Disclaimer: Doctor Who no me pertenece, si lo hiciera Rose aun viajaría con él. No gano nada con este fic mas que calmar mis feels. Disfruten.

Advertencias: El Doctor es algo oscuro en este capítulo, después de todo es alienígena, sus conductas obviamente son diferentes a las humanas.

Capítulo X

Cicatrices

El día siguiente recibió a Rose de una manera bastante agradable, los dedos del Doctor se habían colado bajo su bata y perezosas caricias iban y venían sobre su piel desnuda, parecían esforzarse por memorizar cada detalle, cada variación en la temperatura, cada poro de aquella nívea superficie.

Rose suspiró relajada y contenta, el Doctor parecía no tener prisa alguna, y ella no iba a apurarlo, podía seguir fingiendo que dormía un rato más, no deseaba asustarlo o hacerlo sentir mal. Disfrutó de aquellos frescos dedos dibujando figuras sobre su abdomen hasta que estos detuvieron su patrón abruptamente. Claro, pensó con amargura, él era un Señor del Tiempo, seguramente se había dado cuenta de que estaba despierta y, conociendo al Doctor, vendría toda una letanía de disculpas y miradas esquivas e infinitamente arrepentidas.

Sin embargo, a pesar de que todo eso había pasado por la mente del Doctor al descubrir que Rose estaba más que despierta, no pudo apartar sus dedos a tiempo de su adictiva piel, lo que conllevó a un descubrimiento que le revolvió el estómago.

—Rose—la voz del Doctor sonaba pesada—. ¿Qué es esto? —para enfatizar su punto delineó el suave relieve que decoraba la piel de la parte inferior izquierda del abdomen de la joven. Estaba seguro que antes eso no estaba ahí, se había fijado, mucho, en Rose cuando usaba bikinis, y nunca había visto una cicatriz en su piel.

—Oh, una cicatriz—desestimó Rose acurrucándose en el pecho del Doctor—.Por cierto, buenos días—agregó con sarcasmo.

— ¿Cómo te la hiciste? —exigió saber el gallifreyano con algo de dureza.

—Bueno, no lo recuerdo—respondió Rose, repentinamente sintiéndose a la defensiva.

— ¿Tan grave fue? —exclamó el Doctor conteniendo las ganas de tirar de su pelo con exasperación. Su Rose, herida, lejos de él, sangrando, no, era una imagen que no soportaba siquiera imaginar.

—No, es solo que... Bueno, pasé por tantas cosas que puedo atribuirle un hecho errado a esa cicatriz—admitió Rose, y era cierto, decenas de misiones con Torchwood, su entrenamiento, los viajes con el Cañón Dimensional, era de esperar que obtuviera algunos "recuerdos". Pronto se dio cuenta que no era la mejor de las respuestas dado el estado alterado del Doctor.

— ¿Tienes más? —gruñó éste pellizcando levemente la cicatriz entre sus dedos.

— ¿Uh? Si, por supuesto —confirmó Rose rindiéndose al hecho de que no, no podría ocultarlo más. Se alzó en un codo para mirar al Doctor a la cara y, en el proceso, liberar el trozo de piel que él pellizcaba con tanto gusto.

—Muéstrame—pidió el Doctor alzando una mano para dejarla descansar sobre la mejilla de Rose, lo que menos deseaba era asustarla con su estado ánimo. A pesar de esforzarse por lucir calmado, sus ojos no dejaron de mostrar lo atribulado que se encontraba.

—Son sólo cicatrices.

—No lo son, y quiero ver que las ocasionó, por favor, Rose.

Sintiendo la angustia del Doctor a través del vinculo Rose asintió levemente, el Doctor sonrió aliviado y movió sus dedos para dejarlos sobre la sien de Rose. De todas formas, debía de reforzar el vínculo, las horas de la noche habían pasado casi volando y él no lo había notado, toda una experiencia, ya que para él era natural vivir y sentir el paso del tiempo.

—Te haces viejo—bromeó Rose recibiéndolo en su mente.

