Para los pocos fans (creo) de esta hermosa historia, les traigo el vigesimoséptimo capitulo de ¡Navaja de Recuerdos! Que por lo visto muchos mortales han dejado en el olvido, aunque no los culpo, ¡culpo a este maldito computador por dañarse! En fin, para mis adorados (mortales) fans dejo de parlotear tanto y les traigo:

Nacimos en este mundo ¿Y para que vivimos? Si es el destino lo aceptare. Sin importar el mañana que venga. –Tatto, 12012

Esperanza.

Sí el tenía esperanza. Esperanza de morir.

Damian lo supo en cuanto vio como Starfire caía, con el abdomen atravesado por la espada de su primo. Vio con horror como Jack retiraba la espada y la princesa se desplomaba en la tierra, con la sangre oscura y viscosa manándole a borbotones de la herida abierta. Sólo fue consciente del grito herido de Robín mientras corría a atender a su novia, antes de que la rabia reclamara el completo control de si mismo.

-Miserable –murmuró entre dientes, apretando los puños con su cuerpo temblando de coraje. Aunque solo fuera un murmuro, bastó para llamar la atención de Jack.

-¿Uh? Ah, eres tú –dijo Jack desenfadadamente -¿Ocurre algo, Damian?

-Eres un miserable bastardo y ahora mismo juro ante el cielo que no descansaré hasta verte muerto.

-Aww, ¿te has puesto sentimental sólo por que mate a la chica? No te entiendo, al fin y al cabo ¿Qué era ella para ti?

-Desgraciado…. ¡Ella era mi amiga!

Y en un Kid Flash el arquero se abalanzó sobre el mayor, tumbándolo en el suelo, se sentó a horcajadas sobre él y comenzó a golpearlo con todo el odio que un ser humano era capaz de albergar. Hizo caso omiso a los reclamos de sus compañeros, a pesar de que la sangre le restallaba en los oídos debido al barullo de su alrededor. "¡Todd detente, lo mataras!, era lo único que los Titanes repetían sin parar. Sí, él sabía que lo mataría, sabía que un héroe no mataba… y no le importaba. No le importaba si lo mandaban a la cárcel, si Bruce o los Jóvenes Titanes ya no querían saber nada de él, tan sólo anhelaba matar.

Todd descargó un último golpe en el rostro de Jack, que estaba empapado en sangre, antes de caer sobre sus rodillas vaciado de energía. Jadeó incesantemente, hundiendo los nudillos ensangrentados en la tierra, sintió como la saliva bajaba por su barbilla e inhaló profundamente, recuperando fuerzas. No se quitó encima, sino que se arrodilló sobre él haciendo un vano intento de pararse y no lo logró. La agitada respiración de Jack chocaba en su pecho, oía como el espadachín tosía ocasionalmente escupiendo sangre en su rasgado traje.

Estaba hecho. Los dos morirían.

Y se alegró por eso.

Dick se acercó a él con lentitud dispuesto a ayudarle. Lo tomó por las axilas mientras Damian volteaba a verlo con una sonrisa dolida en la cara.

-Richard… -pronunció quedamente.

-¿Mmm? –dijo para hacerle saber que lo escuchaba.

-Voy a extrañarte.

La expresión del chico maravilla se ensombreció. No. Damian no podía hablar en serio. Aunque estuviera prácticamente herido de muerte, buscarían la forma de salvarlo, tenían que hacerlo. Robín sintió un escozor en los ojos.

-¿Qué tonterías dices, Todd? –preguntó con frialdad, fijando la mirada en la del arquero.

Pero este no tuvo tiempo de responder ya que oyeron un crujido a sus espaldas, Robín se giró velozmente para hacerle frente a la amenaza y ni sus reflejos de acróbata nato le sirvieron para contrarrestar la energía verde que se impactó en el estomago de Damian, mandándolo a no menos de un metro. Los ojos azules del petirrojo se abrieron de sorpresa al ver como su amigo caía sin vitalidad alguna, apretó la mano en torno a su bastón tan fuertemente que casi creyó partirlo. Dirigió la mirada a Star, quien era atendida por la hechicera y el joven robot y tensó la mandíbula. Primero su novia y ahora su hermano, a ese desgraciado le iba a ir mal.

