Quiero ser escritora
46º
Aprendiendo a decir adiós
Jack no le comentó nada durante los veinte minutos que llevaban en la carretera, ni siquiera qué pretendía hacerle, si no que se limitó a conducir. Era una camioneta Pickup de un color marrón desvaído y cuarteado, el motor ronroneaba con ferocidad cada cierto tiempo, debía ser algún desperfecto. Más importante, no era del estilo de Jack referente a autos; claro está que se lo robó a un pobre infeliz que se descuidó o lo compró en una exposición de coches usados y lo salvó antes de que lo enviaran a la trituradora. Tal parece que el disfraz valió la pena, pues lógicamente tuvo que haberlo premeditado y por ende, su novio lo pasó por alto cuando salió. Por lo menos, estaba al tanto y pronto llegaría a casa y vería que no regresaba. Contando con eso Kim se pegó del hombro a la ventanilla, Jack la había dejado entreabierta para que el viento oreara el interior caliente ya que no tenían sistema de aire acondicionado. Metió los dedos adentro de su bolso, sacó su lápiz labial y lo tiró disimuladamente. En los cuentos de hadas picaban migas de pan, pero Kim solo tiene su maquillaje de marca. Ojalá el rastro sea suficiente. Se volvió a mirarlo de reojo, la mandíbula apretada, las venas en las sienes le palpitaban y los dedos rígidos engarzados al volante. Estaba demasiado absorbido por sus pensamientos que no se dio cuenta. Más confiada echó para afuera un rímel. Kim se restregó la mano por la frente apoyando el codo y luego deslizó los dedos entre su cabello, llevando la punta de un mechón a su nariz. Olía a tubo de escape y aroma frutal. Poniendo su máximo esfuerzo en desviar su atención al paisaje y el olor, tranquilizándose.
—¿Qué fue lo que tiraste por la ventana? —le preguntó su ex pausadamente. Uh oh, Kim se encrespó, pero trató de no demostrarlo.
—¿Qué? —dijo devolviéndole la pregunta con incredulidad.
—No, tú escuchaste bien —dijo meneando la cabeza y ampliando una sonrisa sardónica—. ¡¿QUÉ FUE LO QUE TIRASTE POR LA VENTANA?! ¡DIJE! —rugió Jack aplastando la palma en el tablero, ya enojado. Kim dio un respingo.
—Nada —gimió. Su voz salió muy aguda y débil, no podía cambiarla.
Jack aceleró a fondo hasta la calle principal, sacudiéndose hacia adelante. Ella se aferró del asidero con ambas manos manteniéndose inmóvil y apretó los párpados. Giró a medias y se estacionó. Bajó primero. La sacó hincando frenéticamente las yemas de los dedos alrededor de su brazo —sus uñas estaban en demasía atrofiadas y truncadas de tantas veces que se las comía— y la arrastró de mala gana al interior del anticuario. El estrujón estuvo a punto de dislocarle el brazo. La puerta los esperaba adosada. Jack lo planeó con cuidado. Muebles, mesones, sillas, estanterías. Todos hechos de madera. Venían en sus diferentes dimensiones y formas. Atiborraban la pieza. Sin querer se pegó contra el cabecero de la silla. La puso frente de él, tomándola del otro brazo. Como una bestia enfurecida, el hombre la zarandeó tan duro que bien pudo fracturarle el cuello. El brillo del metal proveniente de la pistola por un instante la aturdió, rápidamente Kim se fijó en la culata sobresalírsele de la sobaquera.
—¡¿Te crees muy lista, eh?! ¡¿Creíste que podrías mofarte delante de mí y yo no lo sabría?! ¡¿LO PENSASTE ASÍ?! —le gritó, sus cuerpos estaban muy juntos. La saliva le salpicaban al hablar. La chica hundió el mentón al pecho protegiéndose el rostro— ¡estoy seguro que eran pistas! ¡¿Para quién?! ¡¿Él?! No Kim, será mejor que te resignes, porque esta vez ni un milagro podrá salvarte. Estás sola, conmigo. Nadie sabe de nosotros ni que grites con todas sus fuerzas ¡jamás van a oírte! Me encargué de ello, te aconsejo que te acostumbres —harto que Kim eludiera mirarlo a los ojos, su puño se retorció en la raíz de algunos cabellos y la haló por atrás, forzándola a clavar la vista al techo y después le enseñó el resto—. Ojalá te guste. Lo acomodé especialmente para ti, considerando los recursos a mi alcance era lo más romántico que pude hacer ¡¿lo ves?! ¡Fue por ti Kim, porque te amo! Porque quería que tus últimos minutos lo disfrutaras —la volteó. Jack la contemplaba con intensidad—; así que tú eliges, mi amor, como quieres que transcurra las próximas horas: Si transformamos esto en una agonía lenta y tortuosa o rápido, lo menos doloroso posible aunque no te prometo nada. Prepárate, Kimiko, porque vas a conocer la fuerza del diablo ¡y el diablo soy yo!...
Apretó su boca volcándola salvajemente hacia la suya. Ella no intentó nada por sacudírselo de encima, mientras Jack estaba distraído besándola sus manos tendría la libertad de tantear la pistola y quitársela. Conforme movía los labios podía percibir su ira peligrosa mezclada con la frustración enloquecida e inestable de no poseerla, actuaba demasiado lejos para ser un impulso extático. No estaba siendo tierno ni tampoco apasionado menos procuraba tener cuidado. Era puro hedonismo irracional, un instinto animal. Se obligó a permanecer pasiva, conteniéndose de partirle la nariz o empujarlo para apartarlo. Lo "necesitaba" de este modo: Cerca y descuidado. Kim medio entornó los ojos en busca del arma. Pero cuando sus dedos localizaron la culata y tiró de ella, Jack la descubrió en flagrante. Forcejearon por obtener el control de la pistola. Apenas se inclinó a algún lado, se quedó en medio de ambos. Uno de los dos presionó, de relance, el gatillo, causando que se disparara el arma. La bala atravesó la cubierta agujereándolo, algunos leños se destrabaron haciéndose añicos en el suelo lo que levantó una capa de polvo. El casquillo aterrizó a su lado. Jack aporreó a su ex con el cañón en el lóbulo frontal, como aun no cedía, le embutió el codo justo en la tráquea. Lanzándola. Kim por fin lo soltó y resbaló, irremediablemente se fue para atrás, intentando sostenerse en pie se agarró de un barril. Sin embargo, la fuerza con que se sujetó o el mismo tropezón no le favoreció, desplomándose del culo junto al barril. Gruñó del dolor entre tanto prensaba el moretón en su frente, el ramalazo lacerante estaba haciendo su efecto.
