Disclaimer: Doctor Who no me pertenece, si lo hiciera Rose aun viajaría con él. No gano nada con este fic mas que calmar mis feels. Disfruten.

Capítulo 14

Esperanzas

Jack sujetó al Doctor al verlo trastabillar luego de usar el manipulador del vórtice. El rey se irguió enseguida y tendió una mano al Doctor. Este la rechazó y con dificultad recuperó la postura entre gruñidos.

—Estoy bien—aseguró mientras una nueva punzada recorría su cabeza. El atronador silencio del vacío que los Señores del Tiempo habían dejado, y que Rose había sosegado, estaba regresando, causando estragos en su mente. Y la presencia de Jack no ayudaba, tenerlo cerca era como estar en la cubierta de un barco en plena tormenta—.Jack, aléjate—gimió entre dientes.

—Doctor...

—Jack, tu imposibilidad, tu improbabilidad me esta... ¡Ga! —una nueva punzada, peor que la anterior, le hizo caer de rodillas. Demasiada información de parte de la infinita e imposible línea temporal de Jack inundaba la ya reducida capacidad del cerebro del Doctor.

—Quizás necesite un médico —opinó Daedalus alzando el brazo para llamar a uno de sus guardias.

El Doctor se encorvó sobre si mismo, su cuerpo empezaba arder, a temblar, sus órganos no paraban de enviarle señales a su cerebro, de pedir permiso para morir y cambiar, era sólo cuestión de tiempo, lo harían lo quisiera o no, le estaban dando sólo el tiempo necesario para encontrar un lugar seguro.

¿Cambiar? ¿Se estaba regenerando? No podía ser posible, él estaba bien, estaba en perfecto estado. No había razón alguna para...

Rose. Tenía que ser Rose, en Gallifrey las parejas vinculadas usualmente se regeneraban juntas, solían pasar por el proceso juntos, apoyándose, cuidándose mutuamente. Pero, Rose era humana, débil y frágil humana, no podía estarse regenerando, pensó con amargura, eso era imposible. Con su muerte el vínculo temporal había sido roto, no podía estar pasando, no ahora, casi media hora después.

¿O si?

—Rose—susurró luchando por ponerse en pie. Jack le ayudó, confundido pero, plenamente confiado en el Doctor—.Se está regenerando y me está llevando con ella.

— ¿Qué necesitas? —inquirió, ayudándole a avanzar hacia el ala de las habitaciones, un conjunto casi laberíntico de pasillos decorados con armaduras y cuadros de la familia real. Para Jack lo imposible era posible y nunca lo discutía, no cuando había visto, y perdido, tanto.

—Debes marcharte—pidió con seriedad tratando de no mirar al inmortal a la cara—.Si existe alguna oportunidad, una mínima posibilidad de que Rose este viva, ella, ella no podrá soportar tu presencia—si era sincero, él tampoco podía soportarlo. Así como tampoco podía permitirse sentir la esperanza que amenazaba con llegar a sus corazones, porque entonces no soportaría llegar y ver el cadáver de Rose sobre la cama, sin ningún brillo ni cambio aparente. Necesitaba ser objetivo.

—No soy tan feo—bromeó Jack aún sujetando el brazo del Doctor, con paso lento pero seguro le ayudó a avanzar por los pasillos, detrás iba el rey, vigilando cada movimiento. No iba a darle muchas vueltas al aparente sin sentido que balbuceaba el Doctor. Hacía años que había superado esa etapa.

—No es eso, no, Rose, ella tendrá mis sentidos, necesitará, ug, clases, va a odiar eso—rió débilmente, la parte de su mente que se permitía tener esperanza ya estaba imaginando a Rose, molesta, montando una enorme pataleta Tyler por tener que ver clases para ser una Señora del Tiempo, para controlar sus nuevos sentidos. Si, definitivamente odiaría eso.

Jack no entendía nada, pero siempre había confiado en el Doctor. Estaba consciente de la incomodidad que le causaba a su viejo amigo y no entendía como eso ahora podía transmitírsele a Rose, no cuando ella estaba, tragó el nudo en su garganta, muerta. Aunque, si el Doctor decía que no lo estaba, entonces no, probablemente, el Doctor tenía un historial de reacciones poco lógicas cuando se trataba de Rose. Quizás debía de asegurarse.

—Doctor, Rose, ella esta...

—Regenerándose, probablemente, primera vez, no se sentirá bien por un tiempo—finalmente alcanzaron la habitación, fuera, la matrona y sus ayudantes jugueteaban con los dedos de las manos y los encajes de sus vestidos.

