Katniss se despertó antes del amanecer, fue directo al cuarto de baño para darse una ducha. El agua fría resbaló por su rostro, despertándola completamente. Cerró el grifo de agua y se envolvió en una bata de algodón para después abandonar el cuarto de baño.
Frente a la puerta del armario se encontraba Finnick, quién se estaba poniendo una camisa, ella pasó por su lado y fue a la cómoda a sacar ropa.
—¿A dónde vas? —le preguntó, colocándose una blusa.
—Tengo que hacer algunas cosas —contestó, lo vio sentarse al borde de la cama y se puso unos zapatos—. Te voy a pedir de favor que hoy te encargues de Alene.
—Tengo que ir al bosque —contestó sin mirarlo.
—Tendrás que ir en otro momento —se acercó a ella, le quito el peine y comenzó a peinarlo él—. Effie se ha ido al Capitolio por lo que no puede encargarse de ella, créeme que si estuviera, no te lo pediría a ti.
El espejo que estaba frente a ellos reveló las expresiones de su chica.
Primero fue perplejidad.
Segundo fue tristeza.
Y la última enojó.
Le arrebató el peine y se alejó de él.
—¿Crees que no soy capaz de cuidar de mi hija? —su enojó era evidente, no despegó la mirada de él.
Finnick sabía que pisaba terreno peligroso. Ella buscaba pelea. Quizás él también.
—Me sorprende que te refieras a ella como tu hija —contestó—. Y sí, dudo mucho que puedas cuidarla.
Avanzó hacía la puerta.
—Lo dudo porque no has demostrado cariño alguno, han pasado meses desde que nació y si tienes la capacidad de cuidarla, cuídala. No creo que deba dejarte una lista sobre todas las cosas que se hacen con un bebé. Hoy serás una madre de verdad, Everdeen.
La besó furiosamente en los labios y salió de la habitación, escucho la puerta de al lado abrirse y ella se tiró sobre la cama.
Katniss se sirvió un vaso de jugo, Alene seguía dormida a esas horas. Aunque claro, era de esperarse pero se sorprendió que estando con Finnick ella duraba demasiado tiempo despierta.
Subió a la habitación de ella. Miró a su alrededor como todo estaba acomodado, no había mucho que ella pudiera hacer. Tomó un libro sobre la historia de Panem y comenzó a leerlo. Al cabo de unos minutos escucho unos pequeños quejidos de la cuna de Alene, se acercó a ella que le regresaba la mirada.
—Hola dormilona —susurró Katniss, acariciando su frente—. No estás enferma y eso quita un peso para mí —la niña trataba de darse vueltas pero no podía—, ¿estás cansada de estar ahí?
Apenas la iba a tomar en brazos cuando los vio en la ventana. Coin y Snow la miraban con una sonrisa de maldad, sí la tocaba se la llevarían, no iba a permitirlo... ¡NO! Ellos no eran reales, no le iban a quitar a su hija, ya le habían quitado seis meses, no le iban a quitar más tiempo. Cerró los ojos fuertemente y contó hasta diez, los abrió y ya no había nadie, simplemente las gotas de lluvia que habían caído.
Agarró la espalda de Alene y se la colocó en el hombro. Alene pareció estirarse y chilló emocionada de estar en sus brazos. Katniss le acaricio la cabecita, enredando sus manos en la mata de cabello.
—¿Qué podemos hacer juntas? —susurró—. Cuando comencé hacerme cargo de Prim, ya era más mayor, no tengo mucho conocimiento sobre bebés.
El suelo del cuarto de Alene estaba cubierto con una gran alfombra, así la niña podría andar jugando, Finnick había pensado en todo cuando se encargó de la decoración, las paredes estaban pintadas de colores alegres que llenaban la habitación, Katniss se sentó en el suelo e hizo lo mismo con Alene, se dio una vuelta con dificultad y después rió.
Miró con temor a la ventana, esperando ya no encontrarse con nadie y por fortuna ahí no había nadie, en la puerta tampoco, suspiró.
—A mi mente le gusta jugar conmigo —le contó a Alene, que se arrastraba poco a poco en dirección a unos peluches que estaban en un rincón.
Su hija estaba sosteniendo un peluche pero no pudo arrastrarse con él, después tomó lo que debía ser una mordedera, para después metérsela a la boca, eso no le haría daño.
¿A que podía jugar con ella? No sabía pero le gustaba mirarla.
Alene chillaba con emoción, agarrando juguetes de cualquier parte y dejándolos en otro lugar, en cualquier parte del suelo había juguetes.
Alene lloraba cada vez que no podía sostener un juguete con sus manitas, tras unos segundos parecía olvidarse de él y se ponía a dar vueltas en el suelo, Katniss puso música suave y pronto el cuarto estaba más cálido.
Katniss pronto sintió como los párpados le cansaban, dentro de nada se dormiría... Cerraba los ojos y los abría al instante, Alene seguía donde mismo, hizo lo mismo varias veces sólo que Alene se encontraba más cerca de ella, pronto sintió que algo le mojaba las mejillas, podía ser Buttercup pero un gato no debía estar cerca de los bebés... Pero se dio cuenta que no podía ser Buttercup...
