MY LITTLE PONY
PARALLEL STORIES
Versión alternativa
Chapter 1x01
Northwest Mines Town
Parte 2
El sol empezaba a caer cuando la puerta de la casa de Undying Knoledge se abrió, mostrando al mundo a una Shiny Eyes de expresión radiante. La dorada pegaso había pasado un rato verdaderamente agradable en compañía de la historiadora, tanto degustando deliciosos dulces como manteniendo una amena e interesante conversación en el que, aunque al principio la voz cantante fue de la blanca poni de tierra, en seguida la plática se recondujo hacia un punto común en el que ambas se sentían cómodas, abarcando temas tan dispares como la vida en Canterlot o la evolución del sistema de transacción (el cual había pasado de una técnica de trueque a ser completamente monetaria), pero lo que más agradó a la orfebre fue el tema que surgió justo después, y que unía dos mundos aparentemente tan dispares como la historia y la joyería. En concreto, Knowledge primero contó historias sobre valientes guerreros que, para elevar aún más su leyenda, proporcionó a su único compañero fiel –su arma– un panegírico y un agradecimiento por la ayuda prestada, correspondiéndoles por ello con engarces de joyas que los hacían únicos y hermosos. Entonces mostró ejemplos de ello en su colección, enseñando réplicas de dichas armas, los cuales contenían encajes de joyas de gran factura.
Al salir a la calle, Shiny acentuó más su sonrisa al sentir el frescor de la tarde en el rostro. Entonces ambas yeguas se despidieron y la joyero se dirigió hacia la casa de al lado, el cual, según había revelado horas antes la blanca poni de tierra, era el hostal. Al caminar, miró a su alrededor y no pudo evitar torcer el rostro, así como sentir un escalofrío: Northwest Mines Town estaba agonizando y, de seguir así, en unos pocos años se convertiría en un pueblo fantasma, y era algo que la llenaba de infinita tristeza, pues la mina aún podía dar mucho de sí, además de que los habitantes no merecían esa suerte. Afortunadamente, quizás ella tuviese la solución a ese asunto, cosa que proporcionaría un bienestar a todos los ponis que allí vivían, incluyéndole a ella, que aparte estaba cansada de ir de un lado para otro intentando vender sin éxito las joyas de su carrito. Sin embargo, la enorme posibilidad de que su propuesta no funcionase, o que, en menor medida, esta fuese tratada como un ejemplo de superioridad o de desprecio, hacía que su cuerpo se sobrecogiera de angustia. Miró tristemente hacia la herrería y vio su carro atado con cadenas a la pared lateral. "Por lo menos no me tengo que preocupar de que me roben mi trabajo, pues es mucho más fácil entrar en la mina y coger una joya más grande y de mejor manufactura sin esfuerzo", pensó.
Entró en el hotel y vio tras el mostrador la parte trasera de un poni de tierra de pelaje amarillo brillante, el cual estaba ordenando unas cartas. Este tenía una morada crin repeinada y una Cutie Mark que mostraba un timbre de hotel. Sin embargo, por delante del tablero aguardaba paciente una pegaso de color amarillo pálido, que lucía una crin de tono lavanda y recogida dentro de un casco de aviador, el cual tenía las gafas sobre la visera, dejando ver de esa forma sus verdes ojos. Esta pegaso portaba unas alforjas que hacían juego con el color del pelaje, situadas tan atrás que tapaban por completo su Cutie Mark y, junto al cierre de las alforjas, estaba el logotipo cosido de la empresa de correos de Equestria. Definitivamente debía ser la cartero de Northwest Mines Town.
—Buenas noches, quisiera una habitación —dijo Shiny Eyes, adelantándose un poco.
—Lo lamento, señorita —el hotelero ni siquiera se dio la vuelta—. Estamos completos.
—¿Completo? Pero si… —Shiny Eyes agachó la cabeza, apesadumbrada—. Y ahora, ¿qué hago? —dijo en voz baja.
—Ya te dije que no era buen momento para hacer reformas —la pegaso-cartero miró de forma un poco autoritaria pero compasiva al hotelero, que ya se había dado la vuelta y miraba a ambas yeguas con sus agradables ojos azules.
—Sí, lo sé, Feather, pero había que hacerlas en el piso de arriba sí o sí. Se estaba cayendo a pedazos, y algún día podría ocurrir una desgracia… ¡Ya sé! —el hotelero observó entonces a Shiny Eyes, y seguidamente devolvió la mirada a la cartero—. ¿Por qué no habilitáis una casa vacía para que la señorita pueda pasar la noche? De verdad que no tengo ninguna habitación libre.
