazos.
-Eres muy divertido, amigo Damian. Podría considerar casarme contigo- dijo la tamaraniana provocando a su novio.
-¡¿Qué?!- una vena estilo anime apareció en la frente de Robín, quien abrió la boca y alzo las cejas hasta el punto de juntarse con su cuero cabelludo. Su rostro se volvió rojo de la ira y comenzó a perseguir al conquistador con su bastón por toda la azotea.
-A veces eres tan crédulo, Dickinson, me sorprendes, casi todo el tiempo desconfías- afirmo el azabache.
-Cállate, Adam, mejor cuéntame como te encontró Batman- exigió Dick crudamente.
-Oh, la verdad es una historia bastante corta. Vamos a titularla: "La única noche en que el ladronzuelo de 10 años no termino en la correccional de Ghost Town", capitulo único- dijo Wayne, abarcando una sección invisible con las manos mientras cuatro de los chicos reían.
Flashback
-¡Devuélvemelo, crío insolente! ¡¿Por qué no mejor consigues un trabajo y dejas de robarme los panes?!- rugió un gordo panadero, saliendo de su local mientras perseguía a un chico muy conocido y nada deseado.
Todos los habitantes de Ghost Town ya conocían al crío, Damian Todd, pero no de la mejor manera. Sabían que era un joven delincuente que asaltaba las cafeterías y los pequeños supermercados, también era un excelente carterista y algunas veces robaba los apartamentos. Provocaba miedo y respeto en los ciudadanos a pesar de nunca había utilizado un arma, ni de fuego ni un arma blanca.
Esta noche, lluviosa y oscura, decidió robar la típica panadería que frecuentemente asaltaba. Sentía su estomago crujir fieramente, escuchaba el repiquetear de las gotas estrellándose contra el asfalto, y su respiración agitada.
Oculto en la inseguridad de un húmedo poste, acechaba con sigilo su cena. El estomago volvió a rugirle, provocando que fijara la mirada en el, se lo apretó con las manos y continuo con su labor de vigilancia. Se lamio los labios al oler el pan recién hecho, sintió como la boca se la hacía agua. Coló una arrogante sonrisa en sus labios al pensar en su cena, tan solo tendría que infiltrarse el la panadería sin que lo reconocieran y el resto sería pan comido.
Cuando identifico a su cómplice incognito se echo el cabello hacia atrás, dejando la frente al descubierto, saco unos lentes del bolsillo de su gran chaqueta y se los coloco, cambiando por completo su aspecto. Se quito el chaquetón, abotono su camisa celeste ocultando la camiseta del Flash que llevaba abajo, sonrió mientras se acercaba al joven que transitaba tranquilamente por el andén, protegido por una sombrilla.
-Disculpe señor, ¿Sería capaz de llevarme hasta la panadería? Es que no sé donde queda y mi padre dijo que lo encontrara allí, ¿Podría hacerme ese favor?- inquirió Damian, mirando al joven fijamente. Haciendo la cara más tierna que poseía.
-Claro, chaval ¿Cómo te llamas?- acepto el joven de rubios cabellos, tomando al niño de la mano.
-Eh… me llamo Aarón- mintió el azabache, sonriéndole para no levantar sospechas- ¿Y tu como te llamas?
-Jason Wolf, ¿Qué haces por aquí tan solo?- cuestiono Jason, dedicándole una cálida mirada con sus ojos marrones.
Siguieron conversando hasta la panadería de la esquina, lugar en el que pronto calmaría la furia de su estomago. No había comido en todo el día, se merecía por lo mínimo una galleta de chispitas. Con el paso de los años, Damian había perfeccionado el arte de mentir, con lo que pudo inventarse un cuento completo en menos de diez minutos, una historia tan creíble que el ingenuo muchacho hasta lo invito a quedarse en casa si no encontraba a su padre.
-Visítame cuando quieras, Aarón- se despidió el joven con la mano, cruzando la calle- Mándale saludos a tu padre.
