"Si me fuera con alguien, seria con Ace"
"Entonces…cuando acabe mi entrenamiento, volveré"
"¿Es que no te fías de mí?"
- ¡Auch! - Ace se quejó cuando su cabeza golpeó el suelo. Se levantó, maldiciendo entre dientes. Debía de haberse movido mucho por la noche si había terminado por caerse de la cama. Por suerte, desde que lo habían ascendido a comandante, tenía un camarote para él solo. No era muy grande, pero se ahorraba las burlas cuando pasaban cosas como esta.
Se desperezó mientras se dirigía al comedor, sintiendo crujir los huesos de la espalda. Ya empezaba a temerse que el recuerdo de esos ojos azules le perseguiría durante el resto del día.
Como mínimo.
- ¡Hey, buenos días, comandante! - le saludó Marco, golpeándole en la espalda. - Oye, ¿estás bien? Pareces que estás más distraído de lo normal.
Ace le dio un toque en el brazo, sentándose para comer. - No, todo bien. Solo estoy…terminando de despertarme, ya sabes.
- ¿Qué, pasaste una mala noche?
-No fue mala…me llegaron recuerdos de hace tiempo, eso es todo.
-Bueno, esas cosas pueden doler más que las pesadillas. - murmuró Marco, apoyando la mano en su hombre al sentarse al lado del moreno. - ¿Qué fueron, recuerdos de un amor? - bromeó, buscando aligerar el ambiente.
Ace se atragantó con su comida, empezando a toser de forma descontrolada. Levantó una mano al ver la expresión de asombro de Marco. - Cállate. No es lo que piensas. - consiguió decir con dificultad. - Fue cuando tenía diez años. Era una amiga mía.
-Aah, ya veo. Seguro que eras tan denso que ni siquiera sabías que te gustaba. - se rio el fénix, viendo como el chico a su lado se tensaba. - He acertado, ¿a que sí?
-Marco, estoy a punto de estrellarte el plato en la cabeza. - le respondió el moreno, causando que su amigo se riera a carcajadas.
La barca crujió ante el impacto de las olas, apenas manteniéndose en pie, mientras a lo lejos se podía ver una gran tormenta. El joven estaba apoyado en un mástil que se tambaleaba peligrosamente, no podía dejar de reírse...
Estaba aguantando a duras penas. Se iba a partir.
Parecía un chiste, uno muy malo. Después de todo lo que había superado, iba a morir por una tormenta.
Incluso habían ganado la pelea. Solo habría tenido que volver al Moby Dick. Pero había subestimado la fuerza del viento, lo lejos que podría arrastrarlo el mar. Era como si el océano lo hubiera castigado por su arrogancia.
Cerró los ojos esperando que el momento que la barca se partiera. Se acordó de Sabo y de su promesa de niños, si él moría solo podía conseguirlo Luffy, ese pequeño llorón iba a tener que cumplir el sueño de los tres... Qué triste. El menor de los tres hermanos tendría que cargar con los sueños de los otros dos, sin contar además de lo duro que sería para él. Por suerte tenia buenos nakamas, ya se los encontró una vez y parecía feliz a su lado. Como cuando eran niños... Que felices eran... Jugando los tres... No.… los cuatro... A su mente vino la imagen de aquella dulce niña. Apenas estuvo un par de semanas con ellos, pero no pudo evitar enamorarse. El primer y único amor de su vida, jamás volvió a verla. Esperaba que en alguno de sus viajes lograra encontrarla, pero no fue así.
Un crujido lo saco de su ensimismamiento, la barca se rompió por varios lugares a causa de las olas, haciendo que Ace se viera envuelto por el agua casi instantáneamente, sintiendo como su fuerza desaparecía mientras se hundía en las frías profundidades del mar.
…
…
Cuando abrió los ojos, se quedó cegado por el sol unos instantes. Sentía la arena rodeándolo; debía de haber llegado a una playa. Pero eso era imposible. No tendría que estar en ningún sitio, no debería estar en tierra. Estaba seguro de estar bastante adentrado en el océano cuando el bote se hundió.
Escuchó pasos a su alrededor, junto con el sonido de la ropa al moverse. Había alguien con él. Posiblemente la persona que le había rescatado.
Una cabeza se cernió sobre él, tapándole la luz. - ¿Qué, ya estás despierto? ¿Cómo te encuentras?
Era una chica, un par de años más joven que él, que lo observaba con un ojo de color turquesa, mientras que el otro estaba tapado por su flequillo. Tenía el pelo del mismo tono que la arena, cayéndole con una mezcla de rizos y ondas hasta la cadera.
