Quiero ser escritora
37º
Entre tu orgullo y mis prejuicios
Cuando creía que sabía juzgar bien las personas estaba en un error, ¿cuánto tiempo necesita alguien para cambiar? ¿En serio es tan vulnerable el carácter de los humanos ante cualquier situación: anhelo o supervivencia? La frivolidad me enseñó que las apariencias pueden ser engañosas casi tanto como la vida misma. Todo en nuestro entorno no es otra cosa que una ilusión que nosotros limitamos, a final de cuentas somos lo que pensamos, lo que queremos ser, todo reside en nuestra mente desde la diferencia entre la derrota y el triunfo hasta hacer nuestros deseos en realidad ¿sería más fácil si uniéramos la mente y los sueños? Ahora creo que comienzo a entender un poco más lo que mi hermana quiso decirme y saben, puede que quizás no sea tan malo ser superficial. He aprendido que para comprender a las personas las debemos apreciar como seres móviles y que sólo podremos medir la esencia de una persona cuando hayamos visto todas las partes que la integran y las convierte en lo que son: alegría, tristeza, amor... Yo fui de bruces y ninguna de mis deducciones previas fueron acertadas, de hecho todas resultaron justo al contrario.
Raimundo, mi caballero azul... El hombre dulce, galante, comprensivo, romántico y bailarín que vi en él alguna vez hace mucho únicamente existió dentro de mi cabeza. Pero tampoco es ese otro hombre que creí que eras durante casi todos estos meses: Cínico, inaguantable, gruñón, despiadado, mujeriego y soberbio. ¿Saben qué? Creo que somos más parecidos de lo que se ve a simple vista. No es un príncipe encantador, pero en el fondo tiene un corazón noble. No es perfecto como había pensado cuando nos conocimos. Los dos luchamos contra nuestros prejuicios, individualmente, y puede que parezca irónico, pero si hubo un mayor obstáculo que Omi o el propio Jack fuimos nosotros. Yo me equivoqué. Aunque en realidad lo hicimos, fuimos tan necios y orgullosos que a veces me dan ganas de llorar con recordar el pasado. Frecuentemente he tenido que parpadear unas dos o tres veces para espantarme las lágrimas.
Tal vez por eso no ha sido tan fácil definir la idiosincrasia de Raimundo, porque sólo había sido capaz de vislumbrar una de sus "estaciones" por momento, pero pienso que después de todo sí calza con ambas descripciones y más importante, me ha mostrado varias veces que es un buen hombre. Su piel tostada, sus cejas pobladas, su pelo castaño obscuro alborotado, sus orejas separadas y su nariz aguileña. Me echo a reír. Esto no está bien, se supone que yo les estaba parafraseando lo que he descubierto desde agosto hasta diciembre y me tengo que hacer una pausa porque no puedo detenerme de babear por ese idiota. No lo voy a negar, ¿sí está bien? Siempre me ha parecido guapo. Su rostro, su cuerpo y su personalidad. Me temo que soy irresistible a todos sus atributos y mientras más lo pienso mi corazón se estremece aun más. Sus ojos verdes sinceros e intensos, con esa mirada a la expectativa; pero sin lugar a dudas lo que me gusta de él es cuando sus labios gruesos sensuales y esculpidos se dilatan en esa sonrisa traviesa.
Observándolo así no hace que me sienta mal, no estuve tan lejos de la realidad.
En el otro extremo está Jack quien es el inverso de Raimundo. Mi más leal y querido amigo de la infancia y mi ex novio. ¡Cuán distinto me parece todo lo que antes representaba Jack! Mientras buscaba un indicio que desacreditara al segundo loaba al primero porque mimaba mi ego y decía todo lo que quería auscultar. Es como si habláramos de dos personalidades inconexas que no guardaban ningún parentesco entre sí, ¿cómo una persona puede ser en un segundo una y al siguiente se transformarse en alguien completamente diferente? ¿maldad? ¿ingenio? En un sentido extraño es vagamente similar al caso extraño del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde y con absoluta libertad hubiera preferido pensar que sufre algún trastorno disociativo de personalidad en vez que Jack, el Jack dulce que conocí, fue asesinado por ese monstruo.
Me pregunto cuándo habrá ocurrido: ¿durante el tiempo en que fuimos novios? ¿después de que terminamos y su padre lo envió a estudiar fuera? ¿Ahora qué volvimos a reunirnos? ¿O siempre fue así? Jamás esperé una traición de esa magnitud, cuesta creer que la persona con quien pasaste el día entero de San Valentín comiendo algodón de azúcar pueda sabotear una monoplaza para ocasionar una lesión grave. Sigo enojada, consternada y decepcionada, en especial. Le entregué muchas cosas, no nada más mi confianza. Creo que ustedes lo saben, sin embargo, reconsideré ofrecerle una segunda oportunidad. Aunque fue corto, yo fui feliz en tanto era su novia. No quiero saber nunca sobre él otra vez. No quiero hablar del perdón. Siento que si alguien repite su nombre me lastimará y no me contendré por más.
