Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de Nakamura-san


Capítulo 14 "Insomnio"

Kyoko se encontraba tumbada en una de las confortables tumbonas que tenían en el porche trasero de la casa, para ella llamarlo cabaña o bungalow era una ofensa para tan magnífico lugar pues era más grande que la casa de sus caseros. Miraba adormilada pero con añoranza la piscina frente a ella, estaba colocada de tal forma que sus azules aguas se unían a la vista con las del mar dando una sensación de continuidad infinita.

Ren se encontraba a su lado leyendo un libro, también estaba tumbado, saber que tenía unas horas más para mentalizarse parecía haberle relajado bastante. —¿Tienes sueño?— Preguntó al ver por el rabillo del ojo que su compañera cada vez tardaba más en abrir los ojos entre parpadeo y parpadeo.

—Ummmm, no lo sé— Kyoko se desperezó lentamente. —Creo que es la tranquilidad de este sitio, me provoca tanta paz que mi cuerpo desconecta, bueno eso y la comilona que me he dado…—

—Sí, parecías el monstruo de las galletas— Bromeó Ren, pero en realidad estaba encantado al verla comer como lo había hecho.

—Es que todo tenía una pinta estupenda y claro no me podía resistir a probar tantas cosas nuevas…— Kyoko puso un adorable puchero.

—Jajajaja, era una broma tonta— Se carcajeó él. —Es un verdadero placer ver como disfrutas de la comida, haces que hasta a mi me apetezca probarlo todo, cosa que es verdaderamente una rareza—

—Ya, no entiendo por qué normalmente te cuesta tanto comer…—

—Oh tranquila, muy pronto lo entenderás— Esto le hizo recordar lo que debería hacer al día siguiente y su pierna, traicionera como horas antes, volvió a sufrir el dichoso tic.

Dada la cercanía de sus tumbonas, Kyoko alargó la mano para detener el movimiento de su extremidad. —Tranquilo, todo saldrá genial, seguro que no te dejan ni hablar y te atropellen con su cariño—

—No lo sé…— Susurró para sí mismo. —Mañana se verá, supongo— Esta vez habló en voz alta, y no sonaba muy convencido.

—Hola? ¿Se puede?—

La voz del doctor anunciando su llegada interrumpió lo que Kyoko estaba a punto de decir. —Adelante, estamos en el porche Nabuki-sama— Gritó para que el hombre la oyera desde la puerta.

—Llegó la hora de tu tortura…— Bromeó Ren mientras la ayudaba a incorporarse y la servía de apoyo para entrar dentro.

Un ratito más tarde…

—Bueno jovencita, la herida tiene muy buena pinta, ahora que el antibiótico ha hecho su trabajo está cicatrizando bastante bien, creo que en unos días podré quitarte los puntos—

—¿De verdad? ¿Y podré bañarme?— Preguntó Kyoko emocionada y esperanzada, pero luego un pensamiento la hizo dejar de sonreír. —O será que es malo para…, para el resfriado—

—Por enésima vez…, no tienes un resfriado…— La riñó Ren que estaba sentado junto a ella, como hacía siempre que el doctor la examinaba porque quería estar al tanto de todo.

—Si la herida sigue como hasta ahora… sí se podrá bañar, además el agua del mar le hará bien a sus sistema respiratorio, por eso estamos aquí, ¿no? — Aseguró el doctor con una sonrisa, le divertía mucho aquella peculiar pareja de, según se denominaba ellos mismos, amigos, aunque a él le parecía que eran mucho más que eso dada la complicidad que existían entre ellos.

—Genial! — Los ojos de Kyoko brillaban de emoción anticipando el momento en el que pudiera sumergirse en aquellas aguas. —Lo estoy deseando—.

—Eso sí, tendrá que prometerme que se seca bien, incluido el pelo, nada de irse a dormir con él húmedo. Debe tomar el sol pero con moderación y siempre usando protector, no queremos que se queme—

—Sí, sí.. —Aceptaba Kyoko cada una de las recomendaciones. —Se lo prometo—

—Bueno en ese caso…— Nabuki la miró haciéndose el misterioso. —Mañana la dejo darse un chapuzón en su piscina privada, es de agua marina y además está tratada por lo que el riesgo de infección es mínimo—

—Kyaaaaaaaa, gracias doctor! —

—Pero…— Levantó el dedo como advertencia. —Nada de estar horas a remojo, entrar, refrescarse y salir, ¿de acuerdo?—.

—Valeeee— Aceptó ella ahora menos conforme.

—Tranquilo, así lo haremos, un baño rápido después tenemos muchas cosas con la que podemos ocupar el tiempo, ¿verdad?— Añadió Ren, recordándola que mañana tenían cosas importantes que hacer.

—Cierto— El humor de Kyoko volvió a mejorar.

