Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de Nakamura-san
Gracias Setsukachoi y PaulaGato por vuestros reviews, no faltan nunca y es verdaderamente de agradecer.
Capítulo 20 "Eclipse"
Después de la visita del médico, que para su alegría decidió quitarla los puntos, Kyoko se quedó tumbada en el sofá ojeando unos panfletos sobre la isla mientras Ren atendía una llamada. —¿Quién era? — Le preguntó cuando se dejó caer a su lado cansado.
—Era el presidente, quería saber cómo sigues— "Y de paso torturarme con sus locas ideas románticas".
—Mira…— Le mostró su pierna.
—Te ha quitado los puntos…, ¡eso es estupendo! — Exclamó Ren con alegría, olvidando así el leve enfado que tenía por haberse perdido la revisión por culpa de la llamada. —¿O no? — Añadió al ver que ella fruncía el ceño.
—Si supongo que si…— Susurro Kyoko.
—Entonces…, ¿por qué esa cara?—
—Es que el doctor dice que el sol y la cicatriz no son buenos aliados…—
—¿Y por qué coño no pensó en eso antes de venirnos a un lugar, tan soleado? —
—Esto…— Kyoko se impresionó ante la furia de su amigo.
—Perdona, no quería gritar, es que no lo entiendo, que se supone que vas a hacer ahora, ¿quedarte aquí todo el día encerrada? —
—No, me ha dado unos parches especiales para protegerla del sol, además de una crema solar de protección total— Explico Kyoko, aunque seguía apenada.
—Bueno…, eso es otra cosa, es fantástico—
—Ya pero es que…— Se sonrojó visiblemente.
—¿Pero qué?— Ren cada vez entendía menos.
—Es que son enormes! — Confesó apenada. —Y me quedará una marca horrible, porque claro el resto de mi cuerpo se pondrá moreno y de de pronto… ¡Zas un blancón en medio de la pierna! —
—Jajajajajajaja— Ren no pudo evitar carcajearse cuando lo comprendió.
Kyoko frunció los labios y después hizo un enorme puchero. —No seas malooooooo, jolines no te rías de mi—
—Jajajajajaja— Ren no podía parar. —Jajajaja…, no perdona…, jiji…, si no me rio de ti…—
—Sí que lo haces…— La rabia estaba a punto de hacerla llorar.
—Ejem, ejem…— Tosió para controlar la risa, no le gustaba verla tan enfadada. —Te prometo que no me estoy riendo de ti, es que no sabía que fueras tan coqueta—
—No yo…, no soy coqueta…— Avergonzada comenzó a entrelazar los dedos. —Es que nunca he podido visitar un sitio como este, y pensé que conseguiría un bonito bronceado que me haría parecer un poco hermosa…— Ahora sí que se sonrojó a más no poder. —Quiero decir, que a lo mejor lucía bien con él…—
Ahora sí que Ren recuperó toda la seriedad, no le gustaba nada la costumbre de su amiga de menospreciarse a sí misma. ¿Cómo no podía ver lo sumamente hermosa que era? ¿Cómo no veía que los hombres se volvían a su paso allá por donde iba? Cosas que por cierto a él le hacía hervir la sangre y le volvían loco, una de deseo y la otra de celos. —Kyoko-chan…—Advirtió seriamente para que lo mirara. —No sé como tengo que decirte que no necesitas que nada te vuelva hermosa, ni el sol, ni el maquillaje, ni las caracterizaciones de tus personajes, porque tú ya eres hermosa, y mucho de hecho—
Sonrojada volvió a esconder el rostro. —Gracias Corn, eres un buen amigo—.
"Ves, sabía que la fríen-zone podría ser tan molesta como la sempai-zone. Dame paciencia Dios mío…". —¿Y ya podrás bañarte con tranquilidad? — Decidió cambiar de tema.
—Bueno…—No quería decirle lo que había dicho el doctor porque sabía que la obligaría a cumplirlo.
—Puedo llamar a Nabuki si lo prefieres…— Con la ceja levantada Ren imponía bastante.
—Vale…, con respecto a la herida sí que puedo perder cuidado, pero me ha dicho que hasta que mejore de lo demás tendrá que ser como hoy— Cedió a contarle la verdad.