—Esta, esta brillando, y...

Fue toda la confirmación que el Doctor necesitaba, con un último esfuerzo abrió las enormes puertas de madera, ingresó a la habitación y las cerró a su espalda. Efectivamente, ahí, en medio de un nido de sábanas ensangrentadas, Rose brillaba y exhalaba energía de regeneración, sus puños se encontraban crispados, y su cuerpo se arqueaba con espasmos cada vez más seguidos. La bata con la que la habían vestido antes del parto subía, peligrosamente reveladora, por sus muslos con cada convulsión.

La alegría producto de la esperanza confirmada sólo se vio apagada por aquello que le explicó a Jack. No podía regenerarse, no ahora, Rose le necesitaba.

Tendría que cerrar el vínculo. Sería terriblemente incómodo para Rose, pero no mortal, su regeneración cambiaría la configuración de su mente. Rose como la conocía físicamente, moriría. Estaría libre del vínculo.

Y él también.

A pesar de ser un terrible momento para pensar en ello, el Doctor no pudo evitar sentir temor. ¿Sin el vínculo, Rose seguiría a su lado? ¿Y si lo hacía, cómo seguirían adelante? Él era terrible en esto de las relaciones. Miró hacia el Telar. Ese pequeño necesitaría una familia. Los necesitaría a ambos, juntos o no.

Un gruñido vino de Rose, seguido de otro doloroso arco en su espalda.

—Shhh, Rose, mi Rose, todo estará bien—el Doctor trastabilló todo el camino hasta la cama. Donde cayó de rodillas junto al cabecero—.Mi brillante, Rose. Creí que este malestar era debido a la rotura del vínculo—rió con amargura mientras podaba sus dedos en las sienes de Rose—.Y ahora debo, debo cercenarlo, no puedo, no puedo regenerarme ahora, Rose. No quiero morir, no quiero dejarte sola para lidiar con la enfermedad de la regeneración. Estoy seguro que entiendes ¿No, Rose? No necesitas un nuevo nuevo nuevo Doctor.

Rose abrió los ojos, reconocía aquella voz, reconocía el vacío que empezaba a crecer en su mente. Poco a poco el vínculo se destruía, un vínculo temporal era terriblemente débil, no soportaría una regeneración. ¿De dónde venía ese conocimiento?

El Doctor, claro, estaba implantando en su cerebro información valiosa para ayudarla a sobrellevar todo el proceso.

¿Quién se creía que era para hacer eso?

"Déjate ir".

"No lo creo, estoy muy cómoda así, gracias".

"Rose, no estás cómoda en lo absoluto, no seas tan obstinada, déjate ir, todo estará bien".

"¿Dolerá?".

"No más de lo que sientes ahora".

"Creo recordar tus palabras exactas cuando te pregunté por la regeneración, tu descripción fue: Es como ser prendido en llamas para luego terminar de cabeza en agua al cero absoluto, un nuevo estado de la materia según tu, mientras la superficie de tu cerebro es lavada con lejía".

"Exageraba, vamos, déjate ir, estaré aquí cuando despiertes".

"Te creería si no fueras un doctor".

"Vamos, se mi valiente Rose".

"Estoy cansada de ser valiente".

"Estaré justo a tu lado".

"¿Cambiaré mucho?".

"No lo se, pero lo que si se, es que seguirás siendo mi Rose".

"¿Lo prometes?".

"Lo juro".

La presencia del Doctor abandonó la mente de Rose. Dejándola sola para lanzarse al vacío, literalmente. Rose sintió como su corazón latía desbocado, como su cuerpo estaba lleno de esa sensación de fría incertidumbre que sólo se siente antes de arrojarse desde un precipicio hacia el mar, o cuando estás a punto de meterte dentro de una ducha fría, o escabullirte fuera de casa, o tener sexo por primera vez, y como con todas esas experiencias, Rose se lanzó de cabeza.

Oh, iba a matarlo, definitivamente, iba a hacerlo. Esto era mil veces peor a lo que le había descrito. Todo lo que era estaba siendo arrancado de cuajo, para ser reemplazado con nuevas, brillantes y poderosas piezas de recambio.

—Ahora si que te la haz ganado—murmuró al abrir los ojos. Nuevos ojos, capaces de ver extraños y nuevos espectros de luz en cada pieza de la habitación.

— ¡Rose! —una cabellera castaña y despeinada interrumpió su contemplación de los muebles. Oh, ahora si que era un fantástico cabello, sus ojos humanos no le habían hecho justicia, no señor. Y ese rostro, mmm, le faltaba una buena afeitada, pero estaba pasable, siempre le había gustado ese look desarreglado que, oh.

