Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de Nakamura-san
Capítulo 24 "Planes"
Tras el susto inicial Ren reaccionó, la llevo hasta su cuarto, la acostó y llamó inmediatamente al doctor, este junto a Sebastian llegaron en apenas un minuto, ambos sin aliento.
Tras reanimarla y revisarla a conciencia, Nabuki la dejó descansando y se reunió con los dos hombres que esperaban en el salón junto al matrimonio Hizuri que se había encontrado con semejante panorama al ir a buscarles para ir a la playa. —Está dormida ahora— Anunció al llegar.
—¿Qué es lo que tiene? ¿Ha empeorado su condición? Deberíamos llevarla a un hospital— Aseguró Ren levantándose del sofá.
—Conseguiré un helicóptero— Añadió Kuu mientras marcaba en su móvil.
—Debería avisar al presidente— Murmuro Sebastian que también estaba muy preocupado.
—No van a hacer nada de eso—Nabuki, mostró una autoridad hasta ahora desconocida. —Hagan el favor de sentarse y tranquilizarse—
—Pero…— Protestaron a la vez.
—Pero nada— Les señaló el sofá mientras él se sentaba en un sillón. —Kyoko-chan está perfectamente, su condición no ha empeorado—
—¿Entonces por qué se ha desmayado? — Preguntó Jullie, que era la única que se había mantenido en calma.
—No ha sido por la bronquitis, lo que le ha pasado se debe al estrés —
—¿Estrés?— Pro fin Ren accedió a sentarse.
—Sí, al parecer lleva días sintiéndose así y no había dicho nada—
—Esta niña…— Protestó Kuu negando con la cabeza. — Siempre preocupada por ser una molestia.
—Sí, no es un secreto que es obstinada— Nabuki sonrió, le había cogido mucho cariño a la chica en este tiempo. —Pero bueno, la cuestión es que no es grave, solo necesita descanso—
—Perdone doctor, pero no hace otra cosa que no sea descansar— Protestó esta vez Jullie.
—Bueno, es cierto, pero también está trabajando un par de horas, a lo mejor es conveniente dejarlo por unos días—
Jullie miró a su hijo y supo de inmediato que lo que veía en su rostro era culpabilidad, eso añadido a que sabía perfectamente que era lo que podía estar atormentando a su hija del trabajo hizo que volviera a contradecir al doctor. —Pues en mi humilde opinión, lo que mi niña necesita es divertirse y que la traten como lo que es, una princesa— Le replicó al médico, aunque en ningún momento dejó de mirar a su hijo.
—¿Sabe que Hizuri-san? Creo que es una buena idea— Aseguró el doctor pensativo. —Que se distraiga y disfrute un poco de su estancia aquí—
—Claro que es buena idea— Aseguró Jullie con un poco de prepotencia. —Así que ya está todo hablado, ¿Cariño? —
—¿Sí? — Kuu la miraba sorprendido.
—Nos vamos—
—¡Qué! ¿Por qué? El doctor ha dicho que podemos llevarla a divertirse—
—No cariño, el ha dicho que puede hacerlo, no que tenga que hacerlo con nosotros—
—Pero…— Kuu puso ojos de gatito.
—Pero nada, Kuu Hizuri nos vamos, ahora— Jullie se mostro inflexible y su marido no tuvo otro remedio que claudicar. —Sé cómo se que eres cielo…— Le susurró a su hijo al besarle para despedirse.
—Nosotros también nos retiramos, si volviera a sentirse mal no dude en llamarme— El doctor se despidió y obligó a Sebastian a irse con él.
Pensativo, Ren regresó junto a Kyoko y la observó mientras dormía. Llamó a la recepción y pidió que les sirvieran la comida en la terraza de su bungaló. Cuando todo estuvo listo, la despertó y disfrutaron en silencio de la comida, después de la cual estuvieron toda la tarde matando el tiempo viendo la tele.
—¿Qué quería? — Preguntó Kyoko cuando Ren entró desde la terraza tras atender una llamada de su padre.
