Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 24
BELLA POV.
Sentir los labios de Edward sobre los míos fue como volver a la vida, como si estuviera perdida en el desierto y sus labios fueran un manantial de agua fresca, había soñado tantas veces con volver a sentir sus besos, sus caricias, su cercanía, que ahora que estaba conmigo de nuevo temía abrir los ojos, temía abrirlos y darme cuenta de que no era más que otro de mis sueños.
Nos separamos cuando la falta de oxigeno se hizo presente, ambos jadeábamos en busca de aire pues nos habíamos quedado sin aliento a causa de la intensidad de nuestro beso, a pesar de que la habitación era sólo iluminada por la escasa luz de la lampara, que estaba sobre la mesita de noche, podía ver sus ojos oscurecidos por el deseo; lo cual me provocó un cosquilleo en el vientre.
—Bella yo... —lo callé posando mi dedo indice sobre sus labios, no quería que arruinara el momento con sus palabras.
—No digas nada Edward, por favor —le pedí en un susurro.
Él hizo lo que le pedí, no dijo nada, se limitó a volver a unir nuestros labios en un beso apasionado. Sus brazos se ciñeron en mi cintura pegándome más a su cuerpo y solté un gemido, que murió en sus labios, al sentir su erección presionarse contra mi vientre; nuestras lenguas se encontraron en una deliciosa y excitante danza explorando hasta el más recóndito lugar de nuestras bocas, pero por desgracia, somos humanos y la necesidad de respirar nos hizo separar de nuevo. Sus labios se curvaron en una sensual sonrisa antes de atacar mi cuello, donde dejó húmedos besos a su antojo y no pude hacer más que echar mi cabeza hacia atrás dándole un mejor acceso.
Sus manos bajaron con lentitud, acariciando mi espalda hasta llegar a mi trasero e impulsarme para que enrollara mis piernas en su cintura, lo que provocó que mi vestido se subiera prácticamente hasta mis caderas. Nuestros labios se volvieron a unir y mis manos subieron hasta su cabello enredando mis dedos en sus suaves hebras cobrizas, sin dejar de besarnos Edward caminó hasta la cama, donde me recostó con delicadeza. Rompió nuestro beso y sin dejar de mirarme a los ojos una de sus manos fue hasta el cierre de mi vestido y lo bajó, lentamente deslizó el vestido fuera de mi cuerpo, rozando con sus dedos la piel que iba quedando expuesta.
Edward recorrió mi cuerpo, ahora cubierto por un diminuto juego de lencería de encaje color rojo, con su mirada y soltó un bajo gruñido, nota mental: agradecer a mi hermana y a mis amigas por haberme obligado a comprar este tipo de ropa interior.
—No tienes una idea de lo que provocas en mí, Bella Swan —me dijo con voz ronca subiendo a la cama con movimientos que me parecieron casi felinos.
Con un ágil movimiento desabrochó mi sujetador y se deshizo de la prenda dejando mis pechos expuestos ante él, con sus labios atrapó uno de mis pezones y comenzó a jugar con el.
Mis gemidos a cada segundo que pasaba se volvían más y más altos, a pesar de mi inútil intento por acallarlos; una de sus manos bajó acariciando mi abdomen hasta colarse bajo mis bragas, logrando arrancarme un grito de placer cuando acarició mi clítoris. Mis manos se aferraron al edredón de la cama con fuerza y mi cuerpo serpenteaba bajo el suyo, buscando un mayor contacto cuando comencé a sentir la proximidad de mi orgasmo, pero Edward de pronto se detuvo.
—Edward... no te... —mi protesta fue acallada por sus labios.
Me besó hasta dejarme sin aliento, y después bajó dejando un camino de besos húmedos hasta encontrarse con la cinta de mis bragas, de las cuales se deshizo en un abrir y cerrar de ojos. Separó con suavidad mis piernas y al sentir sus labios en mi intimidad creí morir, sin embargo, cuando dos de sus dedos se adentraron en mí desfallecí, literalmente, de placer.
El trabajo de sus dedos y sus labios en conjunto era malditamente maravilloso, tanto que no tarde demasiado en explotar y mi cuerpo entero vibró por la intensidad de mi orgasmo.
