¿Por qué sonreía? Esa fue la primera pregunta que cruzó por mi mente mientras la veía. No dijo nada más. Salió cuidadosamente al balcón, sin hacer ruido al mover el tragaluz y se situó cerca, pero no tanto como para que pudiera alcanzar. Me levante de mi lugar, con la intensión de ir directo hacia ella, pero su mano levantada hacia mí me congeló en el lugar.
-¿My princess?
No dijo nada, solo caminó, pasando a un lado mío y llegando al barandal de hierro forjado, con la nota entre sus manos. No podía ver su rostro, me estaba negando ver sus facciones para que no adivinará sus sentimientos o las emociones que la embargaban.
-¿Por qué?- la pregunta fue tan escueta que no sabía a qué se estaba refiriendo exactamente. ¿Por qué la amaba? ¿Por qué venia aquí, después de lo que hice? ¿Por qué no podía decirle la verdad?
La risa que salió de sus labios fue baja, quise acercarme a ella, abrazarla por su espalda, darle el calor y la confortabilidad que parecía necesitar tan desesperadamente. Pero no pude, mi cuerpo no respondió a las órdenes que mi mente rugía.
-¿Por qué lo hiciste?- esta vez fue un grito lleno de furia, de rabia que hasta ese momento no creía que podía tener alguien como ella- ¿Por qué tenías que besarla? ¿Por qué a Ladybug?
Volteo y la imagen que vi me partió el alma, mi corazón se estrujo en mi pecho. La sonrisa de hace unos momentos no le había llegado a los ojos, era del tipo de sonrisas que oculta tristeza y dolor. Pero ahora su dolor estaba pintado por su rostro, las lágrimas corrían por sus mejillas, en un puño, mi nota arrugada.
No pude mantenerme más tiempo lejos, termine con la distancia que nos alejaba y estaba a punto de abrazarla cuando sentí un ardor en mi mejilla. Me tomó unos instantes darme cuenta de lo que había pasado. Marinette había alzado su mano, la bofetada fue fuerte, contundente, el sonido apenas fue perceptible, pero el picor de la carne era constante. No dije nada, me merecía eso y más.
No me moví, simplemente le mire, con el amor y la búsqueda del perdón plasmada en mis ojos. No podía seguir sin ninguno de los dos. Me empujó una vez, no me moví ni un milímetro. Volvió a hacerlo y una vez, y otra. Golpeteo mi pecho, y le deje.
Deje que descargará toda su furia, todo eso que no podía hacerlo con nadie más. –estúpido gato, tonto, tonto, tonto- me dijo una y otra vez, golpeteo hasta que no pudo más, hasta que sus brazos cayeron si fuerza sobre mi pecho, para deslizarse junto a su dueña hacia el suelo. La ayude a bajar, hincándome a su lado. Simplemente ahora lloraba, sacaba de su sistema todo aquello que le dolía, con lo que no necesitaba cargar.
-Marinette- deslice una de mis garras por su mejilla, limpiando una lágrima. Miró directamente a mis ojos- por favor, perdóname.
-¿Por qué me mientes?
-nunca te he mentido, yo…
-¡Cállate!, claro que me mientes, me mientes, porque no eres sincero conmigo, ¿la amas? Porque si la amas entonces, puedes ir a buscarla- sus manos temblaban mientras inútilmente trataba de encontrar el broche de su pulsera- no soy nada a comparación a ella, si tanto la amas, no me uses como un simple sustituto, no soy un premio de consolación. – jaló varias veces la cadena, sin éxito de arrancarla de su mano, como si el metal y su significado le estuvieran quemando.
Le sostuve con cuidado de las muñecas, separando su mano para que no se lastimará ¿Qué demonios había hecho? Sin pensarlo, acababa de exponerme todo el dolor, todos sus miedos. Ella se comparaba con Ladybug, aunque fuera la misma persona, en alguna parte de su mente se comparaba con la imagen de la heroína de París. ¿Qué era ella sin su Miraculous? Para mí, era la mujer que necesitaba a mi lado, pero ella no podía verlo de esa forma.
