Disclaimer: Doctor Who no me pertenece, si lo hiciera Rose aun viajaría con él. No gano nada con este fic mas que calmar mis feels. Disfruten.

Capítulo IV

Conversaciones de cama

Largos y cálidos brazos envolvían la mente de Rose, meciéndola con una candencia casi hipnotizante, llevándose con ellos toda oscuridad que tratara de penetrar su tranquilidad. Rose sabía que la tristeza, el dolor y la soledad del Doctor, y de ella misma, se encontraban ahí, esperando a que se rompiera el contacto para volver a ocupar sus lugares y marcar sus almas.

El Doctor apretó el abrazo que mantenía sobre Rose cuando un ráfaga de viento frío les golpeó con fuerza y se deslizó como una serpiente sobre la piel de sus rostros y manos, sacando al Doctor de la mente de Rose. Con un suave empujoncito sacó la de ella del suave sopor en el que encontraba sumida.

—Hora de entrar a la TARDIS—susurró contra su cabello rubio.

—Cinco minutos más—murmuró ella mentalmente, sonando como una niña pequeña que no quiere salir de su cama para ir a la escuela.

—Siempre puedo cargarte, ya sabes, soy un caballeroso Señor del Tiempo vestido con brillante armadura—bromeó sonriendo ampliamente. Hacía siglos que no se sentía tan lleno, el vacío que había en su mente estaba ahora lleno, no del todo, nunca lo estaría, con la esencia de Rose. ¿Era eso de lo que disfrutaba su meta-crisis? Los celos bulleron en su interior sin que él pudiera hacer algo para procesarlos de una manera racional.

—En ropa transparente, querrás decir—contestó Rose parpadeando pesadamente, se sentía adormilada, rodeada de suaves motas de algodón e indudablemente, feliz.

—Hora de dormir—obviando las débiles protestas de Rose, la alzó en sus brazos y la estrujo contra su pecho en un gesto que más que amoroso era posesivo. Era su Rose después de todo.

—No es justo—gruñó Rose en cuanto su espalda tocó su cama, apenas podía mantener los ojos abiertos—.A ti no te agota todo esto.

—Tengo más practica, mi especie es telépata táctil así que soy mas apto que tu para estas cosas—explicó el Doctor mientras la arropaba, asegurándose de no dejar ni un sólo agujero por el cual su Rose perdiera calor—. Sin embargo con algo de práctica podrás hacerlo mejor.

—Eso explica por qué él se dormía a mi lado. Medio-humano—suspiró Rose sin querer, el Doctor se tensó a su lado. Él no podía darle eso, había tantas cosas que no podía darle, tantas que todo el espacio y el tiempo no llenarían jamás.

—Buenas noches, Rose—se obligó a decir en lugar de ¿Puedo quedarme? Él no era medio-humano, no podía llenar el vacío que su meta-crisis llenaba al quedarse dormido junto a Rose tras compartir mentes, tras expresarse amor de esa manera. Él no podía dormir con ella, ni siquiera le tocaba dormir esa noche, pensó con amargura.

—Quédate—gimoteó Rose más dormida que despierta, pero aun así, dolorosamente consciente de la próxima ausencia del Doctor. Le quería cerca, deseaba su presencia física, se sentía enferma de sólo pensar en la idea de estar sola en su cama.

—No puedo, Rose, no estaría bien.

—Por favor—rogó, el malestar crecía y dominaba su conciencia, estaba forzando al Doctor y no le importaba, sólo le deseaba cerca.

El Doctor cerró los ojos y suspiró, nunca podría negarle nada a aquellos ojos marrones ni al tono implorante de Rose. Aun si ella le pedía ser la reina de algún planeta lejano él se lo concedería, pero Rose era tan desprendida y brillante, tan compasiva, tan llena de luz que jamás haría tal cosa.

—Voy a sonrojarme—advirtió ella mientras se deslizaba lentamente bajo las sábanas para hacerle espacio al Doctor. Estaba muy somnolienta y perdía energía concentrándose en no vomitar sobre sus sábanas, confiaba en que las nauseas desaparecerían en cuanto pudiera abrazarse al Doctor, tenía que ser eso, algún estúpido ataque de ansiedad, uno contra el cual no lucharía, estaba cansada de luchar.

