Quiero ser escritora
43º
La casa de los secretos
¡¿Cómo no me di cuenta antes de que ese maldito me espiaba?! ¡Fui una estúpida, estúpida, una completa estúpida! ¡¿Invadió el apartamento mientras no estaba, habrá mandado hacer un duplicado exacto de mis llaves con un cerrajero?! ¡¿O fue cuando todavía no empezaba a sospechar de él?! Piensa Kim, piensa, ¿en qué momento pudo haberlas agarrado? ¡Lo que me temía, pudo haber sido en cualquiera! Jack es más astuto y lascivo de lo que imaginé, si es tan cruel para herir de gravedad a una persona inmiscuirse en la privacidad de una chica es menos que nada. Los pervertidos acechan a sus víctimas, aunque no es inexcusable estar presente, pueden grabarlas y... deteniéndome a pensar como Jack creo que es más aleatorio, pues es cómodo y en horario corrido así puede verme cuándo se le antoje y donde sea. Debe ser una cámara diminuta que le permita esconderse fácilmente y que por tal motivo yo no la haya visto. Es demasiado pronto para sentenciar por hecho que nada más hay una cámara y excluir otras herramientas como micrófonos, en ese caso no sería la primera vez que ocurre o eso espero. A pesar de que estaba de servicio regresé, de bruces, a mi apartamento. Omi y Dojo vinieron conmigo. Los perros se disgregaron alrededor a correr, saltar, perseguirse las colas y ladrar desde la ventana.
—¿Que buscamos? —inquirió Omi.
—Una cámara... pequeña, ¿podrías cerrar la puerta? —resoplé sin resuello, el recorrido me absorbió todo el aire que podía contener en los pulmones; dejé el juego de llaves en la mesa y poniéndome a registrar en la estantería. Oí rechinar las bisagras una vez que la empujó.
—¿Y cómo se ve una cámara?
—Es un aparato con un lente y un botón en la parte de arriba, su aspecto es similar a un ojo —expliqué entrecortadamente vaciando de un solo plomazo los anaqueles. Después volveré a recoger lo que tiré— ¡lo que veas extraño en una habitación!
Tenía que apresurarme. Tal vez ya se enteró que descubrí que ocultaba una cámara y ahora se esté mofando de nuestra búsqueda sinsentido, pero no me importa. Hoy no podía ser otro día más. Han pasado seis meses en esta mierda. No estaba detrás de mis libros ni debajo de los enseres ni en el relleno de los almohadones ni en mis piezas ornamentales. Incluso tomé la horrible pintura sobre gatos que él me regaló en San Valentín cuando éramos novios y lo estrellé contra el piso, se hizo añicos y los pedazos salieron volando (algunos obtuvieron un gran alcance). Dojo pegó un brinco de pánico y se escondió tras el sofá. Omi se giró hacia mí. Flexioné las rodillas a cachear una por una. No hallé nada.
A mí alrededor se armó un gran desastre que pudo evitarse. Así no llegaré a ningún lado. Mis sentidos estaban alertas. Varias voces gritaban a la vez. Estaba omitiendo algún detalle importante, sólo que no se me viene a la mente nada inteligente. Apreté las palmas de mis manos contra mi cara. Es una situación difícil, Kim, estás cabreada y no es para menos; sin embargo, debes controlarte y usar el cerebro. Vamos, si yo fuera un repulsivo hombrecillo obsesionado con una mujer ¿cuál sería el mejor punto de observación? ¿qué opción es más lógica?... Claro ¡mi habitación! Me metí los dedos en el cabello, cepillándome hacia atrás y ladeé la cabeza a la derecha, en referencia a Omi y su mascota; el instinto me advertía que probara revisar los regalos de mi ex… ¿qué me dio recientemente? ¡El collar de Tiffany's! Me la obsequió en nuestra cita, cuando por fin acepté su invitación, y realmente, realmente me gustaba esa gema. La saqué del cajón y sostuve entre mis dedos largos y finos la gota de diamante. Tomé una respiración profunda, una vez más impresionada por la magnitud de lo que he sido empujada. Esto me va a doler. Si parece tan innocua. No seré capaz de hacerlo. ¡No quisiera destruirla!
No podemos correr riesgos, me susurró una voz.
—¿Qué tienes ahí, amigo? —preguntó Omi a quemarropa. Dojo halaba del closet mis botas rojas Givenchy. Esperé que las soltara para agarrarlas del suelo, luego acaricié su cabeza—. ¿Te gustaría que lo hiciera yo?... Digo, esto no es muy agradable para ti.
—Eres muy gentil, Omi, pero quiero hacerlo yo.