¿Por qué había cintas de colores rodeando al Doctor? Algunas se perdían en su propia naturaleza infinita e imposible...

El Doctor notó la mirada perdida de Rose y comprendió en un instante lo que ocurría. Rose, tal como él lo esperaba, era una Señora del Tiempo.

—Rose, concéntrate sólo en mi, sólo en mi, vamos, mírame a los ojos.

— ¿Qué es eso? ¿Qué me está pasando? —esas y mil preguntas más se abarrotaban en una mente demasiado espaciosa, terriblemente espaciosa, un vacío que amenazaba con tragarla entera. Lágrimas llenaron los ojos aterrados de una nueva Rose.

—Shhh, ey, no quiero lágrimas ahora, todo está bien, todo estará bien, lo que ves son las posibilidades, lo que fue, será, podría ser, pudo ser, no fue y que seguramente será si interfieres. Son líneas temporales, al ver en el corazón de la TARDIS sellaste tu destino, eres una Señora del Tiempo ahora—explicó el Doctor sin dejar de mirar de arriba a abajo a Rose, quien ahora lucía pelo castaño largo hasta pasar los hombro, suaves rizos decoraban las puntas, los ojos de Rose seguían siendo color whisky, sus labios eran los mismos, nada había cambiado físicamente. Exteriormente la regeneración había destruido sólo el tinte en su cabello, interiormente, aún tenía que comprobarlo.

Rose dejó salir el aire que contenía en sus pulmones, relajando cada músculo de su cuerpo tal como le habían enseñado en Torchwood, miró al Doctor a los ojos e ignoró las cintas de luz hasta que se convirtieron en parte del fondo y nada más. Sintiéndose más tranquila, se dio cuenta que hacía unos minutos que no respiraba, por lo que tomó aire con mucha seguridad, curiosa por ver que podían captar sus sentidos.

El aroma de la sangre y su propio sudor, mezclado con el aroma del suavizante de las sábanas inundó sus fosas nasales. Hierro, vinagre, aceites aromáticos, agua, bacterias y sus desechos, el análisis del olor que reinaba en su cuarto sorprendió su razón.

Separó los labios para preguntar al Doctor cuando un nuevo aroma asaltó sus sentidos. Dulce, canela, tiempo, aceite de TARDIS, frutos secos, té y un aroma sutil que incitaba a la pasión, intuía fertilidad, deseo, pasión, atracción. Un ligero gruñido/gemido salió de sus labios.

El Doctor podía olerlo también, podía sentir como la mezcla de aromas personales de Rose convergían en una mezcla de feromonas únicas que estaban despertando algo que él creía otrora dormido.

—Es un imperativo biológico, últimos de una especie casi extinta, es normal—se apresuró a explicar—.Pronto aprenderás a controlarlo, como lo hago yo.

Bien, no había sido lo más correcto dado el momento, razonó el Doctor. Rose frunció el ceño y sus labios se comprimieron, amenazando con temblar. ¿Había cambiado tanto que el Doctor no podía permitirse desearla? ¿Era un ser deforme? era su primera regeneración, quizás no había salido del todo bien.

—No es lo que crees, Rose. Necesitamos tiempo para hablar, acabas de pasar por un gran esfuerzo físico, tenemos mucho camino por recorrer, y no quiero que actuemos nublados por un acto hormonal.

—Esta bien—aceptó Rose no muy convencida, bajó la mirada hacia las sábanas y jugó con un encaje suelto.

—Prometí muchas cosas cuando te encontré, planeo cumplirlas—recitó el Doctor con solemnidad, era el momento, tenía que sincerarse con Rose, sólo así podrían avanzar y ella se sentiría más segura y menos herida en su presencia. Rose por su parte, nunca le había oído dirigirse así a nadie así que alzó la mirada. Lo que vió en los ojos del Doctor la dejó helada. Profunda adoración y cariño brillaban en ellos, y control, toneladas de control, seguridad, apego y amor. Sus manos se apoyaron a cada lado de su cabeza con tal delicadeza que Rose pensó que el Doctor lo hacía con el temor de que uno sólo de sus toques la haría regenerar de nuevo.

El Doctor inclinó su cabeza y Rose cerró los ojos, esperando un beso cuyo destino fue su frente y no sus labios.

