Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de Nakamura-san


Capítulo 26 "La pura verdad"

"¡Queeeé!". Los ojos de Kyoko se abrieron más de lo humanamente posible, su corazón se detuvo y el shock se apoderó de su cuerpo.

Ren siempre pensó que si alguna vez lograba besarla, lo haría de forma dulce y suave, expresando con ese gesto todo el amor que la procesaba. Sin embargo, este era un beso desapareado, que dejaba ver el estrés y la ansiedad a la que llevaba tiempo sometido.

Cuando Kyoko dejó de pensar en lo que estaba ocurriendo y simplemente se abandonó a ello, sus labios respondieron al contacto fundiéndose así en un beso que segundo a segundo se iba convirtiendo en otra cosa, en algo más apacible y sereno.

Cuando sitió que era correspondido y que los suaves e hinchados labios de Kyoko se acompasaban al ritmo marcado por los suyos, Ren notó como su pecho se hinchaba de felicidad. Fue él quien puso fin al beso, pero no de forma abrupta, sino que lo hizo depositando cientos de pequeños, tiernos y dulces besos sobre los labios de ella.

Finalmente, ambos quedaron frente a frente, apenas unos centímetros separaban sus rostros sintiendo la respiración irregular del otro. Ninguno hablaba, solo se miraban fijamente, intentando mutuamente leer en sus ojos.

La primera en romper el silencio fue ella, es bien sabido que Kyoko es incapaz de mantenerse callada mucho tiempo y menos cuando está tan nerviosa. —¿Por qué…?— tuvo que carraspear para conseguir que sus cuerdas vocales produjeran un leve susurro.

—Por el tiempo— Respondió él.

—¿Por el tiempo? — Kyoko no comprendía.

—Porque se acabó el tiempo—

—No…, no te entiendo…—

—Por lo que te pedí hace días, porque has huido de mí y eso es lo último que quiero, porque si te voy a perder, significa que me he quedado sin tiempo, porque es tu culpa…—

—¿Qué…, qué…? — Tartamudeó muerta de miedo. "¿Por mi culpa? ¿Está tan enfadado conmigo que me ha besado como castigo?"

—¿Quieres saber por qué te bese en Guam? ¿Por qué te he besado ahora? — Sus ojos brillaban peligrosamente.

—Sssssssss…, sí…—

—Porque me gustas Kyoko, desde la primera vez que te vi, pero de niño lógicamente no supe reconocer ese sentimiento y de mayor fui aun más idiota al querer negarlo— Sus ojos brillaban con una mezcla de determinación, de amor y también de miedo. —Por eso te bese en Guam, no fue por que quisiera, fue porque tuve que hacerlo, ¿Cómo resistirlo más? ¿Cómo detenerme cuando me muero por besarte? —

—…— Kyoko solo pudo contemplarlo con la boca abierta.

—Y… , ¿cómo no hacerlo ahora? — Un escalofrió recorrió su espalda. —¿Cómo no hacerlo cuando veo como te estoy perdiendo una vez más, y quizás esta vez para siempre?—

—No puede ser, no es verdad…—

—Créeme Kyoko, te juro que jamás he sido más sincero de lo que lo estoy siendo ahora mismo—

—Pero la chica que …— Kyoko divagaba. —Lo que le dijiste a Boo…—

—¿El pollo? — Ren se sorprendió. —¿Conoces al pollo? — Añadió alarmado.

Kyoko se sintió dolida, pues a pesar de estar diciendo todas esas cosas y de jurar que no mentía, la alarma que veía en sus ojos demostraba que no era cierto. — Ren, yo soy Boo …, por eso sé que amas a otra mujer, por eso no comprendo por qué me haces esto, por qué …—

Ren suspiró frustrado y dejó caer su cabeza sobre el pecho de la chica. —Eres tonta Kyoko…—

—No me insultes…—Rogó con las lagrimas recorriendo sus mejillas aterrizando en la arena.

—Y lo que es aun peor yo soy gilipollas— Negó con la cabeza, haciendo presión sobre el lugar en el que descansaba. —¿Cómo hemos podido ser tan tontos? —

—¿Qué quieres decir? — La voz temblorosa daba fe de lo aterrada que se encontraba en esos momentos.

—¿Cómo no te diste cuenta de que hablaba de ti?—

—¡Qué? ¿Qué quieres decir? — De la impresión las lágrimas cesaron.

—Que te quiero—

—No…, no puede ser…— Negaba con la cabeza. —Eres el gran Tsuruga Ren, el actor más deseado…—

—Soy un hombre Kyoko, nada más que eso— Ren se abrazó más contra su cuerpo tembloroso. —Un hombre que te ama y acaba de darse cuenta del daño que te hicieron mis palabras. He dejado que durante demasiado tiempo pensaras que estaba enamorado de otra persona. ¿En qué me convierte eso? En un ser indigno que ha hecho sufrir una y otra vez a lo más importante de su vida—

—Oh dios mío, no puede ser…— El corazón se le detuvo. "¿Acaso no había sido eso una declaración absoluta de amor?".