—¡Mira eso! Hiciste que disparara sin necesidad, desperdiciando una bala ¡muy mal hecho! —exclamó indignado sopesando el peso del arma intercambiándola entre las dos manos. Su voz no destilaba ni una gota de cansancio como si nunca hubiera estado en una lucha, por el contrario Kim jadeaba recuperando el aliento— ¿sabes lo qué es? Es una Smith&Wesson 9 milímetros modelo estándar, prefiero los fusiles, pero para este viaje necesitaba algo mucho más sencillo... ¿tienes idea de lo que esta belleza puede hacerle a tu cabecita a unos metros? ¡Explota! ¡¿TE LO IMAGINAS KIM?! Millones de pedacitos de tu cerebro flotando en el aire y adhiriéndose a las paredes en una mugre sangrienta, ¡es hermoso! Lástima que tú no lo podrías disfrutar si eres el blanco —él se rió de su broma, encorvándose hacia adelante y asiéndose del estómago. Lo fulminó con una mirada llena de odio, apretando los puños—. Eres escurridiza, lo admito. Te ha salvado antes, ¡pero ya estuvo bueno!... me pregunto si te dejarías de mover tanto si te disparo en la pierna...
Jack disparó perforando un hoyo en el barril. Rodó a tiempo, huyendo del tiro y perdiendo un zapato en el proceso. Litros y litros de gasolina herventaban lánguidamente barnizando el suelo. Sus dedos se cerraron en torno al tobillo de Kim fijándola al piso. Ella se retorció, convulsionando a empellones queriéndolo derribar simultáneamente que el peso del hueso pélvico y el resto de su cuerpo la aplastaba a manera de retenerla. Rasgó la tela de su blusa cuando jaló de golpe la solapa dejando su piel desnuda a la intemperie. Uno de los botones salió volando. Le arañó la cara, defendiéndose, ahora tenía parte de su carne enterrada bajo las uñas. Capturó su muñeca sometiéndola y pellizcó con fuerza el costado enrojeciéndole la piel. Sus ojos eran fríos como hielo a pesar de que las comisuras de sus labios esbozaron una sonrisa cruel. Se le veían las muelas. Kim se mordió la lengua tragándose un alarido y la bilis ácida que quemaba sus entrañas. Sentía náuseas, pero no quería darle el gusto. No le estimulaba la violación si no su sufrimiento en sí. Un verdadero sádico. Jack se inclinó para tomar de nuevo su boca. Kim volteó la cabeza a ambos lados, resistiéndose. No importa, se conformó encajando los dientes con fuerza en el lóbulo de su oreja. Un quejido húmedo y bajo se deslizó de sus labios.
—¡Eso es! ¡Quiero oírte gritar! Sé que puedes hacerlo mejor... ¡vamos! ¡Más alto, más alto! Hazlo por mí...
La chica le descargó un cabezazo y en seguida le pateó en la ingle. El ex se desarticula en la superficie de madera de espaldas, se puso dos dedos en las aletas de la nariz refrenando el flujo sanguíneo que germinaba a la desbandada. Se estaba ahogando con su propia sangre. Tosió forzadamente, sacándoselo desde adentro. Sus labios y el espacio entre los incisivos estaban empapados de rojo. Con aspereza se pasó el dorso de la mano, limpiándose. Luego sonrió como si nada. Kim había recobrado su zapato y con él lo atacó. El tacón se incrustó en la cuenca ocular primero. El maldito esquivó el segundo por suerte. No obstante, recién empezaba esto. Raimundo prorrumpió vapuleando la puerta. Halló a Kim semidesnuda y a Jack desangrándose yuxtapuestos. Se volvieron para ver quien entró. Kim trató de sonreír aliviada, empero, apenas separó los labios. Unos puntos blancos aparecieron en los bordes delante de su vista. Jack puso mala cara. Al terminar de comprender lo que había pasado, la cólera lo cortó a través. Inflándole el pecho de una sensación poderosa. Estaba temblando.
—¡QUÍTALE TUS MANOS DE ENCIMA!
Raimundo se abalanzó sobre él, lo alzó por el cuello de la camisa, ancló los dedos alrededor de su cuello y lo estrelló contra la pared. Él dibujó una mueca de dolor ante el impacto. Sus pulgares oprimían su garganta. Lo compelió a mirarlo directo a los ojos azotando su cuerpo de nuevo. Por ello, a ciegas, Jack metió la mano en el bolsillo.
—¡Quiero ver si eres tan hombre para hacerme lo mismo que le hiciste a Kim! —masculló el novio entre dientes, su voz era distante y ronca. El ex ensanchó una sonrisita divertida en respuesta que de inmediato se borró en cuanto apretujó—. Dame una razón para no molerte a pedazos, puto... ¡ALÉJATE DE MI FAMILIA Y DE KIM!
—¿Crees que me asustas con esas palabras? —indagó con los ojos saltones, las escleróticas estaban inflamadas en rojo. Su boca se movió, pero no salió de ella ningún sonido.
Raimundo olfateó entonces el hedor de la carne chamuscada y soltó a Jack, en el puño tenía un yesquero y una lengua de fuego centellear frente ellos. Kim plantó las manos en los dos hombros de su novio, prestándole su apoyo. El rostro del joven ha perdido toda la sangre en las mejillas y se ha puesto blanco pálido, respiraba con dificultad y la habitación comenzó a darle vueltas. Son los síntomas de la ansiedad, empezando con el mareo.
—Un pajarito me susurró al oído que esto te daba miedo... de haberlo sabido anteriormente hubiera sido más fácil —sonrió sin apagar la flama, consecutivamente Jack subió la mirada dirigiéndose a ellos—. ¿Saben que me doy cuenta? Que ustedes son tal para cual, merecen estar juntos y como yo tengo un corazón muy generoso, los complaceré...
La cruda realidad golpeó el pecho de Kim y se fue ensartando poco a poco hasta procesarla toda. El anticuario, la gasolina, el yesquero. Desde un inicio, la verdadera intención de Jack era incinerarlos. Así, en plural. La pistola fue solo para despistar su atención y empujarlos a donde quería. La gasolina actúa como buen acelerante y todo el mundo sabe que la madera es altamente inflamable. Como si acabara de leer sus pensamientos, amplía todavía más una horrible y torcida sonrisa de oreja a oreja y arroja el yesquero a la gasolina. Ella se precipitó para alcanzarlo, pero desafortunadamente cayó en el charco. El fuego chisporrotea, chispas se esparcieron en una explosión de colores brillantes (entre azul, rojo, anaranjado, amarillo y violeta) y salpicó por todas partes: Las cortinas, el mobiliario y el suelo. En el medio de la conmoción Jack escapó echando cerrojo a la puerta, montó en la Pickup y se retiró rápido de allí.
Las ventanas estaban cerradas. La única salida para el humo era la abertura en el techo, que no era suficiente para emerger. Raimundo estaba paralizado del pánico, para él esto era una horrible pesadilla mientras que para Kim era una situación muy real y un asesino. El fuego se propagó vertiginosamente, las tablas de madera se hundían bajo los rescoldos y trepaban las paredes, recorriendo las vigas. Surgió entonces un vaporoso humo negro que se metió a sus ojos cegándolos. Caminando a trompicones llegó hasta al lado de Raimundo. Una mano lo afianzó del codo y la otra de su palma sudorosa. Tenía los párpados desorbitados. Parecía que su mente emigró a otro lugar, pues estaba en cuerpo, pero no contestaba a los estímulos como en un estado catatónico. Su pecho subía y bajaba abultando los pulmones de aire. Los hombros hundidos. Y la mandíbula apretaba. Nunca lo había visto de tal forma. Si ninguno deseaba morir asfixiados más le valía tomar aire por la boca.
