Disclaimer: La última vez que cheque mi nombre no era japonés y yo no era hombre. Pokémon no me pertenece uvu.
Gracias por el review a Alex, lo aprecio mucho chico uvu.
Notas:
-El capítulo iba a ser originalmente solo uno, pero estaba saliendo demasiado largo. Mucho. Y pasaban muchas cosas.
Marte. Pt.1
Aleph está despierto en la tenue oscuridad de su habitación. Las leves marcas debajo de sus ojos revelan que no ha dormido mucho, pero su pose relajada y su mirada fija en algún punto invisible de su techo delatan lo poco que le importa. Mueve la cabeza ligeramente hacia la derecha, lo suficiente para que pueda comprobar la hora en el reloj digital de su buro. Son las 8:17 a.m. pero no se le ve preocupado. De fondo puede oír sonidos desde el piso de abajo: su madre.
Sin embargo, en su mente sólo hay dos cosas presentes: la melodía que conoce desde que es un niño y el hombre que ayer la tocaba en su violín. Pero hay veces en las que ya no es ese hombre, es su padre y no es un violín lo que oye sino el xilófono de juguete o cualquier otro instrumento antes de ese, porque no, no fue cosa de una sola ocasión era algo de siempre. Mientras su papá intentaba aprender música Aleph le hacía compañía. ¿Lo mejor? no tenía que usar sus manos, o código morse como con su madre. A Aleph le bastaba con mirar a su padre, o simplemente pensar en lo que sentía o quería y era como si el hombre pudiera leer sus pensamientos, como si en realidad hubiera escuchado todo lo que su hijo no podía decir con su voz. Sólo con él y nadie más su padre… hasta ayer.
El chico respira hondo y saca el aire en un resoplido, sintiendo como se le frunce el ceño y la cabeza le empieza a doler. Se gira hasta quedar boca abajo, su rostro contra la almohada y su brazo derecho lo deja caer rendido.
Se escucha el toque contra la puerta de su cuarto, y resopla.
—Aleph, ¿puedo pasar?
El muchacho entorna los ojos, se toma su tiempo para incorporarse y mirar a la puerta con obvio fastidio. Esa que habló fue su madre. Se arrastra hasta la orilla de la cama, toma del suelo su playera del día anterior y se la pone encima de su desnudo torso antes de ir a la puerta y abrirla. Con una mano en la perilla de la puerta, y la otra levantada levemente a la altura de su hombro mira a su madre que luce su característica trenza, una blusa de manga larga sin cuello de tortuga y unos pantalones holgados de color negro con unas zapatillas violetas.
—Me gustaría hablar contigo.
El chico suelta aire, abre la puerta de su recamara por completo y permite que azote contra la pared del otro lado y dejarla abierta para su mamá. Va a su cama y se echa en ella mientras la mujer entra al cuarto con precaución y un caminar un poco más lento.
Aleph la observa con detenimiento, parada ahí, en medio de un cuarto en parcial oscuridad y siendo iluminada por la luz del pasillo, sus piernas juntas, y sus manos en frente de ella, moviendo su cabeza alrededor del cuarto como si en realidad pudiera ver las paredes pintadas de azul marino con los posters de bandas que cubren los de constelaciones. Por un momento Alpeh cree que su madre busca algo en el techo y en los rincones de su cuarto, posiblemente los objetos móviles que la adornaban o los muchos instrumentos de juguete que había botado después de la muerte de su padre… Quien sabe, pero parece darse por vencida y lo mira un poco más cansada.
—Supongo que este lugar ha cambiado ¿no es así?
Aleph se mueve en su cama, se sienta un poco más cerca del buro a la derecha de su cama y con su mano golpea levemente para responderle.
"¿Qué pasó?"
Su madre, ciertamente tenía bastante tiempo sin entrar a su cuarto.
—Tu tío Lance te invitó a pasar el resto de las vacaciones con él.
La declaración de tan rápida y sorpresiva hace que se endereza en su lugar, la sospecha asentada en sus facciones y algo de enojo también. Sólo que ella sigue serena y calmada.
Su tío Lance no era realmente su tío, sólo un viejo conocido de la familia y un gran amigo de su padre.
"¿Esto es un castigo?"
Y con cada golpe incrementa la fuerza en su mano.