—Lo es pequeña…— Ren se incorporó para mirarla fijamente. —Te amo, te amo con todo mi corazón, con todo mi cuerpo y mi alma—

Las lágrimas volvieron a invadir los ojos de la joven, pero esta vez no eran de tristeza, lloraba por la felicidad que sentía, por el estrés que abandonaba su cuerpo con cada palabra del hombre que la miraba como si fuera la más preciosa de las criaturas del universo. —Yo…, no sé…—

Ren sonrió con ternura, comprendía que para alguien como ella, esta situación tenía que ser complicada. No era solo por la repulsión que le tenía al amor, el hecho de ser tan tradicional complicaba aún más las cosas. —No te preocupes…— Se apartó para dejarla espacio y se puso en pie —No tienes que decir nada, ni preocuparte por nada…— Aseguró, aunque interiormente se moría por volver a probar sus labios y aún más por escuchar sus sentimientos, por eso no pudo evitar suspirar.

—Pero…— Kyoko no estaba muy convencida de que lo correcto fuera callar en esas circunstancias. Empezó a darle vueltas a todo mientras le seguía de regreso al bungaló, pero de pronto se dio cuenta de algo. Estaba cansada de controlarse siempre, de pensar antes de hablar, de calcular los pros y los contras antes de cualquier acción. —Ren…?—

Al oír su nombre se giró con una sonrisa en los labios, no era fingida pero tampoco cien por cien autentica, sólo quería hacerla sentir cómoda. No tuvo tiempo de preguntar que quería pues de pronto sintió como ella le golpeaba el pecho, se agarraba a su cuello y lo besaba con la misma desesperación que minutos antes había empleado él.

—Yo también te quiero…— Susurró Kyoko contra sus labios.

Ren gruñó sin separar sus labios, la agarró por la cintura y comenzó a andar de nuevo. En el frenesí del beso, perdieron la noción del tiempo y también del espacio pues cuando quisieron darse cuenta, y sin saber muy bien como, ambos emitieron una exclamación ahogada cuando sintieron que caían al vacio.

Afortunadamente fue una caída corta, eso y que algo amortiguó el golpe. Ren salió a la superficie llevando aun sujeta a Kyoko por la cintura. Una leve carcajada se escapó de los labios de ambos al comprender que se habían caído a la piscina.

—Será mejor que te seques enseguida no quiero que…— Ren no podía evitar preocuparse por su salud, ni siquiera en un momento como ese.

Pero estaba claro que Kyoko no estaba por la labor de escucharle, por eso le interrumpió apoderándose de nuevo de esos labios.

—O…—Susurró Ren cuando se separaron para tomar aire. —Puedo subir la temperatura— De hecho ya se encontraba manipulando los mandos.

En apenas un minuto la temperatura del agua comenzó a subir, así como la de los dos cuerpos que se encontraban abrazados en la zona más profunda de la piscina.

Eran incapaces de mantener los labios lejos del otro por más tiempo que el que requería recuperar el aliento, una vez que lo hacían seguían dedicados a la hermosa tarea de descubrir sus bocas.

Ren la apretaba cada vez más contra sí hasta el punto de temer dañarla. Ella, por su parte, sentía que cualquier mínimo hueco entre ellos era insoportable, por ello, en busca de un mayor contacto y sin ser muy consciente de lo que podía provocar, se agarró más fuerte de su cuello y subió las piernas hasta enroscarlas en su cintura.

Cuando por primera vez se produjo ese nuevo contacto, ambos se quedaron paralizados mientras se miraban a los ojos. Ren se dio cuenta entonces del rumbo que estaba tomando la situación, sabía que debía ser responsable y ser quien detuviera aquello antes de que pasara algo de lo que seguro ella se arrepentiría. Dios sabía que llevaba mucho tiempo soñando con estar así, con ella entre sus brazos entregada a él, pero aún así sabía que él también se arrepentiría porque su Kyoko se merecía mucho más que un calentón del momento. Pero no ayudaba nada ver lo que veía en los ojos de Kyoko. Había mucho miedo y desconocimiento sin duda, cosa lógica dada su inexperiencia y más teniendo en cuenta que Ren mostraba todo su poderío en esos momentos, pero también mostraban tanto anhelo como sabía estaban dejando ver los suyos propios.

"Tengo que…, tengo que parar…". Pero de nuevo su dulce Kyoko volvió a apoderarse de sus labios dando al traste con cualquier pensamiento lógico. Con un gruñido casi animal, cambió la posición de sus manos para sujetarla fuertemente por la parte trasera de los muslos y pegarla aún más contra él.