—Siempre la misma historia, Disarming. Nunca haces nada por ti mismo —la tal Feather frunció el ceño mirando fijamente a los ojos del hotelero—. Y no sé cómo lo haces, pero siempre consigues lo que quieres…
—No os peleéis, por favor —Shiny Eyes se adelantó un poco, mirando alternativamente a la pegaso y al poni de tierra.
—Por favor… —Disarming sonrió de oreja a oreja, mezclando una expresión infantil, agradable, despreocupada y a la vez malvada.
Fue una sonrisa realmente encantadora, como la de un potrillo que esperaba ansiosamente su regalo de cumpleaños, como la de un semental adulto perdiéndose en los ojos de su amada antes de fundirse en un beso de puro amor, como la de un anciano que ansía la llegada de la parca al saber que al fin ha cumplido todas y cada una de las aspiraciones que la vida le había encargado, como la de… Shiny Eyes nunca había visto nada igual, y no pudo evitar sentirse cautivada por ese simple pero perfecto gesto. Sin que ella pudiese hacer nada al respecto (aunque tampoco lo habría intentado de haber tenido tiempo) la iluminación del empezó a disminuir lenta pero inexorablemente, haciéndolo en primera instancia en los bordes del ángulo de visión que la dorada pegaso percibía, y terminando en el más nimio borde exterior de esa fascinante sonrisa, que a su vez era el centro de la mirada de Shiny… Sin embargo, sería más correcto puntualizar que en realidad esa atractiva mueca había atraído y fagocitado toda la luminiscencia que poseía el resto del universo, hasta el punto de convertirse por sí misma en todo el cosmos que la orfebre necesitaba poseer, o por lo menos visionar eternamente.
En ese momento el espléndido rostro empezó a moverse, separándose del semental que hasta ese momento lo ostentaba y, danzando ante una música tan sacra y perfecta que su simple audición era imposible, se situó justo a la izquierda de la cara de la yegua, para seguir ejercitando su obsceno pero adorable baile en ese límite de su ángulo de visión. Shiny Eyes, sin embargo, siguió mirando al semental, y más concretamente a ese semblante que aún poseía ese poni, exactamente tal y como debería ser si este no se hubiese separado del resto del cuerpo. Y para ello no tuvo más remedio que desdeñar ligeramente la existencia del rostro que aún percibía en su lado siniestro. Pegó una bocanada de aire al descubrir una nueva separación, aunque esta vez el semblante se dirigió presto hacia su lado diestro, ejecutando durante el recorrido un baile tan hermoso como el que había realizado la anterior cara, y que aún vislumbraba. Pero ella siguió observando impertérrita al semental pues, como si este esperase el momento, acentuó aún más la sonrisa y, con una rapidez envidiable, su rostro, como si hubiese sido arrancado de cuajo, se alejó del cuerpo del que hasta ese momento había pertenecido, se dirigió directamente hacia ella. Shiny Eyes esperó ansiosamente su llegada, segura como estaba que esta le colmaría de un infinito placer a través de un beso, de un susurro, o de la misma respiración entrecortada que solo la excitación más sucia y necesaria era capaz de proveer. La dorada pegaso cerró los ojos, esperando ese momento tan extraordinario que no pudo evitar convencerse que su misma existencia, desde el primer momento en que nació, no había sido más que una preparación para lo que estaba a punto de acontecer.
—¡Está bien! ¡Lo haré! —la pegaso-cartero sacó a Shiny Eyes de su trance—. Pero por favor, deja de hacer eso, sabes que no me gusta cómo me siento cuando pones esa expresión. Y a pesar de todo, sigues haciéndolo. Cuando te dije antes que no sabía cómo logras que todo el mundo haga lo que quieres, era mentira. Así es como lo haces, con esa estúpida expresión. Y es aún más efectiva si tus víctimas son yeguas.
