Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de Nakamura-san


Capítulo 5. "Perdona…, ¿qué?"

—Hola? —La llamó Ren en tono suave al ver que la chica se había quedado dormida. Como no respondía estuvo tentado de dejarla dormir, pero luego recordó los medicamentos que el doctor la había suministrado y los que debía tomar en un rato y decidió despertarla. Se sentó en la cama junto a ella y la acarició el pelo. —Eh…, bella durmiente despierta—

Kyoko parpadeó varias veces, pero sus ojos se negaban a abrirse. —Ummm…, ¿qué?— Preguntó mientras se hundía aún más en la almohada.

—Despierta dormilona, la cena está a punto de llegar— Ren dejó de acariciarla por miedo a que se espabilara del todo y se diera cuenta, no porque lo descubriera sino porque se imaginaba su reacción.

—No tengo hambre…— Afirmó ella en medio de un bostezo.

—Tienes que comer para poder tomar el analgésico que te dejó el doctor…— Le advirtió Ren. —Además si no cenas yo tampoco lo haré y deberías saber que hoy no pude comer…—

Kyoko abrió los ojos como si tuviera en ellos dos muelles. —¡Y por qué no comiste! — Le regañó severamente.

Ren sonrió, había conseguido justo lo que quería, si bien era cierto que no había comido absolutamente nada desde el desayuno. Cuando sonó el timbre se levantó. —Necesito que te incorpores para cenar, en unos minutos te lo traigo, ¿vale?—

—¿No puedo cenar contigo?— Preguntó con cierta tristeza.

—¿Quién ha dicho que por cenar en la cama no lo harás conmigo?— Ren se giró tras soltar esas palabras con una sonrisa triunfante al ver por el rabillo del ojo como se sonrojaba la chica.

Kyoko respiraba aceleradamente mientras se reñía mentalmente por la forma en la que su cerebro había cogido ciertas palabras de esa frase y las había modificado a su antojo. Volvió a la tierra cuando un evocador aroma inundó la habitación, miró a la puerta y allí estaba Ren con una gran bandeja cubierta por una tapadera de plástico rojo. —Mmmmmm, huele genial, ¿qué es?—

—Ah…, pues es brócoli— Mintió Ren sonriendo ante el gesto de disgusto de ella. —Es muy bueno para la cicatrización, ¿sabías?—

—Aaaaa…—"Puag, que asquito no me gusta nada el brócoli. No entiendo por qué huele tan bien, normalmente huele a infierno putrefacto".

La cara de Kyoko era tal que Ren no pudo evitar carcajearse antes de sentarse junto a ella. —¡Era broma! — Exclamó aún entre risas, abrió las patas de la bandeja y la puso sobre los delgados muslos de la chica. —Tachan! — Retiró la tapadera dejando al descubierto su contenido.

—Oooohhhh…— Kyoko dio unas infantiles palmaditas. —¡El Rey de las hamburguesas! — Exclamó eufórica al ver dos enormes hamburguesas con huevo por encima.

La sonrisa de Ren se esfumó inmediatamente mientras, una vez más, los remordimientos le carcomían por dentro. —Yo…— Pero no pudo continuar pues la chica le tendió una de las hamburguesas.

—Acércate o mancharás la cama— Le advirtió Kyokoko, después inclinó la cabeza. —¡Qué aproveche! — Y atacó demasiado lentamente aquel manjar.

Ren negó con una sonrisa, recuperado su estado de ánimo, subió las piernas a la cama y se sentó con ellas cruzadas para poder acercarse a la bandeja.

Cenaron en un absoluto, aunque cómodo silencio. Después de llevar las sobras a la cocina, muchas para tratarse de ella, Ren volvió a la habitación y sonrió al ver como Kyoko, con la cara iluminada, miraba un anuncio de cosméticos en la tv que él le había instalado frente a la cama. —Ten, te traje agua y la pastilla que debes tomar—

—Gracias— Aceptó lo que le daba y se lo tomó. —Esto…— Se puso nerviosa y un poco pálida.

—¿Qué ocurre? ¿Te siente mal?— Preguntó Ren alarmado. —¿Tienes fiebre? ¿Te duele la cabeza?— Colocó su mano sobre la frente de la chica para comprobar su temperatura.

