Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 8
BELLA POV.
Miré por milésima vez la hora en el maldito móvil y Edward debió llegar hace quince minutos, ¿será qué se arrepintió de venir? Lo más seguro es que sí, después de todo, él y Nessie ni siquiera se hablan así que ¿por qué querría ayudarla? Pero de ser así ¿por qué diablos ofreció su ayuda? Suspiré más que frustrada y cerré el libro de matemáticas de manera brusca, lo tiré a un lado junto con el cuaderno, me recosté en el césped y cerré los ojos perdiéndome en mis muy confusos pensamientos.
Estuve en esa misma posición por largos minutos y estaba comenzando a quedarme dormida, lo mejor es que vaya adentro, trate de ponerme a estudiar por mi cuenta y deje de pensar en Edward, sí, eso es lo tengo que hacer; estuve a punto de gritar cuando abrí los ojos y me encontré con el rostro de Edward a escasos centímetros del mío. ¿Será que me quedé dormida y estoy soñando?
—Hola, creí que estabas dormida —me dijo dándome una sonrisa torcida que me dejó sin aliento, me ofreció su mano para ayudarme a incorporar y se sentó a mi lado—. Lamento la demora, pero de camino paré por provisiones.
—¿Provisiones? —le pregunté con el ceño fruncido, aún no estaba muy segura de que fuera real, así que discretamente me pellizqué y... ¡Oh joder! No estaba soñando, pues eso sí que me dolió.
—Sí, no hay nada mejor que estudiar mientras comes comida chatarra —sacó de la bolsa, que hasta ahora me di cuenta que traía en sus manos: papas fritas, chocolates, golosinas y latas de refresco—. Aunque creo que debí preguntarte antes, las chicas como tú no comen este tipo de cosas.
—¿A qué te refieres con eso de las chicas como yo?
—No me mal interpretes, es que la mayoría de las chicas le temen a subir de peso si comen estas delicias —me respondió encogiéndose de hombros y una chispa de diversión iluminaba sus ojos, de seguro piensa que yo soy una de esas chicas, pero cuán equivocado estaba.
—Así que crees que yo soy una de ellas —afirmé y se limitó a sonreír—. Púes te demostraré que estás equivocado, Cullen.
Tomé una barra de chocolate con almendras, que era mi favorito, y ante la atenta y divertida mirada de Edward le quité la envoltura y le di un buen mordisco, él trató de robarme un trozo pero fui más rápida y le di un manotazo.
—Eso si que no, este es mío, y mejor comencemos que cuanto antes mejor —me distraje un momento para tomar el libro y mi cuaderno y, cuando volví la mirada hacia Edward, lo vi comiendo un trozo de mi chocolate.
Le saqué la lengua, muy infantil lo sé, pero no se me ocurrió nada más, él comenzó a reír y aunque traté no pude evitar unirme a su risa. Comenzamos con la clase, matemáticas siempre había sido una tortura para mí, y de no ser por Ángela y Jasper que me ayudaban a estudiar, no sé qué habría sido de esta pobre alma en desgracia; pero definitivamente prefería mil veces la ayuda de Edward.
Cientos de explicaciones por parte de mi nuevo profesor, un montón de comida chatarra y dos horas después, por fin había logrado entender y resolver un par de problemas por mí misma.
—¿Y bien? —le pregunté con impaciencia a Edward cuando dejó mi cuaderno de nuevo en el césped, después de revisar los ejercicios.
—Bueno… ¿has escuchado ese dicho que dice: el alumno supera al maestro? —asentí y él continuó—. Púes este claramente fue el caso, están perfectos.
—¿En serio? —él asintió y solté un grito de emoción, me lancé sobre él y lo abracé.
Cuando me di cuenta de lo que había hecho me sonrojé y me separé de él, sentía su mirada clavada sobre mí pero yo evitaba a toda costa verlo.