¡El profesor Roy Bean! ¿Hace falta que agregue otra cosa? Si se explica por sí mismo: Me usó para sus propósitos egoístas y mezquinos y yo le creí, pero eso fue porque me engañó y me confundió con una persona recta y gentil. Ya he dicho suficiente de este personaje. Clay y Keiko, por favor, yo ni hubiera metido las manos en el fuego por su relación. Al igual que muchas otras, pensé que era un capricho de Keiko. Sopesando sus temperamentos dispares no imaginé que se la llevarían bien ni siquiera que encajarían como amigos ya que tendrían múltiples roces. Lo único que ignoré es que si existe el día para eso crearon la noche. Para mi sorpresa ¡los dos se adoran recíprocamente! No pueden vivir sin su par, esta sería una de las pocas veces que me contento de haberme equivocado, ¡es que es tan hermoso! Conoces a tu amor verdadero en un sitio que jamás creíste que estaría allí, entonces te enamoras de él, él se enamora de ti y en una romántica reconciliación… ¡llegan a ser novios! ¡El amor idílico de los cuentos de hadas sí existe! ¡Está comprobado!
Y por último Omi, ¡ay Omi! ¿Un caso incorregible? Si todo lo que necesitabas era atención y cariño. Limpiar la amargura que había en tu corazón. Es una de las razones por las que no puedo enfadarme con Omi a pesar de que lo quisiera, sé que él fue consciente de que estuvo mal lo que hizo; pero actuó bajo la influencia del miedo. Raimundo lo intuyó primero que yo y trató de explicármelo, por supuesto sabrán que no le hice caso. Si fuera un adolescente me convencería, si bien desde mi punto de vista lo veía muy rebuscado para un niño cuando en realidad era más perspicaz para distinguir en los diminutos detalles que cualquier adulto. ¿Quién dice que los sentimientos están clasificados por edades? A sus diez años de vida ya había probado lo que era la amargura y el rencor, es demasiado triste para un pequeño. No considero que la solución sea ignorar lo acontecido porque sí pasó, además que no dejará de insistir pero ¿qué puedo hacer? ¿Encolerizarme y reprocharle? Agravaría todo. Comprender es un paso, mas no es algo. Aquí es donde entraría el juego la comunicación.
También sé que Omi merece una segunda oportunidad, no porque todos la merezcamos o es un niño inmaduro y hay que tenerle paciencia, si no que es "completamente malo". En otras palabras, para convertir a una persona en una amenaza se necesitan cientos y cientos como todos aquellos que lo rechazaron y para salvarla del abismo sólo se necesita alguien que se sienta y lo oiga igual que yo lo hice. Yo ya me siento lo bastante arrepentida con Raimundo para sumar otra carga a mi consciencia. A lo que me refería es la actitud de Omi durante la carrera, tuvo que descubrirse para desenmascarar a Jack, previno a Raimundo del atentado —al parecer, Jack pretendía desbaratar los frenos— y cuando se separó de nosotros fue en busca del monoplaza de Jack para ponerlo en contra de sus trampas. Le fue fácil ubicarlo ya que había visto una vez el vehículo de Raimundo. Omi esperó a último minuto para hacer lo correcto y vale la pena hacer ahínco en ello.
Es demasiado reciente si voy a casa de Omi para tener esa plática, aunque tarde o temprano tendré que afrontarlo. Por ahora está en las cosas pendientes que hacer, anotado en una lista larga detrás de escribir mi novela y lo que falta en la universidad para cerrar este semestre e irnos de vacaciones todo el mundo hasta enero, nadie quiere trabajar en vísperas de navidad así que se supone que en esta semana final de noviembre no debe quedar ni un cabo suelto. También mis servicios de niñera y cuidadora de mascotas —me autodenomino de ese modo y lo prefiero así a que me llamen "recoge-caca"— cada vez se limitan, las familias se lleva a sus animalitos y sus niños a otro lugar para pasar sus navidades y despedir el año viejo.
Y antes de contarles cuáles son mis planes para este diciembre, me gustaría liquidar el tema de la universidad. Por lo menos, tengo la suerte de que no tengo la presión de los que están terminando la carrera de literatura. Es un requisito indispensable hacer un trabajo práctico en el que el estudiante esboce todo lo adquirido en estos diez semestres, puede ser una tesis o una pasantía —yo ya me decidí por el trabajo de campo si preguntan—. También los que pasaran al octavo semestre tienen que ir pensando cuál servicio prestarán a nuestra ilustre sociedad. Con todo lo que he atravesado ni sabría qué hacer, es decir, que mi preocupación hasta ahora es aprobar los finales. Son seis materias y es todo lo visto en un semestre. Nada fácil. Así será hasta el cuarto semestre en el que elija mis asignaturas, como comprenderán he tenido que apartarme de la novela. Mi consuelo está en que tendré un mes entero para mí y mi novela. El concurso no terminará sino hasta después.
Hoy es sábado y me puse de acuerdo con Clay para ir juntos a comprar el árbol. Él traerá su camioneta y yo llevaré mi fuerza. No quería incomodar a nadie, fue su decisión. Puesto que vivíamos en el mismo complejo residencial se supone que los dos nos encontraríamos en el estacionamiento. Aún cuando no tengo un coche, todos en el edificio tenemos acceso a él y un paraje de aparcar. Bajé puntual a la hora en que dijimos, pero no vi a Clay si no al idiota. Lucía cómodo en la posición que estaba, los brazos cruzados delante de él y reposados en el capot de su auto, la cabeza estaba hundida en ellos. Al sentir mis pasos la levantó.
—¿Raimundo? —la pregunta sale sola antes que yo me diera cuenta.
—Buenos días, Kim —sonríe— ¿cómo estás?
—Eh, bien, en teoría. ¿Y tú?
—Bien, en teoría —repite sin entonación—. ¿Estás lista para irnos?