—Saber qué tal te encuentras e intentar persuadirnos para que cenemos con ellos— Explicó Ren con voz cansada.
—Entonces… cenaremos con ellos— Afirmó, sabedora del poder de convicción de Kuu.
—No, le he dicho que hoy quiero salir con mi mejor amiga por ahí—
—¿De verdad? —
Ren sonrió al ver que Kyoko había recuperado el brillo en los ojos. —De verdad, resulta que hoy su doctor la ha dado permiso para divertirse—
—¿Divertirnos? ¿Cómo?— Preguntó emocionada.
—Ya lo verás— Ren se hizo el enigmático y no pudo evitar carcajearse al ver como ella ponía morritos al no saber qué era lo que iban a hacer. —Solo te diré que vamos a ir a un sitio al que iba con mis padres cuando era pequeño, era mi sitio favorito de toda la isla, ya verás por qué—
—¿Saldremos después de cenar? —
—No, cenaremos allí, de hecho…— Consultó la hora en su móvil. —Deberíamos irnos ya—
—¿No es un poco pronto para cenar? — Preguntó Kyoko extrañada.
—No—
—Vale…, déjame que me cambie un segundo— Se levantó emocionada.
—Estás preciosa así, no te cambies—
—Llevo todo el día con esto…—Contesto sin escuchar realmente lo que había oído.
—De acuerdo…— "Y…,ahí va otro desperdiciado…".—Ren sonrió con resignación a la vez que negaba con la cabeza.
Kyoko se arrepintió un poco del calzado escogido, pues no se había parado a pensar si tendrían que andar demasiado. Por eso, cuando apareció con unas preciosas sandalias que le regalaban más de diez centímetros de altura, y Ren había anunciado, (después de comérsela literalmente con los ojos aunque ella no se percatara), que sería mejor pedirle a Sebastian que les acercara con el coche, se había sentido culpable.
—Puedes parar aquí Sebastian, el resto lo haremos caminando, no es un camino apropiado para vehículos— Anunció Ren, que se había pasado el corto trayecto observando el leve ceño de Kyoko.
—De acuerdo, que pasen una agradable velada— Sebastian se despidió y desapareció tan pronto se bajaron del automóvil.
—Kyoko-chan…— Ren llamó la atención a su amiga, que en esos momentos tenía agachada la cabeza. —Llevas mucho rato callada y no dejas de fruncir el ceño, ¿Qué ocurre? —
—Es que…— Kyoko se sintió avergonzada. —Siento mucho que por mi culpa hayamos tenido que venir en coche—
—¿Por tu culpa?—
—Sí, por escoger estos estúpidos zapatos— Reconoció con pesar.
—Jajajaja, ¿era por eso? — Ren sonrió con cierto alivio. —Pensé que era porque no te apetecía este plan, porque te habías visto obligada o algo—
—No, claro que no, ¿Cómo crees? — Kyoko levantó la cabeza rápidamente. —Estoy muy contenta, solo es que me siento culpable—
—Pues no lo hagas, estoy seguro de que Sebastian está encantado con poder ayudar, creo que empezaba a sentirse un poco inservible— "A no ser que estuviera ocupado con ciertas urgencias medicas". Pensó divertido. —Y no me parece adecuado el apelativo que le has dedicado a tus preciosos zapatos, porque la verdad es que te sientan de maravilla—
—…— El calor se apoderó del rostro de Kyoko y por eso volvió a esconderlo—…—
—¿Sabes Kyoko-chan? — Ren la obligó a levantar el rostro. —Deberías aprender a aceptar los cumplidos.
—Es que sé que lo haces para que no me sienta culpable por haber tenido que venir en coche—
"Puffff, por el amor de Dios pequeña…". —Claro que no lo hago por eso— Sin ganas de discutirlo más, Ren la ofreció el brazo para caminar por un estrecho sendero.
Kyoko estaba un poco nerviosa, había anochecido, y a pesar de haber casi luna llena y estar muy estrellado, seguía habiendo demasiada oscuridad para su gusto. Por eso se apretó, inconscientemente, un poco más contra él.
