Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de Nakamura-san
Capítulo 25 "Después de la diversión"
Fue una cena esplendida, el menú degustación que les preparó Antoine fue exquisito, comieron diferentes pescados y mariscos elaborados con mimo. El postre, que fue la perdición de la joven, consistió en una variedad de mini porciones de diversos dulces franceses.
La conversación entre la pareja fue amena, Ren le contó como conoció al chef y las veces que visitó aquel lugar. Ella se apenó mucho al saber que no estaba permitido entrar en el agua por motivos de sanidad al tratarse de un restaurante, pero él la prometió llevarla a otro sitio similar donde sí podrían hacerlo.
Cuando llegó la hora de abandonar el lugar se despidieron cariñosamente del chef y quedaron en volver otro día y llevar con ellos a los Hizuri pues tenía ganas de verlos.
—¿Vendrá Sebastian a buscarnos? — Preguntó Kyoko cuando emprendieron el camino de vuelta.
—No, he pensado en darle la noche libre, ¿te apetece dar un paseo?—
Kyoko miró sus preciosos aunque torturadores zapatos. —Esto…—
—Tranquila, conozco un atajo hasta la playa, podemos volver por ella, ¿te apetece?—
—Sí…— Afirmó Kyoko encantada.
Ren tenía razón, en unos minutos a través de la vegetación, encontraron una duna que daba a la playa. —Será mejor que nos descalcemos—
Kyoko, agradecida por quitarse aquellas armas de destruición que eran las sandalias, suspiró cuando sus pies tocaron la fresca arena. Quiso protestar cuando Ren las cogió junto a sus zapatos, pero cuando tendió su mano para ayudarla a descender su queja quedó en el olvido. Tuvo que concentrarse más de la cuenta para no acabar rodando cuesta abajo, no porque fuera tan empinada, sino porque no podía dejar de mirar la mano que la sujetaba. Estaba tan nerviosa, que cuando por fin llegaron a la playa se soltó rápidamente de él.
Ren, ante la velocidad con la que ella se había desprendido de su sujeción se entristeció un poco, para él habían sido unos minutos gloriosos al poder llevarla de la mano, pero para ella claramente había sido un mal trago. Por todo esto, su cara de estupefacción fue mayúscula, cuando sintió como ella rodeaba uno de sus brazos y caminaba junto a él.
—Ha sido una noche maravillosa Corn, gracias, no la olvidaré nunca— Sonrió contemplando las estrellas.
Ren se percató entonces del leve sonrojo en las mejillas de Kyoko que claramente no era producto de la vergüenza, ni del esfuerzo por el paseo. Se reprendió un poco a sí mismo por haberla permitido beber más cuando se lo pidió, y también espero que su padre no se enterara o lo mataría al pensar que había querido emborrachar a su pequeña. —Me alegra que hayas disfrutado, para mí también ha sido una gran noche—
—Sí, eso…, una gran noche…— Se estremeció ligeramente, había refrescado un poco, pero antes de que pudiera lamentarse por no haber llevado consigo una chaqueta, sintió como Ren se detenía y la obligaba a soltarlo.
—Ten, no quiero que cojas frió— Abrió su americana y espero hasta que se introdujo en ella. —Jajajajaja, estás adorable Kyoko-chan— Sonrió al verla metida en una prenda que la quedaba tan grande, así le recordaba aun más a la niña que conoció hace años. Después volvió a ofrecerla su brazo para poder continuar tan cerca de ella.
—Antoine fue quien te contó la historia de la Queen Rose, ¿Verdad? — Preguntó de pronto Kyoko mientras con su mano libre movía, de un lado a otro, el dije de su cuello.
—Ah…, sí— Ren empalideció un poco. —Esto Kyoko yo…—
—Tú hiciste que mi Queen Rose tuviera la lágrima de la princesa, ¿verdad? —
—Sí, lo siento …—
—¿Por qué te disculpas? —
—Bueno…, no quiero que pienses que lo hice con maldad o algo…—
—Claro que no, solo utilizaste tus poderes de hada para que mi rosa fuera aún más mágica con su lágrima de cristal—
Ren la miraba fascinado, estaba claro que no había nada como creer firmemente en algo, envidiaba un poco la forma de ver el mundo de su amiga. —Es príncipe si no te importa…— Bromeó sonriente.