El Doctor miró a su alrededor tratando de encontrar algo que le distrajese, algo que le permitiera blindar su mente de nuevo. Lo encontró en sus manos. Sangre seca manchaba sus dedos. Alzó la mirada y vio algunas manchas más en las sábanas de Rose, manchas que coincidían con sus dedos.

—Rose, déjame ver tus manos—siseó apretando los dientes.

No espero respuesta y apartó las sábanas de un tirón. Rose protestó pero mantuvo los ojos cerrados, tratando de ganarle a la bilis que subía por su esófago. Estaba realmente cansada y confiaba, quizás estúpidamente, en que el sueño apartaría las odiosas nauseas que crecían conforme pasaban los minutos.

—Chicas de cristal, que inteligentes—bufó el Doctor observando con cautela los ligeros arañazos y cortes que decoraban el dorso de las dos manos de Rose—.Iré a la Enfermería, un antiséptico y el regenerador dérmico te dejaran como nueva.

Rose esperó hasta que escuchó la puerta cerrarse tras el Doctor, había perdido contra la urgencia de su cuerpo, se desembarazó de las sábanas y corrió al baño. Apartó la tapa del inodoro y volcó todo el contenido de su estómago en él. Jadeando observó con desagrado la mezcla de bilis, trozos gelatina translucida y panqueques antes de jalar de la cadena. Sudor frío corría por su frente a raudales cuando detuvo otra arcada, estaba segura de que no tenía nada más en el estómago para expulsar. Respiró profundamente un par de veces, se puso en pie y se tambaleó hasta el lavamanos, lavó su boca, rostro y manos a conciencia, no era necesario preocupar más al Doctor, no cuando se estaba comportando tan bien con ella, tan amable, no lo merecía.

Observó el vapor de agua elevarse, permitiendo que este calmara sus temblores, sabía que no debía forzar su estomago, el estrés vivido estaba pasando factura, sólo habían pasado unas horas, puede que un día, desde su perdida, el tiempo era algo imperceptible e imposible de medir en la TARDIS.

—Rose, no era necesario que te levantaras—escuchó decir al Doctor desde la habitación.

—Me sentía algo sucia—Rose observó los rastros de hollín y tierra, mezclados con agua, perderse por el drenaje, ¿Ocurriría así con sus recuerdos? ¿Se lavarían y de a poco la presencia del Doctor se los llevaría para jamás regresar? Y peor aun ¿Por qué estaba teniendo esas dudas? Eran las mismas que había combatido cuando habían dejado al Doctor medio-humano a su cuidado.

— ¿Rose? ¿Todo bien ahí dentro?

—Si, todo bien—mintió Rose cerrando el grifo. Se inclinó hacia el espejo y evaluó su expresión cansada y ojerosa. La TARDIS murmuró preocupada.

—Todo esta bien—aseguró ella acariciando la pared—.No tienes nada de que preocuparte.

Rose abrió la puerta y casi choca con el Doctor al salir. Su semblante preocupado no varió ni un ápice aun cuando ella casi le atropella.

—Siéntate o recuéstate, como te sientas mejor—indicó señalando la cama. Rose obedeció, cansada como estaba se metió entre las sábanas dejando escapar un suave sonido de alivio. Al menos sus extremidades habían dejado de temblar.

El Doctor tomó las manos se Rose y las colocó sobre su regazo, con cuidado limpio cada rasguño y corte, saltando un poco cada que ella protestaba o tensaba su cuerpo.

—Lo siento, casi termino—aseguró, tomando la mano limpia y menos herida de Rose con la mano libre.

—Eres igual que él—dijo Rose sin pensar—.Preocupándote hasta por el mínimo rasguño.

—Muchos virus alienígenas pueden afectar tu fisiología humana—repuso el Doctor pasando el regenerador dérmico sobre las heridas en movimientos circulares. No alentó ni contestó del todo el comentario de Rose, si ella quería contar algo le daría libertad plena y no la presionaría, aun cuando moría de ganas por conocer que clase de aventuras había vivido Rose en el universo paralelo, y por qué su meta-crisis había permitido que la lastimaran.

