Los minutos pasaban y no podía conciliar el sueño, Marinette y yo nos acomodamos de manera que nuestros cuerpos encajaran lo mejor posible. Me acomode boca arriba, dejando que mi dulce niña se acomodara sobre mi cuerpo. Su cabeza recargada en mi pecho y parte de su cuerpo sobre el mío era algo parecido a estar en la gloria. Me reconfortaba sentirla tan cerca de mí, sin ningún espacio o distancia que separara.

Deje de pensar en muchas cosas luego de que llegue, solo me dedique a mimarla, decirle palabras de amor, de todo aquello que sentía por ella y jugar con algunos mechones sueltos de su cabello. Ella mantenía la cara abajo, su oído acomodado para que escuchara mi corazón.

-princesa…- no estaba seguro si ella se había dormido, después de mi grato recibimiento, ella no dijo mucho. Estaba muy quieta y eso de alguna manera me inquietaba. Busque con mi mano libre la suya y la apreté suavemente. Ella de inmediato levantó el rostro hacia mí. Me dedicó una sonrisa que no le llegó a los ojos. Entendía esa expresión, la usaba cuando se perdía en sus pensamientos y no quería que nadie se preocupara por nada.

-amor ¿ocurre algo?- jamás me cansaría de decirle este tipo de expresiones cariñosas, el pecho se me inflaba un poco cada vez que pensaba en ella de esa forma. Se acomodó mejor y negó con la cabeza. No le creí ni un poco- princesa, ¿no confías en mí?- sostuve la mano que llevaba la pulsera y la lleve a mis labios para darle un beso en el dorso, el tintinear del cascabel haciendo un ligero ruido.

-Chat…- un susurro suave, ella cerró los ojos para disfrutar de la sensación de mis labios en su mano. Me sentí atrevido y seguí dando besos en el interior de su muñeca y fui incorporándome con ella para continuar un camino de besos de su mano hasta su clavícula. Cuando estaba con ella no pensaba racionalmente y eso hacia estragos a mi autocontrol. Marinette por su parte no dijo nada, solo mantuvo los ojos cerrados, pero de vez en cuando sus labios se entreabrían para emitir pequeños ruiditos y en más de una ocasión se reprimió, mordiendo su labio inferior.

Nunca, en todas las beses que había estado con ella, habíamos ido tan lejos. Cuando me di cuenta de mis sentmientos por ella, trataba de mantener una línea trazada porque tenía ciertos problemas para decidir si mis sentimientos por ladybug y Marinette eran correctos, si podía amar dos personas. Cuando supe que en realidad Marinette y ladybug eran la misma persona, comencé a acercarme mucho más, invadir su espacio personal, tener roces accidentales, incluso en varias ocasiones le robe un beso en la mejilla. Pero jamás había ido más allá de un inocente coqueteo, ahora estaba rebasando cualquiera de las líneas que yo mismo me había dicho que no ignoraría. Pero era tan difícil cuando ella parecía dispuesta a seguir.

Marinette envolvió sus brazos alrededor de mi cuello, sentir como sus dedos se metían entre mi cabello suavemente, con miedo de hacer algo más plasmó una sonrisa en mis labios que ella de inmediato sintió sobre su piel.

-¿Por qué sonríes?- preguntó quedamente.

-porque eres lo más bonito que pudo pasarme y aún me preguntó que hice para merecerte. – deje caerme sobre su pecho, abrazando su cintura y escuchando los latidos de su corazón. Ella era mi luz, mi vida, mi todo y si la llegaba a perder, simplemente no sabía cómo continuar en esta existencia.

-mi gatito, tú eres único- ahora fui yo quien recibió los mimos, ella acarició mi cabeza y yo, dejándome llevar, me impulse para ser intercambiar papeles, ahora ella estaba boca arriba y yo encima de ella disfrutando sus caricias. Deje que mi lado felino saliera, ronroneando contra su pecho y frotando mi rostro sobre este. Mis manos estaban alrededor de su cintura, aferrando su delgado cuerpo.

Había querido estar así todo el día y ahora iba a desquitar mis ganas.

