Una Respuesta

.

Capítulo 10

"¿Tus sentimientos o los míos?"

- ¿Cómo entra el segundo muchacho aquí? - Me miró perplejo.- ¿También se te confesó? - Su cara de angustia me dejó en shock por un par de segundos.

- No... – Pareció aliviado hasta que me escuchó terminar la frase.- Pero yo me le confesé a él...

Mi padre se llevó una mano a la cara, y comenzó por vociferar frases intangibles.

Mi llanto se desvaneció y en lugar de él, un carcajada atacó mi cuerpo, no pude evitarlo, realmente no pude.

- Creo que ya creciste… - Se precipitó a asumir.

- Creo que si.- Le sonreí.

- ¿Cuándo le conociste?

- Hace un tiempo.- Me lanzó una mirada inquisitiva.- Lo conocí en el instituto, él y su hermano se transfirieron hace casi dos años.

No pareció convencido de la respuesta que solté.

Bufó para sí mismo, y se mantuvo en silencio, a mi lado, por un largo tiempo.

- ¿En verdad le quieres? – Dijo de pronto.

Su cuestionamiento me había llevado a revivir poco a poco las vivencias a su lado, pero había en ello algo que no encajaba en las tantas piezas del rompecabezas…

- Sí.- Me limité a decir, asentí a la par.

- Ya veo…

Se mantuvo callado, después agregó:

- Mejor que nadie me conoces, incluso que tu madre, sabes que no me agrada hablar de chicos o de un amor juvenil…

- Lo sé… - Le mostré una sonrisa, recordaba entonces lo estresante que se mostraba e incluso furioso cuando en el primer grado un niño se acercó a invitarme a jugar.

- No me gustaría que te alejaras de mí.

Resopló aparentemente fastidiado. Llevó una de sus manos a su cabeza y sonrió.

- Eso no pasará.- Le aseguré.

- Soy tu padre, ¿esperas que me crea eso? – Se burló.

No pude evitar ruborizarme, seguro ocurriría en un tiempo algo lejano.

- Sé que puedo contar contigo.- Y sonreí incluso más que la ocasión anterior.

Había olvidado lo bien que se sentía ser escuchada por él.

- Si quieres mi opinión.- Le miré atenta.- Puedes mandar a ambos a paseo.- Sí, se encontraba muy molesto.

Más que intimidarme, todo ello me hacía gracia.

Se levantó de la cama y se acercó a la ventana, corrió las cortinas dejándonos a ambos ver la luz propia del astro rey que iluminaba ese día.

- Debes hacer lo que te haga feliz.- Dijo sin más, me dejo perpleja, atónita a sus palabras.- No obstante… si te sientes triste no dudaré en romperles el cuello a cualquiera de esos dos.

- Papá… - Intenté decir.

- En ocasiones nuestras decisiones llegan a herir a personas que queremos, pero es parte del todo.

- ¿A qué te refieres?

- No podemos evitar hacer daño a los demás.

Alarmada por sus palabras no supe en qué pensar.

- ¿Les quieres de la misma manera?

- No.- Me apresuré a decir.

No puedes querer a dos personas de la misma manera.

- Ésa es la clave.- Sonrió.

Y aunque enmudecí, para mis adentro, muy en el fondo podía entender a qué se refería.

Lo comprendí.

- Les quieres a ambos, pero no de la misma manera… Entonces, ¿cuál es la forma correcta de querer?

La respuesta a mi pregunta, estaba en mí.

- No temas de equivocarte, a menudo son los propios errores quienes nos lleva a las decisiones correctas.

- Ahora lo sé.

Él estaba por salir de la habitación cuando una nueva duda surcó en mí.

- Papá… - Me apresuré.

- Dime.- Me incitó a continuar.

- ¿Cuánto puede durar el amor?

- ¿Quién sabe? – Se encogió de hombros.

Giró la manija de la puerta y justo antes de cruzar fuera de mi habitación dijo:

- Tanto como quieras, amor.- Me sonrió.

