Disclaimer: Doctor Who no me pertenece, si lo hiciera Rose aun viajaría con él. No gano nada con este fic mas que calmar mis feels. Disfruten.
Capítulo V
Un viaje al pasado
Rose despertó rodeada de agradable sensación de calma, los brazos del Doctor la mantenían contra la suave tela de su traje y su respiración casi la arrulló de vuelta a los reinos de Morfeo.
—Buenos días—saludó el Doctor apartando el cabello del rostro de Rose—.Bueno, debes suponer que es día en algún planeta del universo. En ese caso cada instante es un día, incluso la noche...
—Hola, Doctor—Rose alzó la cabeza cortando sus balbuceos. Frunció el ceño cuando el recuerdo de una afirmación, una promesa regresaron a su memoria, volando como un insecto que no se dejaba atrapar— ¿Doctor ocurrió algo anoche? —una sombra de rubor cubrió su rostro cuando notó las implicaciones de su pregunta—. Quiero decir, siento que hay algo importante que debería recordar.
—Que dejamos la ropa en la ciudad—contestó el Doctor, era una verdad a medias, no se atrevía a poner en palabras la resolución que había tomado bajo las tinieblas de la noche inducida de la TARDIS—. Pero no te preocupes, sus autoridades tienen una excelente política de objetos perdidos, tu ropa estará de regreso para cuando salgas del baño, puede que antes, con esas duchas ridículamente largas que tomas.
Rose tensó su cuerpo unos segundos, siendo consciente en esos momentos de lo sucia y pegajosa que estaba su piel. Lo había olvidado, su entrenamiento de campo en Torchwood y los viajes con el Doctor la habían habituado a ignorar esos detalles. Sin embargo, tres días, o puede que más, sin una ducha apropiada era algo difícil de ignorar, menos si estaba tan cerca de otro ser viviente.
—Debo apestar—dijo levantándose con rapidez.
—En lo absoluto—el Doctor olfateó el aire y Rose enrojeció—. Algo de sudor, nada de que preocuparse—se levantó, estiró su espalda y dio una palmada—. Un viaje rápido en la TARDIS hasta la ciudad marchando.
Rose esperó hasta que el Doctor cerró la puerta de la habitación para levantarse, tras un vistazo rápido a su antigua habitación se dispuso a hacer la cama. Una triste sonrisa llenó su rostro al recordar como en las mañanas solía discutir con su esposo sobre la lógica de tal actividad.
"Volveremos a dormir en ella, Rose"
"Prefiero la cama ordenada"
"Antes no te importaba"
"Antes llegaba demasiado agotada de nuestros viajes y no me importaba si las sábanas estaban o no arregladas"
"Un punto a mi favor" envolvió los brazos alrededor de su cintura "Y puedo imaginar otra actividad para desordenarlas"
"¡Doctor!" protestó Rose cuando éste mordió juguetonamente su cuello "Trabajo en media hora"
"Es tiempo suficiente para lo que tengo en mente"
Rose regresó de los recuerdos y notó, con cierta sorpresa, que sus mejillas estaban húmedas. Ella solía pensar que su Doctor medio humano tenía complejo de pulpo y sanguijuela, siempre buscando pegarse a ella, tocarla, acariciarla y saborearla como si fuera lo más maravilloso del mundo, a veces no consideraba el momento y le saltaba al cuello, literalmente.
Observó la pila de ropa sucia a sus pies, no había notado cuando se había desvestido y ahora las lágrimas bajaban libremente por su rostro. Abrió la ducha y permitió que el agua tibia lavara la suciedad y las lágrimas. Cogió el jabón y dudó antes de lavarse, sentía que si limpiaba su cuerpo borraría de el las señales de su esposo, los besos, su aroma, su presencia. Rose sabía que ese sentir no tenía ninguna base, y sin embargo, mientras deslizaba el jabón por su piel, los sollozos hacían temblar su cuerpo y se atascaban de manera dolorosa en su garganta.
¿Cuanto más le exigiría el universo? ¿Era esto el precio que tenía que pagar por la destrucción de la flota Dalek? ¿El karma la perseguía por lo ocurrido en la estación de juegos?
La rabia creció en su interior, luego de todo lo que había luchado, luego de todas esas vidas salvadas, planetas, ¿Ser feliz era mucho pedir a cambio?