—Sólo a las horas en que haga bastante calor, por corto tiempo y siempre y cuando te seques bien— Enumero Ren para asegurarse.
—Sí…— Reconoció ella desilusionada porque su amigo no olvidaba nada.
—Bueno…, podría ser peor, podría habértelo prohibido—
—Ya…—
—En fin, no le des muchas vueltas Kyoko-chan, después de todo hoy obedeciste y te divertiste, ¿no?— No pudo ocultar la duda en su voz. "A lo mejor para ella no ha sido tan especial como para mí…".
—Tienes razón— Sonrió de pronto. —Todavía puedo jugar un rato cada día con Corn. ¿Sabes?, siempre quise bañarme contigo en aquella laguna— Confesó risueña. —Ha sido genial poder hacerlo, aunque sea en una piscina—
—Sí, lo ha sido— Ren sonreía feliz, por un lado por el hecho de complacer un deseo de hace tanto tiempo, y por otro porque estaba claro que quería repetirlo a diario. —Te propongo un trato—
—¿Cual?—
—Si te portas bien, y sigues las recomendaciones de doctor, te prometo que algún día iremos juntos a nuestra laguna, ¿te parece? —
—¡Siiiiiií! — Extasiada saltó sobre el sofá.
—De acuerdo, tenemos un trato—
Estrecharon la mano mientras se miraban el uno al otro con la misma inocencia y alegría con la que lo hacían años atrás en ese lugar tan especial.
Cuando tocaron a la puerta, Ren se levantó extrañado para abrir. —¿Quién será? —
—Oh se me había olvidado— Kyoko se sentó correctamente en el sofá. —He pedido que nos trajeran la cena, no sabía cuánto tiempo te iba a llevar la llamada—
—Me parece bien— Pero cuando vio al camarero que estaba al otro lado ya no le pareció tan buena idea. Era el mismo que había insistido en llevar el desayuno hasta donde se encontrara Kyoko, el mismo que por la mañana no dejó de regalarle sonrisas más que amistosas en el restaurante. Gracias a todos los dioses, ella era muy despistada para esas cosas y ni se había percatado. Claro que eso no quitaba que Ren sintiera deseos de borrarle la sonrisa de un guantazo. Con una de sus caras más encantadoramente falsas, le quitó el carrito de las manos, le dio una propina y le despidió, todo ello sin dejar siquiera que echara un vistazo a la habitación. Después le cerró la puerta en las narices y obligándose a no hacer pagar a su amiga el mal humor que el empleado le provocaba, se dispuso a colocarlo todo en la mesa del comedor.
Cuando ya casi habían terminado, Ren se acordó de las hierbas que el doctor había traído para su amiga. Mientras ésta disfrutaba de su postre se acercó a la cocina, que no habían usado ni una sola vez, y puso agua en una tetera. Cuando abrió el bote, volvió a sentir la misma repugnancia que sintió la primera vez. Con cuidado le cargó lo menos que pudo, le dejó reposar unos minutos y le sirvió en una taza. A pesar del mal olor, la curiosidad pudo con él y probó un poco.
—¿Te encuentras bien? — Preguntó Kyoko, levantando la vista de su plato, al oír como Ren tosía de forma exagerada.
—Sí, sí tranquila…— "Puag…¡menuda guarrería!". Buscó como loco hasta que dio con el azúcar, casi vació medio bote, esperando que eso mejorara aquel potingue. —Kyoko-chan, no termines todo tu postre! — Gritó al percatarse del mal sabor que esto la dejaría y más después de comer algo tan dulce.
—¿Por qué….?¡A qué diablos huele! —Arrugó la nariz cuando Ren apareció con la tacita de té.
—Lo siento mucho…, pero son ordenes de Nabuki— Ren la miró apenado cuando puso frente a ella la infusión. —Dice que es muy bueno para el sistema respiratorio y que te hará bien—
Ella desconfiada removió el líquido verdoso. —¿Está seguro? Porque a mí me huele a calcetines sucios conservados por décadas en un estercolero—
Ren tuvo que contenerse para no desternillarse y darla la razón, porque aunque fuera verdad, y él podía dar fe de ello, tenía que tomarlo de igual modo.