Siempre tengo la puerta de mi armario entreabierta porque asiduamente vengo a cambiarme de ropa, meter una nueva o quiero admirarla. No por vanidad si no en beneficio propio pero figurarse que Jack estuvo atosigándome, violando mi intimidad y viéndome la cara de tonta desde el armario durante seis infernales meses hace que se me retuerza el estómago ¡oh-mi-Dios! Mi mano halló el camino a las solapas de mi camiseta, ¡me ha visto desnuda! ¡Es un pervertido! ¡Un sádico! Esta vez ha ido demasiado lejos. Me senté al borde de la cama, mis dedos estaban enfurruñados porque no quería tiritar. Crece el silencio entre nosotros. Sentí el escozor desgarrarme el pecho. Mis mejillas estaban mojadas... no de la tristeza si no de la rabia, tiendo a llorar cuando la ira me ganaba. Traía seca la boca, por lo cual me obligué a tragar saliva. Quería herirlo. Quería que pagara. ¿Cárcel? ¿En la ruina? ¿Con el labio roto y un ojo negro? No lo sé, no lo sé. Se me ocurrieron un par de buenas groserías al azar, sin embargo, por respeto a la tierna inocencia de Omi, no por lo que él opinara, me contuve las ganas. ¡Oh no! Eso significa que... no quiero decirlo en voz alta por temor a que los otros zapatos me escuchen, pero estos eran mis tacones favoritos de todos los tiempos. ¡Esto es demasiada crueldad por un día! Y como no cerramos la puerta los perros allanan el cuarto. Unos se montan en la cama y otros se echan a rodar en el suelo. Sólo Kalúa, se acerca a lamerme los dedos de los pies. La lengua áspera de la perrita me hace cosquilla.
—Le preocupas —dijo Omi.
—¿Cómo lo sabes?
—¡Instinto de tigre! —contestó entornando los ojos en alusión a lo obvio.
—Esto tiene que estar en manos de la policía, pero...
—Los perros, entiendo. Ve allá, yo me quedaré a cuidarlos mientras estás ausente.
—Omi, no puedo... —el sudor en las manos hacía que se me resbalara las botas. Me quedé mirando a Omi quien asiente, juntando las cejas, comprensivo, y torció la boca hacia abajo.
—¡Claro que sí! Tienes que hacerlo. No pierdas el tiempo conmigo; no pasa nada, Kim, he cuidado a Dojo muy bien ¿no es así, amigo?
Dojo realizó un movimiento afirmativo con la cabeza. Sonara tonto, pero a veces creo que ese lagarto es muy humano. Yo iba a decir que cuidar a seis cachorros hiperactivos no sería igual de fácil que uno, no obstante, el pequeño tenía razón en una cosa: Tengo que hacerlo. Ahora me arrepentía de haber tirado las rosas ya que hubieran sido mi mayor prueba contra el acoso de mi ex. Y es tarde para recuperarlas, debían estar nadando en una zanja sinfín de basura. ¡Aguarden! Mi lista de llamadas sigue intacta, me sirve también para probar que me acosa, ¿no he borrado todos sus mensajes en el teléfono? Porque los correos electrónicos… ni vacilé en presionar el botón de eliminar. Aun si iba corriendo me rezagaría hora y media. La única forma de viajar es en taxi o en autobús, preferí usar el bus. Yo pensé que mientras estaba más rodeada de personas mejor.
En cuanto me senté en el último asiento creí que me sentiría más tranquila, pero mi mente divagaba errática aquel día en que Jack me tomó de sorpresa, de seguro quedó tan confiado que creerá volverlo repetir, he tenido que andar con dos ojos en la nuca a partir de entonces. Me suponía que si me agarrara de espalda podría clavarle el codo en el estómago o conectar el talón a su ingle. O si estaba a pocos metros le daba con el bolso. Antes no me preocupaba por esto. Quise llamar a Raimundo y el teléfono estaba ocupado. Le escribí un mensaje que necesitaba hablar con él. De repente me di cuenta que me había pasado una cuadra —típico de mí— y tuve que bajar. En la comisaría, pasé directo a la oficina de Guan. Él me saludó e invitó a sentarme poniéndome una mano en la zona alta del dorso, lo habría aceptado de no ser el problema de que estaba tan alterada que lo pasé desapercibido. Sospechaba que había venido para averiguar noticias de mi ladrón, el tipo que robó mi bolso (uf, hasta me olvidé de eso), pero eso ya lo sabía y de eso venía hablarle. Le conté todo desde la carrera hasta la llamada de esta tarde. Guan se metió los dedos en los huecos entre dedos de su otra mano y me contemplaba con aire taciturno, no le leí ningún sentimiento de sorpresa en sus rasgados ojos oscuros. Di varios vaivenes tratando de dominar las emociones.
—...y fuimos a mi casa. Registramos de pies a cabeza y no encontré nada al principio luego fue que pensé y se me prendió el bombillo de las ideas. Jack no podía haber escondido nada en la estancia, ahí no tenía nada que ver y me dije a mí misma que los únicos lugares en que tendría menos ropa son el dormitorio y el baño. Busqué primero en el dormitorio porque ahí tenía guardado los últimos regalos que me dio y ¡Eureka! ¡Ahí estaba! —le arrojé sobre la mesa los zapatos y el collar, Guan se apartó un poco en un acto reflejo. Seguía con esa fría tranquilidad que me ponía los nervios de punta— ¡¿por qué no dices nada, Guan?! ¡Di algo!
—No es un asunto sencillo, Kim —chasqueó la lengua— es Jack Spicer, su familia es muy influyente y ellos son la nata y crema de la sociedad. Algo así reventaría en un escándalo.
—¡Oh vamos Guan! —Gimoteé— no vas a detenerte por eso ¿o sí? —hinqué las palmas de mis manos en su escritorio—. Es un acosador, que sea un príncipe no lo hace especial entre los demás criminales. Lo quiero lejos de mí, de mis cosas y de la gente que amo. Así tenga que llevar mi caso a una jurisdicción internacional, ¡lo quiero preso! ¡Que su carne se pudra tras las rejas y yo pueda dormir en paz! ¿Si me entiendes?
