Como lo prometí, me fui en cuanto los primeros rayos del sol comenzaron a asomarse por el horizonte, me removí ligeramente de su agarre. Su cuerpo estaba sobre el mío, un abrazo que ninguno de los quería soltar. Se durmió sobre mi pecho, y sentirla tan tranquila y en paz entre mis brazos me hizo desear despertar así todas las mañanas. Con ella en mi vida, quería experimentar todo.
Ayer noche fue la ultima persona que vi al dormir, y ahora era el primer rostro que mis ojos podía apreciar ¿Qué podría ser mejor? Me quedé contemplándola un ratito, mirando como el cabello suelto se le iba hacia la cara y las puntas cortas le hacían cosquillas en la nariz. Ella, incluso dormida, sonreía y se apartaba el mechón, sin interrumpir su pacifico sueño. Sonreí cuando vi que hacia aquella acción.
Sin embargo, era hora de volver a la realidad.
Con cuidado solté su agarre, tome la almohada que había terminado en el piso y la puse en mi lugar. Como lo prometí, bese sus mejillas y su frente antes de marcharme. Se removió un poco, pero su sueño fue más fuerte que ella, así que simplemente se acomodó y siguió dormida, mi pequeña y bella perezosa
Hoy ni siquiera vi a Tikki, así que supuse que, o seguía enojada o simplemente se había dado por vencida por una vez.
Salí al balcón, me estire como el gran felino que soy y cruce por los techos hasta aterrizar en el gran ventanal de mi habitación, deshice la trasformación y me deje caer en el sillón mientras Plagg corría a buscar su reserva personal de queso en caso de emergencia, aunque no entendía el nombre, menos cuando tenía que abastecerlo cada día.
-esa chica te tiene en la palma de su mano- como siempre mi Kwami y sus malos modales hicieron acto de presencia, hablando con la boca atiborrada de alimento y migajas en sus bigotes y mejillas. Yo me deje caer hacia atrás, extendiendo las manos y cerrando los ojos.
Tenía que darle la razón, Marinette podía hacer conmigo lo que quisiera y no la detendría, yo era tan suyo como ella lo aceptará, y aplicaba en mis dos versiones. Chat y Adrien, las dos caras de la moneda, tan diferentes y tan parecidos.
Adrien, el perfecto chico, hijo de un padre diseñador, modelo y futura promesa de la casa Agreste, educado, social, amable, serio. Eso y cuanto más adjetivos hubieran redactado las revistas cuando hablaban de mí. Pero yo no era ni de cerca parecido a todos los chismes que mes tras mes se difundían.
Era curioso, extrovertido, quería tontear, divertirme, cometer errores, ser independiente, no vivir bajo la sombra de mi padre ni tener que ser lo que la gente esperaba. Deseaba con todas mis fuerzas poder coquetearle libremente a la chica que se había robado mi corazón, y que ella lo aceptará de buena gana y me siguiera el juego. Que los demás se desencantaran de la apariencia y vieran mi verdadera esencia.
-Hey, sigue frunciendo el señor y estoy seguro que obtendrás una bonita arruga en esa cara tuya hoy- Plagg se escuchaba cerca, pero no quise abrir los ojos para averiguarlo. Estaba demasiado concentrado en mis pensamientos que no quise interrumpir el hilo, supuse que aun lado debían conducirme, de alguna forma, ponerlo en mi mente me tendría que dejar ver si estaba haciendo lo correcto con esta idea de no revelar mi identidad. Pero esa respuesta jamás llegó, más bien obtuve la mejor interrupción, con Natalie tocando mi puerta para que bajara a desayunar.
Cambie mi ropa, tome mi mochila y a Plagg con su tercera ración de queso y baje rápido, mi desayuno siempre era en solitario, así que me sorprendí mucho cuando en la cabecera de la gran mesa del comedor mi padre tomaba una humeante taza de café y miraba concentrado cualquier cosa que proyectara la pantalla de su Tablet.
Mire a Natalie, una pregunta silenciosa rondando en mi rostro, ella solo se encogió de hombros y salió del salón, no sin antes decir que el auto estaría listo en 20 minutos. Me quede parado, sin saber muy bien que hacer ¿hace cuánto que no teníamos este tipo de interacción? Definitivamente había pasado un tiempo muy grande.
