Quiero ser escritora

41º

Cosas de adultos

Bitácora de Omi, día lunes 03 del mes 01. Una semana después de año nuevo, Omi decidió hacerle una visita a Kim. Estaba en casa de Tiny jugando videojuegos cuando supo que se habían infiltrado por la red unas páginas en donde Tom Kenny declaraba permanentemente retirarse del mundo de los libros y la conjetural revelación de su identidad como Raimundo Pedrosa. El propio Tiny ignoraba que su madre fuera fanática de sus novelas. Omi entonces se acordó del archivo que había encontrado en su computadora y enfadó a Raimundo; ahora que los puntos estaban conectados, el contexto adquiría sentido. Para sus adentros, el chico contemplaba la ilusión de que Kim se desenamorara de él y todo fuera igual que antes. Pues a la final se dio cuenta que no hubo necesidad de su intervención, esa relación fracasó antes de empezar. Ansioso por verlo, le dijo a su padre que irían (es decir él y Dojo) acompañarla un rato. Entusiasmado, Omi y Dojo competían en una carrera a ver quien llegaba primero al cuarto piso. Para que la contención fuera análoga saltaban de dos en dos los escalones. Pero cuando llegaron se olvidaron de ello: El pasillo estaba atiborrado a rebosar de reporteros y camarógrafos, o sólo dos reporteros junto a sus equipos y el resto era una avalancha de fans sentados de piernas cruzadas en el piso esperando que saliera Raimundo alias Tom Kenny.

Era la hora del almuerzo y todos trajeron aperitivo para compartir. No lo hubiera tomado en cuenta si no fuera porque también asediaban el apartamento de Kim. Omi sabía que él tenía seguidores, salvo que nunca imaginó que fuera tantos. ¿De dónde salió este río de gente y como averiguaron que Raimundo vivía justamente aquí? ¡qué más da! Un valiente guerrero no se intimidaría por unos cuantos, se empujó la barbilla cerrando la boca, abrió los puños y fue brincando sobre los espacios vacíos, evadiendo los obstáculos. Dojo se lanzó tras de él. Omi logró cruzar el pasillo, tocó el timbre y aguardó. Sosteniéndose de sus talones empezó a balancearse de atrás hacia adelante. Por fin alguien abrió la puerta.

—新年快樂! —saludó él alegre, reverenciándola— ¡qué quiere decir en español: Feliz año nuevo, Kim!

—¡Viniste a verme! ¡qué gusto! —ella clavó las rodillas al piso y lo rodeó con sus brazos— feliz año nuevo.

No sabía si Kim había visto la ola de gente acampando afuera, pero no comentó al respecto. En general Kim solía tener una radiante y ancha sonrisa que desnudaba hasta su cálida alma mas no pudo ver esa sonrisa de oreja a oreja. Sus ojos estaban extrañamente hinchados y su voz adormilada. Omi observó que Kim intentaba olvidarse de sí misma y pasar la página, si bien se le notaba que para ella era una tarea difícil: en un esfuerzo por proseguir igual que siempre esbozaba, a medias, una sonrisa que escondía una profunda tristeza. Al distinguirlo se convertía en una mueca. Daba la impresión que en estos últimos días sumó algunos años de edad. Él evitó mencionar el nombre de "Raimundo" o la palabra "idiota" para no meter el dedo en la llaga. Aun los hechos son demasiado recientes —pensaba Omi—, ya que Kim sigue siendo una mujer aunque haya rebasado la niñez hace tiempo y las mujeres son seres sensibles, démosle un chance en tanto se recupera.

—¡Vine a entregarte esta tarjeta! ¡yo la elaboré con mis manos! En China acostumbramos a dar tarjetas de buenos deseos para tener un comienzo provechoso en el año nuevo —explicó obsequiándole una enorme tarjeta de forma rectangular hecha con cartulina roja metalizada, usando pintura dorada escarchada dibujó un marco alrededor del contorno y en el centro un carácter chino lo suficientemente grande para que cupiera el mayor espacio posible, él dio unos golpecitos en la tarjeta— significa: Prosperidad y riqueza. Ese es mi mensaje de buena fortuna para ti, como verás arriba le inserté esta cuerdita para que pudieras guindarlo en la entrada de tu habitación. El rojo es el color de la suerte y para nosotros simboliza la fuerza de la vida y la felicidad. Espero te guste —añadió nervioso segundos después, rascándose la nuca.

—Está preciosa Omi. Gracias, en serio —sonrió. La sonrisa no pudo llegar hasta sus ojos— y, ¿qué tal recibiste el año nuevo? —le preguntó zanjando el tema. El niño se dejó caer en el sofá. Ella se sentó justo al frente.

—Bueno, no sé cómo se celebra en tu cultura, pero el año nuevo es un acontecimiento muy importante para todos. Más que nunca papá me exigió limpiar de pies a cabeza mi cuarto ya que según marca nuestra tradición, antes de la despedida al año viejo debemos deshacernos de la mala suerte que acumulamos durante este año para no arrastrarla al nuevo período que viene en camino. Días antes, el abuelo se vino con nosotros a pasar las vísperas y la llegada de año nuevo. Siempre nos variamos el lugar en que celebraremos, como podrás imaginarte esta vez nos tocó a nosotros.

«Nuestra casa es grande aunque eso no nos salvaba de organizar el banquete. Se supone que tiene ser muchísima comida para que alcance toda la semana de año nuevo y los primeros días porque una vez que la comida es preparada, obligatoriamente los cuchillos deben ser guardados bajo llave. Es de mala suerte usar un cuchillo a principios del año —comentaba examinándose las uñas y los brazos embadurnados de pintura, pues en vez de pintar usando un pincel prefirió sus dedos. Tardaría en quitársela—. Si bien, la festividad del año nuevo todavía no podía empezar sin antes haber traído ofrendas a nuestros ancestros para pedir la buena suerte. El abuelo estuvo insistiendo un montón que lleváramos abundantes alimentos e incienso... ¡no puede ser! Volví a hablar sólo de mí. Lo siento, si mi padre hubiera estado aquí me habría dado una tremenda reprimenda.

—No te preocupes —dijo en voz baja— estuvo interesante.

—Kim, si necesitas algo sólo tienes que decírmelo. No estoy pintado en la pared, ¿lo sabes? —Omi se inclinó cogiendo impulso y se levantó, cambiando de asiento al que estaba al lado de su niñera y con la mano temblándole sujetó su hombro—. Soy tu guerrero de la guarda, puedes contar conmigo para lo que sea... —sonrió él infundiéndole valor. No quiso aludir al término de "problemas" porque sabría que estaba refiriéndose a Raimundo y ella.

