Disclaimer: Doctor Who no me pertenece, si lo hiciera Rose aun viajaría con él. No gano nada con este fic mas que calmar mis feels. Disfruten.

N/A: Espero actualizar mas seguido. Y no, yo nunca abandono mis fics, puede que me demore meses en actualizar, hasta un año me he llegado a demorar, pero nunca abandono un fic. Gracias por tu review anónimo, y no te preocupes, este fic continuará.

Capítulo 12

Tensiones

Nada más sentir la mano sobre su boca, Rose controló enseguida el vínculo, cerrándolo por completo para evitar alertar al Doctor. Ambos necesitaban la ayuda que encontrarían en ese planeta, no podía permitir que algo tan mundano y normal en su vida, como lo era un secuestro, se interpusiera entre ellos. Además, necesitaba demostrarle al Doctor que no era ninguna damisela en apuros ni una muñeca de porcelana. Era Rose Tyler, defensora de la Tierra, Comandante de Torchwood. Podía salir de esa situación sola, muchas gracias.

No opuso resistencia alguna, la experiencia le había enseñado que a veces, detrás de un secuestro, se ocultaba un complot mucho más siniestro que el pedir un mísero rescate. El golpeteo de dos pares de pies también la hizo desistir de luchar en el acto, eran dos contra uno, no que no pudiera enfrentarse a ellos, pero estaban armados, notó al echar un vistazo a su izquierda, no, mejor seguir con su plan de dejarse arrastrar. Permitió que los hombres la arrastraran por infinitos corredores, tantos que perdió todo sentido de la orientación. Quizás la falta de oxigeno tenía algo que ver, la mano sobre su boca y nariz dificultaban su respiración.

—No creas que no conocemos tus capacidades, no puedes mentir a una especie telépata—espetó el hombre que encabezaba el trío, su grasiento pelo negro brillaba a la luz de las diseminadas antorchas que iluminaban las paredes de piedra—.Tu plan no funcionará, nadie conoce esta zona del castillo. Mi familia vivió aquí por generaciones antes que tu querido Doctor les arrebatara el trono. Seguramente te habló de mi, Bacalarius d'Avelar, ultimo hijo de la casa d'Avelar, ostentamos el trono siglos antes que este idiota, a quien me rehúso a llamar Rey, fuera coronado por ese alienígena entrometido.

Rose frunció el ceño, así que eso era, un complot contra el Doctor, tenía que haberlo esperado, nada nunca resultaba tranquilo para ellos, donde quiera que fuesen había algo que hacer, algún villano que derrotar, alguna venganza que soportar por acciones pasadas del Doctor.

—Nuestro plan no es muy elaborado, trazamos miles de planes de acción, pero tu llegada facilitó todo—explicó el hombre mientras abría la puerta de lo que parecía ser un calabozo. El sujeto que sostenía a Rose la empujó dentro, logrando que la humana trastabillara y se golpeara la cabeza contra el suelo al caer.

— ¿Les importaría explicarlo? No es como si fuera a ir a algún lado—Rose llevó una mano temblorosa a su cabeza, sus dedos tocaron la zona que había impactado el suelo, estaba hinchada y algo de sangre escapaba de una fina herida.

—Es simple en verdad, para todos es obvio que tienes un vínculo temporal con el Señor del Tiempo, un vínculo diseñado para sostener, precariamente debería añadir, la rotura de un vínculo permanente anterior, una maniobra única y bastante arriesgada—el hombre levantó a Rose por la chaqueta—.El plan es sencillo, te dejaremos aquí, sola, mientras el vinculo se rompe, cuando mueras por la rotura del vinculo, el Doctor culpara al Rey y a su séquito, buscará venganza y entonces, yo, me alzaré sobre las cenizas.

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El Doctor se removió incómodo en la silla de madera, la mirada penetrante de Khalid le atravesaba la cabeza, literalmente. Aquello no le gustaba en lo más mínimo al Doctor, quien, subió sus escudos mentales y los mantuvo fuertes a base de pura terquedad.

—Nunca haces las cosas fáciles, ¿Verdad?—inquirió el consejero tomando una postura más cómoda en su silla. El Doctor se preguntó cómo era capaz de ello, las duras sillas eran todo, menos cómodas.