El crío sonrío con la fácil que había sido entrar en la panadería. Ciertamente había gente tan confiada en este mundo, se sentó en una mesa y escogió la cena de esa noche. Enfoco sus orbes en un gran pan, tan caliente que despedía humo, se mordió los labios al aspirar su olor, también se fijo en el chocolate caliente que Steve dejo sobre la barra.
Se planto frente a la barra y con un tono de voz agudo, pidió un pan de cinco dólares y un vaso de chocolate. El panadero no sospecho que el inocente infante que visitaba su negocio era en realidad el ladrón que tanto despreciaba, y que por más que llamaba a la policía casi nunca lograban cogerle.
Zapateo en la brillante cerámica mientras esperaba que Steve le entregara su comida. Su estomago crujió implorando que lo alimentaran, él lo consoló mentalmente, siguiendo al hombre con la mirada. Una mano peluda dejo el pan en una bolsa de papel y un vaso de icopor lleno de chocolate caliente con una tapa de plástico.
-Aquí tienes, chamaco, son $6,50 dólares- dijo Steve amablemente, extendiendo la mano para recibir su paga.
-Oh… hablando de eso- fue la inexacta respuesta del moreno, mientras pasaba una mano por el cabello para echárselo hacia adelante y con la otra desabotonaba la camisa- Creo que este pedido será gratis, iluso- jactó Wayne, soltó el último botón y salió a correr.
El crío corrió por las resbaladizas calles inundadas de lluvia, mientras el ingenuo panadero lo perseguía por los andenes, las avenidas y los callejones de todo Pueblo Fantasma. Parecía que el corazón iba a estallarle, sentía la rapidez con la que fluía su sangre por sus venas, ni siquiera pasaba un segundo para que el líquido escarlata regresara al órgano del que había salido. Su respiración era prácticamente imperceptible, podía sentir el salpicar de las gotas al desprenderse de su brazo cuando corría, luchando contra la justicia. Una lucha, una carrera ilícita.
Todd giro a la derecha, escondiéndose en una desolada calle. Los postes apenas si la iluminaban. Experimento como el miedo se mezclaba con la adrenalina, provocando una fuerte sacudida en su cuerpo. Tenía miedo, de que lo atraparan, de que le robaran, pero al mismo tiempo estaba ansioso de explorar aquella calle tan marginal.
Fue totalmente capaz de percibir las maliciosas miradas de sus habitantes posándose en su nuca. Cerró los puños mientras se repetía a si mismo que todo estaría bien, inhalo aire profundamente, caminaba despacio, enfocando sus orbes en el repiquetear del agua al dar un paso. Debía esconderse, sabía que la policía no tardaría en buscarlo. Con sus estruendosas sirenas, sus luces cegadoras, sus hirientes pedazos de plomo y sus veloces patrullas.
Busco con la mirada un buen escondite, sus ojos mieles se movían nerviosamente por cuanta esquina veía. Tragó saliva al darse cuenta de que cada dos esquinas había un grupo de muchachos, con un cigarrillo en su boca, unas cuantas botellas de cerveza alrededor y una expresión que indicaba seguramente que estos chicos no querían socializar.
Más cuando todo parecía irse al carajo, vio la oportunidad. Un automóvil negro, algo extraño, nunca en su corta existencia había visto vehículo más raro y lujoso. Seguramente pertenecería a alguna persona rica, de esas que no se duchan con agua sino con billetes (¿Adivinan de que se trata? ¡El batimóvil!) Corrió hacia el y se escondió, apoyando la espalda en una de las llantas. Alcanzo a oír las sirenas de los oficiales, se acurruco más contra el auto, tapándose los oídos y rezando para que no sospecharan nada.
-¿De quien te escondes, chaval?- una voz fría, seria y absolutamente neutra hizo que alzara el rostro, encontrándose con el héroe de Gotham City. Batman.
-¿Y a ti que te importa? Después de todo me llevaras a la correccional- le espeto Damian, desafiante.
-Si me das una buena razón te dejare viviendo tu mala vida- contestó el hombre murciélago con el mismo tono de reto- ¿Por qué haces esto, crío? Nunca hay un buen motivo para robar- jactó Batman, arrodillándose mientras le revolvía el cabello.