Me quedé viendo fijamente el césped y de forma nerviosa arranqué algunas hebras, no muy lejos de mí pude localizar tirada la última barra de chocolate, alargué la mano con la intención de tomarla pero Edward lo impidió sujetando mi mano; en cuanto su mano tomó la mía una extraña sensación recorrió mi cuerpo, algo como una especie de cosquilleo que comenzaba justo donde mi piel entraba en contacto con la suya y se extendía por mi brazo, para después seguir un recorrido por todo mi cuerpo y finalmente se concentraba en mi estomago.
Con nerviosismo clavé la mirada en él, buscando algún indicio de que estuviera sintiendo lo mismo que yo, y lo encontré, su ceño ligeramente fruncido y la forma en que miraba nuestras manos unidas me lo confirmaron.
—Lo siento, pero esta es mía —me dijo después de aclararse la garganta, soltó mi mano y tomó la barra de chocolate.
—Pues yo la vi primero —rebatí tratando de quitársela.
Con un movimiento rápido se puso en pie y yo lo imité, Edward mantenía la maldita barra de chocolate por sobre su cabeza y yo trataba de alcanzarlo dando grandes saltos, el que fuera más alto que yo no me ayudaba en mucho que digamos.
Después de un rato seguíamos con nuestra pequeña riña, pero pasados los primeros minutos lo hacíamos más por juego y diversión que por el chocolate en si, y es que no parábamos de reír como dos niños pequeños; Edward caminó un par de pasos hacia atrás y sus pies se enredaron con una de las lata de refresco, perdió el equilibrio y en consecuencia ambos terminamos tirados en el césped, yo sobre él debo añadir.
Ambos respirábamos con dificultad debido a la anterior actividad, sus ojos recorrían a conciencia mi rostro, como buscando algo, y por último se detuvieron por largos segundos en mis labios; más que nerviosa hice el intento a levantarme pero Edward no me lo permitió, acomodó un mechón de mi cabello por detrás de mi oreja y acarició mi mejilla causándome escalofríos, mis ojos se cerraron ante su toque y solté un ahogado suspiro. Lo que pasó después me tomó por sorpresa, sus labios se posaron sobre los míos y me quedé totalmente congelada por un momento sin saber qué debía hacer, poco después me dejé llevar y correspondí a su beso de manera tímida e inexperta, dejando que él tomara el control del momento; nuestros labios se movían lento y en perfecta armonía, era algo simple y sencillamente perfecto, pero por desgracia no todo puede durar para siempre, el móvil de Edward comenzó a sonar y nos separamos.
—¿Qué pasa Rosalie? —gruñó y yo me levanté alejándome un poco para darle privacidad.
¡Oh mi buen Dios! ¡Acabo de recibir mi primer beso! ¡Edward me había dado mi primer beso! Y las mariposas dentro de mi estomago no dejaban de revolotear como locas de un lado a otro y... ¡ay Dios! Me estoy enamorando de Edward, y lo peor no es que en unas semanas me vaya a ir de aquí no, sino que él tiene novia.
—Me tengo que ir, pero tú y yo tenemos que hablar —me dio un beso en la mejilla y me sonrió antes de irse.
Me quedé como una tonta viéndolo alejarse hasta adentrarse en la casa, suspiré y comencé a recoger la basura, mis cosas y entré a la casa. En la sala, estaba la señora Renée leyendo lo que parecían ser documentos relacionados con los hoteles, o al menos eso pensé al ver el logotipo en la carpeta que descansaba sobre la mesa de centro; al notar mi presencia me sonrió, palmeó el lugar a su lado para que me sentará y así lo hice.
—¿Qué tal esas clases con Edward?
—Bien, me fue de gran ayuda —le respondí con una sonrisa boba al recordar el beso.
—Me alegra escucharlo. Por cierto, no sabía que Tanya también iba a venir —al instante mi sonrisa se esfumó y mi ceño se frunció.
—¿Tanya? No, ella no vino —le dije, dejó los documentos en la mesa y clavo la mirada en mí.
—Cielo, yo me la encontré en la entrada cuando llegué hace unos minutos. Por cierto que ni me saludo, iba de prisa y como ida —no puede ser, ¿y si nos vio a Edward y a mí besándonos?—. Nessie ¿qué ocurre, cariño? De repente te pusiste pálida.