—No puedo—susurró el Doctor apretando los puños. Sabía bien a que se refería Khalid, y no era a sus escudos mentales.

— ¿No puedes, o no quieres, o no te lo permites? Hay una razón detrás de este juego del gato y el ratón Doctor, puedo ver como avanzas con Rose para luego sabotear ese avance y dar dos pasos atrás, la acercas y la alejas, ¿Qué tienes para decir? —preguntó Khalid con afabilidad, sin caer en un tono acusador—.Puedo ver la respuesta tan clara como el sol, Doctor, pero necesito la vocalices, el primer paso para resolver un problema es admitir que tienes uno.

Rodando los ojos el Doctor se levantó de la silla y empezó a pasear por el estudio. Era cierto, no podía, no podía entregar a Rose algo que rompería en sesenta años más. No sólo era su mente la que estaba en juego, su sanidad, no, el universo entero dependía de él. No podía perder la cabeza, sería terriblemente egoísta de su parte. Si, era eso lo que evitaba cediera y formara un vínculo permanente.

—No puedo—gruñó el Doctor dando la espalda a Khalid mientras fingía estar interesado en los libros que llenaban las estanterías.

—Porque sientes que te debes al universo. Pero amigo, el universo mismo te debe mucho. Tu viajas por el tiempo y sabes que la humanidad encontró la manera de alargar su vida varios cientos de años Rose puede vivir todo ese tiempo junto a ti si se lo permites, incluso puedes aprovechar ese tiempo para prepararte para la separación. No perderás la cabeza, lo se—Khalid se cruzó de brazos, dirigió una mirada severa a la nuca del Doctor—.Eso era sólo una excusa. Si puedes. De hecho, hace poco decidiste que te permitirías amarla, ¿Fue acaso una promesa vacía?

El Doctor bufó y continuó paseando por el estudio, su idea ahora le parecía fatal, había traído a Rose para enseñarle las costumbres, ¡No para que él mismo recibiera un sermón!

—Si quieres hacerlo, quieres vincularte permanentemente con ella—continuó el consejero. El Doctor se detuvo e inclinó la cabeza, derrotado. No le quedaba de otra que confesar lo que sentía, maldita la hora en la que decidió que era buena idea ir a Besboolag—.Eso sólo nos deja con una opción.

—No me lo permito—susurró el Doctor—.No me lo permito porque no merezco a Rose. No puedo darle lo que ella quiere, no puedo hacerla feliz, ni darle una familia ni asegurar su seguridad, ¡No puedo ni protegerla de ella misma!

—Aun así tu control se ha roto, te has permitido iniciar una pequeña relación con ella.

—Necesito... necesito que sea feliz.

—Y te complaces un poco, sacias tu sed de ella al hacerlo. Para nada egoísta—apuntó Khalid con sarcasmo.

—No puedo permitirme... Sabes bien que un vinculo temporal es eso, temporal, hasta que se de el completo, es una suerte de noviazgo si lo ves desde el punto de vista humano. Una manera de tantear el terreno hasta que se pueda llevar a cabo la ceremonia.

—Y el sello del vínculo—aportó Khalid. El Doctor palideció visiblemente—.Oh amigo mío, estas tan lleno de conflictos, no me digas que el aspecto físico...

—Calla—espetó el Doctor sacudiendo ligeramente la cabeza.

— ¿Es por eso que no completas el vínculo? ¿El sellarlo te atormenta también? —no era una pregunta, Khalid establecía los hechos.

—De todas las cosas que no me lo permiten...

— ¿Por qué esta es la razón que con más fuerza te detiene? Es el miedo, no el privarla de una vida humana normal, no el perder toda cordura cuando ella muera, ni el tener que vivir con la memoria de su esposo, no, todas esas son excusas para la verdadera razón. Aunque, me permitiría decir que es la suma de todas esas razones lo que te detiene, querido amigo.

