Hola otra vez equiz de de de de de de dee efe zi
No actualice porque se me olvido y porque estaba metale trabajando (sinceridad... donde) además, estaba cabeceandome como seguir esto, y mi beta que no me haba, Fraanchi, estuvo en especie de hiatus por problemas que tuvo. Personales y entendibles. Pero ahora que regresó a la acción, me pudo corregir y ayudar en varios fics, que voy a ir subiendo al fin "ALELUYA" ...
Well., este fic es NSFW, y ya saben que me lo patrocina Elrubius OMG y Shigeki no Kyojin, aunque ruben y isa la llama no lo saben.
Hetalia Pertenece a nuestro querido Hima-papa.
Este Fanfic puede contener material fuerte, no apto para inocentes, solo para pervertidas.
Maltratos, mención a violación, Traumas y mucho, pero mucho Amaoooooooaaaar!
My Sweet Slave
regreso
Una mañana soleada en la mansión Jones, Angie Kirkland, quien ya era una mujer de 17 años, recogía los platos sucios de la mesa. Toda la servidumbre había almorzado junta, como de costumbre, y se turnaban mara retirar la mesa. Pues, esta vez le tocó a la más joven y guapa de las mucamas. Angie tarareaba una canción de las que solía escuchar en la radio por las tardes. Después de todo, la mansión había estado sola mucho tiempo, y solo recibían gente para las fiestas, Maddie y Matthew, la madre y el hermano de Alfred, llegaban a la mansión a pasar Navidad, Año nuevo, y el día de acción de gracias, por lo que estaban en casa noviembre y diciembre.
Angie y Matthew se llevaban bien, ambos eran tímidos, no obstante no hablaban mucho. La señora Maddie, quien era joven a comparación con el padre de los hermanos de anteojos, era dulce y amable con Angie, ella sabía lo cruel que había sido su esposo en vida, y por esta razón se fue a Canadá con uno de los gemelos, pero por la herencia, jamás de divorció. Maddie y Angie siempre paseaban juntas, ya que a la señora le deleitaba pasear y conversar con la chica, quien a pesar de ser sirvienta, era muy estudiosa e inteligente. La señora le había ofrecido una beca de estudios a la joven Kirkland, pero ella cada vez que la mencionaban, rechazaba la beca, ya que le temía mucho miedo al exterior. Toda su vida estuvo en el mismo lugar, le aterraba salir a conocer el mundo fuera de sus libros de historia.
Angie, era la menor de los sirvientes de la casa, por lo que todos le tenían afecto y cariño, la cuidaban y aconsejaban demasiado, ella no tuvo una infancia fácil, así que le ayudaban mucho a superarse cada día.
Una vez que terminó con los platos, fue al exterior de la casa, a ver que estada haciendo el chico que limpiaba la piscina. Era unos tres años mayor que ella, utilizaba un corte de cabello melena y rubio. Era de origen polaco, y siempre se estaba quejando por el trabajo. A Angie le divertía escucharlo quejarse del mundo y de lo poco fabuloso que era su empleo. Además, odiaba limpiar la piscina quien nadie ocupaba, pero que por decretos del testamento del Hombre Jones, debía estar permanentemente en mantención y disponible.
-¿Qué tal va todo?
-¿Qué tal?.. ¡QUE TAL! … arsch esto es lo peor del mundo. ¿Cómo de un día para otro sale este horrendo mos?
-Eh… ¿se refiere al moho?
-Cómo se llame esa cosa… la odio.
-Tranquilo señor Feliks… puede tomar un descanso.
-"puede tomar un descanso "… después de esto voy al establo a jugar con el Pony de Al… eh, ese pequeño rayo de sol.
Feliks Łukasiewicz sabía perfectamente que no debía nombrar a Alfred, para no asustar o poner triste a Angie, después de todo, era una chica sensibe, y entre todos los empleados de la mansión habían decidido protegerla del mundo exterior y sus peligros, evitarle pasar malos ratos, y por sobre todo, no recordarle a Alfred Jones.
-Bien Angie, ve a ver si Iván está cuidando su jardín de girasoles, porque creo que te necesitaba onda así para un encargo híper mega fabuloso.
Angie corrió al invernadero de la mansión, pero al sentirse incomoda, redujo el paso. En esto, una de las sirvientas encargada de los cuartos notó a lo que iba, y su incomodidad, y se le acercó para pedirle ayuda.
-Yekaterina… ¿Qué sucede?
-Angie, necesito que me ayudes a tender una cama. No molestes a mi hermano, está ocupado con su molesto jardín.
-Oh… si está ocupado, no le molestaré.
-Y lo otro, cuando corras procura colocar tu brazo bajo tu busto… te lo digo porque se lo que se siente.
-Gracias… ¿Qué cuarto necesita?
-Es uno especial... pero debo pedirte que solo me ayudes con la cama, ya que no debes ver su interior… alberga secretos.
-¿qué tipo de secretos?