—Edward... yo... quiero sentirte... dentro de mí —balbuceé jadeando en busca de aire y me dio una de sus sonrisas torcidas.
Besó de forma casta mis labios y se levantó de la cama, fue hasta entonces que me di cuenta de que aún estaba completamente vestido. Con movimientos lentos y extremadamente sensuales se comenzó a desvestir, mi excitación aumentó a tal grado que estuve a punto de tener otro orgasmo con tan sólo verlo quitarse la ropa; Edward volvió a la cama, se posicionó entre mis piernas rozando su miembro con mi sexo y los dos gemimos ante el contacto.
—Edward hazlo —le urgí completamente desesperada por sentirlo de nuevo dentro mío.
Sin dejar de verme a los ojos, Edward entró en mí de un sólo embiste y ambos gemimos alto. Sus embestidas comenzaron lentas pero pronto nuestros cuerpos demandaron por más, obligandolo a aumentar el ritmo de sus embistes, nuestros gemidos y jadeos inundaban la habitación, y rogué a Dios porque las paredes fueran lo suficientemente gruesas o de lo contrario, los ocupantes de la habitación contigua terminarían quejándose por nuestra sinfonía de gemidos. Estaba cerca, muy cerca del clímax, no creía aguantar mucho más y mi cuerpo entero se retorció de placer cuando sentí los indicios de mi orgasmo.
—No tienes una idea... de cuantas veces soñé... con sentir tu cuerpo retorcerse de placer... bajo el mío —me dijo entre jadeos aumentando más el ritmo de sus embistes.
—¡Dios! Edward, no voy a aguantar mucho más —medio grité clavando mis uñas en su espalda.
Bastaron un par de embestidas más, para que ambos llegáramos al clímax casi al mismo tiempo gritando el nombre del otro. Edward se desplomó sobre mí exhausto, y yo acariciaba su cabello húmedo por el sudor, mientras recuperábamos el aliento.
Unos minutos después nuestras posiciones fueron invertidas, apoyé mis manos sobre su pecho y en mis manos apoyé mi barbilla, de tal manera que nos mirábamos cara a cara; estuvimos sumergidos en silencio por un largo momento, tal vez las palabras sobraban o tal vez ninguno de los dos sabía qué decir, Edward acarició mi mejilla y me regaló una de sus sonrisas torcidas que me aceleraban el corazón.
—¿Qué va a pasar con nosotros ahora? —me aventuré a preguntar y me estrechó más fuerte entre sus brazos.
—Pues... no estoy dispuesto a perderte de nuevo. Así que Isabella Swan, si quieres escapar de mí otra vez, no te la voy a poner nada fácil —solté una risita y escondí mi cara en el hueco de su cuello.
—No tenía planeado escapar esta vez —le dije y un bostezo involuntario abandonó mis labios.
—Descansa amor, mañana podemos charlar todo lo que quieras —besó el tope de mi cabeza y me dejé llevar por Morfeo, en los brazos del amor de mi vida.
…
Me estiré en la cama tanteando con la mano el colchón en busca de Edward, mis ojos se abrieron y me incorporé de golpe al no sentir a Edward junto a mí, y de no ser que me encontraba completamente desnuda, juraría que todo lo que había pasado la noche anterior había sido sólo uno más de mis sueño. Salí de la cama y enrollé la sábana en mi cuerpo, caminé hasta el baño y llamé un par de veces, esperando que él estuviera allí dentro.
—¿Edward? ¿Estás allí amor? —al no obtener respuesta abrí la puerta sólo para encontrarme con que no había nadie dentro—. ¿Dónde diablos te metiste, Edward?
Regresé a la cama y me senté en el borde, mi cabeza era todo un lío y se comenzaron a formar cientos de teorías. ¿Sería esta una forma de vengarse? Hacerme el amor y después desaparecer sin dejar rastro... no, de seguro Rosalie o Alice le llamaron y por eso tuvo que irse, y como yo estaba dormida no quiso despertarme, sí eso fue lo que pasó, de seguro después vendrá a buscarme.
Me duché y me vestí con una falda corta de jean y un top azul claro, sequé mi cabello y lo recogí en una coleta desordenada, dejando unos mechones sueltos. Me calcé unas bailarinas y salí de la habitación, bajé hasta el restaurante del hotel y me encaminé hasta la mesa donde estaban mi hermana y mis amigos.
