1 marzo 2004, Presente. Bosque Screaming Woods, Kent, Reino Unido.
El suelo estaba inundado de cadáveres, una niebla espesa cubría el suelo del bosque, cubierto de hojas desmayadas en el suelo, que crujían de dolor con cada una de sus pisadas.
La chica se aferró los brazos para tratar de infundirse un poco de calor. Tiritaba violentamente y sus ropas rasgadas apenas conseguían abrigarla.
Por la hora, debía estar anocheciendo, pues la claridad empezaba a tornarse oscuridad con una suavidad propia de un vals; sin pausa, pero sin prisa.
Tenía miedo, miedo e impotencia. Quería salir de allí y huir, de sí misma y del dolor que empezaba a lacerar su pecho sin piedad alguna. No sabía dónde se encontraban sus amigos, tampoco dónde se encontraba él; probablemente muertos o secuestrados en algún lugar inhóspito donde morirían a causa de las torturas. Y ella, ella se sentía como una traidora. Había quedado oculta e inmovilizada por culpa de un hechizo que él le lanzó, tratando de ponerla a salvo de todo aquel caos y ella se quedó allí paralizada, viendo cómo se los llevaban y quedándose sola en aquel bosque que le ponía los pelos de punta.
Un crujido la hizo detenerse, su varita se había roto en el fragor de la batalla y no había sido capaz de robarle ninguna a algún cadáver, no podía. Tan desvalida y desorientada se encontraba, que apenas se inmutó cuando una niña salió de entre los árboles y se abrazó a sus piernas.
Sus ojos, de un azul penetrante y sus rizos negros, llenos de ramitas, la descolocaron. Estaba llorando.
La cogió en brazos, intentando no llorar ella también y buscó, buscó a la persona que había salvado a aquella cría inocente. La pequeña se escondía entre los bucles castaños de su salvadora y sollozaba casi en silencio, parecía saber que no era el momento más adecuado para molestar.
Siguió avanzando. ¿Dónde estás?Mi amor, dime que no te has ido... Buscaba, aferrada a esa idea.
Un sonido apenas audible la hizo detenerse; colocó a la niña en su espalda y caminó, indecisa. No sabía si era una trampa o no, pero debía arriesgarse. Además ¿qué más podía hacer? Sin varita, sin ánimo, ella sólo era una sombra, no importaba morir. Agitó sus cabellos ensangrentados y repletos de hojas, decidida, y siguió.
A los pocos pasos chocó contra un cuerpo, aún caliente. El corazón le dio un vuelvo, por fin un rayo de esperanza. Era alguien que la llamaba, alguien con vida.
Se dejó caer de rodillas a su lado y le acarició el rostro. Allí estaba, el chico que lo había dado todo en aquella lucha, por salvarla a ella, por salvarlos a ambos; su chico, aunque se escondiera tras la fachada que le proporcionaba Ron.
Hermione lo abrazó con cierta desesperación, se estaba desangrando y ella debía hacer algo.
-Mi amor, aguanta. Por favor...-le suplicó, llorando.
-Herm...-dijo al límite de sus fuerzas.
Buscó una varita por los alrededores, la chiquilla la miraba sin entender nada, estaba asustada. Por suerte, encontró la del muchacho a unos metros. El altanero Malfoy se había removido inquieto cuando ella se alejó y sólo cuando volvió a su lado se calmó, mostrando un asomo de sonrisa antes de perder la conciencia.
Hermione agarró con firmeza a su amado y a la pequeña, mordiéndose el labio inferior, tenía que concentrarse. Pensó con fiereza en el sitio al que deseaba ir. Pronto, sintió un gancho en el ombligo que la arrastrada, Draco y una niña de inquietantes ojos azules iban con ella.
4 marzo 2003, un año antes, alrededores de Londres
Estaba acorralada contra un árbol, había perdido la varita y un sujeto de duros ojos grises la amenazaba de muerte. Ella esperaba con inminencia un hechizo que nunca se produjo.
Su captor estaba completamente en tensión, asesinándola con la mirada de odio más penetrante de la tierra y sin embargo, no hacía nada.
-No te atreves, ¿eh? ¿Qué dirán de ti ahora, Malfoy? ¿Te sientes muy hombre con ese disfraz matando muggles inocentes? ¿Me matarás? -le gritó en pleno rostro- ¡Vamos! ¿A qué esperas? ¡No has cambiado nada! ¡Sigues siendo igual de despreciable que cuando te conocí!