—Yo, el Doctor, último de los Señores del Tiempo, heredero de la casa de Lungbarrow, ex Lord Presidente y miembro del Consejo, doy inicio al ritual de cortejo, prometo nunca acelerar las cosas, seguir paso a paso el rito y aceptar la decisión final de la dama a quien profeso mi solicitud—murmuró con voz profunda, Rose podía sentir como aquella extraña promesa hacía vibrar las líneas del temporales mismas.

Rose sonrió de oreja a oreja, era la proposición de noviazgo más extraña y más solemne que había experimentado en su vida. Dando un gritito de alegría se lanzo a los brazos del Doctor y robó un beso de sus labios.

Uno que él no contestó.

—Rose—dijo con tono estricto aunque divertido—.Aún no.

Rose bufó y se dejó caer sobre las almohadas, se sentía humillada, y necesitaba mirar fijamente algún punto para calmar el nudo que crecía en su garganta. Dicho punto que decidió observar se ubicaba a unos centímetros hacia la derecha del Doctor, donde un extraño tanque burbujeaba; dentro, claro como el día, flotaba un bebé.

— ¿Mi...? ¿Él es mi? ¡Tu! lo convertiste en un experimento, ¡Te confié mi bebé y lo transformaste en una especie de enfermo experimento! —ira ciega inundó el cuerpo de Rose, ¿Cómo se había atrevido a tomar su bebito muerto y... y ponerlo en un tanque? Eso era demasiado alienígena y desapegado. Sus dos nuevos corazones latían con ferocidad.

—Rose, cálmate, son las hormonas Lindos hablando por ti, tu bebé esta a salvo, eso es un Telar, en el crecerá y se desarrollará aún mejor que en tu interior—explicó el Doctor asustado. Rose no le creyó

— ¡Largo! —empujó al Doctor, cegada por puro instinto maternal. Para su sorpresa, el Doctor recorrió casi la mitad del largo de la habitación hasta chocar con la TARDIS con un sonido sordo.

— ¡Uf! —con una mueca algo sobreactuada el Doctor luchó por incorporarse. Rose se apresuró a ponerse en pie, no podía creer lo que había hecho, ¿De dónde había salido tanta fuerza? Trastabilló un poco con sus nuevas piernas y llegó a su lado en el momento justo en el que caía al suelo. ¡El mundo se movía! lento, pero lo hacía

— ¡Doctor! —chilló Rose al caer en los brazos abiertos del Doctor. La pérdida de equilibrio rugía en sus oídos y su cerebro categorizaba las causas y posibles lesiones a una velocidad vertiginosa.

—Te tengo—susurró el Doctor—. Rose, mírame, ignora lo que dice tu cerebro—aconsejó.

—No se, no se que me ocurre, Doctor —gimoteó Rose. Una oleada de dudas asaltó el espacio libre que quedaba en su mente. ¿Sería capaz de controlarse? ¿Cuánto tiempo tardaría en manejar su propio cuerpo lleno de más sentidos de los que podía entender? Un sollozo incontrolado abandonó sus labios.

—Todo estará bien, Rose, shhh, Rose tranquila. Vamos, ¿Quieres verle? —ofreció el Doctor haciendo un gesto con el brazo que no sostenía a Rose por la cintura.

Rose inspiró profundamente y asintió. Lentamente el Doctor la acercó al Telar y Rose miró fijamente al pequeño que hasta hacía unos minutos había crecido en su interior.

Líneas temporales se desprendían de su cuerpo, algunas se notaban borrosas y cuando se concentraba en ellas un sentimiento de vacío y nauseas inundaba su cuerpo. Había otras más cortas, un tiempo de vida reducido, una esperanza de vida humana.

—Él, él... es humano, es...—la injusticia de todo ello golpeó a Rose como un mazo contra su pecho. Ahora podía vivir junto al Doctor casi por toda la eternidad, pero ¿A cambio debía sufrir la pérdida de su hijo?

—Puedo alterar sus genes, quizás pueda darle un pequeño empujón a sus genes gallifreyanos, extender su esperanza de vida—prometió el Doctor—.Es la ventaja que ofrecen los Telares, puedes mejorar los genes de los fetos y...

—Bebé, es un bebé, no un feto—rugió Rose.

—Técnicamente es un feto, Rose, aún no...—notando la amenaza de una bofetada Tyler en los ojos de Rose, el Doctor guardó silencio.

— ¿Alterará su personalidad?—preguntó Rose con preocupación.

—No, Rose, él seguirá siendo él—aseguró el Doctor con suavidad.

Rose extendió una mano y tocó el helado cristal del Telar. Sorpresivamente un murmullo ligero alcanzó su mente, Rose apartó su mano y miró con atención a su hijo. El pequeño había girado y su minúscula mano, aún con membranas entre los dedos, con lentitud la apoyó en el cristal.