Barajó las opciones, sólo quedaban él y Chico Bestia, tenía que lograr algo. Tal vez podría llamar a Cyborg, dejando a la princesa espacial con Raven, pues estaba seguro de que la hechicera tenía poder más que suficiente para apañárselas, después de todo era hija de un demonio. Sí, eso haría. Dick dio un par de saltos de gimnasia y aterrizó junto al moreno.

-Cyborg.

-¿Sí, Robín?

-Necesito que vengas conmigo.

-¿Pero que hay de Starfire?

-Ella estará bien.

Víctor lo miró fijamente durante unos segundos, necesitando asegurarse de que todo estaría bien si dejaba a las chicas solas, a lo que el líder asintió severamente. Cyborg se puso de pie y se alejó al campo de batalla mientras la violácea consumía su concentración curando a su amiga.

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Abrió los ojos lentamente, haciendo el mayor esfuerzo por intentar distinguir el borroso paisaje que lo rodeaba. Oía gritos de dolor, golpes inhumanos y las olas chocando con tranquilidad contra la bahía, si es que estaba en una bahía. ¿Dónde estaba? ¿Qué sucedía? Por más que rebuscaba en su memoria, por más que observaba su alrededor, él no conseguía identificar la situación en la que se encontraba, cosa que lo exasperaba. Trató de incorporarse, pero un dolo agudo en la parte baja del abdomen lo inmovilizó de inmediato, causando que un gemido doloroso emergiera de su garganta. Se volvió a tirar y respiró pausadamente, para luego levantarse rápidamente, ignorando el pinchazo cerca de su riñón derecho. Sonrío a medias cuando consiguió sentarse.

Parpadeó varias veces, logrando así aclarar el escenario y su expresión se endureció. Se llenó de una ira implacable a penas vio como Beast Boy y Cyborg luchaban forzosamente contra su primo, al tiempo en que Richard se arrastraba con ardua tortura, tratando de levantarse y batallar. Damian supo en ese momento que no había marcha atrás, tenía que morirse y él estaba más que dispuesto a entregar su vida por la humanidad, por sus amigos, por su mentor, por todo el que alguna vez creyó en él. El verdadero problema era ¿Cómo? Debía conseguir que Jack muriera a la par con él, o nunca acabarían esa batalla eterna.

Apoyó la barbilla en su mano izquierda, cavilando en su interior desesperado, no se le ocurría algo lo suficientemente bueno como para que funcionase, algo completamente fuera de su personalidad. Últimamente actuaba muy extraño. Se quedó pensando Dios sabe cuanto tiempo, hasta que su rostro se iluminó radiante y pintó una gran sonrisa que no encajaba en absoluto con la escena que se vivía.

Nunca supo de donde sacó la energía para correr y dar saltos hasta llegar al lugar en el que Robín luchaba por levantarse, sólo lo hizo. Se arrodilló frente a su amigo, quien ya iba a comenzar su complejo de mamá gallina cuando lo vio de pie, sangrando por todas partes y dispuesto a pelear, pero Todd le selló los labios con un dedo, reclamando toda la atención posible y él se la dio.

-Escucha, pantaloncitos –Damian sonrío, haciendo lo posible por disminuir la tensión –Necesito que tú y Chico Bestia distraigan a Jack el mayor tiempo posible para que yo pueda agarrarlo por la espalda, luego Cy le disparará para inmovilizarlo.

Dick escuchó atentamente, atando todos los cabos y, después de comprender el objetivo del arquero, preguntó:

-¿Te apartarás, verdad? No dejarás que el disparo te alcance.

Diablos. No había contado con eso y ahora se vería obligado a mentirle a su mejor amigo, una punzada de dolor se extendió en su pecho.

-Sí. Me apartaré –agachó la cabeza, incapaz de sostenerle la mirada a Grayson luego de la mentira. Se sentía horrible.

