Quiero ser escritora
39º
Mi sexy idiota
¡Fue un cumpleaños estupendo y divertido! A pesar de los percances que surgieron. Nunca olvidaré cuando Omi metió la cara en la cubierta de la torta. Bueno, no fue aposta, alguien parece que lo empujó. ¿Intencional o accidental? No sé. Duró un rato limpiándose el relleno de la cara. Tampoco sé que le pasó a las mini pizzas, pero hubo como cuatro niños que los comieron y se quejaron de que estaban muy picantes —eso conllevó a que la fuente de soda se agotara en un dos por tres y tuviera que salirme de la fiesta brevemente a comprar más, para disponer una reserva cuando cantáramos el cumpleaños—. Me extrañó eso a causa que me había asegurado de la mesa de bocadillos y comí dos pedazos y sabían bien. Tal vez una persona malintencionada le habría puesto algo cuando nadie miraba. Entonces para prevenir un potencial desastre tuve que llevarme las pizzas. Mas los aperitivitos picosos no fueron la peor parte, ¡no se imaginarán la cloaca que se reventó! —En el sentido literal de la palabra para ser exactos— a juzgar por la línea de eventos, nos llevó a pensar que éste sí podría ser un accidente. Estas cosas suelen suceder inclusive en las mejores fiestas, posiblemente uno de los chicos comió muchos dulces, fue al baño y ¡puff! Tapó el excusado. Estuvo oliendo a huevo podrido por horas, lo bueno fue que el hedor se aplacó ¡o si no tendríamos que pagar por los daños! Porque no eran ni el apartamento del Sr. Fung ni en el mío, si no el exclusivo del salón. Tuvimos que cerrar la puerta para que la peste no se colara a la fiesta. A nadie en su sano juicio le gustaría comer mientras pasa aquel olor tan desagradable.
Clay no se quedó con nosotros por asuntos del trabajo y el idiota tuvo que irse a mitad de la fiesta porque tenía una cita para una entrevista que debía realizar para el periódico; aunque amablemente él se puso a la orden en caso de una emergencia, no obstante, ya me conocen. No me gusta depender de otros. Saben, el idiota es lindo cuando quiere. Si bien, obviaré ese segmento en que me dijo que no me entristeciera porque tenía que abandonarme… ¡Ay no! ¡Lo estoy haciendo! ¡Esperen! Uhm, no lo había pensado, pero deben pasar momentos muy difíciles las novias de los reporteros, ya que su empleo es a tiempo corrido en el transcurso de las veinticuatro horas y si se presenta algo, debe responder aun si ya ha planificado pasar el día entero con su pareja. ¡Y Cosmopolitan no recomienda nada qué hacer en estos casos! Es inaudito, setecientos artículos y más y no dice nada, ni siquiera uno donde menciona las ventajas de salir con un periodista. Porque si tu novio es chef, al menos, cuentas con quien te puede preparar una cena deliciosa y si es abogado, puede sacarte de un gran, gran aprieto (si entienden a lo que me refiero), pero, ¿y las demás profesiones? ¡Aj!
Lo digo porque cinco días antes de navidad estaba escribiendo el penúltimo capítulo de mi novela para enviárselo. Nadie molesta a nadie en navidad y yo no quiero ser la excepción, y me acordé que él me había dicho que pasaba cada veinticinco de diciembre solo en su casa. Siento compasión por él. Entonces se me ocurrió una brillante idea. Aguarden. Se los voy a comentar después. No olviden que la paciencia es una de las mejores virtudes.
¡Mi historia!
No puedo creer que se esté terminando. Por un extremo, estoy feliz porque sería mi primera novela y por el otro lado estaría devastada porque se acabaría. No habría más que escribir, los personajes tendrán un final así que se van a descansar. Bueno, también eso depende de mí. Para el final estuve pensándolo, lo ideal sería que alcanzaran la meta de Dragón Xiaolin hasta ahora me ha sido de utilidad para prolongar el argumento y tampoco es que la vida de un monje es tan sencilla. Para todo hay etapas. Pero no quiero que sea rápido. Echándole un vistazo, me di cuenta que no había un líder que dirigiera a mi grupo de intrépidos monjes y de ahí saqué una idea para el final, también quería volver a intentar algo relacionados con los viajes del tiempo —me quedaron las ganas desde las Arenas del Tiempo— ¿no está mal si resolví enviárselo un día antes? El veintitrés todavía trabajan. A más de que tampoco está obligado a leerlo de inmediato, o sea, el concurso da oportunidad aun después de año nuevo por tanto no hay prisa. ¡Estoy nerviosa!
En consecuencia, disfruté más tranquila en Nochebuena. Éramos papá, Tomoko, yo y unos socios aburridos con sus esposas e hijos. Por costumbre, todos los años en esta misma fecha se organiza una fiesta de caridad en donde el dinero de los contribuyentes sería donado a un refugio para niños sin hogar. No se emocionen porque no es tan entretenido como aparenta, aunque es por una causa noble. Esa razón y porque papá cuenta conmigo, por eso no falto a esas reuniones. Ellos se turnan y en este año le correspondió a papá ser el anfitrión. Gracias a Dios, no lo hubiera soportado si fuera en casa de los Spicer. Vi a sus padres, pero no lo vi a él y ¿saben qué? Creo que no asistió y me da un remordimiento tener que preguntar el por qué, ¡mejor no lo invoco! Siento que tengo sus ojos sobre la espalda, últimamente ha estado insoportable: Llamada tras llamada, inundado mi buzón de mensajes, inclusive ha tenido la osadía de ir directo hasta mi puerta. Tengo que quedarme a esperar horas a que se vaya, ¡aj!
Papá estaba ocupado atendiendo a unos invitados y en vista de que no conocía a nadie, me aferré del brazo de mi hermana en el transcurso de la tertulia. Lo encontré conveniente pues hace mucho he querido decirle a alguien de mis sentimientos por Raimundo, no sé si podría mantenerlo en secreto por más tiempo y siento que explotaré —excepto por Omi— nadie lo ha sospechado y ella me parecía la opción perfecta. Se pondría contenta. La halé aparte y se lo dije. Sentí como los ojos se me humedecían, pero no me importó que brillaran más de la cuenta. A pesar de las lágrimas la expresión de mi rostro tuvo que haber sido de regodeo ya que parece que no se dio cuenta de mis ojos vidriosos, estaba muy sonriente al igual que yo. Hasta que terminé no lo sabía.
—¡Hermana de mi alma! ¡Esa ha sido la noticia más buena que has podido darme en todo el año, estoy feliz! —dijo sosteniendo mis manos—. Si lo amas tanto como dices entonces no tendré que preocuparme, él parece que es un buen muchacho y si nuestro padre también lo cree, ¡no se diga más! —ella hizo un ademán teatral y yo solté una carcajada.
—¿No crees que estás exagerando un poco? Tampoco es que me voy a casar, ni siquiera él lo sabe.
—Todo lo que es bueno para ti, es motivo de alegría para nosotros —supuse que se refiere a papá y a ella misma. Nunca la felicidad de mi hermana se había desbordado en alharacas, o que recuerde, de todos modos había hecho bien—. ¡Es que yo lo sabía desde un principio! En el pasado ustedes debieron haber sido de una sola alma, pero algo los separó y ahora que se han reencontrado ni el destino puede desunirlos, ¡es tan romántico! ¿Qué estás esperando para admitirlo frente él, cariño?