—No iré contigo así que no lo creo —Y no sabe si es la manera tan calmada en la que lo dice o el hecho de que ella no vaya lo que lo molesta más—. Además de que tienes mucho sin ir a Ciudad Verde…
"¿Por qué?", responde inmediatamente. "Tengo nueve años sin ver a Lance…"
—Hace nuevo años no tenía la advertencia latente de que podían demandarme por no cuidar de mi hijo mudo.
El chico se detiene en el acto, su puño al aire, pero su mirada en su madre quien parece poder verlo porque sus hombros estaban tensos, levemente alzados y sus manos juntas a la altura de su pecho. Como si hubiera podido ver la expresión de su hijo…
—Aleph…
Él ya está de pie y yendo directo hacia la puerta, sin intención de detenerse aunque su madre está en el camino. La toma de los brazos para poder moverla, pero ella es más rápida, y lo sostiene de la misma manera.
— ¡Aleph por favor! ¡Mírame!
Normalmente no hace caso, normalmente se sale con la suya porque su madre "lo deja ser". Pero hay algo en la voz de su madre que no había escuchado antes y hace que se detenga.
¿Está llorando?
Aleph la obedece sólo porque la preocupación le ha ganado y los ojos de su madre brillan con esas lágrimas que muy bien puede contener. Esas que no derrama desde la muerte de su padre.
—Yo nunca he querido molestarte o hacerte sentir mal. Créeme cuando te digo que puedes hacer tantas cosas si tan sólo contaras con la guía correcta —ha dejado de sostener a su madre, pero ella no lo suelta, pone la mano en su mejilla y lo acaricia—. Eres como tu padre Aleph: brillante y apasionado. Y ser mudo no te lo va a quitar; no te hace menos persona que a nadie, no te hace menos capaz.
Yellow es más bajita que él. Metro y medio contra su metro setenta en desarrollo. Pero en ese instante mientras ella le habla y lo retiene a su lado usando sólo sus palabras, Aleph se siente como el ser humano más pequeño del planeta.
—Y entiendo que estas en búsqueda de algo, algo que yo no te puedo dar, al menos no como lo hizo tu padre —y se limpia las poquísimas lágrimas que salieron por sus ojos, después de las cuales no sale ni una más—. Pero tu tío Lance lo ayudó mucho, y tú lo querías mucho, a lo mejor te la pasas mejor con él que conmigo…
Aleph se aleja de su madre algunos pasos pensando en sus palabras, y en lo que él ha hecho. El muchacho se endereza, camina hasta la puerta y vuelve a tocar sobre esta con su mano cerrada, a un ritmo más lento que hace algunos momentos.
"¿Cuándo me voy a ir?"
—Lo antes posible, si todo sale bien puede que mañana mismo —le contesta—. Sólo tendría que verlo con Platina para que te lleve al aeropuerto en la siguiente ciudad.
Aleph vuelve tocar.
"Está bien. Gracias."
Yellow no contesta, en su lugar siente el rose de los brazos de su hijo alrededor de sus hombros, fue un toque fugaz, casi imperceptible y demasiado débil para ser llamado un abrazo con propiedad. Pero fue de Aleph y fue un lo siento. Se queda estática en su lugar, sin saber que más hacer que escuchar a su hijo caminando por su habitación.
— ¿Te vas a bañar? —es lo único que atina a decir. Unos toques improvisados le dicen que si— ¿no es muy temprano?
"Tengo cosas que hacer." escucha durante unos momentos contra la puerta de la habitación antes de oír los pasos de su hijo alejándose de ella. Yellow sonríe aliviada.
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Hora y media después, Aleph sale de su casa, vestido con su usual indumentaria de pantalón oscuro y playera del mismo color. Ha desayunado y medio preparado su maleta, pero espera poder hacer el resto en la tarde. En esos momentos tiene otras cosas en mente.