Ayudo a que el chico semáforo se pusiera de pie, ambos tratando de quitar el líquido rubí que cubría sus cuerpos. Permanecieron de ese modo, uno recargado en el otro (aquí empieza el Yaoi…) los minutos que consideraron suficientes para recuperarse. Transcurrieron unos pocos segundos cuando, sorpresivamente, Wayne agarró al menor en un abrazo estilo Starfire. Robín no reaccionó, se quedó estático, congelado en la sorpresa, hasta que lentamente se acostumbró al abrazo y lo correspondió suavemente. Se separaron con rapidez y cada uno cogió por su lado, según lo acordado.

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-¡¿Es esto todo lo que tienen, niñatos?! –gritó Jack eufórico mientras encajaba un puñetazo en la cara del mutante, quien perdió el equilibrio.

Al presenciar el ataque, Cyborg arremetió violentamente contra él, pero una mano lo retuvo del brazo y lo haló hacia atrás. El joven de metal se giró para encarar a su atacante, pero luego bajo la guardia al enterarse de que era Robín. Se soltó del agarre con suavidad e interpuso una distancia razonable entre los dos.

-Cyborg, tengo un plan –informó el boy wonder.

-Soy todo oídos, Rob –dijo Vic sonriendo ampliamente.

Robín se acercó a su oreja y le susurró el plan de Damian rápidamente, dejó a su compañero solo para correr donde el joven transformable peleaba como un digno héroe. Dick se interpuso entre Jack y Garfield, justo cuando el espadachín se disponía a darle tremendo sablazo al Chico Bestia, quien ya se estaba apartando para evitar que lo mutilasen. Agarró al verde por los hombros y le apartó de allí con rapidez.

-¡¿Viejo, que te sucede?! –quiso saber Beast Boy exasperado.

-No hay tiempo para idioteces, Chico Bestia, te diré el plan y lo ejecutaremos lo más rápido posible ¿Entendido?

-¿El plan? ¿Qué plan?

-Ven acá.

Le pasó un brazo por los hombros y al igual que con Stone, le murmuró lo que tendrían que hacer, a lo cual Beast Dude asintió.

-¿Listo? –cuestionó Robín.

-Viejo, yo nací listo.

Jack se incorporó al verlos y desenfundo su espada, esbozando una prepotente sonrisa mientras sus ojos destilaban fuego, después les preguntó con una voz suave y elegante:

-¿Preparados para otra paliza?

-Eso lo veremos, Jack –le respondió el petirrojo desafiante.

-Te levantaste con ánimos, ¿no, chico semáforo?

Soltó una risita cruel que se extendió por el aire, llegando a los oídos del líder y el meta morfo, provocando que un escalofrío subiera por sus espaldas. Ellos tragaron duro, tensando cada músculo del cuerpo. Jack corrió dando zancadas y cuando estuvieron frente a frente, hizo ademán de hundir el arma en el pecho de Grayson, pero este se apartó con un salto hacia atrás, luego Garfield, transformado en mono, trepó por la espalda del espadachín y se prendió en su cara gracias a sus filosas uñas. Este soltó unos alaridos horribles en cuanto el animal le araño el rostro y se sacudió convulsivamente para quitarlo de allí.

Pero el menor de los Titanes solo se soltó cuando Robín le dio la señal de que estaba listo para atacar, entonces dio un brinco y volvió a su forma humana, Jack al descubrirse libre trató de degollar a Logan, que se agachó y dejo que el acróbata le pateara la cara, el mayor cayó al piso torpemente. Richard se detuvo, viendo como el espadachín tosía sangre en su mano, sin embargo nunca bajo la guardia, alerta a cualquier movimiento de Jack. Jack tosió un rato más, luego levanto la vista hacia el antifaz del chico maravilla y sonrió, unas gotas de sangre resbalaron por su barbilla. Impredeciblemente se paró de un salto y logró darle un codazo al pelo pincho, quien se tambaleo ligeramente, estiró el brazo para darle un puñetazo a Beast Boy, más el chico verde brincó de nuevo y se convirtió en un canguro, ¡dándole una pata ninja!... ups, me emocione un poco.

-¡Maldita sea! –bramó Jack en cuanto volvió a caer sobre su trasero.

-¿Acaso mamá no te enseño buenos modales, Jack? –se mofó Robín al intentar darle un puñetazo, que el aludido esquivó saltando a un lado.