-Secretos Ninja
Yekaterina sabía que a Angie le gustaban los misterios, también que adoraba leer información de otras culturas, por lo que siempre debía ir un paso más adelante para lograr engañarla, aunque Angie llevaba un record de 45 a 38 contra la ucraniana.
-Secretos… de los ancestrales shinobis Uenos
-!Del barrio Taitō!
-Sí, y es muy importante que no mires nada, o de lo contrario se podría desatar la guerra entre Japón y los Estados Unidos.
-¿Pero por qué razón hay secretos ancestrales en la mansión Jones?
-Ya sabes Angie, el viejo era un coleccionista. Y ahora debemos dejar intactas esas reliquias.
-y si las veo… puede ser el fin
-Ya lo has comprendido, en marcha…
-¡SÍ!
Las chicas subieron la escalera y caminaron por un pasillo, hasta llegar a lo que era el cuarto de Alfred Jones. Angie entró con sus ojos cerrados y solo se concentró en su misión de hacer la cama, una vez terminado esto, salió con los ojos cubiertos nuevamente. Yekaterina sonrió, una vez que Angie se retiró, sacó su celular, y envió un texto.
"Todo está listo, esperamos su llegada"
Este texto fue respondido instantáneamente.
"Ya estoy en la ciudad. Nos vemos en la tarde señora Yeka"
Angie estaba en la puerta de la mansión, donde el chofer estaba sacando la limusina. Le causo curiosidad, ya que estuvo guardada desde el funeral del Viejo. Solo observó como sacaban el vehículo, y luego el portón automático se cerraba. La chica pensó que seguramente la llevarían al taller mecánico o algo similar, ya que cada cierto tiempo, sacaban los vehículos y los llevaban a mantención de lubricantes, combustibles, electricidad y servicio técnico.
Entró a la mansión, ya que su descanso había terminado. Los sirvientes no utilizaban uniforme, ya que no había necesidad de esto, Pero esta tarde, Angie vio que todos utilizaban sus uniformes, por lo que ella fue a la habitación a colocarse el viejo traje. Como era de esperarse, no le cruzaban los botones del pecho. Se afligió un poco, pero logró colocarse el vestido celeste con el delantal que era el traje de las mucamas. Angie fue a la cocina, donde las chicas latinas estaban limpiando y ordenando el lugar. Angie no les quiso preguntar el por qué limpiaban, así que se les unió a ayudarles.
La chica estuvo ayudando a limpiar la casa durante una hora y veinte, hasta que se escuchó la reja de la casa. Todas las sirvientas fueron a pararse frente la puerta principal. Angie, que no sabía lo que ocurría, se paró tras las chicas. La puerta de la mansión se abrió, y el heredero de la casa entró vistiendo un elegante pantalón negro, zapatos caros y una camisa, arremangada de los puños. Angie intentó ver entre las chicas, y su corazón se aceleró al ver de quien se trataba. Era él. Alfred había regresado. La inglesa quiso acercarse a hablarle, pero un nudo en su garganta le impedía soltar las palabras. Alfred cruzó miradas con ella, quien a notarlo, desvió su mirada sonrojándose. Estaba más grande y hermoso de lo que ella lo recordaba. La espera había valido la pena, ahora era todo un hombre de 19 años, hecho y derecho, y mucho más lindo. Ahora usaba anteojos cuadrados, y lucia mucho más alto.
Alfred informó que estaba cansad por el viaje, y fue a su habitación seguido de tres empleadas que le llevaban su equipaje. Prácticamente traía toda una vida en esos bolsos y maletas, y el viaje desde el avión privado hasta la mansión, lo agoto mucho. Angie siguió a las empleadas, y subió hasta la habitación de Alfred. La señora Yekaterina le ganó otra vez, no había secretos ninja, era la habitación de Alfred la que habían ordenado. Ahora el marcador era de 45 a 39. Una vez que las mucamas dejaron las maletas y Alfred les ordeno que se marcharan, Angie se quedó ahí parada. Alfred le pidió que se marchara con un tono no muy agradable.
-Acaso eres soda… Dije que se marchen todas.
-Eh… A… Alfred
-Lárgate, estoy cansado del estúpido viaje.
-Pero Alfred…
-Señor Alfred, para ti.
-Es que no… no entiendes, soy Angie
-¿Angie?
-Si… ¿Me recuerdas?
-Angie… Angie… No, o siento.
-Tú amiga de la infancia
-No recuerdo mi infancia. Ya lárgate de una vez si no quieres que te despida.
-Pero Al…
-Pero nada, adiós, vete de mi cuarto de una vez.
Angie salió y cerró la puerta. Su rostro de inmediato se llenó de lágrimas. La chica corrió a la zona anexa de la mansión, donde estaba su cuarto. Se tendió sobre la cama a llorar, no podía creer que Alfred no la recordara. Todos estos años, ella anhelaba que regresara, no obstante, él la olvidó como a cualquier cosa. La chica abrazó fuertemente el peluche que años atrás Alfred le había reglado, mientras este se llenaba de lágrimas.
oie viejo no rea necesaria tanta mardah
nos olemos luego.
-Maggie C