—Es muy dulce de tu parte —repuso enderezándose—, pero te garantizo que todo está bien —aseguró. Él pegó un brinco poniéndose de pie. Dojo dio un respingo del susto y aterrizó abajo.

—¡Tengo una idea! —Exclamó contento— puesto que tú estás de vacaciones y yo también estoy de vacaciones podríamos planificar algo divertido ¿sí? ¿Cómo qué te gustaría?

—No lo sé. Tu intención es buena y te lo agradezco de todo corazón, Omi, pero ahora no sé si disponga tiempo... quiero decir que tal vez no pueda...

Ya salió con las excusas. A Omi no le gustaba presenciar a Kim tan alicaída. Se abrazaba a sí misma. La barbilla le bamboleaba. Trató de subirle el ánimo, contagiarla de su chispeante optimismo, sonreírle, pero nada pareció cambiar en ella. En su lugar, estaba logrando que él se deprimiera. ¿Cómo funcionará igual de divertido si Kim no tiene ganas de nada? ¿Y qué pasaría si repentinamente ya no quiere continuar cuidándolo porque se siente mal? No, ella necesita atenerse de algo para tener con que subsistir, ¿pero qué pasa si su padre decide que no es saludable para él mantenerse al lado de alguien así? Omi reprochó a su fuero interior, estaba exagerando la situación: No puede durar en esas condiciones para siempre. Él sufrió un momento transitorio antes de volver a sonreír cuando su madre murió, tal vez lo mismo surta con Kim. La pregunta del millón es ¿hasta cuándo? Ni siquiera él podría responder de inmediato cuando dejó de estar triste por su mamá. A causa de ello la visita se acortó antes y decidió ir con su abuelo. En su opinión, los ancianos son seres "experimentados" porque han vivido demasiado tiempo, pero como su abuelo nadie se le equipara en sabiduría.

Se despidió de Kim disculpándose que debía atender un compromiso urgente en la librería. No quería que ella pensara que por su culpa se marchaba. Parecía convencida o al menos no protestó. Los corresponsales seguían donde mismo. Sin desalojar. Omi le echó una mirada a la puerta del apartamento de Raimundo. Se arrimó con cautela y presionó el timbre.

—Olvídalo niño —graznó uno de los hombres sentados— no va a abrir la puerta. Llevamos esperándolo durante horas, si es inteligente se habrá ido antes que viniéramos.

—¿Y entonces por qué no se van?

—Porque tarde o temprano volverá. Si quieres hablarle, será mejor que te pongas cómodo.

—No gracias —Omi rodó los ojos aburrido, apartándose.

Raimundo definitivamente es suspicaz y si tenía razón jamás habría abandonado el edificio. Tontos periodistas sin un gramo de sagacidad en el cerebro. Le tomó unos minutos adivinar su escondite evitando asumir un plan absurdo. Se alejó junto a su mascota en dirección a la escalera y salió. Se encauzó a la librería, sin embargo, no encontró a su abuelo rápidamente. De seguro debe estar acomodando un libro por ahí. Omi se encaramó en el mostrador.

—¡Abuelo, tu nieto favorito acaba de llegar! —silbó indicándole a Dojo en donde sentarse, a su derecha— ¡¿abuelo estás ahí?! ¡¿Te fuiste?! ¡ABUELO!

—¡Oh por todos los cielos, ¿qué son esos gritos?! —gimoteó el Sr. Fung transportando una caja— Omi, sabes que no estoy sordo. Y bájate de ahí, no es lugar para sentarse —él asintió y se empujó fuera, flexionó las rodillas cayendo de pie.

—Perdóname abuelo, no quería asustarte —su voz se oyó demasiado distante inclusive para él mismo. Ojalá sea sólo una etapa de la pubertad. Aferró los dedos al margen de la mesa e intentó pararse en puntitas para asomarse— ¿quieres que te ayude con eso?

—No es necesario. Ya terminé —cabizbajo, soltó un gruñido claramente decepcionado. Él se volvió hacia el niño luego de soltar la caja— ¿viste a Kim? Pensé que te quedarías más tiempo, no me digas que no le gustó la tarjeta...

—Sí le gustó pero es que sigue aun triste por lo de... bueno, tú sabes, abuelo ya que conoces casi todas las cosas ¿de casualidad tienes idea cuando Kim podría estar, digamos, bien?

—Eso depende de la persona y la intensidad, Omi —le dijo con suavidad—. Nada es exacto con los sentimientos y tú debes de cargarte de muchísima paciencia para transmitirle a Kim fortaleza.

—Yo creía que enamorarse era malo, pero después de esto lo aseguro con dientes y garras. No entiendo cuál es el chiste de enamorarse si no paras de sufrir por quien supuestamente te hace feliz —masculló apenas articulando las palabras. Algunas con sonido y otras con aire.

—¿Eso acaso fue un pensamiento en voz alta? —él permaneció en silencio, temiendo haber enfadado al abuelo. De todos modos no pretendía censurarlo su rostro se mostraba sereno—. Está bien, tienes algo de razón: El amor duele. Nadie prometió que sería fácil. Nada más no seas tan duro, el amor también trae cosas agradables. Sufrir, amar, son parte del sentir de un ser humano. Recuerda, incluso la rosa más bella posee espinas —Omi frunció los labios mientras llevaba tres dedos a la mandíbula y con la otra mano acariciaba la cabeza de Dojo, desorientado.

Consecutivamente transcurrieron siete días. Las noches eran cada vez más heladas y largas. Los días más cortos y sombríos. Nada que contuviera la fiebre vacacional de Omi, de Dojo y sus amigos. Los muchachos iban rodar un vídeo acerca de una guía para aprender a ser malvado en diez sencillos pasos. Ellos venían de grabar la introducción en frente de la casa de Omi y como buen vídeo no puede grabarse siempre en un mismo sitio, fueron corriendo al parque. Había una capa blanca y tupida resguardando el campo verde. Los árboles que servían de sombra bajo el sol ahora estaban feos, gibosos, secos y sin vida. A pesar del cese de los copos de nieves, aun azotaba un frío furioso. Ellos se instalaron cerca del muro, Omi se subió. Tiny ajustaba el espejo de una videocámara que sostenía en la mano.

—Y después de que grabemos, ¿qué harás? ¿Vas a subirlo en internet?