—Jajajajajaja, por supuesto su majestad Corn…— Kyoko le hizo una reverencia.
—Así me gusta, ah y una cosa más Kyoko-chan …, no es un cristal …—
—¿No? — Puso la lágrima a contraluz de la luna. —¿Entonces qué es?…. Nooooo! — Exclamó con voz ahogada al intuir la respuesta. —No puede ser…—
—Sip…—
—Dios mío…,¿es que te has vuelto loco? — Se frenó en seco y le regañó. —No puedes regalarme algo así…, no puedes…—
—Pues lo he hecho— Tiró de ella para que siguiera andando.
—Pero no puedes ir por ahí regalando diamantes a la gente…— De pronto empalideció. —Y…, madre mía! Voy yo y me pongo a trajinar con él creándole este insignificante colgante—Le dio golpecitos en el brazo con cada palabra.
—Para, para… que me vas a dejar moratones— Pidió Ren carcajeándose porque la chica tenía una fuerza bastante limitada. —Primero…, yo no voy regalando diamantes por ahí, es el primero que regalo en toda mi vida y no creo que haya nadie a quien hubiera preferido regalárselo que a ti. Ya te lo he explicado Kyoko, para mi eres mi ángel…, no sólo de niña, ahora después de los años me has ayudado con tu luz más de lo que puedas llegar a comprender nunca—
—…—
—Segundo, estoy encantado con el hecho de que decidieras elaborarle ese bonito colgante y que lo lleves siempre puesto, lo bien que te queda es innegable. Y…— la pellizco suavemente lo labios cuando ella fue a replicar. —… tercero, es un regalo que te hice con todo mi cariño— "Con todo mi amor, en realidad". —Por lo que te pido que lo aceptes como tal—
—Vale, pero…—
—¿Qué? — Preguntó resignado, Kyoko era de las que nunca dejaba una batalla.
—Es que…— Se ruborizó completamente. —Es que ahora me da todavía más vergüenza pensar en el regalo que te di yo por tu cumpleaños…—
—¿Por qué? — Preguntó Ren sonriendo. —Yo adoro a mi ovejita, es el mejor regalo del mundo, y la uso muchísimo, ¿sabes?—
—Lo sé— Contesto Kyoko sin pararse a pensar.
—¿Lo sabes? — Esta vez fue él quien los obligo a detenerse. —¿Cómo lo sabes?—
—Esto…, bueno…— Kyoko por dentro estaba formando la imagen del cuadro del grito. —Es que Yashiro-san me lo comentó…—
—Jajajajaja— Ren se carcajeó escandalosamente, después la miro risueño. —Estas mintiendo pequeña Kyoko-chan, y lo haces fatal—
—No yo…—
—Tranquila, fui yo quien hizo la promesa, no tú—
Kyoko se envaró, ella no quería mentirle tampoco, pero no podía reconocer la verdad sin dejar al descubierto sus sentimientos. —Yo…, yo tampoco quiero mentirte—
—Entonces, ¿por qué lo haces?— Ren estaba calmado, no había reproche ni acusación en su pregunta.
—Porque…, lo sé porque te he visto utilizarla alguna vez—
—En serio? No recuerdo haberlo hecho estando tu cerca— "Más que nada porque Yashiro dice que, aun en sueños, se me nota lo feliz que soy de usarla".
—Ya bueno… Es que fui a visitarte, estabas dormido…, y no quise molestarte—
—Jajajajaja, vaya seguro que tenía una pinta horrorosa, lo mismo hasta me descubriste roncando y babeando— Bromeó Ren, sabía que había algo más porque ella estaba muy sonrojada y no dejaba de tocar su bolsito nerviosa.