La luz roja del dispositivo cambió a verde, su trabajo estaba terminado y bajo él sólo había suave y tersa piel. El Doctor lo dejó sobre la mesita de noche de Rose, esperando a que ella continuara su relato, le pidiera que se marchara o, en el mejor de los casos, le pidiera que se quedara con ella.

—El universo paralelo mantenía muchas similitudes con este universo—continuó Rose—.La historia era similar así que él podía hacer uso de sus conocimientos, no siempre acertaba, supongo que eso lo hacía más entretenido.

— ¿Qué cosas eran diferentes? —preguntó el Doctor sin poder ocultar del todo su curiosidad.

Rose apartó las sábanas y le invitó con la mirada. El Doctor se deshizo de sus deportivas y se deslizó entre las suaves telas, rodeó con un brazo a Rose y ella reposó su cabeza sobre su corazón izquierdo.

"Una buena costumbre" pensó el Doctor "La meta-crisis tendría el corazón de este lado"

—Investigamos la historia de la Tierra paralela antes de aventurarnos en el universo—el Doctor salió de sus pensamientos dando un brinco casi imperceptible y enfocó su atención en Rose—.No era muy diferente, no hubo segunda guerra porque Hitler fue asesinado en batalla durante la primera, la Inquisición fue erradicada décadas antes—Rose rió y secó una lagrima traicionera—.Tuvimos que ver con eso, casi me queman en la hoguera y... no le agradó mucho. Puedes imaginar como acabó todo. La cara del Sumo Inquisidor era un poema.

— ¡¿La hoguera?! —el Doctor no salía de su estupor, si bien sus aventuras con Rose no eran del todo seguras, nunca la había expuesto a tales riesgos ¿O si? Y en todo caso, de hacerlo era él quien salvaba el día, quien salvaba a Rose, sentir celos por tal detalle era tonto, sin embargo el Doctor no podía deshacerse del agudo sentimiento.

—El trozo de coral tardó unos meses en crecer, un año si te soy sincera—continuó Rose—.Durante ese tiempo él trabajo en Torchwood, meses antes de partir mamá protesto mucho y por ella nos casamos antes de irnos. Sus palabras exactas fueron: "NO QUIERO QUE CONTRAIGAS MATRIMONIO EN ALGUN PLANETA ALIENIGENA EN ALGUN EXTRAÑO RITUAL SI AUN NO TE HAS CASADO EN TU PLANETA NATAL"—Rose bufó—.Tan natal como podía ser la Tierra paralela—se acurrucó contra el Doctor, buscando el calor que, repentinamente, había abandonado hasta la más pequeña de las células de su cuerpo.

—Lo siento—murmuró el Doctor contra su coronilla, aspiró levemente por la nariz, llenando sus pulmones con el suave aroma de Rose. Quería expresar con esas dos palabras, esas tres silabas lo mucho que lamentaba el haber destruido su vida, como lamentaba haber arruinado lo que podría haber sido una vida larga y fantástica.

—No es tu culpa, nunca lo ha sido—suspiró Rose olvidando temporalmente las razones que le habían llevado a mantener las distancias con el Doctor. Si él ya no la amaba, o estaba luchando contra el sentimiento, entonces no debía de estar presionándole para que se quedara a su lado—.Puedes irte si lo deseas, todo este viaje por los recuerdos debe de ser algo...

—Me iré si tu quieres que me vaya—cortó el Doctor tensando los brazos alrededor de Rose. No era esa la respuesta que deseaba dar, claramente Rose le estaba echando de su habitación de manera política.

—No, por supuesto que no.

—Rose, se que es complicado, y si no me quieres aquí esta bien.

—Siempre te he querido aquí—dijo Rose adormilada—. Y no es más complicado que aceptarle a él—susurró por lo bajo, sin poder evitar cierto tono acusador—.Lo siento—agregó ocultando el rostro en el pecho del Doctor.

—Está bien.

—Quiero decir, dijiste que eran el mismo, pero él era diferente.

—Algunas actitudes de Donna pasaron a su personalidad—explicó el Doctor.

—Era como tener a tu yo pasado y a ti, juntos en un mismo cuerpo—Rose deslizó una pierna por sobre las del Doctor—.No era del todo malo, pero te extrañé en muchas ocasiones, a veces no podía evitar ser injusta con él.