Ren sonrió disimuladamente ante la cercanía, sabía perfectamente que a su amiga le daba miedo la oscuridad, pero para eso estaba él, para protegerla. —Tranquila, ya casi hemos llegado—
Justo en ese momento, Kyoko pudo ver que el camino comenzaba a iluminarse gracias a decenas de antorchas. También pudo ver que éstas conducían a una especie de cueva, en cuya entrada había un cartel que receba. "Heureusement qu'il croit voit la vie avec des yeux différents". —¿Qué idioma es? ¿Sabes lo que dice?— Le preguntó a Ren mientras se soltaba de su brazo y observaba fascinada el lugar. La cueva estaba rodeada de preciosas enredaderas con cientos de pequeñas flores blancas que brillaban a la luz de las antorchas. —Sí lo sé, es francés— —¿También hablas francés? — Preguntó Kyoko anonadada. —Sí, a mamá la encanta Francia, no paró hasta que consiguió que aprendiera el idioma— —¿Y qué dice? — — "Afortunado el que cree, porque ve el mundo con otros ojos"— —Ohhhhhh— Los ojos de Kyoko brillaron tanto como las florecitas. —Es precioso…— —Sí que lo es, vamos…— Ren puso su mano en la cintura de su amiga y la animo a adentrarse en el lugar— —¡Kuon! — Un hombre, de mediana edad, se acercó sonriente hacia ellos con los brazos completamente extendidos. —Regardez, je peux à peine reconnaître!— (Mírate, apenas puedo reconocerte)
—Antoine…— Ren se dejó cobijar por los brazos de aquel hombre ante la estupefacción de su compañera que no estaba acostumbrada a verle interactuar afectuosamente con la gente.
—Vous êtes devenu un homme— (Te convertiste en un hombre). —Comme je hereux de vous revoir—(Cómo me alegro de verte).
—Oui, moi aussi, a été longtemps— (Sí, yo también, ha sido mucho tiempo)
Antoine soltó el amarre de Ren y se fijo en su acompañante y en cómo la mantenía sujeta por la espalda, sonrió abiertamente. — Dites-moi, qui est la belle dame avec vous? — (Dime, ¿Quién es la preciosa dama que te acompaña?) . —C'est ta fiancée? Ton épouse? — (¿Es tu prometida? ¿Tú esposa?).
Ren miró a Kyoko con una sonrisa, pero ésta no llegó a sus ojos, que se veían levemente tristes. —Je voudrais qu'il soit….— (Ojalá lo fuera…).
—Je ne peux croire, est une femme qui vous résiste? — (No lo puedo creer, ¿una mujer que se te resiste?). Negó divertido. —Je pensais que je l'avais appris mieux— (Pensé que te había enseñado mejor).
—Il est pas une femme, elle est la femme…— (No es una mujer, ella es la mujer…). —Kyoko…— Ren habló en inglés para que ambos entendieran. —Este es Antoine d'el Rose, un viejo amigo y el dueño de este lugar. Antoine, ella es Mogami Kyoko, mi mejor amiga—
—Es un placer señor… — Kyoko se inclino con una reverencia pero luego se quedó mirándole al no saber cómo debía llamarle, no entendía muy bien el orden de los nombres europeos.
—Lo mismo digo Belle, llámame Antoine por favor— Cogió su mano y la dio un casto beso en ella.
—Va…, vale…— Kyoko enrojeció mientras veía como el hombre besaba su mano.
—Ni ne passer par cotre tête…— (ni se te pase por la cabeza…). Le advirtió Ren con una sonrisa forzada, para que ella no se percatara de que estaba amenazando a su amigo.
—Hahahahaha, je ne pensé pas…— (Jajajajaja, no se me ocurriría). —Je ne vous apprendrai comment faire— (Sólo te enseño como se hace).
—Merci, mais il ne faut pas— (Gracias, pero no es necesario).
