Fanfic inspirado en un pequeño cómic de T助( _tsk03_).
Los personajes no me pertenecen sino a Fujio Akatsuka. Yo no gano nada más que alivio en mis noches de insomnio con esto.
Advertencias: Alternative Universe (aquí aparte de lo que el título indica, los séxtuples no son hermanos), Ooc, Yaoi, posible Gore, lenguaje explícito y lo que se presente en el camino. Si algo de esto no te gusta, te invito cordialmente a abandonar el Fanfic.
.
.
.
¿Ahora qué? Esa es la cuestión.
Habían salido de un hospital repleto de zombies a una ciudad inundada de ellos. ¿Cómo sobrevivirían?
Osomatsu y él seguían tomados de las manos, las notaba temblar, era obvio que no sólo él se preguntaba eso. Ambos estaban aterrados, pero no podían quedarse quietos, así que siguieron avanzando.
Correr sin zapatos resultaba doloroso, estaba anocheciendo y el suelo estaba tibio, pero la catástrofe había esparcido una lluvia de vidrios por esquivar.
Si el espectáculo en el hospital resultaba grotesco, las calles presentaban algo peor.
Carros estrellados, con personas que inútilmente intentaron escapar de otra manera, ahora siendo devoradas a los pies de sus vehículos. Cadáveres adornando las aceras, algunos de ellos a medio comer, otros sin más heridas que las ocasionadas por aquellos que en su desesperación, no se detuvieron a ayudar a un caído o no evitaron pasarle por encima. Las vitrinas de las tiendas, opacas de sangre, impedían ver los modelos portados por los maniquíes, había bolsas destripadas, zapatos por aquí y por allá, algunos incluso contenían pies dentro de ellos.
Todo era tan surrealista, que la idea de que era sólo una pesadilla, latía con fuerza en su cabeza.
En medio de su recorrido pasaron por las puertas del restaurante en el que trabajaba, aquel que le brindo tantas experiencias, ahora se encontraba destartalado, con ventanas rotas, la puerta a punto de caerse y con cuerpos mutilados adornando la entrada. Era bizarro imaginar que el propósito de aquella construcción seguía latente, que en estos momentos había seres celebrando un banquete, comiendo y disfrutando de su sangriento festín.
Pequeñas lágrimas cayeron de sus ojos, no quería pensar más, no quería ver ni escuchar. Sólo quería salir de tan horrida alucinación.
-Ese… ¿ese era el lugar en el que trabajabas?
-Sí. –Musitó sin más.
-Lo siento.
-No tienes por qué, tú pasaste por lo mismo que yo.
-Bueno yo… la verdad es que yo no trabaja ahí como tal. Bueno, sí pero no. Ese no es mi trabajo real.
-¿Qué? –Estupefacto lo miró. Así que no trabajaba ahí. -¿Entonces que rayos hací…
Antes de concluir su pregunta, y justo después de girar en una esquina, se vieron bloqueados por una pared de muertos vivientes que voltearon en su dirección al instante.
Demonios, se habían metido en la boca del lobo.
-Corre –dijo firmemente Osomatsu, y ambos se fueron en dirección contraria.
Tal vez suene fácil, al menos así lo pintan en las películas, como si correr un maratón sin detenerse fuera sencillo, sumándole al hecho de llevar un par de horas haciéndolo. Sentía sus piernas pulverizadas, no tenía más energía y en cualquier momento podría vomitar lo poco que había comido ese día, sin embargo tenían que seguir. Su compañero no lucía mejor que él, se veía algo verde y sus mejillas estaban tan enrojecidas que no podía ser algo normal.
-Deberíamos descansar, luces fatal. –Exhaló un preocupado Karamatsu.
-¿Bromeas? Si nos detenemos vamos a morir.
-Quizá tengas razón, pero si seguimos de esta manera moriremos de todas formas.
El bufido a su lado sonó demasiado fuerte y molesto como para arrancarle una sonrisa, sabía que tenía razón, si seguían de esta manera no podrían hacer nada cuando el peligro estuviera cerca.
Comenzaron a caminar a un ritmo lento, ahora estaban en un vecindario lleno de casas, a unas cuadras del centro de la ciudad, no había un lugar donde conseguir comida y si lo hubiera, pasaría como en la ficción, posiblemente estuviera lleno de zombies dispuestos a consumirlos a ellos, aunque tenían un arma, con sus energías, no les serviría ni para tomar un par de onigiris de los refrigeradores y salir ilesos.
Sin embargo, tal vez arriesgarse así sería una mejor forma de morir en lugar de quedarse sin fuerzas a mitad de la noche, y es que la caída del sol era preocupante, a juzgar por el cielo debían ser las 6 de la tarde, pues parecía a punto de anochecer y sin poder ver nada no tienen muchas esperanzas de vida.
-Osomatsu, hay que apresurarnos, ya está obscureciendo.
-Sí, tenemos que encontrar un lugar en dónde pasar la noche.
El camino siguió, no sabíamos dónde coño podríamos estar a salvo. La mayoría de las casas se encontraban abiertas, nada nos garantizaba encontrar alguna vacía o con al menos un zombie al que matar y que nos dejara dormir en paz.
La ansiedad volvía a mí ¿qué podíamos hacer?
