¡Hola amores! Como lo prometido es deuda y hoy es martes, aquí tenéis la actualización del fic.
Saludos especiales a Dukkha, que se tomó la molestia de leer el fic y dejarme reviews ^^ Y un beso para todos los que lean, en la sombra, a la luz, con o sin reviews. Cualquier fav, review o follow me hace muchísima ilusión, así que todo lo que indique vuestra presencia es bienvenido.
Sin más dilación, os dejo tranquilos leyendo. Besos en los morros =D
Presente, 1 marzo 2004
Lo alzó en brazos como pudo, había adelgazado bastante en los últimos meses y esa era una de las cosas que más la preocupaban, aunque ahora lo agradecía enormemente. La niña la miraba en silencio, caminando pegada a sus talones; las lágrimas seguían formando surcos de blancura en sus cachetes llenos de suciedad.
Subió las escalinatas de mármol de una hermosa casa, la enorme puerta de madera tenía una aldaba de bronce en el centro en forma de serpiente. Ignoró los detalles exteriores, la lujosidad que la rodeaba y llamó a la puerta con insistencia, hasta que un taconeo se fue acercando poco a poco.
-Ya voy, ya voy- contestó una voz de chica malhumorada.
La puerta se abrió y la anfitriona se quedó en el sitio, con la boca abierta; miraba alternativamente al chico rubio, a la muchacha que lo sostenía y a la niña de ojos hermosos que los acompañaba.
-¡Parkinson, reacciona, que se desangra!- gritó Hermione, al borde de la histeria.
Parpadeó confundida ante el grito de la morena y, en un segundo, provocó un caos de chillidos, órdenes y tropiezos; con lo que, en menos que se tarda en decir Parkinson, Draco ya estaba encamado en una habitación del piso superior y unos elfos domésticos le curaban las heridas solícitamente.
-Entra, mujer, estás temblando-le dijo-Tú también, pequeña.
Hermione había observado todo el espectáculo sin moverse y ahora se lanzó a los brazos de la otra chica, sollozando. La niña entró trastabillando tras ellas y un elfo doméstico cerró la puerta.
-Se pondrá bien, vamos.-le indicó.
Sin dejar de abrazarla, la llevó hasta un lujoso salón, decorado rícamente con pinturas antiguas y muebles de época victoriana. La pequeña iba prendida de su mano, observando todo lo que había a su alrededor sin decir una palabra.
Se sentaron juntas en un gran sofá, frente a una chimenea de piedra.
-¿Qué ha ocurrido?-quiso saber.
-Ron...Harry... Los han secuestrado. Todos los muggles están muertos.
-Pero, ¿dónde? ¿Cómo? A mí no me avisaron de nada.
-Fue Alan, Alan y su grupo.
-Granger, si es así, no es prudente que os quedéis aquí. En cuanto Draco esté mejor debes llevártelo lejos y a la niña también. Alan puede requerir mi presencia- una sombra de temor cruzó sus ojos.
-Lo sé, no te preocupes.
-¿Quiénes han muerto?
-Íbamos en esa estúpida excursión. Los muggles no tenían ni idea de que los íbamos a sacar del país para protegerlos. Eran las familias que se encontraban en el papel que me dio Draco, aquel de los objetivos inmediatos de Alan; personas poderosas e influyentes. Nos estaban esperando y en nada nos rodearon. Se llevaron a Harry, a Ron, a Ginny, a Luna... Los demás murieron. A los muggles los asesinaron sin piedad: mujeres, niños, embarazadas. Poco les importaba.
La chica temblaba como una hoja reviviendo aquellos acontecimientos, Pansy trató de tranquilizarla e hizo aparecer una humeante taza de té.
-Bebe, te sentará bien- la apremió- ¿Tú no quieres nada, preciosa?-la pequeña negó-Eh...bien. ¿Cómo descubrieron a Draco?
-Alan ya sospechaba de él, ya sabes y lo vio intentando convencer a esta cría de que huyera.
-¡Imprudente!- se enfadó- Tuvo suerte de no morir y encima me ha puesto en peligro a mí.