Tomando de un casco a Shiny Eyes, que aún quería perderse en la sonrisa que emergía de la cara de aquel adorable poni, salieron fuera del hostal. Una vez en la calle, la pegaso la miró fijamente a la cara:
—¡Eoh, Eoh! —la cartero agitó sus cascos delante de Shiny—. Estás en la calle, ya no estás ahí dentro. Vuelve en ti —volvió la mirada hacia el hotel—. Este Disarming Smile es todo un caso. Menos mal que es un buen poni y no tiene mala intención, que si no… —girando de nuevo su cabeza, sujetó a la dorada pegaso por sus hombros y la sacudió hasta que se aseguró que había salido del trance—. ¡Ufff…! —resopló—, por poco te pierdo… Bueno, soy Fast Feather y, como habrás supuesto por mi indumentaria y sobre todo por este dibujo —señaló el logotipo de las alforjas—, soy una pegaso-cartero de Equestria.
—En… encantada —susurró Shiny, quien todavía percibía el influjo de la angelical sonrisa, cosa que eliminó moviendo de un lado a otro y con rapidez la cabeza—. Yo soy Shiny Eyes, y he tenido un día horrible. Verás… Soy vendedora de joyas y… —sonrió ligeramente, presa del nerviosismo— he recalado en este curioso pueblo. Al comprender que no tenía posibilidad alguna de vender algo, he intentado salir, pero se me ha averiado el carrito… —la respiración de la dorada pegaso volvía a ser acelerada, esta vez presa del nerviosismo— y ahora no hay habitaciones… y encima tengo que molestar a los demás para que me ayuden.
—No te preocupes por lo que ha pasado —Feather sonrió—, ayudarte con la casa no me supone ningún problema. Lo que me ha molestado ahí dentro ha sido el cómo me lo ha pedido. ¡Y pensar que aún sigo cayendo en su influjo! —Fast Feather pateó el suelo de la frustración, para frenarse casi de inmediato y volver a sonreír—. Ya sé lo que haremos, ¿te parece bien que elijamos una casa vacía y entre unos cuantos lo adecentemos para que te puedas quedar unos días? Incluso te cederemos los enseres que puedas necesitar.
—¡Oh, muchísimas gracias! —la mirada de la joyero se volvió más brillante que nunca, embargada por la emoción y el agradecimiento.
—Vamos pues —la cartero comenzó a andar hacia el centro del pueblo—. No quiero que la primera noche aquí la pases al raso.
Las dos pegasos cruzaron la calle y se dirigieron a una casa que estaba un poco más cerca de la mina. Una vez allí, Fast Feather hizo ademán de llamar a la puerta, pero antes de hacerlo se giró hacia Shiny Eyes y le advirtió en voz baja que se colocara al lado derecho de la puerta y que, por lo que más quisiera, recibiendo una temerosa y breve afirmación por parte de la orfebre. No sin antes suspirar, la pegaso-cartero llamó a la puerta.
—Ya voy, ya voy —sonó una voz femenina dentro de la casa. Se oyeron pisadas dirigiéndose a la puerta y Fast Feather volvió a llamar—. ¡Que ya voy, qué impaciencia, ni que fuese una pegaso para abrir tan rápido! —Fast Feather sonrió y se dispuso a llamar por tercera vez, pero el sonido de las pisadas habían cesado y la puerta comenzó a abrirse.
Shiny Eyes emitió un hipido de asombro: en el umbral de la puerta estaba una unicornio, aunque realmente ya no tenía mucho de ello, pues su cuerno estaba roto casi por la base. Entonces se dio cuenta de que la protuberancia, además de rota, estaba limada. La unicornio tenía un pelaje de un precioso color rosa, mientras que su crin era blanca como la nieve, así como muy larga, aunque Shiny Eyes no podía precisar su longitud, pues apenas veía el costado de su cabeza. Aunque sí pudo visualizar perfectamente un ojo de un deslumbrante iris rojizo que miraba fijamente a la pegaso-cartero. Ese ojo hacía que Shiny Eyes se sintiese inquieta.
—Buenas noches, Gentle Colors —dijo la pegaso, esforzando aún más su sonrisa—. Sé que seguramente estás con la meditación, pero necesitamos tu ayuda.
El ojo rojo de Gentle Colors se movió ligeramente para escrutar a Shiny Eyes, aunque la cabeza siguió fija al frente, lo que hizo que la joyero se estremeciese.
—¿Para qué necesitáis mi ayuda? —preguntó la extraña unicornio, mientras seguía fijando la mirada analizadora sobre Shiny Eyes.
—Verás —explicó Feather—, mi amiga, aquí presente, necesita un sitio donde pasar la noche, y Disarming Smile está completo.