Entonces el color regresó al rostro de Kyoko elevado a la séptima potencia. —No es que…, ¿de verdad tengo que estar de reposo absoluto?—

—Sí, no puedes moverte, el médico dijo que tres días…—

—¡Tres días sin moverme absolutamente nada!— Exclamó impresionada.

—Bueno de momento esta noche no te puedes mover, mañana dependerá de cómo vaya la cosa—

Kyoko sintió un momentáneo alivio, pero después su cuerpo le recordó que tenía necesidades que seguían pidiendo atenciones, así que agachando la cabeza susurró. —Ya pues…, es que necesito ir al baño con urgencia—

—¿Y por qué no lo has dicho antes? — Preguntó él al ver como la chica apretaba las manos y se removía impaciente. —Yo te llevaré—

—Nooooooooooooo— Kyoko no pudo negarse más pues él ya la cargaba en brazos hacia el baño de la habitación de invitados.

—Bien ya estamos aquí, supongo que necesitas intimidad…—

—¡Por supuesto! — Se indignó Kyoko.

Ren solo levantó una ceja divertido. —Te doy cinco minutos, lo justo para que uses el baño, no puede apoyar la pierna herida ni los más mínimos, ¿de acuerdo?— Advirtió. —Todo lo demás que quieras hacer lo tendrás que hacer con mi ayuda, quieras o no— Sin más la dejó sobre su pierna sana, la soltó y se dio la vuelta sin dar lugar a la futura replica de la chica.

Kyoko anonadada se quedó mirando la puerta que Ren había cerrado tras de sí. "¡Pero bueno! ¿Cómo que cinco minutos? Ayudarme, ¿con qué?.

—Cuatro minutos…— Anunció Ren apoyado en la puerta mientras contaba mentalmente.

Kyoko dio un respingo y se apresuró pues él se había tomado muy en serio su advertencia y parecía capaz de entrar sí o sí a los cinco minutos. Apenas pudo terminar y subirse la ropa interior cuando la puerta se abrió completamente, por lo que se tuvo que apresurar para bajarse la camiseta.

"Demasiado lenta pequeña…". Haciendo un gran esfuerzo por contenerse, Ren se acercó a ella y la cogió de nuevo en brazos. —Bien…, ¿Qué más necesitas?—

—Eh…, lavarme las manos y…— Kyoko dudó—

—¿Sí? —

—No nada…— Pensó Kyoko mientras lamentaba no haber cogido de su taquilla el cepillo de dientes que tenía allí.

Ren la acercó al lavabo y se agachó un poco para que ella llegara al jabón y al agua. —Abre el primer cajón— Ordenó al no poder abrirlo él mismo.

—¿Para q…— Kyoko no terminó la pregunta pues al hacer lo que le había pedido vio un juego de aseo que parecía bastante femenino, un cepillo de dientes y una esponja rosas, un cepillo del pelo…etc. Se apresuró a lavarse los dientes mientras mentalmente maldecía pensando en lo play boy que era Ren que tenía ese tipo de cosas. "Seguro que lo tiene para alguna fresca de las que traerá a su apartamento". Kyoko se sorprendió de sus pensamientos, era un sentimiento completamente nuevo para ella pues jamás los había sentido con nadie más ni siquiera con el idiota de Sho.

La respiración de Ren se interrumpió al ver la cara de Kyoko a través del espejo. "Por un segundo me ha parecido…". Pensó mientras recordaba la cara de la chica vestida como Setsuka el día que había apartado al pequeño roedor de su hermano.

—Ya he terminado—

Ren movió la cabeza intentando despejarse, después con toda la calma del mundo la llevó de vuelta a la cama y la arropó. —Buenas noches— Después apagó la luz y se dirigió al sofá orejero que había entre la cama y la ventana, decidió no cerrar la persiana para que la claridad que entraba le permitiera vigilarla.

—¿Qué haces?— Kyoko se incorporó para poder mirarle.

—Acomodarme en este precioso y agradable sillón—

—¿Por qué?— Preguntó sorprendida.

—Porque el doctor dijo que había que vigilar que no tuvieras fiebre durante la noche, así que eso voy a hacer…—

—Pero no puedes pasar la noche ahí…— Se quejó Kyoko apenada. —Lastimarás tu cuerpo y mañana no te podrás ni mover.