El Doctor ignoró la provocación y caminó por la mente de Rose hasta encontrar lo deseado, sólo una puerta le separaba del conocimiento.

—Vamos, mira antes que sea la hora del desayuno—le apuró Rose.

"El Doctor abrió la puerta y se encontró en un hospital, particularmente en la sala de emergencias. Alrededor se distribuían varios cubículos separados por cortinas, muchos se encontraban vacíos, otros mantenían las cortinas cerradas. Un murmullo ahogado y un gemido le indicaron el camino.

Se que la enfermera dijo "presiona la herida mientras viene el doctor" pero estas matándome—dijo Rose con voz estrangulada.

El Doctor apuró el paso y atravesó la cortina. Frente a él se encontraban su clon y Rose. La última sentada en una camilla, luciendo bastante pálida, mientras la metacrisis le apretaba el antebrazo con una mano. Era evidente, por sus ropas negras que venían de una misión de Torchwood. El Doctor no pudo evitar sonreír al ver a su clon llevar tenis de color negro, un acto de rebeldía para mantener su personalidad e individualidad.

Lo siento—respondió el clon soltando levemente su agarre— ¿No es divertido? "Espera por el doctor" y el Doctor soy yo, ¿No lo captas? —trató de bromear, aunque se veía tan o más pálido que la misma Rose.

Sinceramente, no—gruñó Rose rodando los ojos.

El Doctor se acercó más, por entre los dedos de su clon la sangre de Rose escapaba gota a gota, manchando el suelo. No pudo evitar angustiarse y sentir el absurdo deseo de gritarle a su clon que hiciera algo, que buscara como curar a la mujer que le había encargado.

Lo siento tanto, amor—la metacrisis tomó el rostro de Rose con la mano libre—.Si no hubiera tratado de razonar con esas bestias—sus ojos oscurecieron con la amenaza de La Tormenta que Viene.

No trataste, lograste razonar con ellas—le corrigió Rose con cariño—.Lograste controlarte y hablar con ellas a pesar de verme herida. Hiciste lo correcto.

No, lo correcto hubiera sido tomar esos malditos...

La amenaza se vio interrumpida por la llegada del médico, un joven de unos treinta años, de pelo negro rizado y ojos color gris.

¿De nuevo usted, señorita Tyler?—exclamó con sorpresa para luego fulminar al clon con la mirada.

Señora—rugió éste sacando el pecho.

Viene muy seguido a este hospital con heridas que francamente dejan de parecerme accidentes—dijo el médico sin dejarse amilanar por La Tormenta que Viene.

Soy torpe y tengo un trabajo un tanto peligroso—siseó Rose— ¿Pueden parar con el concurso de testosterona?

Para ese momento el Doctor casi se arrancaba los cabellos, Rose estaba allí, desangrándose y su clon se encontraba muy concentrado defendiendo su posesión sobre ella. Definitivamente a cada memoria su decisión de dejarlos atrás le parecía más absurda e incorrecta.

Sin embargo su pensamiento cambió en cuanto le vio acariciando a Rose para distraerla de las molestias producidas por la limpieza de la herida, sosteniendo su mano y susurrando tiernas palabras en su oído mientras la anestesiaban localmente y suturaban.

Pronto acabará e iremos por un helado, un banana split, ¿Qué te parece? Brillante invención, helado y bananas—balbuceaba gentilmente contra la coronilla de Rose, sin dejar ni un segundo de sostener su mano ni acariciar su cabello.

Un gran sentimiento de amor y calidez invadió al Doctor, Rose veía junto a él la memoria y no podía evitar sentir amor y nostalgia ante la tierna imagen.

"Hubiera sido un gran padre"."

El Doctor regresó a la realidad, las lágrimas de Rose mojaban las palmas de sus manos. Limpió las que caían con sus pulgares y besó levemente su frente.

—Lo siento—murmuró—.No te pediré ese tipo de memorias de nuevo—prometió.