—Ese bobalicón siempre tiene el hostal completo, no es ninguna novedad —respondió la rosácea yegua, sin perder de vista a la dorada pegaso. Entonces su rostro cambió de expresión, siendo ahora más indulgente con ella, lo que hizo que Shiny exhalase silenciosamente el aire que, inconscientemente, había estado aguantando en sus pulmones.
—Me ha pedido adecentar una casa vacía para que ella no duerma a la intemperie… —la cartero sonrió.
—Y te habrás negado, ¿no? —preguntó Gentle, moviendo su ojo para mirar de nuevo a la interlocutora—. Que ese hotelero duerma en el suelo por una vez en su vida, para dejar su habitación libre para ella —el inquisitivo ojo de la unicornio volvió a fijarse en Shiny durante un instante.
—Sí, bueno… —Feather miró al suelo, avergonzada—, me negué al principio. Pero él usó "La Expresión" conmigo. Y no tuve más remedio que acceder para que lo dejara de hacer. ¡Pero que conste en acta —la pegaso-cartero elevó la pata delantera izquierda y colocó el casco de la otra pata delantera sobre el corazón, haciendo de esa manera un juramento— que ya no me afecta en absoluto! De hecho tuve que hacerlo porque vi que afectaba demasiado a otra inocente yegua que casualmente estaba allí —entonces volteó su cabeza hacia Shiny, al igual que lo volvió a hacer el ojo de Gentle.
—Y queréis que yo os ayude a adecentar la casa, ¿no? —preguntó la unicornio.
—¡Eso es! ¿Sabes una cosa? Para no ser una pegaso, siempre las pillas al vuelo, Gentle Colors —Feather puso una cara no haber roto nunca un plato.
—De acuerdo —esta sentenció, después de rumiar durante unos breves segundos los pros y los contras—, dejadme un minuto para prepararme. Id mientras tanto a elegir una casa —entonces la extraña yegua rosácea reculó hasta entrar de nuevo en el interior de la vivienda y cerró la puerta.
Encogiéndose de hombros, Fast Feather y Shiny Eyes eligieron una vivienda un poco más cerca de la mina, en la misma parte de la calle, y empezaron a dirigirse hacia ella.
—Perdonad —un poni de tierra de pelaje marrón y con la crin y la cola del mismo color que Fast Feather se les estaba acercando—, he visto que habéis estado hablando con Gentle Colors y parece ser que necesitáis ayuda. ¿Os puedo echar un casco en algo? —el semental se alzó ligeramente y habló con solemnidad—. Si tres son multitud, cuatro pueden ser una fiesta.
Shiny miró extrañada a ese poni de tierra. Estaba segura de que lo había visto antes en algún sitio, aunque no recordaba dónde. Quizás en Canterlot, cuando ella era una potrilla sin Cutie Mark, o puede que en Hoofington, o en Fillydelphia… o hace unos días en Ponyville. Cerró los ojos intentando recordar, pero cuando los abrió una sonrisa recorría su cara. Había comprendido el problema: el aspecto de ese poni era muy común en Equestria y, por todos lados, aquí y allá, había varios ponis prácticamente iguales. Era el precio a pagar por tener un aspecto tan anodino.
—Por supuesto, Wise Words —Fast Feather sonrió—. Siempre eres bienvenido para ayudarnos a hacer las tareas, y las haces tan bien que da gusto.
—No me halagues tanto —el semental miró al suelo, ruborizado—, vas a hacer que me sonroje y que actúe torpemente.
—Tienes razón —la pegaso-cartero se rió—. Por cierto, esta yegua es Shiny Eyes, recién llegada y necesitada de nuestra ayuda.
—Encantada —dijo la aludida, tendiéndole el casco.
—Shiny Eyes, este "elemento" —Fast Feather golpeó suavemente con el codo el costado del poni de tierra— es Wise Words. Un gran amigo de todos, y muy amigo en especial de Gen…
—¡Para, para! —el semental se puso alerta, mientras sus mejillas se ponían excesivamente rojas—. No sigas, te lo ruego. Si continúas, me daré la vuelta y me iré.
—Sí, para luego volver a los cinco minutos —la risotada de la pegaso-cartero resonó bastante alto—. Porque sabes que "ella" va a estar, es algo que no puedes evitar. Pero tienes razón, no voy a continuar, porque te necesitamos, y porque siempre me has caído bien. Tus consejos me han servido alguna que otra vez.