—Lo sé, Sebastian me dijo que tendré que chequearla pronto, así que…— El médico se toco la barbilla pensativo. —¿Qué les parece si después del desayuno aprovecha para el baño y así la puedo revisar después del mismo? —

—Oh eso sería perfecto— A Ren le dejaba más tranquilo, pues aunque decía que no pasaba nada, él preferiría que Kyoko reposara un poco más.

—Bueno pues quedamos así, que descansen— Dicho esto salió de la casa dejándolos en el salón.

Ren sonrió al ver como Kyoko daba pequeños saltitos de expectación sobre el asiento. —Te mueres por meterte, ¿eh?— Señaló hacia la piscina que se veía desde su posición pues las puertas francesas de la terraza estaban abiertas.

—Sí— Kyoko dio unas palmaditas.

—Entonces será mejor que te acuestes, así podrás estar descansada para disfrutarlo plenamente—

—Vale…— Kyoko negó con la cabeza, su amigo había resultado ser una especie de dictador, benevolente eso sí, pero un dictador en lo que a su salud y descanso se refería.

—Venga, te ayudo a ir hasta tu habitación— La ayudó a incorporarse una vez más la sirvió de apoyo.

—Deberíamos haber conseguido unas muletas o un bastón…— Habló Kyoko con tono de disculpa.

—No veo por qué, me encanta este trabajo, incluso estoy planteándome cambiar de profesión, dejar de ser Tsuruga Ren el actor y pasar a ser Kuon el bastón de Kyoko— Bromeó al entrar al cuarto.

—Que bobo eres…— Se rió Kyoko .

—Lo sé, pero lo digo en serio, no me quites el placer de cuidarte y servirte de apoyo— La dejó sentada sobre la cama. —¿Qué necesitas?—

—Corn, ya puedo hacer las cosas solita, puedo apoyar la pierna un poco— Se quejó ella.

—Solo para vestirte e ir al baño, en lo demás te toca dejarte ayudar señorita— Se cruzó de brazos dejando bien claro que no pensaba moverse.

—Está bien…— Se rindió ella. —Me pasas por favor la maleta más pequeña, creo que es donde Jelly metió la ropa para dormir.

Ren obedeció en el acto, fue hasta el armario y cogió dicha maleta, luego se la acercó y se la colocó sobre la cama. —Aquí tienes—

—Muchas gracias, ahora…— Hizo un gesto con el dedo invitándole a salir de la habitación.

—Pero tengo que volver a dejarla en su sitio…— Se quejó.

—La dejaré en el suelo—

—Pero…—

—Buenas noches Corn…— Le advirtió entre divertida y autoritaria.

—Vale…— Ren cogió su mano y mirándola divertido la depositó un tierno beso en ella. —Buenas noches— Luego salió triunfante, puede que ella le hubiera echado, pero él se había vengando dejándola estupefacta en el sitio. —Dejaré las puertas abiertas por si necesitas algo— Alzó la voz ya desde su cuarto que estaba junto al de ella.


Llevaba horas tumbada, había dado mil vueltas para encontrar la postura pero al final había desistido y se había quedado boca arriba mirando, a través de las grandes ventanas que quedaban justo en frente, el movimiento de las olas al llegar a la orilla. A pesar de que la temperatura era muy agradable se había tapado completamente, no porque tuviera frio, sino para ocultar la prenda que estaba usando para dormir. "¿En qué estabas pensando Diosa-sama?". Cuando abrió la maleta se sorprendió al ver que no había nada parecido a un pijama, solo había un montón de prendas de telas muy suaves y delicadas que se resbalaban de sus manos. Si bien era cierto que como Setsuka había tenido que utilizar cosas mucho más minúsculas, algo en su suavidad hacía que estas le parecieran más vergonzosas. Afortunadamente cada prenda llevaba un batita a juego, demasiado corta en su opinión, pero por lo menos la cubría los brazos y el escote. Había elegido un conjunto color blanco que comparado con los demás la parecía el más aceptable, estaba compuesto por un top de tirantes con encaje en el escote y en la zona de la cintura y unos pantaloncitos cortos, puede que demasiado, que terminaban de igual manera.

—Uggggg…— Gruñó al no ser capaz de dormirse, después se puso en pie y con lentitud, intentando hacer el menor ruido posible, comenzó a caminar cojeando. Cuando salió de su cuarto y pasó por la puerta de Ren aceleró el paso para no despertarlo, luego se ayudó de la pared del pasillo para caminar. "Vaya sin mi muleta personal esto es más difícil…". Por fin consiguió llegar completamente a oscuras hasta el salón, paso junto al gran sofá con forma de "L" y abrió el mini-bar.

—Deberías haberme llamado—

—Kyaaaaaaaa! — Kyoko se dejo resbalar hasta el suelo mientras se agarraba la bata a la altura del corazón. —Casi me matas del susto—

Ren se encontraba sentado en el mencionado sofá, su rostro, ahora iluminado por la luz procedente del refrigerador, se veía ligeramente enojado, pero al ver que ella se dejaba caer al suelo se levantó inmediatamente. —Perdona, no quería asustarte—

—Pues menos mal, porque si llegas a querer…— susurró Kyoko dejándose llevar hasta el sofá. —¿Qué hacías aquí a oscuras?—

—¿Y qué hacías tú caminando, sin ayuda y apoyando la pierna a estas horas? — La desafió Ren.

