Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de Nakamura-san


Capítulo 27 "Interrupciones"

Mientras Sebastian, muy diligentemente abría la puerta, Kyoko se encogió un poquito en su asiento avergonzada al pensar en lo que minutos antes había sucedido. Ren por su parte estaba maldiciendo en silencio por la interrupción, aunque en el fondo sabía que era mejor así no dejaba de preocuparle que las cosas hubieran quedado en el aire con Kyoko, necesitaba acararle bien sus intenciones.

—Buenas noches mis estrellas! — Con los brazos extendidos en señal de abrazo Lory Takarada entró en el salón de la pareja sonriente y visiblemente encantado. —¡Sorpresa! —

—Bue…, buenas noches presidente…— Susurró Kyoko sonrojada aún.

—No le esperábamos, ¿a qué se debe esta visita? — Con su sonrisa falsa Ren invitó a sentarse frente a ellos a su jefe.

—Oh Kuon…, siempre tan frio…— Lory hizo un inmenso puchero mientras, declinando el asiento que Ren le había señalado, se sentó en el sillón individual que quedaba junto a la chica. —Vengo a ver cómo está mi joven estrella, por supuesto—

—No tenía que molestarse señor…— Aseguró Kyoko apenada.

—¿Seguro? — No se lo terminaba de creer, es verdad que ella tenía más color que cuando la vio la última vez, pero algo en su postura, la hacía parecer todavía muy débil. —No se te ve muy enérgica que digamos…—

—Kyoko está mejorando señor… — Ren se frotó la frente. —Mejora poco a poco, como ya le hemos dicho las mil veces que llama al día para preguntar, no era necesario presentarse aquí de repente...—

—Uy que cruel eres….— Lory estaba en modo teatral. —¿Acaso no puede un pobre viejo venir para asegurarse de cómo se encuentra? ¿Acaso interrumpí algo?— Una maliciosa sonrisa inundó su rostro con esa última pregunta—

—No es eso señor…— Ahora sí que Kyoko enrojeció avergonzada mientras su compañero fulminaba al presidente con la mirada.

—Jajajajajajajajajaja—

—¿De qué…, de qué se ríe señor? — Alarmada se puso en guardia.

—Jajajajaja, de nada, de nada….— Los ojos del magnate brillaban de alegría al intuir a qué se debía el nerviosismo de una y el enfado del otro. — De todas formas no solo he venido por eso, también tenía que informarles de algo importante—

—¿Tanto como para que viaje durante tantísimas horas para decírnoslo en persona? — Ren seguía molesto y no podía evitar que sus palabras lo delataran.

—No seas grosero Kuon…— Kyoko le riñó dándole un golpecito en la rodilla.

—Eso Kuon, no seas grosero…— Lory se estaba divirtiendo molestando a su empleado. —Verán vengo a llevarles de vuelta—

—¡Qué! ¿Por qué? ¿Cuándo? — No se supo quién de los tres había dicho qué, Kyoko, Ren y Sebastian protestaron a la vez.

—Bueno, bueno, bueno…, veo que se están divirtiendo mucho aquí, ¿eh? — El regodeo no abandonaba el rostro del presidente.

—No señor…, es que es raro que interrumpa así la convalecencia de la señorita Mogami, por eso nos ha extrañado tanto— Sebastian les excusó rápidamente a todos.

—Ya, seguro que es por eso…—

—¿De verdad tengo que volver? — Preguntó Kyoko apenada, aquellas semanas junto a Ren y su familia habían sido un sueño para ella y no tenía ninguna ilusión porque se terminara.

—Tenemos pequeña…— Ren acarició su rostro con ternura, luego se giró para mirar con algo de inquina a su jefe. —Y ese cambio de planes…, ¿no tendrá nada que ver con el hecho de que apenas queda nada para el cumpleaños de Kyoko-chan?—

—¿Eh? — La futura cumpleañera se sorprendió ante esas palabras, había perdido tanto la noción del tiempo en aquel idílico lugar que no se había dado cuenta del paso de los días.

