¡Holaaaaa! Aquí estoy con nuevas actualizaciones, que el martes estuve liadísima y se han tenido que posponer un par de días. Como compensación, os voy a subir dos capítulos, que soy consciente de que tampoco son larguísimos y la espera puede ser un coñazo.
Cualquier duda, histerismo o locura, no dudéis en consultarme. Gracias a todos aquellos que siguen la historia o la tienen en sus favoritos. Sois amor *-*
Besitos en los morros, Lyrien.
PRESENTE, Casa de campo de los Granger, 1 marzo 2004
-¿Dónde estamos ama? -se atrevió a preguntar la pequeña Lie.
-Hermione, llámame Hermione- le dijo con toda la amabilidad que poseía en aquellos momentos- Estamos en la casa de campo de mis abuelos.
-Si me permite decirle, ama...- comenzó Lie
-Hermione- la interrumpió cansinamente.
-Hermione. Deberíamos ir a un sitio más alejado, aquí podrían encontrarlos fácilmente.
-Lo sé, Lie, lo sé; pero no vamos a la casa. Vamos, ayúdame, te lo mostraré.
Estre las dos cargaron como pudieron con Draco, un Draco que deliraba a causa de la fiebre alta y sudaba copiosamente. La noche cerrada no les iluminaba el camino, por lo que constantemente tropezaban con ramas y zarzas que se enrollaban maliciosamente en sus tobillos. Un batallón de estrellas los miraba desde lo alto, brillando con pereza en el firmamento, parecía que hoy no tenían ganas de guerrear
La niña las seguía en silencio, observando cómo Hermione resoplaba y se doblaba a causa del peso del chico; ella no entendía qué pasaba. Sólo quería ver a papá, que la abrazara fuerte y la salvara de los gigantes malos, que siempre le decían qué hacer o cómo comportarse.
Llevaron al chico hasta un cobertizo viejo, lleno de chatarras, algo alejado de la casa. Las telarañas campaban a sus anchas, brillando pálidamente a la suave luz de la varita de Hermione; la niña no se asustó, adoraba a las arañas y le hubiera gustado hacerse un traje de novia cubierto de aquellos encajes tan laboriosos y perfectos. En su casa los gigantes malos chillaban al verlas y las mataban a escobazos, o se subían encima de las sillas para evitarlas; no podía comprenderlos.
Hermione abrió una trampilla en el suelo y bajó hasta un sótano oscuro, cubierto de polvo, donde había alguna que otra caja y muebles en desuso. El cuartucho contaba con camas de niño pequeño, cunas, cajoneras y un pesado armario al que le faltaba una puerta. Todo estaba algo carcomido y muy deteriorado.
-Lie, entra en la casa por la puerta trasera y, en la segunda planta, la primera puerta a la derecha, encontrarás un baño. Tráeme del botiquín todo lo que sirva para curar heridas y un paño mojado.
-Enseguida.
Hermione se quedó a solas con Draco y la pequeña, tenía que hacer de aquel oscuro lugar un sitio medianamente habitable.
Con un movimiento de varita, las cajas volaron apiladas a un rincón; con otro, la suciedad desapareció, agrandó dos camas y las unió, reparó el armario y arregló dos cunas, una para Lie y otra para la niña. Había hecho aparecer una lámpara de velas en el techo que le daba claridad a aque lúgrube espacio.
A pesar de sus arreglos, nada podía hacer con la humedad de las paredes y la inexistencia de ventanas; se encogió de hombros, exhausta, al menos lo había intentado. Se percató de que la cría la miraba fijamente, sin decir nada; no parecía en absoluto sorprendida, eso descolocó un poco a Hermione.
-¿Dormimos?- le preguntó, mostrándole una cansada sonrisa.
La niña agitó la cabeza afirmativamente y, sin esperar respuesta, se acurrucó en una de las cunas y cerró los ojos. Hermione alzó una ceja. Esta niña es muy rara. Se acercó a ella y la besó en la frente, parecía un angelito con aquellos rizos desordenados perfectamente definidos; le dio pena. Ya ni siquiera tiene padres, ¿qué pasará con ella?
Echó a Draco en una de las camas y, sin desvestirse, se puso junto a él, tratando de no abrazarle donde tenía heridas. Poco después, ambos dormían, con las respiraciones acompasadas; unos ojos azules se abrieron de par en par, ella no dormía.
PASADO, Mansión Dacius, 13 marzo 2003
-¡Draco! Cuánto tiempo sin verte. Ha pasado una eternidad desde que te fuiste por la mañana- Astoria se colgó de su brazo y siguió parloteando cual disco rayado.- Te necesité al despertar y tuve que usar al plasta de Blaise.