—¡Claro que no! Tal vez... lo queme en un CD y guarde en una cápsula de tiempo para que otros niños del futuro lo encuentren o lo guarde para mí, así lo vea unos veinte años luego.

—¿Estás seguro? —insistió ansioso Jermaine— creo que muchos niños se interesarían, ¿te imaginas? Todo el mundo haciendo bromas tan geniales como las tuyas ¡ganarías montones de dinero por este material!

—Si lo señalas desde ese punto de vista les estoy privando de esto, pero por otro lado nunca nadie sería tan bueno. Este es un talento único, ¿estamos listos Tiny?

—¿Estará encendido? —Cuchicheó Tiny volteando el lente hacia él, luego apuntó a Omi— me parece que sí. ¡Estamos al aire! ¡Toma dos!

—Si quieres ser en verdad malvado, procura que nunca nadie sospeche. Debes convencer a las personas a tu alrededor que eres incapaz de hacer maldades ¡consíguete una máscara! Si puedes hacer que piensen que eres vulnerable y tonto, es mejor. A mí por ejemplo, debido a mi estatura y mi edad todos caen de inmediato en la vieja trampa del niño dulce e inocente. No te olvides en ningún momento que tu mejor arma a la hora de montar travesuras será tu inteligencia. Sin embargo, ser malvado exige que explotes tu creatividad al máximo: Jamás repitas, lo vuelvo a decir, ja-más repitas un mismo truco. Tus bromas tienen que ser surtidas para que las personas caigan una y otra vez en ellas...

—Dame un receso, creo que esto no está grabando —pidió Tiny revisando la videocámara.

—¿Estamos al aire? ¿En serio? —reiteró Jermaine girándose hacia Tiny, éste se encogió de hombros.

—¿Por qué no? —alegó a su defensa.

Omi entrecerró los ojos y pateó un guijarro a la expectativa. Cuando inesperadamente vio la figura de un hombre familiar trasladándose a unos metros de dónde estaban. No hay tiempo que perder con elegancias. Se bajó y corrió a estrellarse contra él. Tiny encontró el botón de grabar para filmar el momento en que él reúne todas sus fuerzas en un puntapié que alcanza la espinilla de Raimundo, rompiendo la raíz de su equilibrio. Un relámpago de dolor recorre su médula dorsal y le arranca un grito ominoso. Se arquea en un acto reflejo. Dojo, quien es más sensible, comienza a saltar y correr descontrolado. Raimundo se agarró de la pierna lastimada y gruñe de dolor.

—¡Carajo, pudiste haberme fracturado el hueso!

—¿Tú crees que yo no conozco el límite de mi propia fuerza? —cortó de inmediato Omi—. Si hubiera querido hacerte daño habría sido peor.

—¿Entonces supongo que debo darte las gracias por mostrar piedad? —replicó sarcástico.

—Esto no se trata sobre ti, si no de Kim, yo prometí que mientras estuviera a mi capacidad nada ni nadie le haría daño, que primero se las vería conmigo y cuando un Monje Guerrero Shaolin se compromete, es de verdad.

—Omi, ¿cuándo entenderás que la época de los guerreros ya expiró?

—¡Silencio! —cerró los puños— la palabra de un hombre no muere aunque pasen mil años, ¿comprendes tú? Por tu metida de pata Kim la está pasando muy mal. Ni yo puedo hacerla reír.

—¿Y crees que yo sí he estado bien estos días? Es ahí donde te equivocas. Nunca pedí esto. Es más, se supone que Kim no lo sabría porque yo iba a editar toda la historia; no me gustó como había quedado, además la protagonista sonsa no le hacía justicia a Kim, la verdadera Kim ni al resto de mis heroínas, pero cuando me disponía cambiarlo alguien tuvo acceso a mis archivos e infiltró mi trabajo por internet —jadeó—. Hice lo que debía hacer, fui hasta su apartamento a aclarar el malentendido, pero ella no me quiere perdonar y tampoco puedo obligarla, ¿qué otra opción tenía? Igualmente he sufrido.

Los dos amigos de Omi intercambian miradas cómplices. Se recordaron de ese momento en la fiesta de cumpleaños del chino cuando vieron aquel sujeto sospechoso, creyendo que no era alguien de su jurisdicción obviaron comentárselo. Jermaine abrió la boca para intervenir cuando Tiny le mete un codazo que hace crujir sus costillas, el dolor aplastaba su pecho que apenas pudo soltar un ruidito extraño tratando reprimirse. Omi le dirigió una breve mirada con las cejas gachas y luego volvió a centrarse en Raimundo, quien ya se había recuperado.

En el fondo Omi estaba consciente que lo que decía era verdad, él estaba enamorado de ella por lo tanto no tenía sentido que fuera intencional. Sin embargo, otear a Kim tan afligida lo llenó de irritación e ineptitud. Quería hallar a un culpable y desquitarse. Omi se apartó de él antes que la culpabilidad y esa pierna coja comenzara a torturarlo. Bien, si esa perturbadora imagen lo perseguía después era distinto. Los sentimientos son más difíciles de dominar en la primicia. Una sacudida nerviosa sacó al pequeño del trance, pues sabía que estaba en el medio de una batalla campal entre Raimundo y Kim. Jermaine y Tiny quisieron aguardar a quedar a solas con Omi para contarle lo que habían presenciado. Su reacción fue taciturna a secas.

—¿Qué opinas? ¿Si tiene que ver con lo que publicaron?

—El ornen de los resultados coincide...

—¡Se dice orden! —corrigió Jermaine.

—Ay, está bien, "orden". Lo que quiero decir es que sí. Yo creo que sí se relacionan.

—¡¿Pero quién y por qué habría hecho una cosa así?!

—Jermaine, es lógico que el chino no tiene todas las respuestas... —puso los ojos en blanco Tiny, taladrando un dedo en la cabeza de Jermaine—. Dinos entonces, chino, ¿estás seguro que él decía la verdad?

—Por supuesto —confirmó— un mentiroso reconoce a otro mentiroso y él estaba frente de mí: Sus ojos y su lenguaje corporal no mentían, no se me hubiera escapado un detalle como ése en la revisión de su sinceridad —suspiró, el aire que dejó salir tiembla. El tono afilado en su voz denunciaba que el tema estaba cerrado—. Pero eso ya no nos incumbe.

Omi estaba azorado: Pensó que una vez que se separaran no tendría de qué preocuparse, no obstante, ahora son infelices. Tal vez si se reconciliaban volverían a contentarse cada quien por su lado. Aunque eso significaría que debería renunciar a ellos. ¡Sí claro! Como si fuera a suceder. Ni en sueños.