—Oh…, ni siquiera me había dado cuenta de ese detalle…— Lory se hizo el inocente ante la acusación, pero no le creyó nadie. —Bueno…, pues no hay mal que por bien no venga, ¿verdad? —

—Ya claro….— De pronto una sonrisa tan maligna como la que momentos antes tenía su jefe inundó el rostro de Ren. —Y dígame señor…, ¿ha informado ya a mi queridísima madre de ese repentino cambio? —

—Eeeeeeh…— Está vez fue a Lory a quién se le descompuso la sonrisa. —Bueno yo…, no había pensado en eso….—

—Jajajajaja jajajajajaja— Ren se tuvo que sujetar la barriga y una lágrima se escapó de sus ojos por el ataque de risa. —Pues le deseo toda la suerte del mundo señor—

—Ya bueno…— Lory había perdido un poco de color. —Podrías contárselo tú…—

—Ja! Ni en sueños le voy a decir a mi madre que usted ha vuelto para llevarse a su hijo de vuelta y ya de paso llevarse a la que ha nombrado su niña del alma, así que insisto, mucha suerte señor—

—Eres malo Kuon Hizuri….— Lloriqueó falsamente. —Afortunadamente siempre me queda mi querido amigo Kuu—

—Lo dudo bastante— Ren levantó una ceja con incredulidad., ¿es que acaso no sabía que su padre adoraba aun más, si es que eso era posible, a su princesa?. —Pero dejando eso de lado, no creo que sea conveniente interrumpir la recuperación de Kyoko-chan—

—Eso es cierto señor…— Sebastian metió baza en el asunto, cosa rara en él ya que siempre acataba las decisiones de su jefe sin ningún comentario. —Aquí Hiroto.., quiero decir el doctor Nabuki, está haciendo un excelente trabajo cuidando a Mogami-kun, el estar tan cerca le permite tenerla controlada—

—Hiroto, ¿eh? — El magante recuperó la sonrisa. —Ya veo…, no sufras querido Sebastian, estoy seguro de que podremos arreglárnoslas para que Mogami-kun esté igual de cuidada—

El mayordomo se sonrojó, escondió el rostro e hizo una pequeña reverencia, más de disculpa que de otra cosa, pero aun así la hizo.

—Pues ya me dirá cómo porque aquí está conmigo, yo la cuido, si volvemos tendrá que regresar al Durayama y los dueños están muy liados en estas fechas, no quiero que esté desatendida, por no hablar de que tenemos a Sebastian y al buen doctor viviendo prácticamente en el piso de enfrente— Protestó Ren a quién la excusa del mayordomo le había parecido estupenda, aunque sabía bien que no era solo la distancia del doctor con Kyoko lo que le preocupaba. —

—Ves, acabas de encontrar la solución— Lory estaba encantado de conocerse. —Ella puede trasladarse contigo y Nabuki-san pueden alojarse en uno de los apartamentos de tu edificio—

—¿Perdón? —

—Verás querido, tu edificio pertenece a la compañía—

—Mi casa es mía…—Aseguró Ren.

—Claro que sí, se la compraste a la compañía, solo que no lo sabías—

—¿Me está diciendo que todos mis vecinos los ha puesto usted ahí? — Preguntó el actor horrorizado por el nivel de control que su jefe ejercía sobre los trabajadores.

—Claro que no!— El magnate negó con la cabeza como si la sola idea fuera ridícula. —Cuando llegaste a Tokio te recomendé ese apartamento porque sabía que era un buen sitio para vivir, mi compañía se ocupa de ello, lo compramos hace muchos años, lo reformamos y lo convertimos en un lugar seguro para que futuras estrellas pudieran vivir en él—

—Por Dios…— Kyoko estaba sorprendida, ese hombre pensaba en todo.