-Marinette, por favor, escucha- movía la cabeza de un lado a otro, negándose a prestarme atención, tratando de alejarse de mi agarre- no eres ningún premio de consolación. Y yo soy el sujeto más idiota del planeta por dañarte como lo he hecho- no le había dicho que la amaba, no le había pedido formalmente que fuera mi novia ni nada. El día que le entregue la pulsera solamente la besé y di por sentado el carácter de nuestra relación. Pero todavía podía arreglarlo, debía de haber una forma.
Se retorcía bajo mi agarre, estaba desesperada por alejarse de mí. No sé lo permitiría, no cuando necesitaba aclararle un par de cosas. Al ver que se seguía negando a prestarme atención, tuve que hacer lo único que creí que funcionaria.
Estampe mis labios sobre los suyos, ella intentó aun con más fuerza alejarse, pero la anclé en su sitio. Si solo se calmaba un segundo y me dejaba hablarle, con eso sería más que suficiente. Presione una y otra vez, bese con fuerza, sin llegar a lastimarla. Poco a poco sentí que su voluntad cedía. Dejo de moverse, pero no respondió a mis besos, no respondió cuando solté sus manos y acune en mis garras su rostro húmedo.
No se movió cuando bese cada una de sus lágrimas, cuando presione el sabor salino de mis labios sobre los suyos. Estaba tan quieta, tan indiferente…. Me preocupe aún más.
-por favor, solo dame un minuto- tenía que hablar rápido, acaparar todo el tiempo que ella me diera antes de que se rindiera, antes de que se diera cuenta de que en realidad no valía la pena escucharme. Ni una lagrima valía mi vida por lo que hacía. – necesitas escuchar. Si, fui un estúpido, no tengo excusas para lo que hice y si lo deseas, después de esto no volveré a venir nunca más, pero no quiero que pongas en duda una cosa, princesa. Todo lo que digo en esa carta es verdad, te amo. ¿De acuerdo? Te amo como nunca creí que se podía amar, te amo irracionalmente, tanto que no pienso cuando hago las cosas, no razonó absolutamente nada. Eres lo que necesito, y si no quieres verme, si no quieres saber nada más, me iré. Pero nunca pienses que eres menos que alguien, tus vales tanto porque eres una chica hermosa, amable, honesta, gentil y noble. Y yo solo soy un gato egoísta y mimado que quiso robar un poco de tu atención, que sin darse cuenta se dejó domesticar y que ahora no puede ver la vida sin su verdadera dueña. Por favor, solo te pido que confies en mí, aunque no lo merezca, todo lo que hago es por el amor que te tengo, eres mi sol, mi luna, mi vida entera ahora.
Aunque las palabras por confesarme quemaban por salir de mis labios las retuve, no era el momento, no aquí y no así. Primero ella debía de confiar, de saber que todo lo que hacía, decía y quería estaba en función de ella. Mi sol, mi cielo. Quería que fuera solamente mía.
-Estoy en tus manos- deje su rostro, dejando sus ojos clavados en los míos, tome sus manos y las puse sobre mi pecho, el latir de mi corazón en constante palpitar- puedes hacer lo que quieras conmigo, olvídame, destrúyeme, pero por favor, nunca dudes de mi amor.
Un gemido ahogado fue sofocado en sus labios y siguió llorando, sin embargo, no apartó sus manos de mi pecho, enredó sus manos en mi cuello y golpeo su cabeza sobre mi pecho, se ocultó ahí para seguir llorando y me dejó sostenerla, abrazarla fuertemente.
-gato tonto, eres demasiado tonto- repitió una y otra vez.