—Sí entiendo, igual es lo que yo quiero. Sólo te estoy advirtiendo que el proceso será lento, le asignarán los mejores abogados, podrán muchas trabas si no estamos un paso por delante de él. No se trata de que lo que yo quiera —Guan se humedeció los labios y arrastró la silla al frente—. Sabía que esto pasaría algún día, era lo que más temía, incluso fui...
—¿De qué estás hablando, Guan? —espeté cortante interrumpiendo sus bisbiseos.
—Esta no es la primera vez para Jack que se mete en problemas —explicó echándose hacia atrás y cruzándose de brazos—. Dos años antes fue acusado por una empleada de acoso, las evidencias contra Jack eran demasiado contundentes, el primer juicio celebrado se llevó de inmediato debido a que los padres y los abogados de Spicer querían que todo se consumara en discreción sin intervención de la prensa porque sabrían que generaría mucha polémica y a un paso de privar su libertad, la familia de la chica retiró los cargos y lo exoneraron. Sigo convencido que debieron amenazarlos o sobornarlos, o de otro modo hubiera seguido...
—Dos años, ¡¿y por qué no me lo dijiste?! —le reproché alzando la voz. Miré por el rabillo del ojo cerciorándome de que nadie pasara cerca.
—Por dos causas: La primera porque ya habías terminado con él y la segunda porque quizá no me creerías...
—¡Eso es ridículo! —Bufé, golpeándome suavemente el muslo—. ¿Cómo pondría en duda lo que me estabas confiando? No se juegan con esas cosas.
—Sí, tienes razón —rascándose el cuello con la uña—. Bien, te guiaré a través del sumario. Las llamadas y la cámara —tocó la punta de las botas Givenchy— ayudan aunque si eso no consigue traer a Jack a la comisaría, me vendría bien que me llevaras la grabación en la que él confiesa ese robo. Sin embargo, a pesar de que se verifique y salga positivo no garantiza que pase el resto de sus días en el penitenciario (lamento decírtelo), máximo lo condenarán a dos años dependiendo de la intensidad del delito. Lo usual, y aplica primordialmente para casos entre mujeres y sus ex parejas, es solicitar una orden de restricción.
—No quiero una orden, Guan —es lo que odio de estas leyes, tiene que pasar una tragedia para que tomen cartas en el asunto; con razón la tasa de criminalidad está como está si no la evitan. Mi mano se cerró en torno a la manija de la puerta, ladeé la cabeza para mirarlo una vez más—. Quiero que reciba su merecido y más les vale que sea pronto porque la próxima vez podrías...
—Sí, ya sé, enjuiciarlo por intento de violación o agresión física —susurró.
—No, iba a decirte que la próxima vez podrías arrestarme por homicidio en defensa propia —y salí.
No soy estúpida ni tampoco le daré el placer a Jack de salir a buscarlo así sea para darle una paliza bien obtenida. Lo último que se me antojaba era ser custodiada por un par de policías escoltas. Y una orden de restricción no será suficiente. No quiero actuar como una damisela en apuros. Fue una sandez decirme lo del pijama, si soy el objeto de su lujuria ¿por qué iba a revelar la única conexión conmigo? La pista era bastante obvia y debería haber sabido de que lo averiguaría pero sé por qué lo hizo: Quería intimidarme y enviar un mensaje. Ayer te estuve vigilando, hoy estaré sobre ti. Cuando menos lo esperara despertaría en mi cama con él encima de mi pecho, sus ojos de depredador sexual se cruzan con mi mirada, su mano en mi boca y estrenaría un nuevo gel para el cabello... un pitido rompe la tensión. Mi corazón llegó hasta mi garganta del susto. Es mi celular, el identificador de llamadas decía "Novio". Suspiré tranquila y la atendí.
—¿Rai, eres tú?
—Kim, perdona por no devolverte la llamada. Estaba ocupado. Acabo de leer tu mensaje, ¿qué ocurre nena?
—¡Es Jack! Ese maniático ha estado acechándome todo este tiempo y yo no había caído en cuenta —dije rápido—. Llamó hace unas horas a mi celular para reñir por qué me deshice sus flores cuando lo que en realidad pretendía era jactarse y dejar claro que me espiaba. Fui a casa y encontré una cámara espía en la punta de uno de los zapatos que me regaló. Omi se quedó con los perros y yo fui a denunciarlo.
—Bien, ¿estás en la estación o en tu apartamento?
—Acabo de abandonar la estación, voy de regreso. No puedo dejar a Omi solo ¡pero espera! Yo no te llamaba por eso, si no porque parece que ha descubierto nueva información sobre quien publicó la noticia...
—De acuerdo, princesa, ve allá y mantenlo contigo. Iré dentro de poco, hasta entonces no te impacientes por mí.
Omi estaba vuelto un total caos cuando retorné, demolido en el piso no sabía si forcejeando o jugando con los perros mientras Dojo estaba recostado en el sofá. Apenas escucharon que se abría la puerta las bolitas de pelos corrieron en una avalancha a recibirme. Se puso de pie y sacudió las arrugas de la camisa, ajustándose el cuello. Esto de los animales no es lo mío. Omi quería saber cómo me fue pero le pedí que me ayudara a ordenar el apartamento de esa forma cuando Raimundo viniera, lo contara una vez, y encontrara todo igual a como estaba. Los perros desalojaron antes, sus dueños pasaron a recogerlos y sólo quedamos Omi, Dojo y yo. Raimundo se presentó una hora después. Parece que fue de compras por la ciudad ya que cargaba una bolsa pesada, aunque si era un regalo no era para mí porque no me lo dio y para él los regalos están sobreestimados. Simuladamente lo escondió y se acercó a la sala a saludar a Omi y Dojo, o sea, chocar sus puños. Humm-jú, complicidad masculina. Luego se desplomó en el sofá y yo me senté en el otro extremo.
