Disclaimer: Doctor Who no me pertenece, si lo hiciera Rose aun viajaría con él. No gano nada con este fic mas que calmar mis feels. Disfruten.

Advertencias: Algo de violencia.

Capitulo VI

Promesas incumplidas

La TARDIS se materializó haciendo su característico sonido en medio de las blancas arenas de una solitaria playa del trópico. La puerta se abrió y el Doctor asomó la cabeza para verificar que habían aterrizado en el tiempo y lugar deseados, sonrió ampliamente al ver que así era.

—Perfecto, las playas de la isla de Guanahani—acarició el nombre con la lengua repitiéndolo hasta que Rose rodó los ojos—.Guanahani, que curioso nombre—dijo apresurado—.O como se conocen en tu tiempo, Las Bahamas—explicó el Doctor caminando como dueño del lugar por la orilla.

—Es hermoso, selva virgen, tranquilidad—Rose salió de la TARDIS cargando una enorme cesta. Había ayudado al Doctor a preparar la comida, aun cuando las nauseas amenazaban con sobrepasarla ante el delicioso aroma y la visión de los alimentos.

—Podemos adentrarnos un poco en la selva, buscar un claro y comer—opinó el Doctor quitándole a Rose la cesta—.Escoge un camino—invitó, señalando el borde de la selva.

—Mmm, por ahí—escogió Rose, señalando hacia la izquierda, donde un grupo de palmeras dejaban entrever un camino natural hacia lo profundo de la selva.

—Fresco y cómodo, buena elección—la felicitó el Doctor, olfateó el aire y agregó—.Y huele a césped de playa, no tan suave como el césped normal pero, ¡Ideal para nuestro picnic! —ofreció su brazo a Rose y ésta lo acepto, envolviendo el suyo a su alrededor.

Caminaron durante unos minutos, disfrutando de la calma y los aromas frutales del lugar, cerca se escuchaba el murmullo del agua, seguramente un riachuelo corría cerca de la zona. El Doctor inspiró profundamente y sonrió como un maniaco.

— ¡Bananeros! —soltó la cesta y corrió unos metros hasta adentrarse en la selva. Rose cogió la cesta y le siguió al trote, no podían separarse mucho.

El sonido de algunas hojas al caer y ramas al doblarse, seguidas de algunas maldiciones en gallifreyano llenaron la selva, Rose rio y dejó la cesta sobre una zona cubierta de rugoso y grueso césped de playa.

—Vengan conmigo, los bananeros de Villengard no son tan difíciles como ustedes—el Doctor se encontraba abrazado al tronco de un alto bananero y apuntaba con su destornillador al brazo que portaba el racimo de bananas más grande.

—Una vez me dijiste que no funcionaba con madera—apuntó Rose apoyada casualmente en un árbol cercano.

—Lo había olvidado—el Doctor se ruborizó y guardo su destornillador en los bolsillos de su gabardina.

—Es que ves bananas y pierdes la cabeza, venga, súbeme en tus hombros y busca algo que me ayude a cortar tus dichosas bananas—ordenó Rose apartándose del, inusualmente cómodo, árbol.

El Doctor se deslizó por el tronco y empezó a rebuscar en sus bolsillos infinitos, tras unos cuantos tintineos, y estruendos, sacó un cuchillo de monte. Sonrió y dio la espalda a Rose, se agachó y sacudió sus dedos invitándola a subir.

—Como te atrevas a dejarme caer—advirtió la joven subiendo las piernas a los hombros del Doctor.

—Oye, soy mucho mas fuerte de lo que aparento, varonilmente fuerte, eso es—bufó el Doctor alzándose con dificultad, aseguró las piernas de Rose con sus manos y tras tambalear un poco logró posicionarse cerca de la rama que contenía el anhelado racimo.

—El cuchillo, Doctor—ordenó Rose tendiendo la mano.

—Claro, si, no vayas a cortarte—advirtió el Doctor tendiéndole dicha herramienta.