-lo sé, soy un gato tan tonto- dije respuesta. No supe cuánto tiempo estuve sosteniéndola, solo que para cuando ella se calmó, su calor y el mío se había fusionado, el llanto se había ido hace rato, pero le costó cierto tiempo calmarse completamente. Escuche atentamente cuando nuestros corazones comenzaron a sincronizarse para latir al mismo tiempo. Dos mitades de un todo que buscaban la armonía.
Cuando su respiración se acompasó y sus músculos se relajaron, supe que se había quedado dormida. Comprensible dada la agotadora presión emocional que le causaba. Era un maldito, pero juré que no dejaría que se apartara ni un momento de mi lado. Cepille levemente su cabello, maravillándome de la sedosidad y la textura. Lucia tan frágil e indefensa en aquel momento, pero yo sabía la verdad que se ocultaba detrás. Una mujer fuerte, decidida.
Única.
Con cuidado la cargue entre mis brazos, acunándola como la princesa que era, mi barbilla recargada sobre su coronilla mientras nos conducía a ambos a la habitación. Tikki abrió la ventana, mirándome desaprobatoriamente, sin decir nada. No hacían falta las palabras para ver la realidad: ella, al igual que Plagg, no aprobaba el curso de las decisiones que estaba tomando.
Pero ellos no entendían del todo el amor humano, porque era tan complicado, tan enredado, poco racional y loco.
Con cuidado acomode a Marinette en su cama, extrañe enormemente la suavidad de su cuerpo contra el mío. Tikki me miro una vez más antes de negar con la cabeza y dejarme solo, supongo que en un intento de darme privacidad, lo cual agradecía internamente.
La arropé y me quedé unos minutos más observándola, maravillándome con lo hermosa que era, me acuclillé al lado de la cama, y con un dedo trace el contorno de su rostro, desde el nacimiento del cabello hasta la barbilla, luego el cuello. Al final no me atreví a ir más lejos.
Me acerque a su oído.
-dulces sueños, mi hermosa princesa- tras lo cual bese su mejilla y me dispuse a marchar. Pero en cuanto di la vuelta, una mano me detuvo. Voltee para encontrarme a Marinette sosteniendo mi mano, aunque no muy segura, y mirando hacia otro lado, como si no quisiera enfrentarme.
-¿Qué sucede?- regrese a su lado y sin tocarla, me senté en su cama. Ella contrajo sus piernas, hasta que las tuvo a la altura del pecho y las abrazó. Recargó una mejilla en sus rodillas y me miro, al principio sin decir nada, lo cual me inquieto.
-¿Quieres que me vaya?- ella negó levemente- de acuerdo- no dije nada más por miedo a decir alguna cosa incorrecta. Ya había metido la pata muchas veces en tan corto tiempo.
-¿La amas?- fue todo lo que dijo, su voz apenas audible.
-te amo a ti- dije en cambio, era la verdad, y estaba contestando su pregunta, aunque no lo supiera. Si ella se dio cuenta que indirectamente evadí la pregunta, no lo dijo.
-¿Te basta lo que soy? En verdad ¿Puedes querer a una chica como yo?- me acerque más, invadiendo su espacio, nuestros rostros tan cerca que si me estiraba lo suficiente, podría unir nuestros labios.
-te lo repetiré las beses que sea necesario, te volviste mi dueña, me domesticaste, y el que no es digno de ti soy yo, para mí, tu eres perfecta, mi mundo solo necesita una princesa, y esa eres tú- deje que mi aliento chocará con la piel de su rostro. Me maraville con la respuesta. Un lento suspiro.
Cerró momentáneamente los ojos, y cuando los abrió, en su rostro se dibujó una sonrisa sincera, la cual le llegó a los ojos.
-chat, tienes mi corazón en tus garras, así que debes ser muy cuidadoso, por favor- abrió sus manos, invitándome a hundirme en ellas. No lo dude. Me aferré a ella, envolviendo mis brazos alrededor de su cintura y enterrando mi cara debajo de su pecho, a la altura de su vientre.