-y bien, ¿no piensas tomar asiento?- su rostro serio, sin pisca de emoción me miró fijamente. De pequeño, recuerdo que él tenía muchas caras, gestos graciosos y pequeños movimientos, casi imperceptibles, que me hacían saber exactamente lo que cruzaba por su mente. Pero ese tiempo hace mucho que se había desvanecido, y ahora me costaba pensar incluso si alguna vez lo había visto sonreír genuinamente.
Camine y ocupe el lugar que se había dispuesto a su lado izquierdo, siempre había sido de ese modo, yo a su izquierda, mi madre siempre ocupo el lado derecho, y hasta la fecha, ninguna persona había tomado ese asiento.
Mire algo inapetente mi desayuno. Jugo de naranja recién exprimido, un plato de fruta fresca de temporada y pan francés recién hecho acompañado de un huevo frito. Supuse que mi padre había tomado algo similar. Lo observe de reojo mientras tomaba los cubiertos para comenzar a comer, aunque con la inquietud que crecía cada vez más en mi estómago, no estaba seguro si lo retendría.
Cuando me devolvió la mirada, no pude soportarla y la baje, concentrándome en mi plato como si fuera la cosa más interesante que tuviera enfrente.
-Natalie dejo todo dispuesto para recibir a tu compañera esta tarde- sus ojos se habían desviado nuevamente hacia la pantalla, en donde dio unos cuantos clics y continuo, en tono neutro- la comida será a las tres y a partir de allí les mostrara el área adecuada para su trabajo, si necesitan tomar alguna tela, están en libertad de hacerlo.
Casi me atragantó con la fruta que había llevado a mi boca en aquel momento ¿Qué diablos había pasado con el padre que no me dejaba salir de casa? ¿Dónde estaba el hombre que me miraba como una obra de arte perfecta que debía de estar recluida en 4 paredes?
-no entiendo- dije tan quedamente que dude si me había escuchado, por suerte, su oído era muy fino.
-simple, ayer noche te dije que quería que trajeras a la chica para ver su trabajo. Su bombín fue algo... refrescante a la vista y me preguntó si ese es parte de su estilo. Además, eres mi hijo, como tal no tienes la necesidad de moverte a otras casas cuando aquí está todo lo que puedes necesitar y mucho más.- ahí estaba el porqué, todavía con su amabilidad, sus verdaderas y egoístas razones salían a la luz. Tenía la libertad que te me daba el largo de mis cadenas.
Suspire. Al menos, podría traer a Marinette a casa, incluso podríamos trabajar en mi cuarto en vez de la oficina o el estudio de mi padre, con ella a mi lado, quizás aquella mansión tan grande y fría se calentaría un poco y me parecería menos inmensa.
-Está bien- dije, sin mostrar la resignación en mi voz- hoy le diré sobre la invitación que estás haciendo, pero... solo será un día- dije, más para mi que para él.
Alzo una ceja y me miro de una manera algo petulante, antes de regresar a su taza de café y perder por completo su atención- ya lo veremos.
El resto del desayuno fue en silencio hasta que Natalie nos comunicó que todo estaba listo. Al parecer me pasarían a dejar a la escuela antes de que mi padre fuera a su boutique exclusiva en el centro de la ciudad. Su trabajo era su vida entera.
En el camino fuimos igual de silenciosos, ni Natalie ni el chofer se atrevieron a comenzar una conversación, siempre era lo mismo cuando mi padre iba a mi lado, su silencio contagiaba y mataba las voces a su alrededor.
Apenas se detuvo frente a la puerta de la escuela, me baje sin despedirme, pero mi padre no lo vio como el final, porque bajo su espejo y tan serio como era, me recordó
- les recogerán saliendo del colegio, si necesita ir a casa, será llevada y cuando su trabajo sea detenido, la devolveremos, diles a sus padres por cualquier cosa, y dales el número de Natalie.
La asistente solo movió la cabeza, en asentimiento, no supe si hacia mi o hacia lo que dijo mi padre. Espero mi respuesta, y cuando no me apure a darla, me miro con esos ojos tan violetas y duros como la roca y el hielo.