—Buenos días hermanita, se te pegaron las sábanas hoy —me senté ignorando el comentario de mi hermana.
—¿Qué te pasa Bella? —me preguntó Garrett, el cual estaba sentado a mi derecha.
—Nada, es sólo que no dormí muy bien anoche —respondí tratando de sonreír.
—Ya nos contarás cómo te fue en la cena con Edward, estoy segura de que algo pasó que no te dejó dormir —me dijo María en susurros y asentí con desgano. Sólo ella e Irina sabían que Edward estaba aquí, que lo había visto y que habíamos quedado para cenar.
Desayunamos tranquilamente y después salimos todos juntos a hacer un poco de turismo, aunque gracias a Emmett, pero sobre todo gracias a Irina, estuvimos a punto de conocer hasta la cárcel de Las Vegas.
Resulta que Emmett se quedó embobado viendo a una chica que, para ser sincera, estaba vestida de una manera... por demás sugerente, el acompañante de la chica le reclamó a Emm y súper Irina entró al rescate diciendo, y citó textualmente sus palabras: "La culpa la tiene la zorra ésta por andar vestida como una vil ramera, si fuera una mujer decente no saldría así a la calle, es una exhibicionista". Obvio después de eso ella se ofendió y armó tal escándalo que la policía no tardó mucho en llegar al lugar, un oficial de manera muy amable le pidió a Irina que dejara de ofender a la "señorita" lo cual enfureció más a nuestra amiga, y de no ser que Garrett la sujetó por la cintura, se abalanza contra el oficial y lo agarra a golpes.
Por fortuna, y después de cientos de disculpas por nuestra parte, el oficial nos dejó marchar, con la advertencia de que no hubiese una próxima vez o de lo contrario terminaríamos todos tras las rejas. Regresamos al hotel ya entrada la tarde, pregunté en recepción si alguien me había buscado o llamado pero nada, desanimada subí a mi habitación, me quedé allí por el resto de la tarde y por la noche no bajé ni a cenar.
Los siguientes dos días me la pasé encerrada en mi habitación, no tenía ánimo para salir. A los chicos les dije que algo me había caído mal y no estaba muy bien de salud, a pesar de que era pésima mintiendo me creyeron, pues apuesto a que mi aspecto hacía más creíble la mentira. Hoy era nuestra última noche en Las Vegas, gracias a Dios, y las chicas habían echó planes para salir sólo nosotras pero yo me negué, una negativa que no estaban dispuestas a aceptar.
—Vamos Bells, es nuestra última noche en Las Vegas —me dijo por milésima vez Nessie y haciendo un infantil puchero.
—No tengo ganas de salir —susurré abrazando más fuerte la almohada que tenía entre mis brazos.
—¿Qué fue lo que pasó con él? —me preguntó María remarcando la palabra él.
—¿Quién es él? —ahora quien preguntó fue una confundida Ángela.
—El día que María, Irina y yo nos perdimos nos encontramos con Alice, Rosalie y... Edward —comencé a contarles y me incorporé sentándome en la cama—. Fueron ellos quienes nos ayudaron a regresar al hotel, le dije a Edward que necesitaba hablar con él y me invitó a cenar.
—Ahora entiendo por qué has estado así —me dijo Nessie sentándose a mi lado y apoyé mi cabeza en su hombro.
—Fuimos a cenar y cuando saqué a colación el tema de lo que pasó hace años, me dijo que eso ya era pasado y que podríamos tratar de ser amigos. Me enfadé con él y me regresé aquí, al hotel... no podía creer que él quisiera que fuéramos amigos, yo no podía ser sólo su amiga, lloré hasta que alguien llamó a la puerta y cuando abrí me encontré con Edward frente a mí —para este punto del relato yo ya estaba llorando a mares y Nessie frotaba suavemente mi espalda para que me calmara—. Ambos nos reprochamos cosas, después me abrazó para consolarme, ya que yo no dejaba de llorar y de pronto él me besó y una cosa llevó a la otra y...
—¿Y? ¿Pasaron la noche juntos? —preguntó Irina curiosa y yo asentí.
—¡Oh por Dios! Eso quiere decir que ya se arreglaron ¿cierto? Y si es así, deberías estar feliz no toda acongojada —me dijo Ángela y yo lloré aún más fuerte.
