Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de Nakamura-san
Capítulo 15 "Dormilones"
Toc, toc, toc…
Unos tímidos golpes despertaron a Ren, se sintió desorientado y se sorprendió al ver que una cabellera rubia cubría sus pectorales, pero solo tardo unos segundos en recordar donde estaba y con quién. Con mucho cuidado, para no despertarla, salió de la cama para ir hasta la puerta.
—Buenos días señor…— Sebastian saludó desde el umbral de la casa cuando Ren abrió. —Siento molestar, pero he llamado a recepción para asegurarme que les habían entregado correctamente el desayuno y me informaron de que aun no lo habían pedido. No les hubiera molestado, pero como ya es un poco tarde y la señorita debe alimentarse a las horas marcadas…— Se notaba que en el fondo el servil mayordomo hubiera preferido dejarles dormir tanto como quisieran, pero tenía órdenes muy claras de su jefe.
—No…, no te preocupes has hecho bien…— Ren le invitó a entrar. —Es culpa mía, debería haber pedido que me despertaran, ¿qué hora es? —
—Pues son las once señor—
—¿Tan tarde?— Se sorprendió Ren, desde luego dormir con Kyoko tenía sus ventajas, pero estaba claro que la puntualidad no era una. —¿A qué hora iba a venir Doc.?—
—A las doce, señor—
—Vaya… a Kyoko no la va a gustar nada saber que se perderá su baño…— Se lamentó Ren. —Iré a despertarla, ¿me haces el favor de encarga que nos traigan el desayuno? —
—Me he tomado la libertad de hacerlo ya, estará aquí en unos minutos—
—Gracias Sebastian, eres el mejor— Ren miró la piscina a través de las puertas. —¿Crees que podríamos retrasar un poco la revisión de la mañana con Nabuki-san?—
—Lo siento señor, pero el presidente ha llamado y ruega que haga lo que ha venido a hacer cuanto antes, su despacho ha sufrido alguna clase de percance con una mercancía enviada, al parecer por error—El mayordomo no pudo evitar sonreír, ya que aunque nunca lo diría en voz alta disfrutaba muchísimo del ir y venir de bromas.
—¿Qué ha sido esta vez? — Preguntó Ren mientras se sujetaba el puente de la nariz y negaba.
—Por lo que pude oír de fondo diría que kilos y kilos de pescado en estado poco salubre, ya me entiende—
—Ya me imagino… En fin, ¿podría por favor decirle al doctor si podemos cambiar el plan del baño y la revisión posterior a esta tarde?—
—Claro, ahora mismo, pero…— Ya estaba saliendo por la puerta cuando se detuvo. —¿No prefiere preguntárselo cuando venga en una hora?—
—Prefiero que ella no escuche la petición, porque decirle que no es bastante difícil, y no quiero que el buen hombre acceda si no es conveniente para ella, ¿me entiendes verdad?—
—Ya lo creo…— Sebastian estaba recordando las dos horas que Kyoko se había pasado en el avión suplicando que él la perdonara por haberse visto obligado a viajar con ella. Por más que la aseguraba que no había nada que perdonar, que era su trabajo y lo hacía encantado, tuvo que claudicar ante la joven y aceptar una disculpa que ni quería, ni necesitaba. —Bueno, ahora me retiro, vendré después de la revisión para darles los detalles—.
—Gracias— Ren le despidió, cerró la puerta y volvió al cuarto. —Kyoko….— Susurró al entrar, como ella estaba profundamente dormida, se sentó a su lado y la comenzó a acariciar la nariz haciéndola cosquillas. —Kyoko…, despierta…—
Tras varios intentos fallidos, en los que los ojos de Kyoko sólo alcanzaban a pestañear, la chica abrió sus adormilados perlas ambarinas. —Ummmm, hay demasiada luz…— Protesto mientras se desperezaba cual larga era.
—Eso es porque son las once de la mañana. Lo siento, creo que nos hemos quedado dormidos— La explicó con pena— Están a punto de traernos el desayuno y el doctor no tardará en llegar—
—Oh…..— Kyoko hizo un puchero. —Me he quedado sin mi chapuzón—
—Lo sé y lo siento, ha sido culpa mía, debería haberme despertado más pronto, pero con la charla nocturna de anoche me ha costado más de lo que creía—
—No te disculpes, yo también podría haberme puesto una alarma o algo…— Kyoko se quedó pensativa unos segundos. —Aunque no recuerdo muy bien en qué momento me quedé dormida…—
Toc, toc, toc…
—El desayuno— Aclaró Ren al oír que llamaban, sintió cierto alivio por librarse de momento de explicarla cuando y en qué condiciones se quedó dormida.