—Rose, eres la persona más justa del universo—el Doctor enterró la nariz en el cabello de Rose, olía a humo y a algo de sudor pero, definitivamente a Rose.

—Tenía poca paciencia, era bastante posesivo—Rose suspiró y tentativamente envió una imagen mental al Doctor de ella y el Doctor medio humano abrazados, cuando él Doctor alzó la nariz de su cabello envió una pregunta.

"¿Está bien si te lo muestro?"

"Por supuesto" aseguró el Doctor y se dispuso a alzar sus escudos mentales, los celos no debían de escapar.

Había tenido un día bastante malo en Torchwood, una misión de campo, a las afueras de Cardiff, para la cual él no había sido llamado, era sólo rutina así que no me preocupaba ir sola con el equipo. Él protestó ante Pete pero, tenía que terminar sus experimentos con algunos dispositivos primordiales para la organización y Pete le envió de regreso al laboratorio.

"Rose, no quiero que vayas sola" el Doctor me mantenía abrazada por la cintura.

"Sólo es reconocimiento, las lecturas muestran que el objeto que se estrelló anoche no es más que un meteorito"

"Muchas especies pueden alterar los escáneres" aferró su agarre sobre mi hasta un punto que casi dolía, sin embargo, no me quejé.

"Estaré bien, Jake y el resto del equipo Alpha van conmigo" ubiqué sus manos y traté de aligerar su presa.

"Rose"

"Volveré para la hora de la cena" me las arreglé para soltar sus dedos y deposité un suave beso sobre sus labios "No quemes nada, la cocina será toda tuya"

Me alejé, sentí su mirada sobre mi, y sobre la pistola que solía cargar a la cintura, era la norma en Torchwood y la mía siempre estaba posicionada en aturdir.

Una oleada de orgullo interrumpió el relato mental, Rose sonrió al Doctor, bostezó y continuó con el relato.

Él tenía razón, era más que un meteorito, y para el momento que lo notamos estábamos rodeados por una veintena de alienígenas-ave muy enfadados

"No estamos aquí para hacerles daño, solo deseamos ayudarles" me adelanté y hablé por el equipo, yo estaba a cargo. Alcé mis manos y mostré mis almas vacías a los veinte pájaros bípedos que nos miraban frente a frente. Sus plumas marrones se encontraban erizadas, rozaban sus garras contra el suelo y sus ojos posicionados hacia el frente me hicieron notar que eran cazadores. No permití que ello nublara mi juicio, bien podían ser cazadores en su planeta natal.

"Exigimos la rendición total del planeta" dijo el que estaba frente a mi, chasqueó el pico peligrosamente cerca de mi rostro. Trastabillé hacia atrás ante su amenaza, el encuentro no estaba marchando nada bien. Sin embargo debía tratar de hacerles entrar en razón una vez más.

"Nuestras intenciones son pacíficas. No les lastimaremos, estamos dispuesto a ofrecer ayuda"

"No deseamos la ayuda de simios"

De ahí en adelante se desarrolló el caos, el líder cerró su pico sobre mi brazo y agradecí las mejoras que el Doctor había hecho sobre las fibras de kevlar de nuestros uniformes, el afilado calcio de sus picos no penetró del todo el uniforme y pude aturdirlo.

"No les maten, armas en aturdir" ordené. Jake rodó los ojos pero obedeció.

Al final del día nos las arreglamos para no tener ninguna perdida, solo heridas menores. Tras asegurarme que todos los miembros del equipo se encontraban bien regresé a casa. La hora de la cena había pasado y el Doctor me esperaba en el portal. Un camino recto se encontraba aplastado en la alfombra de la entrada, asumí que el Doctor había caminado por ahí cientos de veces mientras esperaba mi regreso.

"Hora de la cena" se mofó mientras me tomaba del brazo "Es una lastima que Pete haya salido con el resto de la familia si no me habría escuchado"

"Doctor" gemí, su mano apretaba el moratón que empezaba a formarse en mi brazo.

"Un simple meteorito, una misión de rutina" ahora me jalaba dentro de la mansión, al pasar frente al espejo de cuerpo completo, que decoraba la sala, eché un vistazo a mi estado.

