Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de Nakamura-san


Capítulo 17 "¿Comestible?"

Cuando los hombres entraron en la casa vieron que Jullie ya se había puesto un delantal y comenzaba a husmear por todos lados en busca de ingredientes. Mientras tanto Kyoko, a la que la modelo había dejado en un taburete alto junto a la barra, se removía algo incomoda.

Ren, sabedor de que no existía forma humana de que su madre les dejara mantenerse alejados de ella, cogió una pesada mecedora con reposapiés del salón y la llevó hasta ellas. —Ven, aquí estarás más cómoda— sugirió mientras prácticamente la cogía en volandas y la depositaba en ella.

—Oy perdona cielo, que tonta soy…— Se disculpó Jullie mientras observaba como su hijo la acomodaba con suma delicadeza. —Muy amable por tu parte hijo— Añadió con picardía.

—Demasiado diría yo— Renegó Kuu en voz apenas audible.

—¿Qué dice otôsan?— Preguntó Kyoko aún sonrojada por aquel contacto.

—Bueno chicos…— Interrumpió Jullie dedicándole una mirada envenenada a su marido, mientras como quien no quiere la cosa ponía sobre el fuego la cazuela más grande que Kyoko hubiera visto jamás, y eso que trabajaba en un restaurante. —¿Por qué no nos lo contáis todo? —

Fue una conversación larga pero fluida, los dos jóvenes se intercalaban al hablar de forma verdaderamente sincronizada, añadiendo detalles a las frases del otro.

El matrimonio les escuchó atentamente y procurando guardar silencio, aunque se les escapó alguna que otra exclamación ahogada, sobre todo cuando por primera vez conocieron lo que antes solo suponían, todo lo que Kuon vivió en América de niño. Cuando llegó la parte de por qué les había abandonado así, ambos fruncieron el ceño, hasta que la parta de Rick les hizo darse cuenta de lo mucho que había sufrido su hijo, más de lo que podían suponer.

—Y allí estaba yo, trabajando duramente, más centrado y tranquilo que nunca cuando me reencontré con cierta joven…— Estaba contando Ren mientras se acercaba a Kyoko y se sentaba en uno de los reposabrazos de su mecedora, lo que hizo que ella se sonrojara de nuevo.

"Bueno Corn…, tampoco hace falta que te acerques tanto, que estamos con tus padres…". Pensó Kyoko mientras desde su posición más baja le miraba con el ceño fruncido. Pero cuando él le devolvió la mirada desapareció el frunce para dar lugar al levantamiento incrédulo de cejas. "O más bien, Ren ¿Por qué te acercas tanto?".

—¿Cómo que reencuentro?— Interrumpió Kuu el cruce de miradas.

—Shuuuu, déjales hablar— Le riño Jullie usando una gran cuchara de madrea para amenazarle.

Escuchar esta parte de la historia fue mucho más divertido para el matrimonio. Su lugar secreto, sus encuentros, las hadas, los príncipes…, ambos sonreían con cada palabra que escuchaban. Además era una gozada ver la luz en los ojos de sus hijos mientras hablaban, sin parar, de aquella época.

A pesar de estar concentrados en la historia, Kyoko no pudo dejar de observar disimuladamente los ingredientes que Jullie añadía a lo que supuso era una especie de guiso. No lograba comprender como iban a casar unos con otros en lo referente al gusto, pero supuso que sería alguna receta americana y ella no conocía mucho su cocina.

—Querido prueba esto y dime si debo añadirle alguna especie más— Pidió Jullie mientras le extendía una cuchara rebosante a su marido.

Kuu suspiro y armándose de valor engulló lo que ella le ofrecía. —Coof, cof, cof…— Kuu sufrió un atragantamiento en toda regla, aunque intento disimularlo con una sonrisa. —Querida, creo que con el tabasco ya fue suficiente— Sus ojos lagrimeaban sin poderlo detener. — A lo mejor deberíamos pedir algo…—

—Claro que no!… Es verdad que a lo mejor se me fue la mano…— Jullie su acarició la barbilla y de repente sonrió. —Pero no pasa nada, le añadiré más sal y unas cuantas hierbas y eso lo rebajará— Dicho esto se puso en acción, vertiendo miles de cosas más.