Ante la presión de sus cuerpos un jadeo se escapó de ambos jóvenes mientras con mayor urgencia se exploraban la boca con labios, lenguas e incluso dientes.

—Tsuruga-san, Mogami-san! — Sebastian apareció repentinamente a su lado.

—Aaaaaaaaaaah— Gritó Kyoko empujando con gran fuerza a Ren para liberarse de su agarre.

Ren, aunque también se había llevado un buen susto, tuvo la suerte de reaccionar a tiempo, consiguiendo hacer pie antes de hundirse por lo que pudo ayudar inmediatamente a Kyoko a volver a la superficie. —Sebastian por Dios! —

—Lo siento mucho de verdad, siento haber irrumpido así— Señaló la rampa que daba a la playa, aclarando que era por donde había accedido. —No les molestaría…—

—Si no fuera algo importante, lo sé— Ren frotaba la espalda de su amiga para que dejara de toser, estaba claro que había tragado agua. —¿Qué ocurre? —

—Él…, el presidente…— Se notaba que el mayordomo se había dado una buena carrera y que estaba verdaderamente avergonzado por lo que claramente había interrumpido.

—¿Viene de muy lejos Sebastian-san? — Preguntó Kyoko preocupada al ver como el hombre apenas conseguía recuperar el aliento.

—No, bueno yo…— El mayordomo se sonrojó.

Fue entonces cuando Ren se paró a observarlo detenidamente, el siempre impoluto Sebastian lucía ahora el pelo algo revuelto, sus ropas estaban arrugadas y tenía rastros de arena por todos lados. —Bueno…— Decidió apiadarse del pobre hombre, estaba claro que a él no era a el único al que habían interrumpido esa noche —¿Y qué es lo que quiere esta vez? —

—Me ha llamado, su avión acaba de aterrizar y viene para aquí—

—¡Ahora! — Exclamaron los dos actores a la vez.

—Sí, lo siento mucho, yo no quería molestarles pero pensé que tal vez…, bueno…, que a lo mejor era mejor avisarles por si les pillaba en un mal momento—

—Sí, gracias Sebastian—. Ren salió del agua llevando a Kyoko prácticamente en volandas hasta su habitación. —Por favor, sécate lo más que puedas, no pierdas tiempo en arreglarte, ponte el pijama directamente—

—Pero es que son un poco…— El color de sus mejillas iluminaba la habitación.

—Ya…— Ren torció los labios y emitió un chasquido de disgusto. —Da igual, solo hazlo, ya pensaré en algo— Dicho esto salió disparado a su propio cuarto, del que regresó en apenas dos minutos, luciendo su traje de noche, es decir, el pantalón del pijama y una camiseta sin mangas.

Para su alivio, Kyoko ya se había secado el cuerpo y se había puesto el pijama, esta vez era un picardías en toda regla, pero las prisas no le permitían pararse a disfrutar del espectáculo. —Toma esto— Sin darla tiempo a preguntar, la metió una de sus sudaderas por la cabeza y la vistió como si fuera una niña pequeña.

—Kuon…, puedo hacerlo yo solita…— Se quejó ella mientras sacaba la cabeza.

—Lo sé, pero tenemos prisa, déjame ver…— Dio un paso atrás para observarla de arriba abajo. —Ummmm, no del todo, pero tendrá que valer— Cogió una toalla y comenzó a secarla el pelo enérgicamente.

—¿Qué pasa? ¿No del todo qué? — Pregunto Kyoko intentando que su cabeza dejara de bambolear bajó las manos de su amigo.

—Que sigues estando demasiado arrebatadora— Retiró la toalla y la dio un rápido beso dejándola sorprendida. —Preferiría que estuviera completamente seco, pero…— Consultó el reloj y volvió a fruncir los labios. —Espero que no empeores por esto— La cubrió con la capucha para que no cogiera frio. —Lo secaremos después—

—Vale…— Aceptó Kyoko, aunque en realidad no tenía alternativa, pues él ya la estaba arrastrando de vuelta a la sala.

—Ah, justo a tiempo…— Sebastian les invitó a sentarse en el sofá mientras les servía un té, cosa que le pareció la mejor excusa para encontrarse los tres reunidos a esas horas. —Estas son las hierbas de Mogami-kun…— Le ofreció una taza de su mal oliente infusión para la bronquitis justo en el momento que sonaban unos fuertes golpes en la puerta.

—Hola, holaaaaaaaaaaaaaaaaaa! —


Espero que os haya gustado esta "Triactualización", no se... creo que ha quedado un poco melosa, por eso la descarté cuando escribí el primer fic, todo lo de el restaurante..., me parecía un exceso.