Lance los visitaba cada verano donde se la pasaba en la terraza a la izquierda de la casa, con su padre, tratando de enseñarle las notas musicales a alguien que no podía oírlas. Al inicio lo hizo a regañadientes, incrédulo ante la insistencia de un sordo por aprender música. No porque no fuera posible, sino porque era tardío y Lance no era una persona paciente. Pero Aleph aún recordaba como al final de esa primera estadía, Lance más que molesto parecía bastante intrigado y su padre bastante feliz por los resultados. Durante los siguientes meses en su ausencia su padre practicaba, y cuando Lance llegaba, volvían a tocar mientras aprendían. Una vez que su papá logró tocar una canción para Aleph y su madre, Lance estaba ahí. Sus malos gestos y constantes regaños habían quedado atrás y se veía orgulloso por lo que había logrado, pero más que eso, parecía un hombre nuevo, feliz con lo que había descubierto en ese entonces.
Tres años después de eso, fue él quien les dijo que N murió.
—Hola.
Aleph da un respingo pero se detiene a recuperarse del leve susto que le han dado. Se gira y se da cuenta de que, no sólo está pasando por delante de la casa de uno de sus vecinos, pero que una chica de pelo negro lo mira con el mismo interés con el que lo hizo el día anterior. Está sentada en el portal de la casa, su pelo recogido en una coleta, las piernas juntas, sus codos en sus rodillas y sus manos en sus mejillas, a lado de ella una vieja grabadora conectada al tomacorriente cerca de la puerta de entrada.
Aleph por un momento se ha olvidado de la discusión con su madre, de Lance y de todos. También se le ha olvidado que prefiere no tener que convivir con extraños pero la chica delante de él hace todo eso tan fácil de lograr.
—Lamento mucho lo de ayer— expresa la morena, agachando levemente la cabeza antes de girarse a tomar algo detrás de ella. Aleph la mira tomar el cuaderno y una pluma.
Siente un cosquilleo por su cuerpo y el corazón apretándole. No la ve a ella, sino a lo que trae en la mano y el primer instinto es irse de ahí, porque es lo que hace, lo que siente, no lo que piensa. Y ya está por seguir su camino hasta que siente el agarre en su muñeca.
— ¡Espera!
Y por primera vez no sabe cómo actuar. La gente no se le acerca, se aleja y él se encarga de ello, siempre. Sus movimientos son clara prueba de ello. Además es mudo, nadie le habla, nadie espera una respuesta, nadie quiere estar con él, nadie…
—Lo siento —se disculpa la chica, soltándolo al ver tanta sorpresa y alarma en el rostro de Aleph—. Sólo quería saber cómo te llamabas —y le extiende el cuaderno y la pluma que traía consigo. Pero así de rápido como lo mostró lo esconde—. Es que yo no sabía que tú… que tú… bueno, que no podías, que no había manera de —y alarga la palabra porque está pensando en lo que dirá, en cómo decirlo—..., es que no había manera de que me hicieras saber tu nombre. No sabía y lamento mucho si te incomode o te cause un mal momento. Y no sé hablar lenguajes de señas así que mi abuelita me dijo que sería buena idea que usara un cuaderno.
Aleph parpadea aún más confundido que antes, pero el cosquilleo se ha ido, ahora lo que siente es una sensación cálida que no le incomoda.
—…Y lamento si estoy hablando mucho —la chica esconde el cuaderno y la pluma detrás de ella, la cabeza gacha, pero su mirada dirigida al moreno quien fácilmente le saca más de una cabeza. Alza la mano muy despacio, con precaución; como si Aleph la fuera a morder.
—Aqua Stone.
Y él, en respuesta, hace lo único lógico, lo único que siente y que su instinto le dice. Alza ambas manos, Aqua sonríe y con algo de torpeza le entrega el cuaderno de páginas en blanco y la pluma de tinta rosada.
"Aleph Harmonia".
Ella sonríe, como si acabara de darle un regalo en navidad, pero en lugar de hacerle otra pregunta, toma el cuaderno y la escribe.
"¡Esto es divertido! ¿Oye, tienes algo que hacer hoy?"
– ¡Aqua!
Ambos se giran hacia la casa de inmediato. Aleph reconoce la voz de su vecino desde adentro. Lo sabe porque su madre lo obligó a saludarlo el primer día que llegaron, a él y su esposa. Nunca había tenido problemas con él, normalmente todas sus "travesuras" las hacía lejos de su casa.
— ¡Estoy afuera abuelito!
Aleph la mira extrañado, pero entendiendo al fin porque nunca había visto a la chica. Lo más probable es que estuviera de visita.