Ella movió sus dedos entre mis cabellos y tocó gentilmente las orejas. Supe que me había perdonado, que a pesar de todo, perdonaba mis estupideces y mis impulsos.
Me embriague de su aroma, deje que cada parte de mi mente y cuerpo aprendiera de memoria el dulce olor que su cuerpo desprendía, para no extrañarla demasiado cuando estuviera lejos de ella. Pero como cualquier cuento de ensueño, debía de volver a la realidad. Así que me separe de ella, con la mayor lentitud que me era posible.
-debo de irme- dije, mirándola anhelantemente. Todavía no soltaba su mano y ya extrañaba su cercanía. Me volví un adicto a ella y cada vez necesitaba más.
-puedes….- su susurro fue bajo, el tono de voz denotaba cierta vergüenza y nerviosismo- …si quieres… puedes quedarte- su cara estuvo de inmediato color escarlata.
No pude contener la sonrisa maliciosa que se dibujó en mis labios, atrevida pero con cierta pena aún, menuda combinación me había tocado con esta mujer.
-¿Estas segura?- su mirada me evadía. Pero cuando capture su rostro, no deje que viera a otro lado más que a mis felinos ojos. –corazón, necesito una confirmación, de lo contrario, tendré que irme- ahí estaba mi lado desinhibido hablando por mí. Sin duda en ciertas ocasiones resultaba muy oportuno, aunque regularmente me metía en más problemas de los que recordaba.
Un leve asentimiento fue todo lo que obtuve en respuesta. Y fue suficiente para mí. No iba a ser tan atrevido, mi idea era recostarme en el suelo, al lado de su cama, pero me sorprendí cuando se movió a un lado para dejar espacio en la cama. Eso me dejó mudo y sin idea de como proceder. ¿Cómo podía pasar tan rápido de una emoción a otra?
-¿y bien, te vas a acostar o qué?- palabras atropelladas de una chica que ahora parecía un brillante tomate rojo.
Me reí quedamente, con los pies me descalcé las botas y puse mi bastón junto a ellas. Abrí las sabanas y me acomodé a su lado, a una distancia de al menos 30 cm. Me puse de lado y me recargué sobre uno de mis brazos para observarla mejor.
-¿Qué pasa? ¿Por… porqué me miras tan fijamente?
-nada, solo pienso que eres increíble
Recibí un almohadazo como recompensa, pero lo valía por ver su rostro avergonzado y dulce. Yo provocaba esas reacciones, sólo yo las disfrutaba. Y me encargaría de que así fuera siempre.
Me acomode sobre mi espalda. Marinette apagó las luces de su cuarto y nos sumimos en el más profundo silencio. Esta intimidad era diferente…. Si bien deseaba llegar a amar el cuerpo de Marinette, esto que ella había sugerido era… bien, dulce, cálido, íntimo y un momento nuestro.
-buenas noches princesa- pensé que quizás no dormiría. Aunque la idea de estar a su lado me reconfortaba y traía a mí ser cierta paz.
Sentí como las sabanas se removían y luego las manos de Marinette se abrazaban a mi cuerpo, me tense solo unos momentos, para después acomodarla sobre mi pecho y envolver mis brazos en su cintura. Apretándola más contra mí.
-buenas noches, gatito- dijo. El tono fue tan dulce y bonito que no pude evitar dejar escapar de mi garganta un ronroneo de satisfacción. Ella se río contra mi pecho.
-¿enserio?
-te lo dije, todos los gatos ronronean.
-chat, ya duérmete- aunque no podía ver su rostro, estaba convencido de que tenía los ojos cerrados y la más linda sonrisa en su rostro.
-lo haría, pero la chica más hermosa del universo me sigue hablando, y es de mala educación no contestar, sabes-
-buenas noches, mi dulce y tonto gato.
-buenas noches, my princess- le bese una última vez en la coronilla antes de caer en los brazo de Morfeo.
Me desperté antes del amanecer, o más bien, Tikki me despertó.