—No me molesta mostrártelas, sólo, no me pidas más de esas por hoy—Rose hipó levemente.

—No veré nada más—el Doctor bajó una de sus manos hasta el antebrazo de Rose, con lentitud subió la manga y miró la fina cicatriz que adornaba la piel. Con la punta de los dedos dejó una caricia en toda su longitud. Rose tembló levemente.

Pese a su promesa, el Doctor aun deseaba conocer el origen de la cicatriz de su abdomen y las aquellas que aun no había descubierto.

—Puedes mirar las demás memorias, se que te estas conteniendo—rió Rose sujetando la mano del Doctor y devolviéndola a su posición original.

Tras una sonrisa llena de alivio y gratitud, el Doctor regresó a la mente de Rose.

"Esta vez aterrizó sobre lo que parecía ser un campo de entrenamiento, diversos obstáculos se encontraban aquí y allá, separados por extensiones de lodo surcados por cables trampa muy bien ocultos para la vista humana. Llovía haciendo casi imposible la visión, y por la apariencia del lodo, el correr. Algunos obstáculos, los destinados a ser escalados, lucían bastante resbalosos.

Giró sobre si mismo hasta que encontró a Rose liderando un escuadrón. Frente a ella un superior le gritaba para hacerse oír entre el estruendo de los truenos. El Doctor apretó los puños, ningún hombre tenía el derecho de gritarle a su Rose.

Usted es la responsable de este escuadrón cadete Tyler, tiene que asegurarse que hasta el último hombre llegue al final del campo de obstáculos. Sin embargo si no cumple con el tiempo exigido reprobará y tendrá que acarrear con una vuelta extra como sanción.

Rose asintió con seriedad. El superior se apartó y sonó el silbato.

Quiero que todos vayan delante de mi—ordenó Rose ajustando su cañón en la mochila que cargaba a la espalda.

Los integrantes del escuadrón asintieron e iniciaron el recorrido. Rose les seguía de cerca, destrabando a aquellos que se enredaban en el alambre de púas, ayudando a cruzar a aquellos que se resbalaban en la pared de escalar. A cada acción el orgullo del Doctor crecía, así como su resentimiento.

¿En esto había convertido a Rose?

A pesar de sus esfuerzos Rose no pudo llegar a tiempo, sin embargo, como no desamparó a su equipo en ningún obstáculo el instructor le explicó que evaluaría su tiempo y desempeño en la vuelta de sanción.

Rose repitió el recorrido, agotada como estaba no pudo evitar ganar nuevas heridas. Su hombro se enganchó en el ultimo tramo de alambre espinado, con un rugido tiró del mismo para liberarse, rasgando su piel. El Doctor siseó compartiendo su dolor.

Necesitaba las mejores notas para poder acceder a la división de proyectos, necesitaba llevar mi propuesta de diseño del Cañón Dimensional—explicó Rose al Doctor.

La memoria continuó, Rose regresaba a su auto, renqueando y chorreando lodo. Había permanecido quieta el suficiente tiempo para que le dieran primeros auxilios. Si se daba una ducha y descansaba, iba a llegar tarde a la universidad."

El Doctor guardó silencio con amargura. Rose había pasado por mucho para volver a estar a su lado, ¿Y cómo le había pagado? Devolviéndola a la dimensión que tanto odiaba con un hombre que era como él, más no era él.

Sólo la había castigado, no había sido un regalo desinteresado y lleno de amor como él lo había querido ver.

Sintiendo su culpa Rose le acarició.

—No mires más.

—Debo hacerlo—ignorando la advertencia el Doctor ingresó un poco más en los recuerdos de Rose, sólo para verla ser apuñalada en el abdomen durante una revuelta en uno de los universos visitados por el Cañón Dimensional.

"Rose jadeaba y se ahogaba con su sangre mientras hacia lo posible por no retorcerse en el suelo. Sus manos presionaban la herida y sus ojos fulminaban a sus atacantes, como si les invitara a continuar. Estos sólo se miraron entre si y huyeron dejando a Rose sola entre la multitud que se empuja y evitaba, casi de milagro, pisotearla.