Fue en ese justo momento en que me arrepentí de no haber pedido consejos a mis padres con anterioridad, tal vez las cosas fueran distintas, aunque…

¿Quién sabe?

Durante esa noche dejé, por primera vez después de tantos días, de pensar y rodear mi mente de pensamientos que no me llevaban a ningún lado.

Ésa charla con mi padre me había llevado a meditar algunas cosas, sucesos que anteriormente me habían dejado sin aliento… En justo ese momento, era diferente: Estaba más tranquila.

Una tranquilidad que había deseado tener desde hace mucho tiempo.

La mañana siguiente sentí que mis dudas se habían disipado.

Supe que había algo que tenía que hacer.

Tome mi desayuno con esmero, mi apetito había parecido aumentar. Mi pie había dejado de doler, y aunque mis padres objetaron que fuera al instituto por miedo a que mi estado físico empeorara, tuve que negarme.

Así que salí de casa, y en medio del radiante sol de la mañana me encaminé a mi destino.

Y tuve un tipo de asombro cuando miré a Scott, el amigo de Armin que me había invitado a salir, saliendo del instituto, al instante me pregunté la razón.

Estaba sorprendida, me llevé una mano a la boca para evitar que la risa se escuchara más allá de lo que debía, me apresuré a la entrada del instituto donde encontré a una sonrojada Violeta.

- ¡Hola!

- Hola… Pareces más animada hoy, eso me alegra.- Me sonrió, reí por el comentario.

Violeta siempre intentaba sonreír.

- Lo estoy, ¿sales con Scott? – Su mirada de sorpresa me dejó perpleja.

- ¿Cómo lo supiste? – Cuestionó.

- Acabo de verlo despedirse de ti.- Le sonreí, me animé a abrazarla.

A partir de hoy, había algo nuevo en mí.

- Hemos comenzado a salir… - Sonrió y de pronto esa linda sonrisa se opacó, su mirada se perdió.

- ¿Te ocurre algo, Violeta?

- Él tiene que regresar pronto a su ciudad, y me pone algo triste, creo.- Suspiró.

- Has llegado a apreciarle de verdad, eso me hace sentir muy feliz por ti, Violeta.

- Él es una gran persona, es muy amable.

De sólo escucharla me hizo sentir que había alguien que confiaba en mí.

- ¿Ya se lo has dicho? – Me animé a preguntar.

- No. – Violeta bajó su mirada.- Dijo que se transferiría aquí el siguiente año, puedo esperar.

- Violeta, no ocultes lo que sientes.

Si alguien me lo hubiera dicho hace un tiempo muy probablemente me hubiera rehusado.

- Entonces… ¿debo decirle lo que siento?

- Confío en que será lo mejor.- Le sonreí, ella respondió de la misma forma.- Vayamos a clase de ciencias.

Corrí con Violeta por el pasillo hasta el primer piso, sin darnos cuenta nuestra charla había tomado más del tiempo que debía, al subir las escaleras nos encontramos con la profesora Delanay justo antes de que entrara al aula, ocasión que Violeta y yo nos escabullimos hasta el salón.

La mayoría de las mesas ya estaban ocupadas así que me aproximé al primer banquillo libre y me senté, Violeta hizo lo mismo, tomando asiento a mi lado.

- No debiste correr así, recién te lastimaste.

- Estoy muy bien ahora, de verdad.- Agregué haciendo énfasis en mi óptimo estado físico.

Suspiramos cuando escuché a la profesora Delanay acercarse al cerrar la puerta. La clase transcurrió sin problemas, mi mente no se bloqueó y tampoco divagó tanto entre pensamientos, y eso, por ese momento, fue suficiente para mí.

No podemos volver a nuestra vida pasada, una vez que tomamos la decisión de cambiar. Podemos intentarlo, no obstante, los acontecimientos están en nuestra memoria. Es como querer regresar en el tiempo, volver a vivir una sorpresa de cumpleaños por ejemplo, la felicidad y la propia sorpresa no se sentirán como en un principio.