El espadachín atrapó el segundo puño que Dick se disponía a regarle y le torció el brazo antes de que este siquiera abriera la boca para pedir ayuda. Robín libero todo el dolor en un grito alarmante que sacudió sus entrañas. Y Chico Bestia presenciando toda la escena reaccionó como solo un meta morfo sabe hacerlo.

-¡Hey, Jack! –El aludido giró la cabeza solo para ver a una araña verde yendo directo hacia él -¡Veamos como te va con el increíble Araña- Gar! –Y Beast Boy tejió una telaraña sobre el ojo de Jack, haciendo que soltará al petirrojo – ¡Ataque arácnido!–le volteó la mandíbula accidentalmente gracias a un puño distraído mientras realizaba su baile heroico.

-Ouch, maldito enano –murmuró Jack entre dientes. Iba a pararse pero otro puñetazo distraído lo devolvió de culo al suelo –"Tienes que estar de broma" –pensó ofuscado.

¡Yuju! Era lo único que se escuchaba por todo el lugar, pues Chico Bestia llevaba ya tres minutos bailando su danza de la victoria y los demás no sabían como reaccionar. Robín lo reprendía mentalmente por comportarse como un idiota en una situación tan crucial, sin embargo ninguno de los insultos recriminatorios salían de sus labios. Raven sólo decidió ignorarlo mientras presionaba la herida de Starfire para que coagulara. Todd y Cyborg tenían los ojos abiertos como platos y no sabían si reírse de lo ridículo que se veía el verde o ir pegarle un zape por pendejo. Jack en cambio tenía una risa burbujeante agazapada en el fondo de la garganta, tan fuertes eran las ganas de burlarse que no podía concentrarse en atacar y acabar con el mutante.

-Hum… Chico Bestia –carraspeó el líder titán incomodo.

-¿Qué?

Dick reprimió el impulso de darse un "face palm" y torciendo los ojos hacia el lugar en el que el joven de ojos grises luchaba por no reír le indico que lo atacaran.

-Robbie, eso es jugar sucio –arguyó este levantando un dedo amonestador.

La mirada que le dedico Robín hizo que se retractara de sus palabras mientras la boca se le secaba, debido al miedo que le provocaba la promesa de muerte que le dirigía el antifaz blanco.

-Está bien.

Jack se sobresaltó al sentir unas piernas enredándose en su cuello, por la musculatura de estas dedujo que no era una chica sensual dispuesto a animarlo, uh oh. Robín se lanzó con fuerza hacia adelante y luego aflojó su agarre, provocando que él saliera volando fuertemente y terminará a tres metros de los héroes, con el rostro lleno de tierra.

-¡Estúpidos! –rugió para luego lanzar su espada, que había enfundado minutos antes, con ferocidad hacia cualquier ser vivo que se interpusiera en su trayectoria.

Le hubiera dado de lleno al cuello de Chico Bestia sino fuera por que se transformo en una mosquita, evitando la muerte. Dick se giró, quedando de frente al arquero y al moreno, su mirada se enfrento con la de Todd, quien le pregunto si era hora. Hizo un ligero asentimiento sin dejar de mirarlo, dándole la orden del golpe final.

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-¿Seguro, Damian?

-¿Qué? –preguntó este sacudiendo la cabeza.

-¿Estás seguro de esto? Siempre podemos cambiar el plan. Encontrar una forma diferente para acabar con Jack –dijo Víctor mientras preparaba su cañón sónico.

-No, Cy, no hay otra forma. De la única manera en la que esto termine es que yo también reciba ese disparo –afirmó el arquero con una expresión seria que nunca antes se le había visto.

-Pero…

-No. Es la única forma –le cortó Damian haciendo un gesto contundente con el brazo –Ahora prepara ese cañón.

Cyborg no dijo nada más, pero seguía sintiendo inquietud ante el plan de Damian. Él estaba seguro de que había otra solución, que la muerte de Todd era innecesaria y el otro se encontraba reacio a cualquier sugerencia que le salvara la vida. Sentía todo el cuerpo tenso, a él no le gustaba matar y mentalmente se repetía que tenía que hacerlo, por el bien de todos, pero no lograba convencerse. Tal vez debería modificar la potencia del disparo, hacerlo menos letal. No mataría, ni Jack ni a Damian. Podría funcionar.