Retumba el escenario una música ensordecedora acompañada por un coro de voces quienes cantan al compás: "Laura aquí pendiente de todos nosotros. Laura nos da orgullo y pasión, Laura nosotros te damos las gracias". Pese de que cada una alcanzaba diferentes registros eran una homogeneidad. Conforme terminaba el público se paraban de sus asientos a recibir la llegada de Laura con un enorme aplauso, ¿a dónde tenía que llegar? Básicamente era una habitación organizada en círculos concéntricos divididos en tres secciones. En una estaban arrimadas una multitud de personas que venían desde varios lugares a ver a Laura, en tanto el extremo opuesto se colocaban los camarógrafos y el resto de personas que se encargan de orquestar y supervisar que todo salga bien. Gritos, chillidos, risas. Todo apunta tres sillones de terciopelo naranja puestos uno frente a los otros, empero con un espacio prudencial entre ellas. Las luces de neón se encienden una a una iluminando el contorno. Laura comienza a repartir besos y ademanes por doquier. Cuando se detiene justo a la mitad se tranquilizan de golpe y vuelven a tomar sus asientos. No puede hablar si no hay silencio absoluto.

—¡BIENVENIDOS! Un abrazo fuerte a toda mi gente linda que nos ve y un saludo enorme al público que nos visita el día de hoy —congratula rimbombante—. El tema que veremos a continuación es bastante fuerte. Es uno de esos casos en el cual los involucrados vienen acá diciendo "yo no hice nada", "yo ni sé que hago aquí", pero nosotros conocemos a ese tipo de seres infelices ¡¿O NO?!

Todavía sin enfocar al auditorio el eco de: ¡Mentirosos! Es perfectamente inconcuso. Laura se tiende sobre el sillón y apoya el codo en el reposabrazos, poniéndose cómoda mientras se vuelve a la cámara.

—Primero vamos a conocer a Kimiko Tohomiko, y ella nos cuenta que hace meses decidió formar una vida independiente y al poco tiempo de su mudanza se relacionó estrechamente con su vecino: Raimundo Pedrosa. Se enamoró como cabía de esperar, pero su romance no duró ni una semana porque descubrió que este hombre escribía una novela con el propósito de desacreditarla. En minutos sabremos los detalles, ahora démosle la bienvenida a Kimiko. ¡QUE PASE KIMIKO!

Kim cruzó el mismo umbral que Laura, la cámara le sigue la pista hasta que sube al estrado. La gente le brinda una ovación sentada. Laura se medio levanta a sacudirle la mano un par de veces y casi al mismo tiempo toman asiento.

—Un gusto que compartas aquí con nosotros —ella realiza un movimiento con la cabeza—. Bueno, hablando en serio ¿llegaste a imaginar alguna vez las intenciones de Raimundo?

—¿Qué si sospechaba que preparaba una novela? No, para nada. Aunque explicaría mucho su conducta extraña en ciertas ocasiones cada vez que aludía a Tom Kenny (su seudónimo). Para ser honesta a mí no me molesta que haya escrito una historia sobre mí en concreto, es realmente un honor, ni tampoco estoy enojada que me haya ocultado su identidad. Entiendo su posición. Lo único que me trastoca es que ni siquiera pensó que heriría mis sentimientos porque la ridiculización rallaba en el límite de lo inadmisible, me tomó por sorpresa que él fuera capaz de actuar sin escrúpulos, pero más pregunto ¿por qué vaciló tanto si admitía?

—Eso también me lo pregunto y creo que todos los espectadores que están sintonizándonos y los presentes lo hacen —Laura enlazó los dedos colocándolos sobre el abdomen—. Ahora explícame para entender un poco ¿ustedes habían formalizado su relación?

—No, éramos sólo amigos, aunque él se me había declarado anteriormente. Me refiero a lo que sucedió... —dejó la frase suspendida en el aire.

—Tranquila querida —ella unió su mano a la de Kim dándole unas palmadas—. Raimundo insiste que todo ha sido un malentendido y no es responsable de esta impúdica publicación, él desea aclararnos lo que realmente pasó. Sin más preámbulos, ¡ahora sí! ¡QUE PASE EL DESGRACIADO!

La multitud abucheaba y ruge enardecida. Hay pulgares hacia abajo. Las voces colisionan, tan alto que todos sienten el suelo reverberar debajo de sus pies. La presentadora no intenta refrenar la algarabía. Enviaron de distintas direcciones una onda expansiva de atropelladas acusaciones y ofensas. Él no volteó a mirarlos si no que siguió avanzando, su rostro estaba tenso y su boca estaba seca. En las pantallas proyectaban un primer plano desde el instante en que el hombre salió hasta que se reunió con Laura y Kimiko. Los labios de la mujer se movieron posiblemente saludándolo. El hombre le respondió el saludo cortante y se sentó. Se limpió en los muslos y tragó duro.

—Raimundo te lo preguntaré una sola vez: ¿fue una venganza contra Kim que hayas escrito esa novela difamándola? —preguntó Laura controlando la ira en su tono.

—¡¿Venganza?! ¡¿Por qué venganza?! —su voz sonaba ronca. Hizo una pausa para aclarar su garganta—. Estoy enamorado de Kim, lo último que quisiera yo sería tratar de lastimarla y digo tratar porque no creo en actos tan viles como las venganzas. Aquí es donde lamento que mi única prueba sea mi palabra, pero Dios sabe que es verdad. Inclusive tú misma Kim —le soltó adolorido. Kim cerró los ojos.

—¡DESGRACIADO, no mientas! Nuestras fuentes confirman que antes ustedes no podían ni verse en pinturas, se odiaban, ¿acaso era otro Raimundo el que abandonó a Kimiko en su primera cita? Te rechazó, te puso en tu lugar, es obvio tu desenfado. ¡No se puede defender lo indefendible! ¡Responde!

—¡¿Cuántas veces tengo que repetirlo que no fue por venganza?! Los motivos fueron otros: De pronto me quedé sin inspiración y no podía continuar con la novela, los ingresos para el tratamiento de mi hermana dependían de eso. Lo necesitaba y yo estaba desesperado, agarré lo primero que estuvo a mi vista. Sé que estuvo mal, asumo la responsabilidad y todo lo que me digan, pero ¿es que soy el único que comete errores? Todo de lo que estoy consciente es que nada de esto hubiera pasado si ése pedazo de artículo no fuese publicado nunca, si Kim no lo hubiera visto. Lo habría modificado y nadie tendría que estar pasar por esto porque lo quieran o no admitir todos se habrán dado cuenta ya que Kim y yo éramos felices —la cara de Raimundo se ensombrece. Mientras tanto el público, imperturbable que guardó silencio durante el tiempo que estuvo hablando él, prorrumpe en sonoros aplausos. Laura vacila.