—De momento eres el único actor que vive allí, aunque también hay un juez, un gimnasta olímpico y algún que otro cargo público— Se quedó pensativo unos segundos. —Es una idea brillante, tendré que hablar con Kuoki porque él es quien se encarga de esas cosas, seguro que hay algún apartamento disponible—

—Puede que Hiroto-san tanga algo que decir al respecto, no creo que le haga mucha gracia tener que dejar su casa de Tokio solo porque a usted se le antoje que regresemos antes de tiempo— Ren le hablaba como si fuera un niño pequeño que no conocía la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto.

—Seguro que no ve tantos problemas como tú, además Sebastian puede convencerle—

—¿Yo, señor? — Preguntó el mayordomo sorprendido.

—Claro, te mudarás también y así puedes atenderles a todos, ¿quién va a negarse teniéndote a ti para atenderle?—

Los ojos de Sebastian se iluminaron emocionados, su jefe le estaba planteando una posibilidad que ni en mil años hubiera esperado.

—Digamos lo que digamos usted va a buscar la forma de darle la vuelta para que regresemos, ¿verdad? — Ren le fulminó con la mirada.

—Jajajajaja, es muy probable— Se mofó sin pudor. —No me mires así, hay otra razón de peso para que vuelvan—

—¿Cuál? —

—Tienen que empezar a grabar ya, Konoe-san ha esperado suficiente…—

—¿Trabajar? Kyoko no puede comenzar a trabajar, se agota solo con el par de horas que le dedicamos a ensayar!

—Bueno, ya trabajaremos en eso y lo solucionaremos, pero deben volver—

—Pasa algo más, ¿verdad? Algo que nos está ocultando deliberadamente—

—No seas retorcido Ren, simplemente deben volver y punto— Ahora era sin duda el magnate de la industria quien estaba hablando.

Frustrado con su jefe Ren miró a Kyoko —Eh pequeña…— Levantó su cara acariciando su mentón.

Lory se percató entonces de que la chica no había abierto la boca —¿Qué ocurre Mogami-kun? ¿No te parece una buena idea? —

—…—

—¿No te apetece volver a ver a tus amigas o a María? Ellas están deseando verte, no dejan de preguntarme cada dia por tu estado de salud, están preocupadas. Estoy seguro de que con tu vuelta se sentirán felices, además podrás celebrar tu cumpleaños con todos nosotros. Con esta solución podrás hacer todo eso y aun así seguirás recuperándote con los mismos cuidados y también podrás seguir trabajando con Ren. Será como hasta ahora sólo que en Tokio, además podrás empezar a trabajar en la que estoy seguro será tu película de lanzamiento—

—…—

—Necesito hablar con Kyoko-chan un momento— Anunció Ren ante el silencio de la joven. —A solas…— Añadió al ver que su jefe no tenía ninguna intención de retirarse.

—Son totalmente malos…, quiero saber qué es lo que ocurre…— Protestó el magnate con un pequeño berrinche, pero al ver que no surtía ningún efecto se rindió. —Está bien, voy a retirarme pero mañana mismo debemos partir así que no trasnochen demasiado—

—Kyoko cielo…— Ahora sí, por fin solos, Ren pudo centrar toda su atención en ella. —Sé que no quieres irte, si por mi fuera…—

—No es eso…— Le interrumpió con un susurro. —Bueno sí, pero no es sólo por eso—

—¿Qué es? —

—Es que lo que él quiere que hagamos en Tokio…—

—No será muy diferente de lo que hacemos ahora, y doy gracias por ello porque no quiero perderte de vista, si volvieras a recaer no podría perdonármelo—

—Pero es que…— Kyoko era incapaz de mirarle a la cara. —Ahora todo es distinto…—

—Si bueno…, es cierto que aquí todo es más fácil, no hay prensa ni fans de los que preocuparse… sin duda allí tendremos que ser más cuidadosos…—

—No me refiero a eso…—

—Entonces…, ¿a qué te refieres? — Preguntó preocupado, consiguiendo que por fin ella le mirara.

—Tú y yo…, ahora es distinto— El miedo dominaba sus facciones.