Kuu empalideció y negó con la cabeza. —Bueno, ¿ podéis explicarnos por qué mi amigo…—

—Querrás decir secuestrador— Puntualizó Jullie mientras añadía algo que parecía una especie de fruta tropical con pinchos.

—Esto…, si bueno…, ¿por qué Lory no nos ha permitido alojaros en nuestra casa?— Finalizó Kuu ignorando la pulla de su mujer.

—Bueno…, Kyoko necesita descansar— Se apresuró Ren a explicarse.

—Aquí podría hacerlo perfectamente, y nadie la molestaría, ya sabes que esto es nuestro— Protestó Kuu.

—¿El bungaló es suyo?— Preguntó Kyoko sorprendida.

—Todo el resort es nuestro cielo— Aclaró Jullie mientras removía con demasiado esfuerzo el guiso.

—Ahhhhh— Ahora Kyoko empalideció impresionada a la par que escandalizada. "Dios mío…, deben ser muy ricos". Este último pensamiento la hizo sentirse insignificante, una hormiga en un mondo de gigantes.

—Ellos lo compraron como inversión y lo han convertido en una especie de resort solidario…— Explicó Ren poniendo una mano sobre el hombro de la chica, sabedor de lo que estaría pensando ahora mismo.

—¿En serio? —

—Si cielo, muchos famosos acuden aquí en sus vacaciones y además de descansar, consiguen ayudar a diferentes causas. Tenemos un programa para ayudar a las tortugas marinas y muchos otros sobre todo destinados a conseguir un mayor autodesarrollo en el continente, ya sabes eso de enseñarles a pescar y no solo darles el pescado— Añadió Jullie que miraba ceñuda su creación culinaria.

—Eso es muy generoso por su parte…—

—Sí, sí, sí…, pero a lo que íbamos, ¿por qué no os podéis quedar con nosotros?— Interrumpió Kuu no dispuesto a cambiar de tema.

—Estamos al lado papá…—

—Estáis a la otra punta del complejo—

Las dos mujeres observaban en silencio el partido de tenis verbal entre padre e hijo, que a cada momento se iban estirando cual largos eran de forma desafiante a la par que se acercaban peligrosamente.

—Además de por la recuperación de Kyoko, también hemos venido por trabajo—

—¿Y qué? Podéis trabajar aquí? —

—Tenemos cosas que hacer y necesitamos tranquilidad e intimidad…—

—¡Qué clase de cosas requieren intimidad! —

—¿Sabéis qué? — Interrumpió Jullie al percatarse del tremendo sonrojo que se había apoderado de su nueva hija, se acercó hasta ellos con un plato de su guiso y se lo puso bajo sus narices, consiguiendo que ellos se apartaran y dejaran el concurso de testosterona. —He cambiado de idea, me apetece comer en el restaurante. Quiero que mi niña pruebe el exquisito menú Criollo que prepara Dominic, ¿te apetece?—

—Nunca he comido algo así! — Exclamó extasiada Kyoko.

Ante la ilusión de la chica los dos hombres abandonaron su batalla dialéctica para darla el gusto de comer lo que quisiera, y ya de paso librarse de comer el ungüento de Jullie que ahora parecía un buen producto de unión para ladrillos.


Muchas gracias por vuestros Reviews, aunque eso de que algunas lloreis..., no se yo, no me gusta hacer llorar al personal, jajajaja. Leyendo vuestros comentarios me da cosica decepcionaros un poquito con la historia, como ya dije en el prologo este fic está hecho con las cosas que descarté del anterior y no se si va a cumplir vuestras espectativas. Aunque..., vuestros comentarios y opiniones digamos que inspiran..., nunca se sabe lo que puede salir en un futuro. ;P