—Podría lastimarla, soy el último de mi especie, los Señores del Tiempo dejaron de reproducirse de manera sexual hace mucho tiempo, yo fui el último en nacer de manera natural, una abominación, mi madre era humana, mi padre cedió ante ella y... nací yo—la amargura en la voz del Doctor era palpable—.La ingeniería genética me hizo cien por ciento Señor del Tiempo, aprendí con los demás el control de mis deseos a favor de una mayor capacidad mental. Pero siemore han estado ahí, latentes, cuando mi especie se extinguió estos... estos surgieron con más fuerza, la urgencia por unirme a una pareja fértil... Es tan asqueroso—las comisuras de los labios del Doctor se torcieron con disgusto—.Pura urgencia, nada de sentimiento, no puedo soportarlo, no podría soportar ceder y lastimarla, ¡No como él lo hizo!—acusó con la respiración alterada—. Una metacrisis Señor del Tiempo-humana, una copia casi exacta de mi. ¿Acaso crees que no vi en la mente de Rose como fue su primera vez con él? El Doctor cerró los ojos un momento, bloqueando efectivamente cualquier entrada a su mente de pare de Khalid. Él no había querido ver ninguna escena que no debiera pero... mientras compartía pensamientos con Rose esa mañana había avistado algo, una memoria celosamente guardada.

Su curiosidad natural le jugó en contra, todas las normas de cortesía fueron olvidadas y el Doctor miró en ella sin sentir mucho más que algo de arrepentimiento.

La memoria en si fue su castigo.

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Rose rió mientras ataban sus manos por encima de su cabeza a unos grilletes que colgaban del techo. ¡De todos los planes malvados! no podía evitar sentir nauseas ante el deliberado uso de su debilidad y la del Doctor, pero no era la más brillante de las estratagemas.

—El Doctor jamás haría algo como eso—canturreó Rose con seguridad.

—Claro que lo hará, no le conoces, no conoces su naturaleza como nosotros. ¿Sabes lo horrible que es una muerte por la rotura de un vínculo? Tienes una idea, y el mero recuerdo te hace temblar—Rose tragó con dificultad ante la verdad detrás de aquellas palabras—.Primero tu cabeza empezará a doler.

—No es algo que no sepa ya—escupió Rose con sarcasmo.

—El dolor se incrementará, junto con la angustia de sentirte sola, y no me refiero a cualquier angustia, es aquella generada por la soledad más terrible, no serás capaz ni de hacerte compañía a ti misma, no podrás pensar en nada para distraerte. Tu cuerpo poco a poco empezará a unirse. Tu estomago se rebelará, tu corazón sufrirá ese síndrome que ustedes los humanos llaman "corazón roto" es tan literal...

— ¿Y sabes que es lo mejor? —inquirió el compañero de Bacalarius.

Rose contestó con una mirada desafiante.

—Llegará un momento en el que no serás capaz de bloquear a tu querido Doctor, por instinto buscaras su presencia, rogaras por él, desearas que venga a buscarte, que venga a reconstruir el vínculo, que te salve de tu agonía.

Rose rió con ganas. Si algo le daba fortaleza era el evitar cualquier mal a su Doctor, no iba a rendirse, no iba a rogar por él, le evitaría todo sufrimiento, de ella dependía que esta civilización no fuera destruida. Conocía el poder del Doctor, sabía en que podía convertirse, de lo que era capaz.

—No lo creo.

—Podemos acelerar el proceso, tu sabes, algo de estrés físico—amenazo el compañero de Bacalarius tronando sus nudillos. Rose le miró a los ojos y le reconoció mentalmente como Mordecai Ardon, hijo del jefe de las cámaras de tortura del antiguo reino. Era apenas un chico, pero su mente estaba llena de los relatos que su psicópata padre le relataba para dormir. El chico literalmente estaba saltando de gozo por poner en práctica algunas de las estrategias de su padre y no tenía reparos en mostrárselas a Rose.

Rose apartó la mirada de los ojos del chico y sintió su rabia y su miedo crecer al reparar en sus vestimentas, llevaban uniformes de la guardia real, ¿Cuántos más estaban metidos en el complot?

—Tienes razón, no hay nada como un buen catalizador—aceptó Bacalarius.

Rose cerró cada muro y cada puerta de su mente, no iba a entregarles al Doctor sin una buena pelea. Ni siquiera él, Señor del Tiempo o metacrisis, sabían del entrenamiento de fuerzas especiales de Torchwood que había realizado durante seis semanas, seis semanas infernales en las que los más duros instructores de SEAL, SPETSNAZ, Sayeret Matkal, la SAS Británica e instructores alienígenas que cooperaban con Torchwood, la habían entrenado a ella y a un selecto grupo de aspirantes a agentes especiales de Torchwood. Pete había tratado de convencerla de no ir a tal locura, pero Rose se había mantenido firme, y, a pesar de casi rendirse durante la tercera semana, había logrado cumplir el curso.