Con el primer trago, la chica casi se atraganta, además su rostro adquirió un tono verdoso muy similar al del líquido. —Puag! Esto no hay ser humano que lo pueda beber…—
—Ya lo sé…, pero es por tu bien— Ren masajeo un poco su espalda para evitar que el atragantamiento la provocara la tos.
—No puedo Ren…, no me obligues a beberlo por favor…—
"Por favor no me mires así…". —Lo siento pequeñaja, te juro que si pudiera te ahorraría este trago, pero tienes que ponerte bien, y esto ayudará—
—Pero es que no sabes lo mal que sabe…— Lloriqueaba de forma infantil Kyoko.
—De hecho sí que lo sé, lo he probado antes de traértelo—
—¿Y por qué has hecho eso? ¡Sólo con olerlo es suficiente para querer salir huyendo de la casa!—
—Porque no iba a darte algo que olía tan mal sin probarlo antes, ¿y si el doctor se hubiera confundido?, ¿y si fuera venenoso? —
—Pues te habrías envenenado tú…— Kyoko el miraba sorprendida, estaba claro que el grado de lealtad de su amigo era enorme.
—¿Te imaginas? — Bromeó Ren. —Ahora estarías en una casa que huele al séptimo infierno y encima tendrías un cadáver de adorno—
—Ren idiota! — Enfadada le dio un codazo en el estómago. —¡No bromees con esas cosas! —
—Vale…, perdóname, no ha tenido gracia— Se disculpó sinceramente.
—Vale te perdono, pero… Cómo recompensa por ser tan benevolente, ¿Qué te parece si olvidamos la pócima del infierno? — Abrió los ojos esta vez como un gatito suplicante.
—Buen intento…— Ren empujó la taza para acercársela más.
—Jolín…— Cuando vio que su puchero no estaba dando resultado miró ceñuda la taza.
—Venga, si lo bebes todos los días como Nabuki ordenó…—
—¡Queeeé! ¿Está loco? ¿Es que acaso piensa que voy a beber esto todos los días? —
—De hecho tienes que beberlo dos veces al día…—Antes de que ella volviera a interrumpirle se adelantó. —Si lo haces…, te podrás quedar con el recipiente que las contiene—
—Y para qué demonios voy a querer yo semejante cosa, seguro que el tufo está incrustado en…— No pudo seguir pues ante sus ojos apareció el objeto mencionado. —Pero seguro que si lo friego bien, no quedará ni rastro. Kyaaaaaaaa! —
Ren sonrió cuando ella le quitó el bote de las manos, luego, como una buena chica comenzó a beber mientras lo observaba. —Buena chica…—
Ella le sacó la lengua, y mientras terminaba acarició el elaborado diseño de la lata, donde hermosas hadas danzaban sobre un riachuelo a la luz de las estrellas.
—Esto Kyoko-chan, hay una cosa que quería comentar contigo— Se puso serio.
—¿Qué ocurre? —
—Verás, he pensado que dado que la recuperación de tu enfermedad va a ser un poco larga, a lo mejor deberíamos empezar a trabajar.—
—Ah…— El corazón de Kyoko empezó a martillear, pensó que habían decidido esperar a ver que decía el doctor.
—Tranquila, iremos poco a poco, podemos empezar por leer el guión al completo, ya que ninguno lo ha hecho. Familiarizarnos con el personaje no debería ser un problema pero, por lo poco que he visto, parece que Konoe-san ha añadido sus propias licencias y sería conveniente que las conozcamos bien—
—Ya…—
—De todas formas, el presidente ha dicho que de momento sólo estas autorizada para un par de horas de trabajo, el resto tienes que dedicarlo por completo a tu recuperación. Así que si te parece bien mañana, después del baño, podríamos leer un rato. ¿Qué me dices? —
—Sí…, claro supongo que está bien…—
—Perfecto— Aseguró Ren, aunque no había pasado por alto que su amiga se había sonrojado y parecía petrificada. —Bueno, eso mañana, ¿ahora te apetecería ver el eclipse lunar que se verá esta noche? — Consultó su reloj.