—Seguro, ¡pero eso no es nada, mi gente! En momentos tendremos a la pequeña basura que se encargó de romper el hermoso enlace que tenían Raimundo y Kim. Y a quien también le sacaremos unos cuantos trapitos al sol, ¡QUE PASE OMI YOUNG!

Un reflector señaló a Omi pegado al telón. Entre sus manos tenía un micrófono, encendido para hablar.

—¡NOOOOOOOOOOOOOO!

Omi abrió los párpados de sopetón, estaba en su habitación no en un programa televiso. Fue una pesadilla. Minuto a minuto su respiración se iba acompasando. Se enjuagó el sudor de la frente con el brazo. Luego, más tranquilo se desmoronó sobre el futón y escondió la cara en los pliegues de su almohada. Estrangulando un grito que llevaba rato retorciéndose en las entrañas tapando las vías respiratorias. Al sacar la cabeza se limpió rápido las lágrimas. Se podía dar el lujo de llorar todo lo que quisiera. Pues, estaba todo a oscuras y nadie podía oírlo ni verlo. Un débil sollozo escapó entre sus dientes clavando su cuerpo en las sábanas. Sus ojos estaban muy abiertos. Sus dedos enfurruñados. Omi se hizo a sí mismo un ovillo, haciéndose lo más pequeño y frágil posible.

—A este paso acabaremos en Laura de América —una rama golpea su ventana despertando su atención. No tenía idea de que estaba temblando hasta ese momento—. Los ancestros me quieren dar una señal, ¿qué querrán decirme?... ¡Ah sí, naturalmente! —se palmeó la frente. Rió nerviosamente— el sueño, ¿es eso? ¿Qué Raimundo y Kim deben estar juntos para ser felices? Y yo tengo que ayudarlos o si no, no sucederá de otra forma, ¿verdad? —dijo entre pausas— ¿pero era necesario lo de Laura? Está bien, no me quejaré, por lo menos no fueron ardillas —resignado, él asintió con aplomo aceptando la encomienda.

Al día siguiente, convocó una reunión urgente en casa de su abuelo, para mayor comodidad y manejar el grupo en un espacio más cerrado, a las once de la mañana. Exigió puntualidad a todos, sin excepciones ni favoritismo por nadie. Cada minuto debía ser bien aprovechado. En otra oportunidad lo descartaría rotundamente, pero iban a necesitar toda la ayuda posible y le pidió también a Megan y a Boris asistir. Sentados en el suelo formando un semicírculo, el niño les planteó cuál era la situación con pelos y señales haciendo hincapié de que debían intervenir tomando acciones inmediatas... esperen, esperen ¿por qué trae puesto un casco de la milicia? ¿Quién habrá sido tan bobo para prestárselo? Aj, bueno, no importa mientras no tenga la fusta. Marcaba siete pasos largos al oeste, giraba media vuelta y regresaba al punto de partida y caminaba otros siete pasos hacia el este y así seguidamente. Los chicos trataron de llevar su ritmo con la mirada, no obstante, se les complicaba tener que prestar atención y no perderlo de vista a la vez. Consideraron que era más importante lo que estaba diciendo y sólo miraron al frente. Jermaine y Tiny no se sorprendieron en lo más remoto del cambio de actitud en Omi o que de súbito los tratara como un sargento a sus tropas.

—...desde entonces Raimundo y Kim no se han vuelto a dirigir la palabra ni acercarse, pero lo que no se han puesto a pensar esos cabezas huecas es que no pueden ser felices el uno sin el otro —dijo usando una voz onerosa, peculiar en él— y ambos son tan orgullosos que, sin caber lugar a dudas, estarán esperando que acceda el contrario lo cual no sucederá porque, como ya expliqué, son adultos.

—¡¿Y cómo no?! Él fue un grandísimo patán —espetó Megan— fue su culpa. Por una parte actuó descuidado y por otra, nunca se justificará el daño contra una persona, así alegue que fue por una buena causa. Si hubiera sido honesto no estaría atorado hasta el cuello.

—¿Qué me dices de Kim, Megan? —refutó Tiny— ¿a quién va a creerle más: a lo que dice una tonta publicación o a Raimundo? Se disculpó, reconoció que se equivocó, no solamente dejando pasar el tiempo si no que había mal juzgado a Kimiko. Es lógico que lo escribió de esa forma, todavía no la conocía bien. Además estaba a punto de editarlo pero alguien llegó primero ¿qué se supone iba hacer? ¡¿Agitar los brazos?!

—Chicos, chicos agradezco que se introduzca en nuestro asunto —terció Omi— pero ahora necesitamos pensar con la cabeza fría, ¿están de acuerdo? ¡Centrémonos! —Megan y Tiny intercambiaron miradas fulminantes antes de enderezarse. Omi entreabrió los labios cuando su abuelo trajo un plato con deliciosos bocadillos.

—拿去吧,請1 —indicó sonriente.

—¡Abuelo, estás interrumpiéndome! —gimió cansino, cruzando los brazo y zapateando con el pie derecho el suelo.

—打扰一下2 —el hombre agachó la cabeza, la sangre que subió en sus mejillas las tornó de un rosa. Se retiró de la habitación sin darles la espalda.

—¿Qué fue lo que dijo? ¡Disculpa, Omi, es que ustedes los chinos parecen que lo que dicen es una emergencia! Como escupen todo lo que hablan ¡sin ánimos de ofender, te lo juro! —agregó Tiny. Omi puso los ojos en blanco.

—Él les dijo que aceptaran las galletas, por favor. Pero comeremos luego de que termine la junta. Muy bien, soldados, ronda de preguntas ¿tienen alguna? Recuerden, si no es ahora, es nunca —dictaminó. Con la señal de costumbre, Jermaine alzó su mano— ¿sí, Marsden?

—¿Marsden? —cambió la cara por una mueca. Sacudió la cabeza— ¡oh bueno, es esto! No es por sonar aguafiestas, pero ¿por qué nosotros debemos inmiscuirnos? Mamá dice que es muy feo entrometerse en los problemas ajenos, ¿no deberían Raimundo y Kim arreglárselas entre ellos?