El uniforme de campaña negro tapaba mis heridas, la única evidencia de lo que había pasado se encontraba en mi cabello desordenado y en mi rostro y ropa manchados de tierra. Y por su puesto el parpadeo rojo de mi pistola que denotaba que se encontraba descargada.

"Suéltame" traté de que mi voz surgiera fuerte, estable, pero el estrés vivido y el miedo reprimido empezaban a hacer mella en mi, sólo deseaba perderme en sus brazos no ser amonestada como una niña pequeña.

"Son unos idiotas, ser idiota es requisito imprescindible para trabajar en Torchwood e ir a misiones de campo" nos detuvimos frente a nuestra habitación, el Doctor abrió la puerta y jaló mi brazo para obligarme a entrar.

"¿Qué demonios pasa contigo?" finalmente pude soltarme de su agarre, acune mi brazo contra mi pecho y las lágrimas que había estado conteniendo escaparon de mis ojos. Mi Doctor jamás se habría comportado así.

Ira y un duro sentimiento de culpabilidad escaparon del Doctor. Había dejado a Rose con un clon inestable y peligroso, excesivamente peligroso, de si mismo.

—Lo siento—susurró acariciando distraídamente el brazo que su clon había lastimado.

—No, yo lo siento, a veces permitía que mis sentimientos me dominaran y olvidaba que debía ayudarle a ser como tu, ayudarle a ser mejor.

—Rose, no es tu culpa en lo absoluto. Lo que él hizo estuvo mal.

— ¿Quieres ver el resto?

El Doctor lo pensó por unos segundos, minutos a su parecer, porque su mente trabajaba a la velocidad de la luz. Deseaba ver lo que ocurría luego pero, le dolía ver a Rose luchar contra tanta oscuridad.

—Esta bien, continua—contestó apartando un mechón de cabello del rostro de Rose—.Y cuando termines dormirás un poco, estás agotada—señaló al verla bostezar.

"¿Rose? ¿Rose, dónde duele? ¿Qué ocurrió?" el Doctor trató de acercarse a mí pero le esquivé y me encerré en el baño.

"¡Vete!"

"Te lastimaron, dime donde están encerradas esas bestias aladas y yo mismo les haré arrepentirse, les hare lamentar lo que sea que te hayan hecho" rugió contra la puerta "Pete no me dijo nada sobre la misión, sólo describió a los aliens y me aseguro que estabas bien ¡Y no lo estás!" pateó la puerta "Es un mentiroso"

"No hables así de mi padre"

"No es tu padre"

"¡Y tu no eres mi Doctor!"

"¡Soy yo, Rose!" gritó moviendo la manija de la puerta como un poseso.

"No lo eres, no lo eres en lo absoluto"

"Consentí tus dudas al principio, entendí que necesitabas tiempo, yo necesité tiempo también, no tienes derecho a dudar de nuevo, ¡No ahora!" la madera de la puerta crujió ante una nueva patada y retrocedí hasta tropezar con la bañera, caí dentro y solté un quejido al impactar contra la porcelana.

"¡Sólo mírate!" chillé "Él jamás habría hecho algo como eso, habría enloquecido de preocupación pero nunca, nunca, me habría lastimado"

El silencio cayó entre los dos como si pesara una tonelada, las patadas y movimientos frenéticos de la manija cesaron. Y el sonido sordo del cuerpo del Doctor al impactar contra la puerta y deslizar hasta el suelo fue lo único que llenó aquel vasto espacio.

Suspiré, como pude me levanté, me quité la ropa y la lancé al suelo. Tras un vistazo dejé caer la pistola sobre el montón, abrí la ducha y dejé que el agua se llevara cada gramo de suciedad de mi cuerpo.

—No miraré si no lo deseas—susurró el Doctor tapando sus ojos ante la memoria. Un gruñido fue su respuesta, Rose dormía en sus brazos y los recuerdos corrían a su mente en automático. Rose nunca paraba de sorprenderlo, esa era una capacidad psíquica bastante avanzada.

"Puedes mirar lo que desees" suspiró Rose adormilada "No quiero ocultarte nada"

"Sólo miraré esta memoria" Rose bajó la cabeza avergonzada, quizás él no deseaba ver nada de eso y ella estaba obligándole, seguro era molesto y le lastimaba "No me lastimas, no me molesta, sólo deseo hacerlo cuando estés totalmente consciente"

"Bien"

—Dulces sueños—el Doctor cerró los ojos y viajó de nuevo al recuerdo.

