Ay, mis adorados mortales alfeñiques, espero que podáis perdonarme tantos días de ausencia. Me siento tan mal por haceros esperar todo este tiempo sin su dosis diaria de mi fic, pero no es mi culpa que el endemoniado computador se me haya dañado durante tantos infernales días, aunque en fin ¡estoy de vuelta! ¡Y vengo mejor que nunca! Quiero veros celebrando, mortales ¡CELEBREN!

Por cierto la imagen del fic es mía, dibujada por mí. Sep, perdonme estoy en nivel principiante.

Bueno, bueno, ya. Estoy tan feliz de estar de vuelta y sé que vosotros también lo estáis, no me lo neguéis. Ahora, le damos paso al vigésimo cuarto capítulo, dejo de importunaros y comenzamos con la…

¡Profecía! (y sé que ninguno lo adivino)

Un trueno retumbo en la habitación, haciéndole despertar sobresaltado, miró el despertador digital, marcaba las ocho en punto. Damian se abrazo a si mismo, intentando conseguir un poco de calor corporal mientras un segundo rayo terminaba de quebrar el cielo. Se levanto de la cama y se acerco a la diminuta ventana, que más bien era un hueco de forma rectangular en la blanca pared de cal con un pedazo de vidrio turbio, el cielo estaba gris como el acero, de vez en cuando un relámpago rasgaba el aire y luego un devastador trueno hacia eco en las calles de JumpCity, sin embargo no caía una sola gota de agua a la tierra. Tempestad en seco. Oh mierda.

Agarro la remera de su uniforme y se la colocó con rapidez, luego siguió con los pantalones, se colgó la aljaba en el hombro y por ultimo el cinturón. Dejo el chaleco en alguna parte de aquella pequeña habitación de motel, tendría tiempo de buscarlo más tarde. O tal vez no viviría para buscarlo. Bajo las escaleras como alma que lleva el diablo, tropezándose en un escalón para terminar rodando escaleras abajo hasta el primer piso, con la mirada borrosa y un pequeño corte en la frente. Busco apoyo en la pared al tratar de levantarse, puesto que golpearse contra cada uno de los escalones lo había dejado más aturdido que yo después de examen de matemáticas. No había nadie en la recepción.

No había nadie…

Oh Dios, oh Dios, oh Dios ¡NO! Era una señal, una maldita señal de ese desgraciado, se encontraba cerca, más cerca de lo que él podía percibir. Sabía que todo había sido obra suya, ese imbécil de Jack que les habría hecho, ¿Los habría matado? ¿O simplemente amordazado? ¿Les sacaría los ojos? (¿O los obligaría a leer este fic? ¡Que tortura!) Caminó con lentitud, explorando el recinto atentamente, necesitaba una pista para saber si aún podía salvar a la recepcionista y los otros inútiles que estuvieran ahí a esa hora, con razón no había llamado para cobrarle. Siguió revisando el lugar, consciente que no los habría llevado muy lejos, estarían dentro del motel eso lo daba por sentado, Jack no acostumbraba a tirar los cadáveres por un barranco.

"Fascinante, ¿Por qué siempre encuentro las cosas cuando no las busco? Yo no pedí ser descendiente de unos implacables tiranos medievales, y cuando por fin algo me sale bien ¿Sirve de algo? No", pensó el chico molesto mientras fijaba sus orbes en un minúsculo destello proveniente del pomo de una puerta. Sangre, no les había hecho daño, las comisuras de sus labios se curvaron en una sonrisa mientras sujetaba la perilla con fuerza y abría la puerta despacioso, el brazo le temblaba de solo pensar lo que encontraría ahí dentro. La puerta se abrió de par en par, dejando ver a un grupo de por lo menos quince personas amordazadas, allí se encontraba la recepcionista, la señorita Brook amarrada a su silla con una soga y una correa impidiéndole pedir auxilio, el resto de civiles estaban sentados en el piso, con las manos amarradas con un retazos de trapos y un tosco corte de cinta adherido a sus bocas.

Se abrió paso entre los secuestrados para llegar hasta la joven recepcionista de cabellos castaño claro, piel clara y ojos aguamarina, esta le miro suplicante pero al mismo tiempo aterrada. Todd río por la reacción de la fémina, le susurro algo inapreciable y luego saco una navaja de su cinturón, río de nuevo al ver la expresión de la mujer, le paso una mano por el cabello y corto la soga.

-¿Quieres liberarlos tú?- cuestiono el arquero sonriendo arrogante mientras le entregaba la navaja- Tengo unos asuntillos que atender- finalizo, desapareciendo de la habitación como el viento.

Gimnasio, Torre de los Titanes, 8:27am

-¡¿A eso llaman defensa?! ¡Me decepcionan, Chico Bestia presiona más el ataque y tú Cyborg, defiéndete!- exclamo alterado Dick, quien dirigía a sus compañeros mientras Starfire trataba de atacarlo- ¡Oh, vamos Star! ¡¿Le dices a esto combate cuerpo a cuerpo?!- dijo al detener en seco un golpe de la susodicha.

-Viejo ten un poco de consideración, llevamos dos horas entrenando- replico el cambiante, tratando de evadir un golpe proveniente del atleta.

-¡Sí, y se nota que no han mejorado nada!- contestó el petirrojo ácidamente, esquivando una feroz patada por parte de su novia- ¡Ahora, sigan entrenando! ¡Más veloces, más fuertes, más intensos!

Robín parecía un desquiciado, concluyó la dama de las sombras, quien llevaba observando el exagerado (Y obsesivo) entrenamiento de los Titanes sin mover un dedo, por buenas razones. Raven no estaba acostumbrada a pelear, la violencia física no era para ella, prefería calmar la rabia de sus enemigos o lanzarles un objeto para aturdirlos o dejarles inconscientes en el peor de los casos, pero nunca había recurrido al combate cuerpo a cuerpo, motivo por el cual estaba exonerada del entrenamiento físico. Pero eso no la salvaba de lo que faltaba, sabía que el batboy se había quemado las pestañas planificando cada minuto del día.

Observaba con atención a sus compañeros, Chico Bestia combatía contra su mejor amigo, no muy diestro en el arte del combate pero podría sobrevivir un buen tiempo en una batalla y los dos tortolitos peleaban entre sí, buena elección, dijo para sí Raven. Richard Grayson, ágil acróbata circense proveniente de Rumania, entrenado por Batman durante largos y extenuantes años en las artes marciales, poliglota, escapista experto y un detective excepcional. Princesa Koriand´r de Tamaran, dulce, inocente, amable, siempre dispuesta a ayudar cuando la situación lo amerita, pero también una guerrera atrevida, audaz e intrépida, adiestrada en el arte de la guerra por los Señores de la guerra de Okaara… En fin, un enfrentamiento entre ellos dos sería épico, es más fue épico.