—¿Irnos? ¿Habíamos acordado…? Bueno, no puedo, quedé con Clay. Tendrá que ser otro día.
—Por eso mismo —dijo rodando los ojos en alusión a lo obvio—. Clay no puede venir, por tanto ocuparé su lugar. Vámonos.
—¿Cómo que Clay no puede venir? ¿dónde está? ¿y tú por qué tomarás su puesto?
—A Clay lo alcanzó la gripe, está en su cama descansando —explica—. Afortunadamente, fui a visitarlo y me contó de tus planes contigo. Tenía la temperatura muy alta, no podía ir y le dije que podría suplirlo para que no cancelaras tu cita ni él se sintiera mal.
—¿Y por qué Clay no me lo dijo?
—No lo culpes, fui quien le pidió que no dijera nada. Conociéndote, si supieras que iba yo no aceptarías.
—¡Y con razón! Puedes volver a tu apartamento a continuar durmiendo. Me encargaré sola, dale mis mejores deseos a Clay —el idiota atrapó mi codo. Sus dedos aprietan suave y me arqueo involuntariamente.
—Sólo quiero ayudar a mi amigo, créeme que si todavía no fueras a quien él prometió venir igual estaría aquí. ¡Seamos felices! Vamos nena, confía en mí —el suspiro me sale corto y alzo los hombros sin mirarle a los ojos.
Él me hace un ademán para que suba a su auto que ya está abierto el lado del copiloto. Lo rodeo y entro. Se monta más adelante, cuando pone en marcha el motor pregunta:
—¿No vamos a las plantaciones de árboles, cierto?
—No, es bonito tener un pino natural y me encanta el olor que desprende en los alrededores de la casa. No obstante, el precio rebasa mis límites y digamos que no puedo estar comprando un árbol cada vez que éste se marchita.
—De acuerdo, entonces vamos.
—¡Pero espera! No te he dicho la dirección...
—Eso no importa, sólo hay un lugar que venden árboles de navidad artificiales y además, el precio es más asequible.
Le eché una larga mirada antes de volverme al frente. Salimos a la carretera. Raimundo no sacó ningún tema de conversación, presumí que es porque no quería incomodarme. Ustedes me conocen, no puedo estar sin hacer nada. Hasta la intersección del semáforo tenía la boca cerrada.
—Sé que esta es mi primera navidad en el apartamento, pero me gustaría festejarlo al lado de papá y mi hermana. Nuestra familia es reducida en comparación con otras, si bien esa es una razón más para unirnos, en especial en esta época, ¡igual que año nuevo! ¿Tú también planeas volver a juntarte con el resto de tu familia para celebrar esta navidad?
—No he vuelto con ellos desde que salí del pueblo —responde sincero sin perder la sonrisa, pero está claro que la pregunta lo desmoronó. Él entrecierra los ojos y yo me reprocho a mí misma para mis adentros.
—¿Entonces has celebrado estas navidades tú? —intento no añadir adornos para no meter el dedo en la llaga, como quien dice coloquialmente, ni que a mí se me parta el corazón. Tal vez debí preguntar si había puesto la decoración.
—Si es que se le puede llamar celebrar a ver las películas acerca de la navidad que pasan en la televisión y permanecer despierto hasta la mañana admirando los fuegos artificiales que disparan todos los años. La vista es estupenda desde mi balcón. A más de eso, ese es todo el lujo navideño que me puedo obsequiar a mí mismo —comentó Raimundo con el propósito de mantener el hilo de la conversación. Sentí un pinchazo en el estómago— ¿triste, no?
—¡No iba a decir eso! Te lo juro, los fuegos artificiales también me gustan —me apresuré a decir, me aclaré la garganta y repuse con más energía—. Bueno, cambiemos de tema; este mes he estado muy atareada con la universidad, preparándome para presentar los exámenes finales pues que siempre se escogen estas dos últimas semanas; en consecuencia, tengo un poco descuidada la novela, ¡pero este diciembre me prometí que la iba a terminar! Aunque el concurso no cierra hasta febrero, me gustaría tenerla finalizada a inicios de enero cuando vuelva y quería saber si disponías tiempo este diciembre para mí, como la navidad está a la vuelta de la esquina y la mayoría sólo quiere tomar un descanso, y yo no quiero importunar, por eso sabía que tenía que preguntar antes...
—Kim, mi promesa continúa en pie. Cuando tú quieras pásame tu novela y la leeré —jamás había escuchado a Raimundo utilizar un tono de voz dulce, quizá porque difícilmente suele actuar del modo complaciente. Pero cuando intentó tranquilizarme, su sonrisa se ensanchó tanto que inclusive se le vieron hasta los últimos dientes y fue tan suave al seleccionar cada palabra, ya va, esperen, exageré en esa parte—. ¡Oye, yo no sabía nada del concurso! Me tuve que enterar al igual que tu padre, ¡no es justo! ¿entonces en serio decidiste inscribirla en un concurso? Eso es genial, una buena manera de empezar. Es una pena que no todas las novelas puedan ser publicadas, tendrá que ser únicamente las mejores. A ese punto no me gustaría estar en los zapatos del jurado... ¡si me lo pidieran! Claro está. Lo que voy a preguntar es tonto, pero me mata la curiosidad ¿revisaste que precisas para formalizar la inscripción? ¿Comprobaste la dirección? ¿Ya resolviste con la impresora?