—Hola chicos, ¿cómo están? Me contaron que tienes una información jugosa que decirme.
—¿Jugosa? No sé si será jugosa (pues ni modo que tenga algún sabor) tampoco sé si cuente como una información exactamente, es algo que Jermaine y Tiny vieron y, sospecho que se relaciona con el artículo que publicaron en internet.
—Adelante, te escucho.
—El día de la fiesta, Jermaine y Tiny se salieron porque... Tiny de repente escupió soda por la nariz y se estaba quemando, lo llevaba a lavarse cuando vio a un sujeto extraño. Ellos me lo describieron como un hombre bajito, un pelo menos que Kim, rechoncho pero no fornido como Clay; traía un sombrero, Tiny dice que de la década de los treinta, así que no sabemos el color de su cabello. Como no le vieron nunca la cara no saben nada más.
—¿Tus amigos se acuerdan del atuendo? —preguntó serio Raimundo.
—Ellos mencionaron que utilizaba una casaca vino tinto. ¡Oh! Jermaine dice que escuchaba unas monedas caer, creo que se refería que en los bolsillos cargaba muchas. De lo que estoy seguro cien por ciento es que lo vieron violar la cerradura y entrar a tu apartamento.
—No me cabe la menor duda: Es Hannibal —masculló Raimundo alisándose el pantalón—. La descripción coincide, ¿casaca vino tinto? ¿Cómo no lo pensé antes? Todo tiene sentido. Sabía donde guardo mis archivos y conocía mi verdadero nombre, también tiene un motivo. Los derechos de autor están protegidos según establece la ley. Discúlpenme un momento yo tengo que hacer una llamada —se reintegró y marchó, lo seguí con la mirada hasta perderse de vista.
—¿Entonces son oficialmente novios? —indagó Omi. Me volví en su dirección— ¿tú y él?
—¿Por qué lo piensas?
—Uhm, no lo sé, ¿quizás porque esperan que aparte la cara para cerrar más el espacio entre ustedes? —arrugué la frente y forcé una sonrisita. Cuando soltó otra pregunta cambiando su postura— ¿eres feliz?
—Claro.
—Esa respuesta me basta —asintió mirándose los zapatos. Me apoyé en el reposabrazos. Él estiró los brazos. Se prolongó más el silencio cuando interrumpió Raimundo.
—Está todo listo, sólo queda esperar. Muchas gracias.
—Ni lo digas, sólo quiero dormir tranquilo. Nunca me había fastidiado tanto la consciencia —se torció el cuello— ¿alguno de ustedes me podría decir la hora, por favor? —Raimundo se paró a su lado y se agachó levantando la muñeca, el niño se inclinó. Él arqueó las cejas y se impulsó hacia adelante, irguiéndose—. He cumplido mi responsabilidad aquí. Mejor me voy, mañana quedé con Megan ir a su casa a ver unas pelis de un tipo llamado Tim Burton. Di mi palabra que no faltaría, además de que me aseguró que habría videojuegos —hizo un ademán, deteniéndome cuando iba a incorporarme—. ¡Y no se molesten! Me sé el camino a la puerta.
—Sí, es verdad, acuéstate temprano para que no llegues tarde —el niño se retiró. Raimundo volteó por encima del hombro— ¡emplea el condón! ¡Es importante que lo lleves, previene de las enfermedades venéreas!
—Está bien, mamá —afirmó Omi con voz monocorde a la distancia. Oí la puerta cerrarse. Le dirigí al idiota una mirada de "esto-no-lo-apruebo". Él se alzó de hombros, impasible.
—¿Qué? Hay que inculcárselos desde que están pequeños, al punto que cuando crezca esté tan metido dentro de su cabeza que resulte imposible sacárselo —estaba a punto de llevarse las manos tras la nuca cuando reprimió el movimiento y saltó— ¡oh te iba mostrar algo!
Olvidaba un pormenor: Raimundo y Omi unidos forman un vacilón. Entonces me enseñó lo que compró, eran cuatro equipos de patines en línea y un peluche de un gatito sosteniendo un corazón. Eran una gratificación en galardón a Omi y el resto de la pandilla que colaboró a que hiciéramos la paz, los patines eran para los varones (iguales, supongo que la intención era que ninguno se quejara o envidiara que el otro tiene mejor regalo) y el tierno peluche es para Megan. Todos estaban muy bonitos, incluso el de los varones.
—Dime que te parecen.
—Nada mal, me gustan, pero ¿no eras tú el que alegaba que lo material era inservible estos días?
—Sí, sin embargo, esto es diferente. Ellos a excepción de Omi, no son nada mío, ni siquiera mis amigos, y aun así aceptaron ayudarme desligándose de sus horarios. Las mentes de los chiquillos funciona diferente, un regalo es una golosina para indicar que lo han hecho bien, condicionamiento clásico —se jactó, frunciendo los labios—. No me digas que estás celosa porque no recibiste un peluche —deliberé varias formas de reaccionar, entre fulminarlo con la mirada y cruzar los brazos o escupir un chiste sarcástico. Pero me atraganté, ¿lo estaba? ¿Celosa? Él me rodeó con sus brazos y pegó su frente contra la mía— no lo necesitas. Estás conmigo, yo soy mejor compañía.