Pero no mucho más épico que los acontecimientos que muy pronto comenzarían.

-¡Alto! Descansen, Titanes- ordenó el chico maravilla mientras se soltaba del agarre de su novia- Buen trabajo, chicos. Nos tomaremos cinco minutos para recuperarnos- dijo dándole un sorbo a su botella con bebida energizante Atom for dummies. (Véase comercial al final de este capitulo).

-¿Tan solo cinco minutos?- Cyborg hizo un puchero secándose el sudor del rostro- Oh vamos, Robbie, entiendo que quieras ayudar a Todd pero… ¿No crees que estas exagerando un poco? (Oh pero por supuesto, esta exagerando en demasía.)

-Claro que no, Cyborg. Debemos estar preparados para afrontar la amenaza que pueda significar Jack BlackTodd- declaro el aludido con diplomacia, dejando la toalla empapada de sudor.

-¿Siquiera sabes quien es el tal Jack del que tanto parloteas?- refuto el androide cruzándose de brazos.

-No…. Deja de refutar o acorto el receso- Grayson vacilo un momento pero luego volvió a su posición incuestionable de líder.

Algún lugar de JumpCity, 8:30am

-Ese imbécil… oh, como lo detesto. Juro que cuando lo vea…- murmuro para sí un chico de cabellos negros y ojos castaños, pero sus juramentos son demasiado vulgares y macabros como para aquí describirlos, y ustedes son gente muy sofisticada, débiles mortales.

Damian Wayne iba caminando "tranquilamente" por las calles de Ciudad Salto, claro si es que tranquilamente significa ir dando codazos a todo el que pase por tu lado mientras maldices con cierta lujuria a un desconocido, por ahora, Jack. Llevaba las manos metidas en los bolsillos de sus mallas, la quijada le temblaba por la violencia con que la mantenía apretada y la mirada al frente, con su iris castaño moviéndose constantemente, escrutando el horizonte que poco a poco se aproximaba, de vez en cuando miraba al cielo por si acaso el cobarde se escondía en los aires. El crujir de su estomago le distrajo de su búsqueda infructuosa, recordándole que aún no había desayunado, como también de que se le había olvidado pagar el tiempo extra del motel. Sonrío.

Ando un buen rato, indagando un buen lugar para calmar el hambre y tranquilizar su ansiosa mente, además no es que le abundara el dinero en ese preciso instante. Encontró, luego de unos minutos, el lugar que andaba buscando, un pequeño, agradable y, ojalá, barato café que intentaba abrirse paso entre los ostentosos edificios llenos de locales comerciales o de residencias. Su estomago volvió a crujirle, así que entro en el lugar y se sentó en la primera mesa que encontró vacía, tamborileando sobre ella a la espera de que alguien le tomara la orden.

-¿Qué se le ofrece, joven?- pregunto un hombre de tez pálida y arrugada, con unos pocos cabellos canos y franca sonrisa, con una libreta en la mano.

-Hum… creo que tomare un croissant y una taza de chocolate, por favor- contesto el susodicho, cerrando la carta y pasándosela al mesero. (Perdón por interrumpir pero… ¿Nunca se dieron cuenta de el croissant es un maldito pan cacho? Estafadores).

-Enseguida, joven- acato el mozo mientras terminaba de escribir y se retiraba- Discúlpeme la imprudencia, joven pero ¿nunca le dijeron que se parece mucho al nuevo miembro de los Jóvenes Titanes?- el señor entrecerró los ojos escrutándolo atentamente.

-Oh no se preocupe, señor. Siempre me lo dicen- Todd sonrió con altivez, cruzándose de brazos.

Miró por la ventana, el vasto cielo seguía gris, triste, melancólico, los relámpagos continuaban desgarrando el firmamento y cortando el aire de un solo golpe, eran sucedidos luego por el eco de las nubes chocándose, los truenos que hacían estremecer a cualquier chiquillo que lograse escucharlos y el cielo todavía se rehusaba a romper en llanto. La tierra continuaría seca, para que el golpe contra ella doliera aún más. Sentía como el miedo inundaba sus venas, pero al mismo tiempo la ansiedad de matarlo y el deber de acabar con un potencial enemigo para la humanidad se enfrentaban con su temor, confundiéndolo, llenándole de coraje.

El camarero se dirigió a la barra y dejo la orden, mientras el azabache cruzaba los brazos por encima de su cabeza, para luego estirarse con zozobra y acabar con la mirada fija en ninguna parte, las ideas rebotándole en la cabeza y esa sonrisita de tarado que solo el amor sabe hacer.

De vuelta en la torre T, 8:36am

-¡¿Eso es lo único que tienen?! ¡Son unos debiluchos, espero que no vayan a pelear con esos ataques de nena!- los "animó" el maniático, digo, el batboy mientras paseaba de un lado al otro del gimnasio indicando los ejercicios a sus amigos.

-Oh, dentro de dos minutos comenzare a sudar petróleo, viejo- no supuso, afirmo Víctor disparándole a unos objetivos con su cañón sónico.

-Robín, busca un poco de misericordia en tu alma y deja a tus fieles amigos descansar un momento- suplicó el changeling, dejando de embestir a la figura de cartón volviendo a su forma humana. Dick lo perforo con la mirada, sintió como esos ojos celestes lo aniquilaban detrás del antifaz- Eh… sigo entrenando, sigo entrenando- Chico Bestia regreso al entrenamiento.

-Solo una pregunta, hermano ¿Por qué tú no te estas agotando como nosotros?- observó el moreno al ver que su líder no ejecutaba sus arduos ejercicios.

-Créeme lo haría si tan solo ¡No tuviera que estar vigilándolos cada dieciséis segundos!- le respondió el líder titán gritándole en toda la cara. Sacó su bastón y se dispuso a golpear el saco de boxeo con la cara de Slade.

Hace dos horas que había amanecido, tan solo unos pocos minutos en los que el sol reinó omnipresente los cielos para darle paso a una melancólica y estruendosa tempestad. Hace dos horas que los jóvenes protectores de JumpCity llevaban entrenando intensamente, sin hacerle caso alguno a los rayos y truenos que estremecían el firmamento. Dos horas en las que dos primos se buscan mutuamente, ansiosos de guerra, sin poder encontrarse el uno al otro, jugando un juego que, a decir verdad, ninguno de los dos conseguía comprender del todo.