—Ya se los dije soldados míos, la naturaleza de los adultos no funciona así. Cuando es para resolver conflictos no tienen voluntad para emprender la iniciativa. Son necios, arrogantes, distraídos, peligrosos, bobos y torpes, pero ése es el camino al que todos vamos. Nosotros somos los únicos inteligentes y capaces para asumir el riesgo de esta tarea y porque —Omi se quitó su casco, cediendo finalmente— no puedo hacerlo solo. Necesito que me ayuden a salvar a mis amigos, ¿aceptan?

Los niños no tardaron mucho en decidirse. Ya tenían la respuesta en la punta de la lengua.

—¡Claro que aceptamos! —respondió Megan en nombre de todos. Él liberó el aire luego de contenerlo dos minutos y medio. Pasó la parte fea del rollo.

—Bien, ¿cuál es el plan? —preguntó Ping Pong.

—Bueno, para empezar yo no creí que llegaría tan lejos así que nada más tengo una noción pequeñísima ¡pero sí pensé en el siguiente paso! —se apresuró decir extendiendo los brazos deteniendo una barrera—. Como esto involucra a dos personas mínimo debemos contar con la complicidad de una y sé en quien...

Omi presionó el timbre del apartamento de los Bailey con brusquedad. Poco más tarde que todos partieran las galletas consumando esta tregua, él se separó de los demás para ir arriba. Les dijo que tuvieran sus celulares en la mano porque podría llamarlos. De par en par, Clay entornó la puerta, pero no salió por completo. Medio cuerpo adentro y medio cuerpo afuera. Como sospechaba, se le notaba a leguas que trataba de esconder algo, ¿qué? ¿y de quién? Lo averiguaría en un santiamén, o mejor dicho, lo confirmaría. Sus ojos y su nariz estaban pringados. Resultaba chocante verlo usar esa remera negra con abotonadura doble. Sólo le favorecen los colores brillantes, pero ¿de qué iba a saber sobre moda? Omi soltó un bufido. Clay se vuelve con aire ausente de izquierda a derecha, escudriñando quién sabe qué. Omi le haló la orilla de la playera y él lo mira.

—Hola Clay, ¿está Raimundo?

—¡¿Raimundo?! —pregunta emulando incredulidad, pero sin éxito— ¿por qué lo buscarías aquí? Él vive en su apartamento.

—¿Está? Bien, déjame pasar. Tengo un asunto pendiente por hacer —lo empujó haciéndose un hueco para poder entrar. Omi dio varios tumbos. Clay lo persigue.

—¡Espera Omi! No puedes entrar, mamá está encerando el piso y ya te dije que Raimundo no está aquí.

—¡Raimundo, Raimundo, soy yo! ¡Tu mejor amigo! ¡Omi! Deseo hablar contigo, es sobre Kimiko. Estoy solo. No llevo micrófonos ni cámaras ocultas, por favor sal —Omi asomó la cabeza en las habitaciones en busca de una señal de Raimundo.

—¡No, en todas menos esa puerta está! —él se mordió el labio, pero ya no podía hacer nada cuando la mano de Omi se cerró alrededor de la perilla. Más decidido, jaló hacia fuera y lo encontró en el cuarto de Clay. Él esbozó una mediana sonrisita de triunfo.

—¡Hombre Clay, nunca había oído a alguien mentir tan mal! —gruñó, inherente al fastidio.

—Lo siento, Raimundo, te dije que no era bueno en estas cosas —se disculpó restregándose el cuello.

—¿Qué se te perdió por aquí, Omi? —preguntó él, metiéndose las manos en el pelo.

—Oye, tranquilízate, no tienes que ser grosero —señaló pragmático, se subió sobre la cama para parecer más alto—. Vine en son de paz, quiero ayudarlos a Kim y a ti regresar juntos.

—¿Tú? ¿ayudarnos? ¿Qué? ¿Es el día de los inocentes o algo así? —se burló. Omi lo mira aburrido, es obvio que a él no le parece divertido.

—Mira, será mejor que no digas nada. Aun puedo cambiar de opinión e irme con mi plan, de todos modos el que sale perdiendo eres tú...

—¡Está bien, está bien, está bien! —exclamó deprisa haciendo un ademán—. Me disculpo, no volverá a suceder, lo prometo. Es que me sorprende, la otra vez que hablamos no parecía que te gustara mucho que Kim y yo anduviéramos juntos —Omi cerró los ojos.

—Sí y todavía me desagrada, pero llegué a la conclusión de que Kim no puede ser feliz si no estás ahí para ella al igual que tú —abrió los pestañas con contundencia—. Entonces, sin preámbulos; tengo una idea que podría servirnos, si bien necesitaba comentártela primero. Hay algunas cosas de las que debo consultarte...

Kim vació el armario del calzado acogiendo la esperanza de sentirse mejor; aplastó la punta del zapato contra su mejilla; acarició el cuero a tientas, pues era ese ángulo que podía verse por el rabillo del ojo. Era una lástima que ni siquiera rodearse de lo que más amaba en este mundo la llenara. Hecha pedazos, Kimiko permaneció abrazada a cada uno de sus zapatos y haciendo morritos tumbada en el suelo en compañía de su amiga del alma, Keiko, y Megan. Kei prefiere pasearse por la sala que sentarse para el fluir de sus pensamientos mientras que Megan estaba sentada en el sofá, en posición de flor de loto, leyéndose el último número de Cosmopolitan; que en realidad fue un premio de consolación por parte de Kei para Kim, en vista de que no estaba de humor para leer en ese minuto lo dejó a un lado, la niña conocía la revista a través de sus amigas ya que sus padres sólo compraban la del mercado de finanzas y a la sazón intrigada, decidió echarle un vistazo. Ambas chicas las trajo el mismo designio: Prestar solidaridad a Kim. En adición de que Megan estaba allí también realizando su rol en el plan, debía ser obligatoriamente ella a causa que una mujer no sospecharía de otra mujer. Kei le había sermoneado duramente, pero como eso no contribuía en nada si no que atizaba la leña del fuego, no continuó.

—¿Por qué tienes tantos tacones? —inquirió Megan cogiendo un par.

—¿No lo sabes? El número de sueños de una mujer es directamente proporcional al tamaño de sus tacones —contestó Kim en voz baja.

—¡Oh vaya!

