Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de Nakamura-san


Capítulo 4. "Ahora sí que no puedo…"

—Mogami-san?— Ren llamó con delicadeza a la puerta y la habló con la voz más suave que pudo lograr. —Abre la puerta por favor—Llevaba allí plantado más de quince minutos y no había conseguido que le respondiera, ni siquiera cuando la pidió que le dijera si se encontraba bien, pues al huir le había parecido que se pegaba un buen golpe contra la mesita de cristal del comedor.

Al otro lado Kyoko se estaba dando cabezazos contra la pared más alejada de la puerta, escondida detrás de la enorme cama. "Eres idiota! Empujas a tu sempai, huyes de él…, correteas por su casa sin su permiso… ¡Y para colmo lo haces hacia donde te quedas sin salida!".

—Mogami-san, abre la puerta…— Volvió a advertirle con bastante menos clama esta vez, contó hasta veinte, tomo una gran cantidad de aire y… —Apártate—

PUM! La luz iluminó el cuarto que hasta hace un segundo estaba en penumbra. Ren miró la puerta que ahora mismo colgaba medio torcida. "Genial…, esto le va a encantar al de mantenimiento…". Abandonó el pensamiento y se quedó parado un instante pues esperaba encontrarla sentada en la cama o justo frente a él, pero no se la veía. Se puso en marcha frenético, pero no tuvo que andar mucho pues enseguida la localizo, hecha una bolita en el suelo, agarrada a la ropa de cama, con los ojos reflejando el gran susto que se acababa de llevar y la cara cenicienta.

—Lo siento…— Se disculpó verdaderamente arrepentido, no le gustaba asustarla y lo había hecho a lo grande. —No quería asustarte pero me estaba empezando a preocupar que ni siquiera hablaras, pensé que te había pasado algo— Como ella seguía sin reaccionar se agachó junto a ella y se atrevió a acariciar su cara. —De verdad, lo siento—

Aquel delicado e intimo contacto hizo que Kyoko se recuperara del shock y enfocara la vista, pero al hacerlo recordó lo que había leído hacia ya un rato y rápidamente recuperó el color. —Kyaaaaaaaaa— Volvió a gritar y con una rapidez sobrehumana se puso en pie, salto sobre la cama y pudo distancia entre ellos, antes de que él pudiera bajar la mano que antes la acariciaba. —Lo siento!— Se puso a dar vueltecitas como una loca, mientras negaba con la cabeza. —No puedo, no puedo….¡ahora sí que no puedo!—

De nuevo Ren suspiró, se incorporó y con la lentitud que lo haría un depredador con un cervatillo asustadizo, se acercó ella. —Mogami-san para…— Intentó detener sus constantes movimientos.

—Oh Dios mio! No puedo , no puedo…—

—Ya vale…— Ren estaba perdiendo la paciencia, y más cuando se fijó en la rotura que lucía una de las perneras del estrambótico peto rosa —Koyko! Para ahora mismo —Fue una orden rotunda.

Una palabra tuvo el poder de detener lo que ni siquiera un enorme muro hubiera podido parar. "Kyoko", sonaba en su cabeza como si tuviera eco. "¿Me ha llamado…? ¿Me ha llamado…?".

—Eso está mejor— Suspiró Ren con más tranquilidad. —Ven, siéntate— La llevó hasta la cama y la empujó suavemente, luego encendió la lámpara que estaba sobre la mesilla. Sin contemplaciones levantó el pantalón hasta la rodilla de la joven—Dios…, pero si estás sangrando!— Se levantó y abrió un cajón donde tenía guardadas algunas prendas que no usaba a menudo, sacó una de sus camisetas y se la ofreció a la chica. —Quítate ese espantoso mono y ponte esto para que pueda curarte—

—¿Qué…?— Kyoko reaccionó justo a tiempo de ver como él desparecía, no tuvo tiempo de pensar a donde iba pues le oyó volviendo, por lo que se apresuró a obedecer. Él reapareció justo cuando terminaba de bajarse la camiseta que cubría hasta sus muslos, más o menos como una minifalda, con un botiquín entre las manos.

Ren comenzó a limpiar la herida —Shhhhhh— Siseó cuando ella dio un respingo por el dolor, pero sopló dulcemente. —Es muy profunda, debería llevarte al hospital.