De ahí provenía la cicatriz que había provocado todo."

Al romper el contacto el Doctor no pudo contenerse, estrechó a Rose entre sus brazos y buscó sus labios con frenesí, su Rose, su niña valiente, la mujer mas desinteresada y compasiva del cosmos había luchado con todo sólo por encontrarle, su único deseo egoísta le había llevado por el camino de las buenas acciones.

—Lo siento, lo siento mucho, Rose—balbuceó entre besos. Sus brazos apretaban a Rose contra su cuerpo, como si eso fuera a impedir lo ocurrido en el pasado—.Por Rassilon, Rose.

—Doctor, estoy bien, de verdad—trató de calmarlo la joven.

El Doctor guardó silencio, sus profundos ojos marrones se veían aun más tristes y ancianos que antes, no podía mirar a Rose a los ojos, sentía tanta culpa y vergüenza que sus intestinos parecían estar anudados entre si.

—Oh, Rose.

—Doctor, nada de esto es tu culpa. Todo está en el pasado, en un universo alterno, y no quiero borrar ni un segundo de lo ocurrido.

—Rose, permíteme borrar esas cicatrices, puedo eliminarlas en la enfermería, el regenerador dérmico...

—No—dijo Rose con firmeza.

—Rose, por favor, no puedo soportar el verlas, el tocarlas.

— ¿Estoy arruinada para ti? ¿Es eso lo que tratas de decirme? —la amargura destiló de los labios de Rose mientras subía el tono a cada palabra pronunciada.

— ¿Qué? No, no, Rose. Siempre has sido perfecta, la mujer más perfecta del universo.

— ¿Entonces?—preguntó ella con cautela.

—Ahora que se, ahora que se las razones tras esas marcas, no puedo evitar el desear que desaparezcan, el borrarlas porque tengo la estúpida creencia de que si no las veo, ni las siento, no tendré que cargar con ello, no tendré que enfrentar lo que te ocurrió.

El corazón de Rose prácticamente se deshizo ante la confesión del Doctor, pero no podía permitirle el borrar esas marcas, esas memorias de su estadía en el universo de Pete.

—Te entiendo, pero no puedo aceptarlo, Doctor, aun no estoy lista para dejar ir esa parte de mi.

—Está bien—aceptó el Doctor. Rose prácticamente podía escucharlo formar un puchero, así que decidió distraerlo, y descubrir en el proceso, que había sido de su vida en los años que ella no estuvo a su lado.

—Doctor, crees que puedo, ¿Puedo ver en tus memorias? Sólo lo que quieras mostrarme, quiero saber que hiciste en todo el tiempo que estuvimos separados.

El Doctor miró a Rose durante unos segundos. Su semblante ilegible, concentrado completamente en los ojos de Rose. Ella separó los labios para decirle que comprendía las razones de su negativa cuando él ya asentía frenéticamente.

— ¿Puedes hacerlo por tu cuenta? ¿No tengo que ir guiándote? —preguntó con orgullo.

—No, mi esposo—Rose suspiró ante el recuerdo—.Él me enseñó todo lo que necesitaba saber sobre la telepatía.

—Que puedas hacer eso es increíble, Rose, ¡Tienes capacidades telepáticas superiores a las de un humano promedio!—El Doctor se había sentado de golpe en la cama, dejando caer la cabeza de Rose sobre su regazo.

—Si, el reaccionó igual—bufó Rose incorporándose.

—Eso explica porque puedes hablar con la TARDIS y... Rose necesito llevarte a la enfermería, necesito hacer tantas pruebas...

—No voy a permitir que me conviertas en tu colador de laboratorio. ¡Aun recuerdo todo lo que me hiciste cuando Cassandra estuvo en mi mente!

—Sólo fue esa vez, ¡Y te di dulces! Y estuve complaciendo tus caprichos durante un día entero para compensarte ¿Recuerdas?