Raimundo inclinó la cabeza y buscó encontrarse con mi mirada. Pero yo no me di la vuelta, si no que fruncí el entrecejo ligeramente. Desde que decidí apuntarme en el concurso era la segunda vez que pensaba en la otra opción, ¿qué pasaba si perdía? No es que mi optimismo se haya apocado, seamos realistas, resulta más probable que pierda a que gane. Si existe un plan A es porque hay un plan B. Originalmente, en concreto era escribir una obra que valga la pena para conseguir el premio y remediar mi luctuosa situación económica delante de mi insolvencia de desprenderme de mis vicios y aprender a ahorrar. Lo sé, yo misma me doy asco. Al final lo logré por mis propios méritos y estoy más o menos estable. Ahora caigo en cuenta que me dolería más si no publicarían la historia que perder el dinero que nunca tuve.
No quiero pensar demasiado en ello. Pero cuando llegue debo lidiarlo. Bien, siempre habrá otros certámenes y tampoco es la única editorial, luego se puede averiguar los requisitos en la página oficial. Todos conocen cuál fue el caso de J. K. Rowling, por ejemplo, tuvo que tocar doce puertas antes que aceptaran su manuscrito y hoy en día es un best-seller mundial. Así fue ella y varias buenas historias que han roto récord de ventas en el plano nacional y se extendieron a otras partes del mundo y traducido a cientos de idiomas. No es un premio de consolación puesto que no ha pasado nada todavía y puede que tenga suerte y tal vez gana, pero me hace sentir bien. Las comisuras de mis labios se elevan un poco y me devuelvo a la realidad.
—Discúlpame, —dije en voz baja— yo no fui sincera la primera vez. Cuando te conté que escribía sólo pensaba cerrarte la boca, no hasta hace una semana y media empecé a escribir. Lo hacía nada más que por el dinero. Estaba desesperada, era mi alternativa para salir de la bancarrota sin tener que pasar por la humillación de volver derrotada con papá. Fue después que fui comprendiendo a medida que transcurría el tiempo que la escritura era mi vocación, lo que yo quería hacer con mi vida, lo que alimentaba mi alma. A estas alturas es imposible que regrese en el pasado y no me ruborice de mi actitud tan egoísta. Ahora el único motivo que me impulsa a escribir es la pasión.
«Cuando vi el folleto, creí que era un tesoro caído del cielo. Todo era un proceso online —pude decir internet, pero tenía ganas de decir online, ¿no les pasa?—, pues te dan el correo donde tienes que enviar tu manuscrito, otra cosa que piden adicional es un formulario que debes llenar con tus datos personales. Imagino que posteriormente harán llegar un correo a los participantes para notificar al ganador. Uno especula que no, si bien asumo que será una competencia bastante reñida.
«En cualquiera de los casos me da un poquito de miedo si no soy elegida. Aunque no es tan malo, digo, es una posibilidad que se debe enfrentar e igualmente existen otras opciones, no seré ni la primera ni la última rechazada. —me costó expulsar la palabra, parecía más grande que mi boca—. No es el fin del mundo y tarde o temprano encontraré una editorial que me acoja.
—¡Guau! —Raimundo arquea las cejas— no me lo esperaba de ti. No tu veracidad si no lo que dijiste. No obstante, no estoy contrariado, me demuestra que no me equivoqué contigo. Eres íntegra y estás en lo cierto, escribir te hace libre en todas las formas posibles.
—Literalmente —confirmé—. Al menos es bueno que nos permitan emplear la tecnología, ¿sabes cuántas hojas y tinta se gastan en un trabajo para la universidad? Me las he arreglado con mi impresora hasta ahora dando patadas, funciona cada vez que se pone necia —se rió suave—. También es porque en estos días me golpeó un rayo de luz, hasta recientemente no tenía noción como cerrar con broche de oro la segunda parte e inaugurar la tercera, empero desde el asunto de la carrera, lo Jack, lo de Chase y la fuga de Omi se me han acumulado varias buenas ideas —procuré no describir demás ya que no le gustan los spoliers—, siento que si no las escribo ¡sufriré de una explosión neuronal! Y porque, bueno, no se lo he contado a nadie, ¡pero me he estado comunicando en privado con el propio Tom Kenny!
—¿Tom Kenny? —Raimundo apretó tan fuerte los labios al oír ese nombre que mudaron de color por un segundo. Dudé si era buena idea habérselo contado, nadie disfruta los libros de Tom Kenny tanto como yo y resulta bastante frustrante no intercambiar gustos con alguien que piense igual dentro de tu núcleo— ¿no es el tipo inexistente de quien estás enamorada?
—¡No es inexistente! —gemí—, que no deje ver en público es diferente a que no exista.
—De acuerdo, no es inexistente —él alzó dos dedos de ambas manos para hacer comillas al aire sin separarse del volante—. Sin embargo, no negaste que estabas enamorada —siguió y por extraño que parezca su voz se ahogó a mitad de la oración, estaba herido—. No es justo Kim, no sabes si es un hombre, el color de sus ojos, qué edad tiene, cómo le gusta su café, no sabes nada sobre su vida, ¡ni siquiera si ése es su verdadero nombre! Todo lo que hay entre tú y él es una relación cibernética y ya lo amas, ¡¿qué puede ofrecerte alguien que no es real?! —masculle. De repente sus ojos, habitualmente alertas y penetrantes, eran duros. Creí que iba a añadir que mientras Tom no era una persona real, él sí y estaba ofreciéndome algo bonito junto a él. Como no lo hizo, me correspondió hablar.