—Estoy esperando conseguir el vino que le gusta a Raimundo.
—¿Qué cosa? —puso una mueca.
—¡Oh no me hagas caso! ¡Entre nosotros nos entendemos! —dije entre risas.
Salí temprano de la fiesta. Me disculpé con papá y despedí de todos. Llegué a buena hora, conseguí cambiarme, cepillarme y hacer una que otra cosa antes de irme a dormir. El día de navidad estuve enviando mensajes deseando mis mejores deseos a todos mis contactos en el celular. Bueno, a casi todos, sólo me faltaba Raimundo. Subí la mirada al reloj son cerca de las diez y siete minutos, ¿tanto me demoré despachando mensajes de texto? Sí me levanté a las ocho. Desde luego que sí, eso no tiene nada que ver con la mascarilla en base al agua de arroz y miel para el cutis. ¡Deberían probarlo ustedes! Son realmente buenos los resultados.
No podía presentarme con las manos vacías; por medidas regulares suele llevarse un vino, empero nadie que esté en sus cabales bebe licor en la mañana. De tal manera que envasé un poco de mi puré de manzana. Debo añadir que estoy muy contenta cómo han evolucionado mis habilidades en la cocina, cada vez mejoro y mis manos curtidas lo demuestran, no hace mucho me corté un dedo picando la ensalada ¡uhm! Hoy luce bien en comparación ayer, sin embargo, por seguridad me dejaré la bandita. En fin, ¿en qué estábamos? ¡Oh sí! Les decía que iba a pasar por el apartamento de Raimundo a llevarle este puré —y hacerle compañía un rato en navidad—. Después de vestirme adecuadamente, toqué su puerta. ¡Es tan extraño hacer eso! Casi siempre el idiota es quien va a visitarme, porque cuando iba a verlo era para pelear con él ¡pero ya se acabó! Cielos, ¿por qué el atraso? ¿en serio era tan lento para abrir una fulana puerta? ¿y cuánto tardo yo? ¿Le habrá pasado algo? ¡Oh no, ahí viene! Escucho sus pisadas, ¡sí! Las bisagras crujen. Raimundo abre la puerta. Tiene el cabello enmarañado y rebelde como siempre, pero está más reluciente. Se estuvo duchando recientemente. Iba descalzo, en mono y en camiseta. Una línea de piel se extiende entre ambas piezas y yo me estremezco en el acto. Él lo nota y se baja el borde de la camiseta, acomodándose. Su rostro de perplejidad se transforma en alegría.
—¡Jo, jo, jo! ¡Feliz navidad! Vine a dejarte esto, yo espero no interrumpir nada importante como te tardaste...
—Eh no, eres bienvenida ¡pasa adelante! —inclinó la cabeza, yo entré y él cerró la puerta tras de mí—. Estaba buscando una camiseta, no podía recibir visitas en esas condiciones.
—¿Ya cambiaste tus políticas? Antes no te importaba.
—Para nada, solamente una ocasión yo abrí la puerta sin camisa y era porque estaba medio dormido, la mitad de mi cerebro no quería funcionar ese día, fue la vez en que —el hombre se detiene en seco, hace una pausa y se aclara la garganta— discutimos.
—Sí ¡no hablemos de ello! —disentí con la cabeza como queriendo desterrar un mal sabor.
—Sí, yo creo que es lo mejor —concordó arrastrando la mano detrás y estirando el cuello—. Bueno, lo que quise decir, es que en mi casa voy como quiero; aunque si no, puedo… —se agarró la orilla de la camisa.
—Está bien así —le aseguré esbozando una sonrisita nerviosa. Un cosquilleo misterioso me ataca en el estómago. Él me devolvió la sonrisa.
—¿Y qué traes allí? —preguntó señalando mi tazón.
—¡Puré de manzana! Cociné ayer y te guardé algo. Es perfecto como aderezo a las chuletas de cerdo ahumadas y en todo caso, es un rico postre —no sé para qué me molesto. Él ya lo debe de saber, creerá que lo estoy tratando como un tonto—. Nada más refrigéralo cuando no lo uses.
—Gracias, llévalo a la cocina.
Por lo visto, lo pesqué infraganti en el desayuno. Encima del mesón había dos rebanadas de pan en un plato, un cuchillo, dos frascos y un pequeño cuenco. Cuando lo metí en la nevera. Raimundo estaba apoyado del marco de la puerta.
—Pensé que estarías en casa de tu padre, como es navidad... me sorprende verte aquí.
—No, decidí irme a casa, ya te expliqué que esta es también la primera navidad que paso en mi apartamento, es sólo que quería celebrarlo con mi familia aunque fueran cinco minutos y cumplí —di una palmada—. ¿Te hacías un súper sándwich antes de mi llegada? Entonces vine en un buen momento, ¿quieres que te enseñe una receta que vi por internet? Te gustará mucho. Aquí tenemos la mantequilla, el jamón, ¿dónde tienes la salsa?
Temía que si le decía cual era el verdadero motivo de mi visita se sintiera mal. Atentamente he observado que a ninguno de los dos nos agrada que nos miren con compasión y para ser sincera fue lindo cocinar juntos. Percibí un calor en la cara cuando él agarró el cuchillo para untar mientras lo estaba utilizando yo, le expliqué cómo preparar la mezcla y quería hacer el primero para que luego siguiera con los demás y en su lugar terminamos unidos. Vaya no esperó que soltara el cuchillo, qué impaciente. Siento la presión de mi espalda en contra de su pecho, su mano sobre la mía y su barbilla aplastando la coronilla. Comparada con él, soy tan pequeña. No debería sentirme intimidada. A las chicas les gusta que los chicos sean un pelín más altos que ellas. Les proporciona seguridad. Y lo que yo siento cuando me acuna entre sus brazos... ¡ah! Si supieran... siento que me voy a derretir aquí y ahora... ¡¿acaso eso fue un suspiro?! No, no, no debo suspirar. Aun no. Una risita tímida escapa antes de que yo pudiera frenarla. Raimundo se ríe bajito, pero no dice nada. Ahora que estamos así me sirve de excusa para mirar sus manos: Son grandes y sus dedos largos; no obstante, su tacto no es áspero como de alguien que vivió en un pueblo y conoce el trabajo duro, por el contrario es suave y cálida. Me gusta. Lo empujé amistosamente para separarnos, apreté dos rebanadas una sobre la otra: Una untada y otra no.
—¡Momento de la verdad! Abre la boca y di "A" —indiqué, el rumbo de mis pensamientos divagó a otro curso e indagué— ¿si confías en mí, verdad?
—Lo puedes apostar —contestó él tranquilo. Extendí el panecillo y lo mordió, sus labios se mancharon de salsa, le saqué una servilleta para que se limpiara, pero él decidió pasarse la lengua entre ellos; instintivamente yo desvié la mirada y disimulé meterme las manos en el pelo, estoy siendo ridícula, él no hace nada indecente—. Está bueno —comentó.
—¿De veras? Digo, ¡sabía que te gustaría!
Llevamos los demás panes a la mesa del comedor y comimos. No importa si desayuno dos veces, ¡¿cierto?! ¿Cuántas calorías contiene un pan? Ni que fuera a engordar de la mañana a la tarde… pero por si acaso, iré al gimnasio mañana. De repente, no sé por qué me dio sed. Debe ser porque comí tres y nosotros hicimos una decena de sándwiches. Me medio levanté a servirme un vaso de agua fría, entonces recordé que esta no era mi casa, era una invitada, ¿en dónde están mis modales? Y volví a sentarme.