—¡Ay chicas cómo lo siento! —dijo sorbiéndose los mocos— no sé que ha sido de la mujer fuerte e independiente que solía ser y me enorgullecía, parece que se ha desvanecido... nada más queda esta pobre mujer que se autocompadece en este piso, apegada a las únicas cosas que cree ella que le han sido fieles, desmoralizada por un tonto amorío... y lo peor es que yo sigo perdidamente enamorada de ese idiota sexy, de su sonrisa arrogante, de sus ojos verdes desvergonzados que se ríen en mí cara al menor descuido, ¡he luchado en vano intentando arrancármelo de la cabeza pero tan solo lo empeoro! Se arraiga en lo profundo de mi mente. —Megan le pasó una caja de pañuelos desechables con que sonarse la nariz, Kim lo aceptó y sopló fuerte—. Gracias... y Megan, coge nota, jamás en la vida salga con chicos escritores o que guarde demasiado secretos sobre lo que hace o terminarás como yo diciendo sin parar incoherencias.

—Eh, claro, gracias por el dato —afirmó insegura, entrecortando las palabras.

—¡No traumes a la pequeña, reina del drama! —dijo Keiko saliéndose del estupor—. Ni ha cumplido los catorce y ya le tendrá miedo a los chicos. No son los escritores o lo que sea es Raimundo el problema. Esa mujer de la que hablas no se ha ido a ninguna parte, chicas que se respeten dejan de ser inteligentes automáticamente después de enamorarse; es parte de la vida, ¡y no me mires así, que lo tenía que decir y tú lo sabes! ¡¿vale?! Lo que debes hacer es resurgir de las cenizas como esa ave mitológica y seguir adelante —ella se llevó un dedo a la mandíbula— ¡¿sabes qué te haría sentir mejor?! Podemos irnos de compras, escaparnos a un Spa y por último, pero no menos importante, una noche de pelis con palomitas de maíz y gaseosas ¡ordenemos una pizza! Yo invito, ¿y de qué la prefieres? ¿de jamón, queso y piña? O cualquier actividad que te guste y te permita salir de esta prisión: Precisas aire fresco, ver personas y un pijama que no parezca del closet de la abuela...

—¡Oh, es cierto! —chilló horrorizada metiendo la cabeza hacia dentro para verse— ¡Keiko, Megan, no pueden decir nada a nadie que uso camisón de abuela! ¡Es que es tan cómodo y suave, sencillamente no puedo desprenderme! ¡En especial tú, Kei! ¡Me tienes que jurar por Manolos que no le dirás!

—De mi boca no saldrá ni una palabra, lo juro por Manolos —prometió Keiko justo cuando alguien tocó el timbre— ¿quién será?

—Tal vez la correspondencia... o mi ex novio que quiere molestarme, ¿Kei te molestaría?

—No te preocupes, si es tu ex le daré un portazo en la nariz —le dijo calmándola.

Falsa alarma. Era el recibo de la luz que arrojaron por debajo de la puerta. Kimiko le pidió ponerla en el compartimiento de la plancha, como la nevera estaba atestada de imanes con recetas, no le quedó otra alternativa que adherirlas debajo de la tabla. Muy creativo ¿cierto?

—Es la correspondencia —suspiró Kei, contrayendo los labios, decepcionada— tuvo suerte de que no haya sido Pedrosa, no me habría aguantado darle un puntapié. Hasta mi pastelito tuvo que admitir que su amigo cruzó el límite y me extraña porque en teoría compartían una buena relación y se lo contaban todo, ahora que no es así ya sacarás las cuentas... ¿y te digo algo? Si Clay me hubiera hecho esto, ¡es que lo aso a la parrilla! —Kim soltó una risita y le remuerde la consciencia en el acto. Es un chiste cruel, aparte que veía a Clay incapaz de eso y que no estaba bien burlarse.

—Yo no comentaré nada al respecto —susurró Megan. No había tenido novio, por tanto no podía visualizarse en un contexto semejante y si trataba de rebuscar en los más recónditos recuerdos sólo se acordaría del sentido del humor retorcido de Omi y sus bromas pesadas.

—Sabes Kei, ¡tienes razón! —Kim se reincorporó—. ¡Yo no me puedo dejar machacar por lo que diga una publicación mediocre ni encerrarme aquí para siempre! ¡He salido airosa de situaciones mucho peores y penosas! ¡¿Qué es eso del pesimismo?! ¡Aquí sólo hay espacio para optimismo puro y saludable! Es más, si yo estuviera desde tu lugar y me viera en esas condiciones me diría: ¡levántate, no puedes tirar la toalla! ¡ahora más que nunca debes lucir bella y radiante!

—¡Ése es el espíritu, amiga! —animó Kei.

—"Los hombres son como los crucigramas del New York Times, difíciles, retorcidos y nunca estás segura de tener la respuesta adecuada" —anunció Megan. Las otras dos chicas se volvieron hacia la pequeña. La niña les devolvió la mirada, intimidada— ¿qué? ¿Por qué me miran así? Lo pone aquí en este artículo: las quince mejores frases que te hicieron sentir identificada de Sexo en Nueva York.

—¡Que no se hable más! —dijo solemne— vamos al centro comercial, de paso compremos un nuevo camisón, que sea de seda y corto. ¿Vienes con nosotras, Megan?

—No gracias, chicas. Aprecio que me inviten pero voy a quedarme mirando la televisión —dejó la revista. Estiró el brazo y alcanzó el control remoto, paseó los canales sin demasiado interés tratando de pescar algo que llamara su atención cuando se detiene en uno— ¡oh es el show de Alice!

—¿Quién? —indagó Kim elevando un poco las cejas.

—Es un programa de entrevistas y opiniones que según tengo entendido es bastante exitoso —explicó Kei—, llevan a celebridades de diversas índoles, por eso es muy variado.

—¡Uh oh! —jadeó Megan. Kei y Kim se dieron la vuelta, no obstante, sólo Kei se asomó a ver.

—¿Qué?

—¡Por todos los demonios, es Raimundo! —ladró Kei como si hubiera probado ácido—, ¡y está en la televisión!


Traducciones:

[1] Ná qù ba, qǐng = Tómenlas, por favor

[2] Dǎrǎo yixià, dǎrǎo yixià, dǎrǎo yixià! = ¡Perdón, perdón, perdón!