-¿Acaso no ves que necesito comer? Además, ¿Quién te has creído tú para hacerme de loquero?- cuestiono el azabache, sosteniéndole la mirada.
-Como quieras, levántate crío, iremos a la correccional- terció el caballero de la noche, alzándolo por los hombros.
-¡No! ¡No, a la correccional, no!- suplico el oji castaño, implorante. Se arrodillo frente al héroe y le jalo de la capa mientras lanzaba ruegos incoherentes al aire- ¡Por favor! ¡Hazme tu esclavo, si quieres, pero por favor no me mandes a ese lugar!
-A ver, ¿Qué podre hacer contigo, chamaco insolente?- dijo para sí Bruce, con un toque de sarcasmo, rascándose la barbilla con la mirada hacia el cielo- Hagamos un trato, te llevare a la Baticueva mientras pienso que hacer contigo, ¿Vale, crío?
-Siempre y cuando no regrese a ese infierno, por mí está bien- cedió el chaval, encogiéndose de hombros.
Batman invito al delincuente a subirse en el batimóvil, provocando asombro en los ojos castaños de Damian. A penas entro al vehículo abrió la boca como si le hubieran metido a la fuerza una sandía entera, jamás se imagino llegar a ver tanta tecnología y tantos lujos en un solo lugar. Durante todo el recorrido estuvo molestando al caballero oscuro, causando ganas en este de lanzarlo por la ventana.
Todd lo molesto tanto que hasta le salió humo por las orejas, nunca un viaje a Gotham se le había hecho tan irritante.
Damian Adam Todd murió aquella noche, al mismo tiempo en el que Damian Adam Wayne conocía el mundo.
Fin flashback.
-¡Increíble, viejo! ¿Cuántas veces estuviste en la correccional?- inquirió Cyborg efusivo.
-Yo que sé, perdí la cuenta después de quince-respondió el arquero, alzándolo los hombros con normalidad- Y como Dickinson ya termino de joderme la vida, entonces creo que puedo retirarme- jactó Wayne, abriendo la escotilla.
-¿Amigo Damian, quisieras ayudarme a cocinar la cena?- cuestiono la chica dorada, deteniéndole del hombro.
-Claro, estoy famélico- cedió el de ojos mieles, abrazándola por la cintura mientras entraban a la torre.
Cocina, Torre de los Titanes, 7:28pm
-Star, ¿Qué demonios es esto?- pregunto Todd, sosteniendo frente a su rostro un racimo de "bayas" moradas y lo olfateaba con desconfianza.
-Zorkobayas, amigo Damian. Son muy apreciadas en mi planeta- le contesto la pelirroja inocentemente.
-¿Segura que esto es comestible? ¡Por el amor de Dios, creo que se movió!- exclamo el moreno, soltando el tenedor con el que pinchaba las bayas.
-No te preocupes, amigo Damian, es muy normal que se muevan un poco- explico Starfire, mezclando las bayas con una masa azul-¿En tu planeta no se mueven?
-¿Es… no… normal que se muevan?, oh Dios mío- terció el azabache, tragando saliva al tocar la repugnante masa.
-Ya casi esta listo, solo tengo que meter esto al horno y esperar diez minutos- jactó la tamaraniana, dejando su asquerosa… ejem digo… su agradecida comida en el horno.
-No es por nada, Star pero… ¿No crees que sería mejor y menos mortal ordenar pizza?- sugirió Damian, mostrándole su sonrisa de casanova mientras se lavaba las manos. Starfire puso una cara de seriedad, tomo un poco de masa y se la embarro en la cara- Voy a tomar eso como un no- dijo, limpiándose el rostro.
Comedor, Torre de los Titanes, 7: 38pm
Damian servía el platillo especial tamaraniano de Starfire en la mesa, mientras esta llenaba los vasos con una especie de bebida rosa, y para lamento de todos, no era limonada rosa.
-¡Amigos Titanes! ¡Novio Robín! Vengan a comer- los llamo la princesa espacial sentándose en la mesa.
Chico Bestia fue el primero en aparecerse hambriento, saltó a su respectivo asiento transformado en un tigre y luego apareció como un chico. Siguió el atleta junto con su líder, quienes entraron más decentes y vieron la cena con la misma expresión del azabache.