Kyoko que todavía seguía plácidamente estirada bajo la sabana hizo un pequeño mohín al pensar en levantarse.
—¿Te apetece un desayuno en la cama?— Preguntó Ren, siempre atento a sus caprichos aún cuando no les enunciara.
—Si tú quieres…— A pesar de hacerse la desentendida, los ojos de Kyoko la delataban.
—Jajajajaja, espera aquí, vuelvo en un segundo—
El amable camarero insistió en llevar el carrito hasta donde lo necesitaran pero Ren se negó en redondo, ni loco dejaría que otro hombre viera a su preciosa Kyoko tan encantadora como estaba recién levantada, y mucho menos con ese minúsculo pijama. Suficiente tenía con controlarse a sí mismo como para tener que estar pendiente también de ningún otro hombre babeando por ella. Por eso, había sido él quien lo había llevado junto a la cama y quien había servido a Kyoko todo lo que se la antojó.
Para satisfacción de ambos, tanto ella como él desayunaron bastante. Después Ren se fue a su habitación para asearse y vestirse, no sin antes ayudar a Kyoko a llegar al baño de su propio cuarto y acercarle la maleta que necesitaba.
Cuando Ren volvió al cuarto, la encontró intentando mover la maleta. —¿Sabes? — Preguntó mientras se acercaba a ella, la quitaba el pesado bulto y lo llevaba él mismo hasta el interior del vestidor. —Deberías dejar que Sebastian deshaga tu equipaje, así podremos dejar descansar a tus pobres maletas—
—No puedo dejar que un hombre ande con mi ropa…— Se quejó Kyoko, como buena chica educada en las más convencionales costumbres niponas.
—Bueno…, pues deja que lo haga yo— Añadió Ren como si fuera lo más lógico. —Soy tu amigo, ¿no? —
—Pues claro, pero que yo sepa…, el hecho de ser mi amigo no ha hecho que repentinamente tu sexo cambie, ¿verdad?—
—No, gracias a Dios! — Exclamo Ren fingiendo sentirse horrorizado, pero terminó carcajeándose.
—Pues entonces…, nada de andar con mi ropa— Sentenció ella tajante.
—Al final voy a tener que conseguirte ese bastón…— Se quejó Ren con un puchero. —Si no me dejas ayudarte…—
—No! — Negó Kyoko.
—¿No?— Ren inclinó la cabeza sorprendido por la velocidad con la que ella había respondido.
—Esto…, bueno…— Kyoko se sonrojó. —Quiero decir…, Nabuki-san dijo que pronto podrá quitarme los puntos, así supongo que ya podré andar mejor por lo que me será más fácil desempacar yo sola, ¿no? — Intentó explicarse, pero su sonrojo delataba que no estaba siendo del todo sincera.
—Ya claro…— "Que mal mientes Kyoko-chan, ojalá fuera capaz de intuir lo que pasa por tu cabeza".
Mientras pensaba en ello, la miró detenidamente, no lo había hecho al centrarse sólo en que ella no se sobre esforzara. Se había puesto un encantador vestido blanco con pequeños volantes, su diminuta cintura quedada enmarcada con la ayuda de un lazo azul y la parte superior, palabra de honor, destaca su busto. Sonrió al ver como ella, indecisa y visiblemente nerviosa, no hacía más que cambiar de calzado una y otra vez. —Oye…, el que debería estar nervioso soy yo, no tú— La regañó con una sonrisa.
—Ya claro, perdona…, tienes razón…— Se disculpó ella ruborizada.
—Eh…— Se acercó a ella y se colocó a su espalda quedando los dos reflejados en el espejo. —Que era broma, solo quería que te relajaras—
—No, si tienes razón, eres tú el que importa, pero…— Volvió disculparse mientras ese movía nerviosa y se recolocaba innecesariamente el vestido.
—¿Pero qué? —Puso las manos sobre los delicados hombros de su amiga para detener sus movimientos.
—Es que es la primera vez que la voy a ver y no quiero causarle una mala impresión…— Kyoko se había sonrojado aún más. —Aunque ya sé que es ridículo que me sienta emocionada porque es verte a ti lo que les va a alegrar…—.