-Lo hizo por algo bueno-susurró Hermione, amedrentada- Mírala, es adorable.
-Sí, pero no necesitamos héroes muertos, Granger, esto no es un juego- se desesperó.
-¡Lo sé!- casi gritó.
Suspiró, exasperada y bebió algo de té. Se recostó contra el sofá, rendida, el día había sido el más largo de su vida. La niña lloraba todavía, apoyada en su brazo, sentía cómo le mojaba la destrozada camisa. Pansy parecía derrotada, sumida en sus propios pensamientos que también parecían torturarla; había escondido la cara entre las manos y se pasaba los dedos por la frente frenéticamente.
-No te tortures-le pidió Hermione, posándole una mano en el hombro.
-¡Ese imbécil con complejo de héroe! ¿Desde cuándo es San Potty?- se quejó.
Hermione la miró, dolida; no quería pensar en Harry y en los demás. En aquellos momentos no podía ayudarles, estaba sola o casi y debía trazar un plan. Sentía como si un maligno dedo le agujereara el corazón lo más lentamente que podía para hacerla sufrir. No, no podía pensar en ellos.
-Perdona, Hermione- se apresuró a decirle al verle la cara- No era mi intención.
-¿Hermione?-se extrañó.
-Llevas un año con el tonto del rubiales, ya va siendo hora de que te llame por el nombre-le dedicó una cansada sonrisa.
-Claro, me parece genial.
Volvieron a sumirse en un mutis insoportable. El reloj de pared era una condena, con su imparable tic-tac, indicando que el tiempo corría en su vida y no iba a poder pararlo. Nunca.
Una elfina doméstica apareció corriendo unos minutos más tarde, se tropezó con sus propios pies y cayó al suelo.
-Ama, el Señor Dacius está esperando en la puerta-la informó de corrido, tirada aún sobre la alfombra.
Ambas chicas se miraron, asustadas.
-Corre a la habitación de Draco y llévatelo.
-¿Dónde?
-¡Donde sea! ¡Vete ya!- le ordenó- Lie, vete con ellos.
La elfina doméstica asintió y se fue tras Hermione y la niña. Las tres subieron las escaleras a todo correr hasta la habitación del enfermo y Hermione se arrojó sobre él.
-Dadme la mano.
Hermione pensó en algún sitio seguro, en el que pudiera cuidar de Draco. Y los cuatro desaparecieron de aquel lugar, en el mismo momento en el que la puerta de entrada se abría.
Pasado, piso de Harry, Ginny, Ron y Hermione, 11 marzo 2003
Una lechuza golpeteó la ventana, Hermione la dejó entrar y le desató el sobre de la pata; éste estaba lacrado maestralmente con una D decorada con serpientes. Hermione alzó una ceja y bufó exasperada. "Es presumido hasta para estas tonterías" pensó, irritada.
Sin embargo, abrió la carta apresuradamente deseando saber qué ponía y se encontró con una esmerada caligrafía, escrita con tinta color esmeralda. Suspiró aliviada al comprobar que no lo habían descubierto, eso supondría un problema añadido para todos.
Estaba ansiosa por leerla, hacía una semana que no tenía noticias suyas, desde aquel encuentro tan extraño en el que había pensado que la mataría y en el que, por el contrario, casi la viola al aire libre. Había estado entre preocupada y ansiosa desde entonces, esperando oír alguna noticia de la muerte del joven Malfoy o alguna noticia relacionada. "Da igual que no estés muerto, te terminaré matando como sigas siendo tan presuntuoso" pensó hermione, arrugando los bordes del pergamino.
H:
Habrás oído las inquietantes noticias que se están escuchando últimamente. La muertes inexplicables, los vendavales, las desapariciones.
Como bien han explicado por activa y por pasiva en los medios de comunicación, no se trata de la vuelta del Señor Tenebroso. Él murió a manos de Potter hace cinco años y ya no va a regresar, aunque creo que eso es algo que la orden del fénix ya sabe. Sin embargo, no sé si sabéis quién es el responsable de todo esto. Se llama Laertes Dacius, es un distinguido empresario de sangre pura, está casado y tiene un hijo. Aunque el principal problema es su hijo Alan, está loco, al igual que el padre y es quien está al mando de la mayoría de los ataques.