—No soy una niña—espetó Rose trabajando sobre la rama—.Aprendí muchas cosas en los entrenamientos de supervivencia de Torchwood—agregó entre jadeos. El Doctor apretó su agarre sobre las piernas de Rose mientras ella trabajaba, podía sentir sus músculos firmes bajo la suave tela de jean de sus pantalones, su suave piel se deslizaba bajo estos y el Doctor se ruborizó al descubrirse pensando como sus manos se deslizarían por tan suave y tersa piel, los sonidos que podría provocar en Rose. Carraspeó incómodo y trató de enfocarse en algo más, algo que no fuera el roce del vientre de Rose contra su nuca. ¿Estaba haciendo más calor? Por suerte, pronto el racimo de hermosas bananas amarillas cayó al suelo, el Doctor bajó a Rose de sus hombros y cargó alegremente el ansiado tesoro, no que lo deseara tanto, pero sus pensamientos estaban vagando por sitios peligrosos y empezaba a costarle el controlar las reacciones físicas asociadas.

—Podrás hacer mermelada de bananas—apuntó Rose limpiando el sudor de su frente, se sentía agotada y era lógico, después de todo no había comido nada en todo el día. El calor era casi bochornoso así que soltó los botones de su blusa hasta revelar, sin querer, buena parte de su escote.

—Y sirope, siempre quise hacer sirope casero, pero antes—el Doctor trotó hasta la cesta de picnic, la abrió y sacó una enorme manta de cuadros blancos y rojos, Rose no pudo evitar reír ante el cliché—.Comeremos—extendió la manta y palmeó el espacio a su lado en una clara invitación para que Rose se sentara.

—No rechazaré esa oferta—Rose se dejó caer al lado del Doctor, sentía algo de hambre, seguramente por el esfuerzo, y estaba dispuesta a comer.

Tarareando alegremente el Doctor le tendió un pastelillo de chocolate sobre una servilleta, al alzar la mirada notó los botones sueltos y el brillo de la piel sudorosa de Rose, pronto encontró difícil mirarla a la cara.

— ¡Nadie nos ordena comer el postre de ultimo, no es ninguna ley! —afirmó ante la mirada interrogante de Rose, no, nunca admitiría que la estaba mirando de "esa" manera.

— ¿Estas seguro? —inquirió Rose dando un generoso bocado al pastelillo, el Doctor sonrió complacido ante esa acción y la imitó, feliz por tener algo más que mirar, el pastelillo era hermoso, si, con pequeñas bolitas comestibles, no tenía porque ver otras formas esféricas cercanas.

—Pues, creo que hay uno o dos planetas donde el comer el postre de primero es penado con azotes públicos—dijo nada más tragar, "y donde mirar demasiado también", pensó avergonzado—.Son planetas donde sus habitantes sufren de un trastorno obsesivo compulsivo globalizado.

—Y yo que creí que había visto cosas raras—suspiró Rose comiendo un segundo pastelillo.

—No has visto nada, Rose—si, no has visto como este viejo y pervertido Señor del Tiempo está mirándote en estos momentos, se regañó a si mismo.

Continuaron comiendo y charlando alegremente, pronto Rose sintió los parpados pesados y dejó caer su cabeza sobre los hombros del Doctor, éste se dejó caer sobre la manta y Rose se encontró cómodamente recostada en su pecho.

—Una siesta no te hará mal—la animó el Doctor apoyando la barbilla sobre la cabeza de Rose, no miraría hacia abajo, no señor.

— ¿No despertare atada y amenazada por lanzas?

—No, quizás por flechas y cerbatanas—ante la tensión que invadió a Rose el Doctor agregó—.No te preocupes, los indígenas del lugar son muy amigables.

—Confió en ti—susurró Rose cerrando los ojos.

"No deberías" pensó el Doctor tristemente. El no debería de estar teniendo esa clase de pensamientos, no con Rose, y menos en esos momentos, aun no eran una pareja completamente establecida ¡Ni siquiera habían comenzado algo! Él sólo se encargaba de llenar su mente para no verla morir, trataba de hacer lo mejor posible para ayudarla con el duelo, para que en un futuro ambos pudieran amarse sin problemas. No podía estar arruinándolo todo con sus hormonas de Señor del Tiempo desbocado.