-¡ch…Chat!- mi niña dejo su mano suspendida en el aire cuando sintió mi rostro- ¿qué crees que estas haciendo?

-lo que estuve pensando hacer todo el día, estar lo más cerca posible tuyo- no era una mentira, tuve que tener una fuerza de voluntad enorme para no abalanzarme sobre ella en toda la tarde de trabajo. Pero ahora, con mi mascara como mi perfecto camuflaje, podía dejar salir este lado juguetón mío.

-¿y precisamente tienes que hacerlo de esa forma?- su voz era como un grito muy quedito, poniendo énfasis en las palabras pero lo suficientemente bajo para que solo yo oyera, sería un problema si sus padres escuchaban ruidos cuando se suponía que tenía rato de irse a la cama. Sabía a lo que se refería y una sonrisa traviesa se cruzó en mi cara, esto era potencialmente un detonante que dejaría que nos llevará a algún punto sin retorno.

-¿por qué?- puse mi mejor cara de niño inocente- ¿No puedo demostrarte cuanto te quiero?- volví a acariciar su pecho, restregando mi mejilla insistentemente entre el valle de sus senos. Ella soltó un gritito de sorpresa, trató de alejarse de mi agarre, pero solo consiguió que yo reajustara mi abrazo para hacerlo irrompible.

- -¡Chat, deja de hacerlo!- su tono se debatía entre la pena y la furia. Me encantaba ver las expresiones de su rostro, eran demasiado hermosas. Estaba ligeramente sonrojada, sus ojos mirando hacia otro lado.

-¿Por qué estas sonrojada? – me levante hasta que nuestros rostros quedaron a la misma altura, su cuerpo debajo del mío, la encerré entre mis cuatro extremidades, dejándole una dificil forma de escape, solo en caso de que lo intentara.

-no… no lo estoy- seguía desviando la mirada, con mucho cuidado, lleve una de mis garras a su barbilla y gire su rostro de manera que pudiera verle a los ojos. Sus palabras podían decir una cosa, pero sus ojos eran demasiado trasparentes, siempre sabría la verdad viendo a través de ellos.

-princesa, no es fácil engañar a este gatito curioso y escurridizo- me acerque lo más que pude, nuestras narices se rosaban, y solo atine a seguir la suave fricción, un besito esquimal que solo la puso más colorada. –Mira, ahí está de nuevo ese lindo tono color rojo. – sonreí todo embobado.

-oh solo cállate- dijo con una expresión divertida. Me gustaba cuando estaba así, sonriente, divertida, algo avergonzada, pero no por menos hermosa. Cuando parecía dudar, tener miedos e incertidumbres, cuando su rostro se tornaba si expresión alguna e incluso parece vacío, cuando eso sucede, un hueco crece en mi corazón.

-bueno, no es fácil callar a este minino- me señale totalmente confiado de mis palabras, jugando y retando a mi chica. Ella sonrió una vez más, lanzó su cabeza para atrás, cerrando los ojos, y cuando levantó la cabeza, con su mirada llena de determinación, supe que ella entendía el juego. Estaba dentro.

-bien, entonces será mejor que estés preparado para mi método de silencio.

-sorpréndeme.- dije de manera coqueta mientras guiñaba uno de mis ojos. Sonrió antes de comenzar con su eficiente método para mantener mi boca sellada. Solo tuvo que ladear un poco la cabeza para que sus labios llegaran a los míos. Sus manos se deslizaron a mi cuello, atrayéndome a ella de manera rápida y dejando que nuestras bocas danzaran una peligrosa danza que podía provocar muchas cosas.

Primero fueron pequeños toques, suaves roces que solo hacían desearme ir más rápido, perderme más en ellos y no saber nada más del mundo. Ella era tímida en este aspecto, no muchas veces había tomado el control. Sin embargo ahora era todo suyo, podía hacer lo que quisiera conmigo y yo no pondría ningún pero o protesta.

Después de unos cuantos besitos inocentes. Se separó para estudiarme. Entendí que era mi momento para seguir con mis provocaciones.