Hace unos meses reactivaron la marca tenebrosa y nos convocaron a todos aquellos que habíamos sido mortífagos, los que aceptaron unirse a la causa fueron perdonados, los que se negaron han sido asesinados o están en busca y captura. No tenemos muy claro qué persiguen con estos ataques, sabemos que van a por los muggles, a por los sangresucia y los traidores de la sangre, pero sospecho que hay mucho más detrás de sus acciones. Puede que Alan esté loco, pero es un sádico y jodidamente inteligente, será difícil tenderle una trampa.
Si ocurre algo, no dudes en avisarme, pero no uses una lechuza. Deberás echar la carta en el buzón de una casa; te adjunto la dirección de la misma al final.
No espero que lo entiendas, pero no debo huir, aún no; si se enteran de mi traición matarán a mi madre, como ya hicieron con mi padre. Y no me volvería a perdonar algo semejante.
Escribe pronto, estoy seguro de que tu culo está deseando.
D.M.
Puso una mueca de disgusto con la última frase del rubio y estrechó la carta contra sí. No quería aceptar aquella realidad tan aterradora, otra vez no. No más guerras, no más hijos de puta locos. En los últimos cinco años había rehecho su vida; Harry, Ron, Ginny y ella habían ayudado a la reconstrucción de Hogwarts y habían podido acabar juntos su último año. Sus amigos habían elegido como carrera la de aurores y estaban en el último año de academia, trabajando muy duramente; ella había elegido la rama de derecho para luchar por los derechos de los elfos domésticos y otras criaturas oprimidas.
Se echó en la cama que compartía con Ron y sollozó, abrazada a aquel trozo de pergamino que tan malas noticias le traía. Necesitaba pensar con claridad en todo aquello. Sabía que Malfoy no le estaba mintiendo y que todo aquello era real, porque confirmaba todas las sospechas de la Orden, que ya estaba detrás de Laertes y Alan. Aún así, sentía que había gato encerrado, que Malfoy no iba a arriesgar su vida así como así. Puede que ahora le interesara su ayuda porque quería poner a buen recaudo a su madre, pero quizás después de eso los traicionaría. Suspiró y una lengua intrusiva le vino a la mente, la lengua de aquel rubio. Sacudió la cabeza y tembló, aunque no precisamente a causa del miedo; las caricias del rubio la habían sofocado y cabreado a partes iguales, no sabía cómo sentirse.
Suspiró, se calmó un poco y, cogiendo pluma, tinta y pergamino, se sentó, dispuesta a responderle inmediatamente.
D:
Empezó, usando la misma fórmula que él.
Gracias por tu carta, la información me ha sido de gran ayuda, pondré todos los datos que me has dado en conocimiento de la Orden. No confío en ti y todo esto me pone muy nerviosa, tanto si realmente vas a ayudarnos como si piensas traicionarnos.
A pesar de todo, voy a ayudarte, sé que mientras tu madre esté en medio de todo esto, nos ayudarás de buen grado y toda la información que puedas proporcionarnos será de gran utilidad.
Avísame tú también si hay novedades y no te metas en líos Malfoy, hazle un favor a tu ego.
De todas formas, me gustaría verte pronto, tenemos que hablar muy seriamente; sin acoso sexual, si no es mucho pedir.
Espero tu respuesta.
H.G.
P.D.: mi culo solo desea matarte lentamente y que te alejes de él
-¿Qué escribes, Hermione?- le preguntó una voz, sobresaltándola.
Ron atisbaba por encima de su hombro y trataba de leer la carta. Había entrado en la habitación sigilosamente, intentando darle una sorpresa a su novia y ya lo creo que lo había conseguido.
La chica dobló la carta apresuradamente y la metió en el bolsillo trasero de sus vaqueros.
-Nada importante, Ron-mintió.
-Oh, vamos, no seas así. Déjame verlo-le suplicó, haciendo pucheros- ¿Por favor?
