Mi dulce princesa estuvo callada todo el día, y la pobre no se esperaba hoy la visita de Chat, y más aún, no creo que esperara que hoy la sorpresa de su vida sería saber quién estaba detrás de las orejas del gato negro.

Me sentía un poco lucido, durante toda la mañana no pude disimular mi humor, feliz y rebosante, sentía como si estuviera fuera de mi cuerpo, experimentando el preámbulo para llegar a alcanzar la felicidad.

De vez en cuando volteaba hacia atrás y la miraba, tan dulce, tan concentrada en las actividades a realizar sin percatarse de mi mirada. Me pregunte como pude haber sido ciego tanto tiempo, como no había visto el hermoso tesoro que desde hace tanto tiempo había sido puesto para mi.

Pero como chat, pudiste conocerla. Como Chat tuve una oportunidad que nunca me hubiera permitido como Adrien. Mostrar mi lado vulnerable, dejar que alguien viera mis heridas y mis cicatrices. Marinette era ahora parte de la fuerza que necesitaba para seguir adelante. Me daba esperanzas de todo lo que me deparaba el futuro.

Y finalmente hoy todo se revelaría, le diría lo que sabía y al mismo tiempo dejaría que ella me viera como era. No tenía miedo, porque ahora sabía que me amaba, que no estaba enamorada de quien era, sino de lo que me hacía ser, mi esencia.

Casi conté los minutos que pasaron para terminar las clases, correr a casa, dejar todo y correr a mi verdadero hogar, a sus brazos y a su corazón. En cuanto sonó el timbrazo de salida me dijeron que faltaba cada vez menos para que yo pudiera cumplir mi más preciado anhelo hasta ese momento.

Nino se despidió muy rápido de mí, tenía una cita con Alya y si no se iba pronto, ella probablemente le dejaría. Eso significaba que Marinette regresaba a casa sola, y aunque no estaba muy lejos, desee poder acompañarla todo el trayecto.

Cuando salí hacia el patio de la escuela, la vi despedirse de su amiga mientras está última le daba un abrazo y corría a la salida, donde Nino ya la esperaba. Su rostro sonriente y ojos brillando eran un espectáculo que esperaba poder disfrutar dentro de poco con mi chica de coletas. Con el solo pensamiento de ella como mía me hizo latir el corazón.

Solo un poco más. Seguir con el plan hasta el final, sin dudar, sin miedo y con el corazón en la mano.

Camine hasta llegar cerca de ella. En cuanto me vió saludo, le devolví en saludo mientras me situaba a su lado y miraba en la dirección en la que se acababan de ir Nino y Alya.

-parece que estaremos solos más a menudo desde que ellos decidieron ir en serio ¿no crees?- estaba a centímetros de ella, su mano tan cerca de la mía que estaba seguro que si extendía ligeramente mis dedos era capaz de entrelazarlos con los suyos.

-lo sé, pero me alegro de que estén juntos, se ven felices- me sonrió. Por primera vez desde que la conocía sonreía de esa manera a Adrien. Sin sus titubeos habituales, sin ideas inconclusas o inconexas. Habló como lo haría con cualquier otro compañero. Entendí el porqué. Le sonreí de vuelta.

-tienes razón, si ellos son felices, entonces debemos de serlo nosotros también

Asintió para demostrar que estaba de acuerdo conmigo.- bueno, tengo que irme, te veré luego Adrien.- su despedida fue informal y sincera, sin nervios ni ningún sentimiento tratado de ser ocultado. Ella había tomado una decisión la noche anterior. Me elegía, aunque no lo supiera del todo.

Moví mi mano y la seguí con la mirada hasta su casa. La panadería Dupain, tan calidad, familiar y armoniosa. Lo sabía porque había pasado muchas tantas tarde en ese lugar, conviviendo con Marinette y espiando a su familia, viendo el amor que se tenían y lo mucho que se procuraban.

Especialmente recordó un día:

Cuando llegue al cuarto rosa de mi pequeño rayo de luz el lugar estaba completamente vacío. La puerta que daba a la parte de abajo del departamento estaba abierto y de abajo los sonidos de risas y la televisión encendida estaban al tope. Propio de mi curiosidad, quise saber que tenía tan animado el sitio, baje con cuidado, sin hacer ruido alguno y me pose en la parte superior de las escaleras. Acuclillado, estuve mirando la escena que se extendía ante mí.