Robín zurraba con fiereza el saco de boxeo, una y otra y otra vez. Un golpe, dos, tres, luego una serie de patadas para terminar golpeándolo con el bastón repetidas veces. Solo él apreciaba el prácticamente inaudible sonido que producía el metal al impactar contra el cuero, golpeaba sin descanso, sin darse tiempo de respirar, hasta el punto de que el forro del saco comenzó a rasgarse. A Richard no le importó en absoluto, continuo apaleando el objeto sin mostrar el más mínimo atisbo de compasión contra el rostro de su enemigo eterno. Starfire destruía unas figuras de metal negras, con la forma de un chico, de complexión atlética y un poco más alto que el petirrojo, una por una, despiadadamente con sus starbolts, destrozando de paso la pared del fondo. La figura estaba basada en el físico del arquero, pues Grayson supuso que si Jack era primo de este, debían ser parecidos.

Gar Logan arremetía violentamente contra la imponente figura de cartón de veinticinco metros de altura, asemejándose a Trigon, mientras el objetivo disparaba rayos láser que imitaban la mirada mortal del demonio. Se chocaba constantemente contra el enemigo, transformándose en diferentes animales de fuerza considerable mientras a duras penas lograba esquivar los rayos para volver a embestirle. Eso en caso de que Jack fuera semejante al padre de la violácea, no igual de poderoso ni tampoco tan alto, pero solo por si acaso, bien dicen: Mas vale prevenir que lamentar ¿no?

Cyborg le disparaba a unos objetivos móviles, que más bien eran tableros de tiro al blanco pegados a un sistema de juego de feria estatal. Zoom, ese era el estruendoso ruido que hacia su cañón sónico al dispararse, y luego era reemplazado por el boom que hacían los tableros al estallar. Parecía soldado de la reconquista, ya que contraía el brazo y volvía a extenderlo en el momento del disparo, movimiento que, según el pelo pincho, le ayudaría a mejorar la agilidad en el uso de su arma. Por su parte, Raven se entretenía aplastando unos despreciables muñecos que parecían hermanos de Chuki, hijos de Satanás (No, no, no. Ni se les ocurra creer que eran muñecos de Raven, que descaro de su parte pensar eso) con cualquier objeto que estuviera en ese gimnasio, no importaba si estaba a su alcance o no, después de todo solo bastaba con un toque de telequinesis, recitar su mantra y sale pa´ pintura, esos muñecos quedaban hechos añicos y sin posibilidad de atacar.

Así se les fue la mañana a los Titanes. Con sus rostros brillantes de sudor, los músculos exprimidos al máximo rogando un descanso, la mente difusa y sus pensamientos vagos por el calor corporal que emanaban sus agotados cuerpos. Sus respiraciones eran agitadas, densas, casi podían tocar el oxigeno que entraba en sus pulmones como si fuera masa de galletas, el corazón parecía sufrir un ataque de epilepsia, como una hormiguita hiperactiva, como si Chico Flash se encontrara al interior de sus pechos vibrando sus moléculas a una velocidad inimaginable. No eran latidos lo que escuchaban, eran zumbidos en la parte superior izquierda de sus torsos, ya no parecían humanos (O extraterrestres o hijos de demonios esclavizadores de dimensiones) si no ratoncitos de laboratorio.

Otro lugar desconocido de JumpCity, 9:20am

Aún no había terminado su desayuno, cosa bastante extraña considerando que él la mayoría del tiempo tenía hambre y comía a la velocidad de un saiyajin. Esta vez comía con lentitud, degustando al límite cada pedazo de pan que se llevaba a la boca y luego pasaba el mazacote atorado en su garganta con un sorbo de chocolate. Ni siquiera se molestaba en percibir el paso del tiempo, pues parecía no importarle, desayunaba con una parsimonia que impacientaría a la mismísima Azar. Pese a que aparentaba estar en total paz consigo mismo, realmente las ansias, las llamas de la implacable necesidad de romperle el tabique a ese desgraciado le abrasaban la cordura impiadosas.

Estaría mintiendo si negara que sentía miedo, mucho miedo, le temía a su primo en demasía. Oh, él sabía de lo que Jack era capaz, sabía lo inmoral que podía llegar a ser con tal de conseguir su objetivo, le aterraba volver a tenerle enfrente, listo para batallar y con esa prepotente sonrisa que adornaría su rostro apenas lo viera, nunca negó que aquella cínica sonrisa le helaba la sangre y le frenaba el corazón. Pero también tenía miedo de si mismo, conocía a la perfección las capacidades de su pariente, más no conocía sus propias capacidades. Hecho aún más raro que el anterior, pues siempre se había jactado de sus habilidades, (si todos conocemos lo arrogante que puedes llegar a ser, comienza con el asunto importante), y ahora ni él tenía conciencia de que tan poderoso era.

Bueno, no es que importara mucho, después de todo luego de ese brutal ataque por parte de su tío no era más que un humano cualquiera, como Robín, como tú, como yo, un simple humano. Era absolutamente consciente de que el poder seguía latente en sus venas, pero nadie podría hacer nada por despertarlo, a pesar de que todo el tiempo decía que no le importaba había intentado recobrar sus poderes a espaldas de todo el mundo, más nunca consiguió nada.

Aunque no todo era tan malo, había sido un ladrón de poca monta por más de dos años, eso le había aportado astucia y agilidad a su arsenal, tiempo después el legendario héroe de Gotham le había adoptado, ese hecho le sumaba más conocimiento y experiencia, después de todo tenía posibilidades.

Terminó la comida más importante del día, según los científicos, los comerciales, mi mamá y mi abuela, satisfecho. Su estomago había dejado de rugir y ahora se encontraba en calma absoluta, sabía que no duraría mucho pero ya tendría tiempo de pensar en comer. Emitió un suspiro largo y profundo, como si hubiese retenido todo el oxigeno del lugar, echo la cabeza hacia atrás, luego estiro los brazos y trono los dedos.

-Camarero- lo aludió Damian con un gesto.

-¿Se le ofrece algo más joven?

-No, gracias. Tan solo quiero saber la cuenta.

-Hum, un croissant de jamón y queso y una taza de chocolate serían… nueve dólares con cuarenta centavos- calculó el mozo en la libreta mientras el moreno rebuscaba en sus bolsillos.

-Aquí tiene, muchas gracias- Todd le entrego el dinero sonriente.

-De nada, joven. Estamos para servirle- el hombre se retiro después dejarle una menta.

Wayne destapo la menta lentamente, con la mirada enfocada en un cuadro que había en la pared, con el ceño fruncido, como si aquel cuadro quisiese revelarle algo. Llevo el dulce a sus labios húmedos y alzó una ceja antes de internarla por completo en su boca, dejo que se derritiera a su tiempo mientras seguía escrutando el cuadro. La pintura era bastante peculiar, jamás había visto algo parecido, y eso que Bruce siempre había tenido un gusto extraño para el arte. Unas manchas color sangre, mezcladas con un poco de negro, como un mar de lava arrasando con todo a su paso, algo apocalíptico, más no sabía muy bien si tendría que ver con Jack. Entrecerró los ojos, buscando en su memoria, indagando cualquier cosa que le permitiera saber por que ese cuadro le llamaba tanto la atención.

