Disclaimer: Doctor Who no me pertenece, si lo hiciera Rose aun viajaría con él. No gano nada con este fic mas que calmar mis feels. Disfruten.

Capítulo III

Primer viaje

Brillo y esplendor rodeaban todo lo que la vista de Rose podía alcanzar. Habían aterrizado en un campo de cristal que se extendía por kilómetros en cualquier dirección. Algunos arboles, con hojas de cristal y troncos translucidos, generaban luces matizadas, divididas en los colores del arcoíris, e incluso más, iluminando todo el lugar. Rose extendió una mano hacia el árbol más cercano y cruzó un haz de luz, maravillada por la cálida sensación volteó a ver al Doctor y sonrió.

—Es hermoso

— Lo se—aceptó el Doctor orgulloso de si mismo. Con pasos medidos se acercó a Rose—.Es más hermoso de noche—susurró en su oído, luego carraspeó y se alejó—. Lo que nos deja con cinco horas para ir a la ciudad antes de que oscurezca—señaló hacia el este donde algunos edificios imponentes se alzaban por sobre la línea del campo.

— ¿Por qué la prisa? —preguntó Rose rascando la piel de gallina que se había formado en su cuello por el cálido aliento del Doctor.

—Porque el espectáculo sólo es visible aquí, a campo abierto.

—Entonces démonos prisa—sin pensarlo dos veces Rose tomó la mano del Doctor y emprendieron la marcha.

Sus manos encajaron como piezas de rompecabezas, ambos ignoraron la incomodidad inicial y la culpa y se permitieron disfrutar del contacto, como hacían en el pasado, cuando este sólo era un gesto inocente entre ellos. Balanceando sus manos unidas y, sonriendo como si ninguna tragedia hubiera tocado sus vidas, caminaron hasta alcanzar un frondoso grupo de árboles

—Mira, se pueden ver los vasos de conducción, el floema y el xilema, savia elaborada y savia bruta, respectivamente—señaló el Doctor en el tronco de un árbol. Pequeños conductos, también de cristal, pulsaban mientras transmitían la blanca savia hacia la copa—.Un biólogo estaría encantado con estas plantas.

Rose admiraba el árbol con la mirada perdida en el flujo suave y palpitante de la savia, su esposo habría encontrado aquello de lo más fascinante y hubiera insistido en llevar un ejemplar dentro de la TARDIS.

—No podemos, necesitan nutrientes específicos que no pueden ser replicados en los jardines de la TARDIS—contestó el Doctor. Al ver la mirada avergonzada de Rose agregó: —.Lo siento, tus pensamientos fueron muy fuertes y nos estamos tocando—esperó nervioso a que Rose le rechazara y soltara su mano, incluso aflojó un poco sus largos dedos, pero ella sólo se encogió de hombros con desgana.

—Vamos a la ciudad.

Continuaron la marcha durante una hora, el Doctor señalaba a Rose el nombre de cada planta con la que se cruzaban, mencionando alegremente sustancias y compuestos cuyos nombres Rose apenas podía recordar, y mucho menos pronunciar. Pero eso estaba bien, sabía que de seguir viva y sin el Doctor a su lado, habría extrañado todo eso, la cháchara científica, su sonrisa, su hiperactividad y toda la emoción que reflejaba cuando encontraba algo nuevo y fascinante.

— ¿Rose? ¿Me estas escuchando? —llamó el Doctor, tratando de no sentirse sobrecogido por los sentimientos que, de nuevo, estaban escapando de los escudos mentales de su amiga.

— ¿Qué? Oh si—mintió Rose.

—No tienes porque hacer esto, podemos volver a la TARDIS, tomar un descanso, es muy pronto aun para…

—Estoy bien—cortó Rose bruscamente, al ver la expresión de sorpresa en el rostro del Doctor susurró: —. Lo siento.

—Esta bien, todo esta bien—contestó él quitándole importancia—. Bien, si no hay ningún problema… Allons-y, Rose Tyler.