-¿Estamos listos? –No pregunto, dijo el arquero.

-Listos.

Los dos tomaron caminos distintos, que convergerían más tarde en un horrible final. Víctor se fue a donde estaban los otros chicos. Damian en cambio rodeó el lugar de la batalla con pasos insonoros para no ser descubierto. En cuanto Cyborg llegó al lugar, comenzó a batallar sin usar toda su fuerza, pues debía reservarla. Aunque al principio Robín lo miró con cara de "¿Qué diantres estas haciendo?", luego de que el moreno les indicara con la mirada a Todd, quien se movía ágilmente detrás de Jack, a unos cuantos metros, el pelo pincho comprendió e hizo una media sonrisa. Puños y patadas volaban en todas las direcciones, en cierto momento comenzaron a desesperarse y a lanzar golpes a diestra y siniestra. Los cuatro estaban fatigados, la pelea consumía más energía de la que estaban acostumbrados a perder, la visión se les volvía borrosa en breves intervalos, y por momentos sentían que el aire no les era suficiente.

Dick consiguió darle un contundente gancho derecho que le reventó la boca, mas no logró arrebatarle el equilibrio, por lo cual Jack alcanzó casi milagrosamente frenar la patada que el petirrojo pretendía darle en el pecho, lo agarró por el tobillo y lo barrió con rapidez. Beast Boy no estaba del todo consciente cuando, con un impulso heroico y desesperado, le dio un fuerte cabezazo, luego cayó al piso de rodillas, agitadísimo, luchando por no cerrar los ojos y dormir.

Todd corrió en cuanto vio el potente cabezazo de Chico Bestia, era ahora o nunca. Dio un par de saltos y cuando estuvo detrás de su primo, le paso los brazos por debajo de las axilas, luego entrelazo los dedos sobre su pecho, inmovilizándolo. Apretó con toda su fuerza el cuerpo de Jack mientras este le lanzaba obscenidades y se retorcía y pataleaba furiosamente.

-Maldito cobarde, ¡¿No encontraste otra manera de derrotarme?! –gritó Jack tan fuerte que le ardió la garganta.

-No –escupió el arquero odiosamente –Sólo quieres provocarme. Pero no lo lograras.

-¡Suéltame, estúpido! ¡Suéltame y terminemos esto como hombres! –enterró los dientes en el brazo del menor, luchando para escapar.

-¡No! ¡No moriré con honor! ¡Sólo moriré para que mueras y es lo único que importa!

Damian contuvo el quejido que amenazaba con escapar, sintiendo la mordida de Jack en su antebrazo. Alzó los ojos esperanzado, vio como Cyborg tenía el cañón ya listo y grito con todo el aire de sus pulmones:

-¡AHORA, CYBORG!

Cerró los ojos, y tan solo escucho el estruendo de un disparo, luego no oyó nada más y no pudo volver a abrir los parpados. Un dolor indescriptible le embargó todo el pecho, gritó con toda las fuerzas de su alma a la par con Jack y voló por los aires, apenas consciente de lo que acababa de suceder.

Luego no sintió nada. No sabía quien era. Que era. No sabía nada. Ya no sabía nada.

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Damian ya no sentía nada. Primeramente un ardor insufrible se extendió por su pecho, arrastrándose por toda la extensión de su cuerpo, pero luego el dolor se esfumo y le dio paso a la nada. No sabía si tenía los ojos cerrados o abiertos, sólo que no podía ver algo más que oscuridad. Oscuridad pura y dura. Tampoco sabía si respiraba, si seguía consciente o ya estaba muerto. Ni siquiera era su prioridad saberlo. Lo único que le importaba era que, por primera vez en mucho tiempo, sentía paz, tranquilidad. Se sentía libre, sin ataduras a un pasado que sinceramente no le apetecía llevar grabado en la piel. Y sonrió. Sin sarcasmo, petulancia o ironía. Una sonrisa pura que emergió de lo más profundo de su alma.