Le sería útil ahora.

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"El Doctor humano sostenía a Rose contra la pared de una habitación bastante impersonal, un hotel, pensó el Doctor con rabia, no era justo para Rose que algo tan importante, como su primera vez juntos, fuera en un asqueroso hotelucho.

Aunque a Rose no parecía importarle, si juzgaba por los sonidos que dejaba escapar mientras su clon atacaba con ferocidad sus labios y cuello, sin dejar absolutamente ninguna zona sin atender.

Mía, mi Rose—rugió el Doctor alzando a Rose por sus glúteos, inmediatamente la joven le rodeó la cintura con las piernas, dejando su centro disponible para un par de roces desenfrenados.

Oh, Dios, lleva esto a la cama—rogó Rose tratando de arrancar la poca ropa que les cubría a ambos. Nunca se odia tanto la ropa interior como en esas situaciones.

El clon accedió a las peticiones de Rose, sin muchos miramientos se lanzó a ambos a la cama. El Doctor no pudo suprimir un gesto al ver el rostro de Rose contraerse por el impacto. ¡Idiota! ¡Estás lastimándola!

No puedo esperar, Rose, no puedo.

Yo tampoco puedo esperar—admitió Rose. El Doctor quería gritarle, decirle que su clon se refería a una urgencia mucho más diferente a la que ella estaba admitiendo.

No, no entiendes—el Doctor respiró aliviado, quizás esto no se desarrollaría tan mal como lo esperaba, quizás todo estaría bien y entonces el tendría más confianza para dar el siguiente paso con Rose, sin ninguna excusa, forjada del aire, de por medio.

Oh pero era un deseo tonto. El clon tomó la barbilla de Rose con la mano y sostuvo su mirada con seguridad. Sus caderas parecían tener vida propia y no dejaban de frotarse contra Rose.

Hablo de un deseo mucho más poderoso, Rose, puedo lastimarte, puedo herirte seriamente—advirtió el clon con los ojos brillantes por el odio que sentía hacia si mismo.

Doctor, quiero esto desde que te conocí por vez primera, te amé desde ese día, desde que nos encontramos en el sótano de Henrick's y me dijiste que corriera. Confío en ti desde entonces. Estoy segura de esto, no te detengas por favor—las dos últimas palabras dejaron los labios de Rose como un ruego sin aliento. El calor que se acumulaba en su vientre era inaguantable, y los continuos roces del duro miembro del Doctor no ayudaban en nada a calmar su lujuria.

Bien, Rose, porque no puedo detenerme, lo siento, lo siento tanto—confesó el Doctor con la voz rota antes de destruir la ropa que les separaba. Los ojos de Rose se abrieron de par en par al sentir sus manos recorrer la piel revelada. Sus dedos pellizcaron levemente sus pezones hasta dejarlos erectos y deseosos de más contactos, las palmas de sus manos masajearon sus senos con algo de rudeza.

Do...Doctor, por favor...

Lo siento, Rose, lo siento—sollozos recorrían el cuerpo del clon. Los ojos de Rose se llenaron de lágrimas al ver el sufrimiento de su amante.

Doctor, todo esta bien, estaré bien, estaremos bien—aseguró Rose afianzando sus piernas con más fuerza a la cadera del clon.

Rose... perdóname.

Con un golpe de cadera certero el Doctor ingresó dentro de Rose. Ambos lanzaron sus cabezas hacia atrás por el repentino placer. Rose se sentía completamente llena y estirada hasta sus límites, el Doctor sentía que su miembro se derretiría ahí mismo, entre el calor de Rose y su humedad. Sin darle mucho tiempo para recuperarse el Doctor inició un ritmo brutal y sin compasión, ya no estaba en sus cabales, ahora era un ser buscaba su liberación, que buscaba liberar sus genes dentro de su pareja, que buscaba hacerse uno, dejar de lado su soledad y recibir a cambio la certeza de que nunca le dejarían, que ya había ganado su competencia interna contra el verdadero y completo Señor del Tiempo.