Entré al aula justo al terminar la clase de ciencias, y tomé asiento en mi lugar, coloqué mi mochila a un lado, y esperé a ver como se iba llenando poco a poco el aula. Lysandro parecía absorto en su propio mundo, Violeta se miraba dudosa, quizá había perdido algo. Frente a mi lugar, Kentin ocupó su puesto y me interrogó con la mirada.

- ¿Julieta se encuentra mejor? – Bufó con un deje de burla.

¿Julieta? Ahora lo recordaba… Buena manía tenía Rosa de llamarle Romeo a Nathaniel.

- Mejor que nunca, eh de decir que el veneno no hizo efecto en mí.

- Buena esa, saltamontes.- Le miré extrañada.

- ¿Y bien?

- Bien… ¿qué? – Persuadí.

- ¿Ya tomaste una decisión?

Extrañamente lo único que ocurrió en mí con esa pregunta fue una sonrisa.

- Lo hice.- Me miró sorprendido y no pareció querer esconder su asombro.- Digo, es decir, creo que lo hice, no sé… Pedí un consejo ¿sabes? Y entonces miré las cosas de diferente manera.

- ¿Puedo saber que decidiste?

Entonces fue Nathaniel entró en el aula, movió su cabeza como buscando algo, se detuvo en su dirección y me sonrió.

Sonreí de vuelta.

- Ya veo.

- Kentin… ¿No se te escapa nada cierto? – Dudó antes de contestar.

- Tú te me escapaste.- Se burló.

Me reí, Kentin se carcajeó conmigo.

- ¿Y la chica? – Insinué.

- Tal vez pronto la conozcas.

- Eso espero.


Fue al salir del aula que Rosa se acercó a mí.

- Bien, tenemos cerca de 10 minutos antes de que ocurra.

- ¿De qué hablas? – Estaba inquieta y cada vez yo más que ella.

Por un lado me asustaba pensar lo que traería en mente hacer.

Por otro, temía lo que sería capaz de hacerle a ella.

Porque cuando se lo proponía no había en el mundo ser humano con mayor determinación que Rosalya.

- Tengo un plan fantástico que espero no tires por la borda.

- Nada de planes.

- Cossette.

- Rosa, agradezco el que te preocupes pero… Me he pasado los últimos días con mi cabeza estallando de tantos pensamientos, y de tanto meditar… Me di cuenta que sólo quiero hablar con ella.

- Esto no es posible.

- De verdad, es lo único que quiero.

- Creo que nunca llegaré a entenderte.- Me encogí de hombros.

- También te quiero, Rosa.

Extendí mis brazos, y ella sólo volvió a llevarse una mano a la cara.

- Eres imposible.- Reí.

Ella correspondió mi abrazo.

- Tengo que irme.- Asimilé de pronto.

- ¿A dónde irás Julieta?

- Hay alguien con… ¿Julieta? – A mi memoria llegó de nuevo el nombre que Kentin hace unas horas había usado para llamar mi atención.- No es gracioso.

- Ya te acostumbrarás.


Entré a la sala de delegados, justo cuando Melody se aproximaba a la entrada. No me dirigió ni una mirada.

Suspiré.

No podemos evitar hacer daño a los demás, en ocasiones nuestras decisiones llegan a herir a quienes queremos.

- Hola.- Dije al cerrar la puerta.

Él no parecía haberse dado cuenta de mi presencia.

- Nathaniel.- Intenté decir un poco más fuerte, él reaccionó al instante.

- ¿Cossette? – Estaba sorprendido.

- Hola.- Le sonreí, no sabía cómo comenzar.- Quería hablar contigo.

Se puso de pie y cerró un par de carpetas.

- ¿Cómo sigues? - ¿Acababa de cambiar de tema?

Me extrañé.

- Sí, no fue nada.- De repente se llevó las manos a la cara.- ¿Estás bien?

- Es sólo mi alergia, no quiero que me mires así.

- ¿Seguro estás bien? No veo ninguna planta aquí.- Asintió sin quitar sus manos del rostro.