—No hace falta qué…—

—Como digas que no hace falta que me moleste me voy a cabrear— La interrumpió Ren severamente.

"Yo diría que ya lo estás…".

—No deja de sangrar, es más profunda de lo que pensaba, creo que vas a necesitar puntos— Ren sacó el teléfono del bolsillo.

—¿Puntos? — Preguntó a terrada Kyoko. —No, no hace falta, seguro que con una vendita se pasará.

—Te he puesto "una vendita" y ya está empapada— Dijo Ren con énfasis antes de señalar la herida cubierta por una inmaculada gasa blanca que se había vuelto roja en un segundo. —Hola, ¿Dr. Nabuki? — Se apartó de la mano de Kyoko que intentaba quitarle el teléfono. —Soy Tsuruga Ren….— Continuó hablando con el médico unos minutos y luego colgó. —Llegará en diez minutos, dice que pongas la pierna en alto— Sin miramientos, agarró las piernas de Kyoko y las subió a la cama haciéndola girar levemente para que quedara tumbada. Luego puso unos cojines bajo la pierna herida y con ayuda de otra gasa presionó la herida. —Te has preparado una buena, ¿Sabes?—

—Lo siento…, lo siento mucho Trusuga-san, no debería….— No sabía sobre qué disculparse primero.

—Dejaló, ahora esperaremos al doctor y…— No terminó pues ella le agarró fuertemente del brazo. Al mirar vio que se había vuelto a poner blanca y que le miraba frenética. "¿Y ahora que le pasa? Espera, esos ojos…¡Tiene miedo!". —Tranquila, él está casi llegando y te curará enseguida, seguro que ni te queda cicatriz— Añadió con una sonrisa para quitarle hierro al asunto.

—Eso no me importa, da igual si queda un poco de cicatriz, seguro que con una bandita se puede solucionar, ¿Verdad?— Los ojos de Kyoko le miraban suplicantes.

—Eso no está bien, eres actriz y nuestro cuerpo es nuestra herramienta, hay que cuidarlo— La sermoneó, pero se dio cuenta de que estaba temblando. —No me digas que…¿tienes miedo al doctor?—

—No, claro que no— Quiso mostrarse indignada pero el puchero que se le formó no se lo permitió. —Pero me aterran las agujas y si me cose…— Una lágrima se escapó de sus ojos.

—Eh…, tranquila— Ren no dejó que esa lagrima llegara muy lejos, con suma delicadez y usando su dedo pulgar la retiró. —Apenas dolerá y yo me quedaré contigo, ¿vale?— Prometió con mucha dulzura. Pudo ver como Kyoko estaba volviendo a recordar el dichoso libreto e iba a intentar salir corriendo de nuevo. Ya estaba preparándose para detenerla cuando sonó el timbre, evitando así que ninguno hiciera nada. —Quieta ahí— Advirtió antes de salir a toda prisa.

En la puerta esperaba el chico de mantenimiento, le comentó lo ocurrido sin entrar en detalles y vio maravillado como éste, milagrosamente, lo solucionaba en unos minutos.


Una hora después…

Ren había salido junto al buen doctor para acompañarlo hasta la puerta y Kyoko estaba intentando incorporarse y ponerse en pie.

—Ni se te ocurra moverte— La voz de Ren sonó tajante al volver al cuarto y ver sus intenciones.

Kyoko se paró en el acto, quedando sus piernas suspendidas en el aire y su cara estirada hacia delante, dejándola en una posición bastante cómica.

Ren tuvo que morderse el carrillo para no reírse, se acercó a ella y con cuidado de no tocar la herida la obligo a volver a tumbarse. —El doctor ha dicho que tienes que guardar reposo durante tres días—

—¿Tres días…? — Se lamentó Kyoko mientras intentaba recordar si tenía algún trabajo pendiente.

—Sí señorita con sus tres noches— Añadió Ren mientras se sentaba a sus pies.