Doctor, por favor—Rose hacía lo posible por aguantar el ataque del clon. El Doctor se retiró hasta una esquina de la habitación y se agachó en ella, queriendo desaparecer, queriendo dejar de escuchar los gemidos de placer de su metacrisis y los de dolor de Rose.

Mía, mi Rose—el clon bajó la cabeza y empezó a lamer y besar su camino por la clavícula de Rose hasta alcanzar el inicio de su cuello. Rose cerró los ojos y se perdió en las gentiles caricias, gimiendo apreciativamente ante el gesto.

El Doctor alzó la mirada al escucharla y quiso gritar, quiso advertirle que sólo estaba animando al monstruo en su interior, que aquello no mejoraría.

Rose dejó escapar un grito estrangulado cuando los dientes del clon rompieron su piel hasta sacar sangre. Trató de empujarlo lejos de si, presa del reflejo de huir o luchar, pero el Doctor no tomaría nada de eso, dio un gruñido salvaje como advertencia y enterró sus dientes con más fiereza. Rose dejó de luchar, cerró los ojos para calmarse y cuando los abrió miró hacia la esquina donde el Señor del Tiempo trataba de hacerse uno con la pared.

Oh, Rose...—gimió él con los corazones rotos al ver los ojos de Rose inundados de lágrimas de miedo y dolor.

Los ojos aterrados de Rose le devolvieron la mirada por un segundo, algo imposible porque era una memoria, su angustia creció a niveles cósmicos, estaba a punto de levantarse e intervenir, delatándose en el proceso, cuando la mirada de Rose cambió de asustada a llena de deseo, sus uñas se enterraron en la espalda del clon y pronto la habitación se lleno de sonidos de placer.

El Doctor miró la escena boquiabierto, ¿Rose estaba actuando o de verdad había logrado superar el terror?"

—Eso es grosero de tu parte—regañó Khalid al Doctor con reproche en su voz.

—Grosero y no pelirrojo, ese soy yo. Rose trató de maquillarlo, pero sabes no se puede mentir muy bien cuando estás vinculado. La primera vez él cedió a sus instintos, la mirada aterrada de Rose es algo que yo no he podido olvidar.

—Ella se habituó a ello.

—Por supuesto que lo hizo, es mi Rose, es fantástica, es... Rose. Incluso encontraba la diversión en la fogosidad de mi clon, pasaron meses hasta que él tuvo el control suficiente como para unirse a ella sin dejar marca alguna en su piel.

—Sabes que eso sería casi imposible para ti.

—Los genes humanos le dieron esa opción. Yo no la tengo—masculló el Doctor tomando asiento frente a Khalid.

—Es algo que no puedes evitar, es un rasgo de las especies telépatas, somos posesivos y fogosos. Cualquiera creería que al compartir un vinculo tan profundo con nuestras parejas seriamos mucho más liberales y meditabundos, casi monjes, pero es mentira. Somos peores.

—Al ser tu pareja parte literal de ti no puedes evitar cuidarla y celarla aún más que una pareja normal—recitó el Doctor—.Por eso nos advertían de este tipo de vínculo en la Academia, por eso Rassilon trató de eliminar los vínculos mentales.

—Lo haces porque la cuidas como tu pareja y como a ti mismo, es una parte de ti, y un ser que amas más que a tu vida, es entendible el sentimiento. No quieres perder una parte de ti. Es simple sentido de autopreservación.

— ¿Qué puedo hacer?

—Permitírtelo, Doctor, mucho me temo que debes hacerlo, o todo estallará de tal manera que el big bang será un chiste comparado con ustedes.

El Doctor separó los labios para soltar su última excusa.

—No es valida y lo sabes, ella siempre amará a tu clon, siempre tendrá un lugar especial para él. Vi en su mente que está más que lista para ti, para iniciar una vida junto a ti. Doctor, la haces sufrir manteniendo ese vínculo temporal, el ceder y dar ese gran paso estarás evitando muchísimos problemas y le estarás dando la vida que desea.

—No puedo darle una familia ni una vida humana normal. Ella iba a tener todo eso con él.

—Los humanos son criaturas muy adaptables, ella lo sabe, y esta dispuesta dejar eso de lado con tal de tenerte. La pregunta ahora, Doctor, es: ¿Estás dispuesto tú a dejar el miedo?