- Aún tengo que terminar este papeleo, ¿te importa si te busco cuando termine?

- De acuerdo.

Salí del lugar extrañada y confundida.

Y por un momento, me pensé en qué debía invertir mi tiempo.

Encontré a Iris podando unas pequeñas plantas en el espacio destinado al club de jardinería. Estaba completamente absorta en sus propios pensamientos, sonreí por ello.

- Iris… hola.- ¿Así estaba bien comenzar?

Se sorprendió y se giró a mi dirección tan rápido que incluso yo me asombré.

- Cossette…

- ¿Podemos hablar? – Insinué con mis manos las macetas que aún se encontraban sobre la mesa.

Suspiró, y el viento amablemente pareció darnos un poco de confort. Le pedí que nos sentáramos, ella accedió, aun cuando me desviaba la mirada… Creo que sabía cómo podría sentirse en esos momentos.

Yo también había huido.

- Yo no sé de qué formar debo decirte esto, Cossette…

Asentí, le pedí que sólo hablara, que dijera todo lo que rodeaba su mente.

- No tengo que preguntar tus razones, todos cometemos unas cuantas locuras.- Le sonreí.

- Lo siento, en verdad.- No me agradaba ver a las demás personas llorar.

No quería que Iris llorara… A pesar de que yo lo hacía todo el tiempo.

- Está bien.- Dije.

- ¿Qué? - Había rostros de incredulidad que realmente se miraban anhelantes por palabras de consuelo.

- Está bien, en verdad.- Repetí.

- ¿No estás molesta?

Creo que eso hubiera sido un posible sentir en una situación así.

Pero… No para mí.

- No es exactamente como me siento.

- Deberías estar furiosa, no sé. Te hice algo horrible.- Sus palabras poco me ayudaban a encontrar lo que había meditado querer decir.

- Eso no lo sé.

- No entiendo.- Estaba confundida, ¿eso estaba bien?

Justo entonces, dejé de entender muchas cosas sobre las personas.

- En serio, ¿no estás molesta? – Iris podía ser algo persuasiva.

- No lo estoy, de verdad.- Movía mis manos como buscando las palabras correctas.-Me pareció algo triste el que no me dijeras nada.- Solté de la nada.

- No es algo que se dice sólo porque sí.- Mencionó.

Tenía razón.

- Buen punto.

- He querido disculparme contigo desde el primer día, decirte las cosas antes de que te enteraras por otros.

- Imaginé que era eso, no te diré que pasé los mejores días.- Fui sincera.

Ella permaneció en silencio.

- ¿Desde cuándo… te gusta? – Me animé a preguntar, también era curiosa.

- No lo sé exactamente.- Dijo después de un tiempo callada, no parecía segura de saber cómo responder.

- Podemos hacer cosas muy extrañas cuando nos enamoramos ¿cierto?

- Si… No quería hacerte daño.- Le miré intentado sonreírme.

Se sentía culpable.

- No sé qué pasó conmigo.- Soltó.- Los escuché a ti y Alexy hablar… Ese día entré a tu casa con una mentira y el resto es historia.

- Sólo quería que lo dijeras.- Le animé.

- ¿Sólo eso? – Asentí de buena gana.

- Fuiste mi primera amiga al llegar aquí, Iris… No me fue fácil aceptar las cosas.

- Me siento terrible, si hay algo… – Negué con la cabeza.

- Yo tampoco hice las cosas como se suponía que debía. Tuviste el valor de confesarte, hay que ser lo bastante fuerte para hacer algo tan loco como eso.

Se mantuvo en silencio, parecía un poco más cómo que antes.

- Las cosas son así por alguna razón, eso he pensado últimamente.

- Perdóname, Cossette.- Le miré y le sonreí a la par.

- No te preocupes por eso. Iris… Sonríe, si necesitas una amiga, puedes contar conmigo.- Iris se soltó llorando.

Jamás le había visto de esa manera.

Y le abracé… De esa manera en que necesitamos que nos abracen cuando nos sentimos abatidos y la tristeza aprovecha para hacernos compañía.