—Nada, no me pasa nada... sólo estoy cansada, voy a mi habitación —me levanté y salí casi corriendo de la sala.
En cuanto entré a la habitación me tiré sobre la cama, no creo que Tanya haya visto algo, de ser así estoy segura que habría montado un show digno de Broadway para reclamarnos a Edward y a mí que le estuviéramos viendo la cara, al menos yo en su lugar lo hubiese hecho... bueno, tal vez no lo del show.
El resto del día pasó relativamente tranquilo, por la noche recibí una llamada de Tanya, con la cual comprobé que no estaba al tanto de nada, y no sabía si alegrarme o sentirme mal por el remordimiento, después de todo ella es la novia de Edward.
El domingo me levanté tarde, no había podido dormir muy bien que digamos, pues no había dejado de darle vuelta una y otra vez al tema del beso, al final había terminado por mandar ese recuerdo al fondo de mi cerebro o terminaría por volverme loca. Aún en pijama bajé a la cocina, donde me encontré con la señora Renée y Alice charlando animadamente mientras tomaban café.
—Buenos días —saludé y me serví un poco de café, no me pasó desapercibida la mirada asombrada con la cual me recibieron, supongo que no es una costumbre de Nessie andar en pijama así sea domingo y en su casa.
—¿Qué les parece si pasamos las tres el día fuera? —propuso la señora Renée con una sonrisa.
—Por mí está bien —respondió Alice con una sonrisa forzada, la idea de pasar el día conmigo, bueno con Nessie, no le hacía la más mínima gracia.
—Voy a cambiarme, no me tardo —la señora Renée asintió emocionada, supongo que esperaba que alguna de las dos nos negáramos.
Regresé a la habitación y me cambié el pijama por unos jeans tubo, una blusa azul de mangas cortas y unos cómodos tenis Converse, que me había encontrado por casualidad bajo la cama en una polvorienta caja, me puse un poco de brillo para labios y mi cabello lo dejé suelto; si Nessie no usaba tenis me importaba un rábano, son mis pies los que sufren las consecuencias de ir con tacones todos los días. Cuando bajé ya Alice y la señora Renée me estaban esperando, salimos de la casa y nos montamos las tres en la camioneta.
Primero fuimos a almorzar algo pues sólo habíamos tomado café en la casa, almorzamos en un pequeño y pintoresco restaurante; Alice en un principio estaba tensa como la cuerda de un violín y un tanto callada, pero después se relajó considerablemente y hasta me incluía en su charla. Después de almorzar la señora Renée insistió en que fuéramos de compras, al llegar al centro comercial y ver cómo brillaron los ojos de las dos mujeres que me acompañaban, un escalofrío recorrió mi columna, esto sería una tortura.
Y no me equivoqué, recorrimos cientos de tiendas en las que la señora Renée y hasta Alice me hicieron probar infinidad de prendas, zapatos y accesorios. Al final de nuestro recorrido las tres estábamos cargadas de bolsas y riendo de cualquier cosa, tengo que admitir que no fue tan malo después de todo, llegamos al estacionamiento y con demasiada dificultad metimos las bolsas en la camioneta. Decidimos ir a comer antes de volver a casa, nuestra excursión por el centro comercial nos había dejado hambrientas; llegamos a un restaurante de comida italiana, entramos y casi me desmayo al ver a Edward con su familia cerca de la mesa en la que nos habíamos sentado, tomé la carta y me cubrí el rostro con ella para que no me viera, con suerte Alice y la señora Renée ni se darían cuenta de la presencia de los Cullen a escasos metros de nosotros.
—¡Mira tía! Por allá están Edward y Rosalie con sus padres —¡genial! Mi suerte es un asco.
Alice se levantó y fue a saludar a los Cullen, estuvo por unos minutos hablando con ellos y después regresó a la mesa con una sonrisa bailando en su rostro, sin duda esa sonrisa era un mal presagio.
—Esme y Carlisle nos invitan a sentarnos con ellos, ¿aceptan? —¡por supuesto que no!
—Claro que sí —diablos, la señora Renée se levantó y no me quedó más que seguirla.