Se encamino hacia el cuadro, quedando frente a esa pintura que le removía algo en el alma. Volvió a fruncir el ceño mientras la analizaba, sentía que ya había visto esa pintura antes, sabía que significaba algo trascendental, conocía la magnitud de la trascendencia del hecho más no poseía certeza de que era el hecho en sí. Cerró los parpados un momento, intentando encontrar cualquier recuerdo que le aclara que era lo que sucedía, revolvió una y otra vez sus memorias y aun así no conseguía encontrar nada significativo que involucrara aquel cuadro.

Sacudió la cabeza bruscamente al abrir los ojos, no había encontrado nada, por el contrario se había perdido en su pasado y sin percatarse sus orbes se habían llenado de lágrimas. Las limpio con el pulgar y dio la espalda al cuadro, era hora de irse, lloraría eso era seguro, pero no en un lugar público, mucho menos enfrente de sus amigos. Ya había salido cuando de repente, un recuerdo cruzó raudo por su cabeza, paralizándolo por completo. Trato de mantenerlo inmóvil al interior de su mente apretando los parpados con fuerza, tenía que congelarlo, no podía dejar que se esfumara sin saber que significaba esa maldita pintura.

Ahí lo vio, el endemoniado cuadro alguna vez había estado colgado en la casa de su tío. Más que acordarse, lo revivió todo, se acordó de haberle visto cuando se enfrento por primera vez a su primo, ahí justo en ese entonces no significo nada, pero ahora valía más de lo que se hubiese imaginado. Apretó más la quijada, podía escuchar a Henry diciéndole algo, cubrió sus oídos, tratando de alejar lo más posible el ruido de los transeúntes.

"No lo sé, sobrino mío, este cuadro simple y sencillamente me hace sentir en casa", esas fueron las palabras que murmuro su tío. La pintura lo hacía sentirse en casa, lo familiarizaba con su entorno, por eso lo había atraído tanto. Aunque una corazonada le decía que había otra cosa oculta en tan enigmático cuadro.

"No lo sé, sobrino mío, este cuadro simple y sencillamente me hace sentir en casa". Casa, hogar…. Casa.

¡Demonios! ¡¿Por qué no lo había pensado antes?! Jack atacaría el lugar en donde se sintiera más cómodo, las personas más cercanas a él. Su hogar, sus amigos… su… su familia…

"¡La Torre T!, pensó Damian antes de salir corriendo como una exhalación.

Vestíbulo, Torre de los Titanes, 9:47am

Al contrario del exaltado arquero, los jóvenes héroes descansaban de una agotadora sesión de entrenamiento que había comenzado a las seis de la mañana y había finalizado hace apenas unos cinco minutos. Daban gracias a Dios, a X´Hal y a Azar de que el petirrojo se hubiera apiadado de sus extenuados cuerpos y hubiera finalizado el entrenamiento, aunque cómo no todo en la vida es color rosa les había prometido una nueva sesión por la tarde, nunca sabrían a que horas, lo único que sabían era que sería ardua.

Los amigos inseparables, Vic y Beast Boy, disfrutaban lo que restaba de la mañana jugando videojuegos en la sala, utilizando la gran pantalla que había frente al sillón, la tamarana se acurrucaba en los brazos de su novio bebiendo un tarro de mostaza mientras veían a sus compañeros discutir infantilmente cada vez que el cambiante lograba sobrepasar el auto del moreno. Dick rodeaba la cintura de la pelirroja y se reía a carcajadas de ver como los dos titanes peleaban como críos, a diferencia de su pareja rehidrataba su organismo con más bebida energizante "Atom for dummies", la mejor bebida energética del mercado negro… ejem, quise decir… del mercado, solo del mercado completamente legal. Raven leía interesada un libro, sin prestarle atención alguna a los comentarios de sus amigos, es más estaba en el living solo por que Cyborg le había insistido y él era como su hermano, no quería herirle.

-¡Oye, viejo eso no es posible! ¡Estoy seguro de que hiciste trampa!- le reclamo el androide al ver como el coche rojo sobrepasaba el suyo y lo dejaba chupando polvo.

-¿Trampa, yo? Me indignas, Cyborg. No es mi culpa que no sepas utilizar las mejoras especiales también como yo, aunque no me sorprende- Beast Dude se jacto del buen corredor que era, encogiéndose de hombros.

-¿Conque no sé utilizar las mejoras, eh? Ya verás lechuga andante, te has metido con el auto equivocado- dijo el susodicho con un tono que no presagiaba absolutamente nada bueno.

Dicho y hecho. El atleta lanzo un poco de aceite a la pista, provocando que el carro del meta morfo derrapara y perdiera el control, dándole una ventaja considerable a Stone, quien no dudo en aprovecharla y acelero al máximo. El auto azul salió a la velocidad del rayo, tan rápido que el Flash se hubiera sentido orgulloso al verle, mientras tanto Bestita se lamentaba y replicaba que eso no era justo, exigiendo una nueva ventaja.

Los tórtolos solo se rieron del pleito que se desarrollaba frente a sus ojos, el chico maravilla les reprochaba de vez en cuando su aniñado comportamiento, aunque a estos parecía importarles un rábano. Al parecer ninguno se acordaba de que muy lejos de aquel edificio con forma de la vigesimoprimera letra del abecedario (La T, obviamente), un chico de cabellera oscura como el manto de la noche, cálidos ojos castaños y piel bronceada por el sol costero, corría para salvar su vida. Probablemente las vidas de toda la humanidad.

-¡Ya te dije que no es justo! ¡Exijo una nueva partida, con treinta segundos de ventaja para mi auto!- replicaba el joven transformable, halando el control de un lado a otro- ¡Raven dile a Cy que me devuelva mi ventaja!- pidió suplicante a la violácea.

Raven solo enfocó sus orbes amatistas en el chico un breve instante, luego rodó los ojos y continuo leyendo. Stone le sacó la lengua al menor (:P), riéndose de él.

-¡Robín, exijo mi ventaja! ¡Esto es sacrilegio!- al ver que la hechicera no iba a ayudarle Gar Logan busco apoyo en otro titán.

-No le veo nada de sacrilegio, Chico Bestia. Si bien veo, aquí en las instrucciones dice que es completamente legal usar aceite para obtener ventaja- el líder titán tampoco se mostró dispuesto a ayudarle, decepcionándose.

-Viejo, tu eres el único que lee las instrucciones- intento desanimarlo el meta morfo, recriminándole su inusual comportamiento.

-Sí, y por eso soy el único invicto- se jacto Robín mientras dejaba el panfleto de instrucciones a un lado del sofá.