-Cállate-le ordenó, colérico. Apretó los dientes y le enterró la varita aún más en el corazón, sus miradas se encontraron y la del rubio se desvió al colgante de Hermione, quedándose estático durante unos segundos.
-¿Quién eres tú para darme órdenes? ¡Malnacido! ¡Cobarde! ¡Hij...! Um..Um.. -trató de seguir chillándole insultos, pero el rubio le había tapado la boca, exasperado.
-Te dije que te callaras, estoy intentando pensar-le espetó, furioso.
A Hermione le dio un ataque de risa. ¿El hurón? ¿Pensando? Eso es nuevo. Si pensara, no estarían ahora mismo en aquella situación. Se carcajeó pegó un puñetazo en el árbol, a unos centímetros de su oreja izquierda y se acercó peligrosamente a su oído.
-Mira, Granger, me estás hartando. Si por casualidad mis amigos nos oyen, estás muerta, así que procura cerrar el pico o no respondo.
Se quedó atónita, mirándolo con furia y un dejo de amargura, se sentía engañada después del año que habían compartido de neutralidad y de casi amistad.
Aún así, no se esperaba en absoluto lo que ocurrió a continuación. El chico había suavizado sus facciones paulatinamente, se lo veía cansado, ojeroso, preocupado. Hizo inexistentes los centímetros que los separaban y la tiró contra el suelo abrazándola posesivamente. Draco sintió el aroma a lavanda que emanaba de la chica y se sintió asqueado, tentado de soltarla. Con aquel movimiento, Malfoy los había escondido tras unos espesos setos que los ocultaba de las miradas de cualquier enemigo.
Ella se había quedado aterrada, sin saber qué hacer. Su cuerpo estaba acalambrado y su cerebro no daba señales de vida, se había tomado una temporada de vacaciones. Vamos, imbécil, defiéndete, es Malfoy, Dios santo.
-¿Qué.. qué haces?- consiguió preguntar, tras unos minutos.
- Calla, Granger, joder – le susurró, exasperado – Quédate quieta, vienen.
Unos pasos apresurados sonaron muy cerca y unas voces se mezclaban, discutiendo en voz baja.
-Te dije que le vi por aquí, ese Malfoy debe andar cerca.
El rubio se tensó de repente y miró a su alrededor, Hermione notó el cambio y abrió los ojos al instante, alarmada, pero suspiró aliviada al reconocer las voces de sus amigos que le llegaban con claridad. Malfoy la miró, negando con la cabeza, advirtiéndole silenciosamente que no descubriera su posición. En un brusco movimiento pegó la boca a la oreja de la castaña y esta se estremeció, sintiendo el aliento del chico y el suave movimiento de sus labios.
-Necesito que me escuches y que me ayudes, esto no es un juego, Granger – le susurró en un hilo de voz apenas audible.
Hermione asintió lentamente, decidiendo acceder. Esperaron unos minutos que se les hicieron eternos, ambos con los corazones acelerados y respirando con cierta dificultad hasta que los pasos se alejaron lentamente en la dirección opuesta. Malfoy seguía igual de cerca, el muchacho estaba teniendo ciertas dificultades para rechazar las connotaciones sexuales que aparecían en su mente a cada segundo y no podía apartar la mirada del colgante, con un interrogante en sus pupilas. Hermione, por su parte, se sobresaltó al notar la erección del chico contra su sexo y quiso quitárselo de encima de un guantazo, pero antes de que pudiera gritar, el rubio desconectó su mente y le metió la lengua en la boca con rabia, acariciando con furia el cuerpo despotregido de Hermione, que seguía inmóvil, luchando por no obedecer aquellas insistentes acometidas.
Un volcán hervía en su vientre, derramándose al centro de su sexo y extendiéndose al resto de su cuerpo. Pero su lengua se resistía a corresponder aquel beso y lo arañaba enfadada, tratando de parar aquella locura. Sus pensamientos se mezclaban en su mente a la velocidad de la luz, era incapaz de pensar con claridad o de entender qué estaba pasando. Era Malfoy. Y. Y allí estaba, siendo acosada sexualmente por aquel hurón botador que la hacía estremecer contra su voluntad y que borraba de un plumazo las tardes en la biblioteca de silencio y calma. Sintió las manos del chico buscando sus pezones y vio la imagen de Ron en su cabeza por unos instantes, esto le dio fuerzas para darle un rodillazo en toda su virilidad y asestarle un puñetazo en plena nariz. Aprovechó para levantarse y lo miró, airada, intentando no chillar.