—Ah Raimundo, ¿quisieras darme un vaso de agua fría? Por favor.
—Seguro —afirmó poniéndose de pie. Caminó hasta la cocina, yo coloqué con cuidado las manos en mi regazo mientras aguardaba—. Hace tiempo he querido preguntártelo, empero, siempre se me olvida ¿creaste el Dragón del Viento basado en mí? —su voz proviene de la cocina, sin embargo, se escucha medio extraño: como más nasal. Vislumbro que debe tener la cabeza dentro de la nevera.
—Ah... no.
—¿Entonces por qué se llama Raimundo también? —si cree que me tiene con las manos en la masa, se equivoca.
—Bueno, eso fue un pequeño tributo en agradecimiento por tu ayuda. Los escritores suelen hacerlo. No hay nada de malo.
—Ya, ¿y por qué, si no está inspirado en mí, tiene una familia numerosa, le gusta el futbol, coquetea con las chicas, entre otras cosas que me pertenecen?
—Coincidencia —me encogí de hombros, excusándome. Él pasó a mi lado y me entrega el vaso en la mano. El idiota retoma asiento. Distingo que igualmente trajo un vaso para él.
—Sí, como no —tuerce una sonrisa irónica—. Hasta la identidad tiene derechos de autor, si bien me halaga que me uses como referencia para uno de tus personajes. No me molesta, en oposición: Me parece genial. Si quieres, puedes emplear esa frase para que la diga él —dijo divertido. Tamborileé sobre mis muslos una melodía rítmica con mis dedos fingiendo estar absolutamente concentrada en una tarea difícil, en seguida lo creí patético y elevé la vista. Nuestras miradas se encontraron, él me guiñó un ojo, pícaro—. Siguiente pregunta, para ser franco contigo, no me impactó mucho que al final yo, ¡es decir! El Dragón del Viento fuera elegido líder por el maestro porque en varios episodios de la tercera parte como que dejaste varias pistas y "a buen entendedor, pocas palabras", pero ¿por qué los otros los mostraste como tan malos líderes? ¿Por qué no decidiste mostrar el desempeño de Omi como líder?
—Tus preguntas son válidas. Bien sabemos que desde el principio él estaba convencido de que debía ser nombrado como líder pues que había recibido entrenamiento durante toda su vida y no es para menos, es muy talentoso. No obstante, sabes que en las reglas del tiempo se dice que si te ves a ti mismo causas una paradoja en que se desequilibran el orden de las cosas y da paso a la destrucción, aparte de que si Omi "desapareció", ¿cómo podía haber un Omi en el futuro? Los Dragones de la Tierra y el Fuego a lo mejor hubieran hecho un buen trabajo, pero digamos que las condiciones en las que estaban no eran favorables porque con uno de ellos fuera ya vimos anteriormente que se arma una catástrofe.
—Claro, la trilogía de episodios en que Omi y Raimundo se vuelve malos.
—Sí, él es el único que se le ocurriría lanzarse una aventura tan descabellada y arriesgada como para retroceder en el tiempo, además de que caes en cuenta hasta que punto Omi está dispuesto a llegar para obtener lo que quería. La decisión de quién iba a ser el líder siempre residió entre ellos. Ambos tienen buenas cualidades para ser un buen líder: Determinación, lealtad, bondad y muchas más. Pienso que habrá fans que insultarán a Omi y lo acusarán de a menudo portarse insensible a los problemas de los otros por su egocentrismo, no obstante esos celos y orgullo son derivaciones de su peor miedo, y no hablo de las ardillas, hablo del miedo a estar solo y puedes fijarte que de los tres monjes fue el más afectado por la traición de Raimundo, tanto así que en el transcurso de la segunda parte es recio a volver a confiar y tampoco despierta un sentimiento lindo que te traicione alguien que realmente tú querías. No obstante, hubo momentos en que apreciabas su altruismo. No hubo muchos capítulos donde los otros pudieran desarrollarse como personajes, sería forzado si pusiera alguno de ellos como líder.
«No te mentiré, al comienzo de la historia Raimundo era un cabezota inmaduro, impulsivo y emocional, a partir de su regreso fue que empezó a madurar, sabe que ha cometido errores pero también que puede llegar a convertirse en la persona que estaba destinada a ser, sólo si la gente (incluyéndose él) dejara de dudar en él y para mí eso es muy inspirador. Si te fijas las decisiones que se toman en el último episodio pertenecieron a él aun sin ser líder estaba demostrando de qué material estaba hecho. Ahora quiero que me contestes una pregunta tú a mí, ¿cómo puedes saber eso si tú no has...? ¡Un segundo! ¡¿Eso quiere decir que ya leíste TODA la novela?! ¡¿pero cuándo?!
—Desde que me la enviaste, demoré dos días en revisarla —lo contemplo absorta.
—No debiste...
—Lo hice —contesta el idiota sin vacilar, como si no fuera la gran cosa—. Terminé rápido el trabajo para el periódico y no tenía nada mejor que hacer en Nochebuena. Me gustó, ¿va haber una segunda parte?
—¿Y qué te hace pensar que habrá una continuación? —pregunté distraída.
—No lo tomes a mal, princesa, sentí el final un poco inconcluso y además, de que no dijiste cuál fue el resultado final de esa mega batalla de buenos contra malos aunque era previsible de todos modos me hubiera gustado leer una descripción. Asimismo, el maestro señaló que la lucha ahora es que recién comenzaba y como Guerreros Shoku, mucho más fuertes, sería el doble de interesante. Entonces, ¿no hay secuela?
—Bueno, las aventuras nunca tendrían un final como tal. Ellos se quedarían protegiendo al mundo hasta el final, la idea era para asegurar que habían alcanzado su objetivo. No está en mis planes iniciar una secuela, ¡pero quién sabe! Podría cambiar de idea —Raimundo cerró las manos alrededor del vaso y agachó la cabeza, pensativo. Dio unas palmaditas suaves.
—Esperáramos que así sea. Enhorabuena, Kimi, tu primera obra está hecha ¿qué se siente?
—Son varios los sentimientos encontrados: Estás muy emocionado de ver realizada tu obra y también no puedes evitar nostalgia de que tu obra se ha ido —suspiré.
—Es normal, a todos los escritores nos suele suceder —me compadeció. ¿Acaso Raimundo dijo "nos"? Antes de preguntar, él agregó—; pero tu historia no se ha ido, está...
—En mi corazón —bromeé sorbiendo mi agua, el frío caló en mi garganta y descendió a mi pecho, inundándolo a través. Se extendió por mis brazos hasta la punta de los dedos, moví los hombros y jadeo.
—Sí —asiente. Se reincorpora— ¡tenemos que celebrarlo!
—¿El qué?
—Que tú hayas terminado tu novela, naturalmente. Mañana, cuando todo esté abierto, ven a mi casa y juntos nos iremos a festejarlo, ¿está bien así?
—¿En dónde?
—Uhm, podríamos irnos a un jacuzzi...
—¿Y por qué no puede ser una romántica cena en un restaurante? —"romántica", habiendo tantas palabras en el diccionario, ¿por qué tenía que decir justamente "romántica"? Debería ampliar mi vocabulario. Para mi buena suerte, Raimundo no me reprochó con la mirada.