—Raimundo... —gimió Kim, desesperada, enjuagándole el sudor de la frente y obligándolo a verla— ¡Raimundo, mi amor! ¡Tenemos que salir de aquí o si no el fuego acabará con los dos! ¡Vamos, vamos!... ¡No me abandones!
Ella no recogió su bolso, lo dejó justo donde mismo: En la camioneta de Jack. Y sería inútil cualquier propósito de apagar el fuego, ya que no era nada más una fuente de ignición. Kim haló a su novio pretendiendo llevarlo a la salida de emergencia. No logró que se moviera ni un centímetro. De cintura para abajo, la mitad del cuerpo que urgía que estuviera despierta, sus músculos estaban totalmente tensos. Fue cuando pudo comprobar que él era más fuerte que ella en todas sus maneras. Para sus adentros, siempre se lo temió. Quizá si hubiera sido más alta y de complexión más robusta esto no significaría un problema. Pero a pesar de las complicaciones, Kim insistió. Todavía tenían una larga lista de cumpleaños, navidades, días de enamorados y años nuevos que compartir juntos. Sumándole a eso los picnics, las cenas, las visitas a las playas, las veces que le faltaban hacer el amor como locos ¡y tantas cosas! Manteniendo ese pensamiento la chica sacó fuerzas de la nada, sobrepasando los límites, y lo atrajo. Finalmente sus pies se desplazaron de sitio. Emocionada y con energías renovadas llegaron a la puerta. Kim giró la perilla, sin embargo, estaba trabada.
—¡No abre, maldita sea! ¡Jack la cerró! ¡Vente, ayúdame a abrir la ventana!
Y cuando aseguras de que no se puede poner peor las circunstancias te prueban lo contrario. Raimundo colapsó. Como si plomo corriera por sus venas en vez de sangre, es incapaz de aguantar su peso, por lo que sus rodillas aflojan y tocan el suelo, rasguñándolo, siguiéndole el resto de él. Rebotó dos veces, posteriormente de quedar de lado. Kim llenó el anticuario con un aullido, se cubrió las manos un instante. De lance en lance ella se apresuró a darle la media vuelta y sujetarle la cabeza entre sus manos. Sus ojos se cerraban despacio.
—¡No, no, no, no! ¡Ahora no, ahora no! ¡No te me puedes ir ahora, te necesito! ¡Raimundo, te lo prohíbo! ¡No puedes dejarme sola! ¡No me abandones! ¡Raimundo regresa, por favor! ¡Raimundo! —chilló sacudiéndolo al borde de las lágrimas que llenan y enfrían sus mejillas rosadas, creyendo que así evitaría que perdiera la consciencia. Él se vuelve hacia su novia y sonríe con sequedad.
—¿Kim? —dijo inaudible.
—¡Sí, sí, sí, soy yo! —sollozó devolviéndole la sonrisa, asintiendo fervorosa— ¡Raimundo aquí estoy! ¡No me he ido porque te lo prometí, por lo tanto tú no me puedes dejar! ¿oíste? ¡¿OÍSTE?! —su voz se le quiebra en la última palabra.
Sus pupilas se dilatan concentrándose en ella, extiende el brazo tratando de acariciar su cara pero no puede alcanzarla; a lo que la joven escritora decide guiarlo hasta ella. La oscuridad fue cerniéndose sobre él; salvo que Raimundo ya no se resistió, permitiéndose tragar por la deriva. La habitación se transforma de lleno, acogiéndolo en un ambiente que le es familiar. No escuchaba el chasquido del fuego y era porque evidentemente no había tal. Sólo una luz mortecina de una bombilla colgando a medio encender. El humo y la fetidez chamuscada se evaporaron también, olía a otra cosa... un aroma muy dulce. Sobre la cama, estaba sentado de piernas cruzadas en compañía de Sagrario, su querida hermana. En medio de los regazos de ambos estaba un álbum de fotografías. Tenía en aquel tiempo diecisiete años, Sagrario aún no usaba silla de ruedas. A su memoria acuden otras pistas: Era verano (en pleno auge de las vacaciones), sus padres salieron a celebrar su aniversario de haberse comprometido, Liam se quedó a dormir con un amigo mientras que los hermanos más pequeños se fueron a un campamento. Disponían la casa para ellos solos, confiaban de cabo a rabo debido a que eran los mayores. Raimundo vino agotado por el entrenamiento, sin más quería extraerse el sudor y tumbarse dormido. No obstante, en cuanto percibió que Sagrario estaba añadiendo nuevas fotos se asomó a ver. De improviso se pusieron a revisar todas ellas. Sagrario y él se reían. Daban la impresión que se entretenían.
—¿Te acuerdas de esta vez? —inquirió cuando la punta de su dedo dio unos golpecitos una fotografía. Él vaciló recordándose, ella se echó a reír— en casa de la tía Matilde...
—¡Ah! Sí, sí me acuerdo ¿con la gelatina? Sí, lo sé. Muy gracioso pero mi favorito siempre será este —se remojó el dedo en saliva y ojeó las páginas. Había una foto en que aparecían más jóvenes, oscilaban entre ocho o nueve años delante de la jaula de los primates. Sagrario lloraba porque los monos tiraban de sus cabellos. Raimundo se ríe entre dientes.
—Ja, ja, muy divertido —carcajeó Sagrario sin alegría arrancándole el álbum y cerrándolo. A quemarropa, él inspiró con fuerza.
—Uhm, ¿qué es eso que huele tan divinamente?
—Un bocadillo nocturno: Pay de limón —explicó sin rendir muchos detalles—. Mamá me enseñó la receta el otro día y la estoy poniendo en práctica, ¿quieres un poco?
—Me encantaría, pero hoy no. Tengo muchísimo sueño. Refrigéralo y me das en la mañana —contestó él bostezando, por educación se cubrió la boca. El teléfono de la sala comenzó a repicar— Sagrario, ¿puedes...?
—¡Sí, sí, no hay problema! —lo interrumpe, irguiéndose y guardando el libro en uno de los estantes—. Yo atenderé.
—Gracias, eres un ángel.
Esperó a que saliera del dormitorio para cambiarse y ponerse una ropa más cómoda, se bajó los pantalones quedándose en bóxers, pateó la prenda debajo de la cama y luego, se sacó la camisa por arriba de la cabeza sustituyéndola por una remera sin mangas y más holgada, de color azul. Se echó bocabajo con un brazo guindando y apenas se arropó los pies. Durmió al instante. Todo indicaba que transcurriría una noche tranquila de no ser que por un ligero descuido que le costaría a los hermanos. Ella permaneció pegada al teléfono mucho más de la cuenta charlando, olvidándose de apagar la hornilla. Desdichadamente para cuando hizo memoria, era muy tarde. Al punto de que no podía rescatar nada. El sartén estalló lanzando una llamarada a lo alto. La cocina se prendió y a duras penas iba expandiéndose, ni siquiera estuvo mal que se desatendiera. El error estuvo cuando perdió el control a causa del miedo y quiso apagarlo con un paño, en lugar de solucionarlo empeoró. Las llamas lamían voraces abatiendo todo a su paso y allanando el resto de la casa. Entregada al desasosiego, Sagrario golpeó la puerta y sacudió el hombro de su hermano, despertándolo.