Llegaron a la ciudad y Rose sintió la necesidad de atarse la mandíbula para no andar por ahí con la boca totalmente abierta, con el correspondiente peligro de tragarse una mosca de cristal. Humanoides hechos completamente de cristal y vestidos con ropas totalmente transparentes, caminaban por las calles, mezclándose con turistas de otros planetas, si se esforzaba podía ver como la sangre, azul, recorría las venas de aquellos seres. Alzó la vista y detalló los gigantescos edificios de cristal que se alzaban por sobre ellos, de nuevo los rayos de luz se dividían y entrecruzaban, iluminando la calle por la que transitaban. Su madre habría disfrutado del planeta, probablemente habría querido adueñarse de él y no salir en décadas. Apretó la mandíbula ante el recuerdo de su madre.

—Jackie Tyler habría sido un peligro para Crixstys—aceptó el Doctor con sorna, tratando de formar aunque fuera una pequeña sonrisa en los labios fruncidos de Rose.

—Tienes razón—aceptó ella con la voz rota—. Y habría sido un planeta peligroso para Tony, no pasaba semana en la cual no rompiera los jarrones de la casa con su pelota de rugby—ahogó un sollozo—. Hermana mayor, nunca creí que llegaría a serlo, siempre quise un hermanito ¿Sabes? Pero mamá nunca duraba lo suficiente con sus novios, siempre les corría del piso—para ese momento Rose había enterrado el rostro en el pecho del Doctor y hablaba contra su corbata de seda—.Se llevaba tan bien con el Doctor, jugaban en él patio trasero mientras esperaban que volviera de mi trabajo en Torchwood, a veces llegaba antes y les sorprendía, él se veía tan feliz, a veces me hacía pensar que su reloj biológico estaba llamándole.

— ¿Él no trabajaba en Torchwood?—preguntó el Doctor, de todas las interrogantes que se formaban en su cabeza esa era la que consideraba menos dolorosa.

—Si, pero su trabajo le permitía más libertad, a veces creo que le dejaban salir antes para que hiciera explotar sus experimentos en la mansión de Pete y no en las oficinas.

El Doctor sonrió tristemente contra la coronilla de Rose, sus manos habían encontrado un buen lugar en su espalda y la recorrían en línea recta, de arriba hacia abajo, tratando de consolar lo inconsolable.

—En fin, vinimos a comprar—Rose se separó de él y frotó la manga de su suéter contra sus ojos, manchándose la cara con el hollín que permanecía en esta.

—No estarían mal un par de pantalones hechos de biopolímeros translúcidos—el Doctor movió sus cejas de manera sugestiva y Rose rompió a reír. Satisfecho con el resultado sonrió de vuelta y se balanceó sobre sus talones con las manos en los bolsillos.

—En tus sueños—bromeó ella echando a andar hacia lo que parecía un centro comercial.

Entraron a la primera tienda que parecía vender ropa que no fuera translúcida, estaba vacía, la ropa invisible seguramente era la atracción de los turistas, así que Rose pudo andar libremente por el lugar. Escogió algunos vaqueros y algunas camisas y blusas, el Doctor tomó asiento en los bancos frente a los probadores y esperó pacientemente a que ella terminara de escoger ropa.

— ¿De verdad esperaras a que me pruebe todo esto?—Rose señaló la pila de ropa que acababa de escoger.

—Sólo si te pruebas estos—el Doctor sacó un par de pantalones translúcidos.

—Estás como una cabra—contestó Rose—. Anda, ve a la tienda de artilugios electrónicos, puedo sola con todo esto.

— ¿Segura?—el Doctor frunció el ceño preocupado.

—Por supuesto—Rose forzó una sonrisa y cerró la puerta del probador, apoyó la espalda contra esta y permitió que una lágrima solitaria bajara por su mejilla. Este tipo de actividades cotidianas era las que compartía con su otro Doctor, con Tony, con Pete y con su madre, no deseaba que el Doctor la viera romperse de esa manera sólo por comprar ropa.