—¿Me dirás qué prefieres sentarte en una mesa usando un vestido ajustado sintiéndote muy elegante porque hiciste una reservación y esgrimir treinta utensilios si tienes la ocasión de sumergirte en una divertida contienda en el agua?
—Hay buena comida —me defendí.
—Igual que puedes pedir en una piscina. Pero bueno se me acaba de ocurrir una mejor idea.
—¿Ah sí? ¿Cuál es? —inquirí intrigada.
—No te la voy a decir. Es una sorpresa, tú sólo preocúpate de lucir muy sexy para mí el día de mañana a las cinco… ¡ah y gracias por los sándwiches! Estuvieron muy sabrosos.
Debí haber sabido que no me lo confesaría. Me jugó el mismo truco cuando nos conocimos. Ya me llevó a comer una vez, dudo que lo repita de nuevo y después de que me ofreció su punto de vista estoy más segura. No sé si me guste este Raimundo misterioso. Cuando crees que eres la mujer más feliz del mundo te llevas un tremendo chasco. No obstante, tengo el ligero presentimiento de que esta vez será una ocasión especial y diferente. Si bien ¿por qué me embarga esa sensación de que lo habría estado ensayando y vio su oportunidad aquí? Sí, será eso. ¿Saben? Este Raimundo misterioso es también romántico o al menos lo veo así.
Llevo un largo período que no me adentro al agua. Solía ir frecuente, unos amigos, Keiko y yo. Íbamos a darnos un chapuzón, a broncearnos, a jugar con la baraja española o si no nos metíamos a comer en el restaurante. Papá me inscribió a los seis para tomar unas clases y se supone que manejo los conocimientos básicos para no ahogarme. Pensé que así estaba bien. No hay playas por aquí cerca y si debo salir del país, tomaré un avión, pero si se estrella y nos quedamos varados en alta mar... ¡no! Las probabilidades son casi nulas. Pensamientos negativos ¡fuera! ¡Fuera! Me pregunto si todavía los trajes de baño me quedan o tendré que comprarme uno nuevo. Uno nunca se sabe cuando lo puedes necesitar.
¡Oh no emergencia femenina! ¡Hablando pistoladas sobre si nadar o no, se me olvidó de la ropa que me voy a poner mañana! ¡No tengo nada qué ponerme! Raimundo me ha visto con casi todos mis conjuntos, ¿por qué no uso uno que no ha visto o repito? ¡No, eso supera el límite de lo intolerable! ¡JAMÁS repito! Tiene que ser uno especial. ¡Oh-mi-DIOS! Y sólo me dio un día para encontrar el atuendo perfecto, el maquillaje, el peinado, los zapatos, ¡es MUY poco tiempo! ¿Qué voy hacer? Un maldito minuto, eso es lo que necesito para pensar con la cabeza fría. Un minuto, un minuto... ¡LO TENGO! Le pediré ayuda a Keiko. Ella no me lo negará. Si alguien sabe lo que es un aprieto de modas es ella. Mejor la llamo antes de que se tome la tarde con su pastelito. ¡Uf! Descolgué el teléfono y me atendió la voz de la contestadora, ¡tengo 5 mensajes en el buzón de voz! ¿Tanto demoré? Erróneamente pensé que pertenecían a papá y los abrí, empero todos eran de mi ex con su discursito de siempre: Kim, no cuelgues, por favor, necesitamos hablar blablablá. Lo siento Jack, te he superado. Le di al botón de "borrar todos los mensajes" y luego busqué el número del celular de Kei, está en mi identificador así que no necesitaba marcar. Vamos, vamos, atiende Kei… ¿y si le mando un mensaje telepático de que conteste el teléfono funcionará?
—¿Hola?
—¡Hola Kei, es Kim! ¡Feliz navidad! Perdona que te llame este día. Pero te necesito, es una emergencia. Tengo una cita mañana y nada en mi guardarropa.
—¡Oh Kim, para ti también feliz navidad! No te preocupes por eso, no me molesta, en mi lista de prioridades mis amigas son primero. Las tiendas ahora están cerradas, ¿te parece si quieres venir a mi casa luego del almuerzo o vamos de compras mañana temprano al centro comercial? ¿Qué hora exacta te dio?
—Élme dijo que estuviera presente a las cinco. Sin embargo, vámonos puntuales mañana, sabes que nunca se consigue nada en la primera tienda.
—¡Perfecto! Nos vemos allí.
—¡Nos vemos!
De acuerdo lo tengo cubierto por ese lado. Suspiro de alivio, ya sólo queda esperar mañana. ¡Sabía que podía contar con mi amiga! ¡no me defraudaría en una situación tan crítica como esta! Cenicienta tiene su hada madrina y yo tengo a la mía. Ah, no es nada personal. Adoro ese cuento desde la niñez: La pobre muchacha a la que se le concede sus deseos de asistir al baile y conocer al amor de su vida, quien resulta ser el príncipe justamente, por una mujer y su varita mágica. Y al otro día el hombre la quiere desposar. Da envidia, no el príncipe (me quedo con el mío) si no la facilidad y rapidez de sacar de la nada un hermoso vestido y unas zapatillas lujosas, con una igual a ésa yo podría aparecer cientos a cualquier hora y día de la semana. ¡Sería divertido! ¿Por qué Cenicienta no presta su hada de vez en cuando? Fácil, es un cuento y porque soy pobre. Yo no podría pagarme una si existiera un servicio de hadas madrinas de ensueño. Volviendo al tema, no le dije a Keiko quién me invitó a salir y si me pregunta se lo voy a tener que decir. No puedo callármelo para siempre. ¡Ojalá amanezca de buen humor! Nunca podría elegir entre mi mejor amiga de toda la vida y el chico que me gusta, no es una batalla de iguales. Los quiero a los dos. Yo sé que no voy a hallar a alguien como ella y él me hace tan feliz. Espero no llegar a eso. No.
Me alegra cuando tengo razón. No muchas veces ocurre, por eso hay que festejar ahora. Ha pasado tantas semanas en que no he ido al centro comercial, creo que podría tirarme encima de la alfombra del lobby y hacer ángeles de nieve, pero no lo hago porque se vería muy raro ver a una mujer adulta haciendo eso. Me siento una total desconocida cuando las puertas se nos abren y caminamos tomadas del brazo hacia adelante, es nuestra entrada triunfal muy al estilo de los Ángeles de Charlie, ¿dónde escondieron el ventilador y el reflector de luz que se supone batiría nuestros cabellos en el aire y nos haría brillar? Sí, saltamos al otro día.
Bueno, en fin, un viejo sentimiento comenzó a burbujear dentro de mí y sé que es la diosa de la moda emergiendo desde las profundidades a reencontrarse con su reino. Y me abrazo a ella sin tapujos. Recorrimos el pasillo de las grandes tiendas: Tifannys —lo prometí, ahí es donde mandaré hacer mi anillo de compromiso. ¡Un diamante casi tan grande como una fresa, mi fruta favorita!—, Gucci y tiendas similares. Nos aproximamos a los escaparates de Manolos para ver si teníamos alguna endemoniada posibilidad de encontrar unos tacones en menos de ciento y cincuenta. Seguimos hasta que tuvimos un instante de silencio sepulcral frente a Prada. Después sentí que mi cartera había estado picándome para ser usada e invité a Keiko a tomarnos dos cafés con leche en la cafetería (nuestras primeras compras del día, ¡yupi!).