Subí mis manos a través de su torso, su pecho hasta que me sujeté de sus hombros, deslicé mis dedos tentadoramente acariciándolo numerosas veces y él entreabrió los labios para que pudiera besarlo. Accedí obediente. En el interior de mis párpados nunca había visto tantas estrellas titilar y colores, colores que yo no conocía. Esto era el paraíso. En cuanto su mano asestó en mi cintura y me devolvió el beso levanté la pierna derecha despacio, mi sandalia resbaló de mi pie y cayó al suelo. El talón dio con mi culo. Me separé un poco y le di unas palmaditas en su espalda, dejé escapar un suspiro de placer intencional.
—¿Lo ves?
—Vale, vale, me convenciste —él sonríe triunfante. No sé cuál es su truco, pero sabe como encender mi cuerpo, después de soltarnos todavía yo seguía temblando. Mi corazón estaba a una centésima de explotar en llamas. Aproveché de calzarme el zapato mientras bajaba la temperatura. Raimundo encajó los pulgares en el cinturón.
—Bueno, ahora que estamos sin presión y Omi se fue… ¿quieres contarme qué sucedió con Jack?
—Mejor siéntate —le aconsejé—, es una historia larga.
Estaba pidiendo conocer los detalles. Bien, lo imaginé. Puesto que ya me había desahogado con Guan, fue más fácil describirlo por segunda vez sin sentir que la garganta se me contrae y añadiendo que perdí una cuarta parte de la rabia acumulada contra Jack. Obviamente él se enojó, maldijo en voz baja y clavó un puño en mi pared. Yo lo agarré por detrás, captando su atención. Se volvió hacia mí. Me gustó que a pesar de todo, no me miró con compasión, como si yo fuera una chica escuálida incapaz de sostenerse con sus propios pies si no como alguien fuerte. Él no me dijo nada pero discerní que pasaría la noche conmigo para hacerme ver que me apoyaba. Somos un equipo y si arremeten contra uno, arremeten con los dos. Es tierno y tan hermoso: Ver que podemos leer los pensamientos del otro y que podemos hacer cualquier cosa juntos. Fuimos hechos a la medida del otro. Pero temía que nos hiciera más vulnerables. Raimundo no tenía razón para interferir y lo sabe, no obstante, sería demasiada crueldad obligarse a sí mismo permanecer quieto y era lo justo, si fuera al contrario estaba segura que actuaría igual aunque él insistiera que me quedara a rayas del problema ¡¿es que no dura ni cinco minutos nuestra felicidad?! ¡Me da mucha rabia! Tiene que salir de la nada un obstáculo. Primero Ashley en el apartamento de Raimundo, después Omi y su broma de la crema azul, recientemente Hannibal y su artículo de mierda y ahora mi ex y su camarita.
Si pudiera mandarlo todo al infierno de una… No sabía por cuánto más aguantaría ni lo que podría suceder al día siguiente. Tal vez peleemos pero eso no cambiará lo que siento por él. Es tan corto el tiempo, eso me llevó a pensar que tenía que aprovechar cada segundo como si fuera el último y yo quería estar con él en ese momento. No porque no sabría manejarlo sola si no porque lo escogí. Era suficiente con que él estuviera al tanto, de tal forma cuando papá y Tomoko se enteraran Jack estaría en la cárcel o en un instituto mental. Una persona que está obsesionada con otra no puede estar en sus cabales. Guan llamó a mediados de las nueve de la noche.
—Residencia Tohomiko. ¿Quién es? ¿Guan, eres tú?
—Hola otra vez Kim, he hecho lo que me pediste y ya estoy al frente de la Mansión Spicer, lamento venir con esta mala noticia: tu ex parece que huyó. Seguiremos registrando. Ahora pasaremos a interrogar a los empleados. Esto es información confidencial, pero te lo estoy diciendo porque quiero que te cuides. Nos tomará algo de tiempo encontrarlo.
—Entiendo. Estaremos comunicándonos —colgué la llamada y suspiré, pero no derrotada. Raimundo se asomó.
—¿Era tu amigo de la delegación?
—Sí, así es. El hijo de puta tiene los testículos para fisgonear a una chica semidesnuda pero no para lidiar con la policía.
—Huevón —Raimundo se cubrió mitad de la cara, cansado— ¿le pica el culo a tu ex? ¿No tiene nada interesante que hacer ese malnacido que mermarles la paciencia a los demás? —indagó retóricamente poniendo una mueca. Metí las manos en mis bolsillos encogiéndome de hombros, recogí un mechón negro tras la oreja y me fui— ¿vas a dormirte, nena?
—Ajá —contesté en parte desanimada y en la otra somnolienta, estrujándome un ojo.
—Entonces voy.