Se recuperó con lentitud y empezó a probarse las prendas, descartó las menos adecuadas para correr lejos de alienígenas y desechó su ropa vieja y raída en el bote de la basura, no quería encima nada que le recordara lo ocurrido en la nave Dalek, suficiente tenía con sus recuerdos.

Abrió la puerta con las manos cargadas de ropa y al girarse una memorable visión, no sabía si clasificarla como ridícula o de otra categoría, le esperaba fuera.

El Doctor vestía un par de pantalones translucidos de mil rayas, sostenía sus pantalones marrones en un brazo y no paraba de dar vueltas frente a un espejo juzgando la vestimenta. Rose apartó la mirada ahogando la risa, ¡Los bóxers azul TARDIS del Doctor se veían al completo! Y se ajustaban en lugares que ella no debería de estar mirando con tanta atención.

— ¿Qué te parecen?

—Muy bonitos, muy azules—contestó Rose perdiendo contra las ganas de echarse a reír.

— ¿Azules? —repitió confundido—. Oh, Rose, eso es muy infantil de tu parte—reprochó tratando de sonar serio.

Rompieron a reír como locos y pronto la seguridad del local estaba echándoles fuera, no sin antes asegurarse que pagaran todo lo que habían escogido.

—Te ves ridículo, quítatelos—resopló Rose mientras emprendían el camino hacia un puesto de comida.

—Es la moda en Crixstys, Rose Tyler—contestó el Doctor con un tono muy parecido al de Cassandra—. Y siempre te he dicho que hay que mezclarnos con el entorno.

—Tu te encuentras "semi-mezclado"—señaló Rose jalando la chaqueta marrón.

—Entonces busquemos algo para combinar.

—No—gruñó Rose al ver algunas chicas de cristal quedarse viendo al Doctor más tiempo de lo que era considerado cortes. Los celos crecieron en su interior y escaparon de los escudos, golpeando al Doctor directamente. Éste carraspeó tratando de no dejarse ganar por la suficiencia.

—Mejor voy a cambiarme, en este planeta embarazan a los hombres—el Doctor corrió hacia el baño más cercano.

—Supongo que es el único que Jack lo evitará a toda costa—murmuró Rose entre risitas.

Con el Doctor vestido apropiadamente se dirigieron a un puesto de comida tradicional del planeta. Rose observó los pequeños cubos gelatinosos que el Doctor había comprado para ambos y el envase son azúcar líquida con desconfianza.

—Nunca compraría algo que no pudieras comer—dijo el Doctor con la boca llena.

—Eso dices siempre y luego termino vomitando durante toda la "noche" en la TARDIS.

—Bueno…—pasó las manos por su cabello—. Pero ese no es el caso esta vez, abre—sostuvo un cubo contra los labios de Rose, ella tragó saliva esquivando sus ojos y separó los labios.

No sabía a nada que hubiera probado antes, era dulce, jugoso, picante y un poco pegajoso, ninguna fruta podía comparársele, era como comer un helado de gelatina. El Doctor apartó sus dedos cuando estos rozaron los labios de Rose y, en un acto casi instintivo, succionó el jugo dulce de sus dedos. Rose y fruta de Crixstys, ese sería su nuevo sabor favorito.

Rose esquivó aquellos ojos repentinamente oscuros, a su mente llegaron los restos de un sentimiento sobrecogedor, infinitamente poderoso y cálido, muy cálido, esa mirada era muy similar a la de su esposo, sólo se diferenciaban en algo que ella no podía siquiera entender, algo místico pero físico, casi irreal.

Terminaron de comer en silencio, sin más incidentes de por medio.

—Deberíamos volver a la TARDIS, está anocheciendo—el Doctor arrojó los envases vacíos a un bote de basura, tomó la mano de Rose y caminó a su lado en silencio, debía de tener más control en el futuro, no debía de mostrarle a Rose lo mucho que le afectaba su presencia.