Pasó un corto tiempo cuando ella pareció tranquilizarse.

- Tengo que irme.- Me puse de pie y dispuesta a salir de allí.

- Cossette.- Si me hubieran contado todo esto… Nunca lo hubiera creído.

Iris no es una mala persona.

- Dime.

- Armin…

- Lo sé, nos vemos.- Agité levemente mi mano y salí de ese lugar.

Me había puesto un poco sentimental.


Fue una cuestión de tiempo, pero eso bastó para encontrarnos.

- Cossette. – Le escuché decir desde el fondo del pasillo.

- Lo sé.- Le miré.

Y con paso firme, manos temblorosas y un terrible pensamiento de huida me acerqué a él.

Quería dar media vuelta.

En verdad quise hacerlo.

Pero estaba decidida a escucharle.

- Hola.- Musité.

- Hay algo que quiero decirte, no puedo callarlo más.- Le conocía, mejor que a mí misma, y estaba segura de lo incómodo que estaba con esa situación.

Ese pequeño sonrojo, y el desvío de su mirada eran bastante obvios.

Mentalmente me di fuerzas.

Sentí que las necesitaba.

- También hay algo que quiero… decirte.- Callé de pronto…

Él asintió.

- Jamás pensé que estaríamos en una situación como esta.- Dije y sonrió.

- Es bastante incómodo, ¿no? – Bufó.

- Demasiado para mi gusto.- Intenté reír.- Quiero preguntarte… algo.

- Adelante.- Sonrió, ¿cómo podía sonreír así?

Tomé una gran bocanada de aire y resoplé.

- Ése día… En el parque, ¿qué ibas a decirme? - Había bajado mi mirada, sentía que mis fuerzas serían mayores si observaba la forma firme en que mis pies me mantenían allí.

- Cossette.- Aun con dudas, me animé a mirarlo.- Es lo que he querido decirte siempre.

Mi ritmo cardíaco aumentó sin previo aviso, me sentí agitada y profundamente ansiosa.

- ¿Tiene que ver con…?

- No.- Lo dijo tan repentinamente que hizo que me estremeciera.

Mordí levemente mi labio inferior.

Le miré con duda.

- Antes de que lo pienses… No tengo ningún problema con él.

Armin…

Aquí estábamos ambos, como si el tiempo se hubiese eclipsado en un instante, un momento en que los segundos dejaron de existir y en el cual nuestras miradas no dejaron de ver en una misma dirección.

Entre los pensamientos, el llanto, los suspiros, los días y noches, sus palabras y las mías… Era hora de poner un alto, de cerrar ese ciclo que había marcado mi vida en un antes y un después… En ese instante confié en que era tiempo de madurar, creí firmemente que si hablaba con Armin todos los líos en mi cabeza se apaciguarían, y el sólo escucharle me haría tomar la mejor decisión posible.

Pero me equivoqué.

- Entonces… ¿por qué siempre discutías con Nathaniel? – Me animé a preguntar, a romper con el crudo silencio que se había interpuesto entre nosotros… nosotros.

Tal vez no buscaba realmente madurar…

- ¿No es obvio? – Se apresuró a responder, hice una mueca interrogativa, algo que no pude evitar. - Sabía que estaba enamorado de ti.

Dentro de mi algo crujió en ese momento. Todos se habían dado por enterados a excepción mía… y Armin, después de todo podía corresponder a los sentimientos que había dentro de mí.

Sabía que estaba enamorado de ti. A veces cuando esperamos a la verdad, olvidamos el hecho de que puede golpearnos a la cara en un solo parpadeo. Mi garganta se cerró a causa de un nudo en ella, me costaba deglutir, y de un momento a otro el respirar se volvía más dificultoso, sentí entonces un escalofrío recorrer mi espina dorsal.

Abrí mis labios, intenté articular palabras, me imaginé entonces en un universo alterno donde mi alter ego podía sólo gritar, estaba estallando en emociones, lloraba y se desahogaba, un universo donde me desgarraba palabra a palabra, donde las lágrimas no se acumulaban en mi… Donde tenía las suficientes fuerzas para dejar de guardarme las cosas… No como en esta realidad, callando, sin más.