—¡Raimundo, despierta! ¡Despierta! —jadeaba—. ¡Despierta! ¡Por favor, la cagué! ¡Olvidé que tenía la estufa encendida y se me escapó de las manos, debes ayudarme! ¡Por favor!
—¿Eh? ¿qué pasa? —indagó somnoliento, hablando como si le diera pereza hacerlo.
Sagrario lo jaló fuera de la cama. Raimundo abrió muchísimo los ojos al contemplar por sí mismo la hoguera crecer y mutándose en un monstruo. No existía nada que pudieran hacer, excepto pedir socorro. Pero primero debían salir. La cocina estaba conectada al pasillo de la entrada, lo que quiere insinuar que debían escapar por la de atrás o en contraste se llevarían una chamuscada. Él la aprisionó casi cargándola en el aire, galopando hacia la puerta. Ella se escapó de su agarre deteniéndose. De ningún modo, en absoluto, podía irse sin su álbum. Ahí almacenaba sus preciados tesoros familiares ¿o cómo podría recordarse de un momento determinado cuando quisiera? ¡No podría, no podría renunciarlos! Formaban parte esencial de la chica. Sagrario se devolvió al cuarto de su hermano. Raimundo intentó frenarla, pero estaba lejos. Vació los anaqueles en su busca, suspiró cuando lo encontró. Emprendiendo la carrera de retorno, ya las lumbres abrasaban al armario de su madre. Cada repisa contenía una hilera de figuritas de cristal. Y ocurrió la tragedia. El closet bamboleó peligrosamente y cuando quiso advertirle, se había caído, sepultando sus piernas. La adrenalina lo fortaleció. Él corrió a su lado desmedido. Con una fuerza sobrehumana alzó la cómoda. Los trozos de vidrio se fragmentaban. Las extremidades inferiores de Sagrario retorcidas en ángulos raros que no tenían relación con la flexibilidad, la piel estaba ardiendo al rojo vivo y atestada de ampollas y cortadas que supuran sangre. La lluvia de chispas, el humo negro acechando que picaba los ojos, el siseo de un muro de fuego y los bramidos de Sagrario. Los dos conocían el significado de eso: Ella no iba a caminar ni ahora ni después. No, él no la pudo rescatar. Fracasó.
—¡Raimundo! ¡Raimundo! ¡NO TE QUEDES ALLÍ! ¡REACCIONA! ¡RAIMUNDO!
La voz pertenecía a una mujer, sin embargo, no era la de su hermana. Aunque la reconoció. Era la de Kim. Raimundo abrió los ojos por completo. Devolviéndole el aliento de la vida. Se enderezó, medio levantándose. No estaba en su hogar, tampoco en el anticuario si no en una habitación de paredes azules iluminada por una luz blanca que irritaba su vista, tendido en una cama dura y desnivelada con sábanas tibias, alrededor de sus muñecas se enroscaban unos tubos translúcidos. Sintió un leve pinchazo en el antebrazo. Al volverse descubrió por qué: Una aguja enclavada. El sol se infiltraba a través de los intervalos entreabiertos de las persianas colocadas a la derecha. Había dos puertas, una de las cuales conducía al baño. La madre de Raimundo brincó exaltada desde el sillón reclinable a sus brazos, lo agarró por la cabeza y besó su rostro incontables veces muy contenta. Con mayor relajo, su padre se paró a su lado. Raimundo seguía desorientado miraba de aquí para allá.
—¡Oh hijo, por fin despertaste! ¡Qué bueno, estábamos tan preocupados por ti!
—Linda, sé que este es un momento bastante emotivo para todos, pero lo estás asfixiando... —terció su padre. La señora se apartó, temblándole las manos sacó una servilletita y limpió la marca del labial de sus mejillas.
—¡Lo siento, lo siento! Yo no quería... ¡perdóname!
—Mamá, papá, ¿qué pasó? —sus palabras fluían solamente como si aguardó mucho tiempo pensándolas—. ¡¿Dónde está Kim?! ¡¿Está bien?! ¡Díganme si lo está, por favor!
—Está bien, está bien, mi corazón. De hecho, los dos están fuera de peligro. ¡Uf, estaba tan asustada! Cuando llamaron a notificarnos que hubo un incendio en el anticuario...
—Julie cariño, él no recuerda. Se desmayó tras el ataque —interrumpió su padre midiendo cauteloso lo que iba a decir a continuación sin aumentar el volumen de su voz.
—Sí me recuerdo... —le replicó Raimundo rápido— y también un par de cosas adicionales, lo único que no sé es que pasó después y como llegué "aquí".
—Bueno tesoro —empezó su madre bajando de incógnito la mirada, oteando sus zapatos— sucedió todo muy deprisa. Al minuto que perdiste el conocimiento, por supuesto Kimiko se aterró, intentó reanimarte y como no lo hiciste, te llevó hasta una ventana empujándote a ti afuera primero y luego ella. Alguien escuchó un disparo y llamó a la policía, pero en cuanto vieron el humo y las llamas salir del anticuario; auxiliaron los bomberos y los paramédicos, los pusieron en unas camillas y trasladaron al hospital en donde nos contactaron. Estuviste inconsciente varias horas, casi un día, pero el doctor confirmó que estabas a salvo y que lo peor había pasado. Lo malo es que durarás unos días más en supervisión solo por si acaso... déjame decirte que a tu padre y a mí nos sorprendió es a qué fuiste hacer allí. Tú eres muy responsable y de haber ido allí, estoy segura que lo habrías avisado.
—Fue cuando Kimiko nos lo aclaró —prosiguió su padre— el asunto con su ex. La policía en la actualidad está buscando a ese bellaco para detenerlo, ahora es una cuestión de que lo ubiquen; el recibo de compra de la gasolina, la copia de las llaves que sacó del anticuario y el informe médico es más que bastante para comprobar que fue el ejecutor y lo encierren.
—¿Kim habló con ustedes? ¡¿Cómo se encuentra?! —insistió Raimundo
—Está en la habitación contigua y recuperada, si no mal recuerdo esta tarde le van a dar de alta. No te preocupes, cielo. Fueron unas leves contusiones, ninguno estuvo mucho tiempo cerca del fuego para una lesión seria. Huyeron oportunamente.
Raimundo se derrumbó a rienda suelta en lo acolchonado, libertando una especie de gemido y suspiro. Se tapó la cara con ambas manos frisándose con brusquedad y posterior a eso, las dejó caer a los lados. Aliviado. Kim estaba bien y lo había salvado... a él, a su vida. Tuvo el chance de pirárselas y no lo hizo porque no quería largarse sin él. Pese a que la abandonó si bien no fue por su propia voluntad.