Supo que seguía vivo cuando alcanzo a distinguir vagamente el sonido de su cuerpo chocando en el agua. Poco después sintió la presión del líquido sobre el cuerpo, dejándolo sin aire y empujándolo hacia el abismo que yacía bajo él, hundido en las calmas profundidades de su amado mar. Contra toda lógica experimentó una felicidad desbordante, había nacido a orillas del mar y moriría ahí. Como los valientes piratas de las historias que su papá le había contado de niño. Estaba feliz y por eso se dejo arrastrar en las corrientes que lentamente lo conducían a la muerte. Sólo esperaba que cuando encontraran su cuerpo, estuviera en un estado lo suficientemente bueno para que pudieran reconocer la sonrisa que le surcaba el rostro.

Le dio un poco de pena por Dick, los Titanes, incluso por Bruce. Sabía que les dolería su muerte, que sufrirían, llorarían y se lamentarían. Pero también sabía que eran las personas más fuertes que él había conocido, saldrían adelante y aprenderían a vivir sin él.

Le dio pena por Bruce. Jamás podría decirle que, a pesar de todo, seguía siendo su padre.

Y lo quería.

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-¡Damian! Dami… -murmuró Robín sintiéndose impotente. Cayó de rodillas al piso.

-Todd. No –fue lo que alcanzó a exclamar Cyborg antes de ver como el cuerpo se hundía en las aguas.

-¿Todd? –intrigó Chico Bestia débilmente. Estaba tan cansado y herido que no sabía como permanecía consciente -¿Qué diablos hizo ahora? No me digas que…. Oh, no… -calló al recordar el plan y su fatídico final.

Starfire permaneció en silencio, con un abundante mar de lágrimas surcándole las doradas mejillas, la mano de la hechicera seguía en su abdomen aunque la herida ya había sanado, sin embargo ella sólo era consciente de las olas que rompían indiferentes la quietud de la bahía. Tenía la esperanza de que el rostro de Todd emergiera del mar, con esa sonrisa engreída que lo caracterizaba y se burlara de ellos, diciéndoles crédulos. Pero algo pungía en su interior diciéndole que solo eran fantasías.

-Azar, Damian…

A diferencia de otras ocasiones, Raven utilizó un tono triste, preocupado. No su típica voz monótona e indiferente, por que le había dolido ver como Damian desaparecía en las profundidades del mar, así como también le dolía ver al meta morfo emparamado en su propia sangre, jadeando y luchando por no desvanecerse. Casi estira su mano hacia el horizonte, como queriendo detener el momento en que el arquero caía al agua, aunque se retuvo y sólo apretó el puño a su costado.

Un silencio horrible envolvió a los jóvenes héroes. Tan quieto y ensordecedor que podían oír los veloces latidos de sus corazones redoblándoles dentro del pecho. Eran capaces de escuchar sus respiraciones, agitadas, superficiales e inquietas, tratando de recobrar un poco de oxigeno. A pesar de que sus músculos estaban relajados, ya sin el rigor de la batalla, se sentían fatales. Una tristeza terrible que les oprimía el cuerpo entero, presionándolos contra la tierra. ¿Por qué había terminado así? ¿Por qué Damian tuvo que morir?, se preguntaban una y otra vez, intentando inútilmente responderse a si mismos. En un momento dado todos dirigieron su atención en su líder, que continuaba arrodillado en la orilla, con los dedos enterrados en la tierra húmeda por la sangre derramada y la mirada fija en algún punto incalculable del ancho mar.

Dick se sentía peor que todos los demás. Todd, era su hermano, ¡su hermano!... y él lo había dejado morir. Se sentía inútil, impotente, indigno de llevar el manto de chico maravilla, de cargar con el título de líder de los Jóvenes Titanes. Recordó como hace años, cuando tenía ocho o diez no se acordaba con exactitud, cuando aún patrullaba las calles con Batman, Dos Caras secuestró a su mentor junto con un juez de Gotham y lo obligó a él a jugar en su enfermo juego de la moneda. Dos de tres. Harvey no colgó al juez. Pero lo arrojó a un hondo foso de agua, ahogándolo. Luego arremetió a golpes contra él, hasta que Batman, quien logró liberarse, noqueó al hombre y a él lo llevo a la Baticueva, donde fue atendido por Alfred. Richard sabía que no había asesinado al juez e igualmente se sintió culpable. Esa amarga sensación de culpa le subió por la boca del estómago.