El Doctor miró a Khalid, sus rasgos afables y tranquilos dejaban ver su alma con total transparencia. Era un hombre sabio, incluso más que él mismo Doctor a pesar de tener sólo un cuarto de la edad del gallifreyano.

—Tienes tiempo para pensar en ello, Doctor, ahora, deberías dejar pasar a Rose, tengo mucho que conversar con ella también.

El Doctor se puso en pie con lentitud, su cabeza parecía querer estallar con tanta información, el pensar en sentimientos nunca había sido su fuerte, prefería complejos cálculos de física temporal que pensar por un segundo en analizar sus corazones.

—Gracias, Khalid—dijo antes de enviar una ola de agradecimiento mental al anciano.

—Cuando quieras muchacho—el Doctor rio ante el tono paternal del consejero. Su sonrisa sin embargo se transformó en un ceño fruncido al abrir la puerta y no encontrar a Rose.

—Volvió a vagabundear—gruñó por lo bajo.

— ¿Eso crees? No me lo parece, Rose estaba tan feliz de estar en un planeta nuevo que no se le pasó por la mente el alejarse. Teme que si lo hace de nuevo la encierres de por vida en la TARDIS.

—Yo no haría eso.

—Lo hiciste por unas cuantas semanas, ¿Que serían unos años?

—No puedo perderla. Es vulnerable por la naturaleza de nuestro vínculo.

—Un vínculo semi-temporal, lo hiciste para evitar la rotura del vínculo completo—cedió Khalid comprendiendo un poco más la complejidad de la situación—.Sabes que ese vínculo no puede mantenerse para siempre, que genera demasiada dependencia.

El Doctor rió con amargura.

— ¿Y uno completo no lo hará?

—Esa es la gran paradoja de las especies telépatas. Vamos a buscarla.

—Me esta bloqueando—el Doctor frunció el ceño. Eso sólo podía significar una cosa, Rose estaba en peligro y no quería preocuparlo, su entrenamiento en Torchwood estaba surgiendo y seguramente estaba tratando de llegar al fondo del asunto. ¡Pero no estaba en la mejor forma para hacerlo!

—Tú la empujaste a ello, Doctor, ella anhela su libertad.

—Cállate.

—Esta harta de depender de ti.

—Silencio, Khalid—rugió el Doctor dejando escapar el Señor del Tiempo que mantenía dormido en su interior. Aquello pintaba mal, casi nunca lo liberaba al cien por ciento, pero la situación lo ameritaba, Rose necesitaba reforzar el vínculo en dos horas, no podía permanecer perdida mucho tiempo.

Con aquello en mente el Doctor marchó hacia la sala del comedor, donde podía sentir la presencia de Daedalus y de Augustus. Ambos giraron cuando lo sintieron irrumpir con fuerza a la sala, sus expresiones amables se convirtieron en unas de férreo entendimiento y determinación cuando leyeron en la mente del Doctor lo ocurrido.

—Pondré un equipo a ello, Doctor—dijo Augustus tomando su casco de la mesa. Lo ajustó a su cabeza y forzó una reverencia rápida, su armadura tintineó con un sonido metálico que sólo lleno aún más de adrenalina al Doctor. La respuesta de luchar por su pareja invadía sus sentidos, nublando su conciencia y capacidad de razonamiento.

—Iré contigo.

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Las cadenas que sostenían a Rose se tensaron y columpiaron. Mordecai se había quitado la parte superior de su armadura y lucía con orgullo su torso musculoso y lleno de cicatrices. Rose olvidó por un segundo su predicamento y le miró con asco y sorpresa pintados en su rostro amoratado y lleno de sangre.

—Probé muchas de las técnicas de mi padre en mí—explicó Mordecai con orgullo.

—Mira por donde, eres un sadomasoquista total—rió Rose tratando de mantener a raya el cegador ardor que invadía su cabeza. Luchar contra el instinto de buscar la presencia del Doctor se le hacía más difícil a cada segundo. Le necesitaba, le necesitaba con ella, confortándola, llevándose lejos todo el dolor y la angustia, todo el sufrimiento al que estaba sometido su corazón y su mente.

Iracunda Rose sacudió la cabeza, cerrando de nuevo aquellos muros que protegían la mente del Doctor de todo conocimiento de su ubicación y estado físico. De ella dependían vidas inocentes y no tan inocentes, no podía permitir que el Doctor cargara con más culpa en su conciencia.