—Gracias a Dios —fue lo que pudo decir.
—Ah, cielo —la Sra. Pedrosa se rascó detrás de la oreja, nerviosa. Intercambió miradas con su esposo sigilosas—. Sagrario nos dijo algo esta tarde que nos gustaría hablar contigo...
Sus padres le contaron con pelos y señales que se habían enterado todo acerca de Hannibal. El engaño que utilizó para alejarlo, extorsionarlo y obtener dinero en sus apuestas, así como de igual forma admitieron que los manipuló induciéndoles que era mejor por su provecho si no le decían la verdad. Al principio cuando ella se los indicó le costó creerle ya que era su amigo por tantos años y la confianza era muy íntima, sin embargo, era injusto poner delante de su hija la palabra de un ajeno a la familia. Sagrario jamás les dio razones para mentir y lo que expuso, aun de su índole tan delicada, era ampuloso para haberlo inventado y porque además ¿qué intenciones tendría para acusarlo de una atrocidad de tal magnitud? Raimundo penetró que su hermana no pudo llegar a esa conclusión sin ayuda, esto tenía el nombre de Kim. Ignoraba si ella la mencionó o la obvió al referirse a sus padres, mas nada borraría esa idea en su cabeza; ellos estaban consternados y un poco lastimados de que su hijo no les hubiera dicho nada antes.
—¿Es que no te repetimos lo suficiente que te queremos para que no confíes en nosotros?
—Basta de eso, mamá. Claro que no, es que tuve miedo ¿sí? Hannibal me demostró que era un sujeto peligro, temí que los usara como cebo para presionarme. Yo los quería proteger y cuando me fui, sentí que estarían mejor y que no tenía caso decirles, cometí un error. Fui un idiota.
—Tú no eres un idiota, Raimundo. Todos caímos en la artimaña de Hannibal... —la oración quedó suspendida, la mujer se ahogó entre las palabras. De inmediato, se llevó la mano a la nariz sorbiéndose los mocos.
—Lo que tu madre quiere decir es que somos una familia y que no podemos estar unidos si no hay confianza entera entre todos. Hicimos mal ocultártelo, pensamos que te hacía bien. Hijo, ¿podrás disculparnos?
—¿De qué? Son los mejores padres del mundo o que yo conozca, jamás estaría enojado con ustedes. Entiendo por qué actuaron así, a lo mejor en el caso contrario yo haría lo mismo.
Sus padres concertaron que en seguida de que le dieran el consenso de salir, lo platicarían. Ora bien debía reposar, el doctor le recomendó que no debía recibir ningún tipo de emoción fuerte. Raimundo no quiso decirles que había recuperado en parte la memoria, todavía tenía unas dudas concernientes. No obstante, le sobraba el tiempo para aclararlas. Compartieron unos ratos más juntos, parloteando de las triquiñuelas de Hannibal de cuándo lo sumergió a su "juego" desde que era adolescente hasta que se rebeló y sus hermanos, estaban aliviados de que no ocurrió nada grave y ansiaban visitarlo, empero se los impidieron. Permitiéndoles a ellos a secas, por el exclusivo suceso de ser los padres. Al oír unos pasos aproximarse se marcharon antes que los amonestaran. En pos de que la enfermera entró a inspeccionar los tubos, los goteros y al propio paciente. Se despojó de cualquier aparato extraño y asentó los pies en las frías baldosas. Lo ataviaba sólo una bata fina. No le importaba en lo más remoto a decir verdad. Fue a la habitación de adjunto en la cual descansaba Kim. Y abrió la puerta. Fijó la vista en el aludido, una sonrisa amplia compareció en el acto alumbrando los luceros de sus ojos azules. Su corazón se aceleró de cruzarse sus miradas pues estaba feliz. Este era el único fuego que necesitaba en su vida. El hombre caminó.
—¡Raimundo, despertaste! —hizo una pausa, exclamó con ansiedad constriñendo la cara—. ¡Pero oh Dios, no puedes estar aquí! ¡El doctor dijo que...!
—El doctor dijo que debía permanecer en reposo, pero no dijo que no podía asegurarme de la salud física de mi novia —sonríe él, sentándose con ella—. Aparte eres el único remedio que puede aliviar esta tensión que me vino de repente y necesita ser tratada con respiración boca a boca —le metió la mano en el pelo recogiéndoselo, la atrajo a su boca y suavemente la besó. Kim le puso una mano en su pecho y se lo devolvió, al separarse sueltan un suspiro de placer—. Excelente tratamiento... me parece que la cama puede sobrevivir sin mí —ella se echó a reír. Posterior a eso, puso una mano sobre la suya.
—¿Hace cuánto despertaste?
—Cerca de dos horas y media más o menos, mis padres me describieron que pasó mientras me desmayé. Estoy tan disgustado y avergonzado conmigo mismo, de seguro te asusté. Yo ahí desfallecido y todo ardiendo. No estuvo bien, te dejé sola —dijo en un hilo de voz. Ella se inclinó rastreando sus ojos, como no los halló alzó su barbilla.
—Raimundo, viniste a rescatarme de Jack. No lo olvides. Sentí que al fin pude compensarte todo lo que hiciste por mí en cierta manera. Tú me has demostrado a montones lo que estás dispuesto hacer en mí causa, este era mi turno —consoló desgañida—. Tampoco fue culpa tuya, puesto que no querías perder el sentido ¿o sí? Era algo que no podías controlar.
—Si lo ves desde ese punto tienes razón —asintió en alusión al último fragmento, entonces peló los ojos y la presionó del hombro—: lo que me lleva a... ¡Kim, ya volvió mi memoria!
—¡¿Sí?! ¡¿Cómo, cuándo, dónde?! ¡Debes contarme! —sonrió la chica entusiasmada.
Raimundo le recitó a partir de cuándo que perdió la consciencia. Lo que fue de ese extraño sueño. Su ansiedad producto al fuego y el accidente de Sagrario en realidad estaban ligados estrechamente. Era justo aquello que no podía evocar. Las piezas se alineaban al dedillo: La razón por la cual su mente no quería recordarse, el secretismo y el misterio que envolvía el incidente de su hermana, su miedo. Solventó, según su sospecha, que al acondicionarse las mismas circunstancias de hace unos cuatro años (la infraestructura deflagrándose y la vida de alguien que anhelaba proteger en riesgo) fustigó una regresión en el tiempo a causa de la impresión. En concreto, Jack "les ayudó" por ventura.
—... Reflexiono que si Jack no hubiera armado ese parapente, tal veza nunca me acordaría. ¿Crees que debería agradecerle la próxima vez que lo vea?
—No lo sé, está desaparecido y a estas alturas es probable que haya emigrado a otro país.
—Tienes razón —afirmó—. Mejor te daré las gracias a ti, no sé qué sería de mí si no fuera por tu intervención...
—Bueno, hay quienes dicen que detrás de un gran hombre está una mujer —rió—. ¿Crees que ya no le tengas miedo al fuego después de recobrar la memoria?
—No lo creo, estas cosas requieren llevarse su tiempo. Por lo menos di un paso importante hoy.