-le diré sobre la invitación- dije, con varias de mis palabras siendo tragadas por la impotencia de no tener el control de mi vida. Subió el vidrio y le indicó al chofer por donde ir. Yo entre a la clase con un dolor ligero de cabeza y muy mala cara. Pero no era una baja de azúcar o un susto y la búsqueda del aire.
Conocía mis malestares, causados tras las constantes peleas pacificas que teníamos. Silencios incomodos que raramente tratábamos de llenar. Mi padre me asfixiaba de una forma aplastante, quizás si no hubiera conocido la libertad que me dio Plagg siendo Chat Noir, al final mi batalla diaria por vivir una vida simple y llena de experiencias se habría perdido, hubiera dejado que el ganara. Porque era tan cansado, agotador al punto que había días donde la energía se podía drenar completamente de mi cuerpo después de tener una discusión con él acerca de mi futuro.
-¿Estás bien?- alguien estaba enfrente de mí, ni siquiera note en qué momento se coló en la aula de clases y se acomodó en su sitio habitual, pero ahora tenía a Marinette, inclinada ligeramente hacia mí , con la frente ligeramente fruncida y mirándome con esos atrapantes ojos azules que me decían que estaba preocupándose.
¿Cómo podía ser capaz de estar tan cerca de un alma tan sensible y hermosa y no haberlo notado desde el principio? Ella era amable, desinteresada, y siempre preocupada por los demás. Era más que obvio porque había sido elegida como portadora del kwami de la creación, el porqué era Ladybug.
-estoy bien- sonreí ligeramente mientras giraba parte de mi cuerpo para no darle la espalda, sabiendo que esa pequeña sonrisa no sería suficiente para que llegara a los ojos.
¿Por qué era yo, entonces, el portador del kwami de la destrucción? ¿era el destino, acaso, que enviaba un mensaje de que ella y yo éramos perfectos el uno para el otro? Era una cuestión que difícilmente tendría una respuesta. En realidad, debía dejar de preguntarme ese tipo de cosas en este momento, cuando mi silencio no ayudaba a que Marinette creyera en mis palabras.
-Has llegado bastante temprano- hice la observación mientras miraba el resto del salón, prácticamente vacío. Ella sabía a lo que me refería, no se destacaba por puntualidad o incluso por llegar temprano a ningún lugar. Algo que a ella a veces le causaba conflicto, pero a mi me dejaba con una sonrisa traviesa por verla haciendo sus características expresiones de disculpa.
Se sonrojo un poco y típico de ella, encogió ligeramente los hombros.
-me he levantado con el pie derecho- añadió, casualmente.
Estuve a punto de preguntarle por su noche, quería saber cómo reaccionaría ante lo que le dijera, pero me mordí la lengua, no era ni el momento ni el lugar para querer ponerla en Jaque. Así que opte por platearle la "casi" cordial invitación de mi padre.
-anoche mi padre fue quien me recogió de tu casa- dije casualmente, esperando que ella no se pusiera nerviosa o ansiosa.
-¿Por qué? ¿Se enojó porque no estuviste en casa temprano?- ahí estaba otra vez esa cara de angustia.
-tranquila, no hubo ningún problema, la verdad... bueno es que..- ¿Cómo se le decía a una chica que su padre la quería ver? Era sumamente raro, y a pesar de que pensé que era algo estúpido en un principio, ahora me preguntaba que tramaba mi padre detrás de esta visita. Era claro que uno de sus objetivos era no dejarme salir de casa solo para lo necesario, pero ¿qué más podría querer de Marinette?
-Adrien, ¿qué sucede?- su voz se escuchó un octava más queda, como si el solo hecho de pensar en Gabriel Agreste la hiciera encogerse ligeramente.
Como diseñadora, sabía que una de las más grandes inspiraciones que tenía derivaban de las creaciones de mi padre, incluso sabía que ella le estimaba y uno de sus sueños era trabajar en la casa de moda Agreste, pero me pregunte como se sentiría al conocer el tipo de personalidad que tenía su ídolo. Decidí que no quería ver un rostro de desilusión y por el bien de la convivencia entre mi padre y yo, este tendría que tratarla como ella se lo merecía.