Wise Words asintió cerrando los ojos y estrechó el casco de Shiny Eyes. Entonces los tres emprendieron la marcha en silencio en busca de la casa vacía. La joyero se fijó entonces en la Cutie Mark del marronáceo semental: un círculo amarillo con una carita feliz parecida a un poni visto de frente, del que salía un bocadillo de escritura y, dentro de él, un corazón rojo también feliz, todo ello como si estuviese dibujado por un potrillo.
Apenas habían llegado a la casa elegida cuando oyeron una simulada tos por detrás de ellos, haciendo que los tres se giraran al unísono. Gentle Colors estaba allí, volteada hacia su izquierda, de tal forma que solo se le veía el costado derecho. Shiny Eyes se extrañó sobremanera. Quizás fuese la iluminación, pero juraría que Gentle Colors antes era de color rosa. Sin embargo, el color que veía ahora en la unicornio era el de un vivo naranja. Fast Feather se acercó a Shiny Eyes y le susurró sin apenas voz que no se asustara. Shiny Eyes volvió a mirar a Gentle Colors y observó cómo su larga crin, totalmente blanca, ondeaba al viento. Y por primera vez pudo apreciar la Cutie Mark de la unicornio, la cual estaba formado por dos dibujos divididas por una diagonal ascendente, siendo el de la parte superior izquierda una luna blanca en cuarto menguante, y el de la parte inferior derecha un radiante sol amarillo.
—Mirad a quién he encontrado por el camino —dijo la extraña yegua, con un gesto serio.
A su lado había un poni de tierra de cuero color verde, y era el motivo por el que ella estaba girada. Este empezó a mirar a todos lados, moviendo sus pequeños y verdosos ojos de una manera rápida y constante durante unos pocos segundos. Después volvió a fijar sus iris al frente, totalmente impasible, como si esperase una reacción por parte de los presentes.
—Sí, puedes ayudarnos, Look Talker —Fast Feather asintió agradecida—. Nos vendrá muy bien tu ayuda.
El verdoso poni volvió a centrarse, esta vez observando hacia la Cutie Mark de Shiny Eyes. Esta se dio cuenta al momento e instintivamente se movió ruborizada, intentando ocultar su costado. Entonces Look Talker movió de nuevo sus ojos hacia todos lados.
—Sí, tienes razón —Wise Word dijo con rapidez, dejando notar nerviosismo—. Los colores de su Cutie Mark y los de su cuerpo curiosamente coinciden. Los aros dorados lo hacen con el color de su cuero, los chatones blancos prácticamente coinciden con el color de sus claros ojos y los rubíes son tan rojos como su crin.
Shiny Eyes se vio abrumada y completamente desconcertada al haberse convertido en el centro de atención. Bajó la mirada y quiso acabar con todo: quería acostarse ya y dormir, pues se encontraba muy cansada, tanto física como anímicamente.
—Por favor, por favor, estáis asustando a nuestra invitada —exclamó Gentle Colors, la cual estaba mirando de frente a Shiny Eyes.
Lo que vio la vendedora de joyas, al alzar la mirada de nuevo, nunca lo habría imaginado. La tal Gentle Colors era una unicornio completamente singular: la parte izquierda de su cuerpo era rosa, pero su lado derecho era naranja, cuya unión a lo largo de todo cuerpo coincidía en perfecta simetría. En la cabeza de Shiny Eyes resonó entonces la imagen de la cabeza de Fast Feather susurrando "No tengas miedo", alternándose con una Gentle Colors que cada vez se hallaba más cerca, en una sucesión de cambios que cada era más y más precipitado, hasta el punto de convertirse en una amalgama enloquecedora… e hizo lo único que no quería hacer: se rió dementemente, en alto, de forma histérica. Gentle Colors alzó entonces su testa, hasta mirar hacia Fast Feather, quien respondió a su vez con una sonrisa y un encogimiento de hombros.
—¿Continuamos? Quiero volver pronto a mi meditación —la unicornio de dos colores exhibió una evidente incomodidad.
—¡Por supuesto! —expresó con rapidez la pegaso-cartero—. Pero antes, permitidme hacer las presentaciones: Shiny Eyes, este es Look Talker —la aludida alzó el casco en señal de saludo—. Look Talker, esta es Shiny Eyes —el semental se inclinó ligeramente, haciendo una reverencia—. ¡Y ahora, vamos a la tarea!
CONTINUARÁ