El Doctor apoyó la espalda en la puerta del baño, podía oler la sal de las lágrimas, escuchar los sollozos ahogados, y recibir los sentimientos de traición y soledad, agonía y anhelo, que impactaban contra sus escudos. No se había permitido sentir la pérdida de esa manera, para él sólo se había sentido como la pérdida de un vínculo mental débil, la muerte de su clon no tenía para él demasiado significado. Era un ser nacido de la guerra, aquel que le había ayudado a derrotar a Davros, el hombre al que había encargado a Rose con todo el dolor de sus corazones, nada más. ¿Acaso era injusto ese sentir? ¿Debía de compartir el dolor de Rose? ¿Sus propios celos estaban nublando sus sentimientos? ¿Era un ser tan oscuro, tan egoísta que no podía sentir algo por la perdida de lo que biológicamente sería su medio hermano?
Apretó el agarre sobre las bolsas de las compras cuando escuchó a Rose golpear una de las paredes del baño. La TARDIS no protestó ante el maltrato, comprendía que su humana necesitaba descargar las sobrecogedoras emociones que dominaban su razón.
—Lo siento, Rose—murmuró el Doctor dejando las bolsas junto a la puerta.
Cuando Rose salió del baño y vio la ropa junto a la puerta no pudo evitar sentir culpa, el Doctor debía de haberla escuchado, y sentido, llorar. Tampoco pudo evitar sentir soledad mezclada con algo de gratitud, necesitaba ese rato a solas pero también necesitaba al Doctor a su lado.
Se vistió con lentitud, disfrutando del roce de la suave tela nueva contra su piel, no tenía hambre así que no le apetecía ir a la cocina y no tenía ánimos para pedirle al Doctor un viaje hacia algún lugar del universo. Rose se dejó caer sobre la cama y contempló el techo, toda la energía había abandonado su cuerpo y sólo deseaba quedarse así por horas, incluso por toda la eternidad, si eso podía ser posible.
¿Qué sería de ella ahora? ¿Cómo continuaría su vida de ahora en más? ¿Sería capaz de "sentar cabeza" como su madre deseaba? No podría, sencillamente no, era algo que escapaba a su espíritu libre e indomable, algo que el Doctor había despertado en ella y que jamás volvería a dormir. Su matrimonio y la segunda TARDIS habían traído ese equilibrio a su vida, tenía toda la aventura y el amor que podía desear, su vida era perfecta.
Las horas pasaron, el Doctor se encontraba bajo la consola de la TARDIS, jugueteando con los controles, tratando de hacer reparaciones menores, cada cierto tiempo revisaba el vínculo, debía de asegurarse de no dejar pasar una excesiva cantidad de tiempo entre refuerzos, pero tampoco debía de estar sobre Rose cada segundo, aun si eso era lo que deseaba, debía permitirle superar la pérdida, demostrarle que él aún estaba ahí pero que era otro hombre, no su meta-crisis, no su ex esposo.
Aquel pensamiento lo golpeó, ¿Qué tan diferente era de su meta-crisis? ¿Qué tanto le había cambiado la perspectiva de una vida corta junto a Rose? ¿Había considerado sentar cabeza? No, seguramente no, quizás reducir un poco el peligro en su vida ¿Crear una familia? Calidez invadió sus corazones, niños junto a Rose, niños a los cuales enseñar las maravillas del universo ¿Construir juntos un hogar? La TARDIS llena de niños, una casa en el campo, no eran pensamientos tan repelentes ahora que lo pensaba bien ¿Qué tan diferentes eran el uno del otro?
—Lo siento tanto, Rose—murmuró para si mientras salía de debajo de la consola—. No puedo darte lo que él podía darte, quizás algo similar pero, Rose, tu vida es tan corta—apretó las manos contra su rostro—.Me destruiría el perderte—suspiró, el amor, para un Señor del Tiempo, tenía un significado profundo y arrollador, era el tiempo mismo, la presencia física y psíquica del ser amado, un sentimiento capaz de perdurar siglos.