-bien, ayer en la noche mi padre me preguntó el porqué de mi visita a tu casa, así que le conté sobre el proyecto escolar que se nos ha dado- ahora venía la parte rara y difícil- hoy en la mañana me dijo que la casa está disponible para que hagamos el trabajo ahí esta tarde, claro si tu quieres- alguna parte muy pequeña de mi esperaba que dijera que no podía, pero la otra tenia expectativas de que pasaría si dijera que sí.
-¿tu papá dijo que podíamos trabajar en tu casa?- sus ojos se ampliaron tanto que tuve miedo de que se lastimara, su rostro estaba entre la estupefacción y el asombro. No la culpaba. No es que no conociera mi casa, de hecho, ella una vez estuvo allí, pero no era lo mismo entrat para proteger que entrar por la invitación oficial, o eso supuse.
-sí, incluso propuso que si era necesario, podríamos trabajar en el estudio, pero si no quieres podemos estar en mi habitación, es amplia y tengo una escritorio lo suficientemente grande para hacer más bocetos y...- empecé a tropezarme con mis palabras, así que decidí callarme antes de decir alguna cosa sin sentido.
Marinette no dijo nada en ese momento, se mantuvo callada, y parecía sopesar la idea de ir o no. Solo tardó unos segundos, cuando finalmente me miro con una sonrisa sincera y dijo:
-estaría encantada de ir a tu casa, Adrien, si no hay ningún inconveniente- algo dentro de mí se movió ¿el amor de mi vida en mi casa? No estaba seguro de cómo debería de procesar la información.
-¡Genial!- hable un poco más alto de lo normal, llamando la atención de nuestros compañeros que poco a poco comenzaban a llegar al salón.- digo, eso está bien, nos iríamos después de la escuela, y no te preocupes, si necesitas pasar a tu casa por cualquier cosa, iremos, y pediré permiso a tus padres y les diré que estarás bien, por supuesto, también te regresaremos a casa en cuanto terminemos y- ¿desde cuando hablaba sin sentido o rumbo?
Ella se rió de mi expresión mientras me miraba, divertida y risueña. Yo le devolví la sonrisa al tiempo que Nino entraba cogido de la mano con Alya. Ambos mirábamos hacia nuestros amigos, juntos, felices y con aura que me hizo envidiarlos un poco, porque yo quería estar igual con Marinette y que todo el mundo nos viera.
-hola, bro- dijo Nino alzando su mano libre, Alya haciendo lo mismo hacia mi y Marinette. –y bien, ¿Cómo van los arreglos de nuestras estrellas para el desfile?
Rápidamente, la conversación que tuve con Marinette paso a segundo plano mientras ambos hablábamos de las ideas que teníamos y yo me dedique principalmente a alabar el buen trabajo de la chica situada a un lugar arriba del mío. Si lo único que podía hacer era llenarla de cumplidos, lo haría con el mayor gusto del mundo.
Las clases comenzaron y debido a una evaluación sorpresa de parte de todos los profesores, la mayor parte del día la pasamos en silencio, dedicándonos a escribir y borrar y volver a escribir, algunos incluso se arriesgaron a pasarse las respuestas, afortunadamente sin ser detectados por la profesora.
En cuando las clases acabaron, me estire en mi asiento y me puse de pie de un brinco, mirando hacia arriba donde Marinette estaba apenas preparando sus cosas para salir. Le iba a hablar cuando sentí un peso incomodo colgarse de mi cuello.
-ADRIENNNNN!- la inconfundible y estridente voz de Chloe penetró en mis tímpanos y dejó un ligero pitido en ellos mientras la chica que consideraba mi única amiga de la infancia seguía colgada a mi cuello, con poco interés de soltarse-¡oh, Adrien! Ha estado horrible la prueba, pensé que no terminaría nunca- un puchero estaba en su rostro mientras miraba como si tuviera algo en los ojos. Sin duda ella era demasiado dramática para todo.
-Chloe, es una prueba que hace cualquier escuela para ver el nivel de estudios, no creo que sea para tanto- puse mis manos alrededor de sus muñecas, tratando de separarla de mi cuello, pero solo conseguí que se aferrara más.