—Me estás malinterpretando —mi voz se escuchaba sofocada, a duras penas era inteligible. Carraspeé— Tom es una persona maravillosa y respetable, como "aprendiz" es mi modelo a seguir y aspiro algún día estar a su nivel. No obstante, entre nosotros no puede haber algo más que un amor platónico, idílico e imposible, ¿nunca has tenido uno? No, claro que no lo has tenido, ¡¿qué me pasa?! Eso es cursi para ti y tú no eres cursi pero ¡¿sabes qué?! Yo soy cursi, adoro lo cursi, ¡soy un imán para lo cursi y me gusta! ¡Siempre busco cosas cursis y me mantiene feliz! ¿Entonces por qué alejar aquello que me hace feliz? Mira, ya estoy clara que no puedo enamorarme de él —sobre todo si guardo sentimientos por otro hombre, que sí es real.
—¿Lo dices de verdad? —preguntó lentamente— ¿no lo dices para hacerme sentir mejor?
—¡Es de verdad! —asentí. Raimundo se encogió de hombros.
—Y sí he tenido un amor platónico, ¿has visto a Angelina Jolie? —Silbó— ella es caliente, como el infierno. Pero no lo ando diciendo por ahí.
—¡De acuerdo! Entendí —crucé los brazos—. No lo volveré a repetir si no vuelves a sacar el tema de Angelina Jolie, ¡¿por mis estrellas, que le ven a esa mujer?!
Esto compensaría la pregunta acerca de su familia y la navidad. ¡Tonta Kimi! ¿Cómo pude olvidar el asunto de Sagrario? Debí reabrir viejas heridas. Siento compasión por él, ¿saben? ¿Cuántos años de diferencia me lleva? Mínimo le calculo unos veinte, a tan corta edad ya es egresado de la universidad y está trabajando, debe ser entonces que tiene alrededor de cuatro años sin ver a su familia.
Dirá que por día les remitirá cien mensajes, pero unas palabritas amorosas no se equiparan a un abrazo, a una caricia o a un beso. La necesidad del tacto es tan urgente. Raimundo está solo. Se supone que la esencia de la navidad está en la conciliación y la unión familiar. Una persona que seguramente las hay, que no tiene con quien compartir esta alegría me deja con un sabor seco en la boca. Pobre hombre, su soledad, no lo había visto de aquella manera. Si pudiera contribuir en algo, aunque no parezca necesitarlo a causa de que asumo que estará acostumbrado, pero de ser así ¿por qué me siento tan triste?
En el establecimiento, pudimos observar los árboles de distintas formas, colores y tamaños. Mientras paseábamos nos encontramos con el vendedor, ya nos habíamos visto inicialmente por ende, adivinó mis intenciones y se ofreció guiarme a través del complejo, no obstante, rechacé su oferta le dije que Raimundo me acompañaba. A pesar que me llamaron mucho la atención unos modelos dorados y plateados, ya tenía en mente el tipo de árbol que buscaba: Pequeño y verde. Parecidos al arquetipo natural. Estuve dando tumbos y estudiando ramita por ramita. Tenía prohibido tocar los árboles así que me abstuve a sólo mirar. Raimundo se estaba moviendo demasiado.
—Te dije que no estabas obligado a acompañarme.
—Y yo te dije que no ibas a conseguir apartarme de tu lado. ¿Qué tipo de árbol es el que tú buscas? Entre dos personas será más sencillo.
—Es que no es el aspecto del árbol, es el sentimiento que inspira —chasqueé la lengua—. No sé si me entiendes, es algo que yo sabré hasta que lo encuentre...
Y cuando por fin lo encontré, corrí hacia él y lo rodeé en círculos, maravillada. Era apenas unos centímetros más alto que yo, las ramas arqueadas cuyas proporciones van decreciendo de abajo hacia arriba, no era tan voluminoso y el color era de un verde pastel encantador.
—¿Ése? ¿No crees que es un poco pequeño?
—¡A mí me parece que es adorable! —exclamé contenta—. ¡Me gusta! Además yo que tú no me preocuparía por la estatura, lo veo como un toque personal. Justo como en el caso de las personas y he repasado de sobra que no se deben juzgar basándonos en las apariencias.
—Sí, tienes mucha razón —reconoce en un susurro—. Ya sabes lo que dicen: No juzgues a un libro por su portada sexy.
Por una vez me alivia que Raimundo no sea caballeroso. Al contrario, si hubiera sido Clay quien me acompañara, habría levantado el árbol sin dificultad del suelo y apoyaría su peso en el hombro. Me habría sentido como incompetente que cargara con mi responsabilidad, sé que es sólo un árbol y él trataría comportarse amablemente, pero es mi árbol y se supone que renuncié a todo tipo de ayuda. No quiero volver a ser dependiente. Eché mis brazos en torno y lo sujeté contra mi cuerpo, abrazándolo. No preguntó si necesitaba que interviniera, se lo agradecí en silencio. Me atreveré a inferir que a él le gustan las chicas autosuficientes, que sepan apañárselas. Aun cuando está enamorado, no tontea. Es lo que normalmente los chicos hacen para impresionar a las chicas. Es curioso, siempre soñé con que mi chico ideal fuera considerado y creo que jamás lo hubiera dejado ser. Pagué de contado en la caja y los tres salimos. Tras cerrar las puertas automáticas, el idiota se vuelve y empieza a caminar de espaldas, ¿tan bien conoce este lugar o tan confiado está en su habilidad de no tropezarse?