Cuando alcanzaron los límites de la ciudad las mismas chicas que le habían mirado de más en el centro comercial les salieron al paso desde un callejón oscuro, uno donde los rayos dorados del sol poniente no llegaban a pesar de la reflexión en los edificios. Instintivamente el Doctor colocó tras su cuerpo a Rose. Él deseaba que este fuera un viaje tranquilo, pero al parecer dichas chicas tenían otros planes, les rodearon cortando toda salida posible.

—Buenas noches—saludó por pura cortesía, tratando de adivinar sus intenciones— ¿Necesitan ayuda?

—Te necesitamos a ti—sonrió una de ellas, su corazón azul latía con rapidez revelando sus intenciones.

—Lo siento, está conmigo—gruñó Rose parándose a su lado.

—Sólo le necesitamos unos meses—dijo otra tratando de mantener la paz.

—Nuestra biología no es compatible—contestó el Doctor.

—La haremos compatible—ronroneó una tercera.

—Déjennos marchar, por muy curiosos que sean sus rituales de apareamiento, no estoy interesado.

—Seguramente seremos mejores que la pelo amarillo—habló la primera—.Se ve algo paliducha y enferma.

—Su nombre es Rose Tyler y es mi humana rosa y amarillo—gruñó el Doctor—.Si saben lo que les conviene no la menospreciaran en mi presencia.

Rose contuvo el aliento, nunca había visto al Doctor defenderla con tanta vehemencia, se sintió protegida y a salvo a su lado, como si un aura la rodeara. Comprendió que la mente del Doctor estaba en la suya, asegurándose de que aquellas crudas palabras no la hubieran lastimado ni siquiera un poco.

Con el suave sentimiento vino una ligera molestia, muchos aliens la habían insultado antes y el Doctor sólo reaccionaba si veía lágrimas en sus ojos, ¿Qué había cambiado ahora? ¿Acaso la creía inútil? ¿Débil? Podía haberlo perdido todo pero, aun lo tenía a él.

"No Rose, nada de eso"

Rose ignoro la voz y simplemente se irguió, apretó la mano del Doctor entre la suya y fulminó a las chicas aliens translúcidas.

—Está conmigo chicas, alguien tan maravilloso como él no perdería el tiempo con ardidas como ustedes.

Las mujeres se ruborizaron, si es que el que la cara y las orejas se les pusieran de un tono azul podía llamarse "rubor". Rose sonrió con suficiencia pero el Doctor sólo se tensó a su lado.

—Rose, eso no es un rubor normal, creo que deberíamos correr—murmuró por lo bajo, jaló su mano y la hizo pasar entre las dos chicas que le cortaban el paso hacia el campo.

— ¿Cómo que no es un rubor…?

— ¡Cierra los ojos y corre!

Rose obedeció al instante, continuó corriendo, confiando en el Doctor para evitar alguna caída. A través de su parpados cerrados notó un resplandor, el brazo del Doctor le rodeó el cuello justo cuando un viento cortante, ¿O eran objetos? Le rozaron las manos.

"Demasiado cerca" escuchó decir al Doctor en su mente.

Tras un par de pasos se detuvieron, Rose abrió los ojos y miró hacia atrás, donde un resplandor azul se apagaba más y más.

—Nunca enfades a un crixstysiano si no estás en buena forma—jadeó el Doctor jaloneando la manga de su traje, ahora llena de agujeros.

— ¿Explotaron de ira?

—Literalmente—confirmó el Doctor ahogando una risa—. Tardaran en juntar sus trozos de nuevo y luego estarán bien, es por eso que en este planeta las clases de control de la ira son obligatorias desde la primaria.

—Explotan…cuando están enfadados.

—En realidad es una respuesta primaria de auto preservación. Cómo no tienen predadores naturales, ¿Quién se comería un ser de cristal? se transformó en una respuesta ante la ira o emociones fuertes.