-¿Se puede saber qué haces?
Malfoy la miró, desorientado por el dolor y la confusión de lo que acababa de hacer. Hermione observó que unas profundas ojeras se veían bajo sus ojos, sus hermosos ojos helados, desolados por una tristeza que encogía el corazón, creyó ver al chico que salvó de una paliza hace cuatro años. Pero aquella imagen desvalida solo duró unas décimas de segundo, porque cuando volvió a mirar, una sonrisa fría se extendía por el rostro del chico.
-Te mantenía callada y caliente, Granger. Agradece el gesto de consideración que acabo de tener contigo.
-Das asco, Malfoy, eres un pervertido, un hijo de puta – le escupió en la cara con todo el desprecio que había acumulado mientras lo miraba.
Malfoy se quitó el escupitajo con parsimonia de la cara y la agarró de la muñeca, tirando bruscamente para acercarla él.
-Mira, Granger, te acabo de dar un regalo – le metió la mano en los pantalones bruscamente y la obligó a tocarlo durante unos segundos – Un gran regalo. Así que deja de quejarte.
Hermione tenía la cara color granate y su mente solo repasaba las mil y una formas de dañar a aquel estúpido rubio oxigenado que la miraba altanero.
-Escucha. Esto es realmente serio. - cambió el tono de voz a uno de tremendo cansancio y Hermione lo miró confusa, sin saber si estrangularlo o escucharlo.
-Deja de jugar conmigo, Malfoy, no me voy a dejar engañar.
-No digas de gilipolleces, Granger. ¿Crees que es un juego lo que está pasando ahí fuera? ¿Crees que la gente que está muriendo es algo con lo que distraerse?
-A ti todo eso te divierte.
-Puede que sí – saboreó aquellas palabras en sus labios – pero deja de hacerme gracia cuando lo hago bajo amenaza. Tienen a mi madre encerrada y no estoy dispuesto a hacer nada que los favorezca.
Hermione se mordió el labio inferior, tratando de decidir si se lo estaba inventando o no.
-¿Estás pidiéndome ayuda después de acosarme sexualmente?
-Algo así, Granger – se carcajeó.- Os interesa un agente doble en vuestras filas, lo sabes bien. Piénsatelo con calma, porque no volveré a hacerte esta oferta. Dentro de unos días me pondré en contacto contigo, estate hasta entonces para pensártelo.
Hermione lo observó en silencio, suspirando molesta y afirmó con la cabeza.
-Pero como vuelvas a acercarte más de lo necesario, te lanzo un crucio, Malfoy. Que no se te olvide – lo amenazó con un tono de voz muy peligroso.
-Quizás merezca la pena – sonrió de medio lado, pasando una mano por su cuello mientras acariciaba el colgante. Ella se quedó paralizada, sin entender el estremecimiento que la recorrió.
Se acercó a Hermione y le dio un azote en el culo mientras le mordía el labio inferior, haciéndole una pequeña herida. Se alejó antes de que ella pudiera hacer o decir nada.
-Tendrás noticias mías – le susurró, juguetón, antes de desvanecerse en el aire.
La chica tembló imperceptiblemente y se dejó caer al suelo, abrazándose a sí misma.
-Te odio, Malfoy – masculló en voz baja.
Se sentía usada y, a la vez, se odiaba a sí misma. No entendía por qué su cuerpo había reaccionado de aquella manera a un acoso tan evidente de un enemigo declarado. Debía haberle dado más asco, debía haber reaccionado más rápido, debía no haber pensado que aquel hijo de puta sabía besarla. Ya no sabía qué imagen de Malfoy encajar en su cabeza, si la del chico callado de hacía unos años que la agasajaba con regalos o la de aquel tirano acosador que la avasallaba con su presencia. Sacudió la cabeza, confundida y volvió a casa a paso lento, esperando que Ron estuviera allí esperándola y que Harry y Ginny ya estuvieran en algún banco de un parque toqueteándose, como hacían después de cada misión.