—Oye, ahora como estamos en esa onda de disculpas, no tuve chance de decirte la otra vez que lamentaba lo que sucedió entre Jack y tú.
—No tienes la culpa que Jack haya hecho lo que hizo. No lo obligaste ni lo tentaste. Soy yo quien debo estar en deuda contigo, tú me advertiste y no te escuché.
—Lo sé, en honor a la verdad pretendía consolarte, no disculparme —contempló metiendo las manos en el bolsillo y poniéndose serio—. Sé cómo te sientes, lo mismo me sucedió con Hannibal. Alguien quién crees que es te sorprende siendo algo que nunca lo viste que fuera.
—Lo peor es que por defender a Jack terminé siendo grosera e injusta con quien no debía, aunque fuera sin intención. Francamente estoy arrepentida en absoluto desde hace meses de mi comportamiento tan hostil y más que nunca desearía que existiera un modo de revertir lo hecho. La culpa es de los dos... en realidad. Mi parcialidad y mi vanidad me cegaron.
—No lo sabías, ¿qué podías hacer? Es obvio que intercederías a su favor. Queremos olvidar ciertas cosas, creo que todavía es posible que lleguemos a una tregua y volver a comenzar. Hubo personas que lo hicieron... dos lo hicieron —para cuando Raimundo desvía la mirada, comprendo lo que me quiso decir.
—¡Lizzy y Darcy! —disparé en el estupor.
—Divididos entre el orgullo de él y los prejuicios de ella en el pleno apogeo de la sociedad londinense del siglo diecinueve, al final el único triunfador fue la fuerza de su amor que superó todo lo anterior y pudieron quedarse juntos —sentenció. Nos detuvimos, apenas me había dado cuenta que llegamos a su auto.
Raimundo me guiñó un ojo y me dedicó una sonrisa pícara. Agarró la punta del árbol y tiró con cautela para no lastimarme ni que pudiera resistirme. Ató con correas el pino artificial arriba del automóvil, de tal forma que no se zafara y arrastrara por el pavimento. Me limité a observar. Llevé las manos atrás de mí.
—Si ellos pudieron adquirir la felicidad entonces nosotros también. Apliquémonos al lema: Seamos felices —entorna los párpados hacia mí—. Ése ha sido mi mantra durante casi doce años, esas dos palabras me han ayudado bastante: Antes de iniciar la jornada diaria, cuando parece que será un día largo, reanima en tiempos de tristeza y dolor, aplaca el enfadado más caluroso y cuando crees que ya no puede caber más la felicidad en tu cuerpo esas palabras parecen significar lo contrario —conforme hablaba, se acercaba un paso. Pronto estábamos exclusivamente separados por una brecha de unos escasos milímetros, respirando el aire del otro de tal modo que nadie más pueda oírnos—, te puedes imaginar que lo repito numerosas veces. Aun cuando tu vida es un asco y quieres escapar de ella, va a haber un motivo por el que puedes sonreír ahora y siempre.
«No serás la única, pero tú eres una de las partes que conforma una lista larga de lo que me mantiene feliz. Con eso no estoy queriendo decir que te ame menos desde que la última vez declaré mis sentimientos porque no es en serio. Es nada más que conservo suficiente amor propio, como te dije antes: no armo pataletas ni me pongo baboso, asimilo con todo el dolor del mundo. Y si algo he aprendido durante las relaciones que tuve es que nadie puede amar a alguien sin quererse a sí mismo, por lo tanto no podría estar de acuerdo con las prácticas que infringen dolor o extorsión del uno hacia el otro. El suicido no tiene nada de romántico ni las autolesiones ni oír voces ni ver cosas. Y los trastornos mentes y los desordenes alimenticios tampoco son un juego. No son divertidas para las personas que sí lo padecen. Si él/ella se fue es porque no era el/la indicado(a). Hasta en el amor siempre habrá segundas oportunidades.
«Por lo menos no soy un mentiroso. Sólo que quiero que comprendas que no esperes a que repita lo que dicen esos dramáticos héroes típicos de las novelas que te gustan. Si no que me quieras por ser quien soy así como yo te quiero a ti por ser quién eres... —sus manos se deslizaron a través de mí pelo para metérmelo detrás de las orejas, y sus dedos presionaban ambos lados de mi cara, sujetándome, para que nuestras miradas no tuvieran más remedio que encontrarse. No era preciso, estaba perdida en sus ojos verdes— la Kimiko que conoce más pasos de bailes que Michael Jackson, la Kimiko que me pegaría el hombro si comento algo incorrecto, la Kimiko que ama comprar zapatos en eBay, la Kimiko a la que le brillan sus ojos cada vez que se refiere a su novela, la Kimiko que no sabe cuando nunca darse por vencida. Esa Kim y quiero que seas mi novia. La vacante sigue disponible. No pido muchos requisitos, sólo lo básico: Amor, respeto, tiempo, confianza, picardía y tener sexo conmigo dos veces por semana. Y te prometo a cambio exactamente lo mismo. ¡Ah! Y por supuesto tiene que ser algo estable. Verás que seremos muy felices los dos —sonrió— entonces ¿me aceptas? ¿qué estás esperando Kim? Tenemos la oportunidad de escoger de ser felices aquí y ahora.