—Me encantaría saber su idioma, y entender lo que dicen…— Susurró Kyoko, al comprender que la sonrisa de Ren no era del todo sincera, no es que estuviera enfadado, pero algo pasaba.
—Oh Belle, estoy seguro de que Kuon podrá enseñarte, ¿cierto?— Antoine le desafió mientras ofrecía el brazo a Kyoko. —Sólo le comentaba que no había visto nunca una mujer tan hermosa como tú, acompáñame, permíteme que te muestre mi hogar— Cuando ella aceptó su caballeroso gesto, el hombre se adentró con ella en la cueva, no sin antes girase y sacarle la lengua a Ren.
Después de caminar unos minutos por aquel pedregoso túnel llegaron a una gigantesca galería, la vegetación colgaba por el techo y se podía ver el cielo a través de varios agujeros en el mismo. Al fondo, una enorme laguna, con el fondo tan azul que parecía el cielo, se perdía en el infinito.
—Oh Dios mío…— Exclamo Kyoko sin aliento, impresionada con la belleza del lugar.
Ren, aprovecho para robarla del brazo del galo y a apoderarse disimuladamente de la parte baja de su espalda. —¿Te gusta? —
—¿Bromeas? — Kyoko le miró como si estuviera loco. —Es la cosa más…, más.
—Te gusta— Afirmo Ren sonriendo sinceramente.
—Es maravillosa…, es…., no tengo palabras que le hagan justicia— Miraba en todas direcciones, perdiéndose en los detalles.
—Sí, se lo que quieres decir— Afirmó Ren, pero él no contemplaba la cueva, sino a ella, aunque tenía la misma cara de adoración.
Antoine levantó una ceja divertido, sabía que aquella chica tenía que ser especial para su joven amigo, pero no fue hasta ese momento que se dio cuenta de cuánto.
Kyoko se percató de las mesas dispuestas de forma aparentemente aleatoria por la galería, y se sorprendió al percatarse de lo que era aquel lugar. —¿Es un restaurante? —
—Oui Belle, la Queen Rose— Abrió los brazos dándoles la bienvenida. —Si me acompañáis por favor, os mostraré vuestro sitio— Les acompañó hasta la mesa más alejada de la entrada, la que estaba situada al borde de la laguna.
Como era de esperar, Kyoko se lanzó a hacer miles de preguntas sobre aquel lugar. Antoine por su parte contestó a todas animadamente. Así fue como la joven supo que el hombre era un afamado chef francés que cansado de la vida cosmopolita, había acudido una temporada al resort de los Hizuri para desconectar del mundo. Una vez en las islas, se enamoró de su cultura, de sus gentes y de su belleza. Un día paseando, descubrió aquella cueva que debido a al abandono se encontraba en mal estado. Después de arduas negociaciones había conseguido permiso para arreglarla, respetando siempre el entorno y conservándola lo más natural posible, y allí había abierto su pequeño restaurante.
—Pero yo leí toda la información de la isla en el resort y no mencionaba nada de este lugar…—
—Lo sé Belle, eso es porque así lo quiero, este lugar es mágico y solo los que creen son dignos de llegar a él— Sonrió con ternura, luego se agacho para mirarla fijamente. —Lo has encontrado…, así que dime Belle, ¿tú crees? — Señaló el colgante que Kyoko llevaba al cuello.
—¿Creer? — Preguntó Kyoko algo cohibida, de pronto el chef parecía muy serio, con una mano sujetó firmemente a su Queen Rose. Miró a Ren y vio como este sonreía y la animaba a que contestara. —No, no creo—
—¿No? — El chef se entristeció.
—No creo, porque creer es considerar algo posible o probable, así que no, no creo, lo sé— Afirmó con absoluta confianza mientras sus ojos brillaban contemplando la gran sonrisa de su príncipe hada.
—C'est magnifique! —Aplaudió entusiasmado ante la respuesta de la chica, y aprovechando que ésta ocultaba el rostro un poco avergonzada le susurró a Ren. —Il est merveileux, ne laissez pas son évasión— (Ella es magnífica, no la dejes escapar).