- Cada vez que lo mirada acercándosete sin problema… -Volvió a decir, estática le miré sin saber que más hacer.- ¡Se me revolvía el estómago!- Explotó.

¿Qué estaba buscando?

Recorrí su mirada intentando encontrar… ¿encontrar qué? Su honestidad me había dejado perpleja, hundida entre palabras que probablemente nunca alcanzaría a decir cómo se deben.

- Por ello estabas tan molesto cuando hablaba de él… - Sin pensarlo, tras segundos de su respuesta, lo mejor que hice fue atinar a deducirlo.

- No estaba precisamente molesto… Eran celos.

Celos.

Nathaniel.

Quizá era el hecho de tener una poca esperanza a la cual aferrarme.

Y entonces ocurre, ese algo que te descoloca, que te hace pensar en todo y en el nada, porque siempre es así. Son sucesos que llegan de la nada, creemos esperarlos pero la realidad es que jamás imaginamos el enorme poder que tendrán sobre nosotros.

Quería volverme loca, de esa forma podría intentar entender lo que estaba sucediendo.

- ¿Celos? No tenías que sentir celos de él, yo… - Celos… Estaba celoso… Ni siquiera pensaba antes de hablar, sólo vociferaba lo primero que llegaba a mi mente sin siquiera traducirlo.

Me sentí agobiaba. En ese momento me sentí el inicio de una tormenta, empuñé mis manos tan fuertes como mis sentidos me permitieron, tenía que volver a la realidad. Lo recuerdo bien, el mundo giró a mí alrededor.

Sólo quizá…

- Por supuesto que sí… Tenías… Corrección, tienes una amistad muy buena con él. – Hizo hincapié en el presente, no podía negarlo. - Comparten gustos, charlan, se ríen… Bromean.

- Pero… - No pude hablar, ¿qué debía decir?

Había algo en mí que había cambiado.

- Yo sólo me quedaba allí… Sólo lo arruinaba cuando estaba contigo. – Se llevó las manos a la cabeza, y susurró algo que ni siquiera yo, a pesar de la corta distancia que nos separaba alcancé a percibir.

No pude más.

Callar las cosas no siempre nos hace un bien.

Estallé…

- ¡Pero tú me gustabas! – Grité.

Se lo dije, de nueva cuenta me estaba confesando a él… Grité y no me importó ser escuchada por otros, me llevé rápidamente las manos al rostro.

Y después de un tiempo…

La barrera que intentaba mantener arriba se cayó.

Sin más.

Mi vista se nubló por las lágrimas que se acumulaban, pero no quería dejarlas salir, no aún, no de nuevo.

- Exacto. Te gustaba, ahora no.

Y eso bastó para que cayera la primera.

- Quería hablar contigo para decírtelo.- Su voz se desvaneció.

Por mi parte, permanecí enmudecida…

¿Cuánto duran los sentimientos de amor? Cuando se marchan, ¿por qué lo hacen? ¿Los míos se habían terminado?

No, seguían a mi lado.

- Eres mi primer amor.- Musitó Armin, frente a mí, sin darme cuenta se había acercado, y ahora sólo eran centímetros escasos los que se interponían entre nosotros. De no deberse a la diferencia en estaturas, podría, en ese momento haber sido capaz de ver como nuestros alientos chocaban.

Hay momentos en nuestra vida en que dudamos de todo lo que nos rodea, incluso de nosotros mismos.

Dudamos de nuestras decisiones, de nuestro pasado y los errores que fueron cometidos.

Me quedé estática.

Y entonces pienso: ¿Y si te hubiera dicho la verdad desde el principio? ¿Qué hubiera ocurrido si me confesaba hacia a ti, Armin?

- Armin… - Mi voz se convirtió en un hilillo de sonido apenas audible, cuando me abrazaste y una de tus manos se apoyó en mi cabeza.