La puerta blanca se abre, dejando ver a un hombre de pelo oscuro y afilada mirada. Podrá ser un anciano pero Norman Lowell seguía siendo tan imponente como un señor en sus treinta años. Miro con los labios torcidos a su nieta.
—Tienes un recital en la tarde, ¿no tendrías que estar desayunando? No me gustaría que por ensayar y no comer…
Y entonces repara en chico de cabello negro, y ropa igual de negra.
—Aleph —y el aludido no se esperaba que el hombre supiera su nombre. Había hablado con él tan sólo por tres minutos y de eso hace cuatro meses. Y aunque no se escucha molesto, tampoco se escucha contento y eso no le agradaba del todo—. Veo que conociste a mi nieta —el chico asiente—. ¿Cómo está tu madre?
El chico levanta el puño y muestra el pulgar. Norman sabe de su condición por lo que se limita asentir y decir un buen ensayado "me alegro", antes de volver su atención a su nieta.
—Anda, que tu abuela te ha hecho lo que te gusta.
Y por su tono de voz, aquello no era una invitación, y los tres lo saben.
—Me tengo que ir —le dice girándose hacia él—. Pero te veo después ¿sí?
El chico asiente con su cabeza, y ella le sonríe antes de regresar a su casa, y Aleph no se mueve hasta que la ve entrar y perderse detrás de la puerta.
—Adiós, Aleph.
La voz de Norman lo alerta, pero antes de poder hacer algún tipo de movimiento parecido a una despedida, el hombre le da la espalda y entra a la casa. Aleph sólo frunce el ceño antes de seguir con su camino.
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Ghetsis le dijo que lo vería a la misma hora de ayer que es pasado el mediodía. Ya son las dos y Aleph ha estado en el kiosko por más de cuatro horas pero nada. Apenas y se ha movido del lugar donde el hombre había estado tocando el día anterior. Tanto tiempo ha pasado que ya no sabe si lo que siente siguen siendo nervios o ahora es decepción entre mezclada con miedo ¿y si el hombre no quiere saber más de él? ¿Y si le causó tan mala impresión que decidió mejor jugarle una broma de mal gusto? Después de todo, como el resto del mundo, ese hombre no tiene ningún tipo de obligación para con Aleph.
Sus pensamientos regresan de vez en cuando a Aqua, porque ella había sido buena, y después de lo de Ghetsis es lo mejor que le ha pasado en las últimas veinticuatro horas. Lo único malo era que mañana se iría con Lance y posiblemente no la volvería a ver.
Vuelve a mirar, sólo una última vez antes de irse a terminar a hacer su maleta… y ahí está. Ayer no lo notó, pero el hombre es bastante alto. Lo sabe ahora que lo ve caminando con una persona a su lado, una mujer que le entrega dos papelitos a lo que Ghetsis le agradece con un asentimiento de cabeza. Saca su billetera y paga, guarda ambos boletos en ella y la vuelve a poner en el bolsillo de su pantalón. Lo siguiente que ve llama su atención: Ghetsis no mueve la boca, no del todo, sólo está moviendo sus manos y la mujer que lo acompaña también lo hace.
Ella le recuerda que un evento será ese mismo día. El sólo agradece y dice que no faltara. Se desean un lindo día, y ella se va.
Han hablado en lenguaje de señas.
Aleph no se da cuenta de tanto que piensa al respecto pero Ghetsis ya está delante de él, sonriéndole y sin su violín, cosa que extrañó al chico, pero sigue más enfocado en lo otro, en lo que acaba de presenciar. Así que en base a lo visto, hace lo lógico: empieza a mover sus manos.
—Está bien muchacho, no es necesario —la voz es tan calma como el día de ayer, igual de bajita, y aunque el chico no ha hablado más que con sus manos, se queda quieto y por un instinto poderoso se muerde los labios—. Puedo entenderte sin necesidad de usar ese lenguaje de hombre.
El chico tuerce los labios contrariado ante la expresión "lenguaje de hombre", sólo que Ghetsis ya está pasando de él, y lo tiene que alcanzar.
—Desconozco tu nombre.
El chico levanta sus manos para contestar, sólo que las baja al ver como Ghetsis se detiene y lo mira como si estuviera haciendo algo muy tonto. No puede más que mirarlo con una ceja enarcada, perdido ante como contestarle que su nombre es Aleph.