Garfield bufó sonoramente antes de volver a su carrera contra el titán maquina, mientras este se burlaba indiscretamente de él, recordando al hermano mayor que se ríe del menor luego de lograr su cometido. Starfire se apretó más contra el pecho del batboy quien se sonrojo hasta parecer un tomate humano, río nerviosamente y luego intensifico más el abrazo. La hija de Trigon coló una media sonrisa en su rostro al ver la actitud del petirrojo, observándolos con un brillo de ternura en sus ojos para volver a entramarse en las páginas amarillentas del libro. El clima había mejorado con notoriedad, la seca tempestad había frenado y aunque continuaba gris e insulso, con el astro rey haciendo un esfuerzo inimaginable por abrirse paso entre las nubes oscuras, nadie adivinaría que detrás de tan agradable clima se escondería una maldad implacable.

Y los segundos se convirtieron en minutos, y los minutos pasaron a ser horas y nada había cambiado, nada parecía querer cambiar.

Una calle cualquiera de JumpCity, 10:18am

"¡Maldita sea! ¡¿Por qué he dormido en un lugar tan endiabladamente lejos de la torre?!" No parecía un chico normal, oh no, en ese instante se asemejaba al corredor escarlata. Corría como si tuviera alas en los pies, la cara y el cuerpo se le empapaban en sudor, haciéndole relucir la piel con la escasa luz solar, casi ya ni se podía notar el movimiento de sus brazos debido a la exagerada rapidez con la que corría. Apartaba bruscamente a cualquiera que osara atravesarse en su maldito camino, y si era un niño simplemente lo saltaba y continuaba su carrera.

Su expresión era desencajada, mantenía la mandíbula apretada con una fuerza descomunal, los ojos parecían salirse de sus órbitas, abiertos como platos, reflejando miedo, desesperación, y en cierta manera, impotencia. Se rehusaba a reducir su velocidad, continuaba corriendo con un desespero absoluto. Tenía que llegar, debía llegar antes que Jack, esa mera idea era la que le impulsaba a seguir, a pesar de que el corazón iba a estallarle por el esfuerzo sobrehumano que ejercía al correr. Pero… ¿Y si Jack ya había llegado? ¿Si estaban enfrentándole en estos momentos y él no estaba allí para ayudarles?

Negó la idea, deshaciéndose de ella velozmente. No, él debía llegar mucho antes que su primo, convencerlos que esa no era su batalla, que no tenían por que pelearla. Y si no lograba convencer a Dick, por que sabía lo testarudo que era el chico de ojos celestes, por lo menos estaría a su lado para iniciar el combate.

Siguió corriendo, más veloz que antes, al pensar la posibilidad de que todos sus amigos estuviesen ya muertos. Unas lágrimas descendieron por sus mejillas y otras salieron volando a los lados.

Vestíbulo, Torre de los Titanes (Otra vez ¿No se cansan de esto?), 10:40am

Robín había abandonado el recinto hace unos minutos, pues debía seguir investigando los planes de Slade, el hecho de batallar contra un cínico desalmado hambriento de caos, según la descripción del arquero, no lo exoneraba de su implacable deber de acabar con el desquiciado de Slade (y hablando de desquiciados…).

Ahora la chica dorada se divertía preparando varios de sus platillos raritos tamaraneanos, para ella, Sedita y sus compañeros, quienes ya rebuscaban las excusas para salir huyendo como cobardes en cuanto Koriand´r entrara por esa puerta. Los varones seguían jugando, pero era otro videojuego, el clásico y legendario "Invasion of the Bubbles Robots versión 2.5", juego preferido por Cyborg ya que… ¡pues tenía robots! y díganme ¿Quién no ama a los robots?, mientras la fémina restante consumía las horas meditando, o tratando de meditar por que los imbéciles, quise decir, los chicos hacían un ruido tremendo jugando ese estúpido juego de video.

-¿Acaso no pueden comportarse como gente civilizada y jugar en silencio?- pregunto la dama de las sombras, frunciendo el ceño en señal de disgusto.

-Lo sentimos, Rae. Este juego es muy divertido- se disculpo el moreno mientras le daba un pequeño empujón a Chico Bestia tratando de desconcentrarlo.

Pero el ruido continuo, más fuerte que antes. Cyborg y Gar se reían a carcajadas del otro cada vez que se superaban el máximo puntaje, otras veces se insultaban levemente cuando se percataban de que sería difícil aplastar el puntaje del otro. De vez en cuando el atleta le daba un sopapo al menor en un gesto victorioso y luego el susodicho le respondía con un codazo, sacándole la lengua inmaduramente. Raven puso los ojos en blanco, después de escrutarlos unos segundos, decidió que estos dos no iban a callarse y que lo mejor sería ir aun lugar más tranquilo.

-Me retiro, aparentemente ustedes nunca van a comportarse como gente civilizada- Raven se levanto del asiento, dándoles la espalda- Si siquiera fueran gente…- masculló antes de desaparecer entre las sombras.

-¡Oye! Tampoco es que tú seas muy normal- refutó el changeling, pero la aludida ya se había esfumado.

-Pero que geniecito… Por cierto, Bestita ¿De casualidad sabes que le sucede a Raven?- cuestiono Stone, sobresaltando al titán más joven.

-N…. No… No…- Garfield recordó el beso que había forzado, recordó los ojos abiertos de la chica, llenos de sorpresa e incredulidad y lo que es peor, recordó como disfruto besarla- ¿De cuando a acá tengo que saber lo que le ocurre a Raven?... Como si me contara…- sus mejillas se encendieron mientas se rascaba la nuca nerviosamente.

-Ah, solo quería saber. Tu has estado más tiempo con ella, supuse que te habría dicho- el joven mitad robot se encogió de hombros al explicar su suposición.

-Nah, tú sabes como es Raven, siempre que tiene problemas se encierra en su habitación, se lo traga todo. Nunca le cuenta nada a nadie- dijo el aludido presionando play en el juego.

Víctor ignoro el comentario, agarro el control y continúo jugando con parsimonia. Sentía algo en el ambiente, algo raro entre su hermanita y su mejor amigo, y aunque de cierta forma la idea de que ella y él estuviesen juntos lo hinchaba de felicidad, este no era el caso. Una tensión absolutamente tangible se tejía entre ambos titanes, ellos ocultaban algo, oh, de eso no existía duda alguna, pero… ¿Qué?

Se deshizo del abrumante sentimiento que lo embargaba en un parpadeo, sí, tal vez ocultaran algo, más no había de que preocuparse, ni que escondieran un cadáver (¿O si?). Esbozo una sonrisa ante tan ridícula idea, sujeto el control con firmeza y se dispuso a humillar de manera considerable al cambiante, quien ya había agarrado ventaja gracias a sus pensamientos reflexivos.