—¿Prefieres que duerma en el suelo?— Ren levantó una ceja a modo censurador, pero en realidad estaba bromeando.

—Claro que no!— Exclamó Kyoko rápidamente. —Quería decir que era mejor que te fueras a tu cuarto, que descanses como es debido, no en un sillón—

—Ya…, pues eso no va a pasar, así que duérmete— Ren cerró los ojos dando a entender que la discusión se había terminado.

—Pero…— Se interrumpió al ver como él abría de nuevo los ojos y la miraba con una rotundidad absoluta.

—Eso está mejor…— Ren se acomodó buscando una mejor postura, (cosa que era imposible dada su gran altura), sonrió triunfante por haber sido capaz de tener la última palabra y volvió a cerrar los ojos.

Kyoko le observaba ceñuda mientras en su cabeza tenía lugar el mayor de todos los debates existidos hasta la fecha entre ángeles y demonios, cuando estos dieron un veredicto tuvo que inspirar varias veces para armarse de valor.

—¿De verdad vas a quedarte ahí toda la noche?— Preguntó, para darse tiempo a sí misma y al corazón que amenazaba con salírsele del pecho.

Ren no se molestó ni en mirarla, asintió con la cabeza y se cruzo de brazos. —Duerme…— Pidió con paciencia.

Kyoko se reacomodó y escondió la cabeza en la almohada. —Entonces deberías acostarte en la cama, hay sitio para los dos—

Ahora sí que Ren abrió los ojos, presa del impacto. A pesar de que ella había hablado contra la mullida almohada cosa que mitigó sus palabras, el silencio que reinaba en todo el lugar le había permitido oírla perfectamente. —Perdona…, ¿qué?— Preguntó solo para darse el placer de volver a oír semejante declaración saliendo de los labios de la chica.

Kyoko enrojeció hasta más no poder, hiperventilaba presa de los nervios y estaba convencida de que sería ella y no la vacuna quien iba provocarle la fiebre. —Digo que…, que la cama es muy grande y que…— Tartamudeó incapaz de seguir.

Contra todo el buen juicio de Ren, que conseguía mantener a raya sus impulsos más descontrolados, Kuon tomó las riendas de la situación y en menos de lo que se tarda en parpadear ya estaba junto a la cama. Pero cuando fue a retirar el edredón para meterse se percató del ligero temblor que se había apoderado de ella y se detuvo. —¿Estás segura? No hace falta que…—

Como no era capaz de hablar, Kyoko, sin mirarle en ningún momento, aparto ella misma el edredón invitándole a acostarse.

Tras acomodarse Ren sintió más el temblor de Kyoko. —¿Tienes fiebre? — La tocó la frente, suspiró aliviado al ver que no tenía calor. —¿Tienes frio?— Ella no dejaba de temblar y se estaba preocupando.

—Sí, tengo frío…— En parte era verdad, pero no era frío debido a la temperatura de la casa, ni a la fiebre, si no al acaloramiento interno que estaba sufriendo en su cuerpo. "Dios mío…, ¡como he podido decirle que se acueste conmigo! Soy una desvergonzada!".

Ren sonrió, podría levantarse y subir la temperatura del apartamento, pero no podía desperdiciar esta oportunidad. Se puso de lado, se acercó a su espalda, agarró la colcha con la que antes tapó sus piernas, la extendió sobre su cuerpo, y aprovechando el movimiento dejó su brazo sobre esta, atrapándola contra él. —Hasta mañana Ky…, Mo… Buenas noches—

Kyoko se percató en ese momento, de que ni una sóla vez había vuelto a llamarla desde que lo hizo por su nombre de pila. Tan concentrada estaba intentando buscarle un significado a dicho descubrimiento, que no se percató del brazo que la rodeaba y la vergüenza o el nerviosismo fueron desapareciendo hasta que inconsciente susurró. —Buenas noches Ren…—

Los ojos del aludido brillaron capaces de iluminar la estancia, sabía que ella estaba dormida cuando había dicho su nombre, pero era tan placentero oírlo que no le importó. —Buenas noches mi pequeña— Con ternura la atrajo más hacia su cuerpo y la envolvió completamente con el suyo, cuidando de no lastimarla.