—Pero…—

—Nada de pero…, he avisado al director de lo ocurrido y de las órdenes del doctor. Ha dicho, y cito: Dile a esa niña loca que haga el favor de cuidarse y no dar estos sustos a un pobre viejo como yo"— Ren sonrió para sus adentros era viejo cuando quería el muy astuto. —Tu agenda está despejada y Yashiro ha hecho lo mismo con la mía—

—¿La tuya?— Preguntó Kyoko extrañada. —¿Por qué?—

—Pues es de lógica, ¿no?— "Y allá vamos…."—Porque tengo que asegurarme que cumples las ordenes del doctor—

—¿Cómo qué…?— Los ojos de Kyoko se abrieron cuando se dio cuenta de lo que quería decir. —¿No pensaras que voy a quedarme aquí?—

—Oh no— Negó con seriedad. —No lo pienso, lo sé, lo afirmo y lo aseguro— La desafió con la mirada.

—Pero yo no puedo quedarme aquí! — Exclamó presa de la histeria. —Debo volver a casa, mis caseros se preocuparán mucho.

—Oh por eso no tienes que preocuparte, ya les he avisado— Sonrió triunfante. —De hecho la mujer se ha sentido agradecida y aliviada pues estos días dice que están muy liados, que apenas puede vigilarte adecuadamente y que temía no poder cuidarte como te mereces—

—…—Kyoko abrió y cerró la boca varias veces, no encontraba argumentos a su favor.

—Así me gusta— Ren se levantó orgulloso. —Ahora debes descansar, iré a pedir algo de cena— La tapó con el edredón. —Y antes de qué empieces… no, no puedes cocinar, ni ayudar, ni nada de nada, debes permanecer quieta— Se dio la vuelta y salió del cuarto dejando a Kyoko renegando.

Cuando llegó a la cocina sacó de un cajón varios panfletos de los restaurantes donde solía encargar comida, pero ninguno le convencía, quería algo que Kyoko disfrutara después del mal rato que había pasado.

Flashback

Cuando Ren regreso a la habitación seguido del buen doctor, se encontró a Kyoko escondida bajo un más que evidente tembloroso edredón.

—Buenas noche, soy el Doctor Nabuki he venido a cuidarla señorita, veamos que le ocurre…— Se acercó hasta la cama.

Kyoko dio un respingo bajo su refugio y luego tembló todavía más. Ante esto Ren soltó una disimulada risita y se acercó por el lado contrario al doctor, se sentó junto al tembloroso bulto y agarró el edredón. —Vamos…, el doctor tiene que explorar la herida para poderla curar—

Kyoko agarró con más fuerza el edredón para impedir que se lo retiraran y negó efusivamente con la cabeza, a la vez que emitía un gemido lastimero.

Ren suspiró con paciencia, se dejó caer de rodillas al suelo y con un hábil movimiento consiguió introducir medio cuerpo en el refugio fortificado de la chica. —Venga…, ¿dónde está la Kyoko que yo conozco?—

Kyoko dejó de temblar en el mismo momento que oyó su nombre. "Suena demasiado bien cuando me llama así", pensó una pequeña parte de su cerebro, la única que no estaba ocupada con el miedo que tenía. Giró la cabeza hacia el sonido de la voz se encontró a apenas unos centímetros del hermoso rostro de Ren. Se sonrojó muchísimo y su respiración se aceleró, pero por alguna extraña razón (que ella no comprendía aunque el resto de la humanidad sí), no era capaz de moverse y esconderse como normalmente haría.

—Ejem…— Carraspeó el médico, haciendo que la chica comenzara a temblar de nuevo.

—Venga…, yo estoy aquí, sabes que nunca dejaría que te pase nada malo, ¿verdad?— Ren tenía más autocontrol sobre su cuerpo que ella, pero si la luz pudiera atravesar totalmente el edredón cualquiera podría ver la intensidad con la que sus ojos brillaban, a pesar de la presencia permanente de sus lentillas.

—Va…, vale…— Claudicó Kyoko soltando el edredón.

Ren salió y retiró el edredón hasta los pies de la cama, dejando a Kyoko completamente a la vista, pero al mirar sus piernas apenas cubiertas por su camiseta en un impulso cogió una colcha que tenía en el sillón de pie de cama y la cubrió hasta la rodilla.