—Eso no compensa el examen de líquido cefalorraquídeo—Rose tembló levemente ante el recuerdo de tan invasivo examen.

— ¡No fue algo tan malo!

—Mi respuesta es no.

—Rooose.

—No.

—Te llevaré a planetas hechos completamente de chocolates, El Gran Cinturón del Cacao—rió ante el nombre—.Ustedes y sus nombres tan creativos, mira que cinturón de cacao. Fueron descubiertos en el siglo cuarenta, ¡Son los tres únicos planetas chocoformados del universo! Surten de chocolate a toda la Vía Láctea y la mitad de Andrómeda y... ¿No puedo convencerte, verdad?

Rose negó firmemente con la cabeza, el ceño fruncido y una mirada que el Doctor había calificado como Mirada Asesina de las mujeres Tyler.

—Bien, de acuerdo, nada de exámenes invasivos. Pero, Rose, piénsalo—pidió el Doctor con esperanza en la mirada.

—Lo pensaré si dejas de distraerme, quiero ver en que tantos líos te metiste al estar sin mi—prometió Rose tomando asiento con las piernas cruzadas frente al Doctor.

El gallifreyano asintió e imitó la postura de Rose. Le sorprendió la facilidad que tenía la joven para entrar por su cuenta en su mente sin la necesidad de una puerta de acceso de dos vías, única que habían tratado durante sus encuentros y que era responsabilidad suya mantener, era una habilidad telepática avanzada. Sin embargo, que Rose pudiera crear una puerta por su cuenta era algo maravilloso, significaba que sus habilidades podían crecer tanto como las de un Señor del Tiempo.

El orgullo y la emoción duraron poco, al menos las primeras horas de su contacto. Porque pronto, Rose alcanzó los incidentes ocurridos en la biblioteca. El Doctor se tensó, esperando mil respuestas diferentes de parte de Rose ante las revelaciones de su matrimonio futuro, sin embargo, ella sólo estaba confundida por las dos líneas de recuerdos y sólo se había detenido a preguntar el por qué.

—Son las dos líneas de tiempo existentes con respecto a ese hecho en particular "lo que pudo ser" y "lo que fue", tu llegada alteró mi futuro, Rose, y lo ocurrido en la biblioteca dependía de mi futuro, River dependía de mi futuro, y ella...

—En un futuro era tu esposa.

—Si, ¿Eso esta bien?—inquirió el Doctor con cautela mientras rascaba su nuca.

—Si, eres un hombre libre después de todo, y esa línea de tiempo ya no existe, hubiera existido si ambos hubiéramos seguido separados. No lo olvido ¿Sabes? tus palabras sobre la nueva moralidad y la forma de pensar que te da el viajar por el tiempo y el espacio.

—Rose—suspiró el Doctor aliviado—.Estoy tan...

Orgullo, aprecio, alivio y amor llenaron la mente de Rose.

—Lo entiendo, no tienes que ser tan emotivo, tu blandengue—bromeó Rose dando una palmada juguetona al hombro del Doctor.

El Doctor carraspeó antes de continuar explicando.

—La segunda línea temporal es la verdadera ahora, es "lo que fue" nunca fui a la biblioteca, se lo había prometido a Donna pero, nunca aterrizamos en ese planeta.

— ¿Entonces, esas 4022 personas aun siguen atrapadas?—preguntó Rose angustiada.

—Si, siguen ahí—aceptó el Doctor y, conociendo a Rose, agregó—.Pero están ahí, sanos y salvos.

— ¿Vas a dejar que 4022 personas permanezcan atrapadas en el interior de un disco duro gigante controlado por una niña?! ¡¿Una niña cuya memoria esta saturada?!

—No tengo opción, es así como el tiempo se reescribió, es así como se mantuvo el equilibrio y se evitó una paradoja—explicó el Doctor con exasperación. ¿Por qué Rose no lo entendía? ¿Por qué simplemente sacaba el asunto a colación? Él había hecho un muy buen trabajo ignorándolo.