N/A: Culminamos por hoy, malvaviscos asados, y este capítulo fue la segunda parte de Cosas de niños, en aquel había una opinión de un adulto acerca de los niños y aquí una opinión de un niño sobre los adultos. ¡Uf quedamos muy mal parados nosotros! Antes que nada quiero revelar los resultados de la mini encuesta que hice la semana pasada sobre cuál será el título de la secuela de Quiero ser escritora. Así que por decisión unánime la secuela se llamará:

Las dos caras del destino

¡Bravo, bravo! ¡Bravo! Les agradezco por sus opiniones, y haré una mención especial a Marylu97 por su opinión y de paso quiero invitarlos a su fanfic Raikim, obviamente de Duelo Xiaolin y que estoy leyendo, Kitsune. Les dejo el sumario:

"RaiKim, un joven capitán de la armada de Brasil junto con un capitán de la armada de Rumanía van a Japón en una misión, se encuentran con una chica/zorro de nueve colas llamada: Kitsune"

Si les gusta, ya saben. Dejen su comentario.

Volvamos a nuestro asunto.

Estoy pensando que para Las dos caras del destino escribir algo similar, pero enfocado desde el punto de vista genérico: Cosas de hombres y Cosas demujeres, en honor a la mini guerra de los sexos entre Megan y Omi, ¡ojo! Sin alusión al programa de televisión que transmitía antes en Venezuela y del cual yo veía siempre. ¿No creen que sería genial si hubiera una versión animada? Tres chicos contra tres chicas del Duelo Xiaolin peleando en las distintas yincanas, ¡me divertiría un montón! Aunque tres me parece bastante corto, que sean cinco: Raimundo, Omi, Clay, Jack y Chase contra Kimiko, Megan, Ashley, Wuya y Sombra, para que exista un equilibrio entre villanos y héroes. Tres villanas y dos heroínas. Tres héroes y dos villanos. Y por supuesto, tamaños y habilidades.

Lo de Laura Bozzon estaba planificado desde un principio, esa pesadilla tan divertida, para que no cayera de sorpresa por eso dije que Omi le tenía miedo a Laura y no sólo a las ardillas. Al igual que esa patada ninja tras una pelea entre los dos protagonistas, ¡pobre Raimundito! —sólo a Omi se le ocurriría montar un vídeo para aprender a ser malvado como él en diez sencillos pasos—. Clay... no quiero olvidar al buen Clay pues que sus compañeros de series si aparecen bastante y él no, y que mejor manera que en esa escena donde trata de encubrir a su buen amigo Raimundo. ¿Se dieron cuenta que a la escena siguiente estaban sus contrapartes femeninas: Kimiko, Keiko y Megan? Ni yo me había fijado, hasta que lo revisé. Una de las ideas iniciales para demostrar que Omi no era del todo malo y que por fin aceptaba que lo mejor para Kim era estar con Raimundito era una escena en donde los reconciliaba, así que no fue a último minuto que lo haya planeado. No quería nada tan deprimente porque no encajaba bien con la personalidad de Kim ni Rai, ellos son personas con carácter fuerte y tampoco es que es el fin del mundo sólo porque termina una relación. No obstante, tampoco nada seco para que Omi fuera testigo de que ni ella ni él la están pasando bien.

Se me ocurrió que "vería la luz" tras una pesadilla y reuniría a todos los niños para un súper plan. No es mi culpa, yo tenía las mejores intenciones de mostrar todo el plan y si se decidía por perdonarlo o no, empero el capítulo se me hizo largo y ya no podía hacer más nada. Nos enteraremos desde el punto de vista del espectador porque en el siguiente narra la bella Kimiko, tiene que ser ella obligatoriamente porque estaba marcado. Mejor así, pues que el chiste de Laura fue un reality y saben, hay que variar. Lo que Omi dijo en el comienzo es totalmente cierto, es parte de la tradición china obsequiar tarjetas rojas de buenos deseos. Lo investigué. Ténganlo en cuenta. No sé si recuerdan, pero a inicios de la historia aparece Kim siendo entrevistada por una mujer llamada Alice. La usé para que no pareciera sacada así de la nada. Bueno, esa Alice es la misma que está entrevistando a Raimundo.

¿No había una Madame Alice?

Yo se los dije existen muchas Alice en este mundo. Alice por aquí, Alice por allá, Alice, Alice, pero no todas puedo ser yo ¿de acuerdo? Ejem, ¿cuál creen que sea el plan de Omi? ¿Dará resultado y Kim lo perdonará? ¿habrá que probar algo distinto? ¿Vamos a tener pronto noticias del maquiavélico Jack? ¿Les gustó el capítulo? ¡Escríbeme un comentario y comparte todas tus opiniones y dudas! Si no, también. Ustedes lo saben: La cita es este martes. Capítulo 42: Quien quiero ser. Última parte de Quien soy, Quien no soy. ¡No se lo pierdan, malvaviscos asados! ¡Se les quiere y se les respeta, cuídense!

Mensaje para Isabel: ¡Saludos! Me alegra que te haya gustado el fic grosero de Duelo Xiaolin. Para mí fue un placer escribirlo. Jack es un buen sospechoso ya que tiene los motivos y las herramientas adecuadas. Mantenlo presente, pues el culpable de quien publicó ese artículo se revelará en el capítulo 43. No te preocupes, muchas personas no saben lo de Warner y los que sabemos andamos repitiéndolo como loros. Pero esas son las palabras textuales de Christy Hui. Ella quería lanzar una cuarta temporada con Warner Bross de Duelo Xiaolin (o sea, luego de la tercera), pero La Warner no quiso —la serie lo aburrió— y por eso le dieron ese final inconcluso. Conozco esa página, es de Facebook. Jajajajaja me alegro haberte disipado la duda. Estoy segura que si La Warner hubiera aceptado la serie (obviando a Canadá) todos estarían muy contentos con Chronicles, los estadounidenses son muy regionalistas y es parte de la naturaleza humana apegarse a lo que ya conoce. A mí me gustó ver a los monjes crecer. Sí, todos los fans que conocemos la verdad odiamos a La Warner. Nunca se les perdonará por lo que hicieron. Respondiendo a lo que me dijiste, abro comillas: "También pienso que si la serie la hubiera producido otra vez WB; creo que los monjes seguirían siendo niños al menos eso pienso." Podría ser, lo que te dije, Christy tuvo la intención, pero La Warner dijo que no. Los canadienses se las arreglaron como pudieron tratando de rehacer una cuarta temporada y a la mayoría de los fans, estúpidos por cierto, no les agradó porque encima ni sabían el por qué ocurrieron tantos cambios. De acuerdo, yo espero que este capítulo te haya gustado tanto como a mí, estaré esperando tu próximo comentario con ansias. ¡Gracias por leer, comentar y tan lindo mensaje! ¡Nos leemos, linda! ¡Ten un excelente inicio de semana!