Caminó por los pasillos de la TARDIS ensimismado en sus pensamientos hasta llegar a la habitación de Rose, tocó y entró sin esperar una respuesta. Rose yacía sobre la cama, con la mirada perdida en el techo, a sus pies se encontraba arrugada la toalla del baño, su cabello húmedo se esponjaba ligeramente en las puntas y su rostro no lucía nada de maquillaje.
—Rose, el vinculo, necesito…—el Doctor se balanceó sobre sus pies con incomodidad.
—Adelante—Rose se incorporó con lentitud, secó una lágrima traicionera con su pulgar y sonrió débilmente al Doctor.
El Doctor tomó asiento en el borde de la cama, colocó sus dedos en las sienes de Rose y abrazó su mente, se suponía que sólo iba a reforzar el vinculo, pero no pudo evitar acariciar las trazas de dolor que rodeaban la esencia de Rose, no pudo evitar el tratar de llevárselo, el tratar de calmarlo, el confortarla.
"Yo estoy aquí" murmuró gentilmente.
—Doctor—gimió Rose dejando caer su cabeza sobre el hombro del Doctor. Sentía el crudo golpe de la soledad mezclarse con la compañía y resplandor del Doctor, era avasallador, confundía sus sentimientos.
—Lo siento, no debí—el Doctor rompió el contacto y envolvió a Rose en sus brazos—.No debería de estar haciéndolo más duro.
—Está bien, todo está bien—Rose cerró los ojos, dejó escapar una respiración temblorosa y su cuerpo perdió fuerza, cayó lánguido sobre el del Doctor.
— ¿Rose? —el Doctor recostó con cuidado a Rose sobre la cama, comprobó su pulso tocando su cuello y permitió que sus dedos acariciaran un poco aquella suave piel hasta donde la decencia, y la camisa, se lo permitieron—.Descansa todo lo que necesites—con infinito cuidado se inclinó sobre ella y depositó un beso sobre su frente.
Recorrió la habitación con la mirada, nunca creyó volver a ver a Rose ocupar ese lugar. Aspiró por la nariz y frunció el ceño al no captar siquiera el aroma de una pequeña taza de té sobre Rose. ¡El desayuno era la comida más importante del día! Dejó la cama y corrió a la cocina, podían decir que se encontraba completamente domesticado, preparando el desayuno dos días seguidos, pero no le importó. Preparó té y tostadas y se encaminó a la habitación de Rose.
—Rose, oye, Rose—sacudió gentilmente el hombro de Rose con una mano mientras en la otra sostenía la taza con el té—.Rose, no has comido nada—argumentó al ver a Rose abrir los ojos y fruncir el entrecejo.
—No tengo mucha hambre—protestó Rose escondiendo el rostro entre las sábanas, el aroma de las tostadas revolvía su estómago.
—Al menos el té, ¿Qué me dices? —presionó el Doctor sonriendo.
—Bien, sólo el té—aceptó ella con un suspiro, frotó sus ojos y tomó la taza de manos del Doctor, bebió todo el líquido ante su mirada solícita y preocupada—.Listo—anunció dejándolo sobre la mesa de noche.
— ¿Una tostada?
—Doctor, no tengo hambre—gruñó Rose apretando los dientes, de alguna manera el aroma dulzón de la tostada se las estaba arreglando para torcer su estómago.
—Pero es una tostada de mantequilla y mermelada de banana…La hice yo mismo, ya sabes, mucho tiempo libre y…
— ¡No tengo hambre! Deja de presionar, deja de manipularme—los ojos de Rose ardieron mientras apretaba entre sus brazos su cabeza, respiró profundamente tratando de calmar las nauseas y los amargos sentimientos que habían provocado su reacción.
— ¿Rose? ¿Crees que te manipulo? —el dolor en la voz del Doctor era palpable y ello sólo hizo sentir a Rose peor. ¿Qué derecho tenía ella para tratar tan mal a tan maravilloso hombre?
—Vete, por favor vete—rogó ella, no quería arruinarlo más.
El Doctor miró a su alrededor sin saber muy bien que decir, suspiró y se levantó de la cama, observó a Rose unos segundos y finalmente decidió dejarla sola, quizás, por el momento, eso era lo mejor para ambos. Levantó la taza vacía y el plato con las tostadas intactas y abandonó la habitación lo más silenciosamente posible.