—Tenemos que ir a la biblioteca, Doctor—protestó Rose.

—No, Rose, ninguno irá, es un destino prohibido—el Doctor abandonó la cama y miró a Rose desde su nueva posición. Alto, se veía alto, quería que Rose notara, y sintiera, que no debía molestar al poderoso Señor del Tiempo.

— ¿Porque lo dices tu?—claro, Rose no lo dejaría pasar, el Lobo jamás se dejaría domar por la Tormenta.

—Porque sabemos cual es la solución, Rose ¡Sabes que tendré que sacrificarme para poder transportarlos fuera! River no está para salvarme la vida, todos los eventos que pudieron ser ya no lo serán jamás.

—Encontraremos otra solución, es lo que tu y yo hacemos—rogó Rose levantándose de la cama para quedar frente a frente con el Doctor.

El Doctor empezó a pasear por la habitación, se sentía enjaulado, apresado, en momentos así odiaba el poder que Rose tenía sobre él. Su humana tenía razón, no podía dejar a todas esas personas ahí, pero, ¿De verdad estaba dispuesto a perderlo todo sólo por 4022 personas? ¿Por qué siempre tenia que ser él el súper héroe? ¿Dónde estaba su recompensa por tantos sacrificios realizados? La excusa perfecta vino en un segundo.

—No voy a arriesgarte, no si estamos hablando de Vashta Nerada, Rose—dijo con firmeza, la firmeza de un Señor del Tiempo que protege a su pareja de vínculo. A su posesión más preciada. Aun si tiene que imponerse sobre su voluntad.

—No puedes dejar que esas personas... ¡No es justo!—chilló Rose.

—Viven vidas eternas, con las mejores aventuras, historias y vidas a su disposición, creo que es bastante justo.

— ¿Quien eres tu para decidir por ellos? ¡Tú sabes que no serán vidas eternas! La memoria de Cal se dará por vencida en cualquier momento.

—El Doctor, el último de los Señores del Tiempo, el dueño de esta TARDIS y tu pareja—respondió el Doctor con arrojo, acercándose a Rose a zancadas a cada frase, hasta que su rostro quedó a milímetros del de ella. Sus ojos oscuros penetrando la mente de la joven, era una doma en toda regla.

—Eso no te da derecho a nada, Doctor—estableció Rose con valentía sin apartar la mirada, eso era lo que él quería, la confirmación de su dominio y ella no se lo daría.

—Si que me lo da, porque Rose, si voy a la biblioteca me regenerare, ¿Recuerdas? Nuevo rostro, nuevo yo, nuevo todo, lo que mas temes y de lo que huiste en la bahía del lobo malo. Lo preferiste a él, un humano con mis recuerdos, mis sentimientos, capaz de darte mí para siempre, pero sin mi capacidad de regeneración. Y fue eso lo que terminó de convencerte al final, lo se—afirmó el Doctor con amargura para luego regodearse en la victoria. Rose ya no lucía ni la mitad de desafiante que minutos antes, el miedo a perderlo ganaba por sobre cualquier poder que el clamara tener sobre ella.

—No te atrevas... —tartamudeó Rose, un agudo dolor recorría su pecho, como si las palabras del Doctor estuvieran diseñadas para lastimar esa zona en particular.

—No puedes aprender a amarme de nuevo, si me regenero no tendrás a donde ir, el vínculo se mantendrá, te verás forzada a permanecer a mi lado aunque no me ames. Rose, eres humana, pudiste superar mi regeneración una vez, pero los hechos lo confirman. No Habrá Una Segunda—el Doctor destiló especial crueldad en las ultimas cuatro palabras, extrañamente complacido por ver lágrimas en los ojos de Rose, por ver sus labios temblar.

— ¡Tu no sabes nada!

El estruendo de la puerta al cerrarse sacó al Doctor de su letargo. Cerró los ojos durante unos segundos, decidido a buscar algo de control antes de abrirlos y enfrentar las consecuencias de sus actos. ¿Por qué había perdido el control de esa manera?