Raimundo se tumbó primero en mi cama, acto seguido se movió a un lado dejándome sitio. Me uní inmediatamente, acurrucándome junto a él intentando de entrar en calor. Mi cabeza y también una de mis manos descansaban sobre su pecho. Me echó un brazo encima de mis hombros. Con el pulgar acariciaba mi pómulo. Cerré los ojos esperando que me venciera el sueño. La noche era tranquila, nada más se auscultaba el arrullo de los grillos y el eco de la sirena de una ambulancia irse cada vez más lejos. Estaba rodeada por los mejores brazos. Y el día había sido duro. Tal vez fue por él que mi corazón latió tan aceleradamente e impidió que me durmiera o la sobrecarga de información que recibí durante el día y se coleaba entre mis pensamientos. Entreabrí mis ojos y miré de soslayo la sombra de la luna llena reflejada en el tragaluz sobre la pared del fondo. Luego rebotó al armario y por último al brazo. Vi la manga fruncida y la tinta negra correrle debajo del bíceps abultado. En mi cabeza conservo la imagen de las alas cruzarse entre las puntas. Deseo proteger a todo lo que me rodea. Me apreté más.
—¿Estás despierta? —me preguntó en un tono suave.
—Sí —era estúpido preguntarle si él lo estaba también.
—Quería hacerte una pregunta: ¿Tu amiga Keiko todavía me odia? ¿se han separado por mí culpa? La respuesta de Clay en esta mañana fue extraña.
—Keiko no te odia, sigue disgustada y cree que estoy loca. Deja que se le pase y más tarde volveré a tratar con ella.
—Bueno, yo fui un poco injusto con su mejor amiga y metí la nariz donde no me llamaron, es lógico. No busco agradarle, pero me perturba que la embista contigo.
—No te preocupes que no es asunto tuyo. Algún día ella comprenderá que eres un hombre maravilloso mientras tanto aguardaremos. Keiko no es así, yo la conozco, no podemos estar enojadas la una con la otra durante mucho tiempo —le aseguré yo, elevé la vista y él bajó la suya, encontrándose nuestras miradas—. ¡Oye! Hay algo de ti que no me has contado, pero me encantaría saber ¿si tuvieras que visitar una ciudad cuál seleccionarías y por qué? —él se tardó unos segundos en pensarlo.
—A lo mejor Brasil, con mi hermoso Río de Janeiro —comenzó a recitar—. No hay lugar como el hogar aunque no pertenezca más allí. Me gustaría, así fuera una única vez, recorrer descalzo sus playas de punta a punta y bañarme en su agua tibia —Raimundo cerró los ojos para concentrarse mejor en la imagen o más bien, en el recuerdo. Uhm, me parece casi oír a las olas romperse en la costa, el aire salino infiltrándose por mi nariz, observé al borde del sol desciende y el cielo surcado de rayos en suaves tonos anaranjados— ¿y a ti?
—Nueva York, la capital de la moda. Mi mayor sueño era llegar hasta la Quinta Avenida y decir que estuve ahí, ¡compraría a montones! No obstante, eso fue antes de conocerte, ahora cualquier lugar donde tú estés lo hace hermoso —él abrió los ojos y me dedicó una amplia sonrisa y yo besé su pecho—. Raimundo, sácame de una duda ¿por qué Hannibal procedió de ese modo? Digo esperó demasiado para su venganza ¿no? Y tú me dirás, pero creo que pudo haber sido más limpio. Todo su prestigio lo lanzó por el drenaje.
—Supongo que ya no le importa —contestó luego de una breve pausa, su mirada se deslizó hasta la ventana—. Hace unos meses le prescribieron cáncer de pulmón (fumaba como una chimenea). La enfermedad estaba muy avanzada. Daba igual a que tratamiento se sometiera ya que moriría en cualquier instante. Hannibal se resignó a su muerte y no dejó el cigarrillo. Cavilo que antes de irse al más allá quiere amargarme lo suficiente como un maquiavélico y enfermizo recordatorio.
Asentí. Todo fue tragado por el silencio de nuevo. Me entretuve observando como su pecho subía y bajaba entre tanto su respiración se acompasaba. Tenía los músculos más relajados, pero todavía no me daba sueño. Cuando inesperadamente...
—Escapémonos —murmuró. ¿Acaso dijo lo que creí escuchar? Apoyé el codo izquierdo en el colchón y estiré el cuello buscando sus ojos, él miraba al infinito— olvidémonos de todo, de Jack, de Hannibal, de tu trabajo, del mío. Sé que suena una locura, y dirás: ¿justo ahora? Estoy consciente de que no podremos evadir nuestras responsabilidades puesto que siempre la llevaremos a cuesta del hombro, pero tomémonos unas vacaciones, solos tú y yo.
—¿Unas vacaciones a inicios de febrero? ¿Irnos a dónde? ¿Raimundo, qué estás tramando?
Raimundo empezó a moverse, iba a levantarse. Me aparté, se echó hacia adelante, flexionó las piernas, se abrazó a ellas y hundió la barbilla entre las rodillas. Lo imité hasta mitad de camino. Apoyé la cabeza en un hombro mientras acariciaba el otro. Algo le sucedía. Estaba pensativo, ¿qué será? Descarté lo de Hannibal, la diferencia de tiempo era bastante enorme y estas semanas han sido maravillosas para nosotros, ¿del trabajo quizás? ¡¿Le habrán dicho que debe mudarse?! ¡¿Lo despidieron?! ¿O involucraba a sus escritos? ¿De la editorial y no me lo ha querido decir? No me gusta cuando no dice nada.