Y se quedó departiéndole que sus padres desenmascararon la verdad sobre Hannibal debido a la pequeña plática entre Sagrario y ella. ¡Un peso menos! Por otro extremo, entre tanto en la ciudad Omi había pasado estos tres días dando tumbos pensando cuánto tardará su niñera en reaparecer. No lo expresaba a banderas desplegadas, pero Dashi se daba cuenta que Omi estaba muy inquieto, por lo que era fácil deducir, relacionando los hechos, que se trataba de Kim. En consecuencia, le sugirió con sutileza que la llamara en la hora del desayuno. Tanto ella como el pequeño tenían celulares. Omi fingió que lo haría más tarde, mas culminado la comida se encerró en su dormitorio y se comunicó con ella de inmediato. De esta manera la noticia; de que Jack estuvo allí, les tendió una trampa e incineró un edificio con Raimundo y ella adentro, vuela. El interpelado se indignó muchísimo, como cabría de suponerse. Tras desearle una pronta recuperación se despidieron en un mutuo acuerdo, corrió a relatárselo a su padre.
—¡Qué barbaridad! —comentó él—. Bueno, de nuestra parte estará esperar que la situación mejore. Los malos tiempos no duran para toda la eternidad. Óyeme, óyeme ¡¿a dónde vas tú con esos inciensos?! —inquirió Dashi cuando sacó varios de una cajita prismática y se puso a contarlas en su palma.
—Voy al templo a meditar. Me siento inútil aquí con todo lo que acarició.
—Se dice acaeció, Omi —corrigió. A reglón seguido, pobló su frente con arrugas— ¡y más te vale que sea así, no necesitas inmiscuirte en un nuevo problema!
—¡¿Yo?! ¡¿Buscando problemas?! ¡En absoluto, ellos son los que me aciertan! Tenme algo de seguridad, papá —mofó rodando los ojos.
El Sr. Young soltó un bufido suspicaz. No mal juzguen al niño, en serio quería ir a meditar. El complejo del templo estaba conformado por tres edificios, uno integrado en tres pisos y los otros eran salones cuyas funciones variaban, a más de una torre. Todas tienen acceso a través de un conjunto de puertas custodiadas por una pareja de grandes estatuas guardianas. Las columnas altas y gruesas de madera soportaban la construcción ancladas encima de una enorme piedra; asimismo las paredes, pisos y la estructura de la cubierta entre corchetes. El techo proseguía con el concepto básico de tejas pendientes y de un color azul. A no ser que fuera acompañado de su abuelo o su padre, casi nunca asistía allá y menos solo. Los monjes lo trataron muy amablemente a raíz de verlo sin molestarlo con preguntas. Omi ya los había visto en ocasiones precedentes, por ende los saludó. A la postre se dirigió al altar. En varios niveles estaban colocados en orden un texto, una efigie del Buda Shakyumuni y una stupa en el fragmento más abajo. Encendió uno de los inciensos que traía, se dejó caer sentado de piernas cruzadas, cerró los ojos para concentrarse, entrelazó los dedos y comenzó a meditar. Todo circuló tranquilo a inicios, empero su mente se desviaba por otro camino: En Jack, en Kim, en el hospital.
¿Cómo es posible que no lo hayan atrapado? Estaba convencido que no se entrometería otra vez y había recibido su lección al ponerlo en evidencia, sólo que cuando lo vio en el parque comprendió que urdía un plan maligno. Omi se puso de pie. Sí existía una cosa que pudiera hacer y no lo conseguiría sentado. Salvo que primero arreglaría unas llamadas telefónicas. En fin, su padre no lo obligó a prometerle abstenerse de líos ¿verdad? Volvió a congregar a sus amigos, Megan y Boris. El punto de reunión fue en el parque a las dos. De modo que se habrían alimentado y sus padres no los azoraría. Él se fue al grano, les gratificó por haberlo atendido como una introducción y les contó hasta donde conocía de lo que ocurrió y qué era lo que pretendía, al mismo tiempo les previno que esta misión sería el doble de peligrosa y arriesgada. No se relacionaba con reconciliar a dos enamorados ni sacar los trapitos al sol. Era un plan dividido en dos tramos, una fácil la cual era detectar y una difícil que consistía en retrasar un sucio criminal mientras venía la policía, un villano que se ha hecho cada vez más irascible. Por ende si los cuatro aceptaban colaborar debían asumir su responsabilidad. Aun si Megan se negaba intervenir iba a serle de utilidad saber en qué hoteles se hospedaba Jack. La niña orientó a la pandilla a uno. Tanto su lado de la familia y el suyo reservaban en los mismos lugares. Era lógico si concurrían a ellos ¡y qué suerte! En la primera parada allí estaba. Su nombre era: Ave del paraíso.
Era un poco lejos por lo que cogieron un autobús. La siguieron a la entrada aprovechándose que el recepcionista escuchaba a una clienta, se escabulleron atrás llegando a la piscina, que debía el honor de cómo fue bautizado la posada. Nadie reparó la presencia de los pequeños polizones y de hacerlo, opinaron que eran hijos de unos comensales. Ocultos en un arbusto. Boris sacó sus binoculares, prestados de su padre, y escudriñó con la mirada las ventanas.
—Dinos, ¿ves al primo loco de Megan?
—Eh... ¡sí! Ahí lo veo, tercer piso a la derecha —exclamó. Omi se volvió a sus pares.
—Bien compañeros, decidan que van hacer.
—Digo que sí, por una buena broma yo entro —votó Jermaine encogiéndose de hombros.
—Por meterse con Kim y formar parte de una buena broma, también —le siguió Tiny—. El precio no me es relevante.
—¡Esta vez ha traspasado el límite de lo aceptable! Yo me sumo —sentenció Megan.
—Estoy con Megan —se solidarizó Boris, controlando mayor su efusividad que los otros.
En aquel momento, los niños se agacharon cuando franqueó delante de ellos un mesonero, quien transportaba un carrito de comida. Dándole a Omi una excelente idea. Al unísono que Boris le informaba a la policía, Jermaine y Tiny se infiltraron en la cocina a adquirir uno de los carritos. Ídem Omi y Megan enrollaron una sábana que descubrieron en el departamento para uso del personal autorizado. Hasta hoy Jack logró escurrirse muy bien de las manos de la policía porque se mudaba de localidad cada día. Siempre manteniéndose en movimiento. Tenía las maletas hechas para viajar al exterior. Por fin le entregaron los boletos. No estaba definido con exactitud cuándo retornaría, pero se ausentaría una larga temporada. Acabó de marcar al número del aeropuerto —un avión público. La policía registraría los privados—. A punto de salir alguien tocó su puerta: Servicio a la habitación. Vulgarmente obstinado, él abrió asomándose. Cometió el error de no fijarse que Tiny y Megan tiraban de los extremos de la sábana debajo de sus pies. Jack chocó arredro de esa zancadilla, tumbándose bocabajo y golpeándose duro el rostro en el metal frío del carrito. Entre los dos empujaron al hombre en dirección a las escaleras. El ex se agarró de los asideros levantando la cabeza; su cuerpo, sus huesos, sus músculos, sus fibras fustigaban violentamente mientras los peldaños surgían debajo y descendía a la velocidad de una bala en picada. El carrito rebotaba desbocado. El viento estaba tan frío que detiene su grito, metiéndoselos en su interior.