-pero ha sido tan horrible, y por si fuera poco, tampoco hemos podido trabajar juntos en el desfile- miro por encima de mi hombro, en dirección hacia Marinette- nadie de ellos ve que somos perfectos, ambos entendemos el mundo de la moda como ningún otro, ¿Por qué no hacemos un trabajo juntos, tu y yo?
¿y dejar a Marinette? Primero muerto. Vaya espectáculo que estaba presenciando mi princesa en estos momentos, lo que quería era desaparecer con ella y que nadie en el mundo tratara de alejarnos, ahora puse un poco más de fuerza para conseguir que Chloe me soltará y aunque al principio no quería, cedió, con una cara de pocos amigos.
-lo siento Chloe, pero estoy trabajando con Marinette, y si no te molesta, debo irme ahora mismo, vamos Mari- ni siquiera espere que ella hablara, sino que tome su mano y salí con ella, dejando a una chica rubia hecha una furia.
Pero no me importaba mucho, era cierto que le tenia estima, después de todo ella fue la primer niña que conocí en un largo tiempo, pero no dejaría que pensará que podía pasar sobre Marinette y yo me quedaría de brazos cruzados sin hacer nada.
Había días que tenia ganas de gritarla a la cara que la chica que siempre había fastidiado, a la chica que consideraba tan poca cosa era en realidad la chica que día tras día cuidaba de la seguridad de París y de sus habitantes, que esa chica que decía odiar y menospreciar en realidad era la chica a la que más admiraba e incluso llegaba a imitarla, solo para sentirse más cercana a ella.
La ironía en nuestras vidas era una perra, una que se podía cobrar las cosas a un alto costo.
-¿no crees que has sido un poco brusco con Chloe?- Marinette caminaba un paso detrás del mío, tratando de alcanzarme y sin intención de retirar su mano de la mía.
-¿eso te a parecido a ti?- reduje un poco la velocidad para que estuviéramos a la misma altura.
-no es que Chloe sea particularmente una persona que no merezca que uno sea firme alguna vez, pero... bueno creo que es la primera vez que veo que haces algo así.
-quizás es culpa mía- admití, bajando las escaleras y dirigiéndonos al auto que esperaba ya por nosotros- siempre dejado que ella haga lo que le de la gana, pero no me pidas que me quede de brazos cruzados cuando comienza hablarte de esa manera.
El silencio se instauró de inmediato entre los dos, solo sonaban nuestros zapatos al chocar contra el concreto de las escaleras, estuve seguro como ella apretó ligeramente nuestro agarre, pero no quise hacerme ilusiones. Después de unos segundos, ella, con la voz más fina, me preguntó:
-¿Por qué?
Porque eres la persona que mi corazón anhela, porque sin ti en mi vida, hace mucho tiempo que hubiera dejado de luchar por mi libertad. Porque te amo. Esas palabras cruzaron por mi cabeza y estuve tentado de decirlas, pero era seguro que lo único que conseguía era que Marinette se sintiera fuera de lugar e incomoda a mi lado.
-Porque eres alguien importante para mi, Marinette- fue todo lo que dije, con el rostro fuera de su vista, en caso de que mi expresión no empatara con mis palabras. Frente al auto, abrí la puerta y, con mucha dificultad, tuve que soltar su mano para sostener la puerta para ella. Marinette estaba con una expresión ilegible, parada como una estatua frente a mi.
-yo...- ni siquiera sabía que decir, era obvio que no le había caído del todo bien las palabras que le había dicho, ese enamoramiento por mí ya había pasado hace tanto tiempo, que estaba seguro en otro momento ella hubiera estado con una expresión tan diferente, pero ahora... ahora ella amaba a Chat noir y que alguien más le dijera esas palabras de seguro era algo que le incomodaba, pero era demasiado amable para decirlo.
-no tienes, que decir nada Marinette- sonreí de manera cortes, restándole importancia a las cosas- solo... bien... no me gusta que alguien te falte al respeto.
-gracias- su respuesta fue tan baja que casi me la perdí.
-gracias a tí
-¿por qué?