-¿eso es todo lo que tienes para mantenerme callado?

-ahora verás, pequeño gato hablador- en el segundo round, ella me demostró que en realidad yo si era un gran gato hablador. Sus labios aprisionaron los míos. Jamás pensé que ella podría besar de una manera tan pasional. Me rendí de inmediato cuando su lengua rozó mi labio inferior, la deje entrar y explorar mi boca al mismo tiempo que yo me deleitaba con la suya, en cualquier momento podía cambiar, hacerme con el control y empujarla para llegar a un punto más lejano en nuestra relación, pero no quise ser el dictador, ella era la que daba la pausa y yo la seguiría como un corderito manso.

Sus manos estaban en mi nuca y mi cabello, enredó algunas hebras entre sus dedos y tiraba de ellas de vez en cuando ligeramente para que cambiara de posición mi rostro o lo moviera en cierta dirección. Al principio mantuve mis ojos cerrados, disfrutando las sensaciones, pero entre más rápido y hambriento se volvia el beso, más ganas tenía de ver la expresión de su rostro.

Tenia los ojos cerrados y las mejillas seguían coloradas, pero también pude apreciar pequeños rasgos. Sus largas pestañas negras, los mechones de su frente que se ponían sobre su rostro. Nos separamos nuevamente para tomar aire. Agitados y con la emoción dentro de nosotros, esto parecía estar tornándose en un peligroso fuego que podría consumirnos si no éramos cuidadosos. Aunque personalmente no tendría problema en morir en sus brazos.

-te amo- dijo como un susurró, quedó y con un tono de voz algo más bajo qué el que normalmente tenía, lo cual hizo que una corriente de electricidad atravesara mi cuerpo. – te amo, chat noir.

- y yo te amo a ti, mi dulce princesa Marinette. – con ternura acaricie su rostro. Ella casi de inmediato la atrapó con una de sus manos, entrelazó nuestros dedos y dejó descansar su mejilla sobre mi palma. Con mi sonrisa, deje que mi vista se desviará a otras partes de su cuerpo. En su cuello, note pequeñas manchitas que apenas si veía.

Eran los chupetones que le había dejado, ahora apenas una mancha descolorida que estaba adaptándose al color de la piel. Baje mi garra hasta allí y le acaricie con cuidado, pensando que tal vez me había excedido en aquella ocasión y la había lastimado.

Un pequeño retorcijón en mi estómago se presentó con la sola idea de ser el causante de algún sufrimiento hacia esa chica tan perfecta. Supuse que mi semblante serio la inquieto.

-Chat, ¿Qué pasa?

-yo los hice- acaricie de arriba a bajo la marca más grande.- te hice esto y no tuve en cuenta que tal vez podría lastimarte ¿te dolió? ¿Te duelen? ¿Te has sentido incomoda con ellos?- demonios, la culpa hacia su acto de aparición.

Ella solo negó con la cabeza. Cuando vio que eso no sería suficiente, añadió.

-nunca me has hecho daño Chat, y siendo sincera, en ese momento ni siquiera sentí algo, digamos que… bien… mi mente estaba pensando en otras cosas y menos preocupada por eso- ahora parecía que todo su rostro estaba rojo.

-¿Qué pensabas?

-es obvio que lo sabes, así que no me hagas decirlo.

Por supuesto que lo sabía, o al menos suponía eso. Porque por mi cabeza habían pasado infinidad de posibilidades después de dejar ese chupetón. Me acerque con cuidado y deje un beso sobre la ya casi desvanecida marca.

-si te molestó, no lo volveré a hacer.

-¡NO!- la respuesta fue rápida y contundente, incluso a mí me sorprendió, más calmada, dijo- no me molestó Chat, en lo absoluto, yo, bueno… solo…- ese nerviosismo era porque tenía algo vergonzoso que decir.

-¿te importaría que te hiciera más ahora mismo?- estaba serio con esta pregunta, porque ahora quería más de ella. Era un hombre muy egoísta por quererla toda para mí, una primitiva vena de territorialidad emergió y dejó salir la pregunta.