Asaltamos el primer piso y entramos a Versace. Nuestro ritual consistía agarrar una pila de ropa, probárnoslo en el vestidor, desfilar para nosotras mismas y llevarnos el que nos lucía mejor. Procuré elegir los colores de última tendencia para no desentonar la temporada. Este es el truco: nos lo calzábamos una vez luego lo guardábamos en el ropero hasta que el color se volviera a poner de moda y así perdura por los meses, el elegido fue un rosa pastel casual escotado a mitad de espalda que desciende como cascada hasta mis rodillas con un cinturón ajustado debajo de mi busto. Me acabo de acordar que tengo unas sandalias Ferromangano que combinarían con esta pieza. Decidí dejármelo puesto, así cuando llegara a casa sólo me cambiaría de zapatos. No quisimos irnos de inmediato y continuamos explorando. Hicimos una parada en el estudio de MAC y cuando una dependiente me ofreció un mini-cambio de imagen rápido era incapaz de negarme. ¡Qué suerte! Todo este día quiere que me salga bien en esta cita.
—Aun no me has dicho quién es tu galán secreto —insinuó perspicaz Kei.
Gracias al cielo que no tuve que responder porque la vendedora tenía su mano en mi cara y se concentraba en alinear mis labios con la última variación de revestimiento de color de la marca. Aguardó que terminara con mi boca.
—Y... ¿me vas a decir quién es? —insistió.
—Pues es un hombre —contesté volviéndome como la mujer me permitió mover la cabeza mientras aplicaba un rubor sobre mis mejillas— apuesto, con dos ojos, dos manos, cabello, dos piernas, una nariz y labios.
—¡Guau! Yo tengo un tío que es igualito a él —rezongó sarcástica. Se llevó las manos a la cadera— adivino que también tendrá dos orejas. En serio, Kim, cuenta, no nos guardamos secretos.
—Bueno, no te enfades conmigo ¿sí? —le pedí—. Raimundo me invitó a una cita.
—¡¿ESTÁS LOCA?! ¡¿Raimundo Pedrosa?! ¡¿Ése mismo Raimundo Pedrosa?! ¡¿El que te dejó plantada, te mandó de paseo y se refirió a ti como una chica unidimensional?! ¡¿Ya olvidaste todo lo que nos hizo?!
—Raimundo no lo hizo con mala intención además admitió que te juzgó mal y estaba en un error y habló con Clay. El asunto está perdonado entonces —arrugué la frente. La mujer me castigó en el acto por moverme demasiado—. Escucha, no es que no olvidé el pasado ni se convirtió en otra persona, pero estaba cargado de prejuicios. Igual que yo, Kei. Estábamos equivocados el uno del otro. Se arrepintió y me pidió perdón, yo necesitaba también que me perdonara y ser perdonada. Volvimos a intentarlo como amigos y nos enamoramos... así de sencillo. Cuando llegas a conocerlo realmente puedes darte cuenta que es un buen hombre. Tú no lo entiendes.
—¡¿Y tú le creíste?! ¡Es que eres tan ingenua, Kim! —espetó con frialdad—. Pero tú tienes razón en una cosa: Yo no lo entiendo. Te esperaré afuera.
—Oye Keiko, espera... ¿Kei? ¡Kei! ¡KEI! —¡ay no! Se enojó conmigo. Y no pude detenerla sentada.
Permanecí con la cara de piedra hasta que la chica terminara con mi cambio de imagen, lo cual tardó unos minutitos más tarde. Me pasó un espejo. Bueno, tengo que decirlo: ¡Quedó increíble! Yo nunca me quedaba atrás cuando me ponía maquillaje, pero la dependiente me había hecho quedar como una modelo de los desfiles que pasan en la televisión en la sección de arte y espectáculo. El pelo cepillado y perfecto. Mis ojos, bajo el beneficio del aplicado hábilmente rímel, delineador de ojos y sombra, parecían mucho más enormes y más azul que de costumbre. No un azul grisáceo, si no un azul penetrante. Mis pómulos me parecían altos y aristocráticos. Y mis labios... besables y enfurruñados. Si aprieto la quijada no lloraré. No puedo llorar porque se me corre el rímel. En resumen, me parecía fantástico. Le agradecí a la vendedora y posteriormente salí tras de Kei. Ella elogió mi maquillaje pero no dijo más nada. Los siguientes minutos fueron silenciosos e incómodos. Claro que intenté abordarla. Pero comprendí que nada de lo que yo dijera ese día iba a salvarme.
En casa me hice los últimos retoques a mi vestuario. Zapatos italianos, la mejor elección en cuanto a calzado. Para el cabello me recogí una cola de caballo, trenzas y colas (uno o dos) le da un aire más juvenil a mi apariencia. En contraste, un moño estilo cebolla o cualquiera que tome todo mi cabello me suma edad. El peinado estuvo muy bien. Me pregunto si es el indicado. No quisiera que Raimundo pensara en mí como una hermanita menor o una niña frágil que hay que proteger. Tengo diecinueve y no ayuda demasiado mi cuerpo estrecho y pequeño… —está bien, reconozco que no hemos pasado por mi cumpleaños, pero lo cuento así: Es este nueve de febrero— y me lleva unos cuantos añitos de diferencia, ¿no? Bueno, estoy especulando. No se lo he preguntado en realidad. ¿Me lo recojo? De esa manera no va parecer un hombre llevando a su hermana a su baile de graduación. Esto es el colmo, todas las mujeres se preocupan por aparentar ser más jóvenes ¡y yo quiero envejecer! Saben, si la gente nos ven juntos se preguntarán cuál fue la artimaña que utilicé para enlazar a ese galán o si no culparán al idiota de seducir a una jovencita inocente. Debería sentirme bien por eso ¿saben? En fin es tarde para cambiar de idea y peinado. A punto de salir, escudriñé de reojo la ventana: Está nevando ahí afuera. Y no sé si hará mucho frío al lugar a donde me llevará. Mejor me llevo esta gabardina de Channel y estos guantes de látex por si acaso lo necesito. Bajé las escaleras para encontrarme con Raimundo. Estaba esperando. Esboza una sonrisita.
—Hola Raimundo, ¡ya estoy lista! —sonreí. No debo mostrarme triste.
—Lo puedo ver. Estás preciosa, Kim —silbó, rascándose la cabeza.
—¡Gracias! —exclamé deteniéndome. Si doy otra vuelta, me mareo. Él se acercó a mí.
—Te ves muy tierna con coleta —señala, su mano cubre una de mis mejillas sujetando mi cabeza y desliza su pulgar sobre el pómulo, acariciándomelo dulcemente en círculos; atrapé su muñeca, pero no para apartarlo de mí sino para mantenerlo cerca. Él parece que entendió el mensaje. Su dedo índice tomó un mechón de mi pelo enrollándolo hasta el final.
—¿Te gusta entonces? Temía que fuera un poco infantil dada las circunstancias...
—¿Infantil? ¡No! ¿Cómo crees?
—Sí, es que como tú... y bueno, yo... —balbuceé. Hasta ahora mi preocupación me pareció más que absurda. No podía ponerle palabras. Pero él leyó mis pensamientos.