—Puede sentirte, los gallifreyanos desarrollamos la telepatía desde que estamos en el vientre materno—explicó el Doctor tomando la mano de Rose para depositarla de nuevo contra el cristal. La electricidad que recorrió a Rose al tocar al Doctor se vio opacada por los sentimientos de su bebé.

—Esta bien, todo estará bien. Mami está aqui.

—No puede entenderte del todo, necesitas comunicarte con sentimientos, así—el Doctor apoyó su mano sobre la de Rose y envió reconocimiento y amor hacia el bebé. En respuesta recibió una pregunta rodeada de afecto, muchas dudas y esperanza, empezaba a extrañar no sentir la presencia de su otro progenitor. Parecía decir:

"¿Papá?"

Rose ahogó un sollozo con la mano libre. ¿Qué iba a responder el Doctor? Podían ver como el futuro se alteraba, las líneas temporales temblaban y se bifurcaban ante las posibles respuestas y futuros que podían crear. Cada respuesta creaba al menos una decena de resultados diferentes, era agobiante y Rose empezaba a agotarse.

"Lo soy" respondió el Doctor con una extraña expresión en su mirada. La expresión de un padre cuando recibe a su hijo en brazos por primera vez más la expresión de duelo de aquel que lo ha perdido todo.

Alegría y gozo llenaron a Rose. El bebé se encontraba feliz y emanaba curiosidad, quería saber dónde había estado su padre todo ese tiempo, por qué no se había presentado antes. En respuesta el Doctor envió risas y aconsejó paciencia, incluyendo un suave empujoncito a su psique para ayudarle a dormir.

—Quería hablar con él—protestó Rose débilmente.

—Tenemos muchas cosas por hacer, Rose, él está fuera de peligro, cómodo y calentito en uno de los mejores Telares que la TARDIS tiene para ofrecer. Tu por otra parte, acabas de regenerarte, puedes empezar a sufrir de la enfermedad de la regeneración en cualquier instante, viviste más de 20 años de tu vida siendo humana, Rose, tu eres mi máxima prioridad ahora—Rose observó en los ojos del Doctor la firme decisión y la preocupación, no la dejaría salir de la cama hasta que estuviera seguro de su estabilidad física, psíquica y espiritual.

—Al menos permite que me de un baño—suspiró Rose observando con cierto asco la bata de maternidad que le habían hecho llevar la matrona y sus ayudantes. Sangre y sudor la endurecían.

—Rose, no es momento de ser vanidosa—reprochó el Doctor.

—No voy a guardar cama en estas condiciones.

—No puedes caminar sola—apuntó el Doctor—.Sientes como gira el planeta, a que velocidad lo hace, eso te desequilibra porque aún no has aprendido a vivir con ello.

—Con un baño en una tina tendré suficiente —aseveró Rose soltándose del brazo del Doctor. Con cautela se dirigió hacia la TARDIS, sacó su llave de la cadena que la mantenía contra su pecho. Ignorando el despliegue de información sobre la aleación metálica de la llave, Rose se dispuso a abrir.

Sólo para ser detenida por la mano del Doctor.

—Por ahora no es buena idea, toma un baño en la habitación —aconsejó el Doctor señalando la puerta oculta tras una cortina de cuentas—.Es un baño adjunto, los jabones son algo primitivos, pero los aceites aromáticos son los mejores de este cuadrante.

Rose asintió y se dirigió al baño. Cada dos o tres pasos trastabillaba, era como tratar de aprender a caminar sobre la cubierta de un barco.

El Doctor la siguió en silencio.

—No pienso dejarte sola en el baño, Rose, puedes caer.

—Vas a dejarme sola, no he visto mi cuerpo por vez primera, no voy a permitir...

—No tienes nada que no haya visto aún, Rose Tyler.

Lindos y genes Tyler, mala combinación. Masculló mentalmente el Doctor al sentarse sobre la cama. Su mejilla ardía y podía sentir como cada dedo de la mano de Rose había dejado su propia marca. Bien, mejor preparaba todo, suspiró observando la cama. Alguien tendría que organizar el estropicio, Rose probablemente pasaría los días siguientes durmiendo y para ello haría uso de esa cama. Aún no podía entrar en la TARDIS.

Un golpeteo en la puerta llamó la atención del Doctor.

—Doc, ¿Todo bien? —preguntó Jack con aprensión.