Entonces sólo supe una cosa: Tal vez las cosas serían distintas…

- Lo sé, no tienes que hablar, tan sólo escucha lo que tengo que decirte. – Se alejó un poco de mí y atinó a sólo tomarme de los hombros.

Pero lo diferente no siempre es mejor.

- Alexy me contó parte de la historia, no hizo más que confundirme más, quiero decir: Mírame, ¿cuándo iba a imaginar que tú podrías llegar a quererme de esa manera?

Le miré incrédula, ¿de qué hablaba?

- Siempre lo miraste a él de una forma especial, aunque tus sentimientos fueran dirigidos hacia mí.- Le miré hacer gestos y tragué seco.

Cómo si hubiera leído mis pensamientos, me había dado la respuesta… Una que no esperaba.

Mis sentidos se paralizaron.

¿Lo sabía?

- ¿De qué hablas? – Atiné a cuestionar.

Armin me soltó de su agarre y suspiró.

Habían sido contadas las veces en que lo había visto suspirar.

- No soy tan tonto como todos creen.- Negué rápidamente, a él le pasó desapercibida mi acción.- Estoy celoso de la relación que tienes con Nathaniel.

Me llevé una mano al pecho.

- No soporto que hables con él, me molesta demasiado. Porque yo jamás llegaré a ser tan importante o a tener una amistad de esa manera contigo.- No mentía.

Estaba siendo tan… sincero.

Su mirada se encontraba perdida.

- Pero todo lo que me dijiste… Sólo… - No tenía palabras.

No sabía que podría decir a ello.

- ¿Qué querías que dijera? ¿"Te amo"? – Elevó su voz.

Eso dolió.

Recuerdo que esa sencilla última pregunta provocó en mí un mar de desesperadas emociones.

- Porque lo hago, desde que te conocí… - Me hizo querer entender mil cosas, pero más que ello dejó en mí más de mil y un preguntas.- Me enamoré de mi compañera y mi mejor amiga…

Me parece extraño como siempre duele cuando ésa persona nos llama de esa forma… Se supone que debe ser un honor tener un título cómo ése ¿no?

Las hermosas relaciones comienzan con una amistad.

Hoy pienso en ello.

- Este idiota se enamoró de ti.

- ¿Por qué no me lo dijiste antes? – Ni siquiera me detuve a pensarlo.

No me importó lo que él pudiera llegar a pensar de mí, sólo quería respuestas.

No quería seguir pensando, no n ello.

- ¿Antes de que descubrieras tus verdaderos sentimientos?

Era suficiente.

No lo soportaba, no podía estar escuchando algo como eso.

- Salí con Iris porque pensé que eso te alegraría. Y justo después hablas conmigo para decirme que he vivido engañado.

¡Basta!

- No sé qué creer, en verdad soy un completo idiota.

Lo eres.

No podía más.

- ¿Es todo? – No podía detener mi llanto.

Era demasiado.

- No.

Entonces… No entendí cómo sucedió, estaba allí junto a él, paralizada, ¿qué ocurría conmigo?

Armin…

Él… Me besó…

Fue sin creerlo, cuándo menos lo esperaba él había tomado mi rostro y unido nuestros labios. Mi mente se puso en total blanco, no reaccionaba, no sabía que hacer… Estaba allí estática sintiendo lo agitada que se encontraba su respiración, percibí un ligero calor en mis mejillas cubiertas por los ríos de lágrimas que seguían corriendo y que no se detendrían. Mi corazón se agitó y fue entonces cuando cerré mis ojos en un acto de desesperación. Intenté alejarlo, ¡lo intenté! Pero no podía, no pude hacerlo, mis fuerzas se habían ido.

¡Con un demonio que lo intenté!

Estaba avergonzada.

Me sentí miserable.

En el peor momento volví a pensar.

Sollocé… Armin se separó de mí. Y no hice más que mirarlo.

Le susurré: ¿Por qué?

Dudé que mi pregunta hubiese sido escuchada.

Nuestros labios se unieron en un corto lapso de tiempo.