Kyoko saltó de su asiento emocionada. —Siiiiií! —
—Jajajaja, de acuerdo— Ren la revolvió el pelo como a una niña— Te iba a decir que te pusieras el pijama mientras iba a por unas mantas, pero dado lo…, esto…—
—¿Ligeros? — Le ayudó Kyoko.
—Sí, eso, dado lo ligeros que parecen ser, será mejor que te busque algo que abrigue más—
—Vale…—
Ren desapareció por el pasillo, a los pocos minutos volvió con dos mantas no muy gruesas, una sudadera y unos calcetines para Kyoko. —Seguramente te quedará todo enorme, pero por lo menos estarás abrigada—
—Eh…, gracias— Se sonrojó un poco. —Dame unos minutos, enseguida vengo—
—Claro, iré preparándolo todo fuera—
Ya en su cuarto, Kyoko se quitó el vestido y se puso otro de sus "pijamas", por llamarlo de algún modo. Esta vez eligió un camisón, después se introdujo en la enorme sudadera. No pudo evitar deleitarse con lo mucho que olía a él, mirándose al espejo se regañó a sí misma. —Ya basta! No seas pervertida— Sacándose la lengua, se puso los calcetines y salió a la terraza.
Mientras tanto, Ren había orientado las tumbonas hacia la luna, apagado las luces de la terraza y las del comedor. Esperó sentado hasta que la vio a parecer a través de la penumbra, la boca se le abrió sin poder evitarlo. "Qué curioso, ¿por qué me parece que está todavía más irresistible con mi sudadera, que la queda enorme, que con el conjunto sexy que lucía ayer?".
— Siento haber tardado— Se sonrojó mucho ante la mirada de su amigo.
—No tranquila, todavía faltan unos minutos— Se obligó a sí mismo a dejar de mirarla como un lunático. —Ven, debes abrigarte bien— Esperó a que ella se sentara para estirar las dos mantas.
—Pensé que tu usarías una— Protestó ella.
—A ti te hace más falta, y una me parece poco abrigo—
—Pero son muy grandes, podríamos compartirlas— Soltó ella sin pensar.
Ren la miró fijamente, sabía que lo correcto era negarse porque ella era tan inocente…, pero antes de poder evitarlo, se vio a sí mismo acercando su tumbona hasta que las dos formaron una especie de gran sillón. Luego, abrió de nuevos las mantas y los cubrió a ambos con ellas.
—Ummmm— Suspiró satisfecha Kyoko bajo el calorcito. —Que bonito es esto….—
— Estoy de acuerdo…— Una vez más no era el paisaje lo que a él le fascinaba.
En un cómodo silencio ambos disfrutaron de la visión de la luna despareciendo y volviendo a aparecer, y cuando terminó ninguno se atrevía a moverse.
Ren estaba sorprendido por la tranquilidad que reinaba entre ambos, estaban sentados completamente juntos, la cabeza de Kyoko estaba prácticamente apoyada en su hombro, y las mantas les cubrían creando una especie de burbuja aislada del mundo. Lo normal sería que ella estuviera incomoda, o por lo menos avergonzada, sin embargo miraba el cielo completamente relajada. Era tal la paz que sentía en esos momentos, que por primera vez, fue él quien se quedó dormido.
Por su parte, Kyoko, observaba abstraída el cielo estrellado y la hermosa luna llena que volvía a lucir en toda su plenitud, por este motivo dio un respingo al sentir que algo había caído lentamente sobre su cabeza. Moviéndose lo menos posible se las apañó para comprobar que lo que descansaba sobre su coronilla no era otra cosa que la cabeza de Ren. Por unos segundos se quedó petrificada, pero un suave suspiro la hizo darse cuenta de que él se había dormido. Pensó en despertarlo para irse a dormir, pero el recuerdo del desasosiego que había sentido la noche anterior, o la necesidad imperiosa de seguir hablando hasta que se durmió en aquel sofá, decidieron por ella.(Eso es lo que ella recuerda). Así que hizo lo único que, sin querer darle muchas vueltas, todo su ser la pedía, se acurrucó contra su pecho, revisó que estuvieran bien cubiertos por las mantas y con un suspiro de satisfacción se dejo llevar por los brazos de Morfeo.