—Aleph. Un nombre interesante ¿Sabes qué significa?
El chico se encoje de hombros, porque realmente nunca había pensado en su nombre de aquella manera y porque ¿de cuándo acá eso es importante?
El hombre ríe, pero con la boca cerrada, ahogando los sonidos y Aleph se siente un niño al que le van a explicar porque su afirmación infantil y estúpida es… infantil y estúpida.
Ghetsis camina y lo sigue.
—Los nombres, sabrás, o espero que lo hagas —aclara—, son más que etiquetas para distinguirnos los unos a los otros. Piénsalo de esta manera: las palabras no son más que un conjunto de sonidos, antes de que aprendiéramos a escribir ya habíamos aprendido a hablar. No creo que sea coincidencia. Hay poder en las palabras Aleph, y cuando dicha palabra es tu nombre, dicen que te da un valor único. Y tu nombre…
Ghetsis se vuelve a detener a las orillas de la plaza, Aleph lo mira expectante, porque aunque le parece descabellada la conversación del mayor, hay algo dentro de él, llámese curiosidad o deseo de pertenencia que lo hace prestar absoluta atención a lo que le están diciendo en esos momentos.
El mayor sonríe
—Aleph es el universo [1].
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A diferencia de la creencia popular, Yellow si puede andar por su cuenta por la ciudad. Ir acompañada de alguien más es sólo para tener tiempo de calidad con sus seres queridos. Pero cuando no es posible, se le puede ver andando con un bastón ocre de madera tallada y ornamentos metálicos de cobre. Yellow camina con mayor seguridad con la que lo hizo al inicio, cuando recién se mudó y estaba embarazada de su hijo. En aquellos años estaba recién casada y N apenas hacía modificaciones a la casa para que ella pudiera andar dentro de ella sin problemas; por lo que salir, con la vista recién perdida era no sólo una prueba de valor, sino un reto que la hizo superar su propia timidez. Ahora en cambio, su paso es como el de cualquier persona. Conoce el terreno, la ciudad, y casi siempre procura ir por el mismo camino de siempre. Se le ha grabado en la memoria.
Se detiene justo cuando llega a la estación de policía, cerca de la parada del autobús pero no se sienta, sino que se queda de pie, con las manos sobre su bastón, ignorando las miradas curiosas de quienes pasan: una porque está acostumbrada, y dos porque realmente al reconocerla dejan de prestarle atención.
Por lo pronto tiene cosas más importantes en la cabeza. El día anterior se había comunicado con Lance, justo después del segundo dibujo que realizó. Ambos entendieron que aquello no era buena señal. ¿La solución? sacar a Aleph de la ciudad. Y Yellow sabía que su hijo no se resistiría a ir con la única otra persona que conoció a su padre.
Levanta la cara, y mira al cielo aunque realmente no pueda verlo, pero recuerda como era, recuerda el tono celeste que sabe está ahí arriba porque el calor en el ambiente se lo dice, la calidez del sol contra su piel lo delata. Colores que extraña ver pero que no se arrepiente de haber perdido. Recibi su hijo a cambio le parece maravilloso, y por un momento deja que su mente descanse de los problemas actuales para pensar en el hombre que aprendió amar. Fue en un tiempo bastante lejano, hace mucho tiempo… cuando Ghetsis sólo era un nombre olvidado y no la sombra amenazante pegada a sus talones.
—Yellow.
Agacha la cabeza, sólo para poder girarla en dirección de la voz.
—Hola Platina.
—Hola señora mamá de Aleph.
La rubia sonríe.
—Hola Quartz.
—No te molesta que lo traiga, ¿cierto?
Yellow niega con la cabeza, porque no, nunca la molestaría ese niño que tanto insistió en volverse el mejor amigo de su hijo.
—Entonces vamos. Tenemos que ir al banco, a la agencia de viajes y a la tienda ¿cierto?
—Sí. Muchas gracias Platina —dice moviendo su bastón, pero una mano suave y pequeña la toma de la otra—. Y gracias a ti, Quartz.
—De nada.
Yellow se va de ahí, siendo guiada por Quartz y Platina al auto de esta. No sabe que Aleph se ha encontrado con lo que más teme.
[1] Significado tomado de la página que a su vez lo toma del cuento de Borges, "El Aleph".