Rose golpeó su almohada en cuanto la puerta de su habitación se cerró ¿Qué le estaba pasando? ¿Cómo se había atrevido a tratarlo así? Él sólo se estaba ocupando de ella, estaba cuidándola, asegurando su bienestar. ¿Acaso dolía tanto el verlo hacer eso que le estaba apartando de su lado? Se envolvió fuertemente entre sus sábanas y cerró los ojos, dejando que el sueño clamara su dominio, quizás sólo estaba agotada, quizás se le ocurriera algo para enmendar su comportamiento.
…
— ¿Doctor? —llamó Rose entrando con cautela a la biblioteca. La TARDIS se había reusado a decirle donde estaba, seguramente estaba enfadada con ella por su comportamiento para con su Señor del Tiempo, y había estado dando vueltas por los infinitos rincones de la nave durante horas.
— ¿Rose? —el Doctor alzó la cabeza del sillón donde se encontraba recostado, el fuego crepitaba en la chimenea y se reflejaba en sus lentes, sus manos sostenían un antiguo y polvoriento volumen— ¿Qué sucede?
—Quería disculparme—Rose caminó hasta el sillón y tomó asiento junto al Doctor, jugueteó incómoda con la manga de su suéter antes de mirar al gallifreyano a los ojos—.No debí tratarte así.
—No, no, esta bien, yo no debí presionarte, además, ¿Mantequilla y banana? Es una estúpida combinación—sonrió de oreja a oreja, soltó el libro sobre la alfombra y abrió los brazos—. Ven aquí.
Rose rió quedamente y se inclinó sobre el Doctor, éste la envolvió en sus brazos y la meció lentamente. Con la barbilla apoyada sobre la coronilla de Rose habló suavemente.
—Todo mejorará con el tiempo, no voy a presionarte, Rose.
—Se que será difícil, aun es pronto, aun siento como si estuviera conmigo, temo confundirlos, temo ser injusta contigo—la voz de Rose se quebró al final, aun así se las arregló para mantener a raya las lágrimas.
—Eso esta bien, no es nada malo, Rose, sabes la diferencia y la mantienes, no tienes porque culparte por esos momentos de confusión, el amor es complicado y la perdida siempre es atroz. Y nuestro caso no es normal—acotó el Doctor en un susurro, para luego patearse mentalmente por no callar a tiempo sus ideas.
— ¿Doctor? —Rose ignoró las implicaciones de las palabras del Doctor, una idea rondaba su mente en esos momentos, una idea que la había atormentado mientras paseaba por la TARDIS buscando al Doctor. ¿El límite de ocho horas afectaría sus aventuras?
— ¿Si? —inquirió el Doctor algo incómodo, no deseaba abordar el tema de una futura relación con Rose en ese momento, pero lo haría de ser necesario, después de todo, de sus labios se habían escapado algunas pistas que, conociendo a Rose, no dejaría escapar.
— ¿Podríamos viajar? Quiero decir, como antes, ya sabes, salvar planetas, el universo, se que con ese límite de ocho horas seré una carga y, no quiero serlo, quiero que todo sea como antes—mordió su labio inferior apenada y el Doctor respiró aliviado, ese era un tema que si podía abordar con tranquilidad.
—Podemos viajar donde tú desees, pero, no puedes vagar, no puedes alejarte de mi lado—advirtió el Doctor con seriedad alzando el rostro de Rose por su barbilla para mirarla a los ojos—. Esta vez es en serio, Rose. Podemos vivir como antes, podemos hacer todo lo que hacíamos antes, pero no puedes apartarte de mi lado.
—No pretendo alejarme de tu lado—aseguró Rose perdiéndose en la mirada preocupada del Doctor.
—Bien, entonces, ¿Qué tal el pasado? Un picnic en una playa tropical de la Tierra antes del descubrimiento de Cristóbal Colon—los ojos del Doctor se iluminaron llenos de júbilo—. Se que no has comido—agregó acusador—. Nada como una playa tranquila, viento marino y sonidos de animales tropicales para abrir el apetito—sonrió.
—Me parece fantástico.
—Pero, debes prometer que comerás lo que ponga en tu plato—señaló el Doctor picando la nariz de Rose con un dedo índice acusador.
—Lo prometo—rió Rose apartando el dedo, algo de alivio había regresado a su vida, todo podría ser como antes.