—Kimiko, tú estás bien. Estamos bien —corrigió—. No hieras mis sentimientos, que tenga veintiuno no significa que sea un trapo viejo, ¿cierto? —se aclara la garganta—.Vente.
Se metió las manos en los bolsillos y caminamos hacia al estacionamiento. Se negó a soltar cualquier información relacionada con nuestro viaje. Nada. Ni una pista por lo menos. ¡Grr, idiota! Fingía que no estaba ahí y se limitaba a conducir por la carretera.
—¿Ni siquiera puedes darme las iniciales? ¿Qué te puede costar?
—No.
—¡¿Por qué no quieres decir nada?!
—Las sorpresas no se descubren si no hasta el final.
—¡Eres un idiota! —crucé los brazos bajo el pecho, molesta.
—Pero soy tu sexy idiota. Tu cabello huele delicioso, Kimi —cambió de tema—. Las fresas me llegan aquí.
—¿Quieres que te diga mi marca?
—Ja, ja, gracioso. Muy hilarante —repuso él sarcástico. Yo adoro ese champú con aroma a fresas, botella y crema rosada, ¡es tan hermoso y femenino! Cuando lo frotas brota espuma del mismo color— estamos cerca. Prepárate.
¡No lo puedo creer! ¡Es Mermelada Punch! Tienen la pista de baile más amplia jamás vista y sólo van los mejores DJ a animar, siempre ponen los temas de última tendencia y alguna que otra canción buena de los clásicos, de esas que nunca pasarán de moda, y cornetas con sonido en alta definición, también dispone de una barra para entremeses. ¡Es maravilloso!
—¡Dime que no es un sueño! ¡¿De veras es Mermelada Punch?! ¡¿Me trajiste a Mermelada Punch?! ¡No puede ser!
—Kim, lo tienes frente a tus ojos. Es en serio —asintió. Tenía la cara pegada al cristal de la ventanilla del auto como una niña.
—¡¿Entonces vamos a bailar?!
—No, tú bailarás y yo te aplaudiré desde la barra. Sirven buenos vinos —respondió, no les puedo asegurar qué fue eso. Parece que lo dijo medio en broma y medio en serio. Si es así, no tiene chiste bailar solo. Prefiero estar en la barra con él bebiendo vino, a riesgo de que se repita lo que pasó en el The Buzz Lounge. Qué lástima, me ilusioné que rompería su regla.
Raimundo aparcó en un espacio libre y bajamos del vehículo. Yo fui primero. Pero cuando llegué a la puerta. Había una hoja de papel fijada con cinta adhesiva en la puerta en lo alto para que todos lo vieran.
CERRADO HASTA ENERO
—¡Qué mala suerte! —bufó, se volvió hacia mí—. Bueno, pero eso no va a impedir nuestra fiesta. Vamos a mi apartamento, ahí tengo vino del bueno, podemos descorchar una botella y brindar.
Yo asentí y volvimos al auto.
Y mi sueño de bailar en una gran pista se lo engulló el inodoro. Aunque ése está después de graduarme de la universidad con máximos honores, conseguir un trabajo en una prestigiosa editorial, comprar en Givenchy, casarme con mi amor verdadero y vivir en una linda casita, publicar un libro y que éste se convierta en un best-seller, pero ése vino después de que, ya saben. Si bien hay que admirar la tenacidad y el optimismo del hombre. Está aprendiendo de la maestra. Devuelta en el edificio las cosas todavía empeoran. El ascensor no obedecía cuando llamábamos y no era el único, las luces en el apartamento de Raimundo estaban rebeldes. A lo mejor hay un bajón en la ciudad. Puede suceder.
—Ojalá no haya sucedido algo malo. En el día de cumpleaños de Omi cuando regresé de la oficina, estaba esto abierto y aunque no se robaron nada aparentemente porque revisé todo. Cambié de cerradura por si acaso.
—¡Qué terrible! Uhm, parece que no hay luz.
—No importa que haya luz. Cuando se tiene un poco de obscuridad también suceden cosas buenas, ven Kim, entremos —él pasó primero. Se quitó su chaqueta y la tiró al sofá— no tengas miedo. Yo no muerdo... cuando no juego.
Mis ojos demoraron un poco en acostumbrarse. Parpadeé múltiples veces. Tropecé con el idiota, me sujetó de los hombros a la tercera vez y me ordenó explícitamente no separarme de él. Le hice caso, en parte porque tampoco era algo que quería hacer.
—Buscaré unas linternas.
—¡No! Busquemos unas velas.
—¿Velas? ¿Para qué? Ni que viviéramos en el siglo XVII. Tengo unas linternas guardadas.
—No, no, unas velas. Se me acaba de ocurrir algo. Si no tienes, yo puedo ir por unas a mi casa.
Ya que no logré ir a Mermelada Punch. Es hora de traerlo aquí. Empezando con unas velas. Nunca sustituirán las luces láseres de todos los colores que ves en la pista, pero agregan un toque romántico. Descubrimos una caja de ellas en el closet del mantenimiento. La abrí y vi que las veinticuatro unidades estaban en sus lugares. ¡Fabuloso! Saqué una docena y guardé las que no iba a necesitaba de nuevo en el armario. Fuimos a la cocina y luego las pusimos en platitos. Me costó hallar un yesquero. Revisé los cajones y tanteé cada objeto que pasaba por mis manos. Pero más me pareció raro que el idiota no recordara dónde lo había puesto. ¡Si es una cosa con que trabajamos diariamente! Sin embargo, quiero creer eso antes que no desea colaborar conmigo, ha vacilado en todo y eso es atípico en él, ¡vaya oportunidad para comportarse como un pesado! Con o sin ayuda saqué una caja de fósforos. Ni se la entregué al idiota, capaz y me informa que no sabe qué hacer con eso. Encendí mis velitas y salimos a la sala. Cada uno tenía dos. Así para trabajar más rápido.
—¡No las pongas ahí! —le reproché.
—¿Qué importa el sitio donde las ponga? —se quejó.
—Por supuesto que sí, espera y verás —¡ay hombres! No lo culpes, está en su naturaleza— pongámonos manos a la obra, ¡ups one moment! —mi celular empezó a vibrar, yo lo había puesto en modo de vibrador para que no interrumpiera mi velada feliz, era una llamada de... ¡mi ex! ¡qué fastidio! Puse los ojos en blanco— dame un minuto —le di la espalda y sacudí la melena para ponerme el celular en la oreja— ¡¿sí?! Bueno, ¡¿Jack?! ¡Deja de llamarme y enviarme mensajes cada cinco minutos! ¡No quiero nada tuyo! ¡Aléjate ¿está bien?! ¡Adiós! —¡Oh no! Una fuerza mágica está obligando a mi dedo presionar el botón de apagado, no, no, ¡ahhhh! Lo apagué. Qué pena... ni Jack habló... ¡sigamos adelante sin interrupciones!— ¿en qué estábamos? ¡En eso mismo!
¡Mi obra maestra! ¡Uf como me gustaría tomarle una foto! Pero no quiero prender el celular para darle la oportunidad a Jack de cagar la velada. Me temo que prescindiré de ello. Triste.
Raimundo giró a su alrededor mirando las velas. No es que formé una figura marciana, es el modo en que están ubicados... es tan romántico.
—Ah... ahora comprendo —vaciló.