-por ser mi primer amiga en este lugar- dije señalando a la escuela. De repente su rostro se iluminó, como si el entendimiento llegará de golpe. Había dicho amiga y ahora ella creía que yo pensaba que era importante por esa razón, cuando solo era la punta del iceberg.
-Claro- comenzó a reírse, como si recordaba un viejo chiste- ahora que lo pienso, si no hubiéramos aclarado el asunto del chicle, probablemente yo seguiría pensando que tú y Chloe estaban hechos el uno para el otro.
Y cuanto me hubiera arrepentido si las cosas se hubieran quedado de esa forma, solamente el pensar en que pudimos ser dos perfectos desconocidos me hace sentir un nudo en el estomago y una pequeña punzada en el corazón.
-Adrien...- no me di cuenta que Marinette me había preguntado algo, hasta que me miro con el ceño un poco fruncido.
- perdón ¿qué decías?- aun sostenía la puerta para que entrara y ella seguía sin entrar.
-dije que si podíamos ir antes a mi casa- señalo con un dedo la siguiente cuadra, donde la panadería Dupain se alzaba en toda su gracia- creo que sería un poco más rápido si fuera y regresará, no tardó- comenzó a andar, y yo, por supuesto, fui detrás de ella. No sin antes decirle al chofer:
-espera unos minutos aquí, ahora regresamos, por favor- cerré la puerta y corrí para alcanzarla cruzando a mitad de calle. No dijo nada y sonrió un poco cuando llegamos a la puerta y la abrimos, haciendo sonar el timbre de bienvenida. Por supuesto, sostuve la puerta y deje que ella pasara primero antes de entrar yo, debilmente volvió a darme las gracias.
-Amor, Marinette ya llegó- la madre de Marinette terminaba de despachar una orden cuando nos miro y gritó hacia la cocina detrás de la tienda- y Adrien viene con ella. - la señora Dupain agradeció la compra y despidió a sus clientes con una sincera sonrisa.
Casi enseguida que salieron, el padre de Marinette, con su inmenso cuerpo, ocupo la puerta que daba a los hornos, con un delantal y gorro de cocina blancos y la ropa algo manchada a causa de la harina y el aceite que usaban para hornear.
-vaya, vaya- dijo, sonriendo y moviendo de manera graciosa su bigote- ¿Estas visitas serán frecuentes? porque necesito preparar más aperitivos diarios para nuestro invitado entonces.
- y yo deberé de cocinar para cuatro personas- Sabine dirigió una mirada conspiradora a su esposo antes de mirar a su hija, que de inmediato se había sonrojado ante los comentarios de sus padres- Oh, Mari, pero ¿qué tienes en las mejillas?
La verdad es que estaba entre el deleite y la vergüenza, y no sabía como contestar tanta amabilidad de parte de esta familia.
-No, no es nada mamá, y no te preocupes papá, Adrien no se va a quedar- camino con paso rigido hacia detrás del mostrador, yo creí que era conveniente quedarme hasta que se me invitara a pasar
-¿enserio? vaya, y yo que pensé que podríamos tener un torneo de videojuego, después de todo, nunca hemos hecho una competencia entre los tres- el papá de Marinette se talló detrás de su cuello, mirando entre su hija y yo.
-Estaría encantado de tener una partida con usted, señor Dupain, pero creo que podemos dejarlo para más adelante, de hecho, quería pedir su permiso, mi padre me ha permitido trabajar en mi casa el proyecto de la escuela, y me gustaría que dejarán a Mari venir conmigo, por supuesto me encargaría de traerla cuando el trabajo este concluido- me gustó usar el diminutivo que su madre había usado momentos antes.
Los ojos de Sabine brillaron de una manera traviesa mientras miro hacia su hija.
-por supuesto que Marinette puede ir- su voz estaba cargada con tonadas algo graciosas- después de todo, ahora son una pareja...- fue interrumpida por su hija.
-!MAMÁ!
-...de trabajo, corazón, son una pareja de trabajo y deben de hacer su proyecto en el lugar que sea más conveniente para ustedes- de inmediato se acercó a su marido para abrazarlo, recargando su cabeza en su pecho y esté deslizando una mano para cubrirla en un abrazo protector- puede ir sin ningún problema, y confiamos en tí, Adrien, para que traigas a nuestra niña a una hora adecuada ¿verdad, Tom?