-Hay que buscarlo –dijo el joven robot de repente, ganándose miradas curiosas por parte de los presentes.

-¿Para qué, Cy? Él está… está… -Beast Boy no podía terminar la frase sin sentir unas nauseas tremendas.

-¡No! –replicó él enérgicamente.

-Cy, entiendo que te resulte difícil aceptarlo, pero… –quiso calmarlo el chico maravilla, pero fue interrumpido casi de inmediato.

-¡No! Ustedes no entienden, yo... yo modifiqué la potencia del disparo. No dispare mortalmente –soltó Víctor crudamente.

-¿Qué? –preguntaron todos a coro.

-Lo que oyeron. El disparo no fue lo suficientemente potente como matar a alguno de los dos.

-¿Eso significa que…? –cuestionó Robín esperanzado.

-Sí. Damian esta en alguna parte del mar, solo y malherido, y si no nos apresuramos probablemente lo encontraremos muerto –Y Cyborg confirmó sus esperanzas.

Contuvo el impulso de sonreír brillantemente, pues no quería ilusionarles hasta no tener el cuerpo vivo de Damian entre sus brazos. Miró a Cyborg fijamente y le costó demasiado separar los labios para poder ordenarles:

-Cyborg, Chico Bestia, vengan conmigo. Buscaremos a Todd. No hace mucho que su cuerpo cayó al agua, con un poco de suerte no debe estar a demasiada profundidad –dijo con la voz fría y calculadora de un líder.

Ellos apenas asintieron y se dispusieron a bajar el camino que conducía a la playa, detrás del petirrojo, que caminaba apresuradamente, casi corriendo. En cuanto llegaron a la orilla, Dick se deshizo de la capa y las botas, hundiéndose en el agua, seguido por el joven transformable quien se convirtió en un delfín. Cyborg trepó hasta la roca más alta y ajustó su radar, para captar alguna señal de calor bajo el agua. Las dos chicas se quedaron en la isla, a la espalda del moreno, expectantes a lo que pudiera suceder.

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-¡Maldita sea!

El grito frustrado de Robín resonó por todo el lugar, rebotando contra las paredes y provocando un brusco escalofrío en todos los Titanes. A esto le siguió un feroz golpe en la pared cercana al televisor que causo unas pequeñísimas grietas y de no haber sido por el guante el chico se hubiera reventado los nudillos.

-R-Robín, basta por favor –pidió la tamarana casi suplicando mientras sujetaba el puño de su novio.

-¡No! –bramó Richard exasperado conteniendo los puños a los lados de su cuerpo. Al ver la mirada asustada de Starfire y el pequeño respingo que dio, tomó una profunda bocanada de aire –Lo siento, Star, pero es que no entiendo ¿por qué?... –él alzó la mirada hacia los ojos verde de la chica, y si no tuviera puesto el antifaz, se podrían apreciar las lágrimas que retenía Robín.

Starfire no habló, no emitió más que un breve suspiro el cual se desvaneció casi al instante. Aflojó el agarre que tenía sobre las muñecas del líder y lo estrechó entre sus brazos para luego acariciarle la espalda con suavidad, consolándolo.

De alguna manera todos lo comprendían. Por que, de una u otra forma, todos habían aprendido a querer a Damian, y el hecho de que se hubiesen pasado la tarde entera buscándolo sin resultado alguno no hacía más que acrecentar su dolor. Raven apretó los parpados, bombardeada por el terrible dolor que emanaba el boy wonder, gracias al vínculo que compartía con él. Y mezclado con el suyo sólo lograban abrumarla de una manera insoportable. Respiró profundamente antes de abandonar el living, con la excusa de ir a meditar pues la agonía y el sufrimiento que experimentaba no la dejaban pensar claramente. Ninguno de los jóvenes héroes le reprochó o recriminó algo, sabían perfectamente la empatía de su amiga y como debía de afectarla el dolor tan inmenso que los embargaba a todos, así que la dejaron marcharse en silencio.