—Lo primero, tu no causarías mala impresión ni aunque lo intentaras. Segundo, no es ridículo que te sientas emocionada por verla. Y tercero estoy seguro de que les hará mucha ilusión verte, espero que vernos a los dos— Añadió esto último demostrando que él también estaba nervioso por la parte que le tocaba—
—Tranquilo…— Kyoko puso su mano sobre una de las que cubría su hombro. —Les encantará—
—Bien, vamos a la sala que el doctor te espera—
Después de un rápido chequeo, el doctor se retiró, Ren ayudaba a Kyoko a salir al exterior cuando llegó el siempre puntual Sebastian.
—Buenos días…— Saludo por primera vez a Kyoko y de nuevo a Ren. —Su bungalow se encuentra al otro extremo de la playa, ¿quieren que les acerque con el coche?—
Ren no dejaba de mirar a Kyoko que en esos momentos miraba emocionada la blanca arena de la playa. —No tranquilo, iremos dando un paseo—
—Como quieran, ¿le gustaría que consiga algún apoyo para que la señorita pueda caminar mejor?—
—No es necesario, el doctor la ha dado permiso para que apoye un poco más la pierna, y yo la ayudaré para que no se esfuerce demasiado— Aclaró Ren.
—De acuerdo, si me necesitan llevo el teléfono siempre operativo, que tengan buena mañana— Sebastian se despidió con una reverencia.
—¿Preparada?— Preguntó Ren acercándose a ella y sujetándola por la cintura.
—¿Y tú? — Kyoko giró el rostro para poder mirarle directamente.
—Ni un poco…— Confesó, pero sonrió antes de comenzar a descender, ayudando a Kyoko, la pasarela de madera que les conducía a la arena.
Realmente iban en modo paseo, andaban bastante lento ya que la arena no era precisamente el suelo más cómodo para caminar después de llevar tantos días sin apoyar la pierna. Aun así, como él no la soltó en ningún momento y cargaba con bastante de su peso, no la resultó muy molesta la caminata.
Durante el trayecto iban conversando sobre lo maravilloso que era aquel lugar, la arena era blanca y fina, el mar de un precioso azul turquesa, y se veían las zonas de corales con suma claridad aun desde la orilla. Unos niños, que por su acento parecían americanos, jugaban en la orilla haciendo un castillo, justo cuando pasaron a su lado, la niña reñía a su hermano por algo que había hecho, él la respondió con una sonrisa pilla y un guiño de ojos.
Algo hizo clic en la cabeza de Kyoko y la trajo a la mente una pregunta que hace unos días ya había querido hacer, pero que por los acontecimientos que surgieron no llegó a formular. —¿Corn? —
—Dime— Ren estaba calibrando la distancia que les quedaba, cada vez era menor. De hecho hacia unos minutos que había visto el movimiento de una melena tras la ventana del lugar al que se dirigían.
—¿Puedo hacerte una pregunta?—
—Claro…— contestó todavía pendiente de aquella figura que estaba claramente de espaldas al lugar por el que ellos llegaban.
—¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me besaste en Guam?— Apenas si susurró la pregunta.
Ren se paró en seco, no es esperaba que ella le hiciera nunca esa pregunta, no de forma tan directa al menos. —Yo…— Daba miles de vueltas en su cabeza para buscar una excusa, pero luego recordó su promesa. —¿Recuerdas lo que te prometí el día que te conté toda la verdad?—
—Sí, que nunca más me mentirías— Contesto Kyoko sin comprender.
—Y quiero mantenerlo, siempre, por eso te pido que me des algo de tiempo antes de contestar a esa pregunta— Pidió mirándola con mucha intensidad.
—Vale, pero…¿puedo saber por qué? — Ella no pudo, ni quiso negarse a la petición, pero su curiosidad podía con todo.
—Porque han sido unos días frenéticos, de confesiones y descubrimientos, acabo de recuperar a mi mejor amiga y ahora mismo no me siento capaz de explicar nada más, pero te juro que lo haré— Prometió solemnemente. —Además…— La obligó a mirar hacia el lugar al que se dirigían, que estaba ya a solo unos metros. —Nos esperan ya—
Kyoko siguió la mirada de Ren para encontrarse que en el porche de un bungalow muy similar al suyo, dos personas los observaban fijamente.