-¿Starfire, esto es un vegetal?- cuestiono el changeling, analizando la masa azulada purpura anaranjada que tenía en su plato.
-¿Starfire, esto es comestible, cierto?-intrigo el androide mientras escaneaba la pequeña porción en su tenedor.
-Júrame por Dios que continuare viviendo, Star- suplico Grayson, con la mano temblándole mientras acercaba la cosa a sus labios.
-Voy a comerlo solo por que lo hiciste tú, pero por si acaso ten esto- dijo el arquero entregándole una tarjeta, mientras se preparaba para dar el primer bocado.
-Gracias, pero ¿Qué es esto, amigo Todd?- inquirió Starfire, recibiendo la tarjeta y comiendo de aquella masa como si fuera un tamal.
-El numero de mi e.p.s, llámales en caso de que la necesite por intoxicación- terció Todd, tomando un pedazo- Listo chicos, a la cuenta de tres lo probamos ¿Vale? Uno, dos, t…. dos y medio… y… tres.
Ni siquiera dejaron que su papilas degustaran la masa, pues sabía tan raro que la escupieron al instante, dejando a una Starfire confundida por la reacción de los varones, que ahora pataleaban en el piso como el infante al que le obligan a comer brócoli.
-No me retracto de haber ordenado pizza a espaldas de Starfire- dijo el arquero, apoyándose en la mesa mientras se levantaba.
-Dime que es de salami.
-Dime que es vegetariana.
-Les digo que es de los dos- contestó Wayne al oír el timbre- Bueno chicos, será mejor que baje por nuestra cena.
Los varones se pararon del suelo con una expresión de alivio en sus rostros mientras se sentaban de nuevo en el comedor, dejando escapar un suspiro. La chica dorada no les presto la mínima atención, después de todo más para ella, así que se limito a comer de su plato tranquilamente, uniéndose a la conversación como un titán normal.
Las puertas del elevador se abrieron, dejando entrar a un sonriente y aliviado Damian con una caja de pizza extra grande mientras silbaba una canción, se sentó en el asiento y dejo la caja en el centro de la mesa. Beast Dude fue el primero en abrirla con desesperación y sacar una porción de la mitad vegetariana mientras se la llevaba a los labios rápidamente y la degustaba.
Comieron con placer lentamente, y aunque el plato fuerte había sido un asco, sorprendentemente la bebida no sabía tan mal, además se lo debían a Starfire por escupir su tan esmerada preparación tamaraniana, pero no era su culpa el sabor era espantoso.
-¿Alguien ha visto a Raven? Me preocupa que no haya venido a comer- este comentario provoco una mirada furiosa en el verdecillo, quien bufo atravesando al azabache con la mirada.
-¿De aquí a cuando te interesa tanto Rae?- interrogo Beast Boy crudamente mientras cruzaba los brazos.
-¿Y de aquí a cuando le dices Rae a Raven?, según tengo entendido no le gusta que abrevien su nombre- fue la ingeniosa respuesta del arquero, alzando las cejas (Usshh, maldita criaturita dulce, engreída y arrogante… ejem… lo amo)- Ahora si me disculpas, iré a llamarla- terció levantándose del puesto.
Alzo el tembloroso puño dispuesto a tocar la puerta. Dejo que un trago de saliva descendiera por su garganta, rozo la superficie con miedo de verla. Se sentía incapaz de enfrentar sus orbes violetas luego de los acontecimientos en la azotea, era consciente de que el ínfimo placer que había provocado que casi le besara, volvería a aparecer más poderoso que antes y tenía certeza que esta vez no podría contralarse.
Toco suavemente la puerta, escrutando el nombre escrito en su superficie, mientras intentaba disimular su incomodidad silbando la misma canción que hace un rato. Su corazón latía normalmente, hasta que escucho aquella desgraciada voz provenir del otro lado.
-No me importa quien seas, solo lárgate- jactó la hechicera con su neutra voz.