Draco la miró, molesto. Tenía sus propios problemas en la cabeza y no estaba dispuesto a aguantar a una criaja ninfómana que lo acosaba todo el rato. Respiró hondo, no era conveniente mandarla de un hechizo al otro lado de la habitación y hacer que traspasara el enorme espejo, aunque le hubiera producido una sádica satisfacción.
-Mira, Astoria, estoy cansado; así que te aconsejo que me dejes en paz.
-O si no, ¿qué?- se rió, juguetona.
El chico le sonrió con dulzura, acariciando su mejilla, su mentón. Astoria cerró los ojos, disfrutando de las caricias; se estremeció cuando las manos del chico llegaron a su cuello y su aliento en su oído le puso los pelos de punta.
-Si no- repuso suavemente- Te mato.
Apretó la garganta de ella con saña, soltándola antes de que se asfixiara. La vio manotear en busca de aire y salir huyendo de la habitación, mirándolo con odio; él ni siquiera se inmutó.
Se echó en su cama, aliviado y cerró los ojos, necesitaba pensar. Su mullido edredón lo recibió con los brazos abiertos y el olor a ropa limpia que emanaba de las sábanas lo cautivó durante unos segundos. En esos instantes creía volver a estar en casa y no en aquella estúpida mansión.
Si el plan sale bien, podré liberar a mi madre y largarme de este lugar. La tonta de Granger ya casi confía en mí, hasta me ha pedido que no tarde en escribirle. Dacius tenía razón, es la que más siente debilidad por los pobres desvalidos llorones, nunca pensé que funcionaría.
Sonrió para sí y una dulce música comenzó a sonar con un golpe de varita. Era una música de piano hermosa, su favorita. Se dejó inundar por las sensaciones que le provocaba, por la calidez que inundaba su pecho; estaba en paz con el mundo en aquellos momentos. Y es que, se podía permitir el lujo de soñar y alejarse de todo, hasta de su penosa situciación. En sus sueños, estaba echado sobre la hierba y el viento agitaba su pelo, él no sentía más que la ausencia de dolor, un dolor que lo acompañaba siempre. Recordó con agrado la cara de sorpresa de Granger cuando la tocó, cuando la ultrajó y empezó a quitarle la ropa en su imaginación. Desde que no la veía, se había vuelto más sexy, más mujer; ya no tenía esa apariencia de mojigata que la perseguía en el colegio y ese culo le había parecido bastante apetecible. Se dijo que debía volver a molestarla, aunque solo fuera para acallar sus necesidades sexuales y no pensar. Una amplia sonrisa se extendió por su cara mientras penetraba a Granger hasta hacerla gemir su nombre, era verdaderamente divertido.
Sin embargo, unos gritos en la habitación de al lado lo sacaron de su burbuja. Joder y ahora, ¿qué pasa? Apagó la música y se dirigió al foco del sonido.
Astoria chillaba, tirada en la cama de su hermana. Su hermoso pelo negro y liso como la noche, estaba siendo arrancado, con todo el cariño de su corazón, por una desquiciada Daphne.
-¡Serás zorra de mierda!- gritaba fuera de sí la chica, con complejo de peluquera frustrada- ¡Vuelve a tocar a Blaise y no respondo, hija de puta, juro que te mato!
-¡Déjame, joder, estás pirada!- se intentaba defender la otra.- Si tu novio es un lerdo no es mi culpa, haberte buscado a un ser plurineuronal y no a éste, que su única neurona está la mayor parte del tiempo de vacaciones.
Los tirones de pelo aumentaron.
-¡Niñata, te tendría que haber tirado por la ventana cuando naciste! ¡Te lo advierto, sigue con el jueguecito de Blaise y te mato a crucios, puta!
Draco contemplaba la escena divertido, apoyado contra el marco de la puerta de forma seductora. Su pelo rebelde le caían en mechones sobre la frente.
-Chicas, chicas, que haya paz- se rió.
-¿Paz? ¡Y una leche! ¡La mato!- siguió Daphne, haciendo caso omiso del rubio.
-¡Draco! Por favor, quítamela de encima- pidió la otra, con lágrimas en los ojos.
-Te lo tienes merecido, niña- se encongió de hombros y se dirigió a la otra chica- ¿Me puedes explicar qué ha hecho esta vez, Daph?
-¡Esta asquerosa lo ha vuelto a hacer! ¡La muy guarra me cogió un par de pelos y se bebió una poción multijugos para tirarse a MI Blaise con mi aspecto!
Draco comenzó a reírse con ganas, tuvo que agarrarse las costillas, no podía parar. Cayó al suelo, se le saltaban las lágrimas, la situación era de lo más divertida.
-Que... ha... hecho... ¿qué?- se carcajeó, la risa le impedía hablar seguido.
Daphne lo fulminó con la mirada, conteniéndose para no asesinarlo a él también. Tendría que deshacerse de dos cuerpos y eso sería una lata.