Hermione negó con firmeza y se pegó a la pared, a modo de escudo. Su novio no se amedrantó; se le acercó con descaro y la besó apasionadamente.
La chica intentó resistire, apretar los labios, pegarle, dejar en blanco su mente; sin embargo, nada dio resultado. Acabó echándole los brazos al cuello y correspondiéndole. El pelirrojo acarició su espalda con una lentitud desesperante y un cariño sin medida.
Ella no se dio cuenta del error hasta que ya estaba hecho. En un segundo, Ron había pasado de su cadera a su culo, le había robado la carta y la había inmovilizado con un sencillo hechizo. Había mejorado considerablemente sus reflejos en la academia.
-Recuérdame que le diga a Harry que este hechizo es genial- observó el chico.
-Ronald Weasley, ni se te ocurra- lo amenazó, fuera de sí.
Hizo caso omiso de su advertencia y de cómo lo fulminaba con la mirada.
-¿D? ¿Quién es D?- se preguntó- ¿No me estarás engañando con él? ¿Laertes? ¿Qué es...? ¿Te ayudaré? ¿Malfoy? ¿ACOSO SEXUAL? ¿TU CULOOOO?
La cara del chico se había tornado del mismo color de su pelo, había dejado de respirar y abría y cerraba la boca como un pez fuera del agua. Hermione aguantó las ganas de reírse.
-¿Qué significa esto, Hermione?-chilló.
-Ron...-empezó
-¿Ahora eres amiguita del Hurón, o quizás algo peor?-siguió sin escucharla.
-Ron, yo no...
-¿Desde cuándo eres tan amiguita de Malfoy? ¿Desde cuándo habla de tu culo? ¿QUÉ ES ESO DEL ACOSO SEXUAL? ¡Es el enemigo, Hermione, no te entiendo!- continuó furioso.
Hermione respiró hondo y comenzó a gritarle como una posesa.
-¡TÚ NO ME CONTROLAS EL CORREO! ¡SOY AMIGUITA DE QUIEN ME DA LA REALÍSIMA GANA Y LE ESCRIBO A QUIEN QUIERO SEA MALFOY, DIOS, BUDA Y AL MISMÍSIMO VOLDEMORT EN EL INFIERNO!
-Muy bien, ya lo he entendido- repuso, furioso. Deshizo el hechizo y se largó, pisando fuerte.
-Muy bien-respondió ella- Espera, Ron
-¿Qué quieres?
-Mi carta- extendió la mano.
Ron la tiró a sus pies, rabioso y se marchó, totalmente encolerizado. Un portazo proveniente de la puerta de entrada hizo retumbar los cimientos, como si hubiera llegado el juicio final.
La chica se quedó en la puerta, con la carta y una cara sombría que le deformaba el bello rostro. Unas risitas se escucharon.
-Ay, Harry, suéltame- se rio Ginny.
Una melena pelirroja asomó por la puerta de al lado, la chica llevaba la sábana cubriendo su desnudez, Harry asomó por detrás, tapándose con el cuerpo de su novia.
-¿Qué ha pasado, Herms?- preguntó la chica, aún entre risas.
-Nada, seguid con lo vuestro- mintió, con una sonrisa más falsa que la de una barbie.
-¿Segura?- insistió Harry, preocupado, aunque un poco de mala gana.
-¡Claro, tontos!-les apremió, mejorando la mueca intento de sonrisa.
-¡Perfecto!- exclamó Ginny jovialmente, arrastrando a Harry tras de sí. El chico se disculpó con una mirada de cordero degollado.
La puerta se cerró y nuevas risitas se escucharon por toda la casa.
Un día romperán los muelles de la cama, pensó Hermione, fastidiada
¿Qué os ha parecido? ¿Dónde se van Hermione y Draco? ¿Qué pasará con Ron y Hermione? ¿Quién es la niña de ojos azules?
No os preocupéis que absolutamente todo se irá sabiendo poco a poco. El GO os quiere, el GO os ama, el GO os mira con ojos trémulos esperando que le deis amor. ¡No le decepcioneis!
Sed buenos, mis dramioneros ávidos de historias 3