Su esposo asintió, mirando hacia mí como ningún otro padre lo había hecho, incluido el mío. En su vista veía confianza, la seguridad de que yo era alguien confiable, que su hija estaría bien a mi lado. Eso me hizo sentir de una forma que por el momento no quise describir, era simplemente... demasiado.
-vamos Adrien, necesito que me ayudes con algunas cosas- Marinette regresó por mí y tiro de mi muñeca, pasando por enfrente de sus padres y pasamos a la puerta que conducía a su casa.
-lo siento- dijo mientras subíamos las escaleras para entrar a su casa- a veces solo... son un poco entusiastas con algunas cosas.
-te lo dije anoche, tus padres son geniales, ojala mi padre fuera igual a ellos- mi pensamiento salió en voz alta incluso antes de darme cuenta de que lo estaba diciendo. Ella no mencionó nada, cosa que agradecí. Otro punto a su favor, su discreción.
-y ¿qué voy a bajar yo?
-nada- dijo, abriendo la puerta y subiendo directamente a su cuarto, yo la seguí, de repente algo curioso.
-no entiendo ¿entonces porqué dijiste que necesitabas mi ayuda?
-fácil. No estaba segura si dejarte solo con mis padres sería la decisión más sabia, creeme, unos minutos serían más que suficientes para ellos- ya en su cuarto comenzó a tomar su libreta de bocetos y su caja de lápices y colores de todos tipos, su pulserita tintineando con su movimiento. Esa pulsera que me hacía recordar las cosas que estaba haciendo, como estaba construyendo mi camino para llegar a ella.
Miré distraídamente hacia otro lado, esperando que Marinette metiera todas las cosas en una bolsa con el tamaño adecuado para ello, tomó también una chaqueta algo más gruesa y cuando estuvo lista me sonrío y nos dijo que ya podríamos irnos. Bajamos y pasamos otra vez por la panadería, le dio un sonoro beso a cada uno de sus padres y les prometió no llegar demasiado tarde, yo me retire, asegurandoles que la traería a una hora adecuada, despidiendome agitando ligeramente mi mano, ellos hicieron lo mismo, extendiendo la invitación para esa partida de videojuegos y quizás una cena, yo gustoso acepte, diciendo que luego acordaremos una fecha precisa.
Al salir de la panadería, el chofer estaba estacionado justo enfrente, supuse que se movió hasta cuando nos vio entrar al local. Abrí la puerta y extendí una mano hacia Marinette para ayudarla a subir, ella, con las mejillas sonrojadas, la tomó y se acomodó en el asiento. Cerré la puerta y corrí para subir del lado opuesto.
No dijimos nada de camino a mi casa, y de repente me puse algo ansioso por lo que podría ocurrir las próximas horas. No deje que mi mente fuera mucho hacia ese rumbo.
En cuanto llegamos, le pedí que no se moviera y de inmediato salí para ser yo quien le abriera la puerta, algo tímida, ella aceptó el gesto, le ayude con su bolso y ambos subimos las escaleras que había hacia la casa.
-antes de entrar, solo quiero decirte, que me da gusto que vengas a mi casa- la verdad quería decirle que no tuviera miedo de ser ella, después de todo, era poco probable que mi padre estuviera en casa- bienvenida a casa.
Y abrí la gran puerta blanca para que ella pasará. Soñaba con el día que pudiera decir esas palabras, pero en nuestra propia casa, con nuestros propios hijos. Era igual que mi madre, un soñador sin remedio.
Cuando Marinette se quedó a medio camino de piedra, en medio del vestíbulo de inmediato me adelante para darle alcance y ver que estaba fuera de lugar. Sin embargo la sorpresa me llegó a mi también de golpe cuando dirigí mi vista hacia donde ella miraba con los ojos completamente abiertos y la boca en una perfecta O.
Mi padre, en toda su gracia, se encontraba de pie en la parte superior de la escalera, mirando con esos penetrantes ojos hacia nosotros. Ni una sola expresión, el mas leve gesto. Simplemente su voz, neutral y firme, diciendo.
-BIenvenida a mi casa, Señorita Dupain.