-No- fue todo lo que necesite, esta era una forma de reclamarla, de querer dejarle un mensaje en la piel que ella pudiera recordar durante mucho tiempo.

Primero deje un beso en el chupetón menos marcado, apenas un tono pálido en la piel, para luego empezar con mi tarea. Me gustaba esta parte de ella, cuando se tornaba desinhibida y se prestaba a mis juegos, me entendía y me seguía con ese sonrojo que delataba su leve timidez.

Me hacía sentir menos solo, con ella a mi lado, pensaba que cualquier cosa sería posible. Succioné lo suficiente, mis dientes atrapando ligeramente su piel y jalando. Marinette estuvo muy calladita todo el tiempo, y solo abrió ligeramente los labios cuando jale más la succión antes de soltar.

La marca tenía un tono rojizo, pero poco a poco se iba desvaneciendo para dejar un leve morado. Baje hasta su clavícula y ahí deje otro, hice el mismo procedimiento y obtuve la misma respuesta.

-eres tan hermosa- exhale la frase tan quedamente que temía que no me hubiera escuchado. Solo sentí su estremecimiento debajo de mis brazos, así que supuse que su reacción se debía a mi aliento sobre su piel.

-no gatito, el único realmente hermoso aquí eres tú- de todas las palabras que pudo haber elegido para hacerme un cumplido, esas son las que menos esperaba. Ella era tan pura, tan sincera con sus sentimientos que por un momento, solo por una fracción minúscula, sentí el impulso de decirle la verdad, quitarme el disfraz delante de ella y pedir por que me comprendiera y que no le importará nada más que mis sentimientos.

Pero de inmediato tuve miedo, tanto miedo de no ser suficientemente bueno para ella y echarlo todo a perder. Que ella me repudiará, que se diera cuenta de lo poquito que valía y al final se fuera, dejándome solo y más vacío que cuando me encontró.

-te amo- deje que mi única verdad saliera, para que nada más tratará de emergir a la superficie.

-también te amo, mi Chat noir- tomó mi rostro entre sus manos y las dirigió a mi rostro, un casto beso, inocente, tierno. Me separe lo suficiente para recargar mi frente sobre la suya, mirándola fijamente a los ojos. Deje que sus pozos azules me ahogaran, no podría tener suficiente de ellos jamás.

Si veíamos fijamente, podía ver diminutos puntos que le daban varias tonalidades y los hacían hermosos.

-Mi dulce Marinette, por favor, por favor jurame que nunca dejarás de amarme- tome una de sus manos y la lleve justo hacia mi pecho, descansándola sobre mi acelerado corazón. –todo lo que soy, todo lo que tengo es tuyo, si lo quieres, te amo tanto que a veces pienso que es solo un sueño, que en cuanto cierre los ojos y despierte mañana, estaré solo otra vez. Tengo tanto miedo de perderte que no tienes una idea de las locuras que podría hacer con tal de que no te pierda.

Mientras dejaba que mi corazón hablara, cerré los ojos. Para cuando los volví a abrir, las lágrimas de mi ángel salían silenciosamente por su rostro. ¿Qué había hecho?

-no, no, shhhhh- comencé a consolarla desesperado, temiendo que mis palabras le hubieran molestado, o peor aún herido. – no llores amor, por favor, no quería decir nada que te perturbara, dios, soy un idiota.

-si, lo eres- ahora fue ella quien tomó una de mis manos y la llevó sobre su pecho- eres un gato idiota por pensar que esas palabras tan bonitas podrían lastimarme. Chat, no sé como llegamos a esto, pero por nada del mundo cambiaría las cosas. Llegaste a mi vida en un momento un poco caótico, pero agradezco haber conocido a la persona detrás de esa máscara. Eres bueno, listo, amable, divertido, honesto- ahí venía otra vez esa pequeña molestia al oír la última palabra- escucha muy bien esto, te amo, con cada fibra de mi ser, con cada aliento que tengó. Aquí y ahora te digo que jamás, mientras tenga este amor por ti, nunca volverás a sentirte solo. Ahora eres parte de mi vida y yo quiero pensar que soy parte de la tuya.