—Claro que no! Tú no roncas y tampoco babeas…—
—Gracias Kyoko-chan…— Puso una cara de tristeza que rompería el corazón de la persona más dura del planeta. —Pero sé que estas mintiendo para que no me sienta mal…—
—Claro que no miento! — Ofuscada porque no la creyera actuó sin pensar. —Mira, tengo pruebas! —
Ren abrió los ojos impresionado, con su actuación pretendía sonsacar a la joven lo que la tenía tan nerviosa pues estaban cerca de la casa y sabía que una vez dentro era muy probable que la intimidad el momento desapareciera, pero ni en sueños hubiera imaginado algo así. Frente a él tenía el móvil de Kyoko que en esos momentos mostraba una imagen clara y nítida de él durmiendo en el sofá de su camerino fuertemente abrazado a su esponjosa almohada. —Tienes razón, no estoy babeando— Susurró, luego miró a su amiga, que en esos momentos se había puesto blanca. —¿Por qué me hiciste una foto?—
Kyoko, queriendo que se la tragara la tierra en ese mismo instante, pensó en que contestar durante lo que parecieron horas, pero solo fueron segundos. Recordó, entonces, las palabras de Ren cuando le preguntó por la playa de Guam, y así encontró una salida más o menos viable, siempre que el la aceptara como respuesta. —Lo siento, no pude resistirme a hacerla, cuando te vi usando mi regalo tan plácidamente, me sentí tan contenta de que te gustara que no lo pude resistir—
—Vale, lo entiendo…, no tienes que disculparte— "Yo tengo bastantes más y no todas las saqué porque te vieras adorable". Pensó él recordando una en especial, en ella se veía a Setsuka estirada descuidadamente sobre la cama profundamente dormida. —Pero…, ¿por qué la guardas? — No pudo evitar insistir.
—Ren…— Kyoko estaba hiperventilando, por lo que decidió contestar de un tirón lo que antes había pensado. —¿Recuerdas lo que me pediste cuando te pregunté por Guam?—
—Eh…, claro te pedí tiempo— No comprendía por qué ella asemejaba las dos situaciones.
—Pues necesito lo mismo de ti—
"No puede ser… ¿acaso necesitas tiempo por lo mismo que yo? No! No te hagas ilusiones, ni tengas falsas esperanzas de algo que es imposible". —De acuerdo— Aceptó todavía estupefacto. —Pero Kyoko, yo te pedí tiempo porque es algo que pienso decirte en algún momento, ¿entiendes a lo que me refiero? —
"Si te pido tiempo, se supone que es porque tarde o temprano te lo diré. No se sí podré hacer eso… Tal vez cuando tú ya seas feliz junto a la chica que amas…". Kyoko recordó como siendo Bob escuchó de de sus labios que amaba a otra mujer. —Sí, lo entiendo…— "Después de todo, cuando eso pase, ya dará igual que te lo diga, nada podrá hacerme sentir peor, incluso puede que sea mejor que te enfades y me rechaces, así no tendré otra opción que alejarme de ti".
—Ah…— Una exclamación ahogada se escapó de los labios del actor cuando vio el dolor en los ojos de su amiga. Sólo los había visto así una vez y fue en un momento verdaderamente horrible para ella, cuando su madre negó públicamente su existencia. Una vez más su cuerpo reaccionó a las necesidades de ella antes que su cerebro, así se encontró sepultándola contra su pecho, cobijada bajo sus brazos. —Shhhh…, no pasa nada, no lo pienses— Susurró a pesar de no saber qué era lo que la había llevado a ese estado. —Estoy aquí, contigo—
Kyoko se dejó llevar sin pensar en si era correcto o apropiado, simplemente se dejó consolar y se abrazó a él fuertemente.
—Si es algo tan duro para ti…, no tienes que decir nada, no es necesario que me lo expliques ni ahora ni nunca si no quieres— La estrechó más fuertemente cuando sintió como ella convulsionaba presa del llanto."Pero…, ¿qué puede ser? ¿Qué cosa puede ser para ti tan mala como lo que te hizo esa mujer? ¿Qué puede haber para ti más difícil de superar que eso…?". De pronto, la idea que antes había descartado por imposible, cobro fuerza en su cerebro. "Amor…, lo único más difícil para Kyoko es el amor…". —Dios mío…— Exclamó Ren mientras su corazón martilleaba fuertemente.