Él apretó su frente contra la mía y besó mis labios. No pienso detenerlo ni pienso en nada. Hace mucho que perdí el hilo de las ideas. Su mano comienza acariciarme la mejilla, luego la lleva a la parte baja de mi espalda empujándome hacia él, eliminando así la distancia que nos aguarda. Mis piernas tiemblan y tengo que rodear mis brazos alrededor de su cuello si no quiero perder el equilibrio pero no sólo busco mantenerme en pie porque acto seguido le devuelvo el beso. Un débil "te amo" escapa de su garganta, pero soy capaz de oírlo. ¡Estoy jadeando! Mis mejillas arden en calor, creo que es por el clímax a causa de que después se entumecen por el frío, ¿cómo puede ser posible? Mueve su boca contra la mía vehemente. Yo me aplasto contra su cuerpo, que quede claro a partir de ahora que desaparecerán para siempre los prejuicios. El orgullo no se interpondrá entre nosotros. Entonces rompe el beso. La ausencia de su toque es inmediata.
—¿Qué pasó? ¿por qué lo interrumpiste? —pregunté sin resuello.
—Eso fue una pequeña muestra de lo que te espera si accedes a quedarte conmigo y como no somos novios no puedo hacer que dure. Lo siento —me explica el idiota— descuida, no volverá a pasar, a no ser que quieras cambiar de idea porque tú... ¡me devolviste el beso! —sonrió. Es la misma sonrisa que aparece en el rostro de los niños cuando acaban de abrir su regalo de navidad.
—Bueno... —vacilé. El idiota se aparta de mí y no quiero que lo haga, pero no me atrevo a coger su mano o hacer otro movimiento.
—¿Seguro que no te haces la difícil? Me parece que no lo eres —puntualizó. Yo titubeé, él se rió—. Está bien, no te preocupes. Soy un hombre paciente, hoy por lo menos siento que me abriste una ventana. ¡Ven, entra al auto! —indicó con un amago abriendo la puerta.
—¿En serio conozco más pasos de baile que Michael Jackson? —pregunté una vez que me subí.
El idiota podrá decir "misa" en lo que quiera, pero para mí que lo planeó anticipadamente. Me enredó con esa cháchara absurda para tomar ventaja, acercarse a mí, tenerme entre sus brazos y besarme. Lo interrumpió a propósito para dejarme con ganas de más. Yo no estaría tan molesta si el truco no hubiera funcionado porque sí lo hizo. Tiene razón en una cosa: Le devolví el beso. Fue un acto consciente. Lo admito. Quería acariciarlo, abrazarlo y besarlo. Lo amo… al verdadero Raimundo quiero decir, ¿desde qué momento? No lo sé con certeza, me inclino más cuando empecé a conocerlo realmente ¿cuándo me refirió lo de su hermana y pude darme cuenta por mí misma que es un hombre con sentimientos? Puede ser, pero para ser exactos es que no fueron una sola cosita, fueron varios elementos que interfirieron. Este enamoramiento fue algo que vino creciendo progresivamente. Estos días en que estuve más tranquila pude detenerme a pensarlo con claridad y fue cuando lo supe. ¿No me creen? ¡Ni yo lo sabía!
Y ¿saben qué? Creo que el cielo me quiere dar una buena señal de que tengo razón. Cuando estábamos besándonos ¡empezó a nevar! Sí... porque cuando estaba acarreando mi árbol no había nieve y ahora que abrí los ojos estaban cayendo copos de nieve. Nunca, que recuerde, había nevado tan temprano. Siempre es a mediados de diciembre. Y oigan, no importa si no llueve mientras te besa el chico que te gusta al igual que sucede en las películas, me refiero a que es bueno el cambio. ¡Somos los únicos! Créanme que ni le paré pelotas, lo vi, empero apenas me acordaba que no nevaba cuando abandonamos el establecimiento. Es lo bonito de estar enamorado, te desconectas de todo y lo único que te sujeta a la tierra es el amor de tu vida. No obstante, esto no está bien. Se me ha declarado por segunda vez. Y yo declaré que en la próxima vez me declararía yo —puede ser que en ese sarcasmo se escondía una verdad—, ¡no tienes permiso de adelantarme! Lo hace para que yo ceda. Sé que tengo que decirle que siento lo mismo que él, sin embargo, si lo hago estaría aceptando al hombre de una vez y el idiota no apreciará los detalles como yo, él no es romántico, si bien me gustaría que cuando se lo dijera fuera ¡especial!
—Sabes Raimundo, cada día que pasa siento más curiosidad por tu manera de ver las cosas, ¿algún día me enseñarás? —comenté. Él no respondió— ¿me oíste?
—Este no, lo siento. Estaba pensando... Kim hablando honestamente, sin bromear, hay algo que debo decirte sobre mí que no sabes. Tiene que ver con mi identidad y no quiero tener secretos contigo.
—¡Ay no! —chillé— ¡¿entonces sí eres VAMPIRO?!
—¡Oh no! ¡No, no, no! No brillo bajo la luz del día ni tampoco soy extraterrestre o un ángel caído o un mago —dijo alarmado—. No es tan grave, ¿sí? Es una cosa tonta, nos estaremos riendo de esto posteriormente. No te lo puedo decir aquí ni ahora, tendrá que ser luego ¿está bien?