—¿Te acuerdas la otra vez que yo actuaba raro cuando encendiste unas velas para iluminar mi apartamento en tanto venía luz? Bueno, los expertos lo definen como amnesia —arrugué el entrecejo. Me acordaba de aquella oportunidad, nunca había visto a Raimundo paralizado salvo que no sabía que tenía miedo, apretaba los dientes y vacilaba ante cada movimiento— no es un asunto grave pero tampoco es normal. No es de esas amnesias que borran los datos biográficos de una persona y no se acuerdan sus nombres o de donde provienen, en realidad es del tipo selecto: Hubo algún episodio en mi pasado que fue tan horrendo para mí vivirlo, y a modo de protección mi cerebro aisló ese recuerdo, aun no ha desaparecido por completo si no que sigue allí en alguna parte, es sólo que tengo restringido el acceso. He consultado a un psiquiatra en un intento de canalizar el problema pero él no puede hacer mucho por mí y si deseo superarlo debe ser por mí mismo y con la ayuda de mi familia, ellos sabrían lo que pasó realmente y disiparían mis dudas. La cuestión es que preferiría que fueras conmigo, han pasado cuatro años desde que me fui y... —dejó la frase sin terminar.
Le sujeté el rostro con ambas manos en una mejilla y lo viré obligándolo a verme a los ojos, Raimundo automáticamente descruzó los brazos, le pasé una pierna por encima sentándome a horcajadas, él se enderezó (sentándose más derecho). Cepillé su cabello con una mano y a pesar de que estaba a oscuras me pareció ver el marrón chocolate. Hoy sus ojos estaban de un verde más intenso. Tuve cuidado de no perderme en su mirada. Prestamente me incliné a besarlo entre las cejas.
—Muy bien, vamos.
—Está decidido. Vayámonos el fin de la semana próxima, así nos dará tiempo a ti y a mí de prepararnos y agarramos más días libres, es carnaval...
—¡Oh sí, verdad, tienes razón! Piensas absolutamente en todo, cariño, ¿te he dicho que eres asombroso?
—Quizá el hombre más asombroso que hayas conocido en toda tu vida —me contestó muy sonriente, lo atraje hacia mi boca y lo besé. No tardó en devolvérmelo, me envolvió con sus brazos aplastándome contra él mientras caíamos por nuestro propio peso...
Supongo que era bueno para los dos partir al pueblo nativo de Raimundo y reunirnos con su familia. Insólito era si se rehusaba a presentármelos o eludía las preguntas acerca de ellos. Quizás no sea la más indicada para decirles esto, sin embargo, casi siempre si quieres saber cómo alguien es fíjate en la forma en que trata a los suyos. Ya había mencionado y contado un poco sobre su hermana Sagrario; en tiempo récord él me señaló los nombres de sus otros hermanos, el de sus padres, sus tíos y algunos primos en diversas fotos. ¡Son tantos, no sé si conseguiré acordarme de todos! Las emociones de Raimundo luchaban entre sí, por un lado estaba medio nervioso porque no sabía a qué atenerse en su regreso y por el otro porque los volvería a ver. Menos mal que no tenía que enfrentarse solo, yo estaría a su lado. También estaba un pelín preocupada. Esta era mi oportunidad de conocer a la novia de su hijo mayor y temía no causarles una buena impresión. En general los padres tienden a sobreproteger un pelín a sus niños. Aunque Raimundo estaba convencido de que "los hechizaría" y acabarían adorándome. Hasta entonces cruzaré los dedos.
Es obvio que cuando sales a un viaje de placer no llevas tu trabajo, empero esa semana nos pusieron tantos deberes en la universidad que metí los cuadernos en la maleta a ver si podía disminuir la cantidad en el transcurso de estos cuatros días libres. Ustedes ya saben, cuando los maestros perciben mini vacaciones a la vista se apresuran a mandar todo lo que puedan ya que, en teoría, estaremos más disponibles. Raimundo me dijo que había red Wi-Fi allá al servicio de las veinticuatro horas, inclusive funcionaba más rápido que en la ciudad. Me lo imaginaba, menos personas mayor velocidad. Él era el que salía vencedor al final, le debían un tiempo de descanso en su empleo y pretendía usarlo ahora. Lo premeditó para sacar ese lance en este preciso instante. Astuto. Acordamos volver el martes, asimismo no estaría con el apuro de que no iría a clases. Le hablé a mi papá y a mi hermana de que Raimundo y yo saldríamos a pasar unos días en el pueblo con su familia, por si acaso uno querría visitarme y no me hallaban para no alarmarlos. Se quedaron complacidos y nos desearon la mejor de las suertes. Si bien, papá tal vez se lo afincó demasiado y le ordenó a mi novio cuidarme. Él le siguió la corriente y prometió que me traería sana y salva.
Da igual, el único peligro con que podría tropezarme sería que me raptara una medusa de 8 ojos gigante.
Realicé una revisión intensiva de mi armario para checar que me llevaría. A último minuto salí a comprarme un traje de baño. Dormí cerca de unas dos horas la noche del jueves, un día antes, empacando todo lo que me llevaría y que no me faltara nada. El trayecto era entre corto y largo, si evacuábamos a las siete llegaríamos alrededor de las dos y media o tres en el auto de Raimundo. Ese mismo día fueron a despedirnos Clay, Omi y el resto de los niños —quienes quedaron satisfechos con sus regalos— en tanto Raimundo terminaba de guardar todo dentro de la cajuela.
—¿Cuánto me dijiste que ibas a demorar? —indagó Omi con una vocecita ronca después de que lo abrace.
—Pronto, estaremos bien, ¡ni te dará tiempo de extrañarme!
—¡Ojalá que este viaje les traiga mucho provecho! —deseó Clay.