La tarde grisácea derrocó a la mañana, dándole paso a un viento suave que ondeaba la hierba y encrespaba el mar. Nadie notaba nada raro en el ambiente, no había nada por lo cual levantar sospechas, ¿Quién iba a preocuparse en una tarde tan agradable como esta? Los chiquillos jugaban en los parques, las familias paseaban despreocupadas por las calles de JumpCity y los trabajadores se quejaban en las oficinas del dolor de espalda. Al igual que los tranquilos civiles, los héroes juveniles disfrutaban del, quizá, poco tiempo que les quedaban antes de volver al entrenamiento.

Aunque, tal vez, ya no tuviesen tiempo alguno de entrenar.

Tres kilómetros de distancia exactos de la Torre T.

Tres kilómetros tan solo tres malditos kilómetros. Unos pocos minutos y podría eliminar toda la patética felicidad del imbécil de Damian. Se relamió los labios, saboreando por anticipo la dulce victoria, derrotar a los idiotas que se hacían llamar héroes de esa miserable ciudad sería pan comido, no importaba cuanto se hubieran preparado él los aplastaría como los insectos que eran.

Jack Stephan BlackTodd, orgulloso hijo de Henry Jr. BlackTodd, cruzaba raudo la tarde de acero, el cielo grisáceo como sus ojos, que brillaban de gozo. Volaba libre de toda restricción, libre de hacer lo se le diera la santa gana, libre de matar a quien quisiese. Tenía ya dieciocho añazos, ni aunque su padre estuviera vivo podría decirle que hacer. Sentía la macabra ansia de muerte estallar en su interior, quería hundir su espada en los pechos de sus oponentes y ver como el hierro se manchaba del liquido escarlata. Eso sonaba bastante sádico y repulsivo… le encantaba.

Dejo que una sonrisa se colara en su rostro, podía palpar la victoria rodeándolo y cuando acabar con los tales "Jóvenes Titanes" y garantizara que el estorbo de su primo no pudiese molestarle, simplemente se adueñaría del mundo, o bastaría con tener bajo su mandato el continente americano, el europeo y un tercio de Asia, no había que ser tan ambicioso. Saborearía el terror de sus súbditos, se deleitaría con el sufrimiento de quien no acatara sus órdenes, sentiría el miedo vívido que alguna noche su papá le había relatado. No sabía por que se sentía tan feliz, ni si era ético sentirse bien por el hecho que otra persona se sintiera mal, tan solo sabía que adoraba esa sensación. La sensación del poder absoluto, de la gloria innegable.

Estiro el brazo derecho, que rogaba un descanso a sus tensos músculos. Llevabas más de cuatro horas rasgando el aire, su cuerpo comenzaba a notar el cansancio y a reclamar un receso, sacudió el brazo levemente, desentumeciéndolo y luego lo doblo de nuevo contra su pecho. "Ignora el dolor", se dijo, "Valdrá la pena el cansancio luego de que los aniquiles".

Volviendo con los Titanes, 10:55am

Los únicos presentes en el living eran el changeling y el androide, puesto que sus compañeros tenían cosas más importantes que hacer. A ellos no les importaba, después de todo, su compañía mutua bastaba y sobraba para pasar el día, si es que antes no les interrumpía Robín anunciando uno de sus exagerados entrenamientos. Cyborg le iba a ganando por la mínima cantidad de doscientos cincuenta mil ciento cuarenta y cuatro puntos (Uff, Gar remontaría eso en dos segundos…), pero el meta morfo no iba dejar vencerse sin antes haber hecho ¡trampa!, cof…cof…dije, haber dado todo de sí por la gloria.

Tampoco parecían percibir el transcurso del tiempo, tan embelesados estaban en su videojuego rated K que no se dieron cuenta de que, repentinamente, un viento helado surco el cielo, una ráfaga mucho más intensa que las anteriores arrancó violentamente las verdes hojas de los arboles veraniegos, haciendo que chocaran contra los ventanales de la torre con un estrépito inapreciable. Más solo presagiaba una fuerte tormenta, supusieron los varones…. Resulta que no se puede vivir de suposiciones.

Koriand´r se encontraba en la cocina a punto de terminar sus exóticas preparaciones, con Silkie sobre el mesón comiendo las sobras de los ingredientes, silbaba despreocupada una canción típica tamaraneana mientras metía una bandeja con masa viscosa (repugnante) de color lavanda, llevaba por encima una especie de salsa magenta, para luego revolver unos vegetales extraños en un gran cuenco, remojados hace dos horas en una sustancia aún más extraña. Aspiro profundamente el olor de su comida, sintiendo como le embargaba el alma y le mejoraba su, ya súper optimista, buen humor. Continúo silbando alegremente, agarrando a su mascota y dando vueltas con ella por la habitación.

Pero había dos titanes que percibieron algo más en aquel cambio tan brusco del clima. Cada uno a su modo.

Mientras estudiaba periódicos viejos, casos recientes y organizaba todo cuidadosamente en la pared con clips y retazos de lana rojos, Robín percibió el abrupto cambio en el clima. Abrió las persianas de su habitación, que se hallaba en oscuras, iluminada tan solo por la casta luz de una lámpara. Se quedo perplejo observando el cielo, hace unos pocos segundos el sol pujaba por salir de entre las grises y melancólicas nubes, en cambio ahora el firmamento parecía haber vuelto a cerrarse, tercamente empeñado en no cederle un milímetro de espacio a la luz solar. Sintió un débil frío azotarle el cuerpo, extraño, pensó, las ventanas estaban cerradas y la puerta igual, el aire acondicionado se encontraba apagado, no tenía por que sentir frío.

Entrecerró los ojos, rascándose la barbilla, en una pose meramente pensativa. Trató de encontrar algo que relacionara el mal clima con el advenimiento de Jack, más Damian en realidad no había dicho mucho al respecto. Por igual no se confió, corrió el vidrio de la ventana, recibiendo el golpe crudo del viento en el rostro, frunció el ceño mientras intentaba divisar algo inusual en el horizonte. No halló nada. Y sin embargo aquella violenta brisa no le daba buena espina. Lo mejor sería reunir al equipo y estarse alertas, era consciente del peligro que se aproximaba. Aunque no fuera consciente de cual era exactamente.

Al otro lado de la torre (no sé exactamente la ubicación) una joven empática también había notado la brusquedad en el clima, pero a diferencia del batboy había captado algo más que una brisa helada y una tormenta inminente. Percibía la maldad en el ambiente, el odio y la crueldad, como si se aproximase su padre, más faltaba un pequeño detalle para asegurar el regreso de Trigon, el cielo rojo. Miró al firmamento, estaba gris y no rojo como si le hubiesen herido, emitió un inaudible suspiro de alivio.