-Mi Marinette, no solo eres mi vida, eres mi todo- volvió a dejar salir sus lágrimas, pero en esta ocasión estaban acompañadas de una hermosa y brillante sonrisa. En serio que no la merecía ni un poquito, pero el destino me había permitido conocerla, y mientras tuviera las fuerzas, lucharía por estar a su lado en todo momento.

Un pequeño bostezo involuntario salió de sus labios y entendí que era momento de dejarla descansar si quería verla temprano al día siguiente.

-debemos dormir- nos acomode a ambos de lado, para quedar frente a frente en su cama. sus últimas lágrimas salían y con cuidado las limpie con mi pulgar. –Mañana tienes escuela.

-creo que tienes razón- se acercó un poco más, para quedar debajo de mi mentón, su cara escondida en mi pecho.- ¿te irás antes de que despierte, verdad?

Recargué mi barbilla sobre la coronilla de su cabeza.

-sí, pero descuida, antes de salir por esa ventana, te daré mi beso de los buenos días- besé su cabeza,- ahora buenas noches princesa,

- buenas noches, mi dulce y felino príncipe.

A los pocos minutos, su respiración se tranquilizó y antes de que lo notará, ella se habia quedado tranquilamente dormida entre mis brazos. Aunque quise quedarme cuidando su sueño, no era justo para Plagg que dejará la trasformación, así que con cuidado la deje en su cama, arrope bien su cuerpo y le di un beso en la frente.

Subí al balcón y con cuidado cerré la ventana, luego camine hacía el barandal pensando en que quizás Plagg tenía razón y estaba complicando demasiado las cosas. Antes de que tomará mi bastón y me lanzará al siguiente tejado para llegar a mi casa, Tikki salió del suelo, con una expresión demasiado seria y macabra para una criatura tan pequeñita.

-¿Por qué lo haces?- su pregunta fue simple. Entendia acerca de lo que estaba hablando, muchas veces me había hecho la misma pregunta. Cuando no le contesté, solo respondió con un movimiento negativo de cabeza y cruzó sus manitas.

-sabes que como kwamis hemos estado muchos años en la tierra, protegiendo a la humanidad de las catástrofes. He conocido a muchas ladybug y muchos Chat noir en mi vida, cada uno con personalidades diferentes, solo unos pocos se han visto en la misma posición que tu ahora, y ninguno hizo lo que hiciste tu ahora.

-¿Qué es eso, exactamente?- pregunté curioso.

-Acercarse tanto a su amada como para tener una relación sentimental. Eres el único que ha podido hacer algo así, y creo que en parte se debe a que yo me he apegado tanto a Marinette que quise a alguien que le cuidara y no solo por ser la heroína, sino por la maravillosa persona. – la pequeña kwami se acercó mucho a mi, decidida, me pegó en la nariz y me miro a los ojos.- si en verdad la quieres, muéstrale quien eres, no permitas que su corazón dude, atesóralo como ningún otro.

No espero que yo le contestará, se dio la media vuelta y simplemente se adentró al cuarto. Me fui, pensado en sus palabras. Ella tenía razón, le profesaba amor pero no confiaba en que ella me viera de la misma manera si le decía mi identidad. Llegue cansando a casa, apenas quite mi transformación Plagg se fue volando hacia su suministro personal de queso mientras yo me dejaba caer en la cama. Abrace mi almohada y suspire.

-¿madre, que debó hacer?- en estos momentos, ella sería la única persona que entendería mi dilema y podría ayudarme, Sin embargo sabía que nunca llegaría la respuesta. Lo único cierto que tenía era lo que hasta ahora había decidido. Y no quería echarme para atrás.

Marinette tenía que ver a través de mis máscaras, a través del gato y el chico. Ella seguramente entendería cuando se lo explicará, porque ella me amaba, y el amor también significa perdón.

Con esa idea, concebí el sueño, deseando que llegará la mañana para que pudiera reunirme nuevamente con mi princesa.