Abrió los ojos lentamente y se encontró con Alene, que le estaba succionando en la mejilla, Katniss sonrió y con sus manos la agarro, se acostó en el suelo de nuevo y la alzó en brazos.
—Te adoro, preciosa —le susurró, dándole un beso en la mejilla—. No quiero seguir separada de ti pero los fantasmas de mi pasado no me lo permiten. Temo hacerte daño.
Un relámpago ilumino el cielo que recién se tornaba oscuro, Alene lloró ante el estruendo que provocó, Katniss se levantó con ella.
—Sshhh... —Susurraba—, ya, ya, no es nada —le daba pequeñas palmabas en la espalda.
"Palmadas no son suficiente, Katniss"
El sonido de un trueno se escuchó y ella lloró con más fuerza, moviéndose inquieta en los brazos de su madre.
—Hey..., hey..., no es nada, yo estoy aquí —no sabía si la estaba meciendo bien, sólo quería que su hija se calmara, gruesas lágrimas salían de los ojos de su hija, Katniss sintió que las lágrimas le escocían en sus ojos.
"¿Dónde estás, Finnick?" —Preguntaba su mente— "¿Cuándo piensas volver?"
"No" —pensó— "Yo soy capaz de cuidarte"
Colocó la cabeza de Alene sobre su hombro y comenzó a moverse de un lado a otro, cantando la canción del valle. Unos minutos después, su hija suspiró y cerró sus ojitos, permitiéndole a Katniss suspirar de alivio.
A fuera aún se escuchaban los truenos y relámpagos, ella sólo pensaba en Finnick y que en cualquier lado que estuviese se encontrará bien.
Desde la mañana que Katniss no había probado bocado de nada, solo había bajado a la cocina para preparar el biberón de su hija, se preparó un café y tomo algunas galletas de la alacena, se fue a la sala a intentar leer algo, iba alrededor del tercer capítulo del libro: El inicio de Panem.
Escucho un ruido, muy minúsculo, una persona normal no habría sido capaz de escucharlo, camino silenciosamente hasta la puerta de la cocina y la abrió lentamente, prestando atención a la puerta trasera, se aterrorizó, la manija se estaba abriendo lentamente.
Empezó a respirar entrecortadamente, era el final, lo era. Iban tras ella y por su hija, se llevó la mano a la boca tratando de controlar los gritos que estaban atorados en su garganta. Tenía que hacer algo, aunque no sabía qué, sin duda Finnick debía tener algún arma en su cuarto.
¡Alene!
Estaba perdiendo valiosos segundos pensando en que es lo que haría y su hija se encontraba sola en la planta de arriba, subió rápidamente tratando de no hacer ruido alguno, no tenía que hacer ni uno solo pero estaba tan atemorizada.
La poca luz que iluminaba los pasillos le dada una pequeña ventaja, una muy minúscula pero suficiente, abrió la puerta del cuarto de Alene. La niña seguía profundamente dormida, la envolvió en una sábana y la llevó en dirección a su cuarto. Se escucharon pasos en la planta de abajo. No habría dudado en que fuese Finnick, ya que él siempre usaba la puerta de adelante, la trasera era muy raro que se usara, eran varias personas…
Sollozo. Sujetando a su hija con fuerza.
El armario era lo suficientemente grande, así que descolgó algunas prendas y puso a Alene sobre la madera, cubriéndola totalmente, no iban por ella, iban por Alene.
Todo Panem se había enterado sobre el embarazo de Katniss cuando sucedió y las personas que buscaban venganza sin duda iban tras ella, para lastimarla. Sus hijos iban a ser los primeros en ser usados pero no lo iba a permitir. Apenas iba apagar el foco cuando un nuevo rayo ilumino el cielo haciendo que la luz se fuera.
Una ventaja más.
Las personas que estaban en su casa, ahora subían las escaleras.
¿Por qué se estaban tomando su tiempo? ¿Para torturarla? Sí, seguramente debía ser eso pero no lo iba a permitir, busco en los cajones en todos lados y para su jodida suerte solo encontró una navaja y un trozo de cuerda.
¿Qué haría con eso?
No tenía mucho pero daría la vida por su hija, aunque eso no serviría de mucho, dado que de todos modos se la llevarían. ¡No!
—Tendré que asesinarlos…
¡Asshhh...! Ya tenía el siguiente capítulo que no es nada que ver con esté y por leer sus comentarios me hicieron cambiarlo xD Pero aquí está jaja.
Anna Scheler: Jajaja. Sí, tengo una muy grande obsesión con estos dos XD ¿Y que esperas? ¡Escríbela! Qué ahí me tendrás para leerla *-* ¿En está historia quién es Peetana Scheler? :p
PrettyLu: ¡Hola de nuevo! Bueno, ya sólo queda otro y sabremos que le pasa. Sí, va después de los juegos. Y no, no creó que mucho xD
¡Nos leemos!