Claro que, había una explicación para su comportamiento, pensó mientras se apretaba la palma de su mano libre contra su rostro. Estaba temporalmente vinculado con Rose, su cuerpo la reconocía como su pareja en todos los sentidos, era de lo más natural que el imperativo biológico se hiciera presente, era una manera de asegurar la sobrevivencia de la especie.

—Biología—masculló para si.

Rose despertó horas después, el Doctor aun se mantenía a su lado, el sonido de sus corazones casi la arrulló de vuelta a los dominios de Morfeo, y ese hubiera sido el caso si una aguda punzada en su estómago no la hubiera hecho desistir de la idea.

— ¿Todo bien? —preguntó el Doctor ante la repentina inhalación de Rose.

—Si, es sólo que… esto es hermoso—no era mentira y necesitaba algo para distraer al Doctor, Rose sabía lo sobreprotector que podía ser el gallifreyano, lo preocupado que estaría si se enteraba, arruinaría todo— ¿Crees que podemos acampar? Se que suena doméstico pero…

—En lo absoluto, Rose, volveremos a la TARDIS y traeremos la mejor tienda que podamos encontrar—el Doctor se incorporó y llevó a Rose con él, se separó de su cuerpo y la evaluó con la mirada, su ceño se frunció por la preocupación, Rose se veía cansada y bastante pálida, quizás no había descansado lo suficiente; bien, él podía ir por la tienda y todo lo requerido para acampar—.Quédate aquí, aun luces cansada—apartó un mechón de pelo de los ojos de Rose.

— ¿Seguro?

—Sólo estaremos separados unos metros, todo estará bien.

Tras esas palabras el Doctor se puso en pie, con una mano en su espalda baja se estiró hacia el frente, satisfecho con sus vertebras emprendió el camino de regreso.

—No te haces más joven—bromeó Rose con una sonrisa.

—Te he oído, tu y yo tendremos una seria conversación en cuanto regrese—advirtió el Doctor fingiendo estar enfadado.

Ambos rieron y, tras un ultimo vistazo a Rose, el Doctor desapareció por el camino.

Rose se levantó de la manta, una nueva punzada en su estómago la animó a buscar un lugar alejado de la manta donde vomitar, un lugar lo suficientemente alejado como para que el Doctor no oliera nada con sus súper sensibles sentidos.

Dando tumbos Rose se internó en la selva, pronto encontró un árbol y tras el mismo se dejó vencer por su estómago. Trastabilló hacia atrás para evitar caer sobre el charco y cayó sentada. Inspiró profundamente para calmarse y alzó la mirada.

Desde una rama un loro de las Bahamas la miraba curioso, Rose le sonrió y silbó una canción, el loro erizó las plumas y emitió un graznido, pronto los arboles se llenaron de decenas de loros curiosos; Rose dejó de silbar impresionada por la bulliciosa, y colorida, muestra de vida de la isla.

Por su parte el Doctor ya había alcanzado la TARDIS, quizás fue obra del destino, o sus sentidos alertándolo del peligro pero pronto notó algo flotando en la orilla a varios metros, casi kilómetros. Tres barcos muy particulares.

Carabelas.

—Oh—su interés, y deseo por ver la historia humana desarrollarse, se vieron subyugados por el terror.

Esas carabelas llevaban decenas de hombres, ladrones y gente de la peor calaña, ¿La Reina Isabel no había podido ofrecerle nada mejor a Cristóbal? Los deseos carnales de aquellos hombres habían sido reprimidos durante el largo y peligroso viaje por mar, los humanos y sus mentes débiles, pensó algo asqueado por las implicaciones de su análisis. ¿Con que lo dejaba esto? No con una agradable reunión con Cristóbal, si no con el más terrible de los peligros para Rose. El equivalente a una horda de capitanes Jack, obviamente menos amables, encantadores y legales, podían toparse con su Rose.