Llegamos a la mesa y saludamos. Esme era una mujer muy hermosa, su rostro tenía forma de corazón, su cabello era color caramelo y ojos verdes como los de Edward; Carlisle parecía actor de cine, era realmente guapo, rubio y ojos azules como los de Rosalie, nos sentamos y para mi desgracia me tuve que sentar junto a Edward, el cual no dejaba de verme con una sonrisa. Comimos envueltos en una agradable charla, exceptuando las miradas y comentarios mordaces de Rosalie hacia mi persona, esta chica realmente odia a Nessie.
Estábamos esperando a que trajeran el coche de los Cullen y la camioneta de la señora Renée, Alice platicaba con Rosalie, Esme y Carlisle hacían lo mismo con la señora Renée, lo cual nos dejaba a Edward y a mí excluidos de toda charla.
—Recuerda que tenemos una conversación pendiente, pero primero tengo que arreglar algo —iba a decirle que no había nada de qué hablar, pero en ese instante el valet parking llegó con el mercedes de los Cullen—. Por cierto, me encanta como luce el color azul en ti —me susurró al oído y dejó un beso en mi mejilla antes de subir al coche.
Primero me besa y ahora coquetea conmigo, y no es que me quejé claro, pero vamos él tiene novia y además creé que yo soy Nessie. Regresamos a la casa y cada quien subió a su habitación, guardé todo lo que había comprado y me di un largo y relajante baño en la tina. Me puse ropa de deporte y tomé el libro que estaba sobre la mesita de noche para leer un rato, no habían pasado ni diez minutos cuando se escucharon unos ligeros golpes en la puerta.
—Adelante —medio grité y Alice asomó la cabeza.
—Mi tía quiere que veamos una película con ella, te esperamos en la sala.
—Ahora bajo —respondí y le sonreí, ella me devolvió la sonrisa pero después su expresión se volvió seria y desapareció de mi vista.
Unos minutos después bajé y me senté junto a la señora Renée, Alice puso la película, que era de comedia, y se sentó en el piso con los pies cruzados y abrazó un cojín.
No le puse mucha atención a la película, mi mente estaba muy lejos de aquí, no podía dejar de pensar en Edward y lo que siento por él; en Nessie y el que no me haya llamado, pero en cuanto se termine la película la voy a llamar y sino atiende la llamada ya veré que hago para saber qué ocurre; pero sobre todo, no podía dejar de pensar en el por qué Alice y Nessie no se llevan bien, estoy segura que algo muy fuerte pasó entre ellas y tengo que descubrir qué fue.
La película terminó y me fui a mi habitación alegando que había sido un día largo y estaba cansada, en cuanto entré, marqué el número de mi móvil pero Nessie lo tenía apagado pues me mandó directo al buzón. Ya no podía seguir sin saber nada de ella, o si había pasado algo con mi papá, o con alguno de mis amigos, ante ese pensamiento el pánico se apoderó de mí, tenía que saber qué pasaba pero no podía llamar directo a mi casa, qué diría si Charlie me contesta. Después de mucho pensar tomé el riesgo de llamar a Jasper, marqué su número y al tercer timbre contestó.
—¿Diga?
—Hola Jazz, soy Bella, yo...
—Mira, Isabella, no sé para que me jodidos me llamas, te recuerdo que tú y yo ya no somos amigos, mejor llama a los que sí lo son —me dijo con voz afilada y cortó la llamada. ¿Por qué me dijo eso? ¿Qué mierda estaba pasando en Forks? ¿Qué había hecho Nessie con mi vida?
Continuará...
¡Hola! Lamento mucho no haber podido actualizar antes pero tuve problemas técnicos, mi ordenador decidió tomarse unas vacaciones y estuvo por casi una semana en reparación, casi me da un infarto cuando no encendió y me dijeron que podía perder mis archivos, ¡y lo peor de todo es que no tenía una copia de los Fic's!... Pero por fortuna no pasó a mayores y no perdí nada, así que aquí estoy de vuelta y espero que disfrutaran del capítulo.
Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...
Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's, no los respondo por falta de tiempo pero sepan que leo todos y cada uno.
¿Algún review? =)