—¿Qué pasa? — Kyoko levantó la cabeza para observar que se había quedado congelado. —¿Qué pasa? ¿Qué tienes? — Se liberó de su agarre y se alejó unos pasos para mirarle bien.
—No puede ser…, tú…—
—Yo…, yo ¿qué? — instintivamente Kyoko retrocedió unos cuantos pasos más, la mirada fija de Ren, la estupefacción de su gesto, la estaban asustando.
—Tú…, tú te has ena…—
Antes de que pudiera terminar la frase, Kyoko giró sobre sus talones y comenzó a correr. "No por favor…, Dios mío ahora no…, se ha dado cuenta…, ¡lo sabe! ¡LO SABE!". Aterrada, obligó a su cuerpo a moverse como no lo había hecho nunca, no hizo caso de la protesta de sus músculos, ni del dolor que oprimía su pecho por la falta de oxígeno, sólo corrió como si no hubiera lugar lo bastante alejado en el mundo donde esconderse.
Ren tardó unos segundos en reaccionar ante la huida de la chica, pero cuando lo hizo, la siguió rápidamente. Estaba a punto de alcanzarla cuando vio, como si ocurriera a cámara lenta, como Kyoko llevaba la mano a su pecho y abría la boca buscando aire, como al segundo se desplomaba sobre la arena y comenzaba a toser fuertemente. —Kyoko-chaaaan— Gritó mientras con salto sobre humano la alcanzaba al instante. Se dejó caer junto a ella y la incorporó para sostenerla. —Tranquila…, respira…, Kyoko respira….—
Ella intentaba desesperadamente controlar aquel ataque de tos, pero el aire se negaba a entrar en sus pulmones de forma correcta, y el miedo que atenazaba su pecho tampoco era de ayuda. Con ojos aterrados observaba la cara concentrada de Ren mientras la mantenía firmemente sujeta y masajeaba su esternón para ayudarla a respirar.
—Lo siento pequeña, lo siento…, no quería asustarte…, lo siento, olvida lo que he dicho, lo siento— Susurraba él sin dejar de aplicar presión con pequeños movimientos circulares.
El remordimiento audible en las palabras de Ren, hizo que Kyoko sintiera aún más ansiedad. "Soy despreciable, es mi culpa, por ser débil, por enamorarme de ti, hice lo que prometí que no haría y ahora aquí estoy, haciéndote sentir culpable por mi pecado". —No…., no te disculpe…, por favor…, no te disculpes…, es mi culpa…—Rogó entre jadeos.
—Suhhhhhhh, no hables, tienes que respirar, por favor respira— Cuando el ataque de tos fue remitiendo, dejó el masaje y la abrazó fuertemente, meciéndolos a ambos con un suave vaivén. —Todo está bien, no pasa nada, todo está bien—
El rítmico movimiento con el que él la mecía ayudó a que su respiración se fuera normalizando poco a poco. Se sentía muy confundida pues una parte de ella quería huir lejos, a otro planeta de ser posible, pero la otra quería quedarse donde estaba para siempre. Sin embrago, sabía que eso no podía ser una vez llegados a este punto, había sido descubierta y ya no podría fingir que nada ocurría, no podría simplemente callar y esperar a que el tiempo borrara lo sucedido esa noche. Por eso, haciendo acopio de valor, puso sus manos sobre el torso de Ren para obligarlo a soltarla. —Lo siento…—
Al oír la pena en su voz, él quiso abrazarla aún más fuerte, pero ella se lo impidió, estiro sus brazos ante él y negó con la cabeza gacha. —No por favor…, no me tengas lástima, no la merezco— Susurró. "Que cosas…, ahora que mi cuerpo se ha recuperado, siento más que nunca que no puedo respirar". Por un segundo pensó que era cierto, pues dejó de ver la arena y pasó a ver el cielo en una milésima de segundo. "¿Me he desmayado otra vez?". Pero el pensamiento no llegó a cobrar importancia en su cabeza, pues al instante dejó de observar las estrellas para contemplar los ojos completamente serios de Ren. "Se acabó, es el final…". —Sé que te he decep…—
Con un gruñido más animal que humano Ren interrumpió las palabras de su amiga.