—Si—respondió el Doctor abriendo la puerta sólo unos centímetros—.Ella está bien, pero necesita tiempo—Jack sonrió ampliamente, sus ojos brillaban y su cuerpo parecía contener saltos de alegría.

— ¿Y un amigo inmortal esta contraindicado?

—Por ahora—admitió el Doctor —.Sin embargo, puedes ser útil y traer algunas sábanas nuevas.

—No pierdes el tiempo—insinuó Jack guiñando un ojo.

— ¿Qué? Jack, no, eso es lo último que... ¡Acaba de regenerarse! —las orejas del Doctor se encontraban de un rojo brillante. No, no iba a destruir sábanas con Rose, no sería así, por ella él buscaría la forma más romántica y...

—Aún mejor—Jack movió las cejas y sonrió más ampliamente si cabe.

—Ve a buscar las sábanas.

Y con un definitivo portazo el Doctor cerró la puerta.

Rose miró con curiosidad su cuerpo al quitarse la mugrienta bata. Lucía exactamente igual a como lo recordaba. Quizás con algo más de peso, este nuevo cuerpo no había vomitado todo lo que comía. Oh, era eso, estaba embarazada, todos sus síntomas eran los de un embarazo, y por no identificarlos casi puso en peligro la vida del pequeño.

—No—gimoteó, ¿Qué clase de madre podría ser? ¿Acaso el Doctor la ayudaría a encargarse del niño? ¿Qué pasaría si todo se volvía muy doméstico? ¿Por eso no la dejaba entrar a la TARDIS?

Rose alzó la barbilla, no, estaba siendo tonta, el Doctor no haría eso. Con decisión se acercó a la bañera de cobre. Estaba llena de un líquido blancuzco, a un lado, sobre una marmita, una enorme tetera descansaba, el vapor escapaba por la tapa y la boca.

—80 °C—murmuró Rose con sólo acercar su mano.

Con cuidado vertió el agua dentro de la bañera. No debía de calentar demasiado, sólo lo justo para un baño confortable. Mientras esperaba que el agua se enfriara, Rose se acercó al gran espejo ubicado al final del baño. Cerró los ojos antes de llegar, caminó unos últimos pasos y los abrió con lentitud.

—Sigo siendo yo—murmuró.

Su cabello era el único que había cambiado, y sólo porque el tinte no había sobrevivido a la regeneración. Bien, suspiró, era un cambio menos al que tendría que habituarse.

Regresó a la bañera e ingresó con cautela, a cada centímetro sumergido su piel enviaba nueva información sobre el agua y su composición.

Empezaba a dormirse, agotada por tanto flujo de información y arrullada por la calidez cuando el insistente golpeteo del Doctor contra la puerta la despertó.

— ¡Vas a arrugarte! No que tu piel sea humana y se arrugue tan rápidamente como antes, pero aún así, la piel de una Señora del Tiempo se arruga cuando pasa demasiado tiempo en el agua.

—Voy—protestó Rose mirando atentamente sus pulgares. Si fuera humana ya los tendría como pasas. Ahora no, lucían lisos y lozanos.

—Deje un pijama en la manilla de la puerta, y bueno, ropa interior, estarás más cómoda. Necesito que estés cómoda, tu sabes, debo correr algunos exámenes y...

—Esta bien, Doctor—Rose salió de la bañera, tomó una toalla y secó su cuerpo con los movimientos eficientes de alguien que ha seguido un régimen disciplinado. Envolvió la toalla alrededor de su cuerpo, abrió la puerta una fracción y tomó el pijama y su ropa interior.

Era su pijama favorito, una vieja camiseta que le quedaba demasiado grande y un pantalón de chándal muy suelto. Sonriendo se vistió con ellos, inspiró profundamente y salió a enfrentar al Doctor y su manía de jugar al doctor.

—Vamos, Rose, no será tan malo, sólo un chequeo básico —animó el Doctor señalando la cama. Las sábanas se encontraban cambiadas, la habitación olía diferente, más limpia, y a Jack.

— ¿Jack?

—No puedes verlo aún—explicó el Doctor sin dejar espacio a réplicas.

Rose se sentó en la cama dando un bufido, a cada segundo que pasaba cerca de cierto Señor del Tiempo más se sentía como una niña. El Doctor organizaba todos los implementos necesarios para llevar a cabo la revisión y a cada instante le veía por el rabillo del ojo. Molestar y provocar a Rose tenía su toque divertido, y justo en ese momento algo de diversión y desenfado era bienvenido, probablemente los exámenes le provocarían algo de malestar.