También era muy guapa.
-Bien, más o menos. - respondió Ace, incorporándose. - Un poco mareado. - encontró su sombrero a su lado, sobre la arena. ¿Cómo lo había encontrado?
-Chst, normal. - le replicó la chica, chasqueando la lengua. - ¿Es que los Yonkou no os enseñan a tener cuidado con las tormentas? - preguntó con sorna, pasándose las manos por el pelo.
-El error fue mío. - se limitó a responder el moreno, poniéndose el sombrero. - ¿Me has sacado tú del agua?
- ¿Ves a alguien más? - Ace frunció el ceño. No soportaba que le respondieran con preguntas. Y además…
Le dedicó una mirada a la chica. Vestía de forma sencilla, con un top negro y unos pantalones que le llegaban a las pantorrillas. Tenía un cuerpo bonito, pero no fuerte. No tanto como para sacar a alguien del agua. Sus ojos se detuvieron un instante en su cuello, fijándose en un colgante metálico con una forma retorcida que le resultaba familiar.
Cuando levantó la vista hasta su rostro, se encontró con una sonrisa burlona. Posiblemente había malinterpretado su gesto. No apartó la mirada, aunque sintió como el calor le subía por el cuello. - Lo encuentro difícil de creer. - al menos consiguió que no le fallara la voz.
La chica sólo hizo un sonido de reconocimiento, aunque mantuvo la sonrisa. - La verdad es que estoy un poco decepcionada, Ace. - empezó a decir, mientras se recogía el pelo en una coleta.
Espera, ¿cuándo le había dicho su nombre?
-Pero supongo que es normal que no me reconozcas. - continuó. - Yo he madurado, y tú…solo has crecido.
El chico la miró con confusión, antes de que sus ojos se abrieran con realización. El pelo ya no le llegaba por la barbilla, y sus ojos habían pasados de ser redondos a afilados. Pero la reconoció.
Marine dio un pequeño chillido de sorpresa cuando la abrazó, dándole un par de vueltas en el aire. Ace solo le sonrió, dejándola en el suelo sin soltarla. - ¡Llegas un año tarde!
-Bueno, me di toda la prisa que pude. - respondió la muchacha, dándole una mirada extraña.
- ¿Qué pasa?
-Nada, solo…parece que me equivoqué. - murmuró, dándole una media sonrisa, sin decir nada más.
Fue en ese silencio que el chico empezó a tener conciencia del cuerpo en sus brazos. Marine era cálida y suave, encajando con facilidad contra él. Dejó caer las manos alrededor de su cintura, soltándola, sintiendo una calidez familiar extendiéndose por su pecho.
-Creo que hay un pueblo cerca. Allí podremos buscar otro barco. - le dijo la chica, apoyando una mano en su brazo. Ace notó que el pulso se le aceleraba.
Tenía un problema. Uno grande.
Incluso dentro del propio bosque había más ruido del común. Dos jóvenes perseguían a un gran tigre que huía despavorido de ellos. La situación les hizo empezar a reírse a carcajadas. Esta era una situación parecida a la que habían vivido de niños, pero esta vez era la bestia la que huía de ellos. Esa iba a ser su cena, lo tenían claro. Pero antes de salir a cazar habían llegado a un acuerdo, ninguno usaría sus armas. Este sería un viaje al pasado, solo podían ir con palos, como cuando eran niños, cazarían con ello, aunque después para hacer el bote si pudieran usar todo de lo que disponían. La maleza iba desapareciendo al paso del tigre, asique ninguno de ellos tenía que hacer esfuerzo alguno, esto era un juego de niños para ambos, desde el momento en el que vieron al animal este podía haber caído muerto en un instante, pero estaban disfrutando del momento.