Acabó conmigo, de la forma más linda posible

Y a mi cuerpo no parecía importarle…

No se trató de un beso pasional, o de esos que amamos ver en las largometrajes románticos, no fue un besó de felicidad…

No supe si se trató de un beso de… amor.

- Perdóname, Cossette.- No le miré.

Salí corriendo de allí, no me detuve hasta llegar al aula dónde sentí una fuerte punzada, pero pasé de ella, no quería que me siguiera, y no deseaba descubrirlo.

Mi manía de alejarme de lo que sentía que me hería había vuelto en un buen momento.

Con mis manos intenté limpiar mis lágrimas, no quería más preguntas, no en ese momento.

Las emociones y recientes sucesos parecían balancearse en mí, sin dejarme ni una pisca de fortuna para encontrar una respuesta.

La escuela a pesar del murmullo entre sus pasillos, me pareció entonces desértica. A mis oídos no llegaban más que susurros lejanos de conversaciones sin sentido.

Mis pies me llevaron sin orden hasta el pasillo principal, titubeé cuando recordé que justo frente a mi casillero se encontraba la sala de delegados. Y tras un breve suspiro un pensamiento surcó mi mente.

Algo se estrujó dentro de mí…

Me reprimí a mí misma de pensar, pero era imposible, había algo que me mantenía intranquila, incluso ansiosa.

Mis ojos estaban hinchados.

Dudosa me dirigí a mi casillero, tanto alboroto en mi mente sólo me incitó a dar media vuelta y mirar la puerta sellada del aula donde seguramente aún se encontraba Nathaniel.

Mi rostro enrojecido.

Suspiré…. Respiré tan hondo como pude pero no me moví.

No sabía cómo mirarle.

Resignada, sólo abrí mi casillero, dentro había una nota y a su lado…

- Una camelia…

Nathaniel…


¡Hola! (:

Había pasado tanto tiempo desde la última vez que los leí. Lamento la tardanza, en serio.

Pero... ¿Qué les ha parecido este capítulo? Tengo algunas preguntitas por hacerles:

¿Qué tal las reacciones de los personajes?

¿Cierto que Violeta es linda?

¿Qué opinan sobre el arrepentimiento de Iris? ¿Cossette tomó la adecuada decisión? A Rosa no pareció agradarle, ¿cierto?

¿Qué opinan de las acciones de Armin?

¿Están de acuerdo?

¿Qué habrían hecho ustedes en lugar de nuestra pequeña Cossette?

¿Y Nathaniel?

¿Estaba ocultando algo?

¿Qué creen que lleve grabado esa nota?

Tengo que decir que una de mis escenas favoritas ha sido la pequeña charla entre Cossette y su padre, creo que en muchas situaciones de nuestra vida, necesitas unas cuantas palabras como esas, y por supuesto contar con la suficiente confianza para ello. ¡Me ha fascinado! No sé si fue lo suficientemente bueno como lo imaginé en un principio, pero aquí está.

Otra cosita: Me he tomado la tarea de corregir algunas faltas ortográficas, de puntuación y gramaticales de los anteriores nueve capítulos :)

*NOTA*

Nathaniel tiene la alergia provocada por las flores.

¿El significado de una camelia?

Verán, cada una de las camelias, dependiendo del color que se trate, tendrá un mensaje específico que dar. Pero en general, estas flores tienen un significado sumamente hermoso por sí solas.

¡Se los dejo de tarea!

Les tengo una noticia, espero sea de su total agrado: El siguiente capítulo me sospecho es el final de esta historia, después de tantos capítulos, y situaciones extrañas, Cossette tiene su respuesta, la única que necesita.

Así que: ¡Hagan sus apuestas! :D

Ha sido muy agradable leerles, cada mensaje, me anima a continuar y esforzarme más y más para traerles lo mejor de lo mejor.

Gracias a todos: Me han hecho muy feliz justo cuando lo he necesitado (:

Nos vemos en la próxima y última entrega de esta historia: Una Respuesta.

Matta-ne! :D