—O sea que también explotan cuando…—Rose empezó a reír ante la idea que se formó en su cabeza. Curioso el Doctor le leyó el pensamiento.

—Rose estas siendo muy infantil el día de hoy—la reprendió con falso enojo.

—Sólo imagina, romperte en trozos, literalmente, cuando… literalmente es una explosión…

El Doctor la acompañó en sus risas mientras continuaban el camino hacia la TARDIS, sabía que debía atesorar ese momento, la tormenta aun no había pasado y era importante que hiciera reír a Rose de vez en cuando.

—Sin embargo, fue peligroso, algunos trozos de cristal iban a tu cuello—para dar énfasis a sus palabras el Doctor sacó un minúsculo cuadro del cabello de Rose. El delicado cuello de los humanos, venas y arterias importantes, tragó el nudo que se formó en su garganta.

—Sacrificaste tu traje por el—dijo Rose jalando la manga para verla a la luz del sol poniente.

—Nah… la TARDIS lo reparará.

—Un día me dirás que la TARDIS puede lavar los trastos por su cuenta.

—Lo hace—El Doctor se rascó la oreja esquivando la mirada furibunda de Rose.

— ¡Los estuve lavando durante tres años!

— ¡Pensé que te gustaba! Ya sabes, un ritual terrestre en medio del espacio y el tiempo, algo que te atara a casa.

Rose guardó silencio, ¿Qué podía atarla a casa ahora? No tenía nada más que la TARDIS y al Doctor, las fotos que guardaba en su billetera, los recuerdos que pronto se harían borrosos, pronto olvidaría la voz de su Madre, la de Pete, la de Tony, tonto cerebro de simio.

"Rose, mira"

Rose alzó la mirada ante el llamado del Doctor, había oscurecido y la primera estrella se alzaba en el horizonte, algo más pequeña que la luna de la Tierra. Rose contuvo el aliento cuando sus rayos impactaron el suelo de cristal y la luz azul se dividió en miles de tonalidades.

"Es precioso" suspiró Rose a través del vínculo, era tonto pero sentía que si hablaba en voz alta el hechizo se rompería, que despertaría abrazando el cuerpo de su esposo, que se encontraría, viva y sola, en aquel mundo lleno de TARDISes muertas. Buscó la mano del Doctor y la aferró con fuerza.

"Se pondrá mejor" quizás el Doctor lo dijo como respuesta a sus pensamientos pero pronto el suelo empezó a reflejar más luces, tantas que parecía de día, un día de arcoíris, y aun así en el cielo podían verse las estrellas.

"No se que decir"

"No digas nada" el Doctor giró, apoyó su frente contra la de Rose y llenó su mente "Concéntrate, pasa a la mía, vamos" animó colocando los dedos de su mano libre en las sienes de Rose, apartó un mechón de cabello con una caricia y dejó sus dedos reposar sobre la piel. No sabía que lo había orillado a hacerlo, pero sentía que debía permitirlo, debía mostrarle a Rose con quien estaba. Se aseguraría de mostrárselo, no todo, no podía mostrar sus sentimientos, pero si algo de su esencia. Construyó una puerta alrededor de su corazón y permitió a Rose la entrada a su mente.

Rose empujó su mente fuera y entró a la del Doctor, ya lo había hecho antes, con su esposo, pero ahora, una ola de rojo y dorado la impacto, sacando el aire de sus pulmones.

"Señor del Tiempo, al completo" afirmó el Doctor ayudándola a levantarse.

"Es precioso"

"No Rose, terrible" gimió su voz.

"Eso lo hace aún más hermoso ¿No lo crees? Sólo se aprecia el bien cuando conoces el mal"

Pronto el espectáculo por el que el Doctor había llevado a Rose a ese planeta quedó olvidado, ambos tenían otro espectáculo que apreciar. Uno mucho más hermoso, más oscuro y no por ello menos brillante que el suelo de Crixstys.