La bestia estaba exhausta, llevaba horas corriendo, finalmente cayó en mitad de un claro a la luz de la luna. Los dos amigos aparecieron a un ritmo tranquilo, ellos también estaban algo cansados. Cuando llegaron a su lado, preparados para matarla cayeron en la cuenta de que no tenían nada para cortarla. Estallaron en carcajadas. Estaban tan felices de su reencuentro que no habían pensado de manera lógica. la joven levantó la mano y la puso a la altura de su boca para mandar al chico que guardara silencio. En la calma absoluta de la noche se escuchaba perfectamente el discurrir de un riachuelo, ahí seguro que habría comida. Se acercaron los dos olvidándose completamente del tigre. Con los palos en sus manos fueron usándolos como arpones para pescar algún pez que otro, pero era lo bastante profundo como para que los peces pudieran evadir los lanzamientos, finalmente la joven se cansó. Después de tanto ejercicio de golpe ambos tenían hambre, y de esta forma no comerían lo suficiente, antes de que el otro se diera cuenta se tiró al agua de cabeza corriente abajo. El chico empezó a correr a su lado como si eso pudiera ayudarla si le ocurría algo. Ya veía el final del río, desembocaba en un gran lago, pero antes de eso había una pequeña cascada, el joven empezó a palidecer, eso no era bueno para ella, no podía ver la cascada, empezó a gritarle cuando ella se sumergió y cogiendo impulso saltó cascada abajo con un montón de peces en las manos y un gran grito de alegría resonó en la tranquilidad de la noche
- ¿Tú sabes el susto que me has dado cuando has saltado? ¡Pensaba que te iba a pasar algo malo! - La chica lo miró con desdén - Como si una tontería así fuera a hacerme daño. Te salvé en mitad de una tormenta en el mar... Ace por favor piensa con un poco de lógica
Tragó saliva, eso era cierto. levantó la mirada para preguntarle algo, pero volvió a bajarla inmediatamente. Por culpa del chapuzón la joven estaba empapada, sus ropas colgaban cerca del fuego para tratar de acelerar su secado. Ella no parecía incomoda con sus vestimentas actuales, tenía un ¿bañador? de unos tonos que le sonaban familiares que se le ajustaban bastante, pegándose a la piel de la joven. En ese momento deseó ser como su hermano pequeño y poder ofrecerle algo de ropa, pero dado que solo vestía unos pantalones no tenía mucho que ofrecerle, al menos Luffy podría ofrecerle la camiseta.
-Ace mi cara está un poco más arriba - dijo la joven con un tono de picardía. El chico se sorprendió dado que estaba tan metido en sus pensamientos que no se había dado cuenta que llevaba un rato mirando a las piernas de Marine - Perdón... ¿No tienes frío vestida solo con eso? - Preguntó el joven, desde el comentario de su amiga había cogido un pequeño tono rojizo, pero con el fuego apenas se notaba - Un poco sí, pero tampoco tiene solución hasta que se seque la ropa...
El chico tragó saliva, si había una opción. Se levantó lentamente y se dirigió a paso firme hasta situarse a su lado, se dejó caer y la abrazó por la espalda, antes de que ella pudiera decir nada notó una cálida sensación a su alrededor, gracias al poder de la mera mera no mi Ace podía controlar libremente su temperatura corporal y gracias a eso evitar que pasara frío. Ella se acomodó a su lado y cerró los ojos. Era una sensación agradable como para decir nada al respecto.
En el exterior la luz brillaba con toda su fuerza, pero ella estaba tapada por su chaqueta y una pequeña cabaña de hojas. se vistió antes de salir. Junto al fuego había unos peces listos para ser cocinados. Un poco más allá un joven estaba mirando arboles con ojos expertos, tenía que buscar algunos lo bastante grandes como para soportar el peso de dos adultos. Ella se fue acercando a él lentamente por la espalda y cuando estuvo justo detrás suya le dio una pequeña patada en el culo. El grito de susto y el pilar de llamas dejó a la joven fuera de juego, ¿qué clase de reacción era esa? cayó al suelo sujetándose el estómago. El chico se arrodilló a su lado completamente pálido, esperaba que la herida de la joven no fuera muy seria cuando la vio llorando. Cada vez estaba más nervioso hasta que vio que se estaba riendo.
- Pero ¿qué haces Ace? ¿Por una patadita sacas un pilar de llam-? - No pudo terminar la frase antes de volver a explotar, esta vez en carcajadas sin reprimir. El chico estaba furioso, pero a la vez relajado, después de todo no le había hecho daño.
Ya era medio día cuando terminaron de hacer una cabaña decente para los dos. Después de todo aún les quedaba tiempo hasta poder irse de la isla. Al fin y al cabo, tenían que construir el bote para salir de allí. Tras discutirlo un poco ya tenían un diseño hecho para intentarlo. Pasaron el resto del día avanzando en el proyecto hasta que fue la hora de buscar la cena. Dado que era el joven el que había cocinado a medio día fue la chica la que se ofreció a preparar la cena para ambos. Una vez se alejó un poco un oso apareció tras los árboles cercanos y se dirigió directo al barco, destrozándolo.
- ¡Estúpido oso! Tanto trabajar para nada... - Dijo la joven furiosa mientras le daba vueltas a la cena - Venga Marine... Tranquila, por suerte tampoco hemos trabajado tanto, solo ha sido un día. Aparte... Nuestra cena a venido a buscarnos, dijo señalando el fuego donde el oso terminaba de cocinarse.