—Él... desapareció... se fue... sin de-decirme siquiera ad-adiós —murmuré entre hipos y sollozos.
Las chicas maldijeron por lo bajo, me consolaron y trataron de que me tranquilizara, después de muchas lágrimas y lamentos de mi parte, así como también cientos de maldiciones en contra de la integridad física de Edward, Nessie se levantó de la cama.
—Escúchame bien Isabella, te vas a levantar de esa cama y vas a ducharte en este mismo instante, porque te vienes con nosotras. No vas a seguir lamentándote por ése idiota —me dijo, o mejor dicho, me ordenó Nessie.
Entre las cuatro, literalmente, me arrastraron hasta el baño y me metieron bajo la ducha con todo y ropa, así que no me quedó de otra más que ducharme. Salí del baño con una toalla enrollada en el cuerpo, sobre mi cama me encontré con la ropa que las chicas y mi hermana habían elegido para mí, y una nota que decía:
"En media hora pasaremos por ti, y más te vale estar lista, porque de lo contrario te vienes con nosotras así estés desnuda ¿queda claro?"
Suspiré resignada y me cambié, habían elegido para mí unos jeans tubo color blanco, una blusa tipo halter color violeta y unos zapatos negros de tacón alto, que lo más seguro me causarían algún problema esta noche. Mi cabello lo dejé suelto y completamente lacio, a penas y me maquillé un poco y ya estaba lista.
Las chicas llegaron por mí y decidí mandar todo al diablo, oh sí, me olvidaría de Edward y pasaría una fantástica noche de juerga con las chicas; fuera del hotel nos estaba esperando una limusina de color blanco y las cinco nos montamos. María descorchó una botella de champan y nos dio una copa a cada una, en cuestión de minutos, entre risas y bromas, la botella ya estaba vaciá, llegamos un club y entramos. Fuimos hasta una mesa y un mesero no tardó mucho en venir a atendernos, pedimos una ronda de margaritas, a la cual le siguió otra, otra y otra.
No estábamos ebrias, sólo estábamos muy alegres, bailamos varias canciones entre nosotras al centro de la pista de baile, ganándonos más de una mirada lujuriosa de algún tipo que habíamos rechazado esa noche.
Pasada la media noche fue que salimos del club, íbamos apoyándonos las unas en las otras para no caernos y nos reinamos hasta por el volar de una mosca, una vez dentro de la limusina Irina descorchó otra botella de champan, la cual no nos duró mucho. En la entrada del hotel nos encontramos con los chicos, que al igual que nosotras estaban muy alegres, Ángela y Nessie en cuanto vieron a sus respectivas parejas se lanzaron sobre ellos y se fundieron en un apasionado beso.
—¡Chicas este loco me acaba de pedir que me case con él ahora mismo y... acepté! —chilló Ángela colgada al cuello de Alec.
Todos nos montamos de vuelta en la limusina y fuimos en busca de una capilla, donde poder casar a ese par.
…
Mi cabeza punzaba de manera horripilante, nunca jamás en mi vida volvería a tomar tanto y mucho menor mezclar de diferentes bebidas la misma noche; abrí los ojos y la luz del sol me cegó.
Solté un sonoro quejido y parpadeé un par de veces hasta que me acostumbre a la luz, sólo para encontrarme con que no estaba en mi habitación, desesperaba me descubrí y un suspiró de alivio salió de mis labios al comprobar que al menos no estaba desnuda, pero sí estaba acompañada por... ¿Garrett? Algo en mi mano izquierda llamó mi atención y... ¡Oh mi Dios, qué jodidos fue lo que hice!
Continuará...
¡Hola! Aquí les dejo el capítulo de hoy y espero que haya sido de su agrado. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, donde estaré publicando imágenes y adelantos de mis Fic's, así como también noticias sobre futuros proyectos, si gustan unirse encontraran el link en mi perfil.
Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, hacérmela saber...
Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también, a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's
¿Algún review? =)
Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:
Lunes: Volver a Sonreír.
Martes: Juegos del Destino.
Jueves: Siempre te Amaré (últimos capítulos)
Viernes: Caminos Cruzados... ¿De Nuevo? (últimos capítulos)