—Si te portas bien te daré un caramelo—bromeó mientras ajustaba el estetoscopio en sus oídos. Podía escuchar la respiración de Rose y sus corazones por lo agitado de su estado, pero el estetoscopio le daría mucha más información.

—Yo te enseñaré lo que es un caramelo—masculló Rose cubriendo sus piernas con las sábanas.

El Doctor giró para responder y empezar su examen cuando notó el fallo en su decisión al escoger un pijama sin botones.

—Ehhh, Rose, necesito que te quites la camiseta, para escuchar tus corazones y...

Rose sonrió con cierta malignidad, ya que la pasaría mal, mejor sacar provecho de la situación. Tras un encogimiento de hombros se quitó la camiseta con soltura, arrogancia y desafío, sólo para darse cuenta que no se había puesto sujetador.

Mierda.

—Perfecto... digo, bien, yo...—los ojos del Doctor parecían no poder dejar los pechos de Rose. La aludida sonrió a pesar de su sonrojo. El Doctor cerró los ojos unos segundos, al abrirlos sus pupilas se encontraban dilatadas, peligrosas, sin embargo, estaba en control—. Escucharé tus corazones, pulmones y tráqueas.

— ¿Tráqueas? —inquirió Rose temblando ligeramente al contacto del estetoscopio.

—Yup, tienes un sistema respiratorio nuevo, respiración pulmonar y traqueal, mucho más eficiente que la humana. Y un bypass respiratorio en caso de emergencias. Realmente brillante si me lo preguntas—el Doctor movía con frialdad profesional la campana del estetoscopio sobre los pechos de Rose. Ella en cambio no podía suprimir ligeros temblores. Placer, era algo que tendría que experimentar sola antes de aventurarse con el Doctor.

—10 latidos por minuto. Perfectamente normal—interrumpió el Doctor los pensamientos de Rose. Sus dedos presionaban el interior de su muñeca izquierda. El estetoscopio yacía abandonado sobre su cuello.

— ¿Puedo vestirme?

—Por supuesto—aceptó el Doctor tendiendo la camiseta a Rose. Mientras más rápido se cubriera mejor, ¡Ya no era un joven de 90 años, Rassilon! Había pasado los últimos minutos redirigiendo el flujo sanguíneo a zonas que no estuvieran al sur de su cuerpo con tal eficiencia que empezaba a sentir las piernas dormidas.

— ¿Algo más?

—Si, lo completaré con esto—el gallifreyano encendió un pequeño aparato similar a una pistola y apuntó a Rose. Era un escáner médico y ofrecería toda la información necesaria. El estetoscopio había sido una concesión a su deseo por confirmar lo que sus sentidos afirmaban. Su Rose, era su Rose con dos corazones.

—Bien, 16°C, una temperatura adecuada para una Señora del Tiempo saludable—leyó cuando el escáner hizo "ding" —. Sistema circulatorio perfecto, sistema nervioso en orden aunque algo alterado, normal, mmm una mujer perfectamente fértil por lo que dice este aparato, útero, ovarios, todo en su lugar.

—Oh mi... tendré, tendré mi...— ¡Rose no podía preguntarle eso al Doctor! Era un tema de chicas. Aunque tampoco podía descubrirlo sola, y no existía otra Señora del Tiempo a la cual preguntar.

—No, la menstruación es un gasto de recursos, presentarás un ciclo de unos tres meses de duración, siendo un mes fértil. Tu cuerpo reabsorberá lo que no se haya utilizado. No hay sangre. Bueno...—rascó su cabeza—.Ligeros dolores y esas cosas.

— ¿Esas cosas?—chilló Rose.

—Tu sabes, cosas de chicas, probablemente desees destruir una flota Dalek o consumir todo el planeta de los chocolates, cada Señora del Tiempo es diferente. Dura sólo una semana, la última semana del último mes del ciclo. Hablando en términos humanos.

Rose bufó, genial, viviría todo de nuevo con su cuerpo gallifreyano. El Doctor se inclinó sobre la mesa de noche y removió el contenido. Rose observó sus manos, tantas cosas a las que habituarse, ¿Podría con ello?

—Necesito algo de sangre—expresó algo apenado el Doctor sosteniendo una jeringuilla. Rose salió de sus pensamientos y miró la aguja con algo de preocupación—.Necesito que lo tomes con calma, tu piel ahora tiene más capas y es más resistente. Tu cuerpo tiene nuevos reflejos y sentidos, será una experiencia poco agradable sino te relajas—explicó.