—No luches tanto, a la final te rendirás y él destruirá todo a su paso—dijo Bacalarius limpiando su espada de la sangre y el sudor derramados por Rose—.La ira de un Señor del Tiempo que pierde a su pareja de vinculo en condiciones violentas es… insuperable. Y con esa máquina que usa, esa TARDIS, es imposible escapar. Pero yo, ¡Ja! Estoy perfectamente a salvo.

— ¿Sobre quien reinarás entonces? —preguntó Rose—. Si el Doctor arrasa con este planeta tu caerás con el. ¿No ves el fallo en tu plan? —inquirió Rose con burla.

—Oh, no lo arrasará todo, acabará con la familia real y el ejército, pero dejará la ciudad intacta. Eso será suficiente castigo para la gente que traicionó a mi familia.

— ¿Vas a condenar a inocentes sólo por tu avaricia y tu falso sentido del honor? —gruñó Rose empezando a molestarse aún más con sus captores. No, no podía hacerlo, debía permanecer impasible, cada emoción que se permitía sentir abría una grieta en sus muros mentales, no podía sentir, no podía permitírselo, necesitaba mantener la cabeza fría y ganar tiempo.

¿Para qué? No lo sabía, el Doctor no podría encontrarla, ella se estaba asegurando de ello. Quizás sólo ganaba escasos segundos de vida. Si, era eso, pequeños segundos a los que se aferraría con toda su voluntad.

—Suficiente, creo que es mi turno Mordecai, mis métodos, son mucho más persuasivos y elegantes—Mordecai obedeció enseguida, no sin antes regalarle a Rose una sonrisa tan malvada que dejaría a la del mismo Lucifer en vergüenza.

Bacalarius caminó hasta detenerse frente a Rose, ella le miró con desafío y resolución, dispuesta a soportar lo que éste idiota tuviera bajo la manga, sin embargo, la sangre se heló en sus venas cuando sintió los dedos de Bacalarius posarse en sus sienes. Rose trató de echar la cabeza hacia atrás, pero el agarre era seguro, no había escapatoria. Esto era lo que casi la había hecho renunciar en el curso especial.

Un ataque telepático.

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Quedaban pocos minutos para que el vínculo finalmente se rompiera. La guardia real y el ejército no habían dado con pista alguna sobre el paradero de Rose y el Doctor estaba empezando a perder todo control sobre si mismo.

— ¡Quiero saber dónde esta Rose, y lo quiero saber ahora, Augustus!—gritó en la cara de Augustus, sus ojos negros como el azabache penetraron la mente del aterrado jefe de guardia.

—Mis hombres están haciendo lo posible, Doctor—se excusó el capitán enjugando el sudor de su frente con una mano enguantada. No era agradable tener al Doctor gritando en físico y en su mente al mismo tiempo.

—Si alguien la lastima, si tocan un solo cabello de Rose, te haré el único responsable, Daedalus. Y sabes como lidio con los responsables—siseó el Doctor en el rostro del Rey. Cada segundo que pasaba, era un segundo que Rose pasaba sufriendo lo indecible.

El Doctor paseó por la sala del trono como un animal enjaulado. Los guardias de la muralla no habían visto salir a nadie, era evidente que Rose seguía en el castillo. Paseó las manos por su cabello y tironeó desesperado. ¡Habían puesto el castillo al revés buscando a Rose, tenía que estar oculta en algún lugar desconocido, algún pasadizo que el nuevo Rey no conocía.

—Khalid, dame los mapas de este lugar—bramó el Doctor al consejero, sus ojos salvajes no dejaban lugar a demora ni duda alguna, el anciano corrió a su estudio y tiró algunos libros hasta dar con los largos folios de papel que contenían los planos del lugar. El Doctor casi los arrancó de sus decrepitas manos para luego desenrollarlos en el suelo y gatear sobre ellos, cruzando sus recuerdos del castillo con las imágenes que el plano mostraba.

En el capítulo siguiente…

Yo la dejaría tranquila si fuera ustedes, chicos—aconsejó una voz con acento estadounidense. Rose casi podía oír la sonrisa coqueta que ocultaba la rabia que sentía su antiguo amigo.

¿Quién demonios eres tu?