Un gruñido bajo escapó de su pecho ante la idea. No a su Rose, no a su futura pareja.

¿Había llamado encantador a Jack?, pensó torciendo el gesto.

Empezó a correr de regreso a la selva, definitivamente no acamparían ese día. Durante minutos el único sonido que le acompañó fue la combinación de su respiración acelerada y el crujido de las ramas y hojas secas del camino.

Rose se recostó en el suelo agotada, el canto de las aves la llenaba de una agradable sensación de sosiego, su estómago ya no le molestaba y el lugar era tan hermoso que no le importó cerrar los ojos durante unos segundos.

— ¿Pero qué tenemos aquí? —espetó una voz acompañada del metálico sonido de un arcabuz siendo alzado. Rose inmediatamente abrió los ojos y se puso en pie. Tres hombres la observaban a unos cinco pies de distancia y no dejaban de apuntarle con un arcabuz.

No eran indígenas de la zona, pensó evaluando la situación, por la ropa y las armas parecían conquistadores españoles, si es que las largas barbas, un aspecto descuidado, ropas en muy mal estado y la piel curtida por el sol y la sal del mar podía decir lo contrario. Quizás eran peligrosos, quizás sólo estaban sorprendidos de encontrar a una chica rubia en medio de la nada

"El Doctor y sus habilidades al manejar la TARDIS", gruñó para si.

—Hola—saludó sin apartar la mirada del cañón del arcabuz.

— ¿No estas muy lejos de casa, preciosa? —dijo uno de los hombres con voz pastosa.

—No, esta cerca—aseguró Rose "Y dentro de ella un poderoso alien capaz de lanzarlos al agujero negro más cercano si me tocáis un pelo", claro que no dijo eso en voz alta.

—Mentira, no hemos visto ninguna construcción cerca—dijo otro escupiendo en el suelo.

—El capitán se encuentra explorando el otro lado de la isla, creo que nosotros podemos tener otro tipo de diversión.

—No os atreváis—advirtió Rose.

— ¿No es tu trabajo? —se burló el del arcabuz—.Esas no son ropas para una dama decente.

Rose tragó saliva, su cuerpo se llenó de adrenalina, sus músculos estaban listos para encargarse del peligro. Los hombres notaron la posición defensiva de Rose y rieron.

—No podrás con los tres.

Rose se disponía a contestarles cuando una aleada de dolor invadió su cabeza, era como si desgarraran su cerebro desde su mismo centro. Cayó de rodillas sujetando sus sienes, fue entonces cuando su corazón empezó a latir con desenfreno, casi saltándose latidos para llegar a los siguientes. Una sensación de aguda soledad la golpeó de lleno haciendo del dolor de cabeza algo aun más insoportable.

—No nos engañas—espetó uno de los hombres—. Pero desde esa posición me lo haces más fácil—se acercó a Rose sonriendo de oreja a oreja.

El Doctor patinó sobre la hierba al frenar repentinamente en el lugar del picnic. ¡Rose no se encontraba ahí! Sus ojos escanearon el lugar, ¿Dónde podía haber ido?

—Que momento escogiste para vagabundear…—jadeó al sentir una especie de jalón en el fondo de su mente. ¡El vínculo! El tiempo se había agotado, que idiota había sido, ¡Se había olvidado de reforzarlo! —No, no, no, ¡Rose!—dio vueltas sobre si, forzando la vista a través del follaje, ¡Había tantos caminos!

Esta era la situación que él más temía, el vínculo temporal a punto de ceder, un terrible peligro inminente, si llegaba a encontrar a Rose con vida…

— ¡Doctor!

Ahí estaba, el grito al que siempre reaccionaba, su nombre escapando de la garganta de la persona más importante para él, (no es que decenas de compañeros lo hayan acondicionado a responder a el, no era el estúpido perro de Pávlov ¿O si?)

Salió de sus pensamientos y siguió la dirección del grito, no era difícil, no ahora que sus sensibles oídos habían captado el sonido y su cerebro había deducido la dirección exacta de origen.