-¿Sabes? No tienes que estar siempre a la defensiva, solo quiero saber si tienes un poco de hambre- le contestó Damian, cruzando los brazos sobre el pecho.
Raven entreabrió la puerta, dejando la mitad de su rostro al descubierto.
-Aun no tengo hambre, muchas gracias, Damian. Más tarde tomare un té de hierbas-lo rechazo la violácea mientras cerraba la puerta.
-Espera un momento, Raven…- el moreno atajo la puerta con el brazo, con las mejillas sonrojadas- Respecto a lo que sucedió… quería disculparme… de verdad no quería hacerlo.
-Disculpa aceptada, Todd, aunque ¿Realmente, no quisiste intentar besarme?- cuestiono Raven, enarcando las cejas.
-S… si… si te soy franco… realmente si… q… quise besarte… pero no es que fuera hacerlo- respondió el arquero nerviosamente mientras se rascaba la nuca y su rostro parecía un tomate.
-Oh interesante, como sea, gracias por preocuparte- se despidió la hija de Trigon.
-Raven…- volvió a atajarla Wayne, agarrándole de la mano y atrayéndola hacia él.
-"Fantástico, maldito desgraciado, torpe, tierno, imbécil casanovas que sonroja personas, ¿Ahora que quieres?"
-Damian… Eres un chico arrogante, orgulloso pero extrañamente puro- murmuro su nombre la dama de las sombras, colocando la mano en su hombro tratando de separarse- El orgullo, la arrogancia, es lo que te da el valor para afrontar los retos. Tu esencia, tu arrogancia esconde algo más noble que eso, algo que muy pocas personas logran ver, Damian…- susurro su nombre de nuevo, bajando la mano a su pecho- Tu alma es pura… no me perdonaría si llegara a hacerte daño.
-Raven… tú nunca me harías daño, pero te entiendo. Lamento ser tan intenso- se disculpo el azabache, acariciando su rostro antes de liberarla, mientras caminaba lentamente al comedor.
Pero el imbécil casanovas se planto en la mitad del pasillo, apretando los puños mientras le daba la espalda. La ansiedad de probar sus labios termino por nublarle la razón, provocando que diera la vuelta lentamente y se acercara a ella de forma enigmática.
Raven se limito a alzar una de sus cejas, analizando el comportamiento del joven.
Se sorprendió cuando Damian la agarro de las muñecas y la atrajo de nuevo hacia él, dejándola muy cerca de su pecho. Hundió su mirada en los cálidos ojos del chico, incrédula, mientras sentía que sus mejillas ardían de temor, y esta vez no traía puesta la capucha. Lo que haría era tan malditamente predecible que tan solo causo que el sonrojo en su rostro aumentara, avergonzándola.
Damian le alzo la barbilla con delicadeza, haciendo que sus orbes castañas se perdieran en la inescrutable mirada amatista de la violácea. Provoco que sus alientos se chocaran, un brusco escalofrió le recorrió la espalda mientras apretaba más a la joven contra su marcado cuerpo. Las miradas de ambos se provocaban intensamente, buscando cual de las dos se apartaba primero, quien se consagraría ganador de aquel enigmático juego.
Y aun más rápido que el mismísimo Flash, o en menor medida Kid Flash, como si la Fuerza de la Velocidad se hubiera apoderado de sus actos, el arquero se adueño de sus labios.
Aunque en realidad fue un beso soso por parte de Raven, el moreno se encargo de disfrutarlo intensamente. Un acto un poco egoísta, considerando que la hechicera no le correspondió la acción, pero igualmente el chico jugo con sus labios, causando un intenso rubor en los pómulos de ambos mientras impredeciblemente Raven rodeaba con timidez el cuello de Damian, más seguía completamente inmóvil.
Definitivamente era el tarado más grande del universo, incluyendo el mundo alterno donde sus padres aún vivían.
Jugueteaba con sus labios mientras la oscura ni siquiera se dignaba a reaccionar. Corto el beso, respirando agitadamente, se acaricio los labios y luego acaricio los de la gótica. Paseó la mirada nerviosamente, eludiendo el rostro de Raven, el cuerpo le temblaba y apenas lograba balbucear alguna sandez.