En cuanto la híbrida se marchó, nadie supo como romper el sepulcral silencio, y nadie estaba seguro de sin en verdad quería romperlo. Los dos varones restantes se desplomaron sobre el sofá, desanimados hasta para respirar, mientras Robín se aferraba a la princesa con fuerza, pero sin sollozar siquiera.

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No le había tomado mucho tiempo hacer el altar en la antigua habitación del arquero, pues este sólo se componía de una vieja foto que había encontrado rebuscando en las abandonadas cajas de su cuarto, un par de velas, unas pocas flechas en buen estado que había recogido del suelo y, por supuesto, el arco. Dick se había encargado de limpiar el arma casi sagradamente, lo había puesto en medio del "altar", que, según él, no le hacía honor en lo absoluto a Damian. Estaba recargado en el marco de la puerta, contemplándolo en un silencio depresivo, con el cuerpo tenso y la mirada perdida en la foto. Continuo así hasta que sintió una mano posándose delicadamente en su hombro, giró el rostro para descubrir a Starfire detrás de él, observando el homenaje al héroe caído y a los otros detrás de ella.

Hizo un intento de sonrisa que termino pareciéndose a una mueca amarga, pero Robín en verdad no sentía ganas de sonreír. Los demás lo comprendieron, o parecieron hacerlo, y se adentraron silenciosamente en la habitación, rodeando el altar. Miraron la foto durante unos segundos, sintiendo como la garganta se les hacía un nudo. La foto mostraba a dos chicos, probablemente de unos diez o doce años, sonriendo a la cámara con sus trajes de héroes y una sonrisa radiante, que denotaba la felicidad por llevar aquellos mantos, el arquero rodeaba los hombros del petirrojo con su brazo. El ex compañero de Batman sonrió. Alfred había tomado esa foto justo antes de su primer patrullaje, el único patrullaje que haría Damian durante el tiempo que él cargó con el título de Robín.

-Es hermoso –dijo Starfire en un murmullo apenas audible.

-No le hace justicia en ningún sentido –refutó él, suspirando largamente.

-A mi me parece que le hace más justicia de la que se merece –Chico Bestia sonrió tristemente por su chiste.

-Compórtate, Chico Bestia –y en tres segundos recibió el zape de Raven.

Luego de eso, no volvieron a hablar. Permanecieron ahí un rato más, hasta que paulatinamente se fueron despidiendo, dispuestos a dormir. El último fue Robín, quien había pedido un momento más de privacidad para recordar a su hermano. Se acordó de todas las apuestas infantiles, las peleas y su estúpida ley del hielo que los llevaba a ignorarse por semanas, de los pocos juegos en la Baticueva, del chocolate caliente (preparado por Alfred, obviamente) que Damian le ofrecía casi todas las noches cuando él regresaba de patrullar. Dick suspiró de nuevo, dejando ahora sí que las lágrimas se escurrieran por sus mejillas y le sonrió a la foto por ultima vez.

Ahora, ¿debería decirle a Bruce que su primer hijo había muerto? ¿O difundirlo en las noticias locales y espera que él se enterara solo?

Soy jodidamente cruel, pero no se preocupen, débiles mortales, pues les daré la única e irrepetible oportunidad de decidir el destino de Damian. ¡Si así como lo oyen! ¡Ustedes manejan el destino de esta historia y solo tienen que dejar un review!

Damian muere, los Titanes siguen con sus vidas y Batman nunca se entera por boca de Dick.

Damian no muere, por consecuencia Jack tampoco, regresa a Ciudad Gótica, arregla sus diferencias con Batman, visita a los Titanes por ultima vez y se va muy lejos a seguir con su vida.

Richard es un ángel caído, que… ¡Esperen esa es otra historia!

En fin son todas las opciones, no olviden escoger su favorita ¡y nos vemos!

Pd: Pareceré algo intensa, pero dejen reviews.

Pd2: Tomen esto como un regalo por mi eterna ausencia. Los quiero...