—Oh cariño…— La atrajo hasta su pecho y la abrazó con fuerza. —Mi dulce, dulce Kyoko… No debes preocuparte, nada ha cambiado—

—Pero sí que lo ha hecho…—

—No es verdad— La soltó lo justo para que le mirara a los ojos. — Ya hemos pasado por todo esto queriéndonos el uno al otro, la única diferencia es que ahora lo sabemos. Pero te juro que eso no será un problema, sobre todas las cosas sigo siendo tu amigo—

—Pero lo de antes…—

—Ya…, sí…, lo siento por eso— Cuando vio que ella pretendía esconderle de nuevo sus preciosos ojos miel en los que pudo ver dolor, se lo impidió rápidamente sujetándola por el mentón. —No siento haberte confesado mis sentimientos, Dios sabe que conocer los tuyos ha sido un regalo para mí, y que ni decir tiene que besarte ha sido para mí el mayor de todos los placeres… Cuando digo que lo siento me refiero a haber dejado que se me fuera un poco de las manos, es algo con lo que llevaba soñando tanto tiempo que los sentimientos me desbordaron—

—Y a mí— Reconoció tímidamente.

—Lo sé, como también se qué clase de chica eres Kyoko— La dio un casto beso en la mejilla. —Eres dulce, inocente, pura, terca, sumamente tradicionalista…, sé todo eso y lo quiero todo de tu persona Kyoko—

—Yo…, yo también te quiero—

—Y no sabes lo feliz que me hace eso, por ese motivo, porque sé que me quieres tanto como yo a ti, es por el que te prometo que nada cambiará en nuestra relación que tú no quieras que cambie—

—¿Quieres decir que quieres que seamos sólo amigos? — Kyoko no pudo evitar que sus ojos delataran la pena que ese pensamiento la producía. Es verdad que no sabía qué era lo que quería pero estaba claro que eso no.

—Si es lo que tú quieres, pero…— Una vez más evitó que ella escondiera el rostro. —No me refiero a eso… A ver Kyoko, voy a ser claro con esto, ¿vale? —

—Vale…—

—Yo te quiero más de lo que un amigo puede querer. Te quiero como mujer, estoy completamente enamorado de ti y por ello lo único en lo que puedo pensar ahora mismo es en por qué no estoy hablando ahora mismo con mi novia—

—¡Qué! — Los ojos de Kyoko amenazaron con salirse de sus cuencas. —Estás diciendo que…, tú…, quieres…—

—¿Qué seas mi novia? — Terminó por ella sonriendo con ternura. —Más que nada en el mundo sí, de momento—

—¿De momento? —

—Olvídalo…— Ren se riñó a sí mismo. "Poco a poco capullo, no la intimides más". —Lo que quiero decir es que sí Kyoko, quiero que seas mi novia, quiero salir contigo en una cita de verdad por ejemplo. Pero también quiero decir, que si para ti es algo imposible de tolerar, me conformaré con ser lo que tú quieras que sea con tal de que me permitas estar a tu lado. Sí me quieres como sempai… ahí estaré, si me quieres como amigo… seguiré siendo tu mejor amigo —

—¿Y si..., sí quiero ser tu novia? — Preguntó acalorada.

—Pues seré el mejor novio que nadie haya visto jamás— Acarició sus labios impidiendo su réplica. —Y…, mientras te recuperes, seré solo tu novio cuándo y cómo tú quieras, el resto del tiempo seguiré siendo el mismo que ha convivido contigo estas semanas, tu amigo. ¿Te parece bien?—

—Me parece bien—

—De acuerdo, entonces…— Ren sonrió sinceramente. —Kyoko…, ¿quieres ser mi novia? —

Un rojo sangré cubrió el rostro de Kyoko mientras sus ojos se humedecían emocionados. —Sí, quiero ser tu novia—

Con una carcajada liberadora, Ren cogió su rostro y le dio un profundo, aunque no por ello menos tierno, beso. —Gracias…—

Allí mismo, en aquel enorme sofá entre tiernos y dulces besos, Morfeo les llevó al mundo de los sueños, donde esta vez la fantasía no era otra cosa sino que la realidad.


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