Ren asintió de acuerdo con el hombre. —Qué nos recomiendas chef? —
—Oh…, oui, oui…— Haciendo acopio de su profesionalidad, Antoine se puso completamente en modo chef. —Hoy tenemos un menú muy especial, sólo relajaros y disfrutar de la velada, estáis en vuestra casa— Dicho esto, se alejó de ellos y se perdió a través de otro túnel.
—No hay más clientes…— Era una afirmación, aunque sonó un poco a pregunta.
—No, es el día libre de Antoine, pero al saber que quería enseñarte todo esto, prácticamente me obligó a venir hoy— Ren se sirvió un poco de vino y le sirvió también un poco a ella. —Hoy es solo para nosotros, así que disfrutemos, salud— Levantó la copa para invitarla a brindar.
Kyoko, muy sonrojada, levantó su copa y después de chocarla suavemente, probó por primera vez el vino blanco. —Ahora entiendo por qué era tu sitio favorito…— Murmuró mientras volvía a observarlo todo distraídamente. —Es un lugar precioso—
—Sí que lo es— Ren sonrió con cariño. —Pero en realidad…, lo es no sólo por su belleza sino porque me recordaba a una persona muy especial—
—¿De verdad? — Kyoko estaba contemplando el techo y no prestaba mucha atención.
—Sí, a mi pequeño ángel—
Kyoko giró tan rápido el cuello que éste incluso crujió, contemplaba a Ren con los ojos muy abiertos. —¿A mí? ¿Te recordaba a mí? —
—Sí, al ser más mágico de todos, la pequeña Kyoko-chan, tan pura y bella como este lugar— Para su sorpresa, ella no reaccionó como era de esperar, sonrojándose y ocultando su rostro, sino que frunció el ceño pensativa. —¿Qué ocurre? —
—Nada…— Kyoko desvió la mirada quedando perdida en el leve movimiento del agua. —Sólo pensaba en lo poco que queda ya de esa Kyoko…—
—Estás de broma, ¿verdad? — Ren cogió una de sus manos y la apretó suavemente hasta que ella le miró. —Queda todo Kyoko-chan, sigues siendo la misma que en aquel entonces—
—¿Tú crees? —
—No lo creo, lo sé— Citó las palabras de su amiga. — Sigues siendo tan bondadosa como entonces, sigues siendo, aunque te gusta hacerte la dura…, tan inocente y pura—.Con cada afirmación apretaba suavemente la mano de la chica. —Sigues siendo capaz de viajar a ese mundo especial tuyo—
—…—
—¿Acaso no me has dicho que después de todos mis enormes errores, aun eres capaz de ver en mi a un hada? — Ren deseaba hacerla ver que para él seguía siendo tan maravillosa como antes, de hecho lo era más. —¿No llevas contigo dos talismanes en los que crees firmemente sin importar que conozcas o no su verdadera procedencia? —
Kyoko agarró de nuevo su colgante y pensó en su piedra, finalmente sonrió. —Vale, a lo mejor tienes razón—
—A lo mejor no, la tengo— Zanjó Ren dando otro sorbo.
—Jajajaja, de acuerdo, pero… ¿Corn?— Kyoko levantó su copa y antes de beber le miró con picardía. —Es príncipe, mi príncipe de las hadas.
Ren asintió de acuerdo, mientras su sonrisa iluminaba aun más aquel majestuoso escenario, no por haberla hecho entrar en razón, que también, sino por el sentimiento tan fuerte que se apoderó de su pecho al oír el pronombre posesivo de los labios de su acompañante.
Mil gracias por sus Reviews.
Pulgarcita23: Me alegra que te esté gustando
PaulaGato: Eres adivina o algo..., casi sabes mejor que yo lo que viene despues de cada capitulo, ¡Me encanta!
SetsukaChoi: Vuestros deseos son ordenes pero... ¿será hoy? (Jajajaja)