El viaje no culminó en los escalones como deseó que fuera, se dirigía a la piscina. La puerta estaba abierta. No preexistía manera de fugarse. La gente se quitaba de en medio gritando despavoridas y lanzando sus cosas. Las ruedas tropezaron, halando el carrito hacia el frente. Salió despedido en una cabriola mortal, conllevando a una zambullida forzosa en la piscina. Jack no murió ahogó, por fortuna o desdicha para ciertos lectores, sabía nadar. Subió arriba y escupió un chorro de agua mezclada con cloro ¡puaj! Llenó sus pulmones de aire limpio chupando y chupando, después limpió su lengua con la manga de la americana. Un flequillo mojado le cubrió el rostro. Alargó el brazo aferrándose de las escaleritas y escarpó. Pesaba diez veces más de cómo entró por culpa del agua. Omi sabía que eso haría y lo aguardó, sus manos estabas atrás ¿qué tramará? ¿Tú lo sabes?
—¡TÚ! Hijo de perra, ¡¿por qué no me sorprende?! —vociferó lastrando la rabia.
—Te equivocaste, Jack, al imaginar que tenías oportunidad de vencer al Dragón Xiaolin del Agua... ¡prepárate para tu humillante derrota! ¡AGUA!
Jermaine giró tres veces el grifo a la señal. Omi apuntó la boca de la manguera a la cara del antagonista de nuestra historia. Una potente corriente de agua espumosa y verde, con pinta de ser alcantarillada, arrasó con Jack quien se encoge y levanta los brazos protegiéndose, en su lugar se resbaló y se hundió en el fondo de la piscina. Tiny y Megan lo observan desde el balcón en la suite que antes era de Jack. La patrulla no se demora más y persigue a Boris, él los lleva a donde estaba Jack. Guan tiene las esposas en las manos.
—¿Jack Spicer? —indagó formal. Por segunda vez, Jack nadó a lo alto. Incluso él mismo se sorprende, jamás creyó que estaría tan feliz de verlos.
—¡Sí, sí, ya sé, ya sé! —gruñó encaramándose al borde pedregoso e impulsándose a salir—. Llévenme a una celda, a la tierra de Narnia, a Howgarts, a Forks, al Campamento Mestizo, al país de Nunca Jamás o donde prefieran, ¡volando si es posible! ¡Sólo confínenme LEJOS de este mocoso! —gimió él exacerbado y acusando a Omi con el dedo, el Guerrero Shaolin casi se lo arranca de una mordida.
—¡Vaya! Qué bueno que amaneciste cooperativo, porque hay una celda calentita para ti —dijo sarcástico Guan.
—¡¿QUÉ DEMONIOS CREES QUE HACES?! —chilló Jack rechazando las esposas— si tú me pones esas esposas te lavas tus asquerosas manos. Iré a la cárcel por mi voluntad, tus gorilas si quieren se me ponen de lado y lado, ¡no adelante ni atrás! ¡¿Entendiste, so bruto?!
Intentó peinarse y se acicaló. Le envió una mirada amenazante a Omi, quizás un ultimátum. Y fue escoltado por la policía a vista de todos. Guan iba en la retaguardia supervisándolos.
Ése fue el fin del maquiavélico Jack Spicer.
N/A: ¡Penúltimo capítulo de Quiero ser escritora! Qué emoción, el siguiente es el final. ¿Pueden creer que casi cumplimos un año? Como pasan los meses tan rápido, ¡noooo! Yo no quiero que terminemos este mes. Les recuerdo que no solo estaré trabajando en la secuela de este fic si no en un proyecto personal. Da igual, se los voy a repetir en esa historia para los viejos y nuevos. Saben, me van a leer feo si digo esto o tal vez se rían de mí, pero estaba viendo hace poquito El rey león 2 y encontré unas vagas semejanzas entre aquella trama y lo que iba a ser la nueva historia, Las dos caras del destino: Un hombre y una mujer se conocen cuando son unos adorables niños y se reencuentran al ser jóvenes adultos, él crece con unas ideas locas y negativas inculcadas y ella es una rebelde sin causa. Si se cultiva el amor o no, lo verán ustedes. Jajaja, lo lamento es que amo esa trilogía. El león es mi animal favorito ¡tengo un peluche! y por si fuera poco, mi nombre significa Leona de Dios. ¡Ah! Y hubo un test que realicé, estaba aburrida, me salió como resultado que anteriormente reencarné en una leona. Lo sé, lo sé, me persiguen los leones. Y así es como se desperdicia unas notas de autor hablando puras incoherencias.
¡Uf, tantas cosas qué hacer! No me quiero ni imaginar cuando comience el semestre. Muy posiblemente mis personajes y yo desaparezcamos un buen tiempo hasta nuevo aviso. Vamos a desglosar lo que fue escribir este capítulo para mí. Debido a que tomé la idea del "Jack acosador", quería introducir una escena en que tratara sobrepasarse con Kim. Una lucha, él desea cogerla por la fuerza y ella se resiste, lo digo en el vulgar sentido de la palabra pues que la violación es una abominación y es obligatorio que lo represente así. Hay autores que lo romantizan, una cosa espantosa porque ni sabe de qué hablan. Entonces esos besos, esos abrazos, ese momento no es apasionado ni dulce. Es violencia. Ustedes se pueden fijar y comparar entre este capítulo y el anterior en el que estaba con Raimundo. Verán que son muy diferentes. Al principio pensaba hacer dos luchas, una en el capítulo 42 y otra cuando van al pueblo. Pero después me puse a reflexionar y decidí usar una, además que no supe cómo poner a Jack y a Kim en una misma habitación y lo sustituí por esa escena en que Jack la llama por celular cuando conversa con Omi en la heladería. Seguía sin saber cómo hacer qué suscitara.
El fuego iba sí o sí. Estaba pautada yéndonos al final, nada muy trágico como siempre se representa en las telenovelas, empero era imprescindible que mis dos protagonistas estuvieran ahí. Cómo abordarlo, también fue otro rollo. Inicialmente pensé que todo transcurriría como un accidente. El fuego se sitúa con Kim. Raimundo llega y supera su miedo por salvarla. La idea fue descartada porque él sufre de ansiedad a su efecto y causa, no puedo meter esa coba tan grande. Entonces lo cambié. El incendio comienza con Raimundo y Kimiko se va a rescatarlo. Me gustó más, pero todavía no sabía cómo emprender el fuego decidí que era mejor que alguien lo provocara y seleccioné a Jack —Omi no haría algo tan cruel—. Estuve barajando de qué manera podía lograr que se encontraran, en el boceto original era que Raimundo salía a buscar problemas y en medio de la lucha. Jack lo hacía empujado por el impulso. Sin embargo, Raimundo lo marcaba como un tonto. Que Raimundo fuera a buscar a Kim, raptada por Jack para forzarla mataba a cuatro pájaros de un tiro: La pelea entre Kim y Jack, el siniestro, la excusa para meter a Jack en la cárcel y Raimundo recuperaba su memoria. El fuego era para eso en el fondo: Ayudar a Rai.