Marinette y su padre estaban con sus controles mirado fijamente la pantalla, donde una intensa batalla se desarrollaba. Padre e hija estaban compitiendo ferozmente, dando golpes y lanzando habilidades especiales con tal de vencer a su adversario.

-esta vez no seré suave contigo- Era increíble la corpulencia del señor Dupain, sin embargo en aquel momento parecía todo, menos alguien imponente. – que seas mi hija no te librará de mi ira.

-no te preocupes por eso papá. Esta hija tuya a aprendidos algunos trucos por su cuenta- en menos de un minutos el ganador, invicto según decía la pantalla, seguía siendo Marinette.

La chica brincó en el sillón, control en mano, con aire triunfante mientras su padre se encogía, aparentemente derrotado, aunque una sonrisa en sus labios y unos ojos llenos de orgullo por su hija decían algo completamente diferente.

El sonido de la puerta al abrirse me alertó, de inmediato subí al cuarto, justo en el momento en el que la madre de Marinette, la señora Sabine, entraba con una canasta de comestibles recién comprados.

-¿otra vez con ese juego?- de inmediato se oyó como alguien se levantaba del sillón y corría a auxiliar a la señora.

-no te enojes cielo, solo es un pequeño descanso, después de todo no abrimos la panadería hasta dentro de 30 minutos. – el beso sonoro que le dio el hombre a su mujer dijo todo el amor que tenían entre ellos.

-hey, alguien aquí también quiere un abrazo- me asome justo lo necesario para ver como Marinette se unía al abrazo. Esa fue la imagen de una familia que se amaba, que se cuidaba y procuraba. Yo después de mi madre lo único que tuve fue una casa vacía la mayor parte del tiempo y la gran foto que enmarcaba el vestíbulo de ella. Mi padre y yo, sin vida, serios, siendo mas estatuas que humano.

Me acomode en el diván de Marinette, y cuando subió a su cuarto, lo primero que hice fue abrazarla. En sus brazos busque el cobijo que hace tanto tiempo no sentía. Por primera vez después de años, llore sin control. Recordando tantas cosas y dejando salir tantos sentimientos que no sabía que contenía hasta ese momento.

Ella me devolvió el abrazo. Me permitió quedarme con ella toda la noche. Cuando fue a dormir, no le importó que me acostara a su lado. Que siguiera llorando, todo lo que hizo fue abrazarme y decirme una y otra vez: "todo estará bien, chat, ahora ya no estás solo". De alguna forma, ese día sentí como si la oración no concluyera allí, sino que entre líneas ella decía "ahora tienes una familia".

Regrese de mis recuerdos, una sonrisa producto de la nostalgia no pudo abandonar mis labios cuando me encamine al automóvil que esperaba por mí.

Cuando llegue a la casa de mi padre, ni siquiera me importó ver aquel vacío vestíbulo, corrí a mi cuarto junto a Plagg, que salió de inmediato para hablar conmigo.

-dime chico enamorado, ¿Qué vamos a hacer ahora?

-ir con ella, es justo que Marinette sepa quien soy detrás del traje ¿no crees?

- supongo que ella no estará contenta con escuchar tu cascabel siempre- su tono burlón como siempre haciendo acto de presencia- bueno, al menos tendré a alguien con quien hablar, no he visto a tikki en un largo tiempo.

Me reí ante la idea- vamos Plagg, tenemos una confesión que realizar.

Me trasforme en Chat Noir antes de salir por la ventana. Brinque por los tejados disfrutando la sensación del aire. Lo amé con cada poro de mi piel, de alguna manera hoy se sentía diferente a otros días.

Baje cerca de una florería y tome un precioso y enorme ramo de rosas rojas, dejando el pago indicado y corriendo al balcón de la casa Dupain.

Pero incluso antes de llegar a estar cerca de ese sitio, el estruendo procedente de la torre Eiffel lo hizo voltear rápidamente. Vio como una silueta se balanceaba entre los techos, directa a resolver el percance.

Miro las flores en mi mano y otra vez hacia la dirección donde Ladybug había ido. Suspire con resignación, deje que las rosas se deslizaran por mis manos y tome el bastón que tenía en mi espalda para apurar mi camino.

Quizá, después de todo, mi plan para reunirme con el amor de mi vida no sería realizado hoy.

nota de la autora:

oficialmente "todos los gatos ronronean" se ha vuelto una serie gracias a ustedes por apoyarme y alentarme a seguir la continuación de esta historia.

No sé en que dirección me lleve el viento, pero espero que el camino que tome sea el indicado.

Aunque mi primera entrega es cortita, espero sus comentarios.