Salí de la ducha y envolví mi cuerpo en mi albornoz rosado, me regañé mentalmente por no conservar algo de ropa en el baño, no deseaba enfrentar al Doctor estando semidesnuda. Respiré profundamente, calmando mis nervios y abrí la puerta. El Doctor casi cae de espaldas a mis pies. Con movimientos rápidos se dio la vuelta y quedó de rodillas frente a mí.

"Rose, lo siento mucho" sus enormes ojos marrones me miraban implorantes "No puedo luchar contra el sentimiento, contra el miedo de perderte, contra todos estos sentimientos humanos que me dominan"

"Claro, culpa a los sentimientos humanos" mastiqué las palabras y pasé a su lado para ir hasta la cama. Tomé asiento y resistí el impulso de acostarme sobre los mullidos almohadones.

"Es la verdad, aun estoy habituándome, habituándome a no poder controlarme, a ser mortal" se levantó y caminó hacia mi con cautela, como si yo fuera una especie de animal asustado "Rose, perdóname" tomó asiento a mi lado y me miró con dorada sinceridad en sus ojos.

"Esta bien" traté de alzar mi mano para acunar su rostro pero una punzada de dolor recorrió desde mi antebrazo hasta el hombro. Gemí y lo sujeté contra mi regazo.

"¿Me permites?" noté sus movimientos medidos y cautelosos, su mano extendida pedía permiso a pesar de que su mirada brillaba de pura angustia "O quizás prefieras un doctor, conduciré al hospital, si, es lo mejor, buscaré las llaves y…"

"Tu eres mi Doctor" sonrió imperceptiblemente y con infinito cuidado tomó mi antebrazo, deslizó la tela del albornoz y siseé, el suave contacto se sentía como el infierno "Rose, lo siento, lo siento, yo no, ¡Por Rassilon!" tomó su cabello entre las manos y tiró de él.

Bajé la mirada para ver que le había causado tal reacción, un desagradable moratón oscurecía mi piel, y sobre este yacía la marca, aun mas oscura, de los dedos del Doctor.

"Estabas lastimada y lo empeore, Rose, lo siento, Rose"

"Doctor, cálmate, es sólo...

"No, Rose, no esta bien, no lo esta, ya vuelvo" le vi marchar siendo la imagen física de la turbación. Perdí ante la tentación y el cansancio y me recosté en los almohadones cerré los ojos y deje escapar una temblorosa cantidad de aire "¿Rose? ¿Rose dónde más estás herida? Rose ¿Ocurre algo?" sus manos frenéticas palpaban mi cuerpo, abrí los ojos y su rostro estaba a centímetros del mío.

"Estoy bien, no me desmaye ni nada por el estilo" le aseguré tratando de sentarme pero él lo impidió.

"Va a estar frío y dolerá un poco" tomó una bolsa de hielo de la mesa de noche y una pomada "Pero es lo mínimo que puedo hacer, yo..."

"Esta bien" aseguré. Mordí mi lengua mientras el colocaba la pomada y la distribuía con suaves masajes sobre cada centímetro del moretón, puso especial cuidado en las marcas de sus dedos y cuando estuvo satisfecho, tras vaciar casi toda la pomada, colocó el hielo. Siseé ante el frío, y el apretó su mano entre las mías.

"Hice la cena, puedo calentarla y subirla" ofreció.

"Seria perfecto" acepté.

No permitió que me alimentara por mi misma, se encargó de llevar cada cucharada de arroz con pollo a mi boca con tal delicadeza que mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas. Mi Doctor.

"¿Rose? ¿Qué sucede? ¿Muy caliente? ¿Picante? Rose..."

"Es perfecto" sonreí y el me devolvió el gesto, continuó dándome de comer hasta que el plato quedó vacío.

"Me haré cargo de esto y subiré" prometió mientras tomaba el plato y la bolsa de hielo, ahora derretido, consigo.

Desapareció por la puerta y me levanté de la cama, necesitaba lavar mis dientes. Lo hice y cuando volví al cuarto le encontré mirando la cama con los hombros hundidos.