—Nunca ha sido una experiencia agradable—suspiró Rose. El Doctor le dirigió una mirada triste y ató el torniquete sobre el doblez del codo izquierdo de Rose. Ella sólo sintió como sus venas protestaban y se alzaban, llenas de sangre a presión, con rapidez giró la cabeza hacia el otro lado, no deseaba alimentar más a sus sentidos.

—Sólo un pinchazo, ¿Vale?—anunció el Doctor tras limpiar con un algodón empapado en frío antiséptico. Rose se removió sin querer, deseaba ignorar toda la composición química que el simple tacto había dejado en su mente—.Rose, relájate—Rose giró la cabeza para responder al Doctor cuando la vio, fría, metálica y muy puntiaguda.

Demasiado.

Apartó el brazo y rogó al Doctor con la mirada.

—Rose, se que es molesto, pero es necesario, quiero estar seguro de tu bienestar, no aceptaré un no por respuesta—afirmó el Doctor tomando de nuevo la mano de Rose para asegurar su brazo y evitar movimientos bruscos de nuevo. Rose cerró los ojos y mordió su labio.

Ahí estaba, el molesto pinchazo, más presión de la que requería su piel humana para romperse. La mano del Doctor solía parecerle muy suave y casi imperceptible cuando era humana, ahora era un poco más dura, y... no, de nuevo no. Rose gruñó en protesta ante la composición exacta del acero de la aguja, era un análisis mucho más exacto, su cuerpo protestaba la invasión y exigía una respuesta, luchar o huir ante la amenaza.

No, no era una amenaza, era simplemente el Doctor asegurándose de su estado de salud. No había nada que temer. Un gemido escapó de sus labios.

—Listo, todo acabó—indicó el Doctor soltando el torniquete y la mano de Rose. Con movimientos practicados ya muchas veces antes, el Doctor colocó algo de algodón e instó a Rose a doblar el brazo—.Lo siento —se inclinó y besó suavemente a la joven en la frente, odiaba hacerle sentir dolor, así fuera necesario.

—Esta bien—murmuró Rose apartando la mirada.

—Oscura y con un saludable tono naranja—anunció el Doctor sosteniendo el vial. Rose le lanzó una hojeada con curiosidad. Si, su sangre era roja, un poco más oscura y con un tono naranja casi imperceptible. No, demasiado. ¿Nueva sangre? Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Oh, Rose, no, no llores, lo lamento, ¿Te he lastimado? ¿Qué sientes? Ya el agujero debería estar sanando, la molestia sólo durará unos segundos—frenético envolvió a Rose entre sus brazos—.Todo está bien, no volveré a hacerlo, lo juro. Bueno, sólo si es necesario... oh Rose, no llores.

— ¡Mi sangre es naranja! —balbuceó Rose sintiéndose la Señora del Tiempo más idiota por quebrarse ante eso, ¡De todas las cosas! Aunque, había soportado demasiado ese día, era demasiado, todo, los sentidos, la repentina maternidad, la tortura, el vínculo, la conversación con el consejero del Rey, su esposo, oh, su esposo, ¿Estaba empezando a olvidarlo?

Rozando la histeria el llanto de Rose incrementó su fuerza. Su rostro buscó el confort que le brindaba el pecho recubierto de rayas y corbata del Doctor.

—Rose, todo estará bien, todo va a estar bien—el Doctor sentía sus corazones romperse ante la imagen de su hum... Señora del Tiempo llorando desconsoladamente entre sus brazos. También sabía, que era una respuesta completamente sana y en cierto sentido, humana. Rose no había sido educada en Gallifrey, su cultura, su forma de ser y su personalidad seguirían siendo humanas.

—Doctor... yo—Rose exhaló repentinamente. Pequeñas partículas de radiación Huon abandonaron su boca. Antes de poder expresar su sorpresa, Rose cayó dormida.

—Eso es, duerme, tus sinapsis y órganos necesitan equilibrarse de nuevo—el Doctor depositó con cuidado a Rose bajo las sábanas. Podía sentir como su temperatura subía ligeramente y como sus corazones empezaban a latir erráticos—.Buscaré una buena taza de té, Rose. El té de Besboolag tiene muchísimos taninos.

El Doctor abandonó la habitación y se dirigió a las cocinas del palacio. Por el camino se encontró con el jefe de la guardia, con frases cortas explicó lo ocurrido para poner a sobre aviso al rey.

N/A: Lo lamento, al fin me he graduado de la universidad :) y me he concentrado en conseguir empleo. Logré encontrar uno, no de mi carrera, pero hay que comer, y he estado muy ocupada. Para compensarlas estoy trabajando en otro fanfic que espero pronto vea la luz.