—Lo leí en uno de los catálogos que me prestó mi hermana para instaurar el feng shui —y en la página de atrás había una sección para poner velas que incentiven el amor—. Essólo que no lo pensé para usarlo hasta ahora—expliqué— ¡voy a poner mi abrigo aquí! Si no te molesta —bajé la cremallera de mi gabardina, dejándola caer por mis hombros y la colgué en el perchero. En un movimiento rápido, me despojé mi gorro de invierno y los guantes, oí un silbido detrás de mí y giré sobre mis talones. Raimundo traía la cabeza inclinada— ¿qué estabas mirando?
—Nada.
—¡Mentiroso! ¡Estabas mirándome el trasero! —gemí. Me tiembla la voz y el calor inunda mi cara.
—Tú fuiste quien lo dijiste —replicó divertido. Fruncí los labios y me dirijo hacia la puerta cuando él agarró de pronto—. No, Kim, aguarda. Lo siento, ven aquí. Por favor, no te vayas —una burbuja de súplica reventó en esa última oración, suficiente para cambiar de opinión y volví. Sus dedos ascendieron por mi brazo lento y presionaron en el codo arrimándonos—. Ven, bailemos. Se nota que tienes unas ganas terribles por hacerlo.
—¿Y cómo sabes qué ganas tengo?
—Porque aprendí a conocerte, mujer —sonrió.
Su mano libre se ahueca en la parte suave de mi cintura y me empuja hacia él. Empezamos a mecernos de un lado al otro o eso me parece; ni siquiera he visto que hacen mis pies, mis pupilas lo miran sólo a él. Empero parece que mi cuerpo sí sabe lo que hace porque le sigue la corriente. Me suelta el brazo un segundo y su muñeca levanta la mía. Subimos y bajamos el brazo en un vaivén oscilante como si fuera un péndulo aunque sin completar el recorrido. Yo sonrío tanto que se me ven los dientes. Él no ha perdido la sonrisa en ningún momento. Me da una media vuelta y me recuesto de él automáticamente, aprieta la palma de mi mano y guía la otra hasta mi costado deslizándose a mi cadera. Su respiración se ralentiza y sopla a través de mi cabello y mi cuello. Me arqueé contra él. Paseamos en derredor de la sala en círculos. No fuimos demasiado lejos para no perdernos, a pesar de que estábamos rodeados de velas hasta el tope.
—Dame una vuelta —le pedí.
Él accedió y dimos una vuelta completa, intercambiando posiciones. La suya fue perfecta y tuve que hacer otra para quedar frente a frente. Me encaramé en la mesilla, inmediatamente me envuelven sus manos sosteniéndome en el aire unos segundos antes de bajarme. Si bien, hace rato, desde que arrancó el baile, me he sentido así. Una risita escapa de mi garganta y le paso mis brazos alrededor en su cuello ya en tierra. Poco a poco contraemos la velocidad a la que vamos. Apretamos nuestras frentes. Se me cansa el brazo de extenderlo y lo bajo a la altura de su torso.
—Pensé que no te gustaba bailar.
—Dije que no bailaba si lo evitaba, no que no supiera o no me gustara —contestó. Me eché a reír y hundí la cabeza en su pecho, abrazándolo—. Aparte es más divertido en pareja. Qué lástima que no hubiera algo de música para acompañar el ambiente...
Entre dientes me puse a tararear una melodía. No me viene a la memoria ninguna pista, con tantas canciones que me sé, así que la inventé. No puedo pensar con claridad. Estoy en una nube, ¿eso será bueno? Él se ríe y yo alzo la cabeza. Sencillamente era una escena perfecta.
—Sólo a ti se te ocurren esa clase de cosas —dijo—. Te amo Kim pero ¿me amas también?
En eso, tropecé contra el reposabrazos del sofá y caímos. Su equilibrio era perfecto, es sólo que sus hombros era lo primero que agarré para estabilizarme, el sofá amortiguó el punto de impacto. Maldita torpeza, interrumpiendo sin razón. Él plantó ambas manos a los lados de mi cabeza apartándose lo suficiente para mirarme. El rescoldo de fuego iluminaba su rostro. Su tez cambiaba de amarillo a rojo, de rojo a anaranjado.
Y nos besamos.
No les puedo decir quién besó a quién, ahí estábamos él y yo viéndonos fijamente a los ojos sin decir nada. Fue casi un mutuo acuerdo acortar los espacios entre nosotros por un beso. Un deseo oculto y que se necesitaba que uno de los dos diera el primer paso, coincidimos ambos en este caso. Lo que importa es que fue un beso correspondido. Mis dedos frenéticos se aferraban de la raíz de su pelo, enredándose y luchando por acercarlo más a mí aunque sé que eso es imposible. No sólo estoy debajo de él si no que yo estoy siendo aplastada por su cuerpo ¿qué más que eso? Si bien, a él parece que le gusta, pues me besó con más ganas a partir de entonces. Él dirige una de sus manos a mi costado, sujetándome, y me estremezco como acto reflejo. Estoy agotada y no me es relevante. Quisiera congelarlo así en el tiempo unos minutos más. Raimundo rompe el beso. Respiraba incontrolablemente, mi pecho subía y bajaba con dificultad, ¿no se los dije?
—¿Qué pasó? —jadeé.
—Mi consciencia... no me deja tranquilo —se levanta del sofá, triste.
—No entiendo —repuse confundida. Y es verdad. Raimundo se tapa la cara con sus manos, frotándose antes de poder hablar conmigo. Me doblé hacia adelante, sentándome—. ¿Serías tan amable de explicármelo?
—Kim, tengo que decírtelo... —hizo una pausa.
—¿Decirme qué? —busqué sus hermosos ojos verdes y reboté, animándolo—. ¿Es alguna sorpresa? ¿Quieres que cierre los ojos para que parezca en verdad sorpresa?
—No, Kim. Abre los ojos, te lo debo decir de frente.
—Oye, me estás asustando... —susurré levantándome.
—No te asustes. En realidad no es nada, es una cosita tonta mía —dijo trazando un círculo en el reposabrazos, luego levantó la mirada—. No soy solamente un periodista, además yo tengo otro trabajito...
—Lo sé, las carreras ¿cierto?
—No, ése es un hobby —me corrige—. Este es más un trabajito a domicilio, digamos que es en cierto parecido a lo que tú haces, pero con más años de experiencia: Soy escritor —iba hablar, él me interrumpe alzando hacia arriba la palma de su mano. Es raro, siempre yo reviso las listas de nuevos y viejos escritores con sus respectivos libros, y nunca he leído su nombre, lo habría recordado. De seguro no es tan reconocido— sé que te parecerá loco, sin embargo, no sabías eso porque no he querido publicar un libro con mi nombre real. Yo he usado un pseudónimo hasta ahora —carraspea la garganta y da una palmada—. Bien, Kim, soy Tom Kenny.
A/N:
Esta historia continuará
—¿Y lo cortaste en la mejor parte? ¡No es justo, Alice, nos quieres hacer sufrir hasta la semana que viene!