El doctor sonrió de medio lado pues no había pasado por alto ese gesto tan celosamente sobreprotector, a la par que innecesario. —Bueno, vamos a ver cómo está esto…— Retiró el vendaje y examinó la herida. —Déjeme decirle que ha realizado unos primeros cuidados excelentes— Felicitó a Ren, pero después frunció el ceño mientras con sumo cuidado tocaba la herida. —Pero me temo que es demasiado profunda para eso, voy a tener que coser la herida—

El color abandonó oficialmente la cara de Kyoko, Ren se sentó de nuevo junto a ella y la cogió una mano para transmitirle fuerza.

—¿Con que dice que se hizo la herida? — Preguntó el médico mientras rebuscaba en su maletín.

—Con la mesita del salón— Respondió Ren ya que Kyoko parecía haber perdido la capacidad de hablar.

—¿La de cristal con esquinas metálicas?— Estaba claro que se había fijado bien al entrar.

—Eh…, sí— Suspiró Ren, pues sabía lo que el doctor iba a decir a continuación y también como iba a reaccionar Kyoko. "Me va a tocar correr tras ella, seguro…".

—En ese caso…— Sacó un frasquito y una jeringuilla estéril. —Tengo que suministrarle la vacuna del tétanos, es mejor prevenir que curar, ¿Verdad? — Añadió a modo chistoso.

Ren que estaba preparado para tener que aplacar y razonar con Kyoko se quedó pasmado cuando ella se movió, se abrazó a su cintura y escondió la cabeza en su pecho quedando de medio lado. Tardó unos segundos en poder reaccionar, cuando lo hizo acarició la espalda de la chica para tranquilizarla pues sabía que estaba llorando. —Shhhhhh, tranquila, solo será un momento, ni te vas a enterar—.

—Esto…— El médico se acercó intentando conseguir un buen ángulo para pinchar a Kyoko en el brazo, pero su postura se lo impedía. Miró a Ren seriamente y mantuvieron una conversación silenciosa.

Después de asentir, Ren agacho la cabeza y la hundió en el pelo de la chica para no poder ver nada que no debiera y ya de paso aprovechar para besársela suavemente el pelo.

Tras la vacuna llegó el momento de los puntos, Kyoko no dejó de lloriquear ni soltó el fuerte abrazo sobre Ren. Él, por su parte, no dejó de propinarle delicadas caricias en la espalda, la cabeza, los brazos…, ni de decirle tiernas palabras reconfortantes.

Antes de despedirse, el doctor dio instrucciones a Ren. —Sería conveniente que estuviera vigilada esta noche, no es muy frecuente que la vacuna produzca reacción, pero en el caso de que suceda convendría tratarlo cuanto antes—

—De acuerdo—

—Vigile que no suba su temperatura, si le diera fiebre o dolor la cabeza no dude en avisarme, ¿de acuerdo?—

—Sí, entendido— Mientras abría la puerta, Ren quiso saber más. —¿Y con respecto a la herida?—

—Ah sí…, esta noche que se mueva lo menos posible, es recomendable que esté en reposo al menos 24 horas, lo ideal serían 72. No es necesario que sea absoluto, pero que procure apoyar la pierna lo menos posible. — El médico estaba saliendo ya cuando se giró. —Me gustaría verla en unos días para comprobar cómo va y saber con más certeza cuándo podrán retirarse los puntos, mientras tanto sería conveniente curarle dos veces al día—

—¿Cree que debería contratar una enfermera?—

—Jajajaja, claro que no— Se rio el médico por la seriedad con la que Ren se planteaba la necesidad de un profesional— Con que lo haga igual de bien que lo hizo antes de que llegara bastará—

—Vale— Aceptó Ren no muy convencido.

—Bueno nos vemos en unos días, cuídese Tsuruga-san— Antes de entrar en el ascensor se volvió con una sonrisa. —Y le felicito, tiene una novia encantadora y muy guapa—

—No es mi…— Pero no se molestó en terminar porque le hablaba a la nada.

Fin Flashback

Ren no pudo evitar sonreírse con el recuerdo. Si bien era cierto que la pobre Kyoko había pasado un momento difícil, para él el hecho de que lo abrazara así en busca de consuelo había sido un momento glorioso. Frunció el ceño hacia los insatisfactorios panfletos pero de pronto le vino una idea, cogió su móvil, realizó una búsqueda en internet y después marcó para pedir la cena.