Se miraron durante unos segundos manteniendo un duelo silencioso de titanes, los ojos clavados en los del otro y sin pestañear, hasta que ambos cedieron y contestaron al unísono.

—No podía dormir, así que vine a por un poco de agua—

Ren se agacho y extrajo una botella del mini bar, se la tendió a Kyoko, recogió la suya que había dejado apoyada en el suelo contra la pata de mimbre del sofá y se sentó junto a ella.

—¿Por qué no puedes dormir? ¿Te encuentras mal?— Tocó su frente unos segundos para comprobar si tenía fiebre.

—Tranquilo, me encuentro bien—Aseguró ella. —No lo sé, puede que sea porque dormí tanto durante el vuelo, o porque extraño la cama, o mi pijama…— "O porque él no está tumbado a tu lado…". Señaló un demonio mientras bostezaba. "¿Perdona….? ¡Claro que no, yo no…". "¿Seguro?". "Puffff, no lo sé, déjame en paz".

—Si ya me he dado cuenta…— Ren la hizo un repaso de arriba abajo, después carraspeo. —De que luces un bonito pijama nuevo—

—No sé si a esto se le puede llamar pijama…— Se quejó ella mientras tiraba ofuscada de la bata.

—Difícilmente ya que creo que ya tiene nombre y es bata— Se burló Ren.

—Que gracioso… me refiero a esto— Se abrió la bata para mostrarle a su amigo a lo que se refería. —No sé por qué Diosa-san me ha mandado esto…—

Ren abrió la boca con una exclamación muda mientras la devoraba con los ojos. Por fortuna, o por desgracia, ella estaba intentando estirar el bajo del top y no lo vio. —Puede que pensara que aquí haría calor— Añadió tras tragar sonoramente. "Dios jamás podre borrar esta imagen de mi mente… Gracias Jelly".

—Ni que fuéramos a viajar al séptimo infierno— Se quejó mientras cerraba de nuevo la bata. —Y tú…, ¿por qué no puedes dormir?— Preguntó ajena a la mirada de su amigo.

—Eh…, ejem…, sí…— Ren tuvo que pellizcarse disimuladamente en la pierna para centrarse. —Supongo que estoy nervioso, por lo de mañana ya sabes—

—¿De verdad piensas que va a ser tan malo? — Kyoko subió sus desnudas piernas al sofá y se giró para mirarle.

—No, sí…, no lo sé— Reconoció él, todavía le costaba centrarse porque no podía dejar de mirar esa esbeltas y níveas piernas.

—Seguro que se alegran muchísimo de verte, ya lo verás— Aseguró ella completamente convencida. —Después de todo, indudablemente serán tan geniales como tú, Corn. ¡Ya se! ¡Porque no me cuentas algo sobre ellos!— Pidió con brillo en los ojos.

—Bueno…, a ver…— Ren imitó su posición y comenzó a contarle cosas.

Tras un rato de charla, y bastantes risas por parte de la chica que escuchaba ensimismada, Ren paró de hablar al notar como Kyoko cambiaba de postura y se iba dejando resbalar hasta apoyar la cabeza en su regazo.

—¿Kyoko? —

—¿Ummmm? —

—Te estás quedando dormida, venga debes acostarte—

—No un ratito más, sigue contándome cosas…— Susurró.

—Ya habrá tiempo…, aquí vas a coger frio, recuerda que el objetivo es que mejores y no lo contrario—

—Pero es que contigo duermo mejor…— Kyoko estaba ya casi dormida y no era capaz de utilizar el filtro que empleaba siempre antes de hablar.

Los ojos de Ren se abrieron sorprendidos, después una cálida sensación recorrió su cuerpo. Se puso en pie y la cogió en brazos.

—No…— Protesto ella.

—Me quedaré contigo y te contaré hasta que te duermas— Prometió apretándola contra su pecho.

—Vale…— Suspiró agradecida.

Una vez que la depositó en la cama y la tapo un poco, se debatió entre hacer lo que había dicho o ser un poco sensato y dejarla sola. Pero ella terminó con la cuestión pues le agarró del pantalón para impedirle que se fuera. Así que hizo lo único que podía y realmente quería hacer, la movió un poco, se hizo hueco y se tumbó junto a ella.

—Corn? —

—¿Sí? — "Mierda se ha espabilado y ahora me va a echar…".

—¿Dónde está tu camiseta?— susurró ahora completamente dormida mientras se acurrucaba sobre el pecho de su amigo.

Ren soltó una pequeña risita, luego la arropó con sus brazos y cerró los ojos aspirando el delicioso aroma a frutas del pelo de la chica. —Buenas noches—