Yo no quería hacerlo. El capítulo me salió muy largo y lo quería dejar con la confesión de Raimundo. Si esto fuera una novela en PDF, verían la continuación en la siguiente página, pero no. Los que siguen la novela deben esperar hasta la semana que viene. A no ser que la historia está terminada, ahí sí. Saben, una de las cuestiones principales que tuve que decidirme era como se enteraría que Rai es su escritor favorito. Había barajado entre Jack, Hannibal, Omi y Raimundo. Si lo decía uno de los tres primeros hay una intención de malicia allí y casi siempre la protagonista se entera por las malas y además de que dejaría a Raimundo muy parado. Lo que siempre supe era cómo iba a reaccionar Kim, lo cual descubrirán en el capítulo que viene. No se alarmen. De esta manera, Raimundo asume su responsabilidad. Después de todo, es su rollo con Kimi.
¡Uf, me la ponen difícil! Una de las cosas que me costó de esta historia es Kimiko y su afición por la moda. Investigar las famosas marcas de ropa, zapatos y maquillaje que hay en el mundo, ¿por qué no repito y ya? Bueno, lo hago siempre que puede ya que Kim tiene sus marcas selectas, pero se supone que tiene amplios conocimientos sobre eso. ¡Yo ni sabía que existían tantas! A veces temo que haya repetido ideas que se me han ocurrido hace meses para un capítulo anterior. Lo siento. Moda y automovilismo. En Contrarreloj fueron matemáticas y códigos. Pero en la historia que viene no tengo necesidad de señalar la marca ni rebuscar ecuaciones muy complejas, igual tengo que investigar otras cosas *buaaaaaaaaa*. Si bien, es divertido escribir como Kim, ¡ella es muy teatral! Da risa o cuando se refiere a su estatura, a través de Kim siempre cuento los problemas o los beneficios de las bajitas, ¡pero eso no es justo! Debería hacer a una protagonista alta —no todas las chicas somos bajas— y puede ser Megan. Pudo haber dado un estirón en la pubertad. No sabemos qué tal es :) Porque si se fijan en todas las novelas de moda —y si leen las noticias hablan de las ventajas de las bajitas y las desventajas de las altas, posteriormente dicen que no hay discriminación—, todas las protagonistas son descritas como bajitas y feas. Kim es baja y agraciada. Cónchale, las bajas no pueden tener el control de todo. Así que… primera ventaja de las altas: Podemos ir a concursar al Miss. ¡Gracias!
Sucede con las escenas románticas. Sin darme cuenta reciclo una idea y tengo que estrujarme los sesos pensando otro. Mejor así, mientras más pienso más innovadora es. Un intermedio para que no sea tan seco ni tan adulto. Uno nunca se sabe, por ahí rondan personas de la edad de Omi y hay que prevenir. Saben, este título se me ocurrió tras revisar numerosas comedias románticas. Hubiera sido un buen título para denominar una historia, pero parece dar entender que es una de esas novelas cliché románticas y no lo es, además romance no es el único género de esta historia; así que quedó como título de un capítulo. Obviamente es una referencia a Raimundito y no podía escribirlo de otra forma que poner en cursiva la palabra del medio.
El capítulo que viene, ¡señores! Es el capítulo cuarenta, menos falta para culminar. No se preocupen, todavía queda. Háganme saber qué es lo que piensas al respecto, ¿qué te esperas para el capítulo siguiente? ¡Haga lo que hagas, no te quedes callado! Me despido hasta la próxima semana de su novela favorita: Quiero ser escritora. ¡Adiós mis malvaviscos asados!
Mensaje para Isabel: ¡Hola Isabel! ¡Genial, fuiste el primer comentario, felicitaciones! Kimiko es una persona muy entusiasta, yo estoy segura que le hubiera ido genial como organizadora y en cualquier empleo que se proponga, pues ella es alguien constante y los constantes lo obtienen todo. Te lo digo yo. Aquí tienes la continuación del capítulo anterior: Abunda el romance y lo dejé justo en la mejor parte. Jajajajajaja, a ver qué pasa en el siguiente. Koizora… a mí por lo general no me gustan esas historias porque tienen un aire demasiado deprimente para mi gusto, no es mi estilo y siempre esperas que muera uno de los protagonistas. En una es la chica y en otras es el chico. Yo la vi nada más por el romance y un piquete de curiosidad al ser una película japonesa, no he visto mucho, pero los japoneses son buenos con sus cosas. Y lo curioso es que está basado en una historia real, eso fue lo que me motivó a chequearla. ¡Uf, cuarto de secundaria! Ni me lo recuerdes, ese año fue traumático... ¡pero lo superé, lo vencí, lo aplasté, lo humillé y salí victoriosa! Mantenerse en el primer lugar no es un asunto sencillo. Sí me acuerdo de ¡De 20 parodias y no sé que más! Me sentí en la obligación de retratar una película romántica con Rai y Kim. Fue uno de mis favoritos.
¿Te acuerdas de nuestra anterior plática en que veíamos quienes podrían interpretar a los personajes de Duelo Xiaolin? Bueno, yo dije que para mí Omi, Raimundo, Kimiko y Clay serían Matheus Ueta, Héctor Davis Jr., Park Shin Hye y Lucas Till (por decir) en ese orden; lo único que nos lamentamos es que los dos del medio son un poco mayores, empero estaba viendo Vaselina (la nueva) que sacaron y todo el elenco tenía veinte y tantos cuando supuestamente encarnan a muchachos de dieciséis y diecisiete, así que podría valer o si no decir que ya han crecido... el asunto es que creo que tengo un favorito para Jack Spicer y es Milles Teller. No importa si tiene los ojos negros pues que Jack en la serie Xiaolin Chronicles sus ojos eran negros, sólo se tiñe el pelo de rojo ¡y listo! Tenemos a todo el mundo. Tengo la consciencia limpia.
En fin, mejor no sigo aburriéndote con esta cháchara ¡gracias por leer y comentar, preciosa! ¡Ojalá estés disfrutando de la lectura! ¡Nos vemos y que tengas un exitoso comienzo de semana!
Mensaje para Mexicanchurros: Saludos. Veo que no entendiste lo que quise decir. Yo sé que a los pubertos les importa un rábano que escriba una escena lemmon, ¿de doce que parecen veintiuno? Sé que podrían aparentar un poco más, pero diría más bien que se la dan que tienen veintiuno y su mentalidad es de lo que cabría de esperarse. Además de que todavía existen niños que se enteran de muchísimas cosas en el exterior porque sus padres no tienen el pudor de sentarse a conversar de estas cosas. Yo sé que hay historias escritas por chiquillos de doce calificadas de contenido adulto cuando en su foto de perfil están abrazando a su peluche y una cosa es escribir por escribir, y otra es que entiendas lo que escribas. Yo tengo que adaptarme porque a pesar de que mi historia está dirigida a un público joven, no dudo que pueden haber menores leyendo y quizá historias mías o de otros clasificadas para un público de dieciséis en adelante, pero digamos que eso ya no es mi responsabilidad porque cumplí con mi deber de decir a qué público estaba dirigida. No se trata de satanizar porque tampoco puedo fingir que el sexo no existe, es sólo que tengo que ver que puedo mostrar y que no. Así son las cosas.
No nada más es por ellos. Es por mí.
Sí, me alegro igualmente por Omi y su padre de que por fin se la estén llevando bien. Raimundo y Kim no estaban disfrazados, la fiesta se limitaba al disfrute de los niños. Aunque creo que les hubiera ido bien si se disfrazaban de Elizabeth y Darcy. Gracias por leer y comentar. ¡Ojalá estés disfrutando de la lectura! ¡Nos vemos y que tengas un exitoso comienzo de semana! ¡Nos vemos!