Sin embargo no se relajo del todo, ¿Aquella cruenta presencia que percibía era el tan famoso Jack? Tal vez sí, tal vez no, solo estaba segura de que debían estar preparados, fuese quien fuese. Intentó convencerse por enésima vez de que solo era el Hermano Sangre, o por alguna casualidad que Blackfire hubiese conseguido liberarse y buscara venganza contra su tan adorada hermanita. Pero todo eso no era más que vagas ilusiones, nada más que esperanzas falsas.

Un frío helado y momentáneo, casi maligno, subió por la espina dorsal de Raven, estremeciéndole lo más profundo de su ser, luego abandono su cuerpo y la dejó paralizada.

-¡Raven! –Exclamó Robín al toparse con ella – ¿Qué estas ha…? – Calló al ver la expresión de la fémina y reformuló la pregunta– ¿También lo sentiste, verdad?

La hija de Trigon apenas asintió y caminó junto a su líder presurosa.

-¿Crees que sea él? –el chico maravilla no necesito de más palabras. Todos sabían quien era "él".

-Es lo más probable –dijo Raven sin más.

-Maldita sea.

Continuaron con su marcha, dando cada paso más acucioso que el anterior. Con la sangre latiéndole en las sienes, el ritmo cardiaco acelerándose y el miedo apoderándose de ellos. Sentían como las ramas del terror crecían bajo sus pies, irguiéndose rápidamente, apresándoles. Eran ramas gruesas y ásperas que apretaban cada vez con más fuerza. Crecían veloces, casi podía decirse que ansiosas. Las sentían ascender por sus piernas, atar sus torsos, enlazar sus cuellos y enredarse en sus cráneos. La presión que ejercían sobre ellos era inhumanamente soportable e iba aumentando con cada respiro, con cada parpadeo que daban, comenzaron a sentir sus cuerpos aplastados y las ramas seguían apretando sin descanso alguno. Hasta el punto de que se les hizo imposible respirar.

-¡Chicos! Estense preparados –el enmascarado apareció en el vestíbulo jadeante, seguido por Raven– Oigan chicos –inspiró profundamente– ¿Alguien me traería un vaso con agua?

En ese momento, Starfire que apenas salía de la cocina escucho la voz seca y suplicante de su novio y se devolvió por un poco de agua.

-Rob, ¿pero que te ha pasado? –Vic se volvió a hacia el chico con un gesto de profunda preocupación.

-¿Te has visto en el espejo? Viejo, parece que hubieras corrido una maratón –intervino el joven transformable. Luego frunció el ceño y dijo– Con el doble de kilómetros.

-Sí… sí, estoy bien. No es nada –"Al menos no por ahora".

Segundos después entro la hechicera, sudorosa y con la respiración agitadísima. En silencio trató de controlar los rápidos latidos de su corazón desbocado, aunque el corazón, descarriado por el miedo, no pareciera aceptar órdenes de nadie. Se dijo a si misma que debía encerrar su miedo y neutralizar la más ligera emoción por su bien mismo. Y por el de toda la humanidad.

-¿Ocurre algo, Robín? –preguntó la princesa espacial mientras le entregaba el agua.

-Sí, Starfire. He sentido maldad, maldad intensa. Y un odio abrumador –el tono de Raven era tembloroso y sobrecogedor.

-¿Trigon? –quiso saber el androide.

-No. No es tan poderoso como el padre de Rae. Pero tengo la corazonada de que será un problema –Grayson dejo el vaso sobre la mesa y miró al moreno directo a los ojos –Un problema enorme –murmuró el chico.

Luego la habitación cayó en un silencio sepulcral y nadie supo hacer nada para llenarlo. El resuello del petirrojo era lo único que se escuchaba en la estancia, pero se perdía entre los pasillos en unos pocos segundos, dejándolos de nuevo sumidos en el mutismo. Todos mantenían la mirada gacha, enfrascada en algún punto anodino del piso y los brazos cruzados a la altura del pecho.

Parecían condenados al hiriente silencio. Nada, ni siquiera las hojas balanceadas por el viento producían el más imperceptible sonido. Como si el tiempo se hubiese detenido en su carrera. Como si el mundo se hubiera congelado en su ajetreo. Parecían condenados al silencio, cuando realmente estaban condenados a otra cosa…

¡Skreeee! Tan solo escucharon eso y antes de que despertaran del letargo, la ventana estalló en pedazos, atravesada por algo. O mejor dicho: por alguien.

-Dios mío –dijo el enmascarado cuando levantó la vista.

-¿Sucede algo con tu Dios? –la pregunta, chorreante de sarcasmo, provino de un joven que estaba a contraluz.

El joven le sonrió soez, posando sus ojos de acero en el antifaz de Robín, a quien un breve escalofrió ascendió por su espalda. La saliva descendió por la garganta del ex compañero de Batman, arrasando al miedo con ella, instintivamente Dick se irguió desafiante. "¿Quién es él? ¿Qué hace aquí? ¿Por qué está aquí?" Su mente deductiva no conseguía abarcar todas las preguntas que la cruzaron, raudas, así que por ende el chico maravilla solo pudo enderezarse y enfrentar la mirada del joven. El intruso era alto, de piel bronceada, cabello oscuro con variados reflejos morados y durísimos ojos grises, de un gris tan intenso que casi parecían hechos de puro acero.

-¿Quién eres? –Ahora la voz de Robín era cortante, peligrosa -¿Qué haces aquí? – desenfundo el bastón con un rápido movimiento de mano.

-¡Eh! Respira un poco, chaval. Inhala. Exhala, ¿mejor? No he venido aquí a pelear, excepto que no me des lo que quiero, claro –respondió el aludido con algo de sorna.

-¿Y qué es lo que quieres? –Robín escupió filosamente las palabras.

Y un brillo ambicioso centelló en los duros orbes acerados. Una violenta expresión de locura se dibujo en el rostro adulto.

-A Damian.

¿Qué estará haciendo Damian a todas estas?

Damian corría como un condenado, estuvo a punto de tropezar varias veces, pues para él solo existía el horizonte, se había olvidado de la periferia. Su respiración era brevísima, a penas si alcanzaba para llevar oxígeno a todos sus órganos. El corazón le latía durísimo, la sangre le palpitaba en las venas a una velocidad impresionante, sobrehumana, y la cabeza le retumbaba, retumbaba, retumbaba… ¡retumbaba! Sentía que dentro de poco le daría un paro cardíaco, se sentía desfallecer lentamente; pero no podía detenerse. Tenía conciencia de cómo el sudor se arrastraba perezoso sobre su cuerpo, sabía que humedecía su rostro, que se arremolinaba despacio en su pecho y por su espalda y aún así seguía corriendo.