"¿Doctor?" el aludido se giró y el alivio inundó sus ojos "No iba a marcharme, si lo hubiera hecho habrías visto las maletas" sonreí para confortarlo.

"Lo siento, yo no debí, no debí actuar se esa manera, no debí..." se acercó a mi y tomó mi mano, con lentitud bajó sus labios a los míos y deposito un beso suave "Rose, eres todo para mi, el perderte me destruiría, no puedo perderte" sus ojos brillaban con lagrimas contenidas.

"Tendré más cuidado en el futuro" aseguré "Y tu debes prometer que no perderás el control de nuevo" le miré con severidad unos segundos ya que, el ver el arrepentimiento marcado en cada centímetro de su rostro rompía mi corazón.

"Lo prometo, Rose" besó de nuevo mis labios y me llevó hasta la cama jalando suavemente de mi mano, tomé asiento y el se agachó entre mis piernas hasta quedar a mi altura, su mirada me atravesó, era firmeza, era devoción "Es mi deber y mi norte, Rose, el protegerte, el asegurarme que nunca te ocurra algo malo" sus brazos se apoyaron a ambos lados de mi cuerpo "Aun si eso implica protegerte de mi" retrocedió, tratando de ocultar la oscuridad que reinaba en sus ojos.

"Si te hace sentir bien, tengo una pistola en el baño" bromeé, pero su expresión torturada sólo se profundizó "Ven aquí" jalé el cuello de su camisa y lo llevé sobre mi, ambos soltamos un gemido cuando nuestros vientres se encontraron. Su dureza presionaba contra mí con insistencia.

"Rose, no, no puedes permitir que haga esto" trató de apartarse pero le apresé, rodeando mis piernas en su cintura "Rose, por favor, estas agotada, herida, no quiero lastimarte, no puedo asegurarte que seré cuidadoso, Rose"

"Quiero sentirte, quiero sentirte conmigo, que estoy viva, temí tanto el morir en ese campo, ¡En Cardiff!" reí nerviosamente, un gruñido cortó mi risa, el Doctor me miraba con los ojos oscuros, vacios y a la vez llenos de deseo.

"Voy a demostrarte que estas viva, voy a demostrarlo a ambos" empujó con su cadera, su erección frotó mi centro y arqueé mi espalda en un reflejo natural.

Fue rápido, sin delicadeza, una prueba que necesitábamos ambos para comprender que seguíamos juntos y vivos, muy vivos. Sus embestidas llenaban mi ser y sus labios se encargaban de besar, y morder, como si deseara arrancar las magulladuras que los sucesos del día habían dejado sobre mi cuerpo.

La sangre del Doctor hirvió con aquellas imágenes, había confiado a Rose a su meta-crisis y viceversa, creyendo que era lo que necesitaban ambos, lo mejor para el universo, para Rose y lo peor para él, su penitencia, un eterno recordatorio de por qué no debía de enamorarse.

Había sido una decisión consciente, fríamente calculada, pero, no había contado con los cambios que había sufrido Rose durante los años que estuvieron separados. Rose Tyler no era más una adolescente con un corazón de oro y una inocencia que rozaba lo tierno, era una joven mujer que había vivido demasiado y, que a pesar de la oscuridad que él había traído a su vida desde que la invitó a la TARDIS, aun mantenía su corazón puro. Tomaba decisiones duras, luchaba contra aliens, pasó por todo un infierno por encontrarle y aun así no estaba rota, no se dejaba doblegar por las situaciones.

—Rose, cada día te merezco menos—suspiró contra su cabello. Deslizó los dedos hasta sus sienes y se aseguró de reforzar el vinculo, mientras lo hacía, besó su frente, sus ojos brillaron durante unos segundos y sus cejas se fruncieron, La Tormenta que Viene hirviendo en cada célula y átomo de su cuerpo. Rose Tyler era suya, sería suya, llenaría el vacío que su meta-crisis había dejado y aquel que, aun en vida, éste no pudo llenar. Se permitiría amarla, sin freno, sin tabúes, aun cuando en unos años su perdida le destruyese.

—Mi Doctor—suspiró Rose en sueños.

—Mi Lobo Malo—contestó el Doctor estrechándola en sus brazos—.Mi chica preciosa, mi niña valiente.