-L… lo… lo siento… Raven… sé lo que estas pensando… soy un maldito imbécil- dijo Todd rascándose la nuca mientras salía a correr por el pasillo como un cobarde- "Aunque, no me arrepiento de nada."
Raven quedo shockeada al recibir el tierno beso del tarado, escucho el sonido del foco quebrándose sobre su cabeza. Todavía no era capaz de creérselo, ¿Cómo semejante idiota (con mucho énfasis en la palabra "idiota") había reunido tanto coraje como para besarla (también con mucho énfasis)? Y como si no fuera suficiente con deleitarse en sus labios sin su consentimiento le había llegado a gustar el beso, no tanto para decir "Me enamore, lo amo, ¿Cómo pude vivir todos estos años sin él?", nah ella no anda con esas cursilerías. Y sin embargo no le había disgustado lo suficiente como para matarlo.
Acaricio sus labios, aún cálidos por el "acoso" del joven mientras se retiraba confusa a su habitación. Tendría que meditar varias horas, y tomar por lo menos unos veinte litros de té, para despejar su mente.
Cocina, Torre de los Titanes, 9:00pm.
La dama de las sombras se abrió paso en la cocina, dispuesta prepararse un té de hierbas. Se encontraba agotada, luego de la discusión con sus emociones en Nevermore, en la que se entero de algo que se había empeñado en negar desde hace tiempo, y sobre todo después de aquel beso no, y quizá nunca, correspondido, lo más ínfimo que se merecía era un rato a solas en la azotea.
No quería continuar pensando en aquel beso. Le hería profundamente que Damian siguiera amándola cuando su amor no era correspondido, cuando no podía hacer nada para estar junto a él. O mejor dicho cuando no quería hacer nada para andar con él.
-¿Te pasa algo, Rae?- Oh, lo que le faltaba, el rey de los imbéciles en persona. ¿Quién sería la desgraciada persona que disfrutaba tanto verla sufrir? (cof… cof… cof… ejem… yo no)- ¿Damian te ha lastimado?
-"Oh, no te preocupes, sólo acaba de besarme". Nada, solo estoy confundida- le respondió la violácea, fingiendo estar bien.
-No, te conozco Rae, no estas bien. Confía en mí, tal vez no sea el mejor consejero como lo es Robín, pero puedo ayudarte- insistió Chico bestia con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Nunca aprendes, verdad? En tu vida vuelvas a llamarme Rae- jactó la gótica crudamente, echando la bolsita de té al agua.
-Usshh, está bien Raven, aunque sea dime que te sucede- persevero el changeling sentándose en la mesa.
-¿Acaso no tienes nada mejor que hacer, lechuguino?- inquirió la aludida, cruzándose de brazos mientras enarcaba las cejas.
-"Para mí no hay nada más importante que tu, Raven."
-Siquiera responde ¿O te fuiste a Nevermore?- comento Raven con sarcasmo, escrutando al chico con los ojos.
-Ah… Raven… en realidad hay algo que quiero ¿decirte?- terció el meta morfo sin seguridad alguna. Se levanto y fue acercándose lentamente a la joven.
-¿Por que me asusta lo que vas a decirme?- cuestiono la hechicera, retrocediendo ligeramente. No podía ser cierto ¿O si?
Pero Beast Dude no le contesto, solo caminaba hacia ella con misterio, como en la película de terror cuando van a matar a alguien.
Una descarga recorrió su cuerpo en una decima de segundo, provocando que temblara con brusquedad. No tenía escapatoria, estaba acorralada entre lo impredecible y lo real. Quiso salir huyendo, más no tenía donde o como huir, el mesón en donde hervía su té la atajaba condenándola a un espantoso final.
Volvio a shockearse cuando los verdes labios de Beast Boy se encontraron con los suyos. Tembló al sentir como el tarado se deleitaba con el néctar de sus labios, mientras este rodeaba delicadamente su cintura, atrayéndola hacia el pecho.
Raven no supo como reaccionar. Oh Azar, ¿Por qué tenían que besarle dos tarados el mismo día? Contemplo asombrada como el joven transformable saboreaba su boca, explorándola.