No me quedó otra opción que afirmar positivamente con la cabeza a regañadientes. Cuando no es lo uno, es lo otro ¡¿qué será lo que ahora tiene que decirme?! ¡Y ambos estábamos tan bien hace unos minutos! Las manos me sudan, pero mi corazón late tranquilamente. Confía en él. Sólo espero que sea que lo que tenga que revelar no sirva para crear más tensiones. Él me ayudó a bajar el árbol y de en adelante me encargué de subirlo hasta el apartamento. El ascensor no estaba funcionando ¡qué oportuno es para descomponerse! Pero no tenía de qué preocuparme pues que mi príncipe de Versalles —¡ojo! No estoy señalando al escritor ni el tipo que hace de mi novio ficticio en mis sueños si no de mi verdadero príncipe azul, el tipo real de quien estoy enamorada— sostiene un extremo del árbol y jalaba cuesta arriba de las escaleras entretanto yo lo tomaba del otro extremo y empujaba. No importa lo de hace unos momentos, en mi opinión sí posee el perfil para el protagonista masculino de una novela romántica.
A/N: ¡Ay eso es tan hermoso que me conmueve el kokoro, como afirman los otakus! Al final admite que el idiota es su verdadero amor. Y sólo fueron treinta y siete capítulos de drama y dolor para aceptarlo. Bueno, no está tan mal, ¿saben? Pudo llegar hasta el final y admitir que está enamorada. Obviamente el capítulo está dedicado a Orgullo y prejuicio, la joyita que ha hecho todo esto posible. Bien, ahora en serio. Escribí Quiero ser escritora al principio como una historia en que las lectoras pudieran identificarse con la protagonista a través de situaciones cotidianas y menos "novelescas", aunque sé que también existen chicos lectores/escritores, me he encontrado con algunos, empero como en tendencia es más viable conocer chicas que chicos, fue por eso mismo. Si bien, en la realidad hay que admitir que esos escenarios novelescos son los que proveen una mayor intriga al argumento y puede que en los siguientes capítulos nos desviemos un poco a lo novelesco, trataré que no sea tan ¿cómo decirlo? Pomposo.
He tratado de abordar los sucesos que se ven muy comúnmente en las historias, pero describiéndolos de una forma diferente, pero como dije, son acontecimientos que están basados en la vida diaria y quizá por eso la historia contenga un aire cliché. El mundo está inventado desde mi perspectiva, la originalidad está en cómo lo representas y a mí parecer Quiero ser escritora no coincide con el patrón al que estamos acostumbrado en las historias ver. El cliché es muy sugestivo pero recuerdo que hace varios capítulos les pregunté qué tan cliché les parecía mi novela así que no guardo peso en la consciencia.
He visto que en las novelas rosas repiten demasiado que uno de los protagonistas, casi siempre es el hombre, que no cree en el amor por una frustración que lo traumatizó en el pasado. Yo la verdad es que he visto casos en que las personas no quieren volver a tener otra relación porque temen que les salga mal, y máximo recurren al suicido, pero nunca la pagan con el amor. Que yo sepa no había visto que alguien tenga una visión diferente acerca del amor que siempre leemos en esas historias. Esa visión surge a raíz de varias cosas que una ve y escucha de los especialistas y compara lo que uno ve en las historias: En que cuando uno termina una relación es el fin del mundo, que prometimos estar juntos para siempre, que él es mío y yo soy suya, entre otras cosas... primero lo primero que nada dura para siempre y la vida sigue adelante aun si ese/esa señor/señora se va un día y que tampoco podemos vivir atados al otro porque sólo nos haríamos daño y encima que nadie es propiedad de nadie. Hace años que la esclavitud se abolió en Latinoamérica y en España. Me parece horroroso leer "él es mío", parece que habláramos de un terreno o algo por el estilo.
Entonces uno empieza a reflexionar sobre el límite entre el amor y la obsesión, lo sano de lo que atenta contra mi seguridad personal, el concepto que tengo sobre mí mismo. De ahí surge esta visión del amor. Raimundo dijo una, sobre el suicido y yo dije otras, lo más probable es que la repita en algún capítulo para aquellos que se saltan las notas de autor aburridas de Alice. Estoy tratando de introducirlas en algún momento pieza por pieza para no conglomerarlas en un solo capítulo, pero cuando quiero hacerlo ya han pasado seis mil palabras hablando de otras cosas y se posterga. Aunque uno de los capítulos de Quiero ser escritora, Ámame a tu manera, está pensado para dar a conocer esta visión. Pero de qué va, va.
Se supone que en este medio hay lectores suficientemente inteligentes para interpretar las cosas, pero siempre existirá un Chavo del Ocho y digamos que la literatura es una herramienta poderosa para enseñar cosas a las mentes más jóvenes. Tenía intenciones de alargar el capítulo porque quería escribir varias ideas, pero sólo hubo cupo para la segunda declaración de Pedrosa, ¿cuál les gustó más? ¿ésta o la anterior?
—"Tener sexo conmigo dos veces por semana".
¡Oye! No te vayas a quedar corto, Pedrosa. Hay tiempo para todo, tú tranquilo. En fin no me quedó de otra que fraccionar y aglutinar todas las ideas que no pude escribir en este capítulo por asociación a los dos que siguen a continuación. El capítulo que viene ¡me encanta! Está narrado en tercera persona porque volvimos a entrar en la historia de Omi, empero hay varias situaciones graciosas, conmovedoras y una en peculiar. No seas cruel en navidad, ¡no arruguen la frente! Escribí ese capítulo durante diciembre y es muy lindo. Créanme. Como siempre digo, los invito hacerme saber su opinión. Sean los lectores que les gustaría tener si fueran escritores. Serán muy bien apreciados y los contestaré. Si son usuarios, les respondo a través de un mensaje privado. Si son huéspedes, en el próximo capítulo hay un mensaje. ¡Nos leemos malvaviscos asados! ¡cuídense!