— ¿Por qué gritas? Aún no hemos hecho nada—se burló el hombre que estaba más cerca de Rose, extendió una mano para sujetarla del cabello cuando una voz masculina, completamente diferente a las que él había escuchado antes, mística, le detuvo.

—Yo que tu no haría eso, no me importaría desordenar la historia desapareciéndote de ella si tocas un solo cabello a Rose—amenazó el Doctor con fría calma, sus ojos sin embargo estaban oscuros, brillando con el aura que solía aterrar a los alienígenas más poderosos.

—Hablas de una manera muy graciosa, amigo—el hombre se alejó de Rose tropezando con sus propios pies, algo en aquel hombre le aterraba, era como si de él emanara algún poder extraño, ¡Seguramente era un brujo!—. Sólo, sólo bromeábamos, no íbamos a lastimarla.

El Doctor no contestó, haciendo caso omiso del arma que le apuntaba se dirigió hacia Rose, se arrodilló a su lado y apartó con delicadeza las manos que sujetaba contra sus sienes.

— ¿Rose? Rose, mírame.

— ¿Doctor? —Rose alzó la mirada, el alivio que sintió al ver aquellos ojos marrones, llenos de preocupación, se extendió por su cuerpo como un manto. El Doctor se inclinó y por un segundo Rose pensó que iba a besarla, sin embargo sólo susurró algo en su oído.

— ¿Puedes correr?

Rose evaluó su situación, la cercanía del Doctor parecía haber calmado la angustia de su mente, aun podía sentirla, relegada en un rincón, dejando a su cuerpo parcialmente recuperado, podía exigirle una carrera hasta la TARDIS sin temer que su corazón sufriera un paro.

—Bien, porque creo que nos van a acusar de brujería.

—Eres tu el del aura poderosa y alienígena—rió Rose poniéndose en pie. El Doctor sonrió ampliamente, sin embargo la sonrisa no alcanzó sus ojos llenos de seriedad y amenazas no formuladas contra los tres hombres que luchaban tratando de encender la mecha del arcabuz a su espalda.

— ¡Corre!

Tras ellos el sonido del arcabuz al ser disparado hizo volar los pájaros de los árboles, Rose y el Doctor aceleraron el paso, agradeciendo la poca precisión de las armas antiguas.

El azul de la TARDIS destacó al final de la selva, Rose tropezó con una raíz y cayó al suelo soltando un gemido ahogado. Trató de levantarse, pero la adrenalina la había abandonado, el Doctor regresó a su lado y la alzó en sus brazos, lanzó una mirada nerviosa a la orilla, algunos marineros se acercaban a ellos corriendo, seguramente atraídos por el disparo del arcabuz de sus compañeros.

—Abre la puerta—siseó el Doctor, Rose sacó la cadena con la llave de su cuello, sus manos temblorosas apenas atinaban la cerradura. Finalmente logró abrir la puerta y ambos ingresaron a la TARDIS, el Doctor pateó la puerta para cerrarla. Al fondo pudo escucharse como los marineros chocaban contra la puerta gritando improperios.

— ¡Brujería!

— ¡Quemémoslos junto a su refugio!

— ¡Es más grande por dentro! ¡Es obra del diablo!

—No es la primera vez que me gritan eso—rió Rose débilmente.

El Doctor no la acompañó en sus risas, pronto Rose dejó de reír y le miró confundida, ahora era el blanco de la mirada de "La tormenta que Viene" y ello, a pesar de no asustarla en lo más mínimo, si despertaba en ella sus instintos más primarios, trató de liberarse de los brazos del Doctor, pero sus intentos fueron en vano.

—Rompiste tu promesa, Rose Tyler—dijo el Doctor simplemente. Su tono era vacío, pero no por ello carente de emoción, una emoción tan profunda que Rose no pudo controlar el escalofrío que recorrió cada uno de los huesos de su cuerpo.

N/A: Perdón por el retraso, este capitulo ya estaba listo, pero me robaron el celular y perdí parte del capitulo con el U.U así que tuve que escribir de nuevo. Espero que lo disfruten :)