El cuerpo le exigía enserio un descanso, todos sus músculos estaban tensos, estirados hasta el límite humano. Además el sudor espeso se inmiscuía entre sus pestañas, irritándole los ojos e impidiéndole ver con claridad y sin embargo, con todo en su contra, Todd continuaba con su carrera. Quería, es más necesitaba parar tan solo un segundo, respirar realmente y no con aquella respiración superficial con la que intentaba oxigenar su organismo. Aunque también necesitaba detener a su primo y asegurar la supervivencia de los Jóvenes Titanes.

Oh, hola de nuevo, Teen Titans.

-¿Damian? ¿Para que quieres a Damian? –El petirrojo solo logró comprender cuando repitió el nombre mentalmente –Por el amor de Dios –susurró casi inaudible.

-¿Por qué siento que ustedes ya me conocen? –Se preguntó Jack en voz alta mientras miraba al techo –Oh bueno, solo por si las moscas… Jack BlackTodd, para serviles.

Los Titanes alzaron la mirada cuando el joven acabó de hablar, completamente anonadados. Inmediatamente fueron presas del pánico, de un pánico horrendo que los agarró por el cuello con dedos gélidos y raquíticos. Jack Stephan BlackTodd, el que tanto atormentaba a su amigo se encontraba frente a ellos, sonriendo soberbiamente y con unos pequeños cortes en la piel, producto del choque contra la ventana. Sus respiraciones se fueron ralentizando, haciéndose más espesas, más consistentes, víctimas del miedo.

-¿Y bien? ¿Dónde está mi primo? –el pelinegro comenzó a impacientarse.

-No está aquí. Vete –le respondió crudamente el chico maravilla.

-Ay, por favor –Jack soltó una risotada altanera –Yo sé que está escondido en alguna parte de esta torre. Vamos, chavales, ¿de verdad piensan ocultarlo y batallar por él?, no son tan tontos ¿o sí? Ahora, ¿Dónde está Damian? –su tono era autoritario, indiscutible. Un tono que inspiraba miedo.

-Ya lo oíste, viejo, Damian no está aquí. Lárgate –Cyborg se puso a la defensiva, hastiado por la presencia del chico.

-¿Conque oponen resistencia, eh? Bah, igualmente tenía ganas de aporrear a alguien –alzó los hombros con indiferencia y desenvainó la espada velozmente.

-Inténtalo si quieres –la respuesta de Dick fue agria –Pero te aseguro que no lo conseguirás.

-¿Un reto? Ah, por si no lo sabían… Me encantan los retos.

Robín empuño su bastón, temblando con ligereza. Starfire encendió sus puños y sus inocentes ojos relucieron peligrosamente. Un leopardo verde lima –Chico Bestia– tronó los huesos de su cuello. Cyborg activó su cañón sónico y lo enfiló, más que listo para atacar. Raven se elevó del suelo, las delicadas manos se rodearon de un aura negra, sus ojos resplandecieron y un viento sopló feroz ondeando su capa. Los Jóvenes Titanes se prepararon para la acción. Para pelear una batalla que no era suya.

-Titanes… ¡Ataquen!

Mortales, mortales, mortales… ¿Por qué tenéis que ser tan débiles? Ah –suspiro eterno– tampoco sé por que he vuelto a mi vieja costumbre de dejar todo en un horrible suspenso, supongo que los hábitos no mueren tan fácilmente, ¿O será que esta maravillosa e impresionante historia se acerca cada vez más a su fin? ¡Ay! ¿Qué será de vosotros si esto llega a su final? Tendremos que averiguarlo en el último capitulo de Navaja de recuerdos.

No sabéis lo feliz que estoy de volver, sé que me han extrañado mucho y, aunque odie admitirlo (miento, yo os adoro) también os he extrañado. No sé cuantos de mis fieles lectores se habrán ido (¿para nunca volver?) durante mi ausencia, pero espero que regresen. Y si no, pues fue un honor teneros como lectores hasta este punto del trayecto. Por cierto, una cálida bienvenida a mis nuevos lectores, o sea los que encuentren este fic interesante y decidan seguir con la historia.

Y ahora, dejando el sentimentalismo, ¡responderé su reviews!

Cuchufleta PL: Eres demasiado inteligente, o talvez yo seré muy obvia, no sé. Sí, donde el tipo moribundo no estuviese relacionado con Bruce Wayne y por consecuente con Robín yo también me tiraría de un puente. O mejor del Salto del Tequendama.

Lo sé esa escena fue bastante cursi, casi me odie a mi misma por eso.

Si te soy honesta no sé como carajos llego ese desgraciado a JumpCity, no pensé mucho los detalles al comienzo de la historia. Bah, ya se me ocurrirá algo.

Ipso facto, me dio un infarto en el miocardio cuando me di cuenta de mi espantoso error. Lamentablemente a mi computador ya se lo había chupado el Diablo cuando quise corregirlo.

Ya, espero que te este gustando la historia y si encuentras algún error, fuera de personaje o frases sin sentido me lo hagas saber para ir mejorando cada vez más.

Angel Rebelde18: Nah, no importa un review es un review, no importa si lo dejan diez años después del fin del historia. Lo sé, a mi también me encanto, me esmere mucho escribiendolo. Sí, todos saben que ellos se aman, ¿Me escuchaste, Raven? ¡SE AMAN!. Gracias por comentar y leer.

Luna No Taisho: Mi fiel mortal, podría decirte que te adoro, oh espera... ¡te adoro! Y Damian, en cuanto encuentre a ese desgraciado... va a ver lo que es bueno, va a ver. Eeeeen fin, mil gracias a ti también.

CristiaLoganBj11: ¡Wow! He leído muchos fics tuyos ¿sabes? y todos me encantaron, de verdad, débil mortal, me sonroja que te haya gustado mi historia y que hayas comentado, me pone muy feliz. Mirá, no eres el único de este hermoso país.

SaritaSan: Hola! Mi seguido desde el patetico comienzo de esta historia, espero que no te hayas marchado. La gran batalla vendrá pronto, y espero que te hay ido bien en tu jaraneo (aunque no sepa el significado de la palabra...),. Si estas ahí, ¡gracias por comentar! y si no, de igual forma ¡muchas gracias!

Y a todos los que leen pero no comentan, ¡anímense que yo no muerdo!

Ok, dejaría preguntas pero estoy tan cansada, que esta vez dejare vosotros fabriquéis vuestros propios interrogantes y me los hagáis saber. Ah sí, también veréis el asombroso comercial de la mejor bebida energizante patrocinada por este fic: ¡Atom for dummies!

Nos vemos en otro capitulo de: ¡Adventure Time with Finn and Jake! Oh no, no otra vez. Tenéis que estar de broma, no me puede pasar esto todo el tiempo.