Garfield Logan por su parte, se sintió totalmente ridículo al notar que la oscura no reaccionaba. Ni siquiera lo aparto de una patada, o le quebró la mandíbula de un golpe, solo se quedo ahí, estática, mientras el se divertía con sus labios. Más no se arrepentía, después de todo había deseado besarla desde el día del incidente, eso debía significar algo ¿no?
Se separo de Raven, dejando una distancia prudente entre ambos. Los dos sentían sus mejillas ardientes luego del beso, y ninguno sabía que decir. O simplemente no querían decirlo, después de semejante escena ¿Quién diablos tomaría coraje para romper aquel silencio espectral?
Chocaron sus miradas durante unos largos minutos, sin atreverse a formular palabra.
Chico Bestia, la miró fijamente, para luego salir volando, transformado en águila. Sin siquiera dar explicación de lo ocurrido.
Sintió como la tetera estallaba, dispersándose por todo el recinto, mientras sus pómulos ardían al igual que el agua hirviendo. Abrió los ojos como platos, al acariciarse los labios, húmedos por el beso de Garfield.
Recargo su cuerpo en el mesón, sintiéndose completamente agotado por los recientes y confusos acontecimientos. Al igual que el beso de Damian, también le había gustado, pero había algo más escalofriante en esta sensación.
Le había gustado más que el anterior, definitivamente le había ¿encantado? Algo en su interior le decía que debía repetirlo, que tarde o temprano lo repetiría. Y eso la aterrorizaba.
Maldita sea, ¿Es que estos imbéciles no podían dejarla en paz?
Mortales alfeñiques, me retracto este si es el capitulo más corto, pero me encanto, sinceramente me encanto, solo me quede con una pequeña duda: ¿Quién hará sufrir tanto a Raven? XD Ella tiene mucha suerte, la besaron dos chicos un mismo día, es más de lo que yo he conseguido, usshh que envidia.
Cambiando de tema, vayamos a mi hobbie favorito: Responder reviews!
Luna No Taisho: He actualizado única y exclusivamente por ti. Lo sé debo hacer más escenas de ese tipo, vendrán muy pronto. Respecto a lo de Damian… creo que le inventare una novia o tal vez te lo preste, no sé. Gracias por leer y comentar.
Esme Mebe cx: Gracias, nunca me había sentido tan vigilada en mi corta vida. Damian solo quiere provocar a Dick, no le gusta Star ni quiere ligar, solo es un juego sin importancia, y como a mi también me parece genial ToddxRaven, te dedico el beso entre ellos dos. Y si tengo Facebook.
Robín vivi-chan: Gracias por seguir leyendo y comentando, lo sé Spencer en tan Kyaaa! Grito de fangirl de aquí a la China*
Y a los que leen y no comentan…. Bueno también se les agradece su lectura!
Y como sé que no he puesto a trabajar su conejito Duracell al límite, pues vamos con las fastidiosas preguntas:
¿El platillo de Starfire si era comestible? ¿Por qué demonios Todd beso a Raven? Debería besarme a mi ¿Raven amara a Damian o a Garfield? ¿Garfield o Damian? ¿Beast Boy tendrá el valor de volver a verla luego del beso? ¿Todd se hará el cobarde? ¿O responderá por sus acciones?
Esta vez haré algo completamente diferente, tal vez sea contra las reglas pero bueno las reglas están para romperse ¿no?
¡Voy a rifar a Damian! ¡Así es, mis queridas lectoras, el sexy arquero será suyo por una semana entera! ¡Podrán hacer lo que quieran con él: vestirlo de conejito, su pareja en el baile escolar, celar al chico que les gusta… ¡Lo que sea!
¡Ganárselo es muy fácil! ¡Solo deben adivinar cual es mi personaje preferido de Dragon Ball Z, decirme lo que harían con Damian y listo! ¡La dulce y engreída criatura será suya! ¡Recuerden todo en un review!
Anunciare los ganadores el próximo capitulo.
Referencias:
New Teen Titans #4: "Pero... no permitire que nadie más muera por mi culpa".