—¡Gracias Clay!
—Eso era todo —anunció Raimundo sacudiéndose las manos—. Tenemos que irnos ahora si queremos llegar a tiempo.
—¡Sí, dame un minuto!
Clay me dio un abrazo de oso, el último por abrazar. Nos separamos y me monté en el auto. Nuestros amigos aun continuaban despidiéndose con la mano cuando íbamos alejándonos y hasta que no vi que se habían convertido en unos puntos sobre una recta no metí la cabeza por la ventana. Pasado unos minutos, recosté mi cabeza en el respaldo, me puse cómoda y cerré los ojos.
Me quedé dormida.
N/A: ¡Mujeres al poder! ¡Mujeres al poder! ¡Arriba mujeres! ¡Feliz día de las mujeres a las malvaviscas asadas que me están leyendo! Hay un día del hombre, por supuesto; no obstante, es más conocido el día 8 de marzo consagrado a las guerreras que día tras día pelean contra ese monstruo que llaman vida. La vida no es horrorosa ni hermosa, sólo es lo que es y listo. Hay que sobrellevarla mientras tanto respiramos. ¡Uf, amanecí inspirada hoy! Sobre seguro es el pudín de vainilla que me comí ¡ñam! ¿Qué más iba a decirles?
¡YA ESTÁN TERMINADOS EN DEFINITIVA! ¡SÓLO FUERON CUARENTA Y SIETE CAPÍTULOS! ¡PERO ESTÁN HECHOS! *suspiro* Bien, les he dicho. Nos encontramos en el capítulo cuarenta y tres, adivinen cuánto faltan para concluir. Casi nada, lo que pasa es que el espacio entre semanas es un poco lento, empero no se me angustien que eso pasa en un parpadeo. Se los digo por experiencia. Seguro están un poco extrañados acerca del título, pues hace referencia a los secretos en la familia de Pedrosa que ocultan al pobre de Raimundo. Desde ya les digo que entramos a la etapa final de esta historia, ¿no están emocionados? Vamos a conocer a la familia de Rai y a la misteriosa Sagrario, de la que se ha hablado tanto durante el fic. Centrándonos en lo nuestro, pregunto ¿qué tal les pareció el capítulo? En cuanto a la famosa camarita de Jack, quería utilizar elementos de los primeros capítulos por un lado para no olvidarlos y el otro que no cayera de sorpresa. Algunas chicas que sufren acoso no lo reportan puesto que esperan que el victimario ceda y a ese paso transciende algo peor, mientras que las demás no lo hacen por miedo y el miedo hace cosas horribles a la gente. Yo la verdad no veo a Kim escondiéndose o algo por el estilo, además de que me parece patético amedrentarse y pienso que las protagonistas deben inspirar el ejemplo, por eso la denuncia y esa graciosa frasecilla que le dijo a Guan:
"—No, iba a decirte que la próxima vez podrías arrestarme por homicidio en defensa propia"
No busco problemas, empero tampoco me voy a dejar y creo que Kim en la serie diría algo parecido. ¡Hurra por ti! No voy dejarles las frases románticas a Raimundo, Kimi es la cursi mientras que Rai es un chico de acción, pero también necesitan que le den amor. No nada más él. ¡Ese Jack es un pervertido! ¿A dónde creen que se fue? ¿Guan lo atraparán? ¿Qué creen que pase? Ese chiste de Omi y el condón, fue algo que oí y me pareció cómico colocarlo. Se descubrió finalmente quien había sido responsable de arruinar la felicidad de Raimundo y Kimiko en el capítulo cuarenta y por primera vez Jack no lo hizo. Pinche frijol, todos te odian. Es un crimen violar los derechos de autor aunque la pena no es larga, da igual, creo que esa enfermedad es suficiente castigo. Se descubrirán otros trapitos al sol luego. Ustedes verán. ¿Qué más? Bueno nada, esperaré con ansias sus comentarios, si tienen cualquier duda, quieren acotar lo que les pareció interesante o saludar mis ojos siempre están a la orden ya que no puedo oírlos. De antemano le agradezco que le haya dado una oportunidad a la historia y si han llegado hasta aquí, ¡enhorabuena! Lo que viene es candanga. Hasta entonces mis malvaviscos asados, capítulo 44: Llorando a la distancia de su novela consentida Quiero ser escritora el próximo martes. Que tengan un exitoso comienzo de semana. ¡Gong Yi Tampai! ;)
Mensaje para Isabel: ¡Ni hao! Sí, finalmente Kim y Raimundo se hicieron novios *sale un coro de ángeles cantando aleluya*, debía intervenir a juro a Omi para remediarlo. Ya se sabrá pronto cuál será el castigo de Jack, habrá que estar atentos y para evitar que Rai y Clay se metan en un buen lío, es mejor dejárselo en manos de la ley. En cuanto al otro asunto, por eso te dije que Latinoamérica no pasaron la serie en la madrugada, sólo en la mañana una vez (los mismos argentinos comentaban que la veían a las 8:30 AM) y terminó. En la madrugada sólo fueron transmitidas en Brasil y México, que comentaron haber visto el especial de navidad Xiaolin en la misma fecha a las una de la madrugada. Bueno, en realidad un episodio de la serie dura media hora. Los que salimos perjudicados fuimos nosotros. En fin, gracias por leer, tu mensaje y comentar, querida. ¡Que tengas un inicio provechoso de semana y feliz día! :D