-¡No hace gracia!- ladró.
-Si tú lo dices.-le dijo, sin hacerle caso. Podría estar así durante una semana entera- Pero te aconsejo
que escondas mejor las pociones multijugos de ahora en adelante, si no quieres que tu novio siga divirtiéndose con menores de edad, creo que es delito.
Esquivó el jarrón que le había lanzado Daphne y salió de la habitación, haciendo oídos sordos a los chillidos de Astoria. Negó con la cabeza, una sonrisa se le dibujó en los labios.
Las peleas entre las hermanas Greengrass eran constantes en aquella casa. La pequeña, Astoria, tenía dieciséis años y era una adicta al sexo sin remedio; su pelo negro y liso caía como una cortina un poco más allá de los hombros, parecido al pelo de las asiáticas. Poseía unos ojos turquesas impresionantes y un halo de inocencia que la hacían apetecible.
Su hermana, Daphne, era igual que la pequeña. Salvo el pelo, el cual tenía ondulado y sus labios, unos jugosos labios a los que era imposible resistirse.
Como buenas hermanas, se odiaban a muerte y se defendían la una a la otra a muerte. Paradojas de la vida.
El rubio se encaminó al salón, silbando por lo bajo una canción trsite y melancólica, le gustaban ese tipo de canciones. Como suponía, en el salón estaban los demás, jugando al ajedrez mágico, fumando, riendo y hablando de sexo, para variar.
Blaise le contaba a Nott su mañana movidita con la que creía que era su novia, ambos reían e intercambiaban pareceres.
-Theo, te juro que nunca me lo había hecho así. Estaba desatada, he perdido las veces que me corrí.
-Pues cuidado, que cuando empiezan a querer probar cosas nuevas es que se aburren, así que espero que estés a la altura.
-¡Anda ya! Daphne está loquita por mí, además, es la persona más sincera del mundo.
Las gemelas Carrow, Hestia y Flora, le estaban dando una paliza a Pansy en el ajedrez mágico. Su mejor amiga tenía un aspecto extraño, parecía haber llorado y movía las piezas al azar, como si le diera igual. Eso no era normal, ella era una slytherin competitiva y jamás se dejaba ganar.
Alan miraba la partida interesado, su mano derecha estaba posada sobre el hombro de Pansy, como una garra. Draco enarcó una ceja, notaba los nudillos del chico blancos, se veía que estaba apretando. ¿Qué carajo...?
Flora saltó de su asiento dando botes, tiró el tablero por los suelos y se abrazó a su hermana emocionada; parecía no darse cuenta o no querer ver el aspecto de Pansy.
-¡Ganamos, ganamos, ganamos!- gritó excitada.- ¿Lo has visto, Draco? ¡Le ganamos a Pansy!
Pansy seguía sentada, medio ida; varias piezas habían caído en su regazo, pero parecía darle igual. Dracó sonrió de forma desinteresada a las gemelas y se agachó junto a Pansy.
-Ey, canija, te ganaron- le susurró.
-Ya- contestó, con indiferencia.
-¿Podemos hablar?-inquirió- A solas.
Draco miró a Alan y vio cómo éste le dirigía una mirada de advertencia de su amiga. Las alarmas del rubio comenzaron a sonar como molestas sirenas de ambulancia, bloqueando su razonamiento. Todo era demasiado extraño.
-Claro, Draco.
Salieron juntos del salón, el chico la mantenía fuertemente cogida por la cintura. Tenía la sensación de que si la soltaba, caería al suelo desmadejada.
Vieron cómo, conforme ellos salían, un ciclón llamado Daphne entraba, arrastrando a su hermana de los pelos y gritándole incoherencias a su confundido novio.
Draco llevó a la chica a una habitación vacía y se sentaron en unos sillones, frente a frente. Él atrapó las manos de Pansy entre las suyas, las tenía heladas.
-Cuéntame qué ha pasado, guapísima.
Lágrimas silenciosas surcaron las mejillas de la morena, estaba nerviosa y tiritaba.
-Draco, yo...
Se echó en brazos de su amigo, llorando desconsoladamente, su cuerpo se convulsionaba en amargos sollozos.
-Es por Alan, ¿verdad?- la ayudó. Pansy lloró más fuerte- Si te ha hecho algo, me las pagará.
La chica paró de llorar súbitamente y lo miró, asustada. Las palabras de Alan la mortificaron en lo
más hondo.
-No, Draco...
-¿Qué te ha hecho, Pansy?- la interrumpió, estaba agresivo, aunque no con ella.
-De verdad que no...
-¡Cuéntamelo!
-Lo siento.
La chica se levantó antes de que pudiera detenerla y salió de la habitación, con el rostro escondido entre las manos.
Draco se quedó allí, paralizado. Por una vez, no entendía nada de nada.
