Capítulo 1: La maldición.

Takeshi POV

Desde que eramos chiquitos, mi hermana y yo nos hemos contado todo lo que nos sucedía, lo cual es muy útil ya que así nos quitamos esa horrible sensación de que algo no nos cuenta el otro.

Pero esta vez... desde que nos mudamos aquí todo eso quedó atrás. Mi hermana apenas si me habla, mi mamá siempre está MUY callada, y mi padre pues... él siempre está en su trabajo. En mi casa apenas si se oye el hablar de las personas, suena mucho más la televisión.

Para acabar de echar por la borda mi antigua vida, la escuela, antes con mis compañeros que siempre me hacían reír, mis amigos a los que siempre se les ocurría alguna travesura o algo divertido para pasar el rato... eso se fue. Ahora, en la escuela, durante clases, todos están callados; el otro día vi a dos chicas llorar, diciendo que ya no soportaban la tensión del lugar y que ya querían que acabara la pesadilla de la clase. A esto último no le entendí, ¿a qué se referían? ¿Qué clase de pesadilla hace llorar de esa manera a las personas?

El otro día le pregunté a mi hermana el por qué estaba tan callada, ella me contestó: "Las sombras de la muerte no me dejan ver, ya no lo soporto Takeshi. Además están esos susurros que no me dejan oír otra cosa más que su voz. Ya no lo soporto pero... Takeshi, mantente alejado tú. No te involucres con nuestros compañeros".

"Las sombras de la muerte" "Susurros".

Cuando escuché eso no pude lograr que dejara de sonar en mi cabeza una y otra y otra vez. Se me erizan los pelos de la nuca con tan solo pensar en lo que pudieran decir esos "susurros".

Y la última cosa que me dijo, "que me mantuviera alejado de nuestros compañeros", sí, esa. Esa parte estuvo de más.

Nadie nos dirige la palabra, ni siquiera el maestro. Al pasar lista es como si nuestros nombres estuvieran borrados. Se lo comenté a mi papá el otro día. Lo único que conseguí fue un "Tranquilízate, eso es normal". Cuando insistí que eso no era normal, que el profesor no tenía derecho de tratarnos así... mi madre se puso a llorar, y la cena se terminó ahí. No volví a tocar el tema.

¿Qué ocurre aquí?

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

—Y bien, eso es todo por la clase de hoy, pueden irse a sus casas. Tengan cuidado.

Tengan cuidado, tengan cuidado; si me sigue ignorando en sus clases más vale que usted tenga cuidado.

A mi me pone furioso este trato, pero al parecer a mi hermana no le afecta en lo absoluto. Además, he notado una cosa: desde hace una semana Aizawa no se ha aparecido por el salón. Y de nuevo, nadie me quiere decir el por qué de su ausencia. Otra ignorada, que genial.

—Misaki, ¿nos vamos? —Le pregunto a mi hermana tomando mis cosas. Ella niega con la cabeza.

—Tengo algo que contarte, acompáñame a la biblioteca.

-.-.-.-.-.-.-

—Me he vuelto amiga del bibliotecario de aquí...—empezó a decir—, y me dijo que nuestros padres fueron en esta misma escuela.

¿Entonces por eso sabían que esto era "normal"? ¿Nuestros padres también fueron ignorados aquí?

—Como habrás deducido, el bibliotecario es viejo como no tienes idea... Pero de eso no es de lo que quiero hablar. Él te lo dirá.

En ese momento, un señor de cabello blanco y de traje hizo presencia justo delante de nosotros. Supongo que este es el bibliotecario.

—Como ya te dijo tu hermana—dijo él—, yo he estado mucho tiempo en esta escuela... Por lo que sé de lo que se trata el que sus compañeros los ignoren. Verás... se trata de una maldición.

¿En serio? ¿Me están diciendo que esta porquería es a causa de una maldición? ¡QUE NO INVENTEN!

—Estás de broma ¿verdad? —Dije yo riéndome. Misaki no nos estaba viendo, estaba de espaldas a nosotros; de seguro que no se puede aguantar las ganas de reír.

—No estoy bromeando. Para demostrarlo... te diré el por qué Aizawa ya no viene a clases y el por qué los ignoran. Verás... Aizawa murió. Ni sus padres saben la razón, solo saben que un día no llego a sus casa y entonces cuando salieron a buscarla, encontraron sus restos en un parque cercano a su casa. Los ignoran a ustedes porque piensan que son los muertos de la clase. Para que me entiendas te diré que hace mucho tiempo, había una niña que era muy querida en su salón de clases; pero un día, esa niña murió. Todos quedaron demasiado deprimidos después de eso, pero poco después empezaron a fingir que estaba viva. Todas las clases veían extrañados como hasta el director les seguía la corriente.

—Y cuando tomaron la foto grupal al final del año—interrumpió Misaki—, salió ella. Desde entonces nuestra clase sufre la maldición de que asiste un muerto en la clase, los que hubieran conocido al muerto, no recuerdan haber asistido al funeral; al menos los que asisten a la clase. El muerto siempre llega al final de todos, cuando ya han empezado las clases. En este caso somos nosotros.

—Un medio para evitar demasiadas bajas es ignorar por completo al muerto. Por eso es que los ignoran.

— ¿Y qué? —Pregunté—. ¿Solo nos van a ignorar o qué? ¿Y cómo que para evitar las bajas?

—El resto de la maldición es que cada mes, alguien de la clase morirá. El primer muerto de este mes y de todo el año, fue Aizawa.

— ¡Pero mis padres no son de nuestra clase, seguro ellos nos podrían haber dicho de todo esto! ¡¿Por qué nos inscribirían en esta escuela en primer lugar?!

—Tus padres no se quieren volver a meter en esto, créeme que su año fue el peor que me ha tocado vivir; pero también confía en mi cuando te digo que si ustedes fueran los muertos, sus padres no hubieran dudado en matarlos ellos mismos. Para ahorrar el sufrimiento de todos. Y ahora que lo digo en voz alta... La verdad es que no entiendo el por qué nosotros podemos recordar esto. Se supone que todos deberían olvidar de este sufrimiento. Supongo... que la maldición nos quiere en su juego.

.-.-.-.-.-.-.-.-.

Muy bien, estos son los hechos:

Hay un muerto en nuestra clase, que muy bien podría ser yo mismo.

Todos nos van a ignorar hasta que demostremos que no somos muertos.

Nuestro único aliado es el bibliotecario que es viejo como el infierno.

Mis padres no son tan valientes como creía.

Tengo muchas probabilidades de morir en esta clase como los demás.

.

.

.

.

.

.

.

Ariadna, la reina del misterio.