-tienes que irte- me dijo mientras sostenía con dificultad una de mis botas negras. A mi lado, el cálido cuerpo de Marinette aun retozaba, completamente perdida en sus sueños. Aunque no quería apartarme, sabía que era necesario. Con cuidado salí del abrazo en el que nos habíamos quedado, la posición me dejó adormilados ciertas partes del cuerpo, pero por estar junta a ella, no importaba si no volvía a sentirlas.
Tome mis botas y bastón y me escabullí por el tragaluz. En el balcón me puse los zapatos, pero no observe que Tikki me había seguido, no parecía estar contenta.
-te lo dije, no me gusta como estas manejando las cosas ¿Por qué crees que te dije acerca de quien era ladybug? – aunque pequeña, cuando se enfurecía, parecía muy amenazante- ¡No te dije las cosas para que la dañaras como anoche! ¿Qué tramas exactamente?.
-solo dame tiempo- trate de que mi voz no me fallará en estos momentos,no era una persona acostumbrada a los sermones, menos a los que me dejaban vulnerable.- te pido lo mismo que le pedí a Marinette. Por favor, confíen en mí, tengo un propósito para mi actuar, lo prometo.
-Más te vale no hacerle más cosas de ese tipo, porque te lo advierto, lo más peligroso que alguien puede encontrarse es un corazón dañado.- y dejando claro el punto, atravesó la ventana y regresó a la recamara.
Me pase el brazo por el cuello, un poco para estirarlo, un poco como parte de mi nerviosismo. ¿En realidad yo sabía lo que estaba haciendo?
Cuando llegue a mi propia casa, el sitio estaba como siempre, vacio y sin rastros de las almas que se supone la habitaban. Cuando deshice la trasformación, Plagg voló a su tan amado Camembert y yo me deje caer sobre la cama. Tenía al menos tres horas antes de que comenzará el colegio, podía darme el lujo de dormir más o de pensar en qué diablos estaba haciendo en estos momentos con mi vida amorosa.
Plagg, inesperadamente se mantuvo callado, solo comió su queso y se quedó dormido, el muy perezoso. Y yo me puse a pensar.
En realidad tenían razón, estaba haciendo toda más difícil y enredado de lo que suponía era. Tan simple como era declarar mi amor y revelar mi identidad.
Pero no podía verlo así de simple. Yo amaba a Marinette y a Ladybug, porque ambas eran una persona. Sin embargo ella no me amaba. No a mí.
Tuvo un enamoramiento de Adrien, lo confesó, pero ahora amaba a Chat, y quizás en cuanto se diera cuenta de que ambos eran la misma persona, es decir, cuando se diera cuenta de que era yo, seguramente pensaría que su amor por chat fue una ilusión y que siempre sintió solo aprecio, el mismo que ahora decía tener por Adrien.
Y yo tenia un terrible miedo de que algo así pasará, perderla era una sensación que se había formado en lo más hondo de mí y que era una amenaza constante en mi mente. Igual que amenzar una delicada torre de naipes, cualquier movimiento en falso terminaría en catástrofe total.
Por eso tenía mi plan, si Marinette amaba a Adrien con la misma intensidad que decía amar a Chat, entonces cuando le dijera mi verdadera identidad, no pasaría nada malo, porque ella se daría cuenta de que el sentimiento era el mismo, que su corazón no le mentía o le hacía malas jugarretas. Sabría que siempre seria yo y nadie más.
Con esas cosas en la mente me quedé dormido sobre la cama. Con la promesa de un mañana junto a Marinette.
Como de costumbre, llegue a las clases con algo de tiempo extra, así que no me apresure a llegar. Pero en cuanto entré en el salón de clases, Marinette estaba conversando amenamente con Nino y Alya, esta última ocupando el lugar donde regularmente me sentaba.
En cuanto el grupo me vio, Alya me lanzó una mirada que detecté de inmediato: tenía un plan y yo era parte de sus objetivos. Nino por su parte, solo se encogió ligeramente de hombros, dándome a entender que él no estaba detrás de ello, pero que no detendría a su novia.
Finalmente mire a Marinette, quien estaba algo inquieta, mirando a Alya, acusándola de que lo que sea que estaba haciéndole. La morena no ocultó su culpabilidad.
-Buenos días, Adrien- dijo como si nada pasará en cuanto me acerque a mi lugar, aunque no deje mis cosas.- sabes, he pensado que me gustaría pasar más tiempo con Nino entre clases, así que si no te molesta. Quiero ocupar tu asiento por algunas clases, solo unas cuantas, no muchas-Su tono era de lo más convincente, casi un seguro para que la gente no le negara nada.
Mire hacia el lugar vacío, junto a Marinette, y no pude evitar pensar que alguna fuerza mayor y sobrenatural, posiblemente el destino, me estaba impulsando para que pasará más tiempo con mi Marinette.
Estaba a punto de responder, cuando una voz chillona y un tanto escandalosa gritó mi nombre.
-¡ADRIENNNNNN!- odiaba un poco que alargara mi nombre, pero como siempre, Chloe llegó en un momento de lo más inoportuno- ¿Pero que es esto? ¿NO tienes un lugar donde sentarte? Vamos, te puedes quedar conmigo, estoy segura que a Sabrina no le importará moverse.- miro a su amiga- ¿verdad que puedes irte a otro lado, Sabrina?
La chica de cabello corto y lentes miro atónita a su amiga antes de comenzar a mover sus cosas de manera precipitada. A veces me compadecía de la forma en que Chloe la trataba constantemente. Seguramente si no la quisiera tanto, Sabrina no le aguantaría tantos desplantes y malos tratos.
Tan gentilmente como pude zafé mi brazo de las perfectas manos con manicure de Chloe.
-no es necesario, si ya hay un lugar vació allá- señale la vacante que había dejado Alya.- ahora, si me disculpas Chloe- camine lo más rápido y deje mis cosas en la butaca al lado de Marinette, quien se había pasado toda la escena mirando a su libreta rosadas. El diario donde plasmaba ideas y bocetos.
Enfurruñada, Chloe se acomodó dignamente su cabello, como si se hubiera movido completamente y regresó a su asiento, no sin antes fulminar con la mirada a Marinette, quien no dijo nada. Alya nos miró con complicidad antes de regresar su atención a Nino.
Decidí que seria yo quien rompería el hielo.
-¿Cómo estas hoy?- ella dio un respingo en cuanto me oyó- lo siento, no era mi intención asustarte.
-no, no, no, nada de eso,- rápido alzo la vista y cerró su cuaderno, sus movimientos tan rápidos y nerviosos que era obvio adivinar sus emociones- lo siento… es solo que.., pensé que dado que Chloe es tu amiga, irías con ella.
-bien, quizás conozca a Chloe de antes, pero no es mi única amiga.
-¿a no?- me miro con curiosidad, y le di una pequeña sonrisa antes de continuar hablando.
-no, porque cuando llegué aquí tuve nuevos amigos, mi primer amigo hombre fue Nino, y si tú no lo recuerdas, yo sí, Marinette, tú fuiste mi primer amiga. – me perdí levemente en el azul de sus ojos mientras seguía rememorando esa hermosa experiencia.- tú fuiste la primera que me sacó una sonrisa sincera, y aunque empezamos mal al principio, cuando te explique las cosas, fuiste la primera en que confió en mis palabras.
-¿yo hice tal cosa?- parecía sorprendida de que alguien la descubriera de tal manera. Le confirmé las cosas asistiendo con la cabeza.
-lo hiciste, siempre haces ese tipo de cosas, Marinette, confias en las personas, en lo que son, y es admirable. Si me lo preguntan, creo que es una de las cosas que me gustan de ti.