Un bote de basura estrellándose contra el suelo nos hizo girarnos. No era nada.
-Tal vez era un gato. –rio nerviosamente Osomatsu.
Otro sonido fuerte a un costado nos alertó nuevamente.
-Vámonos. –gruñí.
Y comenzamos a correr.
No podíamos ver qué nos perseguía, pero estábamos seguros, alguien o algo estaba tras nosotros.
La adrenalina nos regresó las energías, corríamos tan rápido como podíamos pero eso nos estaba alcanzando. Pude ver las lágrimas del chico a mi lado brotar de desesperación.
El distintivo sonido de pasos estaba demasiado cerca de nosotros, la luz del día se despedía, dándole ventaja a aquel ser. No queríamos morir, joder que no.
De un momento a otro yo también estaba llorando.
Un grupo de al menos 20 zombies apareció a final de la calle. Dimos vuelta en la primer esquina que vimos y ahora no sólo nos seguía uno.
Cuesta arriba era más difícil seguir nuestro ritmo auto impuesto, pero ya no había más salida. La mano de Osomatsu apretaba la mía con tanta fuerza que dolía, pero no planeaba soltarla, no cuando era lo único que me alentaba a no detenerme.
El sonido baboso de una mandíbula abriéndose me hizo voltear hacia atrás.
E-eso, eso era un zombie, pero no uno común. Nos había alcanzado.
Chillé y mis zancadas se volvieron más rápidas, Osomatsu gimió de terror. No sabíamos que algo así era posible, que una bestia con tales capacidades existía. Mientras nosotros avanzábamos desesperados, eso, a cuatro patas, nos alcanzaba casi galopando.
Osomatsu intentó disparar, pero la bala no golpeo el cuerpo en movimiento, sin embargo la bestia gritó embravecida y se hizo más veloz. Disparó nuevamente, no una, ni dos, sino tres veces con el mismo resultado.
Soltaba hipidos de impotencia en medio de su llanto, la verdad estaba escrita, era nuestro final.
Fue entonces cuando un milagro se plantó ante nuestros ojos. Una casa con una luz en la planta alta. Jalé a Osomatsu conmigo, rumbo a ella. Sus ojos rojos desconcertados se iluminaron junto con los míos, no todo estaba perdido.
Corrimos con la motivación renovada.
Llegamos y fue él quien saltó parándose en la barda.
-Dame la mano –bramó. Fue aquí cuando agradecí que fuera un chico, logró levantarme antes de que ese zombie mordiera mi pie.
A pesar de caer juntos sobre el suelo desde aquella barda de casi dos metros, no nos ocurrió nada, o posiblemente la adrenalina no nos hizo sentirlo.
Nos miramos emocionados, por un momento creí que no podría hacerlo, pero me levantó y ahora estábamos salvados.
Corrimos a la puerta de entrada, ese espécimen se estaba dando topes en los barrotes buscando tirarlos. Fue cuando nos miramos nuevamente y sin más dilación, le dio el tiro de gracia en la cabeza, matándolo, por fin, al instante.
-Lo hicimos, lo hicimos ¡sí! –rugió Osomatsu, su felicidad era palpable. –Y aparte conseguimos entrar a una casa, vamos, tenemos que pedir ayuda.
Reí. –Bueno, sé a qué te refieres, pero ¿crees que sea seguro?
-Si no lo es, al menos aquí ya podremos defendernos un poco mejor.
Cuando estaba a punto de tocar el timbre lo detuve.
-Espera, si eso suena podría atraer a un montón de zombies ¿qué no has visto las películas?
-Vamos Karamatsu, eso sólo pasa en la ficción –lo miré de mala manera, queriendo transmitirle el: "¿qué no ves la situación en la que estamos?". Afortunadamente entendió. –Ay, ya vale. Veamos si la puerta trasera está abierta.
Rodeamos la casa, el muro que la separaba de la de los vecinos era de concreto, sin duda fuimos muy afortunados en encontrar este lugar. Y la suerte no podía ser tan estúpidamente buena, de no ser porque incluso la puerta trasera sí estaba abierta.
Osomatsu silbó en aprobación.
La casa era preciosa, con su estilo occidental y los muebles lujosos. Cerré con pestillo, sólo por si las dudas. Y nos dedicamos a explorar.
El chico con traje de enfermera corrió a la cocina, abriendo el refrigerador y sacando comida en el proceso.
-Podría llorar de felicidad ahora mismo –balbuceó con la boca llena.
-O-oye, no tomes nada que no es tuyo, primero hay que hablar con los dueños.
Me ignoró completamente. Así que yo seguí observando cuanto podía en medio de la tenue luz. Se escuchó un ruido arriba.
Intercambiando una mirada, como tantas veces ya lo hemos hecho, subimos la escalera con pistola en mano.
La planta alta estaba igualmente sumergida en obscuridad, salvo por una luz blanquecina que se escurría de la puerta al fondo.
Caminamos sigilosamente, la sangre golpeaba en mis oídos, tomó el pomo de la puerta y…
-¡Boom! Toma eso hijo de puta.
Sólo era un chico riendo a carcajadas y golpeteando el suelo con sus pies en señal de victoria.
Fue ahí cuando se giró hacia la puerta.