No quería detenerme en muchos problemas entre Raimundo y sus padres, los Pedrosa son buenas personas de altos valores morales y comprensivos. Quise que fuera fluido la discusión, en otra novela hubiera demorado seis capítulos más. Sentía que no podía irme sin que resolvieran sus cuestiones, por eso ellos se encargaron de resumirnos lo que pasó y tener esa plática. Anteriormente era Kim, si bien me pareció más "cuchi" que él se quitara todo los equipos médicos para ir a verla. Soy de las que opinan que para un buen romance necesitan mezclar ternura y pasión, los extremos son siempre malos y la relación no se torna monótona y varía. Puede ser él que aporte la pasión y ella la ternura como en este caso, si bien lo genial sería que intercambiaran roles ¿por qué no?
Me encantó que Kim fuera la que rescatara a Raimundo. Dos razones: El hombre no puede cargar con todas las escenas románticas y las mujeres podemos también salvar a nuestras parejas. Quise revivir el accidente de Sagrario en vez de aburrirlos con la policía, los paramédicos y los bomberos venían. De antemano, hago una mención especial a , mi amiga, quien me ayudó a desarrollar este misterio. Esclareciendo el enigma de Raimundo y se explicaba el accidente. Pues que afirmaba que así no sucedieron las cosas. ¿Cómo darle a Jack el final adecuado? La cárcel fue siempre su desenlace, de eso no tuve dudas ni antes ni ahora.
No me parecía bien que Kim nos lo contara y tampoco es que la patrulla lo iba a esperar afuera, había tenido una lucha. No le impondría otra para que fuera de cebo. Por lo que supe que debía redactarlo a través desde el punto de vista de tercera persona. Y tenía esas ganas reprimidas de que Omi rociara a Jack con la manguera, reiterándole que es el Dragón Xiaolin del Agua. Soñé que Jack lo capturaran en una piscina. No me pregunten por qué. La idea me pareció original y cuadré para que fuera en algún lugar con piscina. Honestamente no me acordaba si en su casa le puse una piscina, pero nos quedamos con el hotel.
Los niños atrapando al malo fue tan gracioso. Y debo confesarles que tenía un poco de miedo porque no quería repetir la persecución policíaca al aeropuerto como hice en el fic de Hurricane, que aparte estaba muy cliché. El capítulo me salió muy largo porque quería cerrar con Jack. Y mejor así, necesitaba que Omi fuera el que detuviera a Jack para mi secuela. El capítulo final considero que debe terminarlo Kim. A causa de que con ella empezamos a leer esta historia y nadie más que ella debe escribir ese punto y final. Jack me parece un antagonista genial. Pese de todo, reconoció que lo derrotaron y dejó que lo llevaran —a cualquier lado lejos de Omi XD— sin perder el glamur. Su altivez no se vio afectada a ningún modo. Díganme si estoy mal pero sentí que repetía muchas cosas en este capítulo. Estructuras gramaticales, oraciones, verbo... Aunque nunca va a modificarse: Sujeto, verbo y predicado. A lo mejor lo hacía antes y ahora es que le presto atención.
Bueno, bueno, hemos llegado al final de nuestras notas de autor hoy. Escríbanme a través de sus comentarios qué tal les pareció este capítulo y que esperan ver en el final —que no es de extrañar si se los dedico a todos ustedes preciosuras—, estarán colaborando conmigo. De una vez agradezco su apoyo malvaviscos asados. Me pone muy feliz leer sus mensajes y que disfruten de la novela. Me animan de veras. No tengan miedo, saben que les contesto. Nos vemos en el epílogo de Quiero ser escritora, capítulo 47: Seamos felices ahora y para siempre. ¡Tengan un excelente comienzo de semana! ¡Se les quiere y se les respeta! ¡Cuídense!
Mensaje para Isabel: ¡Saludos malvavisca asada! ¡Yei, comentario largo! Sí, también ese capítulo ha sido uno de mis favoritos. Aunque éste no se queda atrás. Bueno, Jack podrá ser una mierda, pero antes de molestar a Kim con sus mensajitos (y descubrir que la espiaba) no estaba actuando ilegalmente. A lo mejor si lo hubiera denunciado antes, estaría preso. Está muy bien de tu parte. No obstante, eso me acortaba la trama y yo quería acción, jajajaja No lo había visto con esa metáfora de La Bella Durmiente, aunque tienes razón. Esa fue la intención y la dije en las notas del autor. Una historia no puede despedirse sin antes la confrontación héroe vs. villano. Temía que se pareciera un poco a Hurricane, en honor a la verdad. Pues pasó todo lo que querías si nos ponemos a ver, Raimundo enfrentó a Jack, salvo que no hubo muchos golpes pues que sabemos tanto en la serie como aquí hubiera ganado Raimundo. Jack hizo trampa sacando el yesquero. Y Guan ya tuvo el placer de llevarlo a la penitenciaría gracias a Omi lindo. Eso es lo que trato en cada capítulo linda, tú misma lo has dicho: Algo tiene que sobresalir por encima de todo. Es la clave para el éxito (y motivar al lector). Sí, soy muy comprometida con mi trabajo. Como dije: No soy de las que escriben cualquier mamarrachada y la suben. Me esmero hasta en los detalles inofensivos. Como dicen escriben para los demás como que te gustaría leer si fueras lectora. Mi nuevo eslogan.
"Te hago una pregunta sé que en Hurricane Kimiko y Raimundo se quedan juntos; pero ¿nunca pensaste en darle al fic un final tipo el de 50 Sombras de Grey? ¿O sino cual sería?"
Pues como dije antes y lo vuelvo a repetir. Tiendo a los finales felices. Historias con un mensaje reflexivo a los lectores que los deje pensando. No sé qué escribió E. L James en 50 Sombras, pero francamente lo dejaría así. Soy una fiel admiradora del Raikim, y desde el primer momento determiné que se quedarían juntos. Si Raimundo hubiera seguido siendo lo que era a comienzos de la historia: un macho vernáculo sádico y un tremendo sinvergonzón, de ningún modo le permitiría que se hiciera novio de Kim. La habría puesto a ella con que conociera un chico lindo al final (dándose a entender que sería su novio en el futuro) y él solo. Sin embargo, como yo amo al Raikim decidí que él tomara un cambio de actitud para consolidad esa idea que tuve. Creo que fue más por motivos personales que literarios a decir verdad. Ojalá que haya disipado todas tus dudas. Bueno, habiendo dicho esto te agradezco por tu mensaje y tu comentario, vuestra opinión me interesa mucho y estaré aguardando con ansias tu opinión acerca de este capítulo que aspiro haya sido de tu agrado. ¡Nos leemos en la semana que viene en el gran final! ¡Cuídate y goza de una grandiosa semana, Isabel! ¡Estamos en contacto!