Sus mejillas se ruborizaron y su boca formó una O perfecta, pero antes que me contestará, la profesora entró y la clase comenzó.
-muy bien chicos, para nuestra presentación de la semana cultural tenemos varias opciones: podemos hacer una obra de teatro, un desfile de modas o una exposición de pinturas. Así que les pasaré unos cuantos papeles y darán su voto para alguna de estas actividades.
La profesora repartió las papeletas y de inmediato comenzaron a llenarse. Mis compañeros escribían y doblaban su papel para luego devolverlo a la profesora. Yo vote por la obra de teatro quizás, sería interesante ver que podíamos montar.
Pero mi mala suerte de gato negro salió a relucir y la mayoría voto por desfile de modas. Así que no tuve otra opción que ajustarme a las circunstancias.
-bien- continuo la profesora- debemos de diseñar los trajes y elegir a los modelos, tanto hombres como mujeres deben de participar en el desfile, incluso si es necesario, los diseñadores serán participantes, así que… pueden postularse o dar alguna opción.
De inmediato la mano de Chloe y la de Alya estaban arriba. La profesora le dio la palabra a Chloe primero.
-profesora, mi papi podría donar alguna colección para la escuela, estoy segura que varios diseños del papá de Adrien podrían ser modelados por él y por mi como su pareja.
-lo siento Chloe, pero son los estudiantes quien deben hacer los trajes y decidir quiénes serán sus representantes. La escuela apoyará con presupuesto para telas y demás utensilios, pero el trabajo debe ser exclusivamente de ustedes, ahora, ¿Qué propones Alya?- ese brillo en su mirada me decía que estaba a punto de hacer algo y salirse con la suya.
-Creo que sería genial que Adrien fuera el asesor para los diseños, ya que su trabajo es como modelo- sabía que entre líneas estaba la frase acerca de quien era mi papá, pero no la externó- el junto con la diseñadora podrían proponer varias temáticas y presentarlas a la clase.
Las voces que se mostraban de acuerdo con la idea fueron varias, la profesora calmó los animos antes de seguir.
-tienes razón, Alya. ¿Adrien te molestaría ser asesor?
-sería un placer y un honor, profesora- no había forma viable para que saliera de esto.
-un momento- intervino Rose, desde la parte trasera del cuarto- Alya, mencionaste la palabra "diseñadora", eso quiere decir que ya tienes en mente a alguien ¿Quién?
-¡claro que tengo en mente a alguien!- la mirada de reojo que hecho su amiga a Marinette me dijo todo lo que necesitaba saber- ¡propongo como diseñadora del evento a Marinette!
-¿QUÉ?- estalló en un chillido la voz de Chlóe.
-yo apoyo su propuesta- Nino alzó la mano
-yo también- dijo Kim. Y así siguieron los demás
-¿tu que dices Marinette?- preguntó la profesora por encima del barullo de grito de ánimo. Ella me miró de reojo y le dije quedamente – será genial.
-estoy de acuerdo profesora- dijo tan quedito que apenas pudimos oírla.
La profesora siguió hablando, pero su voz me pareció distante. Solo me concentre en Marinette y el hecho de que trabajaríamos juntos. Y era feliz por el simple hecho de estar a su lado. Aunque se encogió ligeramente en su asiento. No pude evitar moverme hasta estar cerca de ella y susurrar.
-creo que haremos un equipo estupendo ¿Qué opinas?
-…creo…supongo…es decir…. Si, claro- me encargaría de que olvidará esa sensación incomoda a mi lado. Pensé que ya la habíamos superado, pero supongo que después de que la última vez que nos vimos le besé la mejilla sin explicación y me fui corriendo, era normal que se sintiera inquieta a mi lado nuevamente. Pero no sería así por mucho tiempo.
Esta vez ya estaba decidido, si como Chat ya tenía el corazón de Marinette, Como Adrien me encargaría de que nacieran los mismos sentimientos